Dead Rabbits

Se llevó el cigarrillo a la boca, haló lentamente, mantuvo el humo unos instantes y después lo dejó salir cuidadosamente.

—Los italianos no entienden la lección —dijo.

Le molestaba bastante hablar en inglés aunque lo había aprendido bastante bien, así que normalmente lo hacía en la lengua de sus padres y la de los padres de todos los muchachos del grupo que conformaba lo que su hermano llamaba "camarilla". Aquello servía, además, porque si había alguna rata pegando la oreja en los muros para escuchar, ya fuera de una banda rival o la policía, difícilmente podría entender algo.

—Tu hermano los trata con generosidad, Luke —dijo uno también dando una calada a su cigarrillo, solo que él no había tenido la paciencia para que luciera elegante y el humo había escapado mientras hablaba.

—Mi hermano es generoso —respondió, habituado a ese tipo de comentarios que en realidad iban más intencionados a referir un tipo de debilidad. Por algún motivo ellos preferían que sin motivo y en honor a nada en especial, su líder decidiera usar a alguno como saco de boxeo, mantenerlos viviendo de la expectativa de ser el siguiente en perder los dientes, y como su hermano era mucho más razonable eso, creían que no era del todo capaz de reprender con severidad.

—Pero ellos colmaron su paciencia, por eso estamos aquí.

Sus ojos verdes parecieron destellar un poco en la oscuridad de la habitación, el muchacho más pequeño, de unos doce años, se encogió en su sitio mientras continuaba colocando los corchos de las botellas de whisky. Él no los acompañaría en esa ocasión aunque lo habían asignado a su cuidado, pero no por falta de carácter o entusiasmo, que en ese sentido incluso superaba a muchos chiquillos de su edad, por eso lo habían apartado de los ladrones de carteras y mensajeros para llevarlo con ellos, para que le enseñaran más del negocio y a larga escalara dentro del grupo.

Por el momento se encargaba de tareas sencillas como distribuir el alcohol y liar cigarrillos, que constituían la segunda rama más lucrativa del negocio, seguido de los encargos de carácter político.

Aquello había resultado ser económicamente más rentable que tenerlos a todos encerrados en las fábricas trabajando en precarias condiciones por un salario miserable, sin embargo, con las tensiones causadas por Abraham Lincoln al declarar ilegal la secesión de los Estados Confederados de América, aquella productividad había ido decreciendo poco a poco.

Ellos no tenían demasiadas intenciones de unirse ni a un bando ni a otro, pero mientras la guerra continuara el negocio iría mal, además, con la llegada de los italianos pendía de un hilo el dominio que habían estado ejerciendo en la ciudad durante la última década.

Su hermano se ganó el respeto de todos con su impecable forma de usar un arma y el modo en el que podía pelear él solo hasta contra diez muchachos sin resultar herido, pero había sido su destacada inteligencia y habilidad de negociante lo que había logrado que el joven campesino que retaba a los aristócratas ingleses cazando las mejores piezas de sus tierras, se hubiera convertido en un nombre conocido y respetado en los círculos más altos de la sociedad neoyorquina.

Inconvenientemente, también había pasado a ser blanco de indiscretas investigaciones policiales y algo un poco menos benévolo como ataques de los políticos, que buscaban la expulsión de los grupos inmigrantes.

—Ya es hora —dijo.

Uno asintió, eso basto para que todos tomaran sus armas, dispuestos a resolver el asunto con los italianos tal como les había sido indicado.

Cinco personas fue lo que había decidido que era suficiente, no quería ni necesitaba un segundo capítulo del Dead Rabbits riot o del más reciente Draft Riots* en el que se habían visto involucrados debido a su reacia actitud al alistamiento militar. Solo requería de los mejores tiradores que tenía a su disposición, así, todo se llevaría a cabo de forma limpia y efectiva.

Pudieron ver el edificio resquebrajado desde una cuadra antes. Serían cerca de las seis de la tarde pero no había demasiada gente, solo la suficiente como para que el mensaje quedara claro.

Desde el otro lado de la calle polvorienta, los cinco eran perfectamente visibles para los italianos, pero estos apenas les dirigieron la mirada, uno escupió al suelo y volvió a lo suyo. Tal como había esperado, como solo eran cinco les habían restado importancia, así que no vieron lo que estaban haciendo, y solo hasta que escucharon la explosión de la pólvora fue que cayeron en cuenta de que ellos no iban a buscar pelea con puños y cuchillos como había sucedido antes.

El que había escupido a la calle a modo de insulto, vio cómo cabeza de su primo, con quien había estado hablando hacía solo unos momentos, perdía parte de la cara haciendo saltar sangre en todas direcciones. El cuerpo se mantuvo sentado, recargado en el respaldo de la silla con la quijada caída y la lengua sobresaliendo. Después fue su turno, pero como había conseguido moverse solo, sintió su nariz volar en pedazos, aulló de dolor mientras la sangre salía a gran velocidad, intentó sacar su revolver, pero sus dedos cayeron al suelo, desprendidos de su mano a causa de un disparo.

—¿Ya entramos, Luke?

Él asintió mientras volvían a cargar.

Era cuestión de tiempo antes de que llegaran más italianos, porque difícilmente la policía se entrometería. Nunca lo hacían cuando se trataba de conflictos entre bandas, preferían que se mataran ellos, así se reducían los que tenían que enfrentar.

Con paso decidido y la noche cayendo, entraron en el edificio cuidando de matar a todos quienes se interpusieran en su camino, la mayoría muchachos, mujeres y algunos ancianos.

El primer intento de contra atacar se hizo presente, desde el barandal de las escaleras alguien había disparado con un rifle, pero falló por poco, destrozando solo una lámpara de keroseno.

Pudo verlo con claridad, en ese momento era como si todo a su alrededor sucediera más lento de lo normal, levantó el revólver y mientras aquél italiano intentaba recargar su rifle, él pudo simplemente disparar, acertando justo en medio de los ojos, haciendo caer el cuerpo por las escaleras.

Ordenó a sus acompañantes que revisaran la planta superior y que se apostara al menos uno en la ventana para que vigilara la calle.

Permaneció en la planta baja, encontró solo dos muchachos escondidos en la cocina, los miró con indiferencia, escuálidos y temblorosos, ni siquiera hablaban otro idioma más que el de sus padres así que no supo exactamente qué estaban suplicando, además de lo obvio que era no morir.

Les disparó en la cabeza, todo acabó demasiado rápido para ellos.

Permaneció quieto, sintiéndose incómodo respecto a la extraña quietud que reinaba en el vecindario. Miró a través de la ventana y notó que no se habían encendido las lámparas de la calle, ni se podían ver las luces vecinas.

Era de esperarse que los vecinos decidieran esconderse al escuchar los primeros disparos, pero tampoco habían acudido otros miembros del grupo que acababan de atacar. Además, resultaba extraño que siendo la casa de Mama Marella, una mujer a la que pocos habían visto pero muchos mencionaban como la "tía" de todos los italianos radicados en la ciudad, hubiera nada más que viejos y niños, con pocos hombres capaces de presentar una defensa adecuada.

No había nada más que el silencio de la noche, como si la casa se encontrara en medio de un desierto, porque no había perros aullando a lo lejos o ramas meciéndose con el viento de otoño.

Hasta que de nuevo empezaron los disparos.

Subió a toda prisa las escaleras pasando por encima del cadáver que había quedado ahí momentos antes. Luego vinieron los gritos y cuando llegó a la habitación de la que provenía todo el escándalo, vio a tres de sus acompañantes desplomados en el suelo con las gargantas desgarradas y el cuarto aún gimiendo mientras una mano delgada lo sostenía con inhumana fuerza.

La oscuridad apenas le permitía ver. El viento agitó la cortina raída y la luna que recién salía iluminó la inconfundible silueta de una mujer.

Parecía imposible que un hombre adulto se encontrara a merced de una figura tan pequeña y frágil pero cuando el cuerpo cayó, resultaba evidente que era verdad. La sangre recorría sus comisuras y en cuanto abrió la boca, sus dientes parecieron destellar con una blancura inverosímil.

Un gruñido gutural se escuchó cercano a él y al mirar el piso notó que los cuerpos empezaban a moverse, pero algo en su interior le hizo consiente de que no era un atisbo de vida.

Dio un par de pasos hacia atrás, incapaz de hacer o decir algo más, ni siquiera gritar, entonces aquella mujer saltó sobre él derribándole. Le dijo algo que no pudo entender al tiempo en que lo rodeaba con las piernas sin soltar sus muñecas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo en cuanto pudo sentir su lengua recorriendo a piel de su cuello y el filo de sus dientes como pequeños cuchillos amenazando son arrancarle la garganta.

Su respiración se volvió un jadeo ronco mientras veía cómo sus compañeros se erguían grotescamente profiriendo gruñidos inhumanos, con un andar tambaleante y un resplandor demoniaco en los ojos.

Solo pudo pronunciar un quejido cuando su carne cedió ante la mordida y a su mente acudió la imagen de la ardilla que le había dado su hermano hacía tantos años, cuando era un chiquillo. Podría haber jurado que no lo recordaba, pero casi pudo saborear de nuevo la sangre del animal mal cocido, la carne dura y los huesos.

Recordó también la mosca que entraba a la boca de su madre, sus ojos vidriosos y el fuego que habían prendido a la casa antes de irse.

El olor de la caja en la que había creído convertirse en duende, el amigo de su hermano que no despertó…

La primera vez que le puso un revólver en la cabeza a alguien y jaló del gatillo.

La lucidez se perdía de sus pensamientos lentamente, hasta que sin más, todo se volvió oscuridad.


Comentarios y aclaraciones:

*Dead Rabbits riot, un conflicto de bandas acontecido en Nueva York entre el 4 y el 5 de julio de 1857.

Draft Riots, un conflicto civil surgido del 13 al 17 de julio de 1863, a raíz del alistamiento militar que instauró Abraham Lincoln en el marco de la guerra de secesión y cuyo drama puede apreciarse en la película de Martin Scorses: Gangs of New York.

La verdad es que había considerado la opción de medio hacer crossover con Abraham Lincoln: Vampire Hunter, con aquello de los confederados, pero decidí reservarme la idea para otra ocasión.

¡Gracias por leer!