Capítulo Veintiuno: ¿Siempre sale el sol?
Ella, sin decir una palabra más, giró sobre sus talones y desapareció en dirección a su habitación. Cuando llegó hasta ahí, un segundo de duda se apoderó de su cerebro, pero lo despejó inmediatamente, con un movimiento corto y violento de su cabeza hacia los lados. Una vez adentro, se sacó la falda y las botas, tomó un par de jeans y se los calzó, acto seguido ató los cordones de sus zapatillas enérgicamente, cogió un chaleco y se acomodó en un grueso abrigo rojo.
- ¡Sal de mi cuarto! -Dijo furiosa al notar que James había entrado hasta su habitación.
- Lily, escúchame… - Pero ella no quería hablar con él, ni siquiera quería verlo. Cogió su bolso e intentó guardar dentro de él las llaves de su casa, pero estaba tan enojada que no notó que se cayeron sobre la alfombra. Pasó por al lado de James, ignorándolo por completo y se perdió en el pasillo.
Cuando James la siguió el sonido de la puerta principal, azotándose, le comunicó que ella ya se había ido de su casa.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
El reloj ubicado en la esquina del comedor, le marcaba sonoramente que pronto tenía que tomar una decisión. En un segundo, tomó su abrigo y en otro estaba en la calle, recibiendo un centenar de gotas frías que se enterraban en su cabello negro azuloso, pero sin arruinar aquel caer tan elegante característico de los Black.
La lluvia era tan copiosa que no se veía mas allá de sus manos. Era como si todo estuviese envuelto por una densa y húmeda niebla, de modo que James no tenía idea por donde podría haberse ido Lily. Sus pies caminaban solos, no tenía idea hacia donde iba, ni menos aún, cómo iba a regresar de vuelta hasta la casa de los Evans. Sólo le importaba encontrar a Lily, y pronto, aunque en realidad no sabía que debía decir. "Quizás una disculpa", reflexionó. Pero dos cuadras más allá se dio cuenta que lo que debía decir era otra cosa.
"Supongo que la verdad." pensó angustiado.
Caminó rápidamente, aplanando cuanta calle se le cruzara, con los ojos muy abiertos miraba hacia todos los lados, buscando alguna señal, alguna pista que le indicara que estaba en el camino correcto. Pero su cuerpo estaba raro, sentía que le picaba un poco y no sabía si era la preocupación, la lluvia u otra cosa lo que le nublaba la vista. Tampoco entendía por qué la gente se quedaba mirándolo de ese modo, algunos hasta se daban vuelta para observarlo mejor y se quedaban parados en mitad de la calle, contemplándolo.
"Como si tuviera monos en la cara", pensó. "Jamás le contaré esto a Sirius, presumirá por años sobre lo guapo que es. Cabrón."
Lily, por su parte, cuando salió de su casa se encontró con la frondosa lluvia, dejándola en un par de metros como si alguien la hubiese mojado con una manguera. Sin embargo le parecía un regalo divino, un regalo que la calmaba. Era como una sesión de acupuntura con agujas calientes porque cada gota que tocaba su piel ardía, pero le hacia sentir a la vez que estaba viva y que ningún dementor se había robado su alma. Lily Evans, con los ojos llorosos, caminó sin rumbo fijo y sentía que las ideas se arremolinaban dentro de su cabeza como si estuvieran dentro de un pensadero.
"¿Y a él que le importa si contagié a Potter o no? Ni siquiera era mi novio cuando ocurrió. ¡No le tengo que dar explicaciones! El terminó conmigo porque tiene el ego más grande que las tazas de Hagrid."
Lily lucía fatal, parecía mucho más pequeña y delgada dentro de su abrigo rojo, sin contar que su cuidado peinado había desaparecido por completo y ahora el pelo le caía lacio sobre los hombros, casi como una masa rojiza sin forma. Y su rostro desvalido sólo era templado a causa del extraño brillo que portaban sus ojos. Como trozos de cristal roto. Pero a ella no le importaba mucho, por no decir que no le importaba nada. Sólo estaba mediamante consciente de que el aire frio servía para despejar algunas dudas.
"Por lo menos ya sabes que no quieres volver con él." pensó. "¿No querías volver con él? Claro que no, de otro modo lo hubiese besado de vuelta.", se contestó a sí misma. Sin embargo su cabeza no le daba tregua ni un solo segundo. "James Potter…Potter siempre viene a arruinarme la vida. Llega en los momentos menos esperados, y con su sonrisa socarrona parece creer que puede arreglarlo todo. ¿Cómo no me dí cuenta antes de que era él? ¡Estúpida! Debí notarlo cuando me besó en la cocina o cuando se delató a sí mismo en mi cuarto. ¡Debí notarlo! Soy la más grande de todas las idiotas del mundo. Pero, ¿a que está jugando ese idiota? Si será imbécil." Y mientras se internaba entre el gentío una nueva voz se alzaba con fuerza en su interior, una voz profunda y con un tono sabio se repetía en su cabeza, una y otra vez.
"El no tiene la culpa de que Alex te tratara así. Tampoco tiene la culpa de haberse contagiado, sólo es culpable de perseguirte incansablemente"
Cuando Lily llegó a un parque no tuvo idea de cómo lo hizo. Y fue entonces cuando se percató de que ya no llovía, arrugó la nariz y entornó los ojos, comprendiendo su incapacidad para notar hasta los detalles más obvios cuando tiene fuertes discusiones mentales con una parte de ella. El frío aire se colaba por los microporos de su abrigo rojo, y azotaba de un modo tan agresivo que lograba que le doliera el pecho cada vez que respiraba, sin embargo no era el frío lo que le dolía, era la pena. Con los dedos húmedos se despejó el rostro del cabello mojado, aquellos mechones que el viento insistía en pegar en sus mejillas y Lily Evans, sin saber qué hacer o donde ir, se sentó en un banco de aquel parque solitario a esperar si por un milagro se le ocurría una idea mejor o le caía un rayo encima y por fin moría dejando de sentir y cargar con esa rabia y confusión.
Vio, como lentamente el parque se iba llenando de vida, la gente lo atravesaba con alegres pasos nuevamente: abuelas con niños cargando bolsas con mercaderías, personas con abrigos elegantes que cruzaban con expresión adusta. Vio a una pareja de jóvenes tomados de la mano, mojados hasta los huesos y riendo de las cosas que se decían en el oído, pero esta vez, Lily Evans no sintió envidia. Sólo le dio envidia un algodón de azúcar que llevaba un niño pequeño.
James, se encontró en la esquina de Clemency Avenue, calle altamente transitada por automóviles, todos los cuales circulaban velozmente tirando el agua acumulada en las orillas de la calle.
"¡¿Precisamente ahora?! Cuando había parado de llover.", pensó al sentir un chorro de agua sucia sobre su abrigo.
James sentía que sus manos se encogían un poco y que su espalda ardía y ya no era tan amplia. A ratos la vista se le nublaba pero aun así pudo ver que al otro lado de la avenida comenzaba un hermoso parque, y que la gente brotaba de él como la hierba en el campo de primavera. Sin saber exactamente por qué cruzó la calle y cuando lo hizo, vio la muerte saludándolo con vehemencia. James, concentrado en un sólo objetivo, no reparó en el semáforo ni la indicación que lo autorizaba para cruzar y casi logra un choque colectivo de los automóviles que circulaban. Pero a él, consternado, no le importaron los insultos ni los gritos de los automovilistas. Si hubiese sido otra ocasión probablemente se los hubiese devuelto, pero está vez se limitó a responderle con un ligero gesto obsceno que hizo con la mano. Y sin perder un segundo más, se adentro en aquel parque, pensó que quizás a Lily le pareciera un buen lugar para estar cuando le invade la rabia o la pena.
Siguió por el sendero principal y todo lo de ahí le parecía tan ajeno. Gente riendo, niños saltando sobre pequeños charcos de agua, y muchas parejas que pululaban casi como lombrices después de la lluvia. De pronto, vio a lo lejos a una mujer con un abrigo rojo, y que llevaba también sombrero, caminando de prisa unos cuantos metros más allá de él. Sin pensarlo dos veces se digirió rápidamente hasta donde ella y cerró su mano sobre el brazo de aquella mujer, la giró y fue tan grande su decepción cuando contempló a una señora de cincuenta años de edad que lo miraba ceñuda.
- ¡Lo siento! La confundí con alguien…
Y la mujer se alejó murmurando palabras como "locos", "violadores" y "asaltantes"; dejándolo más confundido que nunca y más abatido porque cada vez le costaba más tener una visión clara de lo que ocurría a su alrededor.
Cuando Lily volvía con un gran algodón de azúcar a aquel banco que inicialmente ocupaba, vio a James Potter, bueno, a un casi James Potter, tomar del brazo a una señora que usaba una chaqueta roja y no pudo evitar sonreír. Era claro que la había confundido. Se quedó oculta detrás de unos matorrales bajos, sentada en otra banca, viéndolo divertida como se rascaba la cabeza despeinando más aún su pelo mojado por la lluvia.
Lily Evans recordará como una de las mayores virtudes de James, el poder hacerla olvidar cualquier problema o rabia, incluso si él era quien se lo originaba, porque siempre podía hacerla reír, aunque ella se esforzara en disimularlo o simplemente porque jamás lo admitirá. Lo vio apoyar los brazos en el tronco de un árbol grueso y darse cabezazos contra él. Lo vio restregarse los ojos constantemente y caminar de un lado a otro, cruzando varias veces el parque, mojándose los pies al pasar por los charcos más grandes de agua. Lily vio, serenamente, como una gitana se le acercó y le tomó la mano, pero no alcanzó a escuchar lo que le decía.
- Eres un muchacho fuerte y valiente y debes tener paciencia. Aquello que tanto anhelas sucederá con la ayuda de este talismán y ¿Tienes 10 libras?
- No tengo ni un solo galeón.
- ¿Un reloj? ¿un anillo? ¿algo?
- No tengo nada. -Dijo James un tanto desconcertado. -Oye, ¿has visto a una muchacha pelirroj...?
- Ahora que veo mejor tu mano, eres un cobarde y un joven desgraciado. Tú vida será miserable y jamás cumplirás tus sueños…
- ¿Ah sí? Pues yo veo que tú hace mucho tiempo no ves una ducha y…
Cuando a Lily casi no le quedaba algodón y la noche comenzaba a aproximar su nariz por el horizonte, algo dentro de ella se ablandó y cedió como un rio de lava que se desborda lentamente.
- ¡Por fin te encuentro! -Le dijo Lily, tocándole el hombro a James y alejándolo de la gitana, quien quedó murmurando palabras ininteligibles. Un segundo antes que ella posara su mano en su hombro él la había podido sentir, y es que para James el aire cambia de temperatura cuando Lily Evans se acerca, y todo es más brillante, más calido. Más feliz.
Se extrañó de escucharla así: tan dulce y relajada, como si nada hubiese sucedido aquella tarde.
"Creo que Sirius tiene razón. Lily es marciana" pensó.
La miró o eso intentó, es que ya era claro que el efecto de la poción se había acabado y que necesitaba urgentemente sus lentes.
- Vamos, hace frío y tengo hambre. -Dijo Lily, mientras le tomaba de la mano para dirigir su camino. Al llegar a la esquina, le soltó, casi incoscientemente. El contacto de las manos duró un segundo a penas, pero James esperaba como última reacción aquella, es más, se imaginaba que Lily le gritaría cosas horribles, que lo expulsaría de su casa, que lo maldiciese hasta los huesos con algún potente hechizo, o quizás hasta una lluvia de bofetadas. Pero James no estaba preparado para que Lily sostuviera sus manos con sus dedos fríos.
Cruzaron aquella concurrida avenida, y caminaron lentamente por las calles, de vuelta hasta el hogar de los Evans y James se esforzaba por no chocar con los basureros, con las personas, con faroles e incluso con algunos perros.
- Te apuesto a que no ves nada.
- Si veo. -Mintió James.
- Deberías cargar con tus lentes. -Dijo ella sonriendo y le apretó la mano, y tiró suavemente de él hasta que los cuerpos quedaron muy juntos. Lily realmente parecía un perro lazarillo, pero de todas formas James se golpeó la entrepierna con un grifo que no alcanzó a distinguir. -Pareces un topo. Esa manera en que entornas los ojos es muy chistosa.
- ¿Lily?
- ¿Qué cosa?
- ¿Por qué Diggory estaba tan enojado en tu casa?
Ella soltó un poco la mano de él, levantó los ojos hasta el cielo oscuro, pero después la volvió a asir con la misma presión cuando James casi se golpea con un poste de luz que, inconvenientemente, se había cruzado en su camino.
- Otro día te cuento, Potter.
Cuando llegaron hasta la casa, Lily empezó a buscar las llaves dentro de su bolso, sin embargo por más que revolvía las cosas y tanteaba con sus dedos largos, no las encontraba. Dio vuelta por completo el contenido de él, pero de las dichosas llaves no había ni el menor rastro. Estuvo más de cinco minutos con la mano en el timbre hasta que al fin se convenció de que en su casa, al parecer, no había nadie.
- Espérame aquí.
- ¿Dónde vas? Preguntó James y como acto reflejo se desordenó el pelo, tal como hacia cada vez que estaba nervioso o algo le incomodaba.
- A llamar por teléfono. -Respondió Lily, dejándolo sentado en la escalinata de la puerta principal.
- ¿Ah? -Dijo con una mueca de incomprensión.
- Sólo espérame aquí, James.
Durante los breves instantes en que Lily se había marchado, James estuvo casi seguro de que algunos ruidos lejanos llegaban con su rastro lento y amortiguado hasta la puerta. Prestó un poco más de atención, pegó la oreja a la madera y se desengañó. Todo estaba en silencio y al parecer, no había nadie en la casa. Cuando Lily volvió, se sentó junto a él en la escalinata, y traía una expresión de derrota, inusual en ella.
- Mis papás están en una comida y van a llegar tarde. No tienen idea donde puede estar Petunia. Supuestamente debería estar en casa… - James no le contestó nada, sólo trataba de enfocar sus ojos en ella. -Me pregunto que más me puede pasar hoy, es decir, para que sea mi maldito día ideal de mala suerte.-A James le dio la sensación que Lily se sentía incómoda fuera de la casa, como si algo dentro de ella quisiera más que nada entrar a ese lugar. Tenía sentido, porque ambos estaban mojados y tenían hambre, pero los deseos de Lily y la expresión de tortura parecían que se trataba de algo más y precisamente en el momento en que él iba a preguntar, le oyó decir. -Acompáñame, buscaremos algún lugar por donde entrar.
Comenzaron con las ventanas que daban a la calle, las revisaban una por una, esperando que alguna estuviese abierta. Así, rodearon la casa por completo y cuando ya estaban en el patio, Lily intentó entrar por la ventana de la habitación de sus padres, todo inútilmente porque al igual que el resto, también estaba cerrada. Intentó con la ventana de al lado, aquellas cuyas cortinas gruesas estaban cerradas, pero quedaba un pequeño espacio por el cual se proyectaba una luz débil, bailarina.
Lily se asomó, pegó su frente contra el vidrio y puso sus manos alrededor de sus ojos. Vio muchas luces pequeñas que provenían de velas, vio la cama de su hermana y sobre ella Petunia y Vernon desnudos montados en una extraña pirueta.
- ¡Puaj! -Fue todo lo que dijo antes de alejarse de la ventana e irse hacia el final del patio.
- ¿Qué viste?
- Nada muy bonito. Créeme que en este momento hubiese preferido ser yo la ciega y no tú. -James sonrió ante las palabras de Lily.
- ¿De quién era esa habitación?
- De Petunia. Que es un cínica, asquerosa, con estómago de hierro. Y después hay que escuchar los mensajes puritanos que le enseñan en la academia de dueñas de casa. Ay...qué feo. No quiero hablar más de eso, quiero poder volver algún día… -Pero Lily se calló de pronto, ruborizándose. Se sentó en una hamaca que estaba ubicada al final del patio, junto a unos árboles y James se sentó a su lado.
Durante largo tiempo Lily tuvo la mirada fija en el cielo, viendo como las nubes se alejaban rápidamente y dejando ver unas tímidas estrellas que osaban brillar en una noche fría, en cambio James tenía arrugado el entrecejo tratando de observar cada detalle del rostro de ella e intentando ignorar el frío, la ropa mojada y por supuesto, el hambre.
- Lily, yo... lo siento…
- Tú no tienes la culpa de lo que pasó hoy entre Alex y yo. -Interrumpió Lily.
- Pero…
- Pero nada. Alex es problema mío, al igual que el dichoso encantamiento.
- ¿Por qué se enojo tanto cuando supo que yo lo tenía?
- Potter, leíste el libro ¿cierto? -Lily no desviaba su mirada del firmamento, como si estuviese conversando con él y no con James.
- Sí, pero no entiendo porque se enojo tanto…
- Uhm...verás...para hacer ese encantamiento tienes que elegir un acto que implique confianza y el encantamiento se contagió porque lo mismo que hice con él, lo hice contigo, claro que esa vez fue sin intención, yo no quería transmitirte nada...No, eso no. Suena fatal. Lo que quiero decir es que yo no quería hacer un hechizo contigo, sólo quería...
Lily, a pesar de la oscuridad, estaba rojísima y se concentró más que nunca en las formas de las pocas nubes que pasaban sobre su cabeza. James sólo sonrió, ella nunca se había referido al tema, no de ese modo por lo menos.
- ¿Cuál de las dos veces? -Preguntó con una sonrisa traviesa.
- No te pases de listo, Potter. -Respondió Lily sin ser capaz de posar sus ojos sobre él.
- Pero, ¿por qué no lo deshaces y ya? -Dijo impaciente.
- Porque no es tan simple, de hecho es bastante complicado, casi imposible. Además no sé si te diste cuenta pero ese hechizo esta en el capítulo de los hechizos vinculantes. -La voz de Lily sonaba débil, como si se extinguiese en alguna parte de su garganta.
- Sí, sí me di cuenta. ¡No sé por qué tenías que hacer un hechizo vinculante! ¿Cómo lo vas a deshacer?
- De la misma forma en que lo hice. -La voz de Lily se debilitó tanto que las últimas palabras sólo las entendió James porque leyó sus labios. Y en un segundo sus ojos castaños se abrieron por completo, la incredulidad le impedían cerrarlos. La mano en el pelo, un pequeño mohín en los labios y se obligó a preguntar lo que no sabía si quería saber.
- ¿Lily para deshacerlo tienes que volver a acost…?
- Sí. -Interrumpió Lily secamente. -Y para ser franca, no me muero de ganas. -Sonrió tristemente a una nube, que según ella, parecía tener forma de murciélago.
- ¿Y no hay otra forma? -preguntó James con la voz alterada.
- He buscado todo este tiempo, he consultado millones de libros y no aparece nada sobre como deshacerlo. Pensaba que en libro aparecería una manera alternativa, pero tampoco la hay y Dumbledore fue quién me dijo que, quizás, se deshacía del mismo modo que se hacía…
- ¡Pero tiene que haber otra forma! A lo mejor no has buscado bien, quizás en los libros de la sección prohibida... -Dijo desesperado.
- Da igual, no quiero pensar en eso ahora…
James tomó suavemente la mano de ella pero Lily la retiró inmediatamente y ambos se sumergieron en un prolongado silencio. A Lily ya le dolía el cuello de tanto mirar al cielo, así que optó por mirar el suelo, ver el lodo de sus zapatillas. James no veía mucho, sólo veía el pelo rojo de Lily como una gran mancha.
- ¿Sabes, Potter? Sí estoy enojada contigo y con Sirius Black también. Ése ya me debe dos.
- No te enojes con Sirius. De cierta manera lo obligué. Le dije que si no accedía a hacerme pasar por él, le iba a decir a mi mamá que fuera a hablar con la suya. -Lily sonrió, pero se acabó ese gesto cuando le dijo mirándolo directamente a los ojos.
- Odio que me mientan. Realmente lo odio.
- Lo siento, no sé me ocurrió otra forma.
- Odio que me mientan, que me oculten cosas y que me intenten hacer tonta.
Sin pensarlo, ni considerarlo, lo soltó, tan fácil, tan limpio, como quien suelta una respuesta defensiva, o trata de negar un hecho imposible, James sólo lo hizo – Soy un animago no registrado.
Lily se quedó helada ante tamaña declaración, sintió que la saliva le corría más rápido de lo habitual y tragó en silencio, sin parecer afectada.
- ¿Por qué me dices eso? Preguntó, desconcertada.
- Porque tú dijiste que no te gustaba que te mintieran, ni que te ocultaran cosas ni que te trataran como imbécil. Y yo no quiero cometer más errores contigo. Yo quiero hacer las cosas bien ésta vez…
- Es que no hay un "ésta vez" entre tú y yo Potter. ¿Acaso no ves? Necesito primero deshacerme del encantamiento y no sé si quiero…
- ¡Quédate quieta!
- ¿Qué tengo? -Dijo dando un bote y palideciendo, mirándose detenidamente en busca de algo.
- ¡Sólo quédate quieta! por favor. -James se acercó a ella y llevó su mano a la cabeza de Lily, enredó sus dedos entre los cabellos y sacó unas hojas que habían caído sobre ella.
- Pensé que era una araña... -dijo James. A esa escasa distancia Lily pudo ver los ojos de James, mirándola atentamente, pudo ver por primera vez de un modo detallado como eran sin esa coraza de los lentes. Se fijó en las espesas pestañas que cubrían sus párpados y la manera como se curvaban en la punta. Vio el brillo especial que tenían sus ojos; era un brillo coqueto, alegre, juguetón y hasta maldadoso. Pero no logró ver nada más porque la boca de James pegada en la suya le robó la concentración. Fue un beso veloz, pero no por eso menos dulce. Sin embargo James se retiró volviendo a su posición original, visiblemente arrepentido y la voz de Lily lo hizo voltear.
- ¡Quédate quieto!
- ¿Qué haces? -Dijo confundido al ver a la chica acercarse.
- Nada, sólo quédate quieto.
Y tras estas últimas palabras Lily lo besó de lleno en los labios. Y por un instante las respiraciones se mezclaron, la saliva y la nariz fría de James rozaron la piel pálida de Lily.
Fue en palabras de James "el beso del siglo", "el mejor beso de mi vida de no ser por esa… "
- ¡Ay! -Se quejó Lily cuando una lechuza le golpeó por segunda vez en la cabeza. Ella se incorporó y miró detenidamente al ave. No la conocía, aun así tomó el pergamino que traía y lo desenrollo velozmente, mientras James todavía viajaba por alguna galaxia desconocida.
Ella leyó silenciosamente:
Señorita Lily Evans:
Sé que usted es la organizadora de la cena de los Premios Anuales de Hogwarts que se realizará este año. Este pergamino es una manifestación de descontento porque mi invitación aún no ha llegado considerando la proximidad de la celebración.
Sin embargo, quiero que quede clara mi asistencia a dicho evento.
Tom Riddle.
Nota de Autora: Lo siento, lo siento, lo siento. Juro que lo intenté pero mi familia conspira en contra mio. Fui la esclava hogareña para las fiestas de fin de año. Ahora, en serio, no fue para tanto, pero sí se me hizo imposible corregir los capítulos más rápido. Tengo dos, porque me daba verguenza llegar sólo con uno. Lo siento mucho. Trataré de traer pronto los que siguen, para suerte de ustedes, estos capítulos no necesitan tanto arreglos.
Los reviews los contesto luego...Ni siquiera he tenido tiempo para eso y me siento fatal por ello. No merezco tanto cariño.
Sin embargo, espero que disfruten los capítulos y que hayan tenido listas fiestas, sino fue así, qué pena. Pero ¡Vamos! Tenemos todo un año por delante y que promete. Así que 2009, préparate para nosotros.
Besos y muchas gracias por todo.
