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Loto

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La flor que posee el espíritu limpio

No había manera de que pudiera comprobar el tiempo transcurrido, pero estaba completamente segura de que ese era el desayuno más largo que había tomado en toda su vida, así como el más incómodo.

Gin hablaba demasiado, parecía imposible que tuviera temas de conversación que no se relacionaran directamente con el Seireitei, pero así era, ni siquiera estaba hablando de los arrancar o de lo que podría suceder respecto al plan de Aizen. Estaba llevando una conversación sobre los abastecimientos para Las Noches, como haría cualquier persona sobre sus gastos corrientes, entre los que se incluía una queja por la baja calidad de los frutos secos.

Por su parte, Tōsen se limitaba a preparar su espacio, su habilidad era asombrosa si se tenía en consideración que no podía ver, y esas cosas de uso común como cubiertos y platos, no desprendían una cantidad de energía significativa como para que pudiera percibirlas de la misma manera que hacía con otros seres.

—¿Prefieres los vegetales frescos o encurtidos, Inoue Orihime?

Ella no pudo evitar emitir un ruido, parecido a una sorpresa, un suspiro cortado, quería decir a gritos: "¡¿A quién le importan los vegetales?! ¡¿Acaso eres tonto?! ¡Estás planeando asesinar a mis amigos!", pero en cambio solo pudo decir: "¿Uh?".

—¿Frescos o encurtidos?

—¿Encurtidos? —esperaba que no hubiera realmente una respuesta correcta a esa pregunta, así que había optado por decir la verdad y esperar lo mejor. Gin sonrió de nuevo, causándole un escalofrío a la joven. Ella se encogió un poco en su sitio bajando la mirada hacia su plato que aún no había tocado.

—¿No es de tu agrado? —preguntó Gin, insistiendo en ser el único que hablaba —. Ya sé que cocinar no es una cualidad muy apreciada por aquí, pero si en Hueco Mundo lo único que se come son Hollows, encontrar a alguien que sepa cocinar alimentos de verdad fue un gran problema.

—Yo no…

Quería decir que no era que no le gustara la comida, sino que no quería comer, no era algo de lo que se sintiera digna en sus circunstancias. Pero entonces, antes de que pudiera pensar bien qué decir, Tōsen detuvo lo que estaba haciendo levantando ligeramente el rostro.

—Hay que agradecer lo que hay.

—Lo siento —respondió quedamente, tomando su plato para empezar a comer.

—No lo decía para ti, realmente —agregó el hombre, pero como no había girado el rostro hacia Gin, resultaba difícil haber comprendido eso en un principio.

El shinigami solo hizo un gesto de disgusto con la boca y tomó una porción de verduras al vapor.

—La vista no es el único sentido que te falta.

Esa vez Tōsen sí giró el rostro y Orihime volvió a estremecerse de pensar que por alguna nimiedad pudiese empezar una pelea, sin embargo, ni siquiera sintió algún cambio en el reiatsu de los hombres al frente suyo. Tōsen parecía querer decir algo, pero al final solo suspiró y volvió a lo suyo.

—¿Es necesario que hagas gala de tus modales frente a los invitados?

Gin sabía que el rey de Las Noches había roto su silencio refiriéndose a él. Se mantuvo inexpresivo, en el sentido de que su sonrisa no se había desvanecido y mantenía la actitud si no desafiante, al menos denotaba que no pensaba disculparse por su comentario, ni tampoco se arrepentía de haberlo dicho.

—Lo siento —repitió Orihime por segunda vez, aunque ya había perdido la cuenta de las veces lo había dicho desde que llegó a ese lugar —. No es que no agradezca la comida. Es solo que no tengo apetito.

Su voz había perdido fuerza a medida que hablaba, así que las últimas palabras fueron más como un susurro que, en el silencio sepulcral de la habitación, fueron claramente percibidas.

—Está bien, quizás es por la atmósfera del lugar. Eres fuerte, Inoue Orihime, pero esto es Hueco Mundo y tú sigues siendo humana.

—… Debe ser eso.

Pero, aunque no había sentido nada cuando los shinigamis parecían haber peleado, un estremecimiento en la nuca le recordó que Ulquiorra Cifer, que se había rehusado a tomar asiento junto con ellos, estaba en la misma habitación. Volvió a su mente la forma en la que le había advertido que debía comer y trémulamente se decidió a tomar un par de bocados aprovechando el visto bueno del rey para no terminar.

El escalofrío causado por la mirada del Espada dio paso a un nuevo estremecimiento, Sōsuke Aizen había extendido la mano hasta su cabello, enredando los dedos en él con total naturalidad.

—Si no lo peinas se va a enredar.

La sorpresa dio pasó a un genuino sentimiento de horror, pero fue totalmente incapaz de apartarse.

Sintió que sus dedos largos se apartaban del pelo mojado siguiendo el contorno de su mejilla dejando un rastro húmedo. Sintió que sus labios temblaban, pero al cabo de un segundo cayó en cuenta de que no eran solo sus labios, sino todo su cuerpo.

—Deberías verme en mi habitación más tarde, después de que arregle unos asuntos.

No pudo responder.

—Y esos asuntos a solucionar los incluyen a ustedes —dijo después dirigiéndose a los otros hombres que estaban a la mesa, que solo asintieron y habiendo dado por concluido el desayuno, se marcharon.

Inoue Orihime quedó en silencio y tal como lo había esperado, Ulquiorra dio un par de pasos hasta ella. El eco fue espantoso, no había sido exagerado ni monstruoso, pero era lo único que había en ese momento que podía asegurarle que estaba ahí. Su reiatsu se había desvanecido por completo y recordó las palabras de Gin: él es el más profundo de los vacíos.

Se giró arrastrando la silla, intentando salir de ahí lo antes posible, pero apenas se había dado la vuelta cuando el Espada puso sus manos a cada lado suyo.

No golpeó la mesa, solo las había recargado dejándola en medio, acercando su rostro, impávido y determinado a que lo escuchara porque definitivamente no iba a gritarle. No era su estilo.

—¿Por qué no has respondido a Aizen-sama, mujer?

Ella volvió a temblar, pero no pudo hablar, una de las manos frías de Ulquiorra había llegado a su cuello. Con tan solo desearlo podría acabar con todo de una vez, pero él había dicho que, si quisiera matarle, lo haría sin esforzarse, y ella sabía que era verdad.

—¿Qué es lo que tenías que responder? —preguntó con su voz baja y moderada, infinitamente más aterradora que cualquier grito o insulto —¿Para qué existe tu cuerpo y tu alma?

—Para Aizen-sama y sus deseos.

La otra mano del espada dejó el sitio que había tomado en la mesa y se condujo hasta su vientre introduciendo los dedos debajo del blazer hasta la apertura de la blusa. En un rápido movimiento se guio hacia arriba y como si de una espada se tratase, la tela cedió en un corte limpio.

Los ojos de Inoue se llenaron de lágrimas y por su garganta salió un gemido lastimero.

—Entonces, ¿por qué sigues usando esto?

Ulquiorra se apartó rápidamente, tan silenciosamente como se había acercado en primera instancia y fue hasta la puerta abriéndola, quedándose ahí, señalando el camino.

La joven cerró los brazos sobre su pecho, con el rostro encendido y los ojos llorosos salió de ese lugar para regresar a su habitación antes de que alguien la pudiera ver de esa forma.

Ya no había vuelta atrás, tendría que usar el vestido blanco.


Comentarios y aclaraciones:

En honor al final del manga, traigo capítulos de mis fics, espero estar subiendo más la próxima semana, depende del tiempo porque las ideas llegaron (y eso es bueno)

¡Gracias por leer!