Concierto Azul
No es que James Potter sea un desconsiderado, pero cuando Dumbledore decía que había gente que estaba esperando que Lily despertara, eso no lo incluía a él. No es que no lo quisiera, es sólo que sabía que el hecho de encontrarse nuevamente y saber que ahora había un nuevo tema pendiente entre ellos podría asustarla.
O enojarle, y mucho.
Por eso, prefería ir a verla de noche, cuando todo el mundo dormía. Era mucho más sencillo cubrirse con la capa y entrar sigilosamente a la enfermería y observarle dormir. A veces James aprovechaba el tiempo para dibujar pequeñas partes del cuerpo de Lily, como las manos o la nariz, en trocitos de servilleta que generalmente habían sobre la mesa de noche. Y otras veces prefería enterrar sus propios dedos en el colorido cabello de ella y mover la mano sutilmente. Cuando Lily se quejaba, James solía desesperarse. Se preguntaba qué cosas estaría soñando y cómo le podría ayudar a espantar cualquier cosa que le incomodara, pero generalmente terminaba por irse él mismo de la enfermería porque se daba cuenta que él pertenecía a esa categoría de personas, las que molestan a Lily.
Algunas mañanas Sirius decía frases crípticas y después hablaba cualquier estupidez, como si continuara el día normalmente. James fruncía el ceño mientras analizaba si no sólo eran invenciones suyas. Sin embargo cuando Sirius le dijo. -Habla con Remus, aclaren ese tema por favor antes de que las cosas se pongan más raras-. James no tuvo duda alguna que para allá iban todos los dardos anteriores.
Hablar con Remus, sinceramente, era algo no que había hecho hace tiempo. No es que no se dijeran palabra alguna, pero sostener una conversación sincera con alguien no estaba formando parte de la rutina de James. Ni a Sirius, ni a Remus o Peter estaba haciendo participe de los últimos acontecimientos de su vida y no sabía cómo abordar aquel tema sin caer en detalles o infidencias que no quería provocar. Tampoco sabía si podía y menos aún, no sabía como reaccionaría Remus al preguntarle de ese tema que estaba clavado en su piel como si se tratase de una molesta espina.
Y porque James era el rey de los sutilismos, esa clase de personas que buscan una estrategia y llegan lentamente a su punto, esas que ni siquiera se nota lo que intentan descubrir, una noche dijo.
- Peter, ¿Te gusta Lily, cierto? -Y a Sirius se le dibujó una sonrisa perruna en medio de la noche, porque preguntarle uno por uno sus sentimientos hacia Lily no tenía nada de sutil.
El pequeño Peter sólo se arrumó más en su cama y resopló sonoramente. James estaba acostado con las manos detrás de la cabeza y cuando escuchó la respuesta de su amigo quedó desconcertado, hasta el punto de incorporarse un poco.
- Dime el nombre de alguien que no le guste Lily.
Y en ese momento James pensó que Peter era una persona muy sabia. Que alguna luz divina le iluminaba esa noche y que tenía que aprender a captar esa información. Y la voz le tiritó un poco cuando formuló la siguiente pregunta.
- Pero si te gusta es en el sentido...¿te la follarías, cierto?
- Supongo que no. -contestó Peter, un poco mortificado. -Se supone que si tengo la posibilidad de estar con Lily...y si tu no sabrías...Por supuesto que sí. Pero si después me vas a matar, mejor que no. No sé si valga la pena morir por eso.
James, con los ojos muy abiertos mirando el alto techo de su habitación, al escuchar a Peter pensó "Sí lo vale, por Merlín que si vale morir por eso."
- ¿Y por qué no me preguntas a mi, Jimmy?
- Ya sé que no te gusta Lily.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque simplemente no te gusta, siempre lo dices, que Lily es demasiado correcta, que es demasiado aburrida y hasta dices que es "frígida" y después finges que has dicho "rígida".
- Eso lo dije una sola vez y fue antes de verla en el pasillo del cuarto piso.
- ¿Qué pasó en el pasillo del cuarto piso?
- Mis palabras tienen un precio, Jimmy.
- ¿Cuanto quieres, Pulgoso?
- No quiero tus galleons, quiero que nos cuentes que le pasó a Lily.
James se cubrió con las mantas hasta el cuello después de soltar una lluvia de improperios, sin embargo escuchó las risas de los chicos y después sintió movimiento. Pero él estaba tan enojado que ni siquiera asomó su cabeza a la superficie. Parecía que alguien se había levantado y tarareaba una melodía pegajosa mientras revolvía los baúles. James pensó rápidamente si había algo entre sus cosas que lo delatara, pero se tranquilizó al segundo, porque sabía que no había nada que pudiera darle una pista a sus amigos sobre lo que sucedió. Hubo un ruido como un chasquido metálico y luego James sintió el característico olor a humo. Quiso quedarse dormido, quiso no prestar atención e intentó invocar el sueño pensando en las pecas que Lily tenía en la espalda, una, dos, tres, cuatro...
- James, ¿no me vas a preguntar si me gusta Lily? -La voz de Remus cruzó las frazadas como una espada filosa y llegó hasta sus oídos. Pero James se quedó estático escuchando lo que su amigo quería decirle. -Pues bien, sí, me gusta, o mejor dicho, durante mucho tiempo me gustó. Si me preguntas que siento por ella en este momento no sabría que decirte. Probablemente siento pena porque no me gusta verla así, pero Peter tiene mucha razón cuando te dijo que a todos le gusta Lily...¡Es que es Lily! Pero no voy a competir contigo, ni con nadie. Ni siquiera quise competir con Diggory porque sabía que el era...más apropiado. Ella se merece a alguien mejor que yo y yo...simplemente no puedo darle lo que ella necesita. Un hombre lobo no es alternativa para nadie.
¿Qué decirle a Remus? Oh, muchas gracias. No, eso no se podía agradecer porque era un sin sentido. James se limitó a quedarse ahí, entre sus mantas y pretender que estaba durmiendo, pero un calor fuerte se apropió de su corazón al percatarse de la clase de amigos que tenía. Definitivamente, los mejores.
- Eso fue muy conmovedor, Remus, lástima que Jimmy ni siquiera te escuchó. -Las caladas de Sirius eran tan profundas que rasgaban el aire cada vez que aspiraba. -Remus, viejo amigo, eres un llorón. Yo creo que Lily no te conviene porque está más loca que una cabra, y hay que tener vocación para las locas, como James. Pero quizás otra chica puede que sea apropiada para ti. Una chica más...peluda.
- ¿Tan peluda como tú, Sirius? -Preguntó Peter y de nuevo James escuchó las carcajadas de sus amigos vibrando en la noche.
James se quedó dormido, con los músculos relajados por primera vez en muchas noches, y ni siquiera las risas de sus amigos le impidieron dormir. Sabía que la mejor clase de personas estaban ahí, cuidando de él.
&&&&&
Lily Evans estaba sola, tendida en su cama de la enfermería, y matando el tiempo con los ojos fijos en la puerta cerrada de aquel lugar. Miraba concentradamente aquella puerta por donde se había ido el profesor que tanto le gustaba. Tenía la boca ligeramente abierta, como si recién comprendiese algo de vital importancia. Tan abocada estaba en sus pensamientos que llegó a saltar cuando la puerta se volvió a abrir y como acto reflejo tomó las mantas y se cubrió hasta las orejas. La voz de Remus, que llegaba de al lado de su cama la asustó por completo.
- ¿Lily?
- Oh, Remus. ¡Me asustaste!
- ¿Cómo estás?
- Cansada ¿y tú? -Le preguntó al momento de tocarle suavemente con la punta de sus dedos una cicatriz que se asomaba por el cuello de su camisa.
- Cansado también. Se acerca la luna llena...
Lily pasó por alto el detalle de la luna, no quería hablar de eso con Remus, porque sabía que para su amigo no era un tema cómodo y también porque tenía otras cosas que hablar con él.
- ¿Dumbledore sabe legeremancia?
- Sí, supongo... Vamos, Lily, no en vano es el mejor mago de nuestros tiempos. El unico al que Voldemort teme.
- Sí, tienes razón. Debí imaginarlo. -Respondió en un susurro y sintiéndose muy sonrosada.
- ¿Y...? -preguntó Remus levantando una ceja.
- ¿Y qué...? -Respondió ella, porque no entendía a que se refería él.
El silencio se apoderó de los labios de ambos, dejándose caer como una pesada cortina de hierro, pero eso a ella no le incomodaba porque no tenia muchas ganas de hablar.
- ¿Qué fue lo que pasó?
- Nada. -Contestó secamente.
- Lily, pensé que eramos amigos. No tienes que mentirme o esconderme nada y sinceramente creo que he sido bastante paciente contigo, pero ya es suficiente. Has estado aquí casi un mes y sólo tú y James saben lo que pasó...y creo que ha llegado el momento de que te saques la coraza y me digas que sucede. ¡Desde que ese idiota terminó contigo no eres la misma! - Y aunque Remus dijo todo esto usando su habitual timbre de voz, ese de hombre maduro y pausado, las lágrimas se acoplaron en los ojos de Lily y como si ya no pudiera resistir más, dijo.
- No sé. No sé lo que me pasa, no sé lo que hago, ni lo que siento, ni lo que voy a hacer, ni para donde voy. No sé nada, Remus. -Pasó sus manos por sus ojos, intentando calmarse y dejar de llorar, pero no tenía mucho éxito en eso. -No sé por qué Alex terminó conmigo y la verdad es que eso me enferma. Y ahora me envía cartas raras y flores, como si entre nosotros no hubiera pasado nada, diciéndome que se preocupa por mi. Y sin contar el factor Potter, que lo único que hace es intentar complicarme la vida. Y ni siquiera sé porque me acosté con él ¡y dos veces más encima! Tampoco sé cómo voy a deshacer ese maldito hechizo porque no tengo idea de donde está el maldito libro. ¿ves? No sé nada de nada.
La cara de Remus, estaba mucho más pálida de lo normal, y eso no tenía nada que ver con la proximidad de la luna, El esperaba que ella le dejara caer la lluvia de sentimientos confusos y tristes que le provocaba la ruptura con su novio, pero no estaba preparado para ser el confesionario de los últimos hechos vividos por Lily.
- ¿Cuando dices Potter te refieres a James? -Articuló con dificultad el chico.
- No, me refiero a su papá y a su abuelo. -Contestó Lily, llena de sarcasmo. -Por supuesto que con ése idiota.
- Pero, pero... ¿Cómo?
- ¿Esperas que te haga una dramatización de cómo?
- No te enojes, pero…no estaba esperando algo como esto. Y me lo largas así, sin anestesia. ¿Cómo esperas que reaccione?
- Lo sé, perdón. Pero, ¿entiendes por lo que estoy pasando?
- No sé si comprenda lo que te pase, Lily, pero si entiendo otras cosas, como por ejemplo, por qué él no quería contar de lo que pasó, ni quería defenderse de las acusaciones y también entiendo porque andaba tan triste.
- ¿Quién?
- James. -Contestó Remus, mientras se acomodaba a los pies de Lily. De pronto levantó sus ojos ambarinos y con una mirada penetrante preguntó. - ¿Y...? ¿te gusta? Es decir, ¿Lo quieres?
- No. Es decir, no creo...No sé. Inclúyelo dentro de la lista de cosas que no sé.
- ¿Y qué pasa con Diggory?
- Tampoco lo sé. Te mentiría si te dijera que no siento nada por él, pero...no sé precisamente que es lo que me pasa con Alex. Otra vez la habitación se quedó en silencio, y los chicos se miraban sin saber muy bien que decirse. Parecía que se iban a quedar así toda la tarde, pero Remus fruncía cada vez más el ceño, como si algo le molestara, hasta que al final dijo.
- ¿De qué encantamiento hablabas Lily?
- Ah...de uno que no sirve para nada, sólo trae problemas.
- Conozco varios de ese tipo.
- No es nada, sólo necesito saber dónde está el libro de Encantamientos, nivel súper ultra avanzado.
Remus al escuchar a Lily, frunció más a un sus cejas, y murmuró. -Yo... yo sé dónde está ese libro. -Y cuando terminó de decir esto, lucía muy inseguro, como si se hubiese arrepentido.
- ¿De verdad? ¿Dónde está? -Pero la cara de Lily estaba radiante de felicidad, tenía los ojos muy abiertos y brillantes.
- Eh…Yo te lo paso mejor. Cuando salgas de aquí te lo prestaré junto con mis apuntes de clases para que te pongas al día.
- Remus Lupin, ¡eres un sol! Eres el único sol que me ha alumbrado durante semanas de sufrimiento.
- ¿Ah? -Dijo el chico confundido.
- Que esa es una muy buena noticia, la mejor que he recibido en semanas. -Y en un arrebato de felicidad se levantó de su cama y lo abrazó. Lo apretó fuertemente dejando caer sobre su cara una lluvia de besos cortos.
Tan concentrados estaban los dos en ese abrazo, que ninguno se percató que había llegado una tercera persona en la enfermería y que los observaba atentamente.
- No me agradezcas, no es nada Lily.
- Si ahora hicieras aparecer mi diario perdido, te amaría hasta la eternidad.
Un chico alto, con una sonrisa triste pintada en la cara, y con un paquete envuelto en papel de regalo estaba apoyado en la puerta de la enfermería posando sus ojos miel en la escena. Traía pantalones de tela oscura y un chaleco grueso de lana con cuello alto, en vez de la correspondiente túnica verde. Parecía un fantasma porque su cuerpo emitía un resplandor amarillento, formado por pequeñas luces que giraban rápidamente. Bajó la cabeza, respiró con profundidad y su voz rompió el abrazo de Lily y Remus.
- Disculpen, no quería interrumpir. Sólo vine de paso a ver cómo estabas, Lily.
Cuando Lily dirigió sus ojos hacia la fuente de aquella voz, palideció y soltó rápidamente a Remus lanzándose varios centímetros más atrás. Sin dejar de mirar atentamente los ojos verde esmeralda de Lily, el chico se acercó, dejó el regalo en la mesa de noche y con un gesto de la mano se despidió de las dos personas que antes habían estado abrazándose en la cama de la enfermería.
- No interrumpes nada. -Dijo ella rápidamente.
- No me tienes que dar explicaciones.
- Sé que no tengo que darte explicaciones, pero no interrumpes nada. Sólo que Remus me dio una muy buena noticia.
- Lily, da igual. Yo quería saber si estás bien y ahora que lo sé, me voy.
- ¿Y las luces? -Preguntó la chica rápidamente.
- Ah, no es nada. Efectos secundarios. -Y tras estas palabras cruzó el umbral de la puerta de la enfermería.
Ella se incorporó ágilmente, buscó algo para cubrirse y se puso las pantuflas en los pies. Remus la miraba atentamente, casi incrédulo de lo que sus ojos percibían. Lily destellaba luces azules mientras murmuraba "Maldito Alex Diggory, me va a escuchar esta vez. Tiene varias explicaciones que darme. No puede estar siempre tan celoso de Remus"
- Lily ¿Dónde vas? -Preguntó temerosamente Remus.
- A buscar a Alex.
- No puedes levantarte, estás recién recuperandote. ¿Qué pasa sí la señora Pompfrey pregunta por ti?
- Tú le dices que fui por el imbécil de mi ex, que me va a escuchar esta vez.
Y salió muy rápido de la habitación en la dirección, por donde se imaginó que Alex se había marchado. Tras recorrer múltiples pasillos, velozmente y casi con una expresión de maniaca en la cara, sin pista de por dónde se había ido Alex, una voz masculina la sacó de su ensimismamiento.
- ¿Lily? ¿qué haces en pie? Deberías estar acostada.
- Ahora no.
- ¿Por qué estás tan enojada? -Preguntó el chico mientras le seguía el paso.
- ¡Que ahora no, James Potter! No quiero conversar contigo.
Y a la vuelta de aquel pasillo, casi llegando al vestíbulo, ella localizó su objetivo.
- ¡Quédate ahí, y escúchame esta vez!
- Ah. -Fue todo lo que salió de la boca de James cuando vio a quién iban dirigidas aquellas palabras. Se pasó una mano por el pelo, rabiosamente, mientras apretaba sus mandíbulas.
- Lily ¿Qué haces aquí? Tienes que ir a acostarte. -Contestó Alex, casi con sorpresa en su voz.
- Estaría acostada si no fuera porque tú saliste corriendo de la enfermería.
- Estabas ocupada. -Dijo Alex, dejando ver toda su molestia y alumbrándose nuevamente algunas luces alrededor de él, pero muy pequeñas, casi imperceptibles.
- Yo no estaba ocupada, o sea sí, pero no del modo como tú lo haces ver. Estoy cansada que tengas celos de Remus, es sólo mi amigo. Y además yo necesito conversar contigo.
- Pero ahora no, estás débil y necesitas descansar.
- Y si necesito descansar ¿por qué vienes y me haces una escena de celos y te vas sin escucharme? Además ¿Para qué vienes? ¿Para que me mandas flores y me traes regalos? ¿Se te olvida que terminaste conmigo? ¿Qué quieres de mi?
James se acercó cuidadosamente y la tomó de la mano. – Vamos, no deberías estar aquí.
- Pero yo necesito que él me responda estas cosas.
- Potter, ¿Podrías dejarnos solos? -Dijo Alex mientras miraba atentamente el rostro crispado de Lily.
- No, no puedo.
- Necesito hablar con ella.
- Pero ella ahora no puede, ahora tiene que estar en la enfermería. -Contestó James con tono firme.
Y alrededor de éstas tres personas había un gran resplandor de luces azules, siendo las de Lily, por lejos, las más intensas de todas y opacaban cualquier otra.
- Entonces hablaremos para Semana Santa, Lily ¿te parece bien? -Lily no alcanzó a contestar porque en ese momento se dejó llevar por la cálida y huesuda mano de James que la llevaba directo a la Enfermería, donde aún estaba Remus. Por supuesto, Madame Pompfrey nunca supo lo que había ocurrido.
James estaba feliz, su sonrisa era casi tan grande como cuando Lily le dijo que le había gustado dormir con él. La dejó en la enfermería con Remus y se fue, no quiso seguir hablando con ella porque sabía que nada bueno saldría de esa conversación, ella estaba demasiado enojada así se lo decían las luces azules que emanaban abruptamente de su cuerpo. Eran las más brillantes, las más intensas, que él le había visto. Pero eso no importaba, no servía para aplacar su felicidad, porque por vez primera ella le había hecho caso a él, ella se dejó llevar por su mano y se acostó tal como James se lo había indicado.
"Por lo menos es algo" pensó mientras estaba tendido en un sillón de la sala común jugando con una snitch. Así lo encontró Remus, cuando entró a aquella habitación.
- James. Necesito que me pases el libro de Encantamientos que tienes en tu baúl.
- ¿Para qué? -Dijo con cara de extrañado.
- Para pasárselo a Lily.
- ¡No! -Respondió mientras se incorporaba en el sillón. - Todavía no. Hay cosas que no entiendo y ella no me las va a explicar.
- ¿Ah? No entiendo nada de lo que dijiste James, pero necesito ese libro.
- No, yo también lo necesito.
- ¿Tú quieres saber lo mismo que Lily?
- No sé que quiere saber ella. Yo quería saber sobre un encantamiento, nada más.
- ¿Y por casualidad ese encantamiento es el que hace que salgan luces de colores de Lily?
James siguió jugando con la snitch como si no hubiese escuchado nada, no iba a contestar eso, no quería entregar tampoco el libro. Después de un rato de silencio y con la mirada ceñuda de Remus sobre él, preguntó. - ¿Sabes para que quiere ella el libro?
- Supongo que quiere deshacer ese hechizo. -Se llevó una mano a la barbilla y se la rascó ligeramente. -Sí, estoy casi seguro que me dijo que era para eso.
- Pero el libro no dice cómo deshacerlo, sólo dice cómo hacerlo y ni siquiera lo deja claro. Me acuerdo perfectamente, dice que tienes que hacer un acto de entrega y confianza recíproca, materialmente hablando, claro.
- No sé que diablos estás hablando, pero en fin. Yo le dije que le iba a pasar el libro. Así que eso haremos, se lo entregaremos y ella ve lo que hace. De hecho creo que es mejor que se lo entregue yo que tú. Si llega a saber que tú lo tenías se va a enojar, más de lo que hoy estaba.
- ¿Por qué estaba tan enojada, Remus?
- Porque estábamos conversando y yo le dije que sabía dónde estaba el libro y…bueno, se emocionó y me abrazó…Y ahí llegó ese idiota y creyó que…- Tomó aire profundamente y concluyó. -...Creyó que nosotros estábamos en una escena romántica o algo por el estilo y ella se enojó porque él malinterpretó todo.
James lo miró, sin darse cuenta, con los ojos entrecerrados y de lado, como si tratase de descubrir otra verdad, fuera de las palabras de Remus.
- ¿Qué? ¿Tú también? ¡Vamos! Sabes que jamás haría algo, sé que te gusta. Y eres mi amigo. De ese idiota lo entiendo, no es mi amigo y no me conoce, ¿Pero tú? Creo que estás un poco paranoico.
- ¿Quién? ¿Cornamenta con Evans? Dímelo a mi, si hasta se enojó conmigo cuando la invité a Hogsmeade. -Era Sirius quien acababa de llegar sentándose al lado del dudoso James. –Lunático. mira esto, y fíjalo en tu memoria.
- ¿Jimmy?
- ¿Qué quieres? -Dijo en un tono molesto.
- Nada, sólo decirte que una vez en el cuarto piso a Lily se le cayó el bolso, yo le ayudé a recoger sus cosas y cuando me agaché le vi los calzones. Eran negros de encaje. Y desde ahí me dí cuenta que no era una frígida como yo creía, tiene muy buen gusto para la lencería y también quería recordarte que me voy a quedar en la casa de Lily para Semana Santa.
La mirada asesina de James esta vez se posó sobre Sirius, quien no podía parar de reír junto con Remus. James le lanzó la snitch por la cabeza, la que luego de golpear a Sirius se echó a volar, pero los ojos de James ya no lucían igual, ahora se iluminaron con un brillo intenso que tenían un deje de maldad.
- Tengo una idea, pero necesito que me ayuden. Voy por el mapa y la capa. gritó un acelerado James, mientras se perdía por la escalera, dejando en la sala común a sus consternados amigos.
Cuando regresó los hizo ocultarse junto con él bajo la capa.
- Jimmy ¿dónde vamos? -Interrogó Sirius.
- A las mazmorras, específicamente al despacho de Slughorn.
- ¿Por qué? -Preguntó Remus.
- Porque el idiota de Diggory va a hablar con ella en las vacaciones.
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La mañana helada en que se disponían a volver a sus casas por las vacaciones de semana santa, Lily se sentía especialmente observada. Giró, en busca de quién la miraba con tanta avidez. Por un momento pensó que sería James Potter quien la observaría de esa manera, pero este miraba con desinterés a todos quienes pasaban por su lado. Lily siguió buscando, hasta que encontró de nuevo, esa sonrisa casi burlona y los ojos grises que bailaban una danza cantarina que los hacia brillar con un particular fulgor.
"¿Por qué Sirius Black me mira así?", pensó.
Se subió al tren, sin darle más vuelta al asunto, total, era Sirius Black y de él se podía esperar cualquier cosa. Buscó un compartimiento con sus amigas y después de la ronda que tenía que hacer por ser una de las prefectas, se sentó a conversar sobre todas las cosas que habían pasado en su mes de "ausencia".
De pronto la puerta se abrió y entró un joven alto y guapo, se sentó junto a ella y le preguntó.
- ¿Qué vamos a hacer durante las vacaciones?
- ¿Vamos?
- Si, tú y yo. No me digas que lo olvidaste. ¡Dijiste que me ibas a ayudar!
- No, no se me olvidó, pero pensé que no tendrías cara para recordármelo después de lo del veritaserum.
- Pero si tú lo prometiste.
- No pienso.
- Lo prometiste, Lily Evans. ¿Acaso no tienes palabra?
Lily estaba devastada, Sirius Black era el ser más sin vergüenza que pisaba la tierra y a ella no le agradaba la idea de que él estuviese una semana en su casa. Pero sabía que no tenía muchas opciones.
- No serán tus mejores vacaciones, Black.
- Yo no creo lo mismo. - Y con un sonoro beso en la mejilla, casi rozando la comisura de los labios de Lily, se fue de aquel compartimiento.
Nota de Autora: Fin de semana es viernes por la noche, sábado y domingo. Pero en maitelandia también puede ser un lunes. ¡Lo siento! Tuve un fin de semana de locos y me retrasé. De verdad lo siento.
No sé para cuando pueda arreglar el que sigue, trataré que sea luego.
Gracias a todos por leer esta historia. Ah y sí, tiene una parte nueva, pero es tan cortita que dudo que la noten.
Besos!!!
