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Lirio araña roja

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La flor que se entregó al abandono

—¿Fiesta de cumpleaños? —preguntó como si no se encontrara en absoluto familiarizada con la idea, como si desconociera el significado o el propósito de algo así.

—Sí, es su cumpleaños.

—No. Él cumple años en diciembre.

—No. Está confundida, teniente Hinamori. El teniente Kira cumple años el 27 de marzo.

La joven shinigami se puso pálida, se llevó una mano a la boca mientras la otra quedaba a la altura de su pecho, sintiendo el pulso acelerado de su corazón.

"Es verdad. Shiro-chan es quien cumple en diciembre", pensó.

—Gra-gracias, ahí estaré —dijo por toda respuesta al oficial de la tercera división que le había llevado la invitación al saber lo cercana que era a su Teniente. El hombre se inclinó respetuosamente y se marchó por donde había llegado.

Por su parte, ella se mantuvo en el mismo lugar, preguntándose qué había pasado porque, aun considerando que no se hubiera confundido, y fuera el cumpleaños de Tōshirō el que estaba en puerta, el problema seguía siendo que no se había anticipado para preparar algo.

Se sintió profundamente afectada. Kira era uno de sus mejores amigos y aunque sus responsabilidades como Tenientes de sus respectivas divisiones les dejaban poco tiempo libre, ella consideraba que su relación era sólida, lo suficientemente cercana como para que debiera ser responsabilidad suya, y no de un subordinado de la tercera división, el organizar esos detalles.

El color regresó a su rostro paulatinamente, apareciendo un sonrojo propio de un sentimiento de vergüenza.

—¡Teniente Hinamori!

Giró el rostro intentando mostrarse lo más normal posible.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—¡El capitán Aizen la está buscando!

Asintió una sola vez, se palpó el rostro esperando que no se notara demasiado su estado de ánimo, y agradeciendo al enviado se encaminó hacia el despacho de su Capitán.

Lo encontró sentado frente a una pila enorme de papeles, sus ojos se movían rápidamente, siguiendo todas las líneas mientras anotaba algunas cosas en unas hojas sueltas a su lado. Al verla llegar, apenas detuvo su tarea por un instante para, pese a todo, darle una afectuosa bienvenida.

—Necesito que me ayudes a revisar esto. Se suponía que debía estar listo para ayer, pero por unos deslices burocráticos y la evidente incapacidad de algunos oficiales de la undécima división para realizar adecuadamente los protocolos que no incluyen usar una zanpaku-tō, todo se ha retrasado.

Momo se sintió contrariada, era la primera vez en todo el tiempo que llevaba trabajando para el capitán Aizen, que le escuchaba decir algo parecido a una queja contra alguien, especialmente contra un miembro del Gotei 13. Sin importar lo obvia que fuera la incompetencia, él siempre se mostraba amable, dispuesto a orientar en lugar de reprender.

Incluso, era quizás la tercera o cuarta vez que lo encontraba con el ceño fruncido.

Sin esperar nada mas acudió a su lado, no deseaba importunarle con su presencia así que tomó una pila de papeles completa y estaba por marcharse a su propia oficina cuando él la detuvo.

En ese instante, su gesto se suavizó hasta ser el mismo de siempre, más dulce aún si eso era posible y le pidió que se quedara. Volvió a sentir que sus mejillas se teñían de carmín, pero el motivo era diferente en esa ocasión.

No se resistió al encanto de esa sonrisa y ocupó una de las sillas de visita, sentándose frente a él para empezar a revisar.

Al cabo de un rato notó que no solo estaba incorrecta la estructura, sino toda la forma gramatical, y eso era algo que el teniente Sasakibe no perdonaba.

En lo personal, ella hubiera enviado de regreso toda la documentación a la undécima división pidiéndoles que rectificaran sus errores, de modo que con el tiempo pudieran hacerlos correctamente. Sin embargo, su capitán no era así, había dicho que no solo había sido culpa de los oficiales, sino del sistema burocrático y por ser él un capitán, era su responsabilidad que el sistema funcionara adecuadamente.

Mirando las fechas supo enseguida el motivo por el que seguramente se sentiría avergonzado de enviar los papeles de vuelta a su división de origen: la fecha. Habían sido entregados hacía más de tres semanas y se horrorizó, preguntándose en dónde habían estado esos papeles como para que ella no los hubiera visto antes y hacer las correcciones con más antelación.

Si en su momento se hubiera dado una leída no estarían en esa situación, y bastaba la primera página para notar que algo andaba mal. Lo terrible, en todo caso, era que al recibirlos se había entregado un acuse en el que se decía que todo estaba bien, por tanto, devolverlos sería no solo irrespetuoso, sino que pondría en evidencia que la quinta división no leía lo que se le entregaba en su momento.

Miró el reloj de pared, tenía un par de horas antes de la cita, volvió a mirar los papeles y pensó que Kira no se molestaría si llegaba un poco tarde, después de todo, él también comprendía las responsabilidades de los tenientes y los "deslices burocráticos" que solían suceder.

Continuó leyendo, sacando notas para correcciones y seguía sin comprender cómo era posible que un oficial cometiera tantos errores. Ni siquiera un estudiante de primer año haría algo tan nefasto, era necesario hacer el reporte desde un principio.

"Y así es como surgen los prejuicios", pensó mientras recordaba que a la undécima división se le llamaba en ocasiones "salvajes". No había otra manera de calificar semejantes aberraciones.

Volvió a mirar el reloj. Su corazón dio un salto. Habían pasado ya dos horas y estaba por cumplirse el tiempo para la cita y no había bajado la cantidad de papeles ni una cuarta parte. Miró a su capitán, absorto en su lectura. Un mechón de cabello había caído a su frente, con su mirada afilada, el gesto implacable que buscaba cada detalle para corregir.

Pedirle a cualquier otro oficial que le ayudara era impensable, quedaría de manifiesto el error que se había cometido. Tal vez aún no sabía quién había sido responsable de haber aceptado el trabajo en semejantes condiciones, pero seguramente que en cuanto lo averiguara, le mandaría llamar para explicarle detenidamente cuáles eran las características consideradas en el reglamento para aceptar cualquier cosa, pero mientras tanto, deberían de terminar para poder llevar eso ante el teniente Sasakibe.

Volvió a su lectura, pero a partir de que llegó la hora en la que le habían citado, le fue totalmente imposible concentrarse.

—Discúlpeme un momento, por favor. Debo… debo… tengo que…

El capitán levanto la mirada, parpadeó un par de veces y asintió sin que ella pudiera decir nada.

La joven teniente salió a toda prisa, necesitaba hacer algo para recobrar su concentración y solo se le ocurría una cosa.

Ya era tarde y le angustiaba que todos se hubieran marchado ya, sin embargo, se encontró con un joven, de los últimos en ingresar a la división luego de los últimos reajustes de personal derivados del nombramiento de Tōshirō Hitsugaya como capitán. Le llamó intentando no sonar demasiado desesperada, pero si había podido controlar su voz, descuidó por completo la expresión de su rostro.

—¿Se siente bien, teniente? —preguntó el muchacho.

—Necesito ayuda.

—Lo que usted quiera, ¿qué necesita?

Momo escribió a toda prisa una nota, la dobló, sacó su monedero y le entregó ambos al chico.

—Por favor, por favor, necesito que compres un regalo para el teniente Iduru Kira, de la tercera división. Hay una reunión por su cumpleaños…

—No se preocupe, yo me encargo. Iba para allá, yo estaba en esa división hasta hace unos meses.

Sintió cómo un peso enorme dejaba de atenazar sus hombros.

—¿Qué debo comprar, teniente?

—Un detalle… eh… algo, por favor, elígelo tú. Yo le veré después.

El muchacho asintió y Momo regresó a toda prisa al despacho.

—Discúlpeme, por favor.

—Descuida.

El capitán aprovechó la interrupción para quitarse los anteojos, frotándose las sienes.

Su teniente siguió con suma atención cada detalle. La forma de sus manos, de su rostro, la expresión cansada por las largas horas de lectura, el sentimiento de hastío por tanto error, incluyendo el cometido por su propia división y por el que tenían que hacer eso.

Suspiró. La joven se sintió más avergonzada que nunca por el impetuoso deseo de beberse ese suspiro, que fuera suyo y lo guardaría hasta el fin de los tiempos.

Enseguida volvió a ponerse los anteojos para continuar leyendo y ella lo imitó, sin importarle ya nada más que estar ahí.

Habría sido agradable ver a Kira y estar en la fiesta, pero prefería estar ahí, en silenciosa compañía.


Comentarios y aclaraciones:

¿Aizen lo hizo a propósito? ¿En serio alguien lo duda?

¡Gracias por leer!