La Tormenta
- ¿Por qué terminaste conmigo?
La voz de Lily fue similar a un cuchillo que atravesó el aire y que cortó el ambiente en dos. El rostro de Alex palideció por segunda vez aquella fría tarde mientras por las ventanas de la casa de los Evans se veían las nubes negras, que cruzaban presurosamente el cielo, mostrando que pronto comenzaría a llover. El joven miró a Lily. No parecía molesta, quizás un poco tensa, observó detenidamente como caía su cabello sobre la blusa negra, contempló aquel modo peculiar que tenía de cruzar las piernas.
- No vine a hablar de eso, sólo vine a verte porque estuviste muy enferma y quería disculparme personalmente por lo que ocurrió en la enfermería. -La voz de Alex sonó fuerte y determinante.
Los ojos de Lily brillaron con un nuevo fulgor, el de la rabia. Respiró intensamente buscando calmarse, atontarse con oxígeno, pero todos los intentos eran inútiles. El silencio dejó su manto entre ellos, dando paso a las luces azules de Lily, quien molesta repuso. -Me importa muy poco si tú no quieres hablar de eso. Hace meses que terminamos y aún no me das una explicación y yo necesito saber qué pasó, en qué me equivoqué. Nunca me dijiste nada y creo que no me merecía eso. -Y los ojos de Lily dudaron si podían sostener la mirada de Alex. -No podía obligarte a que me quisieras, pero es casi un acto de decencia que me digas tus razones.
Al otro lado del salón, alguien sintió como si le hubiesen golpeado en el vientre con una barra de hierro caliente. Al escuchar la voz de Lily, salir tan afilada de sus labios, James Potter cerró los ojos y siguió escuchando a escondidas.
Alex tenía una sensación rara en la garganta, algo similar a un nudo. Las palabras se le arremolinaban en el pecho tratando de encontrar las adecuadas, para que no sonara estúpido lo que tantas veces se cuestionó en su ratos de soledad. Para que todos sus argumentos estuviera provisto de coherencia y lógica.
- Lily, no te enojes, por favor. Y acaso ¿No es claro el por qué se acabó lo nuestro? ¿Quién no podía obligar al otro a que lo quisieran? -Las palabras del joven iban cargadas de reproche y Lily notaba como el almuerzo le comenzaba a sentar mal, muy mal.
- No, no es claro el por qué se acabó lo nuestro. De otro modo no te lo estaría preguntando y sólo para que sepas, yo, lamentablemente, sí te quería.
Las mentes captaron las palabras con agilidad y comenzaron las conclusiones, quizás algunas bastante apresuradas.
"¿Lamentablemente me quería? Esas no suenan a palabras de alguien que realmente te amaba." pensó Alex. Al parecer esas eran las señales reveladoras que necesitaba. Si había que aclarar las cosas este sería el momento…
"¿Lamentablemente lo quería? ¡Quería! ¡Verbo en pasado!" A James Potter, oculto en la puerta del pequeño salón, se le dibujó una sonrisa en el rostro que nadie percibió.
"¿Yo dije eso? ¿Por qué dije eso? Lily, cálmate porque está conversación no está resultando como la habías imaginado.", pensó la chica con los ojos fijos en las oscuras nubes que se proyectaban a través de las ventanas. Y sólo para distender el ambiente, dijo.
- ¿Quieres algo? Puede ser té, café, jugo... -Ofreció Lily, intentando lucir serena, pero en realidad la voz le tiritaba un poco.
- ¿Maggie te preparó tartaleta? -Preguntó Alex con una sonrisa sincera.
Lily lo miró de lado, como un gato evaluando a su presa, y le sonrió de vuelta. – Sí, pero no te voy a dar.
Y ella lo dejo ahí, con cara de embobado, desapareciendo hacia la cocina. Vio a Sirius sentado en la mesa leyendo el diario, pero en realidad él sólo estaba ocultado su rostro agitado tras el periódico porque casi lo descubren escuchando la conversación.
- ¿Te ayudo? Preguntó Alex, entrando a la cocina detrás de ella.
- Sí, pásame los platos.
El joven instantáneamente giró sobre sus talones y se dirigió a uno de los muebles de la cocina, específicamente a ese que estaba al lado del refrigerador. James se dio cuenta inmediatamente que Alex Diggory conocía la ubicación de las cosas en la casa de los Evans y ese pequeño detalle le provocó una sensación de hastío que requirió mucho autodominio para no manifestarlo.
- Te falta un plato. -dijo Sirius.
- Lo siento. -Respondió, mirándolo ceñudo Alex y demostrando que, en realidad, no lo sentía nada.
Cerca de diez minutos después estaba Alex y Lily en el salón, sentados unos frente al otro con la boca llena de pastel. Alex encendió la radio que estaba en una esquina y sintonizó una pegajosa melodía que sonaba muy despacio. Sirius Black, según ellos, estaba en la cocina disfrutando de su trozo de tartaleta y una gran taza de chocolate caliente, completamente preparado para leer el periódico muggle al que estaba suscrito el señor Evans. Pero en realidad a Sirius, o mejor dicho, a James le importaba un comino el pastel, el chocolate y el periódico. Sólo tenía una cosa en mente.
De pronto, Lily se sentó más cerca de su antiguo novio, casi en la orilla de su sofá. Con timidez le tomó las manos y al percibir la temperatura de su piel, recordó un detalle que le agradaba mucho. Las manos de Alex no eran ni frías ni calientes, sino tibias. Siempre. Y aunque ese pequeño recuerdo la distrajo brevemente, no fue lo suficiente para que ella no lo intentara de nuevo.
- No te parece que ya es tiempo que…
- Lo sé. -Interrumpió él. Respiró profundamente y alzó la mirada hasta los ojos verdes de Lily Evans. -Yo...yo terminé contigo, porque…porque tú no me amas ahora, ni me amabas en aquel entonces.
- ¡¿Qué?!
- Déjame terminar. ¿Te acuerdas cuando hicimos el encantamiento?...
La chica asintió y agregó – Fue en tu fiesta, cuando egresaste de Hogwarts, bueno, tú sabes…
- Sí y ¿cuántas veces obtuvimos luces rosadas?
- ¡Pero eso no significa que yo no te amara! Eso no es lo que las luces significan. Era sólo que, bueno, tú sabes…nos costaba un poco, y yo no tenía mucha experiencia. -Tras esto Lily se llevó una mano a la frente y los ojos vidriosos, revelaban que probablemente la cabeza se le partía de dolor.
- Calma. Si ése no es mi punto. Eso es sólo parte de mi argumento. Pero antes tengo que reconocer que yo hice algo que no debí...
- Ah... ¿o sea sí había otra persona?
- No, Lily, no seas tonta. Deberías saber que yo siempre te quise. Y mucho.
Y en aquel breve momento, ambos sosteniendo apenas los dedos del otro, se miraron limpiamente a los ojos y se sonrieron con tristeza.
- ¿Qué cosa fue esa que hiciste?
- Eh...verás, para las navidades pasadas llegó hasta mi casa un regalo anónimo. No tenía tarjeta, ni ninguna señal que dijera quién era el remitente. Entonces…-Alex se puso rígido, como un gato nervioso, se pasó una mano por la cara y continúo con voz cautelosa.- Este regalo era…tu diario.
- ¿mi diario? -Repitió Lily, incrédula. -¿Mi diario perdido?
- Si, ése mismo. Y aunque no me creas, yo no te lo saqué. Y sé que no debí leerlo pero no me pude resistir...
- ¡No lo puedo creer! ¿Cómo fuiste capaz de hacer eso? Esas cosas son personales. Hay un montón de anotaciones sin sentido que no entiende nadie más que yo. ¿Por qué no me dijiste?
- Porque era demasiado tentador. Y como siempre ocurre...la curiosidad mató al gato. Me enteré de cosas que preferiría no haberlas sabido.
- ¡Alto ahí! Ese diario se me perdió hace mucho tiempo, de hecho, se me perdió unas semanas después que empezáramos a salir.
- Si, lo sé. Y también sé por qué empezaste a salir conmigo y todo gracias a tu diario. -Dijo Alex con una lánguida sonrisa en el rostro. -Decía cosas muy crueles, yo te conozco, sé que no lo hiciste con mala intención, pero eso no significa que para mi no fuera doloroso leer cosas como "Alex es agradable, lo paso bien con él... pero no es lo mismo que hacer las rondas con Remus.", o "Me gustaría que Remus fuera quien me invitará a Hogsmeade este sábado y no Alex...", o por ejemplo, "Por más que me esfuerzo no logró sacármelo de la cabeza, quizás, si no me sentará con él en Aritmacia...", "Ojalá Remus me hubiera besado hoy y no Alex, no pude evitar pensar en él cuando esto ocurrió..."
Lily cerró sus ojos tratando de evitar que las lágrimas escaparan, trabajo que no era fácil con el dolor de cabeza que tenía. Recordó su diario perdido, y todas las frases que Alex le decía eran reales, ella las había escrito con su pluma alguna vez. Era cierto que en su diario ella hablaba todo el tiempo de Remus Lupin y de los mil modos en que él la ignoraba. De los intentos que hacia para ganarse su confianza y su amistad, de los esfuerzos que hacía para que él la ponderara de alguna forma y de cómo amaba hacer las rondas de los prefectos con él por las noches y por supuesto también hablaba de Alex, como la oportunidad que veía para olvidarse de Remus.
- Pero eso era al comienzo. La gente cambia, los sentimientos cambian. Y yo cambié lo que sentía por ti. No te voy a negar que me sentía así cuando comenzamos a salir, pero después te conocí y me enamoré perdidamente de ti. Y no puedo creer que me hayas dejado por esas cosas que escribí cuando era una niña chica tonta. ¿Por qué no me lo dijiste, Alex? ¡Eres un idiota! ¿Cómo no te diste cuenta que yo realmente te amaba? -Contestó Lily, quien se sentía invadida por una profunda tristeza.
- ¿Me amabas? ¿Estás segura? Yo no fui él que casi terminó llorando en la cama para las vacaciones de Navidad. Yo de verdad lo intenté, pero no pude engañarme más, ni dejar que te engañaras tú. Como te dije cuando te escribí, tú ya habías escogido y yo quiero que realmente seas feliz y conmigo no lo eras.
- Yo era feliz contigo. -Dijo ella, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. -Lo siento, lo siento mucho, no te voy a negar lo que me dices pero creo que si lo hubiésemos conversado, todo se hubiese aclarado, lo habríamos solucionado…esto es sólo un malentendido.
- ¡Esto no es ningún malentendido, Lily! Lo nuestro era un malentendido. ¡Ni siquiera me escribiste cuando terminamos! Te quedaste como si nada hubiese ocurrido. En el fondo, sentí como si lo hubieses deseado.
Ella no era capaz de mirarlo, se mordía los labios por dentro mientras sentía sus ojos anegados una y otra vez. Sentía que la cara le ardía, pese a tener el rostro casi inundado, sembrado en lágrimas. De pronto, sin pedirlo y sin desearlo, sintió los brazos del que alguna vez fue su novio rodearla y apretarla con fuerza contra su cuerpo. Lily sollozó largamente en su hombro, ambos sentados en el sofá que antes ocupaba únicamente ella. Las palabras de Alex le martillaban la cabeza una y otra vez, como una canción que le abría viejas heridas. Pero su olor, el perfume de su cuello era un bálsamo que la sosegaba. Ella correspondió aquel gesto, también lo abrazó con fuerza de vuelta, llorando ahora, desinhibidamente sobre su hombro.
¿Qué sentía Lily por Alex? En aquel momento sentía una pena gigante. Creyó durante tanto tiempo que la víctima era ella, sin saber que quizás la historia pudiera ser al revés. Sintió admiración por su entereza, pero aún tenía rabia, si tan sólo hubiesen conversado las cosas, si tan sólo le hubiese preguntado directamente, pero las palabras de Alex habían sido contundentes y se repetían sin cesar "yo no fui el que casi termino llorando en la cama para las vacaciones de Navidad"
¿Y si él tenia razón?, se preguntó. ¿Y si realmente ella nunca lo había amado? Pero si nunca lo había amado ¿Por qué se sentía tan mal cuando la dejó? ¿Por qué hizo tantas estupideces como, por ejemplo, acostarse con Potter?
"James Potter, es otra de mis víctimas" pensó. "El no es mi herida en el paladar, yo soy la de él".
Un muchacho estaba agazapado en la oscuridad de aquel pequeño pasillo que separaba la cocina de aquel salón. Por supuesto, no se había tomado el chocolate y le importaba poco que se le enfriara. Escuchó todo, absolutamente todo. Y estaba absorto en sus pensamientos, o mejor dicho en sus no pensamientos. Paralizado, no era capaz de procesar nada, ni siquiera se preguntaba si a ella aún le gustaba Remus Lupin. Sólo veía discretamente como estaban abrazados tan cercana e íntimamente en aquel sofá y una nueva punzada de hastío le atravesó el corazón, encogiéndoselo.
Alex sólo escuchaba las gotas de la lluvia golpear las numerosas ventanas de aquella casa, no escuchaba la canción que sonaba muy bajo y no escuchaba ningún sollozo del llanto de Lily, pero él no necesitaba esos signos sonoros para saber que ella estaba llorando en su hombro. Las gotas cálidas que le empapaban la camisa eran suficiente evidencia. Pero su preocupación real, era saber cuál era el paso a dar ahora, si era correcto mantenerse en su postura o conversar con ella y tratar de volver, de arreglar las cosas, de creer en las palabras que ella le dijo, que alguna vez ella se había enamorado perdidamente de él, que lo amó y que…
De pronto, una idea surgió en su cabeza, había un método para averiguar algunas cosas, no era completamente revelador, pero por lo menos sabría si eso la hacia feliz y era relativamente fácil.
Alex Diggory se separó despacio del cuerpo de Lily, ella se pasó una mano por la cara tratando de despejarse el rostro de aquel aguacero que se había transformado su llanto. Un relámpago iluminó la sala, provoacando después un sonido estremecedor. Y el repique de la lluvia en las ventanas se hizo más intenso, más violento y rabioso.
- Tengo que limpiarme la nariz. - Le dijo Lily con la voz tomada. El se metió la mano al bolsillo y le pasó una bolsita de pañuelos desechables y ante la sonrisa de ella le dijo.
- Hay malas costumbres que se pegan. -Se quedaron los ojos fijos en los del otro, cada uno cargando con sus dudas. Alex tenía una sola cosa clara: él aún amaba esos ojos verdes, como dos esmeraldas que relucían bajo sus pestañas empapadas de pequeñas gotitas. Se sonrió al verle la nariz enrojecida, y los labios se delataban, acalorados. Con el pulso temblando, posó su mano sobre el mentón de Lily, quien ante ese contacto se quedó estática.
Por la cabeza de la chica lo único que pasaba era un mudo "No, no, no. Alex Cedric Diggory no te atrevas a besarme" Pero las palabras se perdían en alguna parte de su cuerpo, porque no era capaz de articularlas. Se sentía como la cena de una serpiente después que es mordida, justo cuando llega el veneno a tu cerebro y te deja inmovilizada. Y ahí venía su conciencia de nuevo "Lily, no, no, no…bastante daño ya le hiciste" Sin embargo cuando sintió su nariz rozar con la suya en un segundo y al instante siguiente su aliento cálido capturando sus labios, un escalofrío le erizó los pelos y una arcada enorme recorrió su pequeño cuerpo, reduciendo su estómago y estremeciéndola por completo. Colocó su mano en el pecho de Alex, pero ésta coincidió con otra ajena a ella, y ambas manos impulsaron a Alex de vuelta hacia atrás.
Cuatro ojos se posaron en él. Ni siquiera había sido consciente de cómo en dos segundos había atravesado aquel salón. Sólo vio que "el idiota de" Diggory iba a besar a Lily y tuvo la certidumbre que delante de él nadie haría eso. Estaba tan enceguecido de celos que ni siquiera notó las luces amarillas que giraban en torno a él, haciéndolo lucir como una imagen sagrada o un fantasma. Cuando correspondió a la mirada silenciosa de Lily, le pareció un momento haber vislumbrado una pequeña sonrisa, la que desapareció rápidamente encendiendo nuevamente las luces azules de ella.
Alex brillaba por los dos. Tenía luces amarillas tan intensas como las de aquel muchacho que lo había apartado de Lily, y tenía las luces azules, que eran innecesarias porque en sus ojos ambarinos la rabia destilaba a mares. Casi no había sentimiento reprimido en Alex, su cara lo decía todo.
- ¿Y qué te pasa a ti, imbécil? - Gritó Alex.
Pero él no respondió a esa pregunta sino que se alejó de ellos y se sentó en otra butaca cómodamente, como si nada hubiese ocurrido y se dedicó a mirar a Alex con desprecio.
- Lily ¿por qué el idiota de Black se entromete? ¿Y por qué tiene luces de colores?
- Es una historia larga de contar. -Dijo, intentado restarle importancia a los eventos recién ocurridos. -¿Cierto, "Sirius Orion Black"? Estas últimas palabras las pronunció lenta y rabiosamente, e incluso con un tono de maldad entornando sus ojos.
- Tengo tiempo. -Respondió rápidamente Alex, mirándola a los ojos.
Ella respiró profundamente y cerró los ojos, como si acabara de escuchar su propia sentencia de muerte. - Está bien, espérame un momento. -Dijo en un tono débil.
Salió de aquel salón, dejando a dos personas a punto de convertirse en homicidas. En realidad, ya se habían asesinado varias veces con las miradas que se dedicaban. Ninguno de los dos quería romper el silencio, pesé a que Alex, quien normalmente era pacifico y calmado, sentía la ira recorrer cada célula de su cuerpo y agolparse a borbotones en sus manos. Si no tuviese un lado racional tan desarrollado, que rato se hubiese parado a romperle la cara a aquel chico que lo miraba con autosuficiencia.
Pero esa autosuficiencia era aparente, porque James estaba hecho un moño de nervios. Cuando escuchó de la boca de Lily aquel "Sirius Orion Black" comprendió que su "brillante plan" se había ido a la mierda, pero pese a ello no se sentía tan mal. Su cometido principal se había logrado y con eso estaba satisfecho.
Lily volvió con un grueso libro entre las manos. A Alex le pareció demasiado viejo y polvoriento para ser un nuevo diario que explicara todo. La chica lo abrió, buscó presurosamente la dichosa página que aclararía lo sucedido y se lo extendió a Alex, completamente resignada.
El lo recibió y vio las anotaciones de los márgenes. Desvió su mirada elevando las cejas.
- Con lo mucho que me gusta el quidditch. -Respondió sarcásticamente a la pregunta no formulada por su ex novio.
- ¿Y qué es J.P.?
- No lo sé. ¿Tú lo sabes, Sirius? -Preguntó ella elevando las cejas, irónica.
James torció el gesto. Ahí iba otra vez aquel tono malévolo con el que pronunciaba el nombre de su mejor amigo.
Alex Diggory se hundió en el libro, y sus ojos recorrían vorazmente aquella página, Lily notó que leyó el párrafo más de una vez. Y decidió que la discusión que se aproximaba era mejor no tenerla en aquel lugar, de modo que se paró ágilmente y se fue a la cocina, en una marcha entregada puesto que sabía que lo venía y Alex la siguió con el libro en las manos, dejando al impaciente "Sirius" solo en aquella habitación.
Pero los intentos de Lily para que la discusión, que sostendrían, fuera reservada se fueron por el caño al escuchar el tono de voz elevadísimo, casi alcanzando los niveles de un grito.
- ¿Se lo contagiaste?
- Eso parece... -Respondió Lily, mientras se apoyaba tímidamente en un mueble de la cocina.
- Pero...¿Cómo, Lily? -Murmuró incrédulo. - Aquí dice claramente que tiene que ser mutuo ¡Mutuo! Lo hubiese creído de cualquiera, menos de ti. ¡No puedo creer que lo hicieras! -La cálida cocina de los Evans estaba siendo bañada por tonos azules que emanaba el cuerpo de aquel chico.
- ¡No fue intencional! No lo planeé...sólo ocurrió.
- No me importa si fue o no intencional. Me importa lo que hiciste. Acá dice claramente que hay que hacer el mismo acto de entrega y confianza originalmente elegido y debe ser un sentimiento mutuo. ¡Mutuo!
- No es lo que parece, Alex.
- ¿Ah no? Explícame entonces, Lily. -Pero ella se quedó callada, presa de un silencio hermético. - Creo que tú y yo no tenemos nada más que hablar. -Dijo Alex, lanzando el libro con furia sobre la mesa.
- Sí, sí tenemos algo más que hablar. Tenemos que deshacer el encantamiento. -Comentó Lily, con un tono seguro elevando sus ojos para mirarlo a la cara.
- ¿Cómo? ¡Dime, por favor, cómo! En este momento no hay nada que desee más. No me interesa seguir unido a ti ni por magia ni por ningún otro tipo de vínculo.
- No estoy segura...pero...pero creo que se deshace del mismo modo cómo lo hicimos. -Respondió con un hilo de voz, ruborizándose intensamente.
- ¿Quieres que lo hagamos ahora? ¿Dónde? ¿Te parece bien aquí? -Dijo apuntando la mesa. -¿o prefieres la habitación de tus papás? -Contestó sarcásticamente, sin intentar disimular su molestia.
- No seas idiota, Alex. ¿Crees que para mi es fácil?
- No creo que se te haga muy difícil. -Vociferó el chico.
Otra vez hubo un relámpago, y el sonido del trueno se mezcló con el sonido de una mano batiendo contra las mejillas de Alex Diggory. En ese momento comprendió que se había excedido, y se lo confirmó la voz rabiosa, poco usual en ella que le dijo.
– ¡Fuera! Lárgate ahora mismo de mi casa. -Las luces azulosas de Alex parecían luces navideñas al lado de las de Lily.
- Lily…
- No quiero escucharte, ¡ANDATE!
- Lily, perd…
- ¡FUERA!
Y sin más, el joven salió de la cocina, dejando a una Lily al borde de las lágrimas, pero éstas lágrimas ya no eran de pena ni de culpa sino de rabia y frustración.
Cuando Alex atravesó el salón, se llevó la mano al pantalón en busca de su varita al ver a aquel joven sentado con esa expresión tan altiva. Pero no fue capaz, más que nada por consideración a Lily.
- Adiós, Diggory. ¡Que te vaya bien! -Dijo el chico con una sonrisa en los labios. Había escuchado la discusión reciente, aunque no la entendía del todo, sabía que su mayor temor ya no era rival.
- Vete a la mierda, Sirius Black.
Y sin más palabras Alex Diggory azotó la puerta y desapareció de la casa de los Evans, que era una más entre muchas similares, en aquel condominio situado en las afueras de Londres. Pero a James Potter la piel se le erizó cuando vio a una sulfurada pelirroja en el umbral de la puerta de la sala, con las luces azules más intensas que había visto, mucho más destellantes que las de la enfermería, y los ojos verdes brillando de un modo extraño.
- ¿Supongo que estás contento, Sirius? ¿o quizás debería decir James Potter?
Nota de Autora: Sé que me demoré mucho. Pero creo que les dije que me demoraría mil. Aún así, sigo con mi idea de subir todos los capítulos antes del 31 de diciembre. Y me comprometo a esperar al viejito pascuero arreglando los capítulos de este fic.
Espero que les haya gustado. Y nos leemos pronto, pronto.
Besos y gracias por el interés, en serio. Me siento super halagada por eso.
Por cierto, hay un encuesta en mi perfil que me ENCANTARIA que respondieran. Así que por favor, muchas gracias XDD.
lara_potter: Oh, puedo dormir porque no tengo consciencia. Así que todas las noches ronco de lo más que hay. Gracias por tus palabras, en serio. No es menor que te digan esas cosas. Ahora parezco un pavo real y tú me odiarás más porque querrás saber cómo reacciona Lily cuando descubre que Sirius es James.
Shey: Sí, eras tú. Es que no sé otra manera de responder los reviews de la gente que no está logueada, así que no me dejas más alternativa. Me gusta la gente molestona, por si acaso, yo también soy de esas.
AlexaZ: Gracias por la pacienca. En serio. Sé que me tardé un montón y se agradece mucho que todavia conserven el interés. Un besote.
