Capitulo 23: Juega, Lily, Juega

Lily se quedó acostada hasta que estuvo segura que su padre había vuelto a la cama. Ella lo conocía lo suficientemente bien para saber que todas las noches, cerca de las tres de la mañana, pasaba por su habitación y por la de Petunia sólo para ver como dormían. O para abrigarlas, porque él también sabía que se descubrían a media noche. Es por eso que cuando ella sintió unos sutiles pasos adormilados transitar por el pasillo, supo que tenía que hacer algo para resguardar la integridad física de James. Pero cuando el silencio de la noche volvió a llenar sus oídos, se levantó cuidadosamente, abrió la puerta del closet y con un susurro casi inaudible, le dijo a aquel chico oculto entre sus ropas.

- Mi papá ya se fue a acostar, así que ahora te puedes ir a dormir. ¡A tu cuarto! Y vete lo más silenciosamente posible. No me gustaría tener que dar explicaciones de este tipo.

Pero James, escondido entre aquellas prendas, parecía que no la oía o que no le interesaba lo que ella podía decirle, menos aún si tenía los ojos llenos de furia. Y con un movimiento rápido la tomó de la cintura, atrayéndola hacia él.

- ¡Potter! Esta vez no estoy ebria, ni tengo que cerrarte la boca, así que ni siquiera lo intentes.

- ¿O qué? Preguntó desafiante.

- O me pongo a gritar.

- No serías capaz. -Contestó James, con una sonrisa dibujada en su rostro mientras sus ojos bailaban con un extraño brillo.

- ¿No me crees? Entonces mira ésto. -Dijo más desafiante aún.

Lily tomó aire profundamente: era una de esas inhaladas que hacen que se te eleven los hombros. Toda su actitud denunciaba que en cualquier momento se largaba a gritar, sin embargo, antes de articular palabra alguna, los labios de James pegados a los de ella, enmudecieron todos sus intentos.

La apretó más contra su cuerpo, buscando alguna señal, algo que le dijera que ella quería eso tanto como él, pero Lily se resistía a ese beso y puso sus manos en el pecho de James, tratando de separar los cuerpos. Gesto que él respondió, envolviendo el pequeño cuerpo de Lily con sólo uno de sus fuertes brazos y con el otro, retenía su boca presa de la suya. Los dedos de James estaban enterrados en la espesa cabellera de Lily, empujando suavemente su cabeza hacia él, impidiendo que los labios se separaran. Los intentos de Lily por despegarse eran correspondidos por esfuerzos de James de apretarla más y más. Y al final, Lily se cansó, se aburrió de dar una guerra de antemano perdida, y dejó que el chorro de sangre caliente que le nublaba el cerebro, tomara el control de la situación, rindiéndose ante el violento beso.

James se separó de ella un momento, sólo para descubrir esos ojos verdes que tanto le gustaban. Los notó brillantes, ansiosos y tan desgarradores como siempre, pese a la escasa iluminación. El sólo fue capaz de sonreír imperceptiblemente y luego, arrastrar a Lily hasta el interior del closet, cerrando silenciosamente la puerta de éste.

-¿Por qué cierras la puerta? -Preguntó Lily con la voz en un hilo.

Era un hecho, James y Lily estaban encerrados entre sus abrigos, vestidos y chaquetas. Y cada cual sólo podía oír la acompasada respiración del otro y contentarse con imaginar las expresiones de sus rostros. Ni siquiera la pálida luz de la luna podía entrar ahí. Lily retrocedió y apegada en el fondo de aquel lugar, pensó. "Merlín, ¿Cómo salgo de aquí?…No puedo estar de nuevo en ésta situación. Oh, circe bendita. Piensa en lo que dijo mamá, Lily. No de nuevo, por favor. No de nuevo…tengo que parar esto,"

Sin embargo, la respiración agitada, ácida, que caía sobre los hombros de Lily, le nublaba las ideas y antes de darse cuenta, estaba encerrada por un fuerte abrazo. Ahora, definitivamente, no tenía escapatoria. Cerró los ojos y recordó la cantidad de veces que había huido mentalmente de ese encuentro, todas las veces que se había recriminado por involucrarse con Potter. Pero también recordó lo bien que se sentía cuando James la estrechaba fuertemente entre sus brazos.

"¿Por qué se me hace tan difícil? ¿Por qué no puedo simplemente pararlo? Y a la vez, tampoco entiendo por qué me cuesta tanto tocarlo. No es como si me diera lo mismo. No es fácil besarlo y dejar que sólo pase. Me gustaría que fuera así, por último, si no soy capaz de detenerle."- Pero otra voz dentro de su cabeza, contestó. -"Porque sabes que cada vez es peor para ti"-.

Y lentamente las voces de su cabeza la abandonaron, y su cuerpo reaccionaba como si tuviera una vida independiente de su cerebro muerto. La posición de sus manos, pegadas a sí misma, prontamente se perdieron en aquel cabello oscuro y revuelto y cuando él comprobó que los labios de Lily ya no se resistían, sino que se entreabrían tímidamente, su corazón explotó deshaciéndose en pequeños trocitos que le oprimían el pecho. Porque era Lily quien dejaba que él los recorriera, mordiera y los saboreara, como si fuera la primera vez.

James deslizó su mano, algo áspera, dudando en cada segundo. Pero parecía que todos los caminos llevaban hasta debajo de la camisola de Lily. Le costaba respirar, ansiando el encuentro con la tibieza y tersura de la piel de ella. Lily sólo sintió un tortuoso escalofrío recorrerle completamente la columna vertebral cuando notó unos dedos explorando torpemente su desnuda espalda.

Mientras, los dedos temblorosos de Lily se deslizaron por el firme pecho, y con las uñas, uno a uno, desabotonó la parte superior de un pijama de franela, desencadenando que cada lazo, tira y botón se fuera aflojando y deslizando, revelando cuerpos desnudos ante el tacto del otro. James apostó todo su peso sobre ella, quien retrocedía, infructuosamente, encontrándose contra el fondo del closet, chocando con la madera que crujía con cada choque de los cuerpos ansiosos.

Recorrió su menudo cuerpo con las manos tiritándole, y las cerró fuertemente en el contorno de sus caderas, friccionándolas contra él, contra la carne que palpitaba dentro de su pantalón, una y otra vez, y con más ímpetu en cada embiste. Ambos sentían sangre en las venas, recorriendo mucho más a prisa de lo normal, mucho más caliente, más líquida, que latía con el mismo vigor, con la misma intención.

James, con movimientos torpes y nerviosos, la alzó por las caderas, afirmándola contra el fondo amaderado de aquel closet. Y sin previo anuncio ni denuncia, separó sus piernas de carne trémula y suave, recorriendo nuevamente a Lily, sintiendo su interior cremoso y cálido. Una sensación de vértigo se apoderó de él, no sabía a que se debía, si a la humedad en que se deslizaban, a la sangre que gritaba dentro de sus venas o a la mágica corriente de aire que rodeaba su cuerpo haciéndole sentir escalofríos. O quizás fueron los ahogados gemidos de Lily, y los inútiles intentos de James por callarla con besos que no se hacían suficientes. Y el sonido de todo esto que retumbaba en sus oídos, amplificado por no poder escapar de aquellas paredes de madera gruesa y hosca.

Y en aquel closet, completamente a oscuras, comenzó el show de los vaivenes descompasados de dos cuerpos sedientos, de los gritos a media voz. De las lamidas en los cuellos ligeramente sudados. De las flagelaciones disfrazadas de besos, de los gemidos que se escondían en los hombros de él, a modo de mordiscos y las lenguas calientes y húmedas buscando los labios del otro, interrumpidos por alguna que otra prenda que caía sobre sus rostros.

Sentir su respiración acelerada recorrer su cara, su cuello, sus lóbulos y su boca, sobretodo su boca, era recibir descargas dolorosas que marcaban y quemaban cada una de sus células. Y cuando la coordinación entre ellos era perfecta, como una danza que siempre supieron bailar ellos, ambos pudieron sentir como la línea imaginaria de sus cuerpos desapareció, los músculos tensos se apretaban hasta hacerse sólo uno. Ya no eran más ni Lily ni James, sino un corazón grande y cálido que latía muy rápido y por todos lados, haciendo que algo dentro de ella se disolviera y atomizara. Se estremeció a tal punto que enterró los dientes mucho más fuerte de lo que sabia poder permitirse.

Las luces rosadas que inundaron sus cuerpos, hundidos en el del otro, revelaron dos personas que con los ojos se desnudaban los labios. Ya no disimulaban querer encontrarse una y otra vez, probando el veneno maldito que exudaban, de ese que eran dependientes, adictos.

A James se le quedaron varias palabras atravesadas en la garganta, y no fue la respiración acelerada la culpable. "Lily, te amo. Lily, Lily, Lily, te amo tanto. Lily, ¿me quieres aunque sea un poquito?" Sino que fue el miedo a las respuestas, a que se rompiera el lazo frágil y mágico que soportaba el vaivén de sus cuerpos. Que se secaran los labios y que los ojos de ella ya no brillaran como cientos de vidrios rotos reluciendo al sol.

Una pierna se deshizo del cuerpo de James, lentamente, como si tuviera miedo de abandonar el lugar más seguro de la tierra. Con algo de desequilibrio, él la bajó suavemente y respirando el dulce olor de su cabello, trató de serenar su cuerpo anestesiado. Cuánto tiempo estuvieron así: abrazados, desnudos, sin atreverse a hablar ni mirarse a los ojos, es algo que nadie sabe. Ni siquiera ellos, porque cada uno sumidos en un mar de no pensamientos, no tenían conciencia de nada más que tratar que las respiraciones agitadas se volvieran sólo una, más calmada y silenciosa.

A Lily le costaba encontrar su voz. Después de tragar muchas veces y de morderse incesantemente los labios, dijo.

- Creo que es mejor que te vayas a tu cuarto, James. -la voz sonaba débil y si hubiese un poco de luz, él podría ver lo sonrojada que estaba ella.

- Creo que no. Mejor me quedo aquí...contigo. -Contestó James, y luego le besó brevemente en los labios.

Lily hizo caso omiso de las palabras de James, y empezó a buscar a tientas su camisola en el suelo de aquel lugar, entre un montón de ropa que se había caído de los colgadores. James hizo lo mismo, pero se conformó con sólo encontrar sus boxers. Lily se vistió ágilmente y desesperada salió de ese lugar, porque el calor y los aromas que se había encerrado junto con ella en aquel closet, empezaba a marearla, de cierta forma a ahogarla.

Al abrir la puerta, un espejo pálidamente iluminado con la luz de la luna, le reveló lo despeinada y desarreglada que estaba, como si saliese de un refugio de guerra recientemente bombardeado.
Se sentó en su cama y pasó sus manos por su cara, restregando con fuerza sus ojos, como si luchara por no ponerse a llorar o por encontrar ideas que despejaran su mente.

James sólo sonrió al verla debatirse en silencio y se aproximó a la puerta de la habitación.

- ¿Qué haces?

- ¿No es evidente? Sólo cierro la puerta. -Sonrió torciendo los labios.

- Pero yo jamás la cierro con seguro. -Replicó Lily.

- Pero ésta noche la vamos a dejar así.

- ¿Qué pretendes, James? -Preguntó con temor. -¿Qué estúpido juego es éste?

- Uno muy entretenido. Sólo sígueme el juego, Lily e intenta pasarlo bien.

Lily lo observó ceñuda, pero James se hizo el desentendido y se sentó a su lado. Le encantaba verla así, culposa, desesperada, ruborizada, y con los ojos cristalizados. Extendió su mano para acariciar suavemente los hombros níveos, cruzados por unos delgados pabilos, que a la luz azulosa de la noche parecían brillar. Se acercó y comenzó a besarlos tímidamente, subiendo y acercándose peligrosamente a su cuello, justo a ese punto donde la sangre encuentra un nuevo pulso. Lily lo miró un segundo y él levantó una ceja mientras sonreía misteriosamente. Y de un segundo a otro se lanzó sobre ella, tan rápido y ágil como un león por su presa. Ya no había ansiedad, ni temblores, ni dudas. Vagabundeaba por el cuerpo de Lily sabiéndose dueño de él. Su mano, bajo la camisola, divagaba entre sus pechos y su cintura, como buscando su lugar.

Descendió lentamente, hundiéndose más allá de su ombligo, en un lugar suave, cálido, húmedo.

- James, detente, por favor. -Susurró Lily.

- ¿De verdad quieres que me detenga?

Sus dedos lentamente se desplazaban en movimientos sonámbulos. Lily cerró los ojos y dejó caer su cuerpo sobre su cama, se mordió los labios para no sonreír cuando sintió a James buscando la posición adecuada. Y él sentía las uñas afiladas enterrándose en su espalda. Alzó la mirada, para encontrar la respuesta a su pregunta, pero los ojos verdes de Lily sólo centellaban como estrellas y ningún "detente, por favor" se asomaba en ellos. Y el corazón se le aceleró de nuevo, estrellándose con furia contra su pecho. Estaba seguro que latía tan violentamente que Lily podía oírlo.

Su jugosa lengua, ligeramente rasposa, acortó el camino para deshacerse en el lugar donde se encontraban sus dedos, para deshacerse en movimientos circulares, besos profundos, y lamidas repetitivas; sólo para probar, una y otra vez, nuevos sabores del cuerpo de Lily, para succionar la médula que encerraba la carne. Débiles suspiros le llegaban como ecos, confirmando lo que el electrificado cuerpo de Lily ya había develado. Las piernas delgadas se estiraban, se encogían y los músculos se tensaban cada vez más. Lily se retorcía en la cama, apretaba las sábanas con una de sus manos heladas y la otra se perdía en la espesura de aquel cabello negro despeinado, mientras se mordía tan fuerte como podía el labio inferior para no gritar, y su cabello rojo se desplegaba como un abanico en la blanca tela de la cama y parecía teñirse con los tonos magentas y añiles que se colaban a la habitación.

Cuando ya no brillaba la noche y la ventana revelaba la oscuridad de un amanecer, dos cuerpos cansados pero vibrantes, se entrelazaban en los brazos del otro.

- ¿Lily? -Preguntó James en un susurro.

- Uhm. - Contestó, adormecida.

- ¿Qué es lo que más odias en este mundo?

Lily alzó levemente la cabeza para mirarlo a los ojos y sonrió.

- Son muchas cosas.

- Tengo tiempo...y quiero saberlas todas.

- ¿Qué quieres saber? ¿Todas las personas que odio? ¿Todas las palabras que odio?, ¿La música que odio? ¿Por dónde empiezo?

James sonrió. - ¿Me odias a mi?

- No te imaginas cuánto. -Respondió, luego de darle un beso muy cercano a los labios.

- Me asustas...Nunca pensé que podías odiar tantas cosas.

- A mi me asustan el chocolate amargo, las amarilys rojas, los posters de James Dean, las figuritas de plasticina y la soledad.

- ¿Por qué? -Preguntó extrañado.

- Porque esas son las cosas que no resisto.

James sonrió tras esa respuesta, le besó fugazmente en los cabellos y giró sus ojos encontrándose con una de las tantas fotografías que Lily tenía en su habitación.

- ¿Dónde te tomaron esta fotografía?

- En Berlín. -Contestó Lily, como si le sonriera al viento.

- ¿Y qué tal?

- ¿Berlín? Lo adoro. -musitó sumergiéndose en el pecho desnudo de James. - Salvo por el muro. -Después de un largo momento lleno de silencio, Lily sin levantar la cabeza habló en susurros. - ¿James?-

- Uhm.

- ¿De verdad eres animago?

- ¿No me crees? -Preguntó él, algo ofendido y nuevamente un largo silencio se hizo entre ellos.

- Te creo. - Contestó, mientras ahogaba un bostezo. El sonrió en medio de la escasa oscuridad.- ¿James?

- ¿Qué? - susurró débilmente.

- No te duermas, por favor.

- No me dormiré. Te lo prometo...

James se quedó viendo la fotografía que mostraba a una chica de catorce años, aproximadamente, rodeada de palomas y con el cabello rojizo al viento. Estaba en una plaza nevada, que se veía opaca comparada con su sonrisa. Y mientras besaba una y otra vez su aromática cabellera, sintió ganas de apretar más fuerte el cuerpo de Lily y desaparecer con ella hasta Berlín.

&&&&&

Una fuerte sacudida de la puerta la despertó, la luz entraba a raudales por la ventana y sintió su cuerpo desnudo moverse perezosamente entre las sábanas. Tenía la camisola enrollada a un lado de su cabeza y al otro a James Potter completamente dormido y desnudo.

- ¡Despierta, Lily! ¿Qué pasa con esta puerta que no se abre?

Lily despertó asustada, con el corazón en la boca. Acostada, palideció de pronto y sólo atinó a tomar la camisola y ponérsela rápidamente. Movió a James con fuerza, tapándole la boca con una mano. Lo agitó hasta que él abrió totalmente sus ojos y pudo escuchar por él mismo los golpes en la puerta de la habitación.

Lily le indicó con señas que se metiera bajo de la cama y le pasó sus boxers y sus lentes. Y con la naturalidad de una actriz profesional, dijo con voz adormilada.

- Ya desperté. Espera, abro en un segundo.

James se introdujo tan rápido que la alfombra le quemó el cuerpo por la fricción y anotó mentalmente cuánto odiaba las alfombras y juró que en su casa -esa que tendría con Lily- no habrían de esas alfombras.

Lily, tras comprobar que no se veía absolutamente ninguna parte de James, se dirigió a la puerta y la abrió delicadamente.

- ¿Por qué tanto escándalo?

- Porque ya son las once de la mañana y todavía no desayunas. Oye, -dijo de pronto. -¿Te sientes bien? Luces fatal, tienes unas ojeras impresionantes -La mujer que antes golpeaba la puerta, colocó una mano en la frente de la despeinada pelirroja.

- Sí, me siento bien, Maggie. Tranquila, no voy a morirme aún. Acuérdate que tengo que ir a África antes.

- Uhm, ya empezaste de nuevo con lo de Africa. ¿Por qué estabas encerrada?

- Le puse el seguro sin darme cuenta. -Contestó Lily dejándola entrar a la habitación.

- ¿Dormiste mal? -Preguntó Maggie, apenas cruzó el umbral.

- No. -Respondió rápidamente Lily.

- Por tu cama cualquiera diría que tuviste pesadillas toda la noche. ¡Mira! Si la desarmaste completamente. Maggie se acercó a la cama, y estiró un poco las frazadas y el cubrecama mientras Lily se acostaba de nuevo. Maggie, de pronto arrugó la nariz, y comenzó a olfatear como un sabueso - ¿Qué es ese olor?

- ¿Qué olor? -Preguntó inquieta y cubriéndose con las frazadas.

- Hay un olor extraño. -Dijo Maggie, mientras abría las ventanas.

- ¿Olor a qué cosa?

- Como dulce y cítrico a la vez, pero viciado. Es similar al olor a …

- ¿A qué? -Preguntó maliciosamente Lily.

- ¡A nada! Tonterías mías, no te preocupes, pequeña. -Dijo la mujer sonrojándose. Maggie se sentó en la cama de Lily y le tomó la mano, apretándosela y tanteando terreno, preguntó.

- ¿Cómo te fue ayer?

Lily, agradecida del vuelco de la conversación, pero evidentemente incómoda, habló.

- ¡Pésimo! Al fin supe por qué termino conmigo, pedazo de imbécil, después se enojó y se fue hecho una furia y anoche, muy tarde me mandó una estúpida carta.

- ¿Por qué se enojó contigo?

- Ya no importa eso en realidad.

La mujer se levantó y acarició una de las mejillas de la muchacha.

- Ya verás como todo se soluciona con Alex. Yo sé que se quieren, pequeña.

- Yo no estoy tan segura de eso. El está confundiendo las cosas y yo lo quiero mucho, pero ya no lo quiero como novio.- y sin saber por qué Lily sintió como sus ojos se aguaban.

- ¡Tengo el desayuno casi listo! -Agregó rápidamente Maggie, en un intento, mal disimulado, para cambiar de tema. -Ve a alistarte mientras yo ordeno tu cuarto.

Lily palideció por segunda vez esa mañana. - No, Maggie, no te preocupes. Yo arreglo mi cuarto, anda a hacer otras cosas, de verdad, no te preocupes.

- No, yo te ayudo. Tú sabes que no me cuesta nada. -Se dirigió al closet de Lily y al abrir la puerta, extrañada agregó. - Oye, ésto se parece más al closet de tu mamá que al tuyo. Ayer no tenías este desorden.

- Es que ayer en la tarde lo dejé así buscando el vestido azul.

- Lily, el vestido azul ya no te queda. Lo regalaste el año pasado. -Dijo mientras recogía una montaña de abrigos, chaquetas, blusas y vestidos y los empezaba a acomodar. Lily nerviosa se mordía el labio. -¿No te acordabas que habías regalado ese vestido? Te dije que te arrepentirías, yo sabía que ese vestido era especial. Tras unos momentos, en los cuales la chica no le quitaba los ojos de encima, la mujer se giró con algo tomado entre los dedos como una pinza y con voz aguda interrogó.

- ¿Qué es esto? -y sus dedos afirmaban un pantalón de franela.

- Un pijama. -Contestó despreocupada, en apariencia.

- Sí, eso lo veo, pero es un pijama de hombre y que yo sepa tú no ocupas ésto.

- Debe ser algún pijama viejo de Alex que estaba colgado entre mi ropa. -Repuso ágilmente. Sin embargo sentía como el corazón se le salía por la boca y para serenarse como siempre lo hacia, pasó las manos por el rostro.

Maggie la miró de nuevo, detenidamente, con un asomo de duda en sus ojos pero al ver a Lily "embargada" por la pena que supuestamente le trajo el pijama, se arrepintió de inmediato.

- Voy a preparar café. Apúrate en venir, pequeña - ¿Quieres que despierte a tu amigo?

- ¡No! -Gritó Lily

- ¿Por qué no?

- Porque ayer… se mojó con la lluvia y… tuvo una recaída y creo que es mejor dejarlo descansar.

- Ah, está bien. Te espero en la cocina. -Y sin más, salió de la habitación.

- Dame veinte minutos. -Gritó la chica, sonriente. Mucho más feliz, como desde hace mucho tiempo no se sentía.

&&&&&

Mientras Lily conversaba con Maggie, James encontró un trozo de pergamino arrugado en el suelo, junto a la cabecera. Estaba escrito con una caligrafía de trazos pequeños y perfectos, pero temblorosos. Se notaba que alguien había llorado sobre la nota porque estaba salpicado de manchones de tinta difuminada.

Estiró el pergamino y leyó.

Lily:

Sé que no son horas para escribir, sé que quizás después de ésta nota me vas a odiar mucho más de lo que ya lo haces, pero confiando en conocerte como creo hacerlo, sé que me entenderás. Creo que si no te escribo, algo en mí va a explotar. No me siento orgulloso de mi comportamiento y especialmente el de hoy, sé que fui un idiota cruel, irrespetuoso, celoso e incomprensivo. En resumen, un maldito hijo de puta. Pero tuve que pasar por lo mismo que tú para entenderlo, sólo espero que algún día me perdones, por el bien tuyo, mío y el de ambos.

Hoy, después de salir de tu casa, no sé como llegué a un bar muggle. Me embriagué con vodka, (culpa a tu padre por eso) y de un momento a otro, estaba besándome con alguien que no eras tú. Pero seguí, porque cada beso que ella me daba, yo sentía y me imaginaba que eran tus labios los que tocaba, porque sentía que era tu cuerpo el que estrechaba y el que gritaba mi nombre. Por si no te queda claro, pasaron "cosas importantes" con ésta persona, como te dije no me siento orgulloso de eso, y no quiero justificarme, pero mi cabeza no procesaba, tenía rabia, estaba totalmente fuera de mí. Los celos, la frustración y desolación que sentía no me dejaban pensar con claridad. Desolación... porque siento que cada segundo que pasa te pierdo irremediablemente.

Sin embargo, me dí cuenta que tratando de engañarte y de olvidarte de esa manera, nada se mejoraba. Sólo me engañaba a mi mismo, y en cada gesto y en cada abrazo sólo pensaba más y más en ti, en tus labios, en tu olor, en tu pelo rojo y en tus ojos…¡Merlín, como extraño tus ojos! Pero con la claridad brillante que brinda el alcohol, vi como una palabra se escribía una y otra vez en mi cabeza…despecho.

Y recién comprendí que si te acostaste con Sirius Black fue por despecho, y también entendí lo que hace un corazón herido. Yo herí el tuyo, al marcharme de tu lado sin ninguna explicación, en el acto más estúpido de toda mi vida, y por el cual no habrá día en que no me arrepienta. Sé que me lo merezco por dudar, por desconfiar, por no creer en lo nuestro. Fui un cobarde, nunca te pregunté lo que debía porque me aterraba escuchar una respuesta que confirmara mis temores. Sólo te preguntaba detalles que me fueran reveladores, tú debes recordar mejor que yo. Y las respuestas no siempre me agradaban, pero ahora entiendo que me mostraron una imagen equivocada.

Comprendí que el desliz que tuviste con él, fue sólo mi culpa, yo te impulsé, yo te lancé a sus brazos, y sé que no puedo enojarme por eso. Vi que todas tus acciones estaban movidas por el dolor y la sensación de soledad que te tuvo que haber llenado. Y sé cuanto odias la soledad.

No quiero pecar de vanidad, pero cuando yo estaba con esta tipa, sabia que era a ti a quien amaba, a quien quería, a quien deseaba y estoy seguro que a ti te pasó lo mismo.

Supongo que éste es el lado oscuro del amor, supongo que nos toca sentir como se retuercen nuestros corazones y sólo nosotros nos hacemos sufrir. Ahora sé que como siempre somos sólo tú y yo, y no existe nadie más, y lamento haber tardado en comprenderlo. El amor que te tengo, ni siquiera por un momento ha desaparecido de este corazón. Amor que aún quiero profesarte cada mañana de nuestros días.

Todas nuestras diferencias y pequeños problemas los superaremos con el tiempo, entiendo que aún estás dolida y que no quieras verme ni hablarme aún, incluso no me extrañaría que vuelvas a caer en brazos que no son los míos, pero prometo que cuando estés lista, voy a sanar todas y cada una de las heridas que te ocasioné, para que al fin podamos seguir nuestro camino, juntos.

Te amo con todo mi corazón.

Alex Diggory.

Pdta: ¿Qué vamos a hacer con nuestro hijo?

Al terminar de leer el pergamino, James sintió como unas luces azules se escapaban de su cuerpo y se proyectaban bajo la cama, sintió como las lágrimas se agolpaban en sus ojos, y al escuchar a Lily hablar sobre un viejo pijama de Alex, sintió como la furia y la frustración envenenaba cada milímetro de su piel.

Respiró profundamente, tratando de apagar las molestas luces azules que emergían de su cuerpo, mientras una batalla cerebral no le daba tregua. "Ella sólo me usa, soy un tonto útil...,Lily. Soy quien esta ahí cada vez que él idiota le hace algo, sólo me utiliza para consolarse, para pensar que está en sus brazos."

Cuando Lily llegó hasta él, con el cabello cayendo por un lado, doblándose en la alfombra como una serpiente y luciendo una sonrisa radiante en su rostro, James sintió como su corazón se encogía.

- Vamos James, sal de ahí, tenemos que ir a desayunar.

Oculto el pergamino con su cuerpo y cuando ella se levantó del piso, dejó el pergamino en el mismo lugar y condiciones originarias. No le contestó, sólo se arrastró hasta salir del escondite y tomó el pijama que Lily le ofrecía. Se lo enfundó en silencio mientras los ojos de Lily brillaban con la misma sonrisa que albergó su rostro desde que Maggie abandonó la habitación.

- En veinte minutos nos juntamos abajo. - dijo Lily mientras abría la puerta para comprobar que no había nadie que los viera.

James salió con pasos firmes y decididos, sin mirarla a la cara. Una vez, en el baño, tratando de ahogarse en la ducha, relajó los músculos de su cuello y y cerró los ojos. No quería, pero era inevitable. Lloró amargamente, soltando la frustración que inundaba su mente. La que había sido su mejor noche se había transformado en una mañana opaca, pesé al sol brillante que se colaba por toda las ventanas de la casa de los Evans. Se pasaba el jabón por la espalda con furia, como tratando de borrar cada una de las caricias recibidas, cada uno de los silenciosos besos, como si tratara de arrancar de su piel la dulce fragancia de Lily.

"Esto te pasa por estúpido, ella nunca te ha dicho nada, nunca te ha prometido nada, ha sido más que clara en que lo que tenemos es sólo sexo"

Sentía un molesto martilleo que le retumbaba en los oídos, sentía que un nudo en la garganta y en el estómago no lo dejaban respirar, que se acrecentaba más cuando recordaba la forma en que sus ojos lo miraron y aún así, en veinte minutos estuvo listo y dispuesto en la cocina.

- ¿Quién eres tú? -Preguntó Maggie asustada.

- ¿Ah?

- ¡Lily! ¡Lily! -Gritó desesperada la mujer mientras se arrinconaba en la cocina.

Lily llegó rápidamente, con el pelo mojado cayendo por sus hombros y al ver a Maggie encaramada en un mueble, con un sartén en la mano, y a James con el rostro desconcertado, una carcajada se le escapó.

- Maggie cálmate. Lo siento, se me olvidó explicarte...¡No te asustes! -Dijo cuando vio a la mujer blandiendo el sartén como una espada. -¡James! ¿por qué no le explicaste tú?

James nuevamente guardo silencio. Se sentó y bebió en silencio el café más ácido de toda su vida.

- Maggie, él es James Potter, un...amigo del colegio.

- ¿Y el otro joven? Preguntó Maggie, dejando el sartén sobre un mueble de la cocina.

- Se fue. -Contestó Lily, dirigiéndole una sonrisa a James, quien no la respondió, sólo desvió sus ojos hasta los de Lily y al instante desvió su mirada hacia un punto fijo de la cocina.

- ¿Por qué se fue el otro muchacho?

- Porque tenía cosas que hacer. -Dijo Lily mientras comía un trozo de pastel.

- ¡Qué pena! Es muy guapo, Lily. Deberías salir con él... -Maggie miró al nuevo muchacho, quien parecía ignorar a todos los presentes. Tenía el rostro pálido, ojeroso y notó los ojos vidriosos tras los cristales de los lentes. - Pero... si él no era el chico guapo enfermo, ¿por qué no me dejaste ir a despertarlo?

- Ah…es que…él…llegó en la tarde, y también se mojó con la lluvia. Anoche tenía todos los sintomas de un resfriado. -Mintió la chica mientras se sentaba frente a James.

El desayuno transcurrió en el más completo de los silencios, Lily se aburrió de intentar sacarle conversación a James, quien sólo respondía con monosílabos. A Lily, ese comportamiento la desconcertaba, cuando James era Sirius, hablaban largamente y siempre terminaban riéndose de la gente que aparecía en la tele o en los diarios. Y ahora, ni siquiera le quitaba las tostadas diciéndole que se iba poner gorda como una vaca.

Por un momento, ella pensó que él podía sentirse avergonzado por lo que ocurrió durante la noche, pero le costaba creer eso. "Estoy hablando de James Potter, es decir, la palabra vergüenza o timidez no están en su vocabulario, además no era la primera vez, y nunca, nunca, nunca James se ha comportado de eso modo conmigo, ni siquiera después de lo que ocurrió en Hogsmeade. Ni siquiera yo siento vergüenza", concluyó mentalmente mientras sonreía tras la taza humeante de café.

Era como si toda la alegría se la hubiese llevado el cuerpo aparente de Sirius. Y aunque le dolía reconocerlo, preferiría que las cosas hubiesen seguido como estaban, porque Lily estaba comenzando a creer que todo lo que sucedió la noche anterior fue un error. Ese tipo de errores del que su madre le había advertido.

- ¿Qué quieren almorzar? -Preguntó para romper el hielo la mujer, mientras dejaba más tostadas sobre la mesa.

- Cualquier cosa. -Contestó Lily mientras se preguntaba porqué James no quería mirarla, y por qué estaba tan particularmente callado. – A mi me da igual ¿James?

- Uhm. -Ni siquiera desvió sus ojos al responder eso.

- ¿Quieres almorzar algo en particular?

- No, me da igual.

- ¿Quieres ir a dar una vuelta conmigo y con Romeo? -Preguntó segura, mirándolo descaradamente a los ojos, que renegaban de ella.

- No. -Respondió con rotundidad mirándola con el ceño fruncido.

Se levantó enojada de la mesa, dejando un leve rastro azuloso tras ella, le dio un beso a Maggie y le dijo que volvía para el almuerzo. Cogió a su perro y se fue de la casa dando un portazo.

"¿Quién demonios se cree que es? Es un estúpido, engreído y arrogante. Le encanta hacerse el interesante…No debí haberme acostado de nuevo con él. ¿Cuándo vas a entender, Lily? Eres una tonta, tonta, tonta, tonta y James Potter es un maldito niño chico, que cuando tiene lo que quiere se cansa, es un imbécil, cretino, insensible saco de estiércol de dragón".

Tras caminar toda la mañana por el parque con su perro, se decidió a volver a su casa. Pero al llegar notó que todavía estaba enojada. El paseo no había servido de mucho.

Entró por el patio, se quedó un rato ahí jugando con el perro, y tras dejar los platos llenos de comida y de agua, entró a la cocina. Los platos estaban servidos, y James estaba sentado solo en la mesa, sin probar bocado de su plato.

- ¿Y Maggie?

- Fue a abrir la puerta. Pensó que eras tú quien llamaba. -Su voz sonaba fría y distante.

Vieron entrar a un hombre joven y alto, sosteniendo por detrás la espaciosa cintura de Maggie, quien caminaba presurosa, mientras él le decía cosas al oído y la mujer respondía con golpes en las manos.

- ¡Ian! -gritó Lily.

- ¿Eh? -El hombre soltó a una sonrojada Maggie. -¡Pero si es la reina de mis sueños! Mi angelito con cuernos, mi sobrina favorita!

- Le dices lo mismo a Petunia, descarado. -Y se colgó de su cuello mientras aquel joven, la abrazaba con fuerza levantándola del suelo.

- ¡Estás más gordo! Apuesto a que comes solamente basura.

- ¡Y tú más pesada!

- ¡Y tú más estúpido! Sigues acosando a la pobre Maggie.

- Y tú estas cada vez más parecida a una betarraga. ¡Roja y redonda!

- Mentira, estoy más linda que nunca y lo sabes. -Contestó mientras movía su cabello rojo haciéndolo resplandecer bajo los rayos del sol que entraban a la casa.

James miraba la escena sin comprender nada y algo encandilado por el pelo de Lily.

Ian se acercó a la mesa y saludó a James con un apretón de mano, y se sentó junto a él. James saludó a un joven que tenía los ojos de Lily pero su pelo era oscuro y liso.

- Hola. -Dijo alegre a James - Soy Ian, el tío favorito de Lily.

- No eres mi tío favorito, es Luke.

- ¿Ese? ¡Mentira! no puede ser el favorito, es muy...aburrido.

- Ya, pero no se olvidó de mi cumpleaños, además... ¿Tú te crees muy entretenido? -Preguntó Lily mientras tomaba jugo.

- Yo que tú me quedo callada antes de que sepas a qué vine.

- Yo sé a que viniste. -Dijo Maggie, sirviéndole un plato de sopa. -No querías cocinar.

- Oigan, ¿por quién me toman? Yo puedo perfectamente cocinar, y me gusta hacerlo, no como otras, - miró fijamente a Lily –...que creen que cocinar es incendiar todo lo comestible que tengan cerca.

Lily sólo sonrió ante ese comentario y se llevó una cucharada de sopa a la boca.

- ¿Y tu novio? -. Preguntó mientras miraba pícaramente a James.

- ¿Y tu novia? -. Contrainterrogó Lily.

- ¿¡Te dejaron!? -Concluyeron los dos casi al mismo tiempo para largarse a reír sonoramente.

- ¿Por qué? Preguntó Ian mirando cada vez más burlonamente a Lily y James

- Porque es un idiota.

- Te lo dije apenas lo vi- Y miró detenidamente a su sobrina, blandiendo un pedazo de pan con la mano. -Siempre te lo he dicho, Lily. Los tranquilos y los callados no. Esos son los peores. Cuando vea a tu padre voy a tener una conversación muy seria con él. No puede dejar que andes con chicos con buenas calificaciones y buena conducta. Tienes que ir a buscar un novio a la cárcel, así sólo lees el prontuario y no te llevas sorpresas…Dile a tú papá que te presente algún cliente-.

- Oh, cállate idiota, ¿acaso tú fuiste a buscar a tu palo de escoba a una penitenciaría?

- No, pero por ejemplo, Petunia lo hizo bien. Conoce a Vernon de toda la vida, no puede alegar que se hizo falsas esperanzas respecto de él.

- Soluciona tu vida amorosa, y después me das consejos, Doctor Corazón-. Dijo Lily guiñándole un ojo a su tío.

Los cuatro comieron, entre las discusiones que Ian llevaba con las dos mujeres. Maggie estaba que reventaba, ese chico siempre la hacia rabiar, y no paraba de decirle que se fuera a vivir con él, que él la necesitaba más que Alfred y Rose y que juntos serían la pareja perfecta, que él la sacaría a pasear todos los viernes por la noche, y que cuidaría a su hijo como si fuera propio. La mujer sólo sonreía ante las proposiciones de Ian, quien podía ser su hijo, mientras Lily lo miraba con reproche por intentar quitarle a su Maggie.

- ¿Y? No me has dicho como te llamas. -Cuando Ian, volcó su atención a James, Lily miró deliberadamente hacia otro lado.

- James Potter -. Respondió con su voz profunda y segura mientras miraba aquel par de ojos idénticos a los de Lily.

- ¿Y eres el nuevo novio de la señorita Betarraga?-.

Lily sintió como sus mejillas se prendían y James sonrió ante aquel comentario.

- ¡No! -Contestó ella mientras miraba furiosa a su tío. - Es sólo un compañero de colegio. Y se concentró en su trozo de carne, cortándolo con tal furia que parecía que trataba de cortar al mismísimo James.

- Ya, alto pequeña. Un poco más y le tiras una bomba atómica al plato. -Habló Ian, quitándole el cuchillo. -¿Qué van a hacer en la noche?-.

- Absolutamente nada-. Respondió Lily mirando con ira a James.

- Me lo imaginé, sal conmigo hoy. -Dijo levantando las cejas incitadoramente.

- ¿Dónde? -Preguntó Lily.

- A la fiesta de unos amigos, en Camden.

- No.

- Vamos, Lily, la pasaremos bien.

- No. -Continuó firme la pelirroja.

- ¿Por qué no?

- Porque me caen mal tus amigos, son unos idiotas que piensan con la entrepierna. La última vez que salí contigo te recuerdo que estuve encerrada en el baño casi toda la noche porque ese rubio con cara de hipogrifo no se cansaba de perseguirme.

- ¿Con cara de qué?- Preguntó divertido. Lily no contestó y él continuó. - Pero si vas prometo cuidarte toda la noche-.

- ¡No quiero ir a un lugar donde me miren como un pedazo de carne y menos que tú tengas que estar toda la noche jugando al tío protector! ¡Sé cuidarme sola!

- Lo sé, por eso te amo. -Dijo levantándose de la mesa y tomando su chaqueta.

- ¿Por qué te interesa tanto que vaya?

- Porque si vas… ganaré una apuesta.

- Ian, no puedes andar apostando conmigo, no soy un caballo de carreras ¡Eres un estúpido! -Alegó Lily mientras también se paraba de la mesa.

- Te doy un cuarto de los beneficios. -Propuso Ian mientras se despedía con un beso de Maggie. -¿Juegas, Lily?

- ¿En qué consiste la apuesta?-.

- En que te pareces más a Jodie Foster que otra chica que va a ir.

- No me parezco en nada. ¡Ian, estás loco!

- Lily, amor, eres igual. Sólo tienes el cabello de un rojo más vivo. -Replicó mientras apretaba la mano de James para despedirse.

- ¡Que no me parezco! Sólo tú y la madre de Potter creen que soy igual.

- Vengo por ustedes dos a las siete...-Y le estampó un sonoro beso en la mejilla a Lily. -Por ti vengo cuando quieras, Maggie. ¡Ah! Y no te preocupes, yo hablo con Alfred y Rose...

- ¡Quiero la mitad, Ian! -Alcanzó a escuchar cuando ya salía de la casa de su hermano.

&&&&&

Lily estuvo encerrada en su habitación toda la tarde, agobiada por no querer pensar en el pergamino que tenía que contestar al "imbécil" de Alex, agobiada por tener que ir a una fiesta sólo porque su "estúpido" tío se lo pedía, agobiada por no saber que ocurría con el "idiota" de Potter.

Se fugó de sus pensamientos tortuosos, como siempre lo hacía, ocupándose de algo.

Acomodó la ropa en su closet, sin evitar sonreír. "Ni siquiera me ayuda a arreglar el desorden que dejó aquí"

Pero eso era demasiado simple, tras una hora tenía su ropa tan arreglada y dispuesta como siempre, hasta la había clasificado por colores para extender más la labor. Miró alrededor, y sus ojos se encontraron con su cama. Lanzó el cubrecama, las sábanas y las frazadas en un rincón. Y cambió toda la ropa de cama, porque de algo estaba segura, no quería respirar el olor de él mientras dormía. No después de los continuos desaires desperdigados durante el día.

Cuando su cama volvió a estar tan estirada e inmaculada como siempre, sus ojos giraron en busca de algo más que hacer.

Recorrió las paredes de su habitación, ávida por encontrar algo en que perderse.

Y lo encontró. La única foto mágica de la habitación le dijo que era lo que tenía que hacer. Salió rápidamente de su cuarto, con la ropa de cama entre sus brazos para dejarla en el cuarto de lavado. En su camino se encontró con James, quien la miró brevemente y después se concentró en el bulto que llevaba. Sin embargo no le dijo nada y giró sobre sus talones para encerrarse en la habitación que ocupaba, aquella que quedaba al lado de la de ella.

Lily volvió a su cuarto con una bolsa de basura, y lentamente empezó a recorrer su habitación. Lo primero que lanzó dentro de la bolsa fue aquella foto mágica donde aparecía ella en los brazos de Alex, ambos sonriendo. Pronto la acompañó unos cuantos discos, peluches, figuras de plasticina, flores secas, cajas de colores, un alto de pergaminos, tres libros, y un grueso álbum de fotografías.

Examinó nuevamente su habitación. Lucía mucho más desnuda, pero más clara, más amplia y luminosa. Así también se sentía ella. Pensó, "Quizás debí hacer esto hace mucho tiempo" pero sabía que no había tenido hasta ahora el coraje de sepultar todo lo que había significado para ella Alex. Buscó debajo de su cama, la carta, a su parecer, más arrogante, estúpida e insulsa que había recibido en su vida.

Cuando la recibió, la pasada noche, por un momento creyó que era una broma de mal gusto. Después sólo la arrugó y la lanzó al piso, sin obtener ni una tímida luz azul o amarilla de su parte. Esa carta era la confirmación que necesitaba. La tarde del jueves, bajo la lluvia, ella había descubierto que sólo quería a Alex en su vida para deshacer el encantamiento. Cualquier otro hechizo o magia entre ellos, se había roto indefectiblemente.

Cuando terminó con su limpieza exhaustiva, salió con la bolsa de basura para dejarla en el patio, junto al resto de los desechos.

Su perro al sentirla, alzó la cabeza y comenzó a ladrarle cariñosamente. "¿Qué voy a hacer contigo, Romeo?" Le rascó la cabeza y se quedó con él, hasta que descubrió que el tibio sol se estaba ocultando.

Decidió darse un baño y arreglarse el cabello con mayor empeño que habitualmente le dedicaba.
Cerca de las siete y media ella estaba lista, salió de su cuarto a buscar algo de comida, mientras esperaba a su impuntual tío.

Pero Ian, ya estaba con sus padres, esperándola hace más de media hora y cuando la vio aparecer en la sala, levantó las cejas, incrédulo.

- Te dije que eras igual a Jodie Foster, no a gatubela. - Todos los de la sala rieron por el comentario, pero Lily no entendía el chiste.

- ¿Qué? ¿Qué tengo?

- Nada Lily, sólo que te ves bien vestida de negro.

- ¿Tanto te cuesta decirme qué me veo bonita?

- Es que como eres tan tímida y humilde no sé como puedes reaccionar... ¿Y? ¿tú amigo está listo?

- No lo sé. -y se sintió incómoda por la pregunta, pero trato de recobrarse de inmediato. -Espérame, voy a buscarlo-.

Lily se devolvió, rumbo a aquel corredor lleno de ventanas y se detuvo en la puerta que estaba al lado de su habitación. Dudó unos segundos antes de golpearla suavemente.

Pero nadie respondía del otro lado.

Volvió a golpear un poco más fuerte y James abrió la puerta, develando una imagen un tanto demacrada y ensombrecida.

- ¿Estás listo?

- ¿Para qué? -Preguntó parco.

- Para salir con Ian.

- Ah…No quiero ir. -Contestó apagadamente.

- ¿Por qué no?

- No tengo ganas. -Respondió, acostándose en la cama y tomando un libro de poesía que había sacado hace un par de días del cuarto de Lily. -¿Algo más?

La actitud de James la sobrepasaba, no lo entendía. No comprendía como alguien podía ser tan distinto de un momento a otro y sin razón aparente.

- Sí. ¡Eres un idiota, Potter! -Y se fue de la habitación, cerrando la puerta con excesiva fuerza.

Cuando volvió sola a la sala, sus padres e Ian la interrogaban con la mirada.

- No quiere ir. -Dijo restándole importancia con un movimiento de la mano.

- Lily, no puedes irte de fiesta y dejar a tu amigo aquí. Si él no quiere ir, tú tampoco vas. -Dijo tranquilamente Rose mientras soltaba una bocanada de humo de un consumido cigarrillo.

- ¿Qué?- Ella no se moría por salir con los amigos de Ian, pero el panorama de encerrarse en su cuarto con un litro de helado y ver televisión hasta que se le fundieran los ojos tampoco la emocionaba más.

- Eso, que si... ¿Cómo se llama?- Preguntó a su marido.

- James. -Contestó Alfred.

- Que si James no va, tú tampoco.

Lily iba a abrir la boca para protestar, estaba lista para lanzar diez sinónimos de "injusto", pero fue Ian quien la hizo callar con la mirada, y se perdió camino al corredor.

Cuando aquel muchacho alto entró en la habitación de James, se sintió fuera de lugar, lo había visto una vez en su vida y no tenía idea qué decir para convencerlo, hasta que pensó que un joven de 16 años normalmente no se resistía a las fiestas.

- Hola. -Lo saludó con un gesto de la mano apenas atravesó el umbral.

- Hola. -Contestó James, casi sin desviar los ojos del libro.

- Lily me dijo que no querías ir con nosotros – y avanzó con paso seguro hasta la ventana de la habitación para sentarse en el alfeizar y encender un cigarro.

James sólo asintió con un movimiento de cabeza que Ian vio, para después fijar su concentración en el panorama que le ofrecía la ventana.

- Pero será más entretenido que quedarte aquí leyendo los horribles libros de la señorita zanahoria. -Explicó mientras soltaba el humo haciendo perfectas argollas que desarmaba la brisa de la noche al colarse por la ventana.

James sonrió y fijó sus ojos en los de Ian, encontrándose con unos idénticos a los ojos que lo miraron tiernamente la noche anterior.

- Aplica el método Evans. - Dijo Ian lanzando las cenizas de su cigarrillo por la ventana.

- ¿Cuál es ese? -Preguntó James frunciendo el ceño.

- La elusión -Contestó Ian con una sonrisa. - Ocupa tu mente en otra cosa y cuando llegué el momento, solucionas el problema, y si no tiene solución es porque realmente no era un problema. Es un hecho y como tal sólo queda aceptarlo, no se le da más vuelta al asunto.

Esas palabras lo llevaron a viajar en el tiempo. James recordó cuando estaban en la hamaca y Lily le dijo cómo se deshacía el encantamiento y la voz de ella sonó clara en su cerebro. "Da igual, no quiero pensar en eso ahora..." También recordó cuando Alex cortó con ella, ella en vez de llorar se puso a estudiar. -¿Funciona? -Interrogó torciendo los ojos.

- Tiene una eficacia casi del 100% -Concluyó con media sonrisa – Te espero en diez minutos.- E Ian abandonó la habitación tras apretarle un hombro a James.

Cuando James llegó a la sala, Lily estaba sentada junto a su padre con los brazos cruzados y el ceño fruncido. El señor Evans preguntaba.

- ¿Estás segura, Lily?

- Segura, papá.

- ¿Y si te arrepientes?

- No me voy a arrepentir, ya lo pensé suficiente.

- Alfred, déjala en paz. Lily ya tomó una decisión y yo estoy muy orgullosa de ella. -Dijo su madre mientras sonreía.

- Perfecto, pero yo no te voy a acompañar al vertedero a buscar tus pequeños tesoros. Tú la acompañarás, Rose.

- Parece que estamos todos listos. -Dijo Ian cortando la discusión y pasando su mano por la cabeza de Lily, despeinándola a propósito.

- Cuídala, o te haré descansar en el lugar desocupado que nos queda en el cementerio. -Dijo Alfred a su hermano menor.

- Si me haces ocupar ese lugar mamá vendrá del más allá sólo para vengarse.

- No me importa. -Dijo mientras le daba un beso en la mejilla a su hija. -Y nada de sexo, drogas y alcohol.

- No te preocupes, no habrá sexo, drogas y alcohol…-Se subieron al auto mientras el tío de Lily repetía esa frase como una mantra. -...En exceso. -Agregó, pero para fortuna de todos, el señor Evans no alcanzó a escuchar ese comentario.

Llevaban más de media hora en el auto de Ian, con una música estridente encapsulando sus oídos. El cantaba tan fuerte como podía mientras encendía un cigarro tras otro, se quejaba que moría de hambre y miraba a la gente. Hacía muchas cosas, menos conducir el vehículo como corresponde.

- ¡Rojo!

- ¿Ah?

- Está es la tercera vez que te comes una luz roja. Mira, Ian, te los presento... se llaman semáforos y la luz roja significa alto, detente, frena o como quieras, pero debes parar. -Dijo Lily mientras bajaba el volumen de la radio.

- ¿Quieres conducir tú? -Respondió Ian, frenando bruscamente en la acera de una solitaria calle.

- No tengo licencia. -Contestó ella mirando con reproche a su tío.

- No te pregunté eso, señorita tomate. ¿Quieres o no?

- ¿Sabes que si nos pillan mi propio padre me secará en la cárcel?

- Si lo sé, por eso lo hago... a lo mejor encuentras novio. -Y se carcajeó mientras Lily le quitaba las llaves de la mano y se sentaba en el asiento del chofer. Ian se acomodó, al lado de ella y subió más aún le volumen de la radio, girando la perilla hasta el tope.

Y mientras Lily conducía parsimoniosamente, lanzaba miradas furtivas a el espejo retrovisor, buscando la mirada de un "maldito cuatro ojos", pero James se concentraba en la ventana que tenía al lado.

- "Because I am easy come, easy go, A little high, little low". El chico de ojos verdes gritaba la canción a todo pulmón mientras sacaba de un bolsillo de su chaqueta de cuero una botella pequeña.

- Estás arruinando una buena canción, Ian.

- Canta tú si crees que te sale mejor. -Y tomó un trago de la botella.

- Cállate o me voy y te quedas sin dinero.

- "Mama, just killed a man. Put a gun against his head." ¡James! ¿Te gusta Queen? -Preguntó ignorando el comentario de Lily y alcanzándole la botella.

- ¿Ah? -Giró sus ojos, que antes estaban posados en la vista que le daba el espejo lateral del vehículo, donde se veía el mentón, los labios brillantes y rojos y la punta de la nariz de Lily. -Sí, si me gusta Queen -Dijo distraídamente y una sonrisa se le escapó cuando veía a Ian cantar con tanta potencia como podía, muy cerca de la oreja de Lily, mientras ella lo intentaba alejar con una mano.

- ¡Qué bien! Puedes cantar si quieres, a Lily no le molesta. Oye, ¿Tú sabes conducir?

- Algo ¿Por qué? -Preguntó James tras beber un sorbo de la botella.

- Porque si Lily queda como bulto tenemos reemplazo en el volante.

- ¿Perdón? Yo no quedaré hecha un bulto, además dudo que alguno de ustedes pueda siquiera pararse si ya empezaron a beber.

Ian rodó los ojos y tras un hondo suspiró habló -¿No quedarás hecha bulto? ¿Crees que nadie se dio cuenta lo que pasó en la fiesta de Año Nuevo?

Cuando James lo vio interrogando de aquel modo a Lily, se acordó del señor Evans, aquella sonrisa era idéntica a la que vio en la cocina, no era una sonrisa de felicidad ni de alegría, era más bien una mueca burlona.

- No, nadie se dio cuenta...porque no pasó nada.

- Que tú estúpido novio le dijera a tus papás que te fuiste a acostar temprano porque te dolía el estómago, no significa que yo también lo tenga que creer.

- Ya no es mi novio, y si me dolía el estómago fue por comer las ostras rancias que preparó tu insulsa novia. -Mientras ella alegaba acaloradamente, él seguía cantando descaradamente como tratando de no oírla.

- "Carry on, carry on, as if nothing really matters"- Sin embargo al escuchar las últimas palabras no pudo quedarse callado.

- ¡Ya no es mi novia, Lily!

- Bien por ti.

- Bien por mí y por Loreen.

- ¿Por Loreen?, ¿mi Loreen? ¡No te atrevas, Ian!

- Vamos Lily, prometo ser bueno. -Le dijo mientras ponía cara de niño inocente.

- No, olvídalo. – Y desvió la mirada del camino para fulminar a su tío.

- ¿Por qué?

- ¡¿Por qué?! -Dijo la chica alzando las cejas escepticamente. -Porque es mi amiga, porque tú no le gustas, porque a ella le gusta otra persona y porque te conozco perfectamente bien para saber que "no" es la palabra que tengo que decir. Además Ian, tienes 25 años y ella tiene mi edad, ¿Ahora quieres ser un asalta-cunas?

- James, ¿Tú conoces a una amiga de Lily que se llama Loreen? -Preguntó casi completamente girado en el asiento y con los ojos abiertos, expectantes, mientras Lily bufaba.

- ¿De pelo largo, castaño claro y ojos oscuros? -Trató de contestar James entornando los ojos.

- Sí, esa misma. ¿Me das su número de teléfono?

- No Ian, no, no, no. ¡Es mi amiga!- dijo Lily.

- ¿Y qué? Yo soy tu tío, tenemos la misma sangre, compartimos genes. ¡Deberías celarme a mi con ese empeño!... pequeña traidora. -Respondió haciéndose el dolido. - Dobla aquí a la derecha y detente en la casa amarilla. -Lily frenó en el lugar que Ian le indicó, su tío se bajó rápidamente del auto, cantando "Galileo figaro-magnifico".

Y Lily se quedó completamente a solas con James dentro del vehículo. Un silencio sepulcral cayó sobre ellos. Se turnaban para mirarse unos segundos y desviar completamente los ojos en otra dirección, la pegajosa canción todavía volaba en el aire acompañada del sonido que provocaba el tamborileo de los dedos de Lily en el volante. Cuando ella, decidida, levantó los ojos y miró a James para preguntarle que ocurría con él, apareció Ian en la puerta de aquella casa amarilla, con un sujeto rubio, de piel muy blanca y con el pelo parado en el centro de su cabeza, similar a una cresta.

- Maldito Ian. -Susurró Lily mientras trataba de encogerse y hacerse invisible en el asiento del conductor. Y lo maldijó aún más, cuando Ian le habló a su amigo indicándole que se sentara adelante, en el asiento del copiloto.

- Hola, Jodie ¿Me recuerdas? -Dijo el chico con voz empalagosa apenas se instaló en el auto.

- Sí, si te recuerdo. -Dijo Lily seria, mientras giraba las llaves del auto, sin mirar a su nuevo acompañante –Y no me llamo Jodie. – Aclaró, acelerando a fondo.

- Lo sé. -Contestó aquel joven mientras la contemplaba embelesado. –Aún quiero tatuarme tu nombre y el mío encerrados en un corazón aquí. -Se llevó la mano dramáticamente al pecho.

Ella trató de ignorar el comentario. Y siguió con los ojos fijos en el camino, mientras atrás Ian y James bebían de otra botella igual de diminuta que la anterior y reían estrepitosamente después que en una luz roja, el chico de ojos verdes le había gritado a una anciana un piropo subido de tono, obteniendo que la Señora le lanzara un beso con la mano.

- Lily…¿Viste qué linda está la noche?

- Sí, sí, muy linda. -Contestó con desgana, concentrada en el camino.

- Y pensar que bajo este cielo, nos besaremos hasta que no hayan estrellas- Y lanzó un suspiro enamorado mientras cruzaba los brazos tras su cabeza.

Lily frenó bruscamente y miró a su tío.

- Ian, ¡Cámbiate de asiento!

- Lily…

- ¡Cámbiate de asiento o el hipogrifo bailará ésta noche en la morgue!-. James ahogó una carcajada con el comentario de Lily, el joven rubio tenía los rasgos de la cara muy similares a un pollo gigante.

- Pero yo me quiero ir conversando con mi amigo James. – Y abrazó fraternalmente al chico como si fueran amigos de toda la vida.

- No me interesa, Ian. Yo no me quiero ir con él ¿Escuchaste la estupidez que me dijo? –. Los ojos de la chica destellaban furia.

- No, no escuché, pero lo imagino. ¡Hey! -Le dijo a su amigo con cara de hipogrifo. -No hagas enojar a la pequeña maravilla. -Espetó mientras le pegaba un palmetazo en la cabeza.

- Lily, yo sólo dije lo que siento en mi corazón…

- ¡Arg! Ya sé porque Petunia dejó de salir contigo, imbécil. -Aceleró el motor de nuevo y se dedicó a contar mentalmente hasta cien. No quería sulfurarse, no podía. Sabía que las luces azules la pondrían en evidencia con personas que no comprenderían.


Nota de Autora: Hola, les traje capítulo largo. Lo siento, intenté acortarlo un poco, pero no puedo sacar más cosas. Intenté que me quedara lo más coherente posible. Espero sinceramente que les haya gustado.

Me demoraré un poco más en arreglar el capítulo que sigue, es que no tengo mucho tiempo. En todo caso no me demoraré más de dos semanas. ¿Es demasiado? Espero que no.

Muchas gracias a toda la gente que lee ésta historia y el doble de gracias a la que me dejan un comentario. Por cierto, no he olvidado a la gente que me leía desde antes, no los he cambiado ni nada por el estilo.

Un beso grande y gordo a todos.

maite.

Shey: Gracias por tu apoyo incondicional. Me alegro que te haya gustado el capítulo. ¿Soy cruel? ¿Por qué? Yo también deseo tener más tiempo libre. De verdad, escribiría todo el día.