En el mundo espiritual
Si hubiera un premio para la peor idea del mundo, Maya lo hubiera ganado por la sarta de ideas terribles realizadas en un solo día.
Intentar escapar de su capo, arriesgar su vida por el ex novio del Avatar, entrar a la zona peligrosa de los espíritus, saltar en la lámpara gigante y amarilla que llevaba a otra dimensión, todas malas ideas que eran señal de que estaba perdiendo la cabeza.
Una tragedia.
Por lo menos tenía a un buen pedazo de hombre que mirar para aliviar el mal sabor de boca que la había abordado desde que entró a la extraña dimensión espiritual.
Mako era muy guapo. Demasiado. Criminalmente. Podía entender perfectamente porque el Avatar se había fijado en él, después de todo, que clase de mujer no admiraría la barbilla sensual, los labios firmes y los ojos fogosos que acompañaban un cuerpo que parecía haber sido diseñado para enamorar mujeres.
Pero él parecía ser ciego a los ojos de las mujeres que lo miraban, porque en lugar de mirar a la hermosa espadachina a su lado, tenía la vista al cielo.
—¿Qué es eso? —Mako preguntó mientras señalaba algo en el cielo.
—No sé. Parece un gatolobo sin piel. O plumas ¿eso es baba a su alrededor? —Maya contestó, el sabor amargo en su boca incrementando al ver la aberración voladora.
—No sé.
Maya observó de nuevo a su alrededor, desde el césped multicolor a los árboles que pese a tener sus ramas secas y quebradas rebosaban con hojas gigantes que tenían pequeñas larbas rosadas sobre ellas. Maya se acercó al maestro fuego cuando vio un par de ojos azules asomarse entre los árboles. Ojos nada más, volando en el aire como si la criatura a la que pertenecían fuera invisible.
Ella no era cobarde. Una vez había escupido a la cara de uno de los tenientes de su jefe pese a saber que la meterían al hoyo y la dejarían sin agua por cinco días. Así que sí era valiente, pero el mundo sin forma que se extendía frente a ella era demasiado anormal, uno en donde se arriesgaba perder su propio ser a un mal paso.
—No te preocupes —Mako dijo, una pequeña sonrisa formándose debajo de ojos aun rojizos tras horas de llorar por una mujer que nunca lo amo.
Maya no pudo sentir nada de lástima porque en ese instante, los ojos azules se fueron cada uno al lado contrario del otro y luego uno de ellos se comió a una especie de pequeño mono que era al menos cuatro veces más grande que el ojo.
Su mano buscó en automático la muñeca de Mako, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ese acto. Sus músculos rígidos en espera de ser absorbida por el mundo espiritual.
—¡El suelo se mueve! ¡El estúpido suelo se mueve! —Maya gritó cuando sintió la fuerza de sus piernas irse y el mundo doblarse a su alrededor.
—No, no se está movien...
Mako no logró terminar esa idea porque, obedeciendo al miedo de Maya, la tierra se volvió un vórtice y el cielo cayó sobre ambos como un balde de pintura verde. Todo ese tiempo, Maya mantuvo su agarre en la muñeca buena de Mako, dejando que sus uñas se encajaran en su piel blanca..
—¡Detente! — el maestro fuego gritó con toda la fuerza que pudo, intentando sacar a Maya de su miedo, pero era inútil. Se estaba ahogando en su terror y sin querer lo estaba arrastrando con ella.
Mako apretó sus ojos e intentó acercar su cuerpo al de Maya, pero era difícil pues la tierra dió paso a un agua turbia en la que se podía respirar pese a entrar en su nariz. El maestro fuego utilizó una de sus piernas para apresar la pierna izquierda de Maya, y tragó una bocanada de agua espiritual al hacerlo..
Él podía respirar el agua, pero Maya era otro asunto. Ella se estaba sofocando, su boca abierta buscaba un aire que no existía y el agua entraba a su garganta sin clemencia.
Iba a morir ahogada en agua mágica. Un final irónico para alguien que era maestra agua. Por eso siempre fue mejor espadachín.
Cerró sus ojos en espera de la muerte y quizá el premio a la persona con la peor idea del mundo. En lugar de morir, sin embargo, sintió una boca caliente sobre la suya y dedos mojados sobre su nariz.
—¡Cof! —Maya empujó a Mako mientras tosia el agua de sus pulmones. Tomo unos segundos en recobrarse antes de lanzar una mirada furiosa al maestro fuego —¡Cof! ¡Cof! ¡Así no es como hacer respiración boca a boca, tonto!
—Funcionó, ¿no?
—¡Augh! ¿Qué pasó? —Maya sacudió su cabeza intentando sacar la furia, producto de su encuentro con la muerte.
—No estoy seguro. Creo que este mundo actúa conforme a nuestra mente, así que solo pensé en un lugar firme y el agua desapareció.
—Agh...me duele la cabeza...estúpido mundo estúpido.
Mako rodó los ojos ante la actitud de Maya, pero una parte de él estaba más tranquila al verla viva. Ella no tenía ningún motivo para estar feliz. Ella seguía en un mundo que odiaba y su cabello seguía mojado con agua malvada. Sí, ella decidió que el agua del mundo espiritual debía ser malvada pues no podía existir otra razón por la cual casi moría ahogada.
—Es bueno que estes mejor —Mako dijo, dando una pequeña palmada a la espalda de la maestra agua —¿Lista para volver a Ciudad República? Los gangster detrás de nosotros no pudieron haberse quedado mucho cerca del portal, ya debe ser seguro salir.
El policía alzó una ceja y observó a la joven con nueva cautela.
—¿Eres maestra agua?
—¿Cómo lo descubriste? —Maya preguntó sorprendida, era una maestra agua mediocre pese a ser exelente espadachina. Además, sus ojos no eran del color habitual de los maestros agua.
—Tus movimientos bajo el agua eran familiares —los ojos de Mako cayeron sobre la espada en la cintura de Maya —¿Por qué dice que te seguían los gangsters?
—Caraj...es qué no ves que casi muero..con razón no eres popular con las mujeres.
Maya estaba segura de que eso iba a dolerle a Mako, el temblor en su quijada y la perdida de color en sus cachetes hubieran sido suficiente indicación así que ella maldijo que gotas calientes cayeran del cielo en lugar de lágrimas por su cara.
—¡Qué demo..! ¡¿Por qué este lugar está maldito?! —Maya gritó mientras intentaba crear un escudo con su agua control sin éxito. Fuera de lo que fuera que estaba hecha la lluvia no era agua —¡Quema!
Mako entró en acción al escucharla gritar, y gallardo, la cubrió con su propio cuerpo, pese a estar aún molesto por las palabras de Maya. Las gotas cálidas impactaron su cuerpo y lo mojaron de nuevo. Por su cabello y cara se deslizaron las gotas para caer sobre la nuca de la espadachina.
Maya, refugiada en el pecho de Mako, pudo respirar su olor por primera vez. Era distinto al olor de otros hombres, casi sofocante con su fuerza de crear deseo en su estómago y piernas. Además del deseo, en su pecho, ella sentía su corazón latir al sentirse protegido.
Nunca nadie había buscado protegerla. No sin pedir nada a cambio.
Toda su vida, siempre fue vista como algo, ya fuera una máquina asesina o una facilitadora de drogas, pero Mako, al menos tres veces, parecía estar dispuesto a arriesgar su vida por ella. El ex del avatar tenía que tener alguna especie de valor mayor al de Maya, quién tenía sangre en sus manos y un pasado capaz de llenar de disgusto a la gente de buena sociedad.
La lluvia paró, pero ella no se alejó del cuerpo cálido del maestro fuego, dispuesta a escuchar el fuerte corazón de él hasta que el cansancio la venciera. Era estúpido desear, pero en ese instante, abrazada por un brazo fuerte, ella se dejó soñar en algo más que libertad.
¿En formar una familia quizá?
—Todo estará bien.
Las palabras fueron acompañadas por una mano amable sobre su hombro y ella finalmente lo encaro, y lentamente, acercó su cara a la de él. Mako ladeó su cabeza de un lado a otro antes de retroceder.
Por supuesto, alguien como él y alguien como ella nunca tuvo la posibilidad de funcionar.
—Maldición —Maya gimió y tapo su boca, lágrimas surcando sus mejillas terminaban mojando su mano.
—No..no eres tú —Mako se apresuró a calmarla —Nos acabamos de conocer, ni siquiera se tú nombre.
Maya sintió un horrible calor recorrer su espalda, como si alguien hubiera deslizado la punta quemada de una espada por su piel. Jamás se había sentido tan estúpida en su vida.
—Espera, eso no es lo que quería decir, estás alterada y por eso crees que te gusto —Mako estaba tensó, dudando de que decir para calmarla —Es solo que, hay otra chica.
La joven sintió su corazón dar un brinco, las palabras del ex del avatar, por alguna razón le daban esperanza. Al recordar que era el ex, que él estaba con el corazón quebrado por una mujer inalcanzable. Maya sintió que esa era su oportunidad. Como decían los chicos, a un clavo en el corazón se le saca con otro.
Otra asesina había dicho que sacar un clavo con otro era una pésima idea. Pero a Maya no le importó, después de todo, el premio parecía ser muy bueno.
