Capítulo Veintidós: Dagas Envenenadas.

"¿Tom Riddle? ¡Ese es él que no sabía si estaba vivo o muerto!", pensó Lily inmediatamente al ver quien firmaba dicha nota. Se quedó vagando en sus pensamientos, que no paraban de asaltarla "¿Y cómo supo del baile si no encontré ni pista de él? ¿Cómo supo que yo soy quién lo organiza?"

Las dudas eran muchas y es que ella no había logrado obtener información de él después de salir de Hogwarts, pese a sumergirse todas las tardes en la biblioteca en busca de alguna señal de Tom Riddle. Sin embargo jamás le había preguntado al director, porque la vergüenza todavía la consumía cuando recordaba la última "conversación" que había mantenido con él, en ese dialogo en que le había contado de forma involuntaria que había hecho con James Potter en aquella sala.

"¿Por qué esa sala se convirtió en eso?", pensó Lily mientras seguía sentada en esa hamaca, balanceándose suavemente, muerta de frío y de hambre y con un James que aún no volvía del planeta "Lily me besó."

Pero el milagro ocurrió, una luz anaranjada se proyectó en el patio porque la puerta trasera de la casa de los Evans se abrió. A través de la cálida luz se veía la silueta recortada de una joven envuelta en un gran trozo de tela. Cuando Lily reparó en ella, notó que era la bata rosada de su hermana y que ésta estaba muy despeinada. Lily abrió la boca, para llamarla, pero la voz no le salió cuando vio que su hermana expulsaba a Romeo con una fuerte patada que le prodigaba en medio de su barriga.
Lily al contemplar la escena, se paró rápidamente de la hamaca, cruzó los prados gritándole a todo pulmón a su hermana, quién no se detuvo un sólo segundo a escucharla. Entró a la casa con pasos agigantados tras ella, logrando alcanzarla en la cocina.

- ¿QUE CREES QUE HACES, INSENSIBLE? -Gritó, completamente fuera de sí.

- Nada. Esta bestia no paraba de chillar. -Dijo Petunia, intentándo quitarle importancia al hecho.

- ¿Y PARA ESO TENIAS QUE GOLPEARLO, IDIOTA? -Pero la pregunta que quería gritar era otra. "¿Estás segura que era Romeo y no Vernon el que chillaba? Sin embargo, lo considero muy bajo y cruel.

- Yo no tengo por qué cuidarlo. Este engendro no es mi responsabilidad. -Y tras agregar esto, Petunia miró a su hermana y a su perro con un gesto de desdén.

James que aterrizó forzosamente de su planeta ante los gritos de Lily, la siguió inmediatamente por el patio y por poco no cae a la piscina vacía que casi no alcanzaba a distinguir. Al notar que el perro de Lily le seguía cojeando y quejándose con entrecortados aullidos, comprendió la situación. Las alcanzó en la cocina y contempló la escena, reflejándose en el rostro del muchacho el espanto que le producía ver a Lily completamente fuera de sí.

Las luces azules volvían a ella con una intensidad comparable a las que le vio después de la charla en la cocina con Alex Diggory. Sus ojos centellaba, lanzando dardos envenenados a su hermana quien no borraba de su rostro esa expresión de asco y repulsión que le generaba tanto Lily como su maltratado perro.

- Y no me mires así. Si estuvieses aquí en vez de haciendo quizás que cochinada con cada tipo que se te cruza... -Le dirigió una mirada furtiva a James. - ...Quizás podrías atender a tus mascotas. ¡Deberías agradecer que no lo lancé a la calle! Porque ganas no me faltan, pero tú no tienes ningún reparo en desfilar por casa con tanto tipejo como se te pla… ¡Ay, idiota!

Pero Petunia no pudo terminar sus descargos, porque Lily se arrojó y lanzó un puñetazo que aterrizó en la cara de su hermana. Los ojos de Petunia se inundaban en lágrimas que no tardaron en florecer, mientras gritaba, afirmándose con una temblorosa mano su huesuda cara - ¡Ésta me la pagas! ¡Maldita anormal! ¿cómo te atreves…?

- ¡Estoy cansada que me digas "anormal"! -Espetó Lily, casi en un susurro, pero esto no era reflejo de su ánimo ya que el enojo a Lily no se le pasó con un simple puñetazo, su pecho subía y bajaba rabiosamente, las aletas de su nariz se dilataron y sus ojos verdes esmeralda brillaban con un nuevo fulgor.

Un mueble de la cocina tembló ligeramente dando paso al sonido de unos rasguños atemorizantes contra la puerta del mismo, como si dentro de ellos vivieran criaturas hambrientas. Sin saber por qué, James abrió la puerta de aquel mueble, dejando escapar una horda de ratas grandes, gordas y de cola muy larga que enfilaron su rumbo hacia Petunia, quien huía despavorida de la cocina perdiéndose hacia su habitación.

- ¡A ver si así aprendes a tratar a los animales! -Gritó James con una sonrisa en la cara, mientras Petunia arrancaba desesperada.

Lily se agachó al ver a su perro en sus piernas, Romeo la miraba con agradecimiento, como si supiera que lo había defendido. Ella lo acarició, sin importarle los gritos de Petunia y de Vernon que llegaban como eco a sus oídos. Sólo le importaba que su perro estuviera bien.

O sólo le importó hasta que escuchó la puerta principal de la casa abrirse y las voces alegres de sus padres llamarla a ella y a su hermana. Petunia gritó de vuelta, llamando a sus padres para que fueran a ver el desastre que su hermana ocasionaba en su habitación.

James se sentó en una de las sillas del comedor de la cocina, tan quieto como tratando de hacerse parte del paisaje, se sentía un intruso, ajeno a la disputa que se llevaría en esa casa y también pensaba en lo que le venía a Lily con sus padres.

Tras unos minutos silenciosos, durante los cuales ella permaneció acariciando el pelaje claro de su perro, un hombre alto y elegante, cuyo rostro estaba surcado por leves arrugas apareció detrás de ella y le preguntó.

- Lily ¿Tú hiciste eso?

Ella alzó la mirada al rostro inescrutable de su padre y con una voz clara contestó – Si, pero no fue intencional, Petunia tiene la culpa, ella...

Su padre sonrió maravillado y le preguntó ansioso.

- ¿Puedes aparecer unos peces tropicales? Siempre he querido tener algunos, pero tu madre no me deja, tú sabes que no le gustan.

Pero Lily no pudo responder a la petición de su padre porque una lechuza entró rápidamente por la chimenea produciendo un gran escándalo. La plomiza criatura, a causa de las cenizas, se dirigió a Lily, quien después de leer presurosamente su contenido, hizo notar en su rostro que no le agradaba nada recibir una amonestación del Ministerio.

Le contó a su padre que había sido magia accidental, y que de igual modo la reprendían por eso, puesto que ella debería saber controlarla y que por lo mismo vendría alguien del Ministerio de Magia a deshacer el encantamiento, pues ella no podía seguir haciendo magia y menos enfrente de muggles.

El timbre de la puerta sonó casi al instante que Lily terminó de explicarle a su padre el por qué de esa lechuza, y fue a contestar para encontrarse tras la puerta a Fabian Prewett, antiguo amigo de Hogwarts, quien la miró con asombro.

- Hola...¡Lily! ¡No sabía que eras tú quien me hizo desviarme, me imaginé un niño de primero! -Dijo con una mezcla de burla y alegría en su rostro.

- Y yo no sabía que tú estuvieras trabajando en el Ministerio. -Respondió ella invitándolo a pasar a la casa con un gesto de mano.

- Vengo a romper su varita señorita Evans. -Dijo Fabian una vez en el recibidor, con un tono serio y formal que hizo palidecer a Lily instantáneamente.

- Pero… ¿Cómo? ¿Por qué? Si ni siquiera fue un maleficio imperdonable para que valiera la pe…

- ¡Me estoy quedando con tu varita, Lily! -Dijo tras una fuerte risotada.

- ¡Arg! -Pero pese al mal rato no pudo evitar sonreírle al chico pelirrojo y lleno de pecas que estaba con ella. -Sígueme y no te burles más de mi. O yo me quedaré con algo más de ti...-agregó sardonicamente.

Fabian al seguir a Lily, se encontró con el padre de la muchacha y con James Potter, quien había creído ser completamente invisible. El joven saludó cortésmente al padre de Lily y a James con extrañeza.

- ¡Vaya, Potter! ¿Qué haces aquí? -Preguntó Fabian

Pero Lily contestó por él –Mejor no preguntes. -Y sosteniendo al joven mago del brazo lo condujo a la habitación de su hermana, en donde estaba ella y Vernon arriba de un escritorio rodeados por ratas de gruesa cola, haciendo un gran espectáculo de equilibrio y la mamá de Lily intentando calmarlos infructuosamente.

A Fabian sólo le tomó unos segundos que la horda de ratas rabiosas volvieran a trasformarse en inocentes tazas de té. Petunia abrazaba a Vernon y lloraba sonoramente en su hombro mientras la mamá de Lily recogía una taza para contemplarla, es que estaba impresionadísima, sus tazas con las que desayunaba cada mañana eran las ratas furiosas.

Fabian con una sonrisa picara en los labios dijo a Lily – Alex no me dijo que se te daba tan bien transformaciones.

- No se me da tan bien. -Dijo en un murmullo que Fabian pudo oír claramente.

- Pues creo que MacGonagall hubiese dado mínimo 50 puntos para Gryffindor por cada taza. Y ahora que deshice el truco, toca romper tu varita. -Dijo guiñándole un ojo mientras la seguía fuera de la habitación. Lily jamás pensó que la amonestación del Ministerio pudiera serle tan agradable, hasta que recordó o mejor dicho le recordaron el por qué se conocían.

- ¿Y Alex?

Lily miró al chico de ojos castaños con duda, no sabia que contestar, si decir que lo había visto aquella tarde o responder que habían terminado meses atrás o que simplemente que no quería hablar de eso. Pero la duda se reflejo en su perlado rostro y el chico comprendió que en ese tema era mejor no ahondar. Sin embargo Lily fue quien siguió adelante.

- ¿Qué sabes tú? -Preguntó suavemente.

- No mucho, no lo veo desde que egresamos. Después yo entré a trabajar y no he sabido nada más de él aparte que está estudiando Medimagia ¿Por qué? No me digas que cortaron Lily porque…

- Sí, hace meses que ya no estamos juntos. -Contestó Lily con una sonrisa suave, intentando hacer más liviano el tema.

- ¿Por qué? Si eran…

- …el uno para el otro. -Completó ella. -Sí, yo alguna vez también creí eso. Pero no era así…Supongo que él está destinado a otra persona.

- ¿Y tú no?

- Sí, supongo que tarde o temprano Dumbledore se dará cuenta que soy lo mejor que le puede pasar. -Comentó completamente seria. Lo dijo tan francamente que tardó unos momentos en comprender por qué el chico que tenía frente a ella estaba conteniéndose una carcajada que le hacia enrojecer sus mejillas, y cuando lo comprendió, los dos terminaron con lágrimas en los ojos por causa de la risa.

El señor Evans había permanecido en la cocina con James, estaba sentado tranquilamente al lado del chico, leyendo un diario viejo y pasando las hojas con desinterés. No paraba de dirigir miradas rápidas a su silencioso acompañante. Pero la duda era más grande y ya casi explotaba de la curiosidad de modo que sin rodeos, le preguntó.

- Disculpa, pero ¿tú quien eres? -lo dijo con la voz fría, casi desesperada por una respuesta que lograra ser lógica.

James lo miró extrañado, no comprendía la pregunta, es que acaso a ese hombre se le había olvidado que él había estado casi una semana en su casa compartiendo en las cenas y comentando las noticias del mundo muggle.

- Soy Sirius Black, compañero de Lily en Hogwarts. -Respondió con voz cansina.

El señor Evans arrugó la frente, como si la respuesta lo desconcertara. Ése no era Sirius Black, claro que no. El otro chico era un poco más alto, tenia los ojos distintos y era un poco más fornido.

- No, no lo eres. ¿Por qué te llamó Potter aquel chico que está con Lily?

James palideció de pronto. Se había olvidado que el efecto de la poción había acabado y que no habían hablado con Lily sobre su situación en la casa de los Evans.

¿Qué sucedería ahora con Lily? "Seguro que me corre de su casa", pensó. "Aunque me besó en el jardín" " ¿Y si ya descubrió que soy el mago de sus sueños?" "¿Y qué le digo a mi suegro...es decir, al señor Evans?"

Sentía la mirada inquisidora del hombre sobre él. "Vamos, James inventa algo, tú eres bueno en esto", pero por más que se esforzaba, ninguna idea llegaba a su cabeza.

Quien si llegó a la cocina, después de despedir a Fabian, fue Lily. Traía una sonrisa sincera en la cara, los ojos brillantes y bailarines como si recién hubiese llorado y una expresión en el rostro un tanto taciturna.

- Lily, hija ¿Quién es éste chico?

- ¿Ah?...¿El?...Uhm...Es James Potter. -Dijo sin prestar atención a su padre ni al chico, aún se reía de sus intenciones con Dumbledore reveladas a Fabian quien, por suerte, las tomó por broma.

Con el sonido de la puerta principal, al marcharse Vernon, Lily salió de su estupefacción. La cara del señor Evans se transformó en una mueca burlona, casi malvada después de observar a aquel muchacho palidecer tras la respuesta de su hija. Y abrió la boca para decirle algo a Lily, pero no logró decir palabra alguna pues su señora y su otra hija, que aún gimoteaba, llegaron al umbral de la cocina.

- Lily ¿puedes acompañarnos a la sala por favor? -Dijo su madre secamente.

- Sí, claro. -Antes de lograr articular tales palabras, tuvo que tragar trabajosamente un nudo que se formó en su garganta al notar la pregunta de su padre, la respuesta que ella le dio y la actual expresión de él en su rostro. Miró fugazmente a James antes de salir de la cocina, estaba aterrado, se quedaría solo con su padre, y seguramente, sin saber qué contestar, ni cómo comportarse con aquel hombre que le dirigía curiosas miradas.

Cuando Lily llegó a la sala, notó el rostro fruncido de su mamá. Se sentó junto a ella, lejos de Petunia que la miraba destilando rabia hasta por los poros. Sin embargo ella no se daba por aludida.

La señora Evans miró a sus dos hijas y preguntó.

- ¿Qué ocurrió ésta vez? ¿Acaso no podemos salir con su padre porque no sabemos que encontraremos cuando volvamos a casa?

- ¡Mamá, ésta anormal es una bestia! Me pegó un puñetazo, la muy bruta…

- ¿Y por qué no cuentas que le pegaste a Romeo una patada en la barriga sólo porque se te antojó? Sin mencionar que no que me abriste la puerta y estuve afuera, no sé cuanto rato, muriéndome de frío.

- ¡Chicas! -Cortó la pelea la señora Evans. -Petunia ¿por qué le pegaste a Romeo?

- Porque me tenía harta. Me tenía cansada que llorara toda la tarde...Desde que llegué a casa esa maldita bola de pelo gimoteaba. Pero Lily es demasiado especial para ocuparse de sus mascotas, ella puede salir a pasearse con cuanto tipo se le antojé y que el resto cuide sus cosas, ¿cierto?

- No me andaba paseando con cuanto tipo se me antoje y si dejé a Romeo aquí es porque afuera llovía demasiado y… yo...yo necesitaba pensar…y… no me acordé de él, -Agregó con un deje de tristeza en su voz. – O sino hubiese buscando alguna solución para no importunarte.

- Lily, ni a mi ni a tu padre nos importa cuidar de Romeo, y estoy segura que a Maggie tampoco, pero no deberías haberlo olvidado. El depende de ti, te necesita y no puedes desatenderlo. -Todo esto lo dijo suavemente, como tratando de que no sonara a reprimenda. Dirigió sus ojos hacia su otra hija y dijo en el mismo susurro. –Sin embargo Petunia, eso no te da derecho a que vayas por la vida golpeando o tratando mal las cosas que te molestan... con tan sólo haberlo dejado en el jardín era suficiente, no eran necesarios los golpes. ¿O acaso yo debería golpearte a ti también cuando haces cosas que me molestan?

Petunia bajo la mirada avergonzada, sin embargo la alzó nuevamente con ímpetu para reclamar.

- Ella me golpeó. Me pegó un puñetazo en el rostro, me va a quedar un moretón mamá. ¡Mira como tengo la mejilla!

- Lily ¿Por qué le pegaste a tu hermana? Si ella maltrato a tu perro, tú no puedes hacer lo mismo con ella…

Lily respiró hondamente antes de contestar – Porque me dijo que yo andaba revolcándome con cuanto tipo encontrara en vez de cuidar a Romeo.

- Oh, ¡Qué gran mentira! Si casi te traes uno distinto cada día…

- Yo no me traigo uno cada día, ¡estúpida!

- ¿No? Preguntó irónica.

- Por supuesto que no. Contestó la pelirroja rápidamente.

- ¿Y quién es ese que esta en la cocina ahora entonces? -Dijo triunfante.

- Ése es el mismo que ha estado toda la semana conmigo, tonta…

- ¿Si? Y yo soy la vocalista de ABBA. -Dijo Petunia, pero fue la mirada severa de su madre la que cayó sobre ella la que la hizo detenerse.

- ¡Petunia! Ha sido suficiente, creo que yo también te hubiese golpeado si te refieres de esa forma a mi. Lily es tu hermana y merece respeto. Ahora pídele disculpas.

- Pero ¿por qué? Si ella me golpeó...Claro, pero la señorita perfecta, la hija soñada puede repartir golpes por la vida y uno termina siendo la equivocada.

- Discúlpate con ella, Petunia y tú Lily debiste haberte contenido hasta que llegaramos nosotros para tomar medidas, pero si tomas la justicia por tus manos, ahora nosotros no podemos hacer nada.

- No, no hace falta que hagan nada, yo ya me siento satisfecha y no quiero las disculpas de Petunia porque si la obligas no sirven de nada, en el fondo no lo siente.

Rose miró detenidamente a sus dos hijas, se masajeaba las sienes con las manos y tenía el rostro abatido. Que sus hijas fueran incapaces de compartir una semana en paz, era algo que le partía el corazón, que fueran incapaces de respetarse y de demostrarse el cariño y amor que sentía la una por la otra. Ella lo había intentado todo, Lily parecía ceder a ratos pero Petunia insistía en poner barreras tras ella y no dejar entrar a su hermana en su vida, sino por el contrario, alejarla cuanto más pudiera. Respiró profundamente, mientras las chicas permanecían en silencio evitando cada una la mirada de la otra, y sin atreverse a mirar a su dolida madre.

- ¿Lily, quién es el chico que está en la cocina?

- Es el mismo que ha estado toda la semana, sólo que una poción modifico su apariencia.

La respuesta de Lily era poco creíble, pero sólo para aquellos que desconocieran que ella era bruja. Su madre se dio por satisfecha y se avocó al tema que realmente le importaba.

- Ahora, ¿Qué es eso de andar "revolcándose"? ¿Se refieren a relaciones sexuales?

- Mírala a ella. Ella es la que cree que nuestra casa es residencial de…

- ¡Petunia! ¡Basta!...Yo me refiero a otra cosa, o acaso crees que no me he dado cuenta como andas vestida, o mejor dicho como no andas vestida, sin agregar que tu cama estaba revuelta, y tu habitación aparte de ratas estaba llena de velas pequeñas.

De inmediato los rostros de Petunia y de Lily se sonrojaron. El de Lily por intentar reprimir una carcajada al recordar lo que vio por la ventana del cuarto de Petunia. Y el de esta última porque tenía que darle una explicación a su madre.

- ¿Qué ocurrió entre Vernon y tú?

Petunia se hacia cada vez más pequeña en el sillón de la sala y parecía haber enmudecido para siempre.

- Chicas, yo sé que las dos están en una etapa especial, pero deben ser cuidadosas con cómo desarrollan su sexualidad. Me imagino que ninguna de las dos quiere un embarazo, y a decir verdad, ni yo ni su padre tampoco lo quiere. No todavía, al menos y sin contar el riesgo de alguna enfermedad. Y tampoco creo que quieran los daños emocionales que puede provocarles el sexo ocasional, pueden salir muy lastimadas si pretenden más que eso y no se concreta nada como resultado.

- ¿Sexo ocasional? Yo no soy de ese tipo mamá, está plática dásela a Lily, no a mi…-Comentó Petunia.

- ¿Y por qué a mi? -Dijo Lily acaloradamente.

- Porque tú eres de las que debe tener sexo ocasional, tú eres quien no tiene una pareja estable, porque eres tan tonta que desesperas hasta al hombre más paciente…

Y ahí iba Petunia, de nuevo. Pasando el dedo por la herida, de manera lenta e insistentemente. Y Lily sin poder evitarlo pensó en su vida sexual, en las palabras de su madre que las sentía demasiado tardías, en cómo su vida se había vuelto un lío desde que su novio la dejó, en que se habia acostado con Potter, en cómo terminó su conversación con Alex en la cocina y en lo cruel que podía ser su hermana. Se sentía sobrepasada, era demasiado para un solo día, los ojos le ardían y no quería pestañar porque sabía que si lo hacia las lágrimas iban a escapar y ese era un gusto que no le daría a su hermana. Levantó los ojos y miro fijamente a Petunia.

- Mejor cuéntanos que pasó entre Vernon y tú. -sonrío mordazmente. -¿Sabes? Mejor no me cuentes nada, porque si me lo dices creo que jamás podré volver a tener sexo ocasional con alguien, me crearás un trauma de por vida. Y con lo mucho que me gusta revolcarme con el que se me cruce... ¿Crees que tengo posibilidades con el cartero? Sí, ese chico alto de ojos verdes que espías cada vez que puedes por la ventana…

- Lily…-Susurró su madre con tono de advertencia.

- ¿Me puedo ir a mi cuarto? No tengo ganas de seguir escuchando las idioteces de Petunia.

La madre de la chica asintió levemente, quedándose a solas con una Petunia, quien volvía a gimotear en el sillón mirando con furia a su hermana.

Lily llegó a su habitación, se acostó inmediatamente cubriéndose con las frazadas hasta la cabeza y acurrucada en la cama pensó en todas las personas que estaba empezando a odiar, comenzando con Alex Diggory y terminando con Petunia sin pensar en James que estaba sufriendo su propia tortura en la cocina con el padre de la chica.

Porque Alfred Evans, podía ser muggle, pero no tonto. El chico que tenía enfrente de él, no lucía como Sirius, y tampoco respondía al mismo nombre.

- ¿Entonces quién eres?

James no tenía clara cual era la respuesta que podía dejar tranquilo al señor Evans. Recordó que Prewett y Lily habían dicho que era James Potter, así que desistió de la mentira.

- Soy James Potter.

El Señor Evans sonrió con suficiencia y preguntó.

- ¿Y qué haces en mi casa?

James sentía que toda la sangre se iba de su cerebro, que no era capaz de reaccionar y la expresión en el rostro del padre de Lily no le gustaba nada. No estaba enojado, pero parecía burlarse de él.

- Ya sabe, Lily me va a acompañar a ver unas cosas que quiero comprar.

- Pero ¿Quién quería comprar algunas cosas? ¿Tú o Sirius?

- Yo.

- Y ¿Por qué antes lucías diferente?

- Porque me tomé una poción que modificaba mi apariencia. -Contestó rápidamente James.

- ¿Por qué tomaste una poción para modificar tu apariencia? -El señor Evans alzaba una ceja y la sonrisa de medio lado se acentuaba cada vez más.

- Porque…porque era…una tarea para el colegio.

- ¿Sí? ¿Y por qué te hiciste pasar por alguien que no eras? ¿O también era parte de la tarea? -A James no se le ocurría nada lo suficientemente bueno para mentirle al padre de Lily y que éste se lo creyera. Ante el silencio de James, Alfred continuó. - ¿Hace cuánto tiempo sabe Lily que tú no eres Sirius y que eres James?

Nuevamente el silencio de James, sin color en su rostro, sintiendo que los ojos del señor Evans lo penetraban, tratando de descifrar cualquier gesto.

- Yo tengo una teoría. -Dijo Alfred. – A ti te gusta mi hija...-Concluyó casi soltando una carcajada.

- No es cierto. ¿Por qué dice eso? -Contestó rapidamente James

- Porque, verás, creo que mi mayor capacidad es mi memoria, y recuerdo perfectamente que cuando veníamos de camino a casa, después de ir a buscarlos a King Cross, tú le dijiste a Lily que ella debería salir con un tal James Potter y también dijiste que era tu mejor amigo y que era buen alumno, buen deportista, simpático y etc. ¿Por qué te haces publicidad si no te gusta mi hija, entonces?

James se transformó en la versión viva de Nick casi decapitado, estaba tan pálido que lucia casi transparente, y sentía como un sudor frío le cruzaba la espalda. El señor Evans se carcajeó estrepitosamente, mientras se sacaba la corbata. El chico que tenía enfrente estaba perplejo con sus deducciones. Cuando se tranquilizó, miró al chico aún divertido con la situación y le dijo – Supongo que Lily sabe que a ti te gusta, las chicas suelen ser más perceptivas en esos temas. ¿Cómo te va con ella?

- Mal. Me ignora olímpicamente. -Dijo James molesto a causa de las burlas.

- Quizás no está bien que yo diga esto, pero que no te haya corrido de la casa es un gran avance. Créeme, ella tiene el carácter suficiente para lanzarte a patadas a la calle. No se enoja nunca, pero cuando lo hace, es un peligro público. -Respiró con fuerza y terminó de sonreír para agregar en voz cómplice - ¿Sabes cómo le fue con Alex?

- No mucho. Sólo sé que discutieron.

El señor Evans miró directo a los ojos a James, él se sentía siendo devorado por los ojos de Lily, cosa que no le ayudaba en nada.

- ¿Discutieron? ¿por qué?

James se movió en la silla, incómodo, no le hacía ninguna gracia seguir mintiéndole al padre de Lily, pero tampoco podía contarle la verdad.

- No sé, no escuché y Lily no me contó nada. -Respondió con voz firme.

El padre de Lily, se levantó de su asiento, sonrió a James y le dijo – Mucho gusto, entonces, James. Siento no poder ayudarte, pero mi hija es grande y hace rato decide por ella misma. Buenas noches y descansa.
Y dejando totalmente consternado al muchacho, el señor Evans se fue a acostar riéndose aún de él.

James Potter se fue a acostar, se sacó la ropa húmeda y la dejó en un rincón de la habitación, se enfundó en su pijama y se acomodó entre las sábanas. Después de girar muchas veces sobre si mismo descubrió que no podía dormir, sin saber cuánto tiempo permaneció de este modo.

Buscó sus lentes en la oscuridad y se los puso, la casa estaba extremadamente silenciosa, no se oía ni siquiera el viento del exterior que agitaba los árboles violentamente.

Se levantó de la cama y se dirigió a la ventana. Contempló el patio de la casa, perdió la mirada en los objetos indefinibles que se ocultaban bajo el manto de la noche y su mente se fue directo a aquella hamaca que reposa tranquila al final del jardín, en aquel lugar donde Lily lo había besado y se preguntaba qué hubiese sucedido si no lo hubiese jamás llegado aquella lechuza molesta. "Ella está cediendo, casi se está rindiendo" pensó mientras una leve sonrisa cruzó su rostro.

De pronto, vio una lechuza, como un fantasma, asomarse al balcón que estaba al lado de su ventana. La ventana de Lily específicamente. Y escuchó al ave golpear el vidrio con su pico. Tras unos momentos la luz de la habitación contigua iluminó el patio y James escuchó el ruido ronco que generaba Lily al abir la ventana, dejando entrar a aquella lechuza.

Se quedó petrificado, expectante, tratando de descifrar que sucedía.

Lily volvió a abrir la ventana para que la lechuza se fuera y James se fijó si tenía un nuevo pergamino atado a la pata, pero estaba casi seguro que no.

Decidió ir a ver a Lily y tenía la excusa perfecta. Tenía hambre. Su estómago no dejaba de emitir quejidos roncos, gruñidos que nacían en sus tripas vacías. Y James salió de la habitación silenciosamente y fue a la cocina, se hizo un sándwich con extrema cautela de no emitir ruido alguno, puesto que, al parecer, todo el resto de los habitantes de aquella casa dormían.

James esperaba que Lily no lo hiciera. Que tuviera sus ojos abiertos de par en par, tal como él. Caminó suavemente, rogando porque nadie se aproximara y le sorprendiera, porque Lily no estuviese dormida, porque Lily no le rechazara. La alfombra, que se extendía por el pasillo, silenciaba cada uno de sus pasos.

Se detuvo frente a la puerta de la habitación de Lily y se quedó ahí por unos segundos, tratando de escuchar cualquier sonido que escapara de aquella habitación. Pensó en lo cerca que la tenía y en lo lejos a la vez. Si tenía que evaluar su situación con ella, se le hacía tremendamente difícil calificarla. No eran amigos, no eran novios, sólo eran compañeros de casa en Hogwarts, y que ocasionalmente se besaban. Aunque eso de ocasionalmente, correspondían a deslices de ella. Y que con suerte se reducían a tres.

Tomó el frío pomo de la puerta con la mano temblorosa, y dudó de cada movimiento de sus músculos. Abrió la puerta lentamente. La habitación estaba a oscuras, sólo iluminada escasamente por la luz de la noche que entraba a través de la ventana. Las cortinas abiertas de par en par provocaban que la silueta de Lily pareciese un dibujo, y ella parecía una princesa presa de un sueño sin fin. Envalentonado por la inconciencia de Lily, se acercó hasta su cama sólo para verla dormir, se conformaba con aquello, y quizás imaginar que él podría estar en uno de sus sueños.

Sin embargo, Lily se giró con los ojos abiertos y cuando lo vió al lado de ella frunció el ceño un segundo y después le miró con una expresión indecifrable.

James sentía que el corazón se le iba a salir del pecho si seguía palpitando con aquella intensidad. Observaba a quién sentía su último reto, a esa persona que no podía sacarse de su cabeza ni siquiera un segundo. Al único ser que recordaba hasta con los ojos cerrados y al sentir sus ojos verdes sobre él, como trozos de vidrios rotos, temía que ella le desnudaba el alma, el cuerpo y la piel con sólo eso.

Se sentía extasiado, casi podía recordar como sus labios le tensaban cada músculo, y sus manos frías se enterraban en su piel como dagas envenenadas, que le llenaban la sensaciones raras: sufría de hambre, sufría sed, algo cálido mezclandose en un mar helado, algo que provocaba que olvidara cuál es la posición normal de las manos. Algo que hacía que él deseara morir una y otra vez así, fundiéndose eternamente en esa mirada cristalina.

De pronto, Lily sonrió de medio de la oscuridad, se llevó un dedo a la boca, indicándole que no hiciera ni el más mínimo ruido.
¿Quién podía pensar que ella fuera capaz de mirar con aquella intensidad? Como una villana que se disponía a torturar a alguien, como un demonio tentando a alguien a entregarle su alma. Y sólo buscando la muerte de quien tenía enfrente.

James, no recuerda en qué momento exacto se aproximó hasta ella y la besó desesperadamente, casi con furia, tratando de buscar en sus labios algo, rasgándolos y penetrando entre ellos su lengua.

Sin embargo, abruptamente, Lily lo empujó con fuerza hacia atrás y lo tomó de la mano mientras que con la otra lo hacia callar una y otra vez. Suavemente lo metió dentro de su closet cerrando la puerta y poniendo el cerrojo de ésta. Se acostó, cubriéndose hasta el cuello, cerrando los ojos y tratando de serenar su respiración. De pronto, la puerta de la habitación se abrió nuevamente, sólo unos segundos más tarde, su padre entró hasta el cuarto de su hija menor. Por el tambaleo de sus pies se notaba que caminaba somnoliento, acomodó las frazadas, acarició su cabellera roja y se marchó, con el mismo paso adormilado, luego se oyeron ruidos en el baño y después una puerta, probablemente la de su cuarto, cerrarse nuevamente.


Nota de Autora: Trataré de apurarme. Sé que no puedo cumplir dos años con este fic. Y pienso en eso cada noche, me crean o no. Pero ahora realmente falta poco. Es decir, cerca de ocho capítulos. Y eso es algo que me hace muy muy feliz. Sé que esto equivale a darles agua a un deshidrato con un gotero, pero es lo más que puedo hacer por el momento. Disculpenme, me hubiese gustado empezar el año con algo "nuevo", pero quién sabe. Una noche puedo sorprenderlos.

Gracias por la compresión. Y por la paciencia.

Nos leemos pronto, o eso espero.

Un beso enorme.