Capítulo Once: "Encuentros Cercanos"

Por su parte James, claramente no estaba indemne. Y al regresar al castillo la angustia le picaba en las venas, no sabía si Lily había vuelto o no, si estaba bien, si necesitaba algo. Sus amigos notaron que tenía la cara más larga que le habían visto en mucho tiempo. Estaba callado, distante y triste, recostado en su cama, y acariciaba sin cesar una gran flor amarilla.

Sus pensamientos divagaban todos hacia Lily y lo que había sucedido entre ellos. La veía una y otra vez vestirse rápidamente y abandonar la habitación, dejándolo solo en aquella cama, como si nunca se hubiesen hecho el amor con tantas ganas de beberse el alma.

En su cabeza cruzó una idea peligrosa. ¿Hicimos el amor?

No, yo le hice el amor a ella, ella sólo tuvo sexo conmigo, no seas iluso, idiota.

Pero una voz agradablemente familiar lo sacó de su dilema. -Jimmy, vamos. Dime qué te pasa ¿Y por qué tienes una flor?

- No me pasa nada, Canuto y esta flor…la encontré y pensé que sería un bonito recuerdo para alguien. -Sonrió, o por lo menos trató, es que era una de aquellas sonrisas que intentas dar pero sientes cómo te cuesta levantar las mejillas, te pesan veinte mil toneladas y lo peor de todo es que sabes que el resto se da cuenta.

- ¿Y dónde estuviste todo el día? Ni siquiera fuiste a transformaciones. Si McGonagall no hubiese estado tan preocupada por Lily, te estaría dando una buena bronca -dijo Remus con un leve tono de reproche.

- ¡Eh! ¡eh! ¡eh!… ¿No habrás estado con Evans?

- Claro que no, pulgoso. Sólo estaba en el bosque, quería caminar. -James contestó esforzándose al máximo por mentirles a sus amigos, aunque él sabía que no se le daba muy bien tratar de engañarlos. Pero ya no existía flor amarilla, la rabia y la frustración le comían las venas y sin notarlo la deshojó pensando que ni siquiera le podía contar a Sirius y a Remus lo que le ocurría.

- ¿Y qué te dio por caminar?

- A veces es bueno, es casi un deporte. Tú deberías practicar otro aparte de andar saltando como mono de cama en cama -le aseguró James mientras intentaba tomar todos los pétalos que estaba tirados sobre su cama y meterlos dentro de un libro de Encantamientos que había sobre su mesa de noche.

- ¡Qué poco respeto por la aficiones ajenas, Jimmy! Además no me mientas, te buscamos en el mapa y no te encontramos. Si hubieses estado en el bosque una etiquetita con tu nombre hubiese aparecido.

- Y Hagrid y yo recorrimos los terrenos tres veces, buscando a Lily. -Agregó Remus.

- Sí, después yo también empecé a buscarla, a lo mejor por eso no nos encontramos. -Mintió James, nuevamente.

- Tengo hambre -dijo Peter, como si no hubiese estado prestando atención a la conversación que tenían los chicos. -¿Alguien quiere algo?- Remus y James declinaron la propuesta. Sirius le pidió que le trajera un trozo gigante de torta de frambuesas.

Tras una cantidad de comida descomunal que engulló Peter y Sirius y numerosas partidas de ajedrez mágico, los chicos se acostaron. Remus estaba muy cansado, había recorrido los terrenos ese día mínimo tres veces en busca de Lily y una de sus dolorosas transformaciones se avecinaba, lo cual siempre disminuía sus fuerzas. Peter siempre tenía sueño, así que fue el primero en acostarse.

Desde la cama, Remus manifestó su duda en voz alta.

- ¿Dónde habrá estado Lily?

- Seguro que tirándose a alguien para pasar las penas -dijo Peter como si nada.

- Estamos hablando de Lily, no de Sirius. -respondió Remus con una leve arruga entre las cejas. ¡Qué equivocado podía estar sin sospecharlo siquiera!

- Sí lo sé, pero yo escuché a unos chicos de Slytherin decir que ésta era una oportunidad única, que Lily estaba dolida y que con ayuda de alguna poción podían lograr una salida con ella. Y a lo mejor ya ejecutaron el plan. Me preguntó que poción será.

- ¡Cállate, Colagusano! -exclamó enérgicamente James. -Tú y esos son unos despreciables cerdos. -Y tras aullar esto y un par de improperios más, se arropó hasta las orejas y se quedó callado masticando su rabia.

Inmóvil en su cama, James pensaba en Lily. Se la imaginaba llorando a mares en su cama por su ex novio, sin dirigir ni un segundo de su mente hacia él, ni a todo lo sucedido en el Luna de Caramelo.

Y de ese modo, los cuatro chicos en la habitación se entregaron al más denso silencio, interrumpido por la profunda respiración de Remus y los sonoros ronquidos de Peter.

James no podía dormir, cada vez que cerraba sus ojos intentando conciliar el sueño, en la parte interior de sus párpados se echaba andar una serie de imágenes evocatorias. Recordaba el suave olor a frutas dulces de Lily, y sentía que cada una de sus células estaba empapada con ese aroma. Si cerraba los ojos con más fuerza hasta podía sentir la cálida respiración de ella en su cuello, si respiraba acompasadamente podía sentir de la suave piel de Lily. Y sólo en su cama no pudo evitar sonreír y morderse los labios por dentro.

- ¡pssst! ¿Jimmy?

- Estoy durmiendo, Sirius.

- No, no estás durmiendo, faltan tus ronquidos. Ven, acompáñame.

- ¿Dónde?

- A Hogsmeade.

- No. No quiero, estoy casi a punto de quedarme dormido y estoy cansado. -Mintió. Porque en realidad no quería salir de su cama porque el recuerdo de Lily se mezclaba mejor bajo la tibieza de las sábanas y el hecho de tener los ojos cerrados.

- Te hará bien, ¡Vamos!

Y sin saber por qué (o quizás las últimas palabras de Sirius lo convencieron) se levantó de la cama. Como un autómata se vistió y se puso los zapatos, al igual que su mejor amigo, en la sala común. Se cubrieron con la capa y salieron sigilosamente del Castillo, buscando el camino más adecuado, ayudados por el mapa, para no encontrarse con Filch, su gata o Peeves.

Cuando llegaron a Hogsmeade, las calles del pueblo estaban casi vacías, había luz en las Tres Escobas, donde James pensó que Sirius lo conducía. Pero su amigo torció inesperadamente hacia la izquierda dando a un callejón estrecho y oscuro.Se detuvieron en una puerta pequeña pintada de rojo y Sirius llamó tres veces a la puerta con una piedra produciendo un ruido sordo. Momentos después, un hombre moreno y corpulento los miró con gesto escrutador, pero Sirius no le dio tiempo de hablar.

- Hola, ¿Qué tal, grandulón? -Y pasó por al lado del tipo como si fueran grandes amigos, James que no entendía nada pasó en silencio por al lado de aquel hombre que ni siquiera se molestó en responder el saludo de Sirius.

- Canuto ¿Dónde estamos?

- En el paraíso, James.

Subían por una larga y torcida escalera, en cuyo final se veían reflejos de luces de distintos colores. Tras el último, de los numerosos escalones, descubrieron una gran habitación de color negro con cómodos sillones blancos agrupados alrededor de pequeñas mesas. A un lado de la habitación había una larga barra, donde muchas personas se sentaban en pequeños pisos, apoyando sus brazos para conversar animadamente con él del lado. La barra estaba decorada con copas y botellas de distintas formas y colores, puestas en una repisa de metal. Y detrás de aquella barra había dos mujeres jóvenes y dos muchachos atendiendo.

Al fondo había una espaciosa tarima roja donde descansaban dos guitarras, un bajo y una reluciente batería, entre otros instrumentos musicales.

La habitación era cruzada por numerosas personas, algunas salían de la estancia contigua, en la cual, el techo tenía numerosas luces de diversos tonos que proyectaban sus reflejos sobre la escalera. En aquel cuarto el ambiente era cálido y denso, como si una leve bruma circulará en espirales descendentes por la atmósfera. Pese a la numerosa gente que bailaba ahí y que la música era considerablemente más fuerte.

Era una gran fiesta: todos reían y bebían. Algunas parejas en las esquinas se besaban con fiereza y otras eran arrastradas hasta la protegida pista de baile.

- Canuto ¿De quién es está fiesta?

- Esto es un club, Jimmy. Un club clandestino, por cierto.

- ¿Un club? -Sirius le comenzó a explicar a James lo qué era un club. El sólo estaba acostumbrado a fiestas pomposas, comidas y bailes a los cuales concurrían muchos magos y brujas conocidos de sus padres.

- O sea ¿Tú no conoces a nadie de aquí?

- No, pero pretendo conocer a aquella de ahí o la que está en la barra. -Mientras decía esto le indicaba a James con la mirada a las aludidas y terminó saludando a una, guiñándole un ojo.

- ¿Y por qué es clandestino?

- Porque este es un club que está inspirado en clubes muggles y Hogsmeade es un pueblo completamente mágico, James. Y no creo que los habitantes le parezca muy bonito que se comience a integrar cosas no mágicas. Además, tú sabes que Voldemort está ganando poder y este sería un muy buen lugar para manifestar sus convicciones sobre los muggles y los magos que les agradan los muggles y sus cosas.

- ¿Y cómo supiste que existía esto Canuto?

- Hoy me contó de este lugar Michael Welling. Su primo es uno de los dueños. Me dijo que no podía esperar hasta Semana Santa para venir, pero como nosotros tenemos nuestros métodos, no vi para qué esperar tanto.

James y Sirius se sentaron en uno de los tantos sillones blancos, y comentaban alucinados lo entretenido que era el lugar, mientras vaciaban sus copas de ron de grosellas.

- ¿Y a ti qué te pasa?

- Nada, ¿por qué?

- A otro perro con ese hueso, Jimmy. Pensé que te ibas a emocionar hasta la médula cuando vieras esto. Ahora que estamos solos, dime qué pasó ¿Por qué no llegaste anoche ni te apareciste hoy en casi todo el día?

- Pulgoso, te dije que no me pasa nada.

- Entonces, ¿Qué pasó con Nada Evans?

James se sonrió ante la ocurrencia de su amigo. Quería contarle todo lo que había ocurrido desde que se encontró con ella en el lago. Quería un consejo, quería una impresión y quería soltarlo ya. Esa era una verdad a medias triste y a medias feliz que le estaba apretando insoportablemente el estómago.

- No paso nada con Lily. -Pero James se contuvo. Una parte de él sentía que si contaba algo ya no sería tan real ni tan mágico como fue.

- ¡Perfecto! No me cuentes nada hasta que estés preparado, pero recuerda que soy un hombre impaciente.

Tras unos momentos James y Sirius estaban calificando a todas las chicas del lugar. Sirius estaba en el cielo, eran casi todas tal como a él le gustaban. Con ropa muggle, específicamente pantalones y poleras coloridas muy descuidadas. En cambio a James ninguna le parecía tan bonita como Lily, ninguna le llegaba a los talones, no tenían ni su piel perlada, ni su cuerpo menudo, ni su pelo incendiado ni sus ojos verdes. Esos ojos profundos en los que quería ahogarse por toda la eternidad.

Una pareja se sentó con ellos, y la chica ignoró a James y Sirius. Tenía el pelo oscuro y liso hasta los hombros y sonreía con picardía mientras miraba a su acompañante. El tipo que la acompañaba era alto, de piel levemente morena, ojos color miel y pelo castaño. Bastante guapo, pero tenía una cara de hastío total, como si prefiriese estar en cualquier parte del mundo menos allí. Ambos tenían 18 años aproximadamente y la chica buscaba infructuosamente la boca de su pareja, quien caballerosamente la tomaba de los brazos y la alejaba continuamente.

Pero la chica era insistente y recorría el fuerte abdomen de él con su dedo índice dirigiendo miradas deseosas al chico. El chico era Alex Diggory.


Nota de Autora: Creo que ya no soy una bitch que debe reviews ¿o si? (No por lo menos de este fic, sé que de otros todavía debo las respuestas). He aquí las reacciones de los chicos, me di cuenta que quizás son bastantes débiles. Pero no puedo cambiarlas porque los capítulos que siguen se verían alterados también. ¿Les gusto? Espero que sí.

Gracias por sus reviews, de verdad, son impagables. XDDDD (qué bueno porque no tengo dinero)

Nos vemos pronto, el sábado (sí, mañana) trataré de subir algo más.

Besos, maite.