Disclaimer: Hay muchas cosas que no me pertenecen, el cielo, la luna, las letras y Harry Potter, por supuesto.
¿Me estás coqueteando?
Cuando Sirius salió del compartimiento, los ojos de las amigas de Lily se posaron sobre ella. Especialmente los de su compañera y amiga Mary.
Lily dijo, antes de que la increparan. - No tengo nada que ver con él, sólo quiere que lo ayude. Quiere comprarse una mo… estupidez. De verdad Mary, no es nada.
- Yo no he dicho nada Lily. -contestó una apenada chica que se esforzaba por contener las lágrimas.
- No te aflijas, a mi me da lo mismo Sirius Black. No es que no lo encuentre guapo, pero ustedes saben que a mi me gusta otro.
"¿Otro?" Pensó, y tras un momento de procesarlo, aquella idea se asentó en su mente. Claro, a ella aún le gustaba Dumbledore, pese a no poder mirarlo de nuevo a la cara por culpa de la legeremancia. Y no quiso seguir pensando en quién más le gustaba. "Otro", era una buena respuesta.
- ¿Otro?- Preguntó Loreen -¿Quién?
- Sí, otro… ¿Ya les hablé de Larry Hagman? -Preguntó rápidamente.
- No, ¿quién es él?
- Es el Mayor Nelson, sale en un show televisivo que se llama mi Bella Genio. -Frente a la cara de desconcierto de sus amigas, Lily resopló -¿Acaso no ven televisión? ¡¿Qué hacen en su tiempo libre!? No me digan, ya lo sé ¡Quidditich! En fin, les traeré fotos y verán lo que se pierden.
El viaje transcurrió sin mayores sobresaltos, Lily rió y comió golosinas con sus amigas, sin embargo trataba de disimular, de la mejor manera, las ansias que tenía. Quería ver a sus padres y a su hermana, aunque a su hermana no tanto, porque a cada instante se le hacia más dificultoso llevarse bien con ella. Pero definitivamente si quería ver, abrazar y besar a sus padres hasta dejarlos sin aire. Extrañaba las caricias mudas de su padre y los atinados consejos de su madre y también quería dejarles claro que ya estaba sana. Que nada importante había sucedido.
Al detenerse el tren, tras llegar a su destino, se le acercó Remus, quien le dijo que el libro de Encantamientos y los apuntes de clases los tenía Sirius Black y que él se los pasaría en su casa. Cada vez que recordaba tener que soportar a Sirius en su casa, por una semana, le recorría un escalofrío en su cuerpo. Ella tenía claro que eso sólo significaba problemas.
Lily era esperada en el andén por sus padres, quienes al verla corrieron a cubrirla de besos y mimos. No se habían visto desde Navidad, y pesé a que el profesor Dumbledore les había dicho en reiteradas ocasiones que el incidente de las pociones no era nada peligroso, ellos no se conformaban hasta verla sana y salva (y despierta) junto a ellos. Después de un largo y apretado abrazo, una falsa tos los interrumpió.
- Ah. -Dijo Lily al ver quien estaba a su lado. -Papá, mamá. El es Sirius Black y se va a quedar con nosotros durante las vacaciones. -"muy a mi pesar" pensó. -Siento no haber avisado antes, pero no pude hacerlo.
Los padres de Lily con una amplia sonrisa saludaron al joven, haciéndole notar que para ellos no era ningún problema que él se quedara con ellos. Claro, estaban sorprendidos porque eso no era usual en su hija, pero con mayor razón trataron de mostrarse acogedores con ese joven. Sirius, por su parte, los saludó contemplando detenidamente a los padres de Lily. El se presentó como Alfred, era alto, delgado, tenía el rostro levemente arrugado y una expresión taciturna en la mirada. Rose tenia la misma piel resplandeciente: blanca y perlada. Las facciones del rostro eran muy similares, aquella nariz pequeña y que se arruga al sonreír, y el pelo incendiado en tonos cobrizos. Lily era casi su replica. Pero los ojos almendrados de aquel verde impresionante eran de él, sus ojos y los hoyuelos al sonreír.
Lily distinguió a lo lejos a Kate, que había llegado hasta en andén 9 3/4 para recibir a Amos, ella la miró y desde lejos se sonrieron.
- Lily, ¿aquella de ahí es Kate? -Le preguntó su madre.
- Sí, es ella.
- Pero que su hijo sea un idiota no quita que nos salude. -Comentó Rose.
- ¡Rose! -Intervino su padre.
- Mamá tiene razón. -Dijo Lily, zanjando el tema. -Creo que Kate tiene vergüenza ajena.
Y así Rose arrastró a Alfred de un brazo y fue hasta donde estaba Kate. Mientras ellos hablaban animadamente, Sirius vio a Dorea Potter con James y aprovecho para dirigir sus pasos hasta ellos.
- ¡Tú, traidor! Me abandonas después de todo lo que te he dado. -Dijo Dorea sonriente.
- Perdóname, pero...
- Sólo te perdono, Sirius, porque la chica me cae bien. -Agregó Dorea mientras acariciaba los cabellos negros resplandecientes del chico de mirada acerada. Después se despidió de ellos y se fue siguiendo los pasos de Lily, sin dejar de observar el lugar donde estaba su mejor amigo y su madre, y antes de irse vio como Kate Diggory se acercaba a conversar con Dorea y sonrío al ver la cara de hastío de James.
- ¿Por qué no te corres más allá? Estás casi arriba mío, Black. -Alegaba Lily, en el asiento trasero del auto de sus padres.
- Lily, hija. Tienes que ser más amorosa con tu novio. -Le dijo su padre.
- No es mi novio. -Contestó ella rápidamente, sintiendo sus mejillas arder.
- Pues debería, es un joven muy apuesto. -Comentó Rose, la madre de la muchacha, con una sonrisa traviesa en los labios.
- Hablando de novios ¿Saben quién fue el otro día a verme al colegio?
- Yo ya creo saber. -Dijo el señor Evans, mientras conducía cuidadosamente por las calles mojadas de Londres.
- ¿Y qué quería? -Preguntó la señora Evans.
- No lo sé. Cuando desperté vi las flores que me envió y me llevó un regalo. Y quedamos que hablaríamos esta semana. -Comentó Lily intentado disimular la emoción en su voz.
- ¡Qué bien! A lo mejor me puede acompañar a ver un partido de fútbol.
- No te hagas muchas ilusiones, papá, porque yo no sé si quiera volver con él. Y lo que es peor, tampoco sé si el quiere volver conmigo.
- Anda, Lily, si Alex es un buen chico. Yo creo que te quiere pero sólo se equivocó, quizás quiere arreglar las cosas.
- Yo no estoy de acuerdo. -Discrepó la señora Evans. -Vamos, Lily. Eres preciosa y tú también eres una buena chica. No puedes estar siempre ahí para sus vaivenes.
- Yo estoy de acuerdo con tu mamá -Dijo Sirius de repente.
Lily mientras conversaba con sus padres se había olvidado del chico que iba sentado al lado de ella. Tras su comentario le dirigió una mirada asesina, pero él no se amilanó ante esos ojos furiosos y se acercó más a ella.
- Deberías salir con mi amigo. -Agregó el chico de ojos grises.
- ¡Cállate, Black! -susurró Lily. -Nadie ha pedido tu opinión.
- ¿Con cuál amigo? -Preguntó Rose, y Lily se dio cuenta que ya era demasiado tarde para frenar ese tema.
- Con James Potter. ¿No lo conocen? Es un gran chico, es buen alumno, excelente deportista, muy simpático y además es guapo. -Sirius hablaba mientras estiraba el brazo a lo largo del asiento trasero, por detrás de la espalda de Lily.
- Y te faltó decir que es un engreído, pesado, egocéntrico y arrogante. ¿Por qué no sales tú con él? Serían un complemento perfecto. - Comentó la chica mirando con extrañeza el brazo de Sirius que estaba pseudo abrazandola.
- ¿Y a ese chico le gusta el fútbol? -Interrogó Alfred.
- Sí, es un gran fanático. -Contestó rápidamente Sirius.
- ¡Qué mentiroso! Te apuesto que ni siquiera sabe lo que es, James lo único que sabe es de quidditch.
- ¿Quidditch? ¿Qué es eso? -Preguntaron los padres de Lily y Sirius se incorporó en el asiento y comenzó a explicarles detenidamente en qué consistía el deporte mágico favorito de todos.
Lily apenas pudo preguntó por su hermana. Sus padres dudaron antes de contestar y se miraron incómodos. - Tú sabes como se pone ella con todo esto de la magia. -Dijo su padre suavemente mirándola por el espejo retrovisor y regalándole una leve sonrisa.
Lily bajo la mirada un segundo y se intentó distraer mirando el paisaje lluvioso de la ciudad por la ventana del automóvil. No notó lo rápido que llegó a casa, ni tampoco había notado cuánto extrañaba estar ahí hasta que vio el edificio destacando entre arbustos verdes. La casa de los Evans estaba ubicada en un espacioso condominio en las afueras de la ciudad.
A Lily se le cerraron los ojos de emoción al ver el bonito jardín de su madre. Cuando entraron había un olor dulce en el aire. Lily tras cruzar el umbral exclamó. - ¿Maggie hizo pie de limón?
- Sí, sabía que llegarías hoy. -Contestó su madre sonriendo.
La casa era espaciosa y muy iluminada porque la luz entraba a raudales por todas las habitaciones. Lily extrañaba tanto cada sala de su casa, la decoración que su madre había hecho en cada lugar, cada pequeño detalle. Su biblioteca gigante, rebosante de gruesos libros con tapas oscuras. Pero a Sirius lo que más le llamó la atención eran las fotografías colgadas en las paredes, la mayoría eran en blanco y negro y revelaban siluetas de personas, formas que no se entendían del todo, pero tenían gracia, la luz en aquellas imágenes era especial. Y otras fotografías tenia parajes naturales, algunos de los más exóticos.
Lily al ver a Sirius perdido en un cuadro en particular, se acercó y le dijo – Mi madre es fotógrafa, por eso tantas fotos.
- Wow, son geniales. ¿Qué es esto? ¿cerros? ¿dunas?
Lily sonrío y le dijo. - Son los senos de una mujer.
- Vaya, qué buena es, digo no la tipa, sino tu mamá tomando fotos. -Aclaró Sirius mirando fijamente la imagen para identificar la verdad acerca de aquella fotografía y ahogando en su cabeza la pregunta que pugnaba por salir "¿esa mujer eres tú?" Lily arrastró a Sirius a otra sala, de colores más brillantes y más cálidos, en donde se cenaba habitualmente y se leía el diario, entre otras cosas. Después de una exquisita cena, en la cual se enteró que el padre de Lily era abogado (Lily tardó un tanto en explicarle que hacían los abogados), y que Rose trabajaba en una revista de turismo y viajes, Sirius conoció a la hermana de Lily. Y cuando la vio pensó que no tenían nada parecido, eran completamente opuestas, y si la hubiese visto en cualquier otro lugar, jamás creería que tenía la misma sangre que Lily. Aparte de las diferencias físicas, no la escuchó hablar durante la comida, sólo observó como le regaló un par de miradas de furia a su hermana, y una de desprecio a él y cuando abrió la boca sólo fue para decir que el pie de limón estaba horrible y que era un pastel muy vulgar.
Donde él iba a dormir era un cuarto que quedaba al lado del de Lily, era celeste y tenía una bonita vista a la parte trasera del jardín, como toda la casa, tenia amplias ventanas por donde la luz entraba a mares y la cama tenia un aspecto cómodo. Se lanzó sobre el colchón, no pudo parar de imaginar cómo sería la habitación de Lily.
Lily había estado casi todo el día con Sirius, tenía su aroma pegado a él, tenía sus ojos grabados en la memoria viendo cómo le miraban para retarlo. Cerró los ojos un momento y se imaginó a Lily en su cuarto, quizás cambiándose de ropa. Recordó su cuerpo menudo y suave y nuevamente una ola de ese olor a Lily le inundó, desde que dejó King Cross tenía la sensación que ese aroma estaba en todas partes, en sus manos, en su ropa, en su piel, tal como aquellas veces. Con una exhalación profunda, pensando en Lily y su maravilloso aroma, Sirius se quedó dormido. Cuando volvió a abrir los ojos vio una silueta que le hablaba desde el umbral. Era Lily que traía el pelo atado en una coleta que se notaba que se la había hecho rápidamente porque pequeños mechones de cabellos desordenados le caían por el rostro, con un pijama de pantalones cortos y un polerón amplio cubriendo su cuerpo.
- ¿Sirius? ¡Sirius! ¿Vienes a desayunar conmigo?
- Lily, ¿no es un muy temprano? -El creía que no había dormido nada. Tenía la sensación de haber cerrado recién los ojos.
Es que no me gusta comer sola. -la chica entró a la habitación tímidamente. -¿Dormiste así toda la noche? Si serás tonto ¿por qué no te cubriste?
- Me acosté un rato y sin darme cuenta me quedé dormido. -Contestó él. -Los viajes siempre me agotan.
- Te vas a enfermar. Ven, vamos a desayunar.
La casa estaba silenciosa y temperada, pese al frío día que se veía a través de las numerosas ventanas. Lily se sirvió un tazón de café y encendió la televisión que había en la cocina.
- ¿Cómo dormiste? -Preguntó él, más por romper el silencio mientras se sentaba al lado de ella tomando una tostada.
- Bien, siempre duermo bien en mi casa ¿y tú?
- Yo dormí increíblemente bien, por algo no desperté hasta ahora. ¿Por qué hay tanto silencio?
- Porque papá se fue a trabajar, mamá también, Maggie fue a comprar y Petunia se fue a su academia.
- ¿Academia de qué?
Lily sonrió y contestó –Es una academia donde te enseñan a ser buena dueña de casa, buena esposa, esas cosas.
- ¿Y hay academias para eso?
- Aunque no lo creas. -Contestó, alzando las cejas escepticamente.
- ¿Y tus papás no le dicen algo? Me parece un poco ridículo que alguien estudie para eso.
- ¿Qué le van a decir si la otra hija estudia para bruja? -Respondió Lily, mientras se llevaba un trozo de pastel a la boca.
En aquel preciso momento, él se dio cuenta que podría, y quería, estar con ella toda la vida, era ingeniosa, inteligente, simpática, guapa hasta por la mañanas y sin arreglarse. La miraba cómo separaba sus labios rojos y comía pastel, la imagen de su boca manchada con merengue, el labio superior cubierto de esa capa dulce y blanca lo turbó de un modo impresionante, casi como nunca. Pensó en sus labios y la corriente eléctrica que sentía cuando los besaba, cómo le ardían aquellos lugares donde se posaron alguna vez y Sirius no pudo más. Se lanzó sobre ella y la besó, poniendo sus grandes manos justo en la nuca de Lily y desde ahí la afirmaba mientras su lengua se deleitaba con el dulce sabor de la boca de Lily. Y aunque ese beso duró lo que se demoró Lily en comprender que, pesé que ese beso era uno muy bueno, quien se lo daba era Sirius Black, para él fue más que suficiente. Lily puso sus manos en su pecho firme y lo empujó de vuelta a su lugar.
- ¿Y a ti qué te pasa? -exclamó Lily. Y aunque pensó que tenía las mismas mañas que James Potter, no dijo nada al respecto.
- Nada, no me pasa nada. Lo siento mucho, Lily. Discúlpame. -Dijo juntando sus manos y poniendo cara de niño bueno. -Fue sólo un impulso. –Y se pateó mentalmente por su estupidez.
- ¿Así será siempre? -Preguntó ella con el rostro mostrando su desconcierto. -Porque si te vienen más impulsos, te vas ahora mismo de mi casa.
- Discúlpame, prometo que no volverá a ocurrir.
- ¡Claro que no volverá a ocurrir, porque antes de descuartizo! -Y se tragó casi la mitad de su tazón de café para sacarse el sabor de la saliva de Sirius de la boca. En la cabeza de Lily se libraba una batalla de pensamientos que pugnaban por salir "Demonios, ¿qué se ha creído Black? ¿Quién le dijo que puede llegar y besarme así como así ? Claro, seguro que fue James quien le dijo que yo era una fácil." "¡Oh Merlin!", pensó con espanto. "Mi vida es un asco, me gustó Remus, con James me di el revolcón del siglo, y ahora Black me da el mejor beso de mi vida. Si sigo así no me sorprendería casarme con Peter Pettigrew"
"Pero...¿por qué Sirius Black se comporta así?
Después de un largo silencio, ella lo miró directo a los ojos y le dijo. -Yo tengo que estudiar, creo que me tomará un par de días ponerme al día y tú, en esos dos días, te aburres porque no sé que puedes hacer solo. Pero después que estudie, te acompaño por tu moto.
"Y así te vas luego", pensó.
El, con un movimiento de cabeza, asintió y sólo agregó - ¿Ya me perdonaste? -y compuso su sonrisa amplia y segura, esa que provocaba una debilidad en las rodillas.
- No. ¿Puedes pasarme lo que te dio Remus para mí? -Sirius se levantó y trajo los apuntes de Remus y el libro de Encantamientos. Ella los tomó y se encerró en su habitación, él solo y un poco aburrido optó por tomar un baño largo y cambiarse de ropa. Cuando salió de la habitación tenia unas tremendas ganas de colarse al cuarto de Lily y lanzarla en la cama y comérsela a besos, pero sabía que ese sería un grave error que no podía cometer. Pero los besos de Lily eran algo difícil de resistir, sobretodo por el suave dulzor que dejan, y eso no tiene nada que ver con el merengue del pastel. Cuando pasaba por la cocina vio una señora bajita, de caderas redondas que revolvía una olla y después proseguía a pelar cebollas en la mesa de la cocina. La señora dio vuelta la vista y le miró para luego sonreír brevemente.
- Tú debes ser el amigo de Lily. -Le dijo por todo saludo.
- Sip. -Confirmó Sirius, quien entró a la cocina y se sentó junto a la mujer. -¿Necesita ayuda?
- ¿Sabes pelar papas?
- Claro. -Dijo Sirius y se arremangó la camisa y tomó un cuchillo muy bien afilado. Mientras observaba a la señora aliñar un pollo que estaba en una gran fuente, pensaba en cómo se pelaban las papas. Esperaba que la mujer no se diera cuenta que le estaba sacando más que la cáscara y deseó poder ocupar su varita. En eso, escuchó el sonido de pasos y pensó que era Lily la que había ido hasta la cocina, pero era Petunia quién sólo saludo a la mujer y luego desapareció con destino, al parecer, a su habitación.
- Son muy distintas -Dijo Maggie. -A las dos las conozco de pequeñas y a las dos las quiero por igual. Lily es un encanto, ella es toda sonrisa, en cambio Petunia es un poco más…retraída, pero es buena persona en el fondo. Tienes que conocerla realmente para saber cómo es. Yo siempre he creído que es así porque tiene un poco de celos, ya sabes Lily es un como un imán, siempre está rodeada de amigos. A Petunia le cuesta mucho más trabar amistad con las personas.
- No sé por qué. -dijo Sirius sarcasticamente mientras intentaba pelar una manzana.
- ¿Y tú? ¿Por qué no estás con Lily?
- Porque está enojada conmigo. Y además está estudiando.
- ¡Vaya! Lily enojada, eso es novedad. Pero se le pasa rápido. Mira. -le dijo la señora y le pasó un vaso. -Saca un poco de jugo del refrigerador y llevárselo. Te apuesto que se le pasan las mañas. -Sirius se quedó estático, no tenía idea qué era un refrigerador y además tenía dudas sobre si un poco de jugo serviría para que Lily le perdonara. -¡Yo sé de qué te hablo! Anda y llévale el jugo.
Cuando Sirius golpeó la puerta, nadie contestó desde el otro lado, lo volvió a intentar y escuchó la voz de ella respondiéndole que podía entrar. La habitación de Lily, estar ahí era como un sueño, era amplia y muy cálida. En un rincón de la habitación estaba una cama grande llena de cojines de colores, una de las paredes era un ventanal gigante que daba hacia un balcón desde donde se veía casi todo el jardín trasero de la casa. El resto de las murallas estaban pintadas de un naranjo pálido, y de una de las paredes colgaban fotografías de ella con sus padres.
Lily estaba sentada en un escritorio poniéndose al día con sus materias atrasadas y cuando lo vio, su respuesta fue casi automática. – Ah, eres tú.
- ¿Y esperas a alguien más?
- Sí. -Dijo ella y se dio vuelta para seguir estudiando.
- Maggie me pidió que te trajera esto.
- Veo que ya la conociste. Es un sol. -Comentó mientras estiraba las manos para recibir el jugo que Sirius le alcanzaba El notó como sus ojos se iluminaron y a Sirius se le aclaró todo. Lily era una golosa.
- ¿Te molesta que me quede aquí? Prometo no hacer ruido.
Ella medio sonrió y levantó los hombros, como queriendo decir "si quieres".
Sirius intruseaba todo lo que tenía alrededor, disimuladamente revisaba la ropa de Lily y las que más le gustaban las tomaba y las inhalaba profundamente, cuando ella no lo notaba. Revisó las fotografías que tenia en la habitación, en casi todas estaba ella, su cabello rojo resaltaba fácilmente entre el resto de las personas que posaban con ella. Había unas donde era muy pequeña, cerca de tres años, otras en traje de baño en una playa con su padre, otra con sus compañeros de su colegio muggle, otra tomada hace relativamente poco con unas amigas muy risueñas y ahí estaba, rodeada de corazones dibujados con plumón, la única foto mágica que había en toda la habitación. Aparecía ella en los brazos de Alex Diggory, ambos reían y se veían muy felices con los dedos entrelazados y el pelo al viento.
Tras sentir una fuerte punzada de hastío en el estómago, Sirius se fue a revisar sus discos. Lily tenía muchos y todos perfectamente ordenados y bien conservados, muchos tenían dedicatorias, la mayoría de su padres, de sus amigos y de Alex y Sirius volvió a sentir esa punzada en las tripas. Había en un rincón de la habitación un pequeño tocador y sobre él había una caja con collares que nunca le había visto puestos, otra caja más pequeña llena de aros y la botella de su perfume. Sirius la tomó y, sin destaparla, se la llevó a la nariz. Era un olor dulce, penetrante, similar a frutas frescas. Al instante la piel se le puso de gallina y le dieron ganas de robarse la botella o algo, porque aquel aroma le volvía loco, amaba ese olor más que nada en el mundo y cuando lo sintió entrar así, a raudales por su nariz, sintió un calor que le recorrió todo el cuerpo. En aquel momento descubrió y estuvo seguro que podía estar oliendo esa fragancia toda la vida hasta morir y en ese caso, moriría feliz.
Lily seguía con la cabeza gacha revisando los apuntes de Remus y anotando en un pergamino lo que consideraba interesante. El se acostó en su cama, detalle que ella tampoco notó y entonces Sirius le preguntó, muy despacio, si le molestaba escuchar música. Ella le respondió que no había problema y Sirius cogió cualquier disco al azar. Eligió Hunky Dory y la voz de Bowie llegaba lentamente hasta los oídos de ambos provocando una suerte de hipnotismo. Sirius, sin saber por qué, o quizás por la influencia de la música, tomó un libro de la repisa de Lily, más por hacer algo y no interrumpirla, que por las ganas de leer. Como si fuese un pacto tácito que ambos hubiesen hecho, ella los dos primeros días estudiaba y así quedaba lista para ayudarlo con su pedido.
El libro que Sirius sacó era un libro de poesía, nunca antes le había interesado la poesía y cuando lo abrió pensó que este tampoco sería el momento. Pero al cabo de un rato, y de unas cuantas hojas, sentía que todos los poemas los habían escrito pensando en él. Era la materialización en palabras de cómo se sentía exactamente.
- ¿Te gusta life on mars? -Preguntó la chica sin levantar los ojos del pergamino apenas escuchó la canción que sonaba lentamente.
- Sí. -Dijo él, sin entender realmente a que se refería Lily.
- A mi también, estoy segura que es una de las canciones de amor más bellas de mundo.
Sirius continúo acostado, pensado en la letra de la canción que sonaba y en un poema en particular cuando y la puerta de la habitación fue golpeada fuertemente.
- Adelante. -Dijo Lily, sin levantar la vista del escritorio, como si supiera quién estaba al otro lado de la puerta. Después ambos escucharon una tos falsa. Y a Sirius le pareció que Lily ya tenía completamente identificada a la persona que aguardaba en el umbral. La chica se giró sólo para comprobar su teoría. Su hermana, Petunia, estaba con los brazos cruzados, mirándolos despectivamente a los dos, como si Sirius estuviese acostado, desnudo, en la cama de Lily.
- ¿Qué pasa, Tunney? Preguntó con interés Lily, sin levantarse de su posición tras el escritorio.
- Necesito… un favor. -Lily arqueó las cejas en un gesto escéptico y respondió.
- Tú dirás.
- Verás…Vernon tiene una comida hoy, una de su facultad e invitó a su hermana, tú la conoces, la encantadora Marge. Supuestamente un amigo de Vernon la iba a acompañar, pero se enfermó...
"Si yo tuviera que salir con ella también me enfermo" pensó Lily
- ... y creí que quizás, tú pudieras conseguirle una cita a ella. Como la vez pasada.
Lily soltó la pluma con la que escribía y se mordió el labio inferior, como si estuviera reflexionando sobre el tema. Finalmente dijo. -No creo, Petunia, que pueda hacer eso. Sabes que la vez pasada quién acompaño a Marge fue Amos y yo ya no habló con él. No puedo pedirle ese favor. -Y Lily recordó que en aquella ocasión fue Alex quién chantajeó a su hermano hasta que Amos finalmente accedió. Sonrió levemente al convocar esa escena en su cabeza.
- Sí, pero quizás tú puedes llamar a Alex y pedirle...
- No, no lo creo. -Le interrumpió Lily. - Tú sabes que entre nosotros no hay nada, ni siquiera somos amigos ahora.
- Eres malvada, Lily. Sólo lo haces para mortificarme y arruinarme la noche, lo haces a propósito, ¡no te cuesta nada! -chilló.
- …a menos que Sirius quiera acompañarte. -Completó la chica pelirroja.
- ¿Quién? ¿éste? -Dijo Petunia, apuntando con su dedo al chico que seguía tendido en la cama. - Por favor, Lily, necesitamos a alguien digno.
- Petunia, él es más que digno para Marge. Ella no es un monumento a la… -Pero Lily se calló rápidamente para agregar – Black, ¿estarías dispuesto a salir con una chica guapísima hoy?
- No. -Contestó Sirius, sin levantar la vista de su libro.
- Vamos, ¿por favor? -Y Lily compuso el mismo tipo de sonrisa que Sirius utilizó en la mañana. Esas sonrisas suaves que provocan una debilidad en las piernas, sin embargo, la respuesta del chico fue la misma y sólo atinó a atusarse el cabello. Lily ante eso se encogió de hombros mirando a Petunia.
- Está bien, trataré de hablar con Alex, pero no te garantizo nada. -Y de pronto Sirius pareció reaccionar, como si la sola idea de Lily hablando con Alex le molestara mucho. Se incorporó en la cama y preguntó. -¿Qué tan guapa es la chica?
- Te aseguro, Sirius, que te quedarás sin palabras cuando la veas. -Respondió Lily.
- Si es así de guapa, yo voy.
- ¡Eres el mejor! -Le dijo Lily y se levantó para estamparle un sonoro beso en la mejilla. Pero Sirius no se ruborizó, como si esperaba esa reacción.
Petunia, en vez de agradecer a Lily y a Sirius por la ayuda, se quedó cerca de una hora en la habitación de su hermana, diciéndole a Sirius cómo tenia que comportarse y dejando notar que si dejaba que la hermana de su novio saliera con él era sólo porque no tenia ninguna otra opción.
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Nota de Autora: Como lo dije en su oportunidad, sé que no es un gran capítulo. Sin embargo, lo arreglé tanto como pude. Es obvio que todos saben por qué Sirius actua de ese modo, y que el pobre tendrá que conocer a Marge XDDD. Creo que eso forma parte de maltratar un personaje, ahora me iré directo a la horca por eso.
Hurra por mi porque me he demorado muy muy muy poco. Si me demoro de ahora en adelante, es porque la primera quincena de diciembre la tengo cargada de cosas, a más no poder, pero trataré de robarle tiempo al tiempo, porque tengo el sueño de traer el capítulo 31 en el 2008. ¿silly me? Por supuesto, pero en soñar no hay engaño o eso dicen. Pero no me exijan, por favor, sé que no tengo derecho a pedir consideración, pero soy una cara dura de lo peor. Los primeros quince día de diciembre moriré, de verdad.
Besos a todos!
BTW...
Shey: Muchas gracias por el apoyo. Me alegro un montón que te guste la historia. Y espero que la sigas encontrando emocionante. Un beso, y gracias de nuevo.
