Nota de Autora: Sí, lo sé. Soy una perra, porque esta historia está muy avanzada y tengo a un montón de gente en ascuas. Pero de verdad, me voy a poner al día tan pronto como pueda. Le robaré tiempo al tiempo para ello. Ya los he hecho esperar bastante.
Capítulo Trece: "¿Hablar?"
A la mañana siguiente a Sirius se le partía la cabeza. Había llegado hace menos de dos horas al castillo, cuando el cielo ya se empieza a teñir de un azul transparente, y sentía que recién se había acostado y que casi no durmió. Lo cual no era del todo inexacto. La falta de sueño sumado al ron de grosella más la imitación de la cerveza muggle, llamada Budwizard, tomada por cantidades exorbitantes le trajeron más de alguna incomodidad, aparte de tener que ir al baño cada diez minutos.
Después que Alex los dejara, Sirius fue por la chica de la barra y James... En realidad Sirius no supo que pasó con James hasta que lo encontró bastante bebido, hablando con dos tipos sobre motos y automóviles, y en ese momento fue cuando Sirius olvidó a la chica de la barra. Sólo recuerda una esquina en especifico, en donde aprovechando las bondades de la oscuridad, las fronteras de la ropa interior fueron corrompidas por manos presurosas de conquistar la anatomía mutua.
James, ya salía de la ducha cuando Sirius se estrujaba el cerebro tratando de recordar con detalles la noche anterior, entre visiones nubosas, vio que su mejor amigo tenía algo extraño en el hombro.
- ¿Qué tienes ahí? -James, sin prestarle atención siquiera al dedo índice que señalaba Sirius, contestó.
- Nada. -Sin embargo su amigo tampoco se conformó con la respuesta, así que se acercó hasta él, y vio que en su redonda y perfilada clavícula habían ciertas zonas de la piel oscurecidas.
- No sé si es un chupón o un moretón. A ver -señaló al tiempo que le tocaba el hombro en la parte que parecía haber algún hematoma, pero James no se quejó cuando presionó un poco su dedo contra la piel. -Eso es un chupón. -dijo Sirius entre risas. -¿Quién te lo hizo?
- No es un chupón, es un moretón -Repuso James, vistiéndose rápidamente.
- ¿Un moretón que no duele y es tan redondo como una boca? ¿Quieres que juguemos a la cenicienta?
- ¿A qué cosa? -preguntó James.
- La cenicienta. Es un cuento muggle en que a una tipa pierde un zapato y el príncipe que quedó bobo por ella la busca probándole el zapato a todas las mujeres del pueblo. Si quieres, yo traeré a todas las chicas hasta saber de quién es la boca que mordisquea a mi amigo.
- Me voy a desayunar. Te veo luego -dijo James saliendo tan rápido de la habitación como le fuera posible. A todas luces tenia que evitar las incómodas preguntas de Sirius.
En el gran comedor estaba Lily, soportando las miradas de todos, tanto de los que creían que se había ido a suicidar como de los que creían que hizo un trato con Madame Pomfrey para un aborto, ya que supuestamente estaba embarazada de otro y por eso Diggory la dejó. Su amiga Loreen estaba con ella y aún no lograba sacarle palabra sobre dónde había estado y contemplando su desayuno pensaba en lo incómoda que se sentía en ese lugar, en que todo el amor que sentía por Alex se estaba convirtiendo en magma volcánica que le quemaba el cerebro y que cambiaría sus pertenencias más preciadas por no volver a ver a James Potter en toda su vida. Sentía una vergüenza desbordante tanto por haberse acostado con él como por haberlo dejado botado.
Soy peor que Sirius Black. Se dijo a sí misma, pensado en este último punto en particular.
Se sintió más observada que lo normal. Cuando levantó la cabeza de su plato de avena se encontró con una mirada penetrante y cómplice que caminaba en dirección a la mesa donde ella estaba sentada.
James Potter, mientras la contemplaba, pensaba en lo hermosa que se veía y se preguntaba sobre las consecuencias de besarla ahí mismo, delante de todo el colegio.
Ella, sin pretenderlo, sostuvo la mirada suave y cálida, como un tranquila poza de café profundo y aromático, que llegaba desde aquel chico que sonreía. Un, dos, tres, cuatro. Los segundos avanzaban y los ojos seguían conectados, como si un potente imán los uniera.
- Señorita Evans. El Director me pidió que le diera esto. -Era Minerva MacGonagall que le extendía un pergamino rompiendo algo más que una simple distracción de Lily. La chica extendió la mano y lo cogió ruborizada hasta la medula. -Señor Potter le espero en mi oficina después de clases. -Y dicho esto, la ceñuda profesora se marchó de la mesa de Gryffindor.
Lily, sin terminar de desayunar, se fue del Comedor porque no se sentía capaz de permanecer ahí. Apretó fuerte el pergamino contra su pecho y caminando lentamente por los pasillos, después de salir del estado de shock por ser presa de los ojos de James Potter, recordó el pergamino que llevaba en la mano. Se imaginaba que era una carta de Dumbledore para decirle cuáles eran las cosas que tenía que hacer. Pero su rostro se transformó en una oda a los maremotos cuando lo abrió y leyó.
Querida Lily:
El profesor Dumbledore me comunicó que tú eres la organizadora de la cena de los Premios Anuales de Hogwarts de este año y me ha pedido que te ayude y asesore en lo que necesites.Cuenta con ello, estoy disponible para ti cuando quieras. Iré pronto al castillo para ver como avanzas. Aunque no dudo que lo hagas estupendo, ya que el Director me habló maravillas de ti. Y también he escuchado similares comentarios de James.
Te recomiendo que empieces por averiguar quiénes han sido Premios Anuales y si están vivos o no.
Afectuosamente.
Dorea Potter.
Las mejillas se le encendieron aún más, sentía sus mandíbulas apretadas fuertemente una contra la otra. Rápidamente las preguntas llegaron a su cabeza y parecía que tenia dos pequeños clones habitando dentro de ella.
¿Me va a ayudar la mamá de James Potter? ¿Por qué Merlín me odia? ¿Por qué me odia Dumbledore?
¿Dumbledore habla bien de mí? A lo mejor le gusto.
¡Deja de pensar estupideces!
¿James le habla bien de mi a su mamá?
¡Lily, deja de pensar idioteces! Piensa en lo horrible que va a ser este castigo. Parece castigo doble, primero te revuelcas todo el día con él en un motel y después tienes que organizar un evento con su mamá.
Ya, pero lo del revolcón no te pareció castigo en su momento o sino recuerda que hasta hubo luces.
¡Todo es culpa del maldito de Alex Diggory! Al pensar en ese nombre sintió una dolorosa puntada en el estómago, como si se activara magma volcánico.
- ¡Lily! Espérame, se te quedó tu bolso. -De nuevo una lejana voz la sacaba de sus pensamientos. Loreen venia corriendo tras su amiga, con dos mochilas y se notaba que venia a duras penas. -Tenemos Defensa Contra las Artes Oscuras dentro de una hora ¿Por qué te fuiste tan rápido del comedor?
- Es que necesito ir al baño. -Mintió Lily y ambas siguieron con paso sosegado hasta los baños del cuarto piso.
Una vez en el salón, Lily se sentó en los primeros puestos, como siempre, y mientras corregía el trabajo de su amiga sintió que la mirada de alguien se posaba sobre ella. Giró sus ojos buscando quién la observaba y prontamente se encontró con un par de ojos bailarines, grises y extremadamente brillantes que le sonreían maliciosamente. Lily volvió a su trabajo pensando por qué Sirius Black la miraba así.
¿Acaso James Potter no pudo dejar de presumir?
Buscó los ojos de James para buscar algún signo que lo delatara. James estaba de espalda a ella y no había ningún signo que leer.
- Voy a aprender Legeremancia. -Murmuró.
James, después de salir con un nuevo castigo y con un sermón de más de tres horas del despacho de MacGonagall por no asistir a transformaciones, decidió que hablaría con Lily. Tenía tantas cosas que decirle, algunas le hacían mucha ilusión y otras no tanto. Como por ejemplo no quería decirle que su perro la extrañaba, que su adorado Alex le mandaba recuerdos y que de paso estaba soltero y que su novia no era más que una pantalla.
Lily estuvo toda la tarde en La Biblioteca, estaba atareada buscando a todos los Premios Anuales de Hogwarts que estuviera vivos y estudiando sus materias habituales.
¿Cómo se supone que organizo una fiesta mágica, si yo no tengo idea de eso? Cuando vaya a Hogsmeade tendré que comprar un libro o una revista del tipo BuenHogar.
- Hola, eh... Lily Evans…Me preguntaba si quieres ir conmigo a dar una vuelta al lago. -El que la interrumpió era un chico de quinto que estaba en Hupplepuff y que Lily había visto sólo en las reuniones de prefectos.
-¿Ah? -Respondió, pero al segundo captó lo que el chico le había dicho. -Oh…Me encantaría pero no puedo. Cuando pueda pasear por el lago, te buscaré. -Dijo Lily, amablemente.
El chico se alejó retrocediendo, exhibiendo una gran sonrisa pintada en la cara, y al llegar a la puerta le levantó una mano en señal de despedida.
Lily lo observó con extrañeza y anotó en su agenda.
Cosas por Hacer:
1.- Aprender Legeremancia para saber de que se ríe Sirius Black.
2.- Aprender a Desilusionarme para estudiar tranquila en la Biblioteca.
3.- Olvidarme de Alex. -Cuando escribió este nombre, otra vez la invadió esa extraña sensación que contadas veces en su vida había percibido. Su cara se lleno de color y sus ojos se llenaron de un brillo frío y acuoso. Le ardía el estomago. De pronto sintió que una pequeña luz celeste le rodeaba el cuerpo y antes de hacerse más potente se dijo - Odio a Alex Diggory.- Más tranquila continuó con su pluma.
4.- Ocuparme de deshacer el encantamiento Evero…¡URGENTE!
5.- Después de solucionar el punto número 3, saldré con alguien decente. -Su mente se fue a James Potter y sobreescribió intensamente la palabra "decente".
Después de rechazar, del modo más amable, cinco propuestas de citas, la mayoría a la próxima salida a Hogsmeade para el día de San Valentín, Lily caminaba sola por los pasillos y una mano se cerró en su brazo delicadamente.
Al girar, sus ojos se reflejaban en las pupilas de James, quien se le acercó más de lo que ella hubiese querido sin soltarle el brazo, y le susurró. -¿Puedo hablar contigo un segundo? -Lily lo observó un par de segundos y dirigió la mirada hacia otro lado.
- Dime, ¿qué quieres?
- Necesito hablar contigo, pero no aquí. -Dijo James mirando hacia ambos lados del desierto pasillo. -¡Acompáñame!
Y arrastró a Lily del brazo, hasta otro pasillo donde había un cuadro horrendo de unos trolles intentado bailar ballet. James se detuvo, cerró los ojos y concentradamente repitió esta frase en su cabeza.
"Necesito un lugar para hablar con Lily" Una puerta se materializó en el muro y cuando cruzaron el umbral se encontraron con una bonita habitación verde esmeralda, una luminosa ventana con cortinas blancas. Estaba guarnecida con un pequeño sofá blanco en una esquina y dos pequeñas mesas de noche a cada lado de una gran cama.
El cuerpo de Lily se iluminó por completo, cinco luces celestes le rodeaban y los ojos le brillaban más que nunca. La sala se convirtió en una réplica exacta de una de las habitaciones de Luna de Caramelo.
- ¿Hablar? -Preguntó Lily furiosamente. -¡Ja!, ¡Eres una mierda, James Potter! -Y se marchó dejándolo solo por segunda vez en aquella habitación.
Cuando salió de aquella sala estaba tan enojada que ni vio al chico alto, guapo, de pelo oscuro que le dijo. - Evans, ¿Vamos juntos a Hogsmeade?
- Sí. -Masculló mientras seguía caminando, sin siquiera volver sus ojos a ver quien le habló.
Un chico tan alto como el otro pero de ojos y pelo color miel que también estaba ahí se quedó con la cara rígida en una mueca de incredulidad.
- Lily ¿Qué te pasa? ¿Estas bien? ¿Vas a ir con éste a Hogsmeade?
- No preguntes, Remus. -Y Lily siguió caminando en dirección opuesta al chico, desapareciendo rápidamente.
- ¡Hey! ¿Cómo que "éste", Lunático?
- ¿Viste que Lily tenia un resplandor azuloso?
- Si, si lo vi.
- ¿Y por qué la invitaste? ¡Estás loco! ¿Qué hay de James?
- No quiero una cita romántica con ella. Sólo quiero su ayuda. No creo que a James le moleste.
- Hablando del rey de Roma… ¿Por qué esa cara, James?
- Por nada. -Respondió desanimadamente el aludido.
- Jimmy, adivina con quién voy a Hogsmeade.
- No tengo la menor idea, Canuto. -Resopló y guardó las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. -¿Con Sally Bilson? -Intentó adivinar.
- No, mejor que eso. Voy con Lily Evans.
- ¿Ah? -Abrió la boca varias veces pero no salían las palabras. De pronto todas las preguntas salieron atropelladamente -¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?
Pero fue Remus quien se lo explicó. -La acabamos de ver, iba muy rara y Sirius le pidió ir al pueblo juntos y ella le dijo que sí, pero ni siquiera lo miró. Yo creo que le hubiese dicho que sí a cualquiera. Además resplandecía, tenía un brillo azuloso ¿Y si alguien le echó una maldición? Tiene sentido porque de otro modo no me explicó porque te dijo que sí, Sirius.
Los ojos tristes de James se iluminaron con furia. -¿Y a ti qué te pasa? ¿A qué juegas, Pulgoso?
- Te lo dije -Fue todo lo que articuló Remus.
- Eh, eh, eh, Jimmy, tienes que calmarte. Sólo quiero que me acompañe a un centro comercial muggle y que me preste un par de discos. Nada más, no quiero tirármela ni nada por el estilo. Aunque si sigues así de pesado a lo mejor lo intento. -Respondió con una sonrisa y James se tranquilizó al instante.
- Lo siento, Sirius.
- Está bien, pero algún día tendrás que hablarme de ese chupón que tienes en el hombro. -Y los chicos, tan amigos como siempre, se fueron a la habitación con todo solucionado entre ellos.
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Sé que no es un gran capítulo, pero me apuraré en arreglar el capítulo 14. Por lo menos ya voy en la mitad y los últimos capítulos no están taaaan horriblemente escritos. Mis agradecimientos especiales a: Gabriela, Alexa Jane Black, bitchyhelly, J0r y a zoe love potter. Gracias por sus palabras, me suben el ánimo de una manera inimaginable. En serio.
Y a ti que has esperado por siglos ese capítulo, lo siento, me intentaré apurar.
Disfruten el fin de semana y un millón de besos.
maite
