II.

"Tu trabajo será dentro del laboratorio". Niji enseñó un escritorio habilitado para escribir cómodamente. Notó la mirada curiosa de Law sobre la fila de matraces en la repisa, "No te pediré que utilices esta tecnología, es demasiado para ti" sonrió aparentando ser condescendiente y dio una palmada brusca en el hombro del otro, "Pero tendrás que observar mucho, y escribir todo lo que observes. Y por supuesto, seguir mis instrucciones".

Law continuó la visita guiada en la guarida de Niji. Tenía el privilegio de poseer una sala entera para experimentar, y oculta en un sitio poco alumbrado el cirujano reconoció una camilla de operaciones y el carrito con una colección de bisturíes. La recámara estaba sanitizada, el blanco anunciaba purgas incesantes y pocas ocasiones para el error o el desastre. Quizá, pensó Law sumergido en la apreciación de libros extensos, buscan el caos, y no hay error en lo que llame a la desgracia.

"Y se puede saber, Niji-ya, cuál es el objetivo de esta nueva investigación. En mi humilde opinión, ya han hallado todo…", mintió cortésmente para ganar la respuesta que temía como secreta hasta el final. El príncipe del azul eléctrico sobó su barbilla precariamente mostrando una mezcla de agrado e indecisión, arrebató el libro en turno al cirujano.

"¿Recuerdas la tragedia de Flevance?" Law parpadeó recordando la mar de lágrimas que allanó el rostro de muchos niños, que como él, fueron destinados a la orfandad y ofrecidos al sorteo de una muerte temprana. Asintió desnudándose del pasado.

"Aquello ocurrió porque así lo quiso el gobierno. Mi padre y su equipo tenían la cura, solo era cuestión de que se repartieran las vacunas y que los reyes accedieran a pagar los costos de fabricación y la patente. Sin embargo, les pareció muy costoso y lo demás es historia…" Niji posó sobre el escritorio adueñándose del relato, suponía a Law un médico precario en historia y cultura a quien estaba dispuesto a educar "Inocularemos virus y hallaremos sus respectivas curas. Si el gobierno mundial no paga por las vacunas, entonces lo hará otro reino que visualice en ello la poderosa arma que es", Niji notó el ceño extraño de Law y los ojos perdidos en el horror y no le gustó mirarse en ellos como un monstruo.

"Ey, no te asustes. Será solo una jeringa, que sepan como usarla a su favor es otra historia…" sonrió con esperanza esforzándose por recuperar el respeto.

"¿No trataré con pacientes? ¿no seré especialista de algún mal en la salud de los Vinsmoke?" Niji rió con ganas.

"Aquí ya nadie se enferma. Somos superiores al resto de los humanos comunes. Incluso ese idiota de Sanji… ¡jamás lo he visto enfermo! y eso es mucho decir. Si estudias y obedeces mis indicaciones llegarás lejos".

Tocaron la puerta. Las bisagras chillaron revelando al tercer hermano en el umbral con cara indispuesta. "Niji, te solicitan en la sala de experimentaciones. Tu compinche puede venir, de hecho, Judge lo ordena".

Tanto las balas perdidas a profundidad en órganos ajenos como las cirugías para cambiar la identidad de los perseguidos fueron tareas rutinarias por al menos tres años. Doflamingo no tenía problemas para conseguir clientes, llegaban todos con la dirección anotada en una servilleta más o menos limpia y la justa firma del Joker como confirmación de la cita. A pesar del estado de podredumbre de los muebles, y la fachada oscura de la casa sepultada por algas y moluscos del muelle, la clínica generaba ingresos descomunales. Law recibía lo suficiente, lo demás no lo echaba en falta pensando que ya lo poseía todo: una casa modesta en el valle, algunos amigos dentro y fuera de la organización y la presencia de Cora-san en su vida.

Cierto día de otoño en una calle aparatosa, el contacto con dos niños desvalidos rogando ayuda a los transeúntes por la vida de su madre que se les moría en un callejón húmedo le minaron las expectativas que tenía del futuro. La unción del termómetro y la comunión de las pastillas en la agonía de la mujer le hicieron ver la otra cara de su oficio. Era una persona útil para la sociedad, no un criminal.

La gran revelación de su vida fue compartida con quien lo había criado como a un hijo, Cora-san el hermano de Doflamingo. Áquel igualmente emocionado por los nuevos planes que lo involucraban, porque Law preveía una agitada mudanza y una sala de recepción que debía ser atendida, estudió las posibilidades que tenían para organizar el nuevo proyecto. No tardó en darse cuenta que el mayor obstáculo era el dinero, y por supuesto, su propio hermano. Si sabía el motivo concreto de retirarse de aquella vida subterránea lo pagarían muy caro siendo juzgados como traidores. No disponían de su ayuda, había que hallar otra manera de ahorrar un capital que no proviniera de Doflamingo.

"Law, te conseguiré un nuevo empleo lejos de aquí. Doflamingo creerá que has hecho un intercambio por estudios, pero la verdad es que estarás buscando nuestra independencia ¿verdad?".

Sin embargo, no había soñado jamás con este tipo de contrato. Trabajar al servicio de criminales y piratas no sonaba tan mal después de todo. Resistía a la renuncia pensando en que Cora-san había depositado sus esperanzas en él para salir de ese hoyo que también odiaba. Creía en su destino.

Mientras él era atendido maravillosamente en el palacio de una familia poderosa y ancestral,su padre postizo probablemente se las estaba viendo negras entre interrogatorios y favores extras para compensar su ausencia.

Decidió que actuaría con frialdad y se dejaría mandar por última vez. Esperaba en cuatro meses reunir los fondos suficientes para comprar un bote que los llevara a una isla lejos Donquixote y que además fuera idónea para inaugurar una clínica.

Perdió el hilo de la conversación, pero Niji estaba tan feliz de escuchar su propia voz rebotar por los pasillos y los oídos de su hermano que nunca lo supo. Law estaba más preocupado en su historia propia y en la vigilancia del muchacho rubio que les llevaba cuatro pasos de ventaja.

Su andar era distinto al de sus hermanos, era más humilde con su presencia, pero no por ello menos elegante y consciente de su corporalidad. Las manos metidas en los bolsillos laterales y los hombros relajados. También era significativamente menos musculoso que los otros, un talle atlético se adivinaba por debajo de las telas de su ropa. Distaba centímetros y kilos del cuerpo de vikingo descomunal de Yonji o la potencia física de Ichiji que era ligeramente más imponente que la de Sanji. Niji tampoco se quedaba atrás. Aquellos debían tener un entrenamiento físico más exigente y por supuesto, un apetito más despierto. Pero no veía una figura frágil en la persona de Sanji, el cabello blondo y la mirada azul lo hacían simplemente caballeresco. Podía llamarlo príncipe sin sentirse extrañamente ridículo o adulador.

Entraron los tres a una habitación con techo alto y en forma de cúpula, incluso el cielo podía mirarse a través de los ventanales hexagonales. Reiju e Ichiji ya estaban con los preparativos, en realidad eran examinados por un grupo de hombres con batas blancas y pesados cuadernos de anotaciones. Ichiji miró a Law y no fue amistoso; Reiju sonrió felinamente cuando logró atraer la mirada del cirujano a su precaria vestimenta para los estudios anatómicos.

Sanji suspiró al verse rodeado de dos sirvientes que le ofrecieron una bata y señalaron el biombo al que debía dirigirse para cambiarse. Niji arrebató la prenda a uno de los sirvientes y fue en la misma dirección que Sanji. Law fue abandonado.

Uno de los técnicos ayudantes le tuvo lástima, y se acercó a explicarle: "Los radar suits son el máximo secreto del GERMA 66, una de sus mejores creaciones. Sólo un Vinsmoke tiene derecho a portarlo y por supuesto, sólo un Vinsmoke es capaz de usarlo. La ropa es inteligente pero el usuario debe serlo aún más. Usted no está siendo acogido por cualquier familia real ¿lo sabía?".

Law miró esperanzado hacia el biombo donde los hermanos se cambiaban. Decía que no quería estar solo, pero alguna curiosidad tenía de ver la piel verdadera detrás de esa silueta. Lo sabía, eran personas especiales.

"Para ser sinceros, el talento y la inteligencia son hereditarios. Cosa de su sangre rara. Otras familias igual de importantes no lo soportan; no soportan aceptar su vulgaridad cuando saben de lo que son capaces los Vinsmoke. Históricamente han sido marginados por ello. Y que Sora-sama además haya aportado su belleza a esta generación los ha vuelto más repelentes" alzó los hombros resignado al presente, el mundo decidía negarse a reconocer a sus maravillosos amos y nada podía hacer.

"Le sugiero, y si le es posible, no se separe de ellos. Nunca. Para el resto del mundo son personas malvadas y quizá lo sean. Pero si les llega a conocer en las buenas…".

Le supo imposible cuando se sabía rechazado por Ichiji, perseguido por Reiju e ignorado por Sanji. Para Niji era una especie de mascota y Yonji le tenía como un invitado extravagante. Y ante todo eso le dolía más ser ignorado.

"Me llaman Dengeki Blue" Niji extrajo rayos cegadores de las palmas de sus manos para enseñarle a Law algo de su especialidad.

"Y yo soy Winch Green" Yonji acomodó su cinturón y lanzó una palmada feroz a Niji quien la recibió sin reticencia, pero el azulejo debajo de sus pies cobró las consecuencias del impacto.

Sanji salió vestido en un traje de botas, capa y pañoleta idéntico al de sus hermanos, pero en color amarillo. Se limitó a encender su típico cigarrillo y a subirse a un pedestal donde lo esperaban otros técnicos para medirlo y explorarlo minuciosamente. Law quedó decepcionado, quería saber de qué manera se lucía en el combate.

Niji adivinó las expectativas de Law. "Ni siquiera trates de convencerlo, no usará su traje y ni te dará una pelea decente a menos que quiera hacerse el héroe" clamó como un consejo muy útil mirando cansinamente la imagen de su hermano, "Sanji no participa en el ejército como tal, pero se le da mantenimiento a su traje porque padre espera que algún día se retracte. Además, madre exigió la misma protección para todos…".

A Law le sorprendió la postura de amnistía del tercer hermano. Comprendió las miradas de desaprobación durante la cena y su aura de insatisfacción con el panorama. Le gustó más que cualquier espectáculo con chispas y fuego.

Hubo pruebas difíciles de imaginar y Law miró a cada una de ellas. Contra el polvo, el agua y el agotamiento. La enfermedad también era una agente risible frente al poderío de ondas y ciencia que emitía el milagroso traje.

Sanji no mostraba entusiasmo en las pruebas y tampoco competía contra los resultados de los hermanos, quienes se esforzaban por rebasar las expectativas de su público y las predicciones de sus cálculos. Quizá sin proponérselo, Sanji demostró ser el más veloz de entre todos ellos. También se le pidió que friccionara la pierna contra el piso y éste encendió el fuego sin problema. Law miró anonadado, notó que lo hacía vestido de casimir y sin inferencia del radar suit. Tragó saliva y aplaudió sutilmente. El tercer hermano escuchó la tímida aclamación y se limitó a observar desdeñoso sobre su hombro inseguro de ser víctima de una burla. Y Law cesó en cuanto se percató que no fue del agrado del otro.

"Ichiji-ya ha sido un espectáculo temible. Su desempeño físico y mental me ha dejado sin palabras, sin duda…" el cirujano aprovechó el cruce de caminos en la habitación para enternecer al mayor de los hermanos, pero el pelirrojo no se dejó endulzar el oído "¿Eso? Nos hemos contenido. El mundo te queda muy grande, Trafalgar. Qué será de ti en una guerra de verdad si acudes a la lástima ¿nos venderías al enemigo?" y se quitó los guantes despreocupadamente pasando de él.

Law se sintió un idiota. La hermana llegó hasta a él para decirle "Me hubiera gustado que me aplaudieras a mí. Me esforzaré más para la próxima…" depositó un beso entre sus dedos y lo adhirió suavemente a la mejilla del médico. También lo dejó varado entre la multitud de científicos y técnicos abandonando sus uniformes para largarse al comedor.

"Oi, Trafalgar…" escuchó detrás de él la voz que tanto había deseado escuchar, casi no habían interactuado y lo presentía como el más encantador de todos "No creo que seas un hombre malo, nadie lo es…" el rubio se encogió de hombros perdiendo por un instante la dirección de su charla "Como sea, solo quiero que sepas que con Niji hay que tener mucho cuidado. No eres el primer becario que arropa en el castillo. Te obligará a hacer cosas de las que quizá te arrepientas, y si te niegas hacerlas las consecuencias serán las mismas. No te fíes de él y pregúntate si este es el sitio en el que desea estar…"

Law se percató del tono de sincera preocupación en la voz del otro. Le pareció menos distante, sin ninguna amenaza o premisa de confrontación. Le prevenía por su bien. Igual que hubiera hecho Cora-san, después de él nadie más había mostrado preocupación por su futuro. Quedó conmovido.

Cuando se le ocurrió agradecer, el chico ya había cruzado la puerta sin motivos suficientes para regresar la mirada hacia atrás, o a los ojos negros del médico.

"Aunque en el fondo admita que no debo estar aquí, presiento también que es el lugar correcto en el que debo empezar..." Law imaginó que le decía de frente como si naturalmente hubieran acordado ser compañeros muy cercanos.

Parado donde estaba y con la mirada perdida en el desfile de los príncipes que se marchaban por el pasillo contiguo, confío en la recomendación del técnico y decidió no separase de la familia.