NOTA DE AUTORA: Me he demorado milenios en arreglar este capítulo, pero les juro que el tiempo no me alcanza. Quiero darles mis eternos agradecimientos a Baaw (que me ha dejado uno de los reviews más lindos que he recibido en mi vida, en serio) a Marcela (qué sería de este fic sin ti.) y a las preciosas incondicionales: J0r, bitchyhelly y zoe love potter (que siempre me hacen feliz como una perdiz...las adoro, a las tres)

Responderé los reviews a la brevedad, pero ahora, me es físicamente imposible. Me duele el cuerpo y los ojos y quizás tenga mucho que ver con el hecho de que aquí ya son las 6:20 a.m. y no he pegado ni una pestaña.

Capítulo Quince: "El Regalo de Sirius"

- ¿Y? -Preguntó Sirius mientras tamborileaba distraídamente sus dedos sobre la mesa.

- ¿Y qué? -Contestó James, mirando atentamente la silueta de Lily abandonar el bar. La respuesta fue un acto mecánico porque no lograba despegar sus ojos del pelo brillante e hipnotizador de aquella chica.

- ¿Cómo que "y qué"? Quiero que me expliques ahora mismo qué es eso de que te viniste a Hogsmeade con Lily, y por qué no me has dicho nada. -Las palabras marcadas, la arruga entremedio de las cejas, harían que cualquier persona que los escuchara, pensara que Sirius actuaba como una novia celosa, pero los que realmente lo conocían, como el caso de James, sabían que sólo estaba preocupado.

- No puedo, es decir, no ahora. Me tengo que ir, Pulgoso. -La mirada de Sirius se endureció brevemente, los ojos brillaban con una deje de malicia y ahogó una media sonrisa con su vaso.

- ¿Dónde?

- Te juro, Sirius, que algún día te lo contaré todo. -James se levantó de la silla tan rápido como pudo, y sin mirar atrás, salió de las Tres Escobas. Buscó con la mirada el pelo rojo y destellante de Lily Evans, y cuando parecía que no lograría identificarlo entremedio de ese mar de gente, lo divisó a lo lejos. James sólo pensó que debía ir a algún lugar donde pudiera desaparecer sin llamar la atención del resto de los transeúntes, por lo que se introdujo en un diminuto callejón sólo por el tiempo necesario para cubrirse con su capa de invisibilidad. Cuando volvió a la acera, sus pasos eran acelerados y esquivaba con destreza a la gente, hasta que por fin la localizó de nuevo. Su pelo rojo centellaba mientras se agitaba como olas de lava desde un hombro a otro. Desde aquel punto, las siguió desde una distancia prudente, hasta que Lily y la otra mujer ingresaron en un restaurante de comida italiana.

No se molestó en esperar a alguien que abriera la puerta y así pasar disimuladamente, no, él sólo la abrió y todos en el lugar vieron como la puerta se movía sin causa alguna.

- Hay mucho viento afuera. -Aclaró uno de los garzones, tratando de tranquilizar a la gente.

A James le dieron ganas de reírse, pero así lo estropearía todo. Permaneció de pie, justo al lado de una mesa de magos mayores y un árbol enano. Desde ahí podía ver y escuchar perfectamente a Lily.

Ella y Kate, estaba entretenidas con un menú tan grande que les ocultaba el rostro casi por completo. Y al parecer, las dos compartían la afición por las pastas. Tras un gran plato de fetuccini con langostino Lily escuchó a la mujer quejarse de su ex marido, porque no le quería dar dinero para los chicos. Le habló de Alex, de Olivia, de Amos y de las vacaciones que quería tomar porque según ella, las necesitaba. Y aunque Lily sólo respondía con monosílabos, como si no estuviese realmente en ese lugar, parecía bastante más relajada a los ojos de James.

Aun así, Kate le preguntó a Lily si volvería con su hijo, claro, si ocurriese el milagro de que ellos dos hablaran y pudiera aclarar los malentendidos. Lily le dijo que no sabía, que a veces él era lo que más quería en el mundo y que otras lo odiaba, y que no sabía si podría perdonarlo.
La mamá de Alex, cambio rápidamente el tema. No tenía ninguna intención de agobiar a Lily con el triste recuerdo del quiebre de la relación y pesé a que Alex era su hijo, entendía perfectamente bien a la chica. De pronto una señora un tanto mayor que Kate, se acercó a la mesa donde estaban y saludo muy afectuosamente a la acompañante de Lily. Se sentó con ellas y tras unas preguntas de cortesía reparó en Lily. A James el corazón se le cerró como un puño.

- ¿Y ella quién es, Kate?

- Ella es Lily Evans. La nov…ex novia de mi hijo y una de mis mejores amigas. -Afirmó con una sonrisa la mujer mientras le ofrecía un menú, para que escogiera algo.

- Hola Lily. Tenía muchas ganas de conocerte. Soy Dorea Potter. -Dijo la extraña que llegó hasta ellas, con una amplia sonrisa. Lily pensó en la habilidad innata de los Potter para meterse en conversaciones ajenas, en los momentos menos oportunos. Estaba segura que debía ser algo genético.

- Hola, señora Potter. -Contestó tímidamente.

- No me digas señora Potter, me haces sentir vieja. Sólo llámame Dorea. ¿Te llegó el pergamino que envié?

- Sí, la profesora MacGonagall me lo entregó hace un par de semanas. -El rostro de Kate se ensombreció al instante, preso de la duda y la curiosidad.

- ¿Por qué le escribiste, Dorea? No sabía que se conocieran.

- No, nos conocemos. -Contestó rápidamente Lily, tratando de dejar en claro que ella no tenía nada que ver con cualquier persona de apellido Potter.

- Pero debemos trabajar juntas. Lily está organizando la fiesta de Premios Anuales de este año. -Respondió la madre de James.

- ¿Ya es la fiesta? ¿Tan luego? Merlín, que rápido pasa el tiempo. ¡No me habías contado nada, pequeña!

- Lo había olvidado. -confesó Lily. Aunque en realidad la respuesta acertada era en qué momento, si Kate no había parado de hablar en todo rato que llevaban juntas.

- ¡WOW! Eres realmente linda y qué peculiar tu cabello. James no exageraba.

- ¿James te dijo eso? -Preguntó Kate extrañada, arrugando el ceño.

- Sí. Siempre lo ha dicho. Su compañera más linda es Lily Evans. Su compañera más simpática es Lily Evans, la más inteligente, la más...todo. Creo que desde mucho vengo escuchando lo mismo. -Y en aquella ocasión, James sintió ganas de que su madre se callara de una buena vez. -¿No te invitó a salir hoy?

- No. -Contestó Lily, intentado disimular los nervios que sentía al ser presa de ese tipo de interrogatorio.

- ¡Qué burro es mi hijo! … ¿Y tan linda y sin cita en San Valentín? Eso no es normal.

- Salí temprano con alguien, pero no era realmente una cita y luego me encontré con Kate…

- ¡Kate! Le arruinaste la cita a la pobre chica. ¿Con quién saliste? A ver si lo conozco...

- Con un chico bastante guapo, Dorea. Creo que sí lo conoces, es el mayor de los Black. -Comentó Kate, con una sonrisa pícara pintada en la cara.

- ¿Saliste con el mayor de los Black? ¿No habrá sido Sirius?

- Sí, el mismo.

- ¿Entonces son novios?

- ¿Son novios? Lily, ¿por qué no me lo habías dicho? -Preguntó Kate, de pronto alarmada.

- ¡No! No somos novios y tampoco está en mis planes. Y menos en los de él.

- ¿Por qué no? Si él es guapísimo.

- Pero yo no le gusto ni él a mi. -Respondió Lily cansinamente.

- ¿Y quién te gusta, entonces? -Preguntó Dorea. A lo mejor puedo ayudar en algo.

En ese momento, Lily pensó, "De tal palo tal astilla". James Potter se parecía tanto a su madre, los dos con aquella extraña habilidad para meterse en asuntos que no les debieran importar. Y ambos siempre provistos con un set de preguntas desagradables. Y también pensaba en la mala suerte que la perseguía, se veía a sí misma con una nube negra sobre su cabeza, mientras caían rayos y gruesas gotas de lluvia sobre sus hombros. El día que menos le convenía, Sirius Black le daba el suero de la verdad. Pero también agradecía que no le preguntaran cosas tan inoportunas. Se consolaba pensando, podría ser peor, mucho peor.

Respondió, finalmente. -Me gusta John travolta. - Sin embargo antes de pronunciar aquel nombre, pasó por su cabeza un desfile de personas, como Alex, James, Remus y Dumbledore, hasta que encontró en su mente aquel rostro. ¡Por Merlín, si a la chica le gustaba alguien en el mundo, era aquel muchacho del hoyuelo en la barbilla!

Kate soltó una natural carcajada ante la cara de desconcierto de Dorea y respondiendo a la pregunta no formulada dijo. -Es un actor muggle. Muy guapo.

- ¿Y tu cómo sabes, Kate?

- Solía ir al cine con Lily.

- ¿A dónde?

- Al cine. Hay una pantalla gigante, del porte de un muro y proyectan películas. Que son una serie de fotografías, pero más rápidas que forman una historia. Tú también deberías ir, lo pasarías genial.

- ¡Aw! Yo quiero ir, pero James no me acompañaría ni a palos. Y no puedo ir sola. -En aquel instante, Lily sintió los ojos de Kate sobre ella, como si esperara algún tipo de reacción por su parte. Hasta que Lily lo comprendió.

-Eh...pues, podrían ir conmigo para Semana Santa. -Dijo Lily, tan amablemente como pudo. A James el corazón le pareció temblar porque la bondad de Lily no tenía límite, ni siquiera cuando se trataba de su madre. Y quería sacarse la capa y abrazarla muy fuerte por ser tan generosa con ella, y por supuesto quería abrazar a su mamá y después decirle que tenía la boca del mismo tamaño que Brasil. Sin embargo, cuando estaba más decidido que nunca a hacerlo, sintió que el espejo, que normalmente llevaba con él, tiritaba en su pierna.

Maldito, Sirius.

Lo extrajo cuidadosamente de sus jeans y susurró –Canuto, ahora no puedo hablar.

- Ya, pero escucha. Hoy es el día de San Valentín y no es sólo el día del amor, Jimmy. También es el día de la amistad y te tengo un regalo.

- Qué bien, dámelo después.

- No. Tiene que ser ahora. Si quieres hablar con Lily cosas importantes, hazlo.

- ¿De qué hablas?

- Tú sólo pregúntale cosas. Y te aseguro que ella te dirá la verdad.

James medio sonrió, los ojos le brillaban en un encandilante brío de maldad y le guiñó un ojo a su amigo, guardándose el espejo de nuevo en el bolsillo. Mientras tanto, la conversación de las mujeres derivó en la fiesta que Lily debía organizar con la ayuda de Dorea, y ahí se extendieron por mucho rato. Tanto, que a James ya se le estaban acalambrando las piernas.

Cuando las mujeres se despidieron aún había luz solar, pero ya hacía frío. Y Lily se separó de ellas en la esquina sur de la avenida principal. Comenzó el camino de regreso al castillo, completamente sola, y a James le parecía que jugaba a pisar su sombra. Pero lo que él no sabía es que ella sólo iba añorando el calor de la chimenea de la sala común, una taza de té, y necesitaba con urgencia un baño, culpa del frío. Y trataba de distraerse de las exigencias de su cuerpo, cuando de pronto una mano la giró por el hombro.

James, quién ya se había sacado la capa la miraba a los ojos con claras intenciones de comerle el corazón con cada haz de luz que se cruzaba entre ellos. Podía sentir como se le erizaba la piel sólo con tocar una pequeña parte de su cuerpo.

-¡Tú! -Dijo Lily, tras superar el pánico inicial. Cerró los ojos hasta que quedaron hechos una pequeñas ventanitas, como un claro signo de desconfianza. -¿Qué quieres?

- Vengo en son de paz .-dijo alzando sus manos. -Sólo quiero hablar contigo.

- ¿Hablar? ¿Cómo la última vez? No, James. No soy tan tonta para caer dos veces en el mismo juego.

- Es verdad. Sólo quiero hablar y después de lo que ocurrió en las Tres Escobas, es lo mínimo que me merezco, ¿sabes? -Y a James le pareció que Lily lo estaba considerando, cada segundo que ella pasaba mirándolo a los ojos como si intentará descifrar hasta el más pequeño de sus secretos de su alma, a él le daba la sensación de estar tocando el cielo con las manos. Era una sensación preciosa, tener sus ojos sobre él, la boca media abierta, como si no se convenciera del todo y escuchar su respiración pausada, como si fuera a través del aire que le llegara la sabiduría.

- Tienes de aquí al castillo. -Le dijo finalmente y siguió caminando.

Lily sabía que tras lo ocurrido en las Tres Escobas, era lo mínimo que podía hacer por aquel chico, justo como James se lo había apuntado. Y aunque no quisiese escuchar lo que él tuviera que decirle, tendría que hacerlo porque era lo correcto.

Y James tomó aire profundamente y caminando al lado de ella, comenzó. -Después que te fuiste de la habitación. - Se corrigió. -...de la verdadera habitación, te busqué y no te encontré. Llegué al castillo y me quedé en mi cuarto, con los chicos. Sirius me dijo que había un nuevo lugar acá en Hogsmeade y yo lo acompañé, -omitió el hecho de que no tenía ganas de salir de su cama, porque ese había sido el mejor y peor día de su vida, a la vez. -...y ahí me encontré con él y con su flamante novia.

- ¿Con quién?

- Con Diggory.

- Ah.

Y ahí supe que él y esa chica no eran novios, de hecho el mismo nos lo dijo. Y también nos dijo lo del encantamiento porque quería saber si estabas bien. -Y esto último le costó mucho decirlo, porque era como pegarse un balazo en los pies. Sin embargo, aunque las palabras le salieron apretadas, se obligó, porque sabía que tenía que jugar limpio esta vez. Aunque no fuera tan divertido.

- ¿Y tú qué le dijiste? -Preguntó Lily con el rostro neutro, como si estuviera desinteresada en hablar de eso, y fueran platicando de las nubes moradas que se proyectaban en el horizonte.

- Que vi una luz…

- ¿QUEEEE? -Y el rostro de Lily, ya no era ni neutro ni pacífico, sino que se transformó en una oda a los terremotos, a los maremotos y a las erupciones volcánicas que precisamente recorrían sus venas. Estaba enojadísima y las luces azules aparecieron inmediatamente, esta vez como fuegos artificiales. -Pero, ¿Por qué le dijiste eso, James? ¿Por qué te metes en mi vida?

- Cálmate, Lily, por favor. Cálmate y escucha. No le dije ni color ni intensidad de tus luces. -Contestó a modo de consuelo.

- Ah. Ahora lo entiendo todo, porque ahí el súper-señor-lengua-suelta Diggory les contó el resto del encantamiento. ¡Maldito Alex Diggory, es todo su culpa!

- No… no nos dijo nada más. -Aseguró James.

- Mira, James Potter…Yo lo siento mucho, de verdad. No debí tratarte tan mal el otro día, ni debí haberte dejado solo en Hogsmeade. -Y Lily llenó sus pulmones con aire, al tiempo que sus mejillas se llenaban de color. -Ni tampoco debí haberme liado contigo y seguramente debí darte una mejor explicación. Pero, ya ves, no hice nada de las cosas que tenía que hacer; así que en resumen...soy una mala persona, un ser malvado. Y lo mejor que puedes hacer es alejarte de mi tanto como puedas. Soy una persona peligrosa para ti y para el resto, así que mientras más distanciado estés de mi, más feliz va a ser tu vida. -Y James no pudo aguantar la risa, se retorcía con carcajadas estruendosas que lograban que Lily se sintiera peor. -¡Y aún no se me olvida tu gracia de la habitación del otro día!

- Oye. -Dijo a penas, y trató de calmar el ataque de risa que tenía. -Yo no planeé eso. Ni siquiera me dejaste defenderme, te fuiste hecha un huracán y yo sigo sin entenderlo al igual que tú. Esa sala nunca falla, pero ese día no funcionó. Yo no quería eso.

- Sí, lo noté. -Agregó Lily sarcásticamente.

- Te apuesto que a ti te aparece lo mismo, todavía no tengo claro el por qué, pero te apuesto que sí. Lo he estado pensando desde hace mucho y tengo ese presentimiento. Además. -agregó, rozando suavemente sus dedos con los de Lily mientras caminaban. -No eres una persona malvada.

Sin embargo en aquel maravilloso momento en que él podía sentir la electricidad del tacto zapateando dentro de sí, desde el camino se escuchó una voz de chica gritar con fuerza. – ¡James!, ¡James! ¡Espérame!

-¡Rayos!-, murmuró, al tiempo que se llevaba la mano a la cabeza y se despeinaba. La chica que lo llamaba a gritos era Sara Stone, aquella con la salía hasta un tiempo atrás. Hasta que ocurrió lo de Lily.

Sara llegó hasta ellos y miró a Lily con una expresión de superioridad pintada en la cara. -Hola James, Evans. -agregó cortante y Lily no le respondió, solamente abrió los ojos, incrédulamente, por aquel saludo tan poco cortés. -James, pensé que habíamos quedado.

- Pensaste mal, porque hace más de un mes que te dije que ya no quedaríamos nunca más.

- Pero...-La voz de la chica se volvió un hilo. -¿Por qué?

- Porque… porque…porque sí. -Respondió James, finalmente, algo cabreado.

Lily puso los ojos en blanco y opinó. -Vamos, Potter. No seas cobarde, dale una explicación decente a la chica, se la merece.

James miró fijo a los ojos de Lily, quién parecía media divertida y molesta con la situación. Lo consideró unos segundos, perdido en los ojos verdes y le explicó a Sara. -Verás. No sigo saliendo contigo porque estoy enamorado de Lily Evans desde hace mucho tiempo y ella siente algo parecido por mí, pero no es capaz de reconocerlo. Sólo me mira todo el día en clases y después hace como que no existo. Y estoy tratando a que se anime a admitir que le gusto, aunque sea un poco.

La cara de Sara Stone y la de Lily eran muy similares. Una mezcla entre rabia e incomprensión, materializada en resoplidos de Sara y la voz cortante y fría de Lily que susurró entre dientes. -Stone, Potter no quería decir eso, ¿cierto?

-¿Ah no? -Replicó James. -Y afirmó a Lily del brazo y la apegó a su cuerpo. James sintió el aroma frutal del cuerpo de Lily y observó durante un segundo aquellos labios que deseaba hace tanto tiempo. Y sin que ella pudiera reaccionar a tiempo, se aproximó y la besó con fuerza, mientras que la otra mano se perdía en la cabellera roja, por si ella intentaba separarse de él. James sintió la tibieza de su respiración, dulce, que se detuvo casi al instante y sintió la calidez del interior de sus labios, recorrió con avidez su boca, buscando su lengua jugosa. Parecía que él, era un hombre que vagó por el desierto, condenado desde hace treinta años y creía que la boca de Lily era su manantial perdido. Ahí, delante de la chica que tenía la boca tan abierta que fácilmente se le podría haber desencajado la mandíbula, ahí, entre las hierbas y pastizales que bordeaban el camino hasta Hogwarts, James Potter besó a Lily Evans, intentado que ella comprendiera todo el amor que él sentía. Y tras unos momentos que le supieron a gloria a James, y de inconsciencia de Lily, ella logró separarse y, por supuesto, ya ni se acordaba que Sara Stone estaba ahí, presenciado todo.

- Eres un imbécil, ¿Quién te crees James Potter?

- Lily Evans, ¿Te gustó que te besara? ¿Si o no?

- Sí.

Y Lily otra vez se llevó la mano a la boca, al igual que cuando estuvo con Sirius. Y cuando la bajó sólo dijo -maldito seas, Sirius Black -lo suficientemente fuerte para que se escuchara hasta en Pekín y completamente avergonzada se dio media vuelta, siguiendo su rumbo, hasta al castillo.
James sólo se quedó un segundo más para decirle a Sara Stone que lo sentía mucho, pero todo lo que él había dicho era cierto y se fue tras la chica pelirroja que caminaba muy rápido por la senda.

Cuando la alcanzó, James comprendió el gran regalo que le había hecho su amigo, y a pesar que le parecía una idea maléfica, a él, simplemente le encantaba.

- ¿Lily?

- Cállate, Potter.

- Yo te gusto, ¿cierto?

- No lo sé, ¡Potter, cállate!

- ¿Y todavía te gusta Diggory? Lily se esforzaba por ir tan rápido como podía, para no tener que escuchar las molestas preguntas de James, pero simplemente no podía perderle la pista.

- No lo sé, creo que sí. -contestó de mala manera. -¡Ahora cállate, Potter! -Y también las luces azules de Lily se iban activando rápidamente.

- ¿Lily?

- ¡No! -Respondió antes que James preguntará. Pero todo fue en vano.

- ¿De verdad te arrepientes de lo que pasó entre nosotros dos en Hogsmeade?

- A veces sí, a veces no. -Lily se tapó la boca con las manos, nuevamente y sus mejilla se tiñeron de un potente rojo incandescente. Murmuró a través de sus dedos. -Potter, cállate antes que te asesine. -Y la mirada afilada que le dirigió, parecía una promesa más que una advertencia.

Pero James tenía la sonrisa más grande del mundo, nunca antes se había visto a una persona más feliz, y rápidamente tuvo la sensación que ese era su mejor San Valentín. El mejor de todo el mundo, puesto que nadie podía ser tan dichoso como él lo estaba siendo en ese momento.

- Bien, me callaré pero con una condición. -Dijo tras un momento.

- Olvídalo. -respondió Lily con furia.

- Lily, ¿cuánto te gustó acostarte conmigo? -La cara de James era una mueca malvada y burlona, sus ojos brillaban y tenía la barbilla alzada, como si con ese sencillo gesto quisiera dejarle en claro a la chica quién tenía el poder.

Ella mantenía los labios fuertemente apretados, uno contra el otro, pero la respuesta salió sola de ellos. Como si la chica realmente no tuviera ningun poder sobre su cuerpo. – Fue genial, ¿contento? Ahora, Potter. Eres hombre muerto. -dijo con tanta rabia que las palabras se atropellaban unas a otras y había una seriedad impresa en cada sílaba. Pero eso no era suficiente para detener a James.

- ¿Ahora vas a escuchar lo de la condición? -Lily ni siquiera lo miró. -Porque, quién sabe, la siguiente pregunta puede ser mucho más comprometedora.

- Está bien. -masculló Lily. -¿Cuál es tu condición? -Preguntó, aún sonrojada hasta la médula y muy molesta.

- Que me acompañes a esa sala y que hagas lo que yo te diga.

- ¿Ah? ¿Es sólo eso? -James sonrió. -Es oficial, entonces, tú estás loco. Si piensas que voy a ir hasta ahí para que me lleves a esa réplica de la pieza de aquel lugar, es porque algo en tu cabeza no funciona bien. -Las luces azules se hacían más y más intensas a cada segundo.

- No, Lily. No pienses mal. Es muy sencillo, sólo tienes que pararte donde yo te diga y pensar con todas tus fuerzas que quieres un lugar para hablar conmigo.

- Sí lo hago ¿te callarás?

- Lo prometo.-Agregó con voz solemne- Palabra de merodeador.

- Está bien. -Respondió Lily. -pero después me dejarás en paz. Y que sepas que no iría si no me chantajearás de un modo tan...vil.

- ¿De verdad quieres que te deje en paz?

- Lily lo miró furiosa y respondió, por supuesto, contra su voluntad. -A veces sí, a veces no. -James sólo ensanchó su sonrisa.

- Oye, ¿qué significan los colores de tus luc...-En aquel preciso momento, ella dirigió su varita con un movimiento rápido y certero. Apuntó a James, exclamando -"palalingua"-

Ahora era Lily quien sonreía y las luces poco a poco se iban apagando a medida que ella trataba de controlar su respiración. En sus ojos brillaba la satisfacción, porque por fin había logrado dominar el pequeño inconveniente de James Potter y su gran bocota. Lo miró de reojo y observó con una mezcla de malicia burla los vanos intentos de él por deshacerse del hechizo. Tras un momento agregó – Voy a ir a esa dichosa sala, sólo porque te dije que lo haría, pero después no vuelvas a buscarme. -James, con la lengua pegada en el paladar, caminó al lado de ella, mucho más feliz de lo que hace tiempo se sentía.

Cuando finalmente llegaron al pasillo, que James le indicó con señas, Lily recordó lo que tenía que hacer, se paró frente al muro de piedra y dijo mentalmente -"Necesito un lugar para hablar con James"- repetidas veces en su cabeza. Pero lo que realmente necesitaba y con urgencia, era un baño. Desde que salió del restaurante y sintió el frío azotándole, su cuerpo se lo exigía y no estaba plenamente concentrada. Cuando la puerta se abrió, se descubrió un lugar hermoso, todo de cerámica negra y muy iluminado, tenia grandes espejos y estaba pulcramente aseado.

- ¿Ves? No me apareció ningún cuartucho de motel. -Apuntó la chica. James movía la cabeza vigorosamente, y Lily no entendía nada de lo que quería decir, tras dudarlo unos momentos , retiró el hechizo.

- Eso es porque te mueres por un baño, Lily. No lo hiciste bien. Entra ya y después vuelves y lo intentas de nuevo.

- ¿Y si es una trampa que ideaste con tu amiguito? -Y la risotada de James sólo la desesperaba más, si realmente no necesitara ir al baño se hubiese dedicado el resto de la tarde a torturarlo con la varita, como una mortífaga. O al menos, eso creía ella.

- Lily, no seas paranoica. Entra antes de que mojes tus calzones.

- ¡Qué amable! -murmuró Lily con sorna, antes de ingresar en aquel extraño lugar.

Cuando Lily estaba dentro del baño estaba tan a gusto. El baño era cómodo, extremadamente limpio y hasta cálido. Era un lugar hermoso y decorado muy sofisticadamente. Había jabón de todos los tipos, y papel higiénico de seda, con fibras de algodón y de fibra de raso. Uno de los espejo te daba indicaciones para peinarte, dependiendo de tu ropa y la ocasión. Y ella pensó que podía estar ahí días enteros. Tras media hora, Lily salió, totalmente perfumada, encremada y repeinada. Y también, completamente enamorada de aquel magnifico lugar.

- Pensé que te había pasado algo…

- ¿Algo como qué? -Preguntó Lily.

- Como que te cayó mal la comida italiana y que te habías ido por las cañerías.

- No soy Myrtle – Aclaró Lily, cortante.

- Lo sé. Era una broma, ahora piensa en un lugar para conversar conmigo.

Lily hizo exactamente lo que James le señaló. Dejo caer los parpados y pensaba intensamente en algún lugar donde pudiesen conversar. Tras unos segundos envuelta en ese pequeño ritual, abrió los ojos y ante ellos se materializó una gran puerta de madera. Cuando ella giró el pomo, se reveló una habitación espaciosa, iluminada por cálidos rayos de sol que se colaban por las cortinas blancas, intensificando el verde esmeralda con que estaba pintada. Tenía el sillón de la esquina, la gran cama y las dos mesas de noche a cada lado.
Era nuevamente, aquella habitación del Luna de Caramelo.

Nota de Autora:

1.- Como pueden notar, comienzan los capítulos un poco más largos.

2.- Prometo intentar no demorarme tanto con lo que sigue.

3.- Mírenlo de esta forma, a contar de ahora sólo faltan 14 capítulos...Comienza la cuenta regresiva porque ya pasé la mitad. ¡Yay para mi!

4.- Sé que a todo el mundo le da una paja enorme volver a leer y a comentar y me parece sumamente lógico. Quizás debería parar de cambiar ciertas cosillas y de dejar las cosas en un status quo, pero con buena ortografía, para que todos entiendan lo que sigue. Sí me decanto por esto, les avisaré oportunamente, lo siento, pero tengo una pugna intenta entre lo que ya tengo y lo que ahora me gustaría que fuera. Soy una bitch, lo sé.

5.- Quiero leer un buen fic, desde hace mucho tiempo, pero uno bueno de verdad. De esos que te hacen sonreír como tonta o llorar a moco tendido y tengan su pizca de ingenio y originalidad. Acepto sugerencias, please, pipol.

Iluuuuuu so so much.