Capítulo 24: "El Método Evans"
Parte Uno: Identifique el problema.
Cuando Lily llegó al lugar, tras rumiar silenciosamente otro cabreo por no encontrar un buen lugar donde estacionar el vehículo, ella tenía la secreta esperanza de que James se quedara rezagado para preguntarle, y así saber de una vez por todas, qué ocurría con él.
Pero Ian la tomó del brazo y la arrastró al interior de la casa donde se hacía la fiesta.
Afuera, en los jardines había una colección de gente dispersa en grupos ruidosos y todos sostenían vasos y botellas que apuraban en vaciar. Lily notó que uno de los grupos que estaba más cerca de la entrada de la casa, estaban sosteniendo a dos chicas muy ebrias que se contenían a duras penas las ganas de vomitar.
"Prometo no quedar así" pensó, al ver esas chicas, y un sentimiento de pena por ellas, la embargó.
Ian se movía por el interior de la casa, como si la conociera de toda la vida, esquivaba a la gente con rapidez, regalando sonrisas a algunos conocidos y recibiendo palmadas en la espalda. James no pudo dejar de notar la cantidad de personas que habían ahí. El salón estaba atestado, iluminado escasamente y lleno de humo. Los pocos muebles del recinto estaban contra las paredes, eran viejos y se encontraba en muy mal estado. Aún así, muchas personas se sentaban sobre ellos. Una chica rubia de pelo muy largo, con los ojos enrojecidos, jugaba a balancearse peligrosamente en una mesa que tenía las patas demasiado abiertas a juicio de Lily. Pensaba que de un momento a otro aquella chica se caería.
El chico hipogrifo guiaba a James, para no perderse en aquel atestado y enorme lugar. El ambiente olía a humedad y a encierro. El denso humo tenía los aromas del pasto quemado combinado con tabaco. James no sabe por qué, pero de un momento a otro, al sentir esa fragancia pensó en Sirius.
Los detalles de la arquitectura y el tamaño de la casa revelaban que había sido una gran mansión en tiempos pasados. Por un corredor lleno de puertas, James vio como se perdía Ian y Lily. Los siguió, tratando que nadie volteara el contenido de sus vasos sobre él y la misión sólo la cumplió por sus excelentes reflejos de jugador de quidditch. El chico con cara de pollo no podía decir lo mismo; su camisa terminó regada por el alcohol porque una chica sostenía precariamente su vaso.
Aquel corredor desembocaba en una amplia terraza, repleta de pequeñas mesas y sillas de plástico que la gente ocupaba casi en su totalidad. Más allá de la baldosas viejas y maltratada, se extendían un pastizal que acusaba el abandono de la casona. A lo lejos, mezclado entre los altos pastos, se agitaban suavemente el follaje de grandes árboles.
Y fue en aquel lugar, en esa sucia terraza, donde se instalaron junto a un grupo de amigos de Ian. Lily trataba de hacerse invisible detrás de su tío, no quería saludar a sus "molestos" amigos uno por uno, con un respectivo beso en la mejilla. Pero no lo logró porque Ian la empujó suavemente hacia aquel grupo.
- ¿Se acuerdan de Lily?
Para sorpresa de ella, Ian luego tomó a James por los hombros y lo presentó a su grupo de amigos, como si se tratase de un hijo del que se está sumamente orgulloso.
Lily tras saludar rápidamente a todos, se paró al lado de Ian y miraba alrededor buscando un lugar donde enterrarse viva y así dejar de sentirse como un pedazo de carne en la vitrina de una carniceria un sábado por la mañana. El chico con cara de pollo, que se llamaba Paul, insistentemente trataba de conversar con Lily, quien ya se había intentado fugar de él en innumerables ocasiones. Y que ella evitó exitosamente acercándose a uno de esos amigos de Ian, uno que le caía sólo un poco mejor que el resto, porque el chico tenía una novia simpática.
Lily y la novia de aquel amigo de Ian se sentaron algo alejadas del grupo, y estaban embutidas en una animada conversación sobre lo pesados que se ponían los chicos alcohol en sus venas y cuando estaban escoltados por la camadería que otorga andar en grupo. Lily pensó que la chica odiaba tanto estar ahí y que si no fuese por su novio, ella estaría teniendo un romance pasional con su televisor también.
Mientras Lily estaba sentada unas mesas más allá, muchos chicos que ella no conocía se le acercaron a mirarla con detenimiento, como si ella fuese el objeto de estudio en un laboratorio. Le examinaban el rostro descaradamente, y uno que otro le pidió si podía enseñar su perfil.
Lily sólo respondía arrugando el ceño.
Y de pronto, comprendió a que se debía el desfile de hombres. La estaban comparando con otra chica que estaba más allá y que era una copia idéntica de Jodie Foster. Lily sólo sonrió cuando vio el parecido que tenía aquella chica con la famosa actriz y se imaginó la acalorada discusión que tenían los chicos más allá, donde podía ver a su tío agitando sus brazos, con el ceño fruncido también.
Al rato, Ian apareció de nuevo con vasos para ellas dos, y el que le pasó a Lily tenía sólo una triste gaseosa que se tomó irritada, deseaba más que nunca poder tomar algo, sólo para quedar como una saco de papas, con la esperanza de encontrar más divertida aquella situación en donde aún la seguían observando cada tanto.
Lily ya no tenía ni ánimos ni esperanzas en esa fiesta. Al ver desde unos metros como Ian, James, Paul y el resto reían y discutían estrenduosamente sentados bajo la estrellada noche, y como bebían copiosamente de sus vasos, se convenció que el litro de helado y la televisión fundiendo sus ojos no era una mala opción y prometió nunca más mirar en menos ese tipo de panoramas.
Sólo deseaba que la noche transcurriera lo más rápidamente posible y poder irse a su cama. Sólo pensaba en eso, hasta que se sintió observada de un modo especial. Se giró en busca de quien la podía estar mirarlo, buscó los ojos de James, pero él estaba de espaldas a ella unos cuantos metros más allá conversando con Ian y sus amigos. La sensación de tener mil ojos invisibles sobre ella se volvía insoportable, giraba suavemente la cabeza en busca de las pupilas responsables, una y otra vez, hasta que sucedió. Vio que desde un rincón de la terraza un joven solitario la contemplaba descaradamente mientras fumaba tranquilamente un cigarrillo, y de pronto, él se levantó, tiró la colilla y caminó en dirección a ella. Era un chico de pelo castaño, alto y que sonreía misteriosamente, y a criterio de Lily era un joven muy, muy guapo.
- Disculpa, ¿eres Lily Evans?
- Sí. -Contestó dudosa entornando sus ojos ante aquel que tenía enfrente.
- ¿Lily Evans? ¿La sobrina de Ian? -Volvió a preguntar mientras estudiaba detenidamente el rostro de la chica.
- Sí. -Respondió.
- Oh, ¡pero si estás enorme! Si no fuera porque tienes los mismos gestos de Ian no te reconozco.
- Gracias. -murmuró con la voz débil. -¿Y tú eres…? -Interrogó Lily desconfiada.
- ¿Dónde está Ian?- Preguntó ignorando las palabras de la chica. Lily apuntó con el dedo hacia donde estaba su tío con su pandilla de monos salvajes. Y antes de poder decir accio el chico la tomó del brazo llevándola de vuelta de aquel grupo que ella tan astutamente había evitado.
Ian, al ver aparecer a aquel sujeto, sonrió abiertamente. En un segundo abrió los brazos y se abalanzó hasta él. Se subió arriba de él, como un mono, como si no se hubiesen visto en mucho tiempo. Mientras tanto, se decían muchos sobrenombres a gritos y la risa burbujeaba en cada palabra. Los chicos se separaron y sostuvieron una conversación de la cual todo el resto se mantuvo aparte. Y tras unos momentos, volviendo a la realidad grupal hablaron más fuerte.
- ¿Cómo llegaste aquí? -Preguntó Ian.
- Un amigo me invitó, me dijo que había una fiesta gigante en Camden y como no tenía nada más entretenido que hacer, se me antojó venir. Y estaba buscándolo aquí y reconocí a Lily...cuando está enojada arruga el ceño y frunce los labios igual que tú y Alfred.
Lily al escuchar el nombre de su padre se giró para observar a aquel sujeto, estaba completamente extrañada, ella no conocía al tipo con que hablaba Ian ¿o sí?
- Él es David Wilson… -Y en ese momento Lily se dio cuenta de que sí conocía a aquel chico, al oír aquel nombre una serie de recuerdos llegaron a su mente a una velocidad vertiginosa, como un remolino que se despeja en el centro permitiéndote ver la luz. Ella conocía a aquel sujeto de toda la vida, lo recordaba desde siempre. Era amigo y compañero de escuela de Ian y cada vez que ella iba a visitar a sus abuelos se encontraba con él. De hecho, solían observarlo siempre con Petunia, a escondidas. Lily pudo sentir, una vez más, como la mano de su hermana le tapaba la boca para que su respiración fuese más silenciosa, mientras él escuchaba música acostado en la cama de su tío. Lily recordó los suspiros ahogados detrás de las puertas, la vergüenza que sentía cuando tenía que comer en frente de él.
Él, David Wilson, era en resumidas cuentas el primer amor de Lily.
Fue la primera persona con la que se puso nerviosa nada más que al verlo y el responsable de que le latiera más a prisa el corazón y se le subieran los colores, para terminar ocultándose detrás de las piernas de su papá cuando él le sonreía. No lo veía desde que ella se había ido a Hogwarts, porque durante las vacaciones de verano él no frecuentaba mucho la casa de sus abuelos.
Como rompiendo un encanto, escuchó la voz de su tío decir. - …pero todo el mundo lo llama "Dave" Es un amigo de la infancia, fuimos juntos al colegio. -Ian presentó a su amigo ante cada persona de ese grupo, diciendo cada vez más datos, como si fuese una disertación.
Dave saludó a cada uno de los que conformaban el grupo y cuando llegaron sus ojos hasta Lily se acercó a Ian y musitó.
- Te dije que sería guapa cuando creciera. ¡Mira! si está casi irreconocible, es igual a Rose, pero tiene los ojos de Alfred. - Lily sintió como sus mejillas se encendían tras ese comentario. James tosió atragantándose con el alcohol que pasaba por su garganta en ese momento.
- ¡No son los ojos de Alfred! Son los míos, son más brillantes y no son bizcos. Es obvio que está distinta, si la conociste cuando era casi una recién nacida. Además ahora es igual a Jodie Foster. –Concluyó guiñándole un ojo a James.
- Si sé que la conozco desde pequeña pero la última vez que la vi fue hace ¿seis años? Más o menos. ¡Vaya, que cambiada está! Tú estás más loco que nunca, Ian. No se parece a Jodie Foster, tiene más bien un aire a Jane Birkin, pero ¿Jodie?. No, Ian, hazte ver. - Y girando sus ojos hacia ella preguntó. -Lily ¿cuántos años tienes?
- Diecisiete – contestó sonrojada, mirando a la cara a aquel chico, tratando de descifrar porque ella no le había reconocido. El, tenía el pelo bastante más largo de cómo lo recordaba, tenía una ligera barba que enmarcaba su rostro y estaba más corpulento y cuando sonreía se le marcaban unas débiles arrugas en los ojos.
- ¡Qué bien! No puedes hacer legalmente lo que me gustaría…pero tienes los suficientes años para poder bailar conmigo. -Y miró a su amigo y al ver que Ian no se oponía, la tomó del brazo y la llevó al interior de aquella casa, donde estaban los miembros danzarines de la fiesta.
James sólo dirigió una mirada asesina a Dave y otra envenenada a Ian, quien notó un brillo de desconfianza en los ojos del chico de lentes.
- Tranquilo. -murmuró Ian. -Es mi amigo, lo conozco de toda la vida, jamás le haría algo- y tras decir eso se fue en busca de más alcohol para él y James.
Lily no lo creía, su sueño de niña hecho realidad. Con la escasa luz podía ver como Dave le sonreía mientras movía su cuerpo al ritmo de la música, él bailaba de un modo espectacular, haciéndola sentir incluso un tanto torpe. Sin embargo, ella se esforzaba cada vez más por seguirle el paso y no ser menos. Como un maestro ante una alumna, él la dirigía y a veces hasta tomaba su cintura sutilmente para enseñarle con exactitud algún movimiento. Perdidos entre una multitud de desconocidos, atrapados en una música frenética, Lily estaba por primera vez disfrutando de aquella fiesta; ya no pensaba en su cama, ni en el helado, ni la televisión. Ni siquiera le molestaba que Dave le haya dicho "pequeña", apelativo que sólo podía utilizar personas a quienes ella daba esa confianza.
Al cabo de un rato, alguien, le pasó la mano por la cabeza, despeinándola, se giró molesta y reparó que al lado de ellos bailaba Ian y James con dos chicas, una de ella era la chica copia de Foster y la otra era una nunca antes vista que tenía la edad de su tío y que se enrollaba animadamente a su cuerpo.
Ian le guiñó un ojo maliciosamente y se acercó a ella para decirle en el oído -¿Te apuesto qué ahora no te parezco tan asalta cunas? -Pero Lily no se sonrió, tampoco se enojó por aquel comentario. Sin embargo su rostro se ensombreció levemente. Una cosa era bailar con Dave, pero otra distinta era besarse con él y esa idea en ningún momento había cruzado por su cabeza. Y sin contar que desde que llegó Ian, con James, a su lado ya no le parecía tan entretenido el baile.
Dave miró detenidamente a James unos segundos con una sonrisa indescifrable en su rostro. James le correspondió la mirada ceñudo. Y tras eso, Dave tomó a Lily, quien notó que ella se había apagado de pronto y la arrastró suavemente hasta la desvencijada cocina de aquel lugar.
La cocina, al igual que el resto de la casa, era espaciosa pero estaba tan atestada como cualquier otro espacio. Dave tras sonreírle a un par de personas, logró conseguir una botella llena de un líquido transparente, que se guardó en el bolsillo trasero de sus jeans, y dos vasos llenos de cerveza, los cuales levantó para que no se derramasen en su viaje de vuelta hasta Lily. Le extendió uno a ella, pero ella con una sonrisa se negó.
- ¡Vamos! Un vaso de cerveza no te hará nada, y si te hace algo, yo te cuidaré. -Y tras decir esto le sonrió mostrándole una sonrisa digna de un anuncio de pasta dental.
Lily sólo sonrió de vuelta y aceptó el vaso que el chico le extendía.
Se sentaron en el alfeizar de una ventana a tomar cerveza y charlar un rato, pero pronto notaron que para conversar tenían que gritar, así que Dave le tomó de la mano y la arrastró del mismo modo hasta la terraza.
Al llegar hasta allí, comprobaron que todas las mesas estaban llenas y ninguno de los dos quería ir a sentarse con los amigos de Ian. Por lo que decidieron internarse un poco en el patio y sentarse sobre la hierba, bajo la copa de un amplio nogal.
- ¿Y aún estás en ese colegio internado?
- Sí, me queda un año más. Osea, lo que queda de éste y un año más.
- ¿Y después qué harás?- inquirió Dave.
- No lo sé, creo que seguiré estudiando algo. ¿Y tú? ¿Qué haces? – respondió Lily.
- Yo trabajo. Estudié arquitectura, pero no me gusta. Y estudié fotografía también y trabajo en eso, igual que tu mamá. - y tras decir eso le tocó la punta de la nariz cariñosamente.
- ¿Y dónde estás trabajando? – Preguntó la chica.
- En un periódico, como free lancer. Pero creo que ya tengo el dinero que necesito para iniciar mi propio proyecto. – contestó Dave.
- ¿Cuál proyecto? Preguntó Lily interesada.
- Me iré a viajar por Europa éste verano y pretendo fotografiar lo que se me antoje. Quiero hacer una especie de libro que muestre los lugares que valen la pena recorrer pero enfocado a un público joven. Que mi libro señale cuáles son los hostales buenos y baratos, los restaurantes, los clubes, pubs, museos y etc, pero todo enfocado para un público joven.
- Eso se parece a lo que quería hacer mi mamá. - susurró Lily.
- Lo sé, de hecho ella me dio la idea una vez que fui a tu casa con Ian.
- ¿Cuándo fuiste a mi casa?
- Ehm...¿hace un mes más o menos? no recuerdo. Pero siempre voy, Lily.
- ¿Y dónde estaba yo? - Preguntó la chica, entornando los ojos por no recordar aquella conversación.
- Supongo que en tu colegio – y le guiñó un ojo mientras se llevaba el vaso a los labios.
Y así, siguieron conversando animadamente, como dos personas que eran grandes amigos de toda la vida. Pero no era el caso, Lily con suerte le había hablado antes, cuando era más pequeña se ponía roja y la voz no le salía, sin embargo aquella Lily había quedado muy atrás, ahora podía hablar y bromear con él con total naturalidad.
Y eso estaba haciendo, hasta que vio aparecer en la terraza a James con la chica que bailaba y observó cómo se sentaban en un rincón sombrío, ocupando un sofá desvencijado. A Lily le daba la impresión que James estaba sentado y la chica semi acostada sobre él.
Les dirigió una mirada rápida y envenenada. Luego desvió sus ojos hacia Dave para seguir escuchándolo, pero su cerebro se fue a volar. Lily estaba buscando los quince mil métodos de tortura más dolorosos para aplicarlos uno a uno a aquella chica. No quería ver qué estaban haciendo, tenía miedo. Quizás se estaban murmurando palabras raras, o peor aún, quizás podrían besarse. Y Lily tampoco era capaz de seguirle el hilo a la conversación con Dave, por lo que decidió cerrar sus ojos y beber de su vaso todo lo que había en él de un solo sorbo y después fue por el vaso de Dave, quien sólo la contemplaba en todo momento, silenciosamente.
- ¿Lily? – le llamó mientras ponía un cigarrillo entre sus labios.
- Uhm - contestó con los ojos cerrados aún, apoyándose en el grueso tronco del árbol.
- ¿Conoces a ese chico que está allá con esa chica? -Preguntó Dave al seguir el recorrido que los ojos de Lily habían dado.
- Sí, sí lo conozco.
- ¿Cómo se llama?
- James Potter.
- ¿Y es tu novio?
- No, él es sólo mi compañero de colegio. – Respondió mirando la noche a través de los hojas del árbol.
Al escuchar las palabras de Dave, Lily se recogió. "Qué le importa a él si es mi novio o no." pensó. Ella lo estaba pasando bien con Dave, pero no tenía ninguna intención de pasar a algo más allá y le apenaba tener que rechazarlo. Por lo que optó quedarse callada y seguir mirando la noche.
Tras unos momentos se dio cuenta que Dave buscaba algo en sus bolsillos, sacó la botella que tenía y la dejó en el pasto, luego sacó una caja pequeña de color oscuro y unas paletas dulces muy coloridas.
- ¿Qué es eso? – preguntó la chica apuntando la caja.
- Una medicina.
- ¿Medicina para qué?
- Uhm – el muchacho se quedó en silencio con los ojos hacia el frente y respiró profundamente. – Es una medicina que me da el psiquiatra, pero es rara, digamos que es una medicina experimental.
- ¿Psiquiatra? –interrogó la chica mirándolo a los ojos.
- Verás, tengo problemas con aceptar ciertos hechos…ciertas realidades y se supone que con esto y la terapia seré capaz de superarlo.
- ¿Qué realidades, Dave?
- Me cuesta asumir mis sentimientos, me cuesta aceptarme y me cuesta mucho manifestar mis emociones. –contestó tras un rato.
Lily se quedó callada ante esa revelación. Y muy en el fondo de su corazón sintió que ella también tenía bastante de esos problemas, más que mal, por algo tuvo que recurrir en cierta oportunidad a un hechizo que expusiera sus sentimientos cuando los reprimía. Ella tampoco era capaz de afrontar las cosas y encararlas, tampoco era muy hábil manifestando sus emociones si no era en un clima de confianza extremo.
- ¿Y qué medicina es?
- Uhm… Es una droga, de hecho, es casi ilegal. Se llama "éxtasis", también la conocen como "euforia" ¿La conoces?
- Sólo de nombre...Oye, Dave ¿pero eso no es peligroso?, digo, es casi andar drogado viendo enanitos de colores que saltan un arco iris mientras comen pizza.
Dave se rió. -No, está droga no es así. No es como la marihuana ni como los ácidos, pero de igual forma es una droga. Te hace sentir más amistoso, más claro, más limpio. Eres capaz de maravillarte con todo, puedes sentir el aire en tu cara y puedes ver cosas que normalmente no ves, pero que siempre han estado ahí. Y eso también se aplica a tus emociones, puedes ver con nitidez qué es lo que quieres. -Tras estas palabras, abrió la caja y tomó una de las píldoras, destapó la botella y dejó que el medicamento se deslizara por su garganta con el líquido.
Lily de nuevo permaneció en silencio al lado del chico, mirándolo en todo momento. Y sin pensarlo realmente, acercó su mano a una de las píldoras, la sujetó con los dedos temblorosos y sintió la cálida mirada de Dave sobre ella.
James por su parte estaba cansado de la chica que tenía a su lado. Realmente odiaba cuando las mujeres se le ofrecían en bandeja y ni siquiera les interesaba conversar con él. No, eso no tenía gracia. No eran como Lily. Aquella chica, esa que estaba tendida sobre él, era demasiado fácil intentar algo con ella, demasiado burdo para merecer la pena, porque James sentía que sólo buscaban animarse un rato. Y cuando su mente creó esa frase, una voz molesta dentro de él, replicó. "Lily no es tan distinta, ¿sabes? También te ocupa para animarse." Sin embargo, otra voz respondió dentro de su cabeza. "Sí, pero no le interesa exhibirte como premio, o como si fuera paseándome por un concurso de perros."
Aquella chica en particular, estaba acostada sobre su regazo, mientras con su mano le acariciaba la rodilla, y cada vez esa mano iba más y más arriba y con la otra buscaba a tientas una botella que estaba en suelo, llevándosela torpemente a sus labios. Pero James no pensaba en eso, su cabeza no dejaba de analizar que Lily estaba en algún lugar de esa fiesta con Dave y la idea no le agradaba nada. La imaginaba besándose con aquel chico en algún rincón oscuro, casi sentía que podía escuchar su respiración entrecortada.
James no veía a Lily desde que se había ido con ese tal Dave, y por mucho que le doliera, no dejaba de imaginar que ella estaría consolándose de sus penas de amor con cualquiera, con cualquiera que la hiciera olvidar su soledad. "Una de las cosas que ella no resistía", recordó con amargura.
Ian apareció en la terraza con su compañera de baile, sólo sonrío cuando vio a James con aquella chica acaramelados en el sillón.
- ¿James?
El chico giró su cabeza buscando la procedencia de esa voz.
- ¿Has visto a Lily y a Dave?
- No. La última vez que los vi fue cuando estaban bailando al lado nuestro, pero después se desaparecieron y no me los he vuelto a encontrar.
- Vale. – Y con un gesto de la mano se despidió, desapareciendo hacia el interior de la casa.
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-¿Estás segura? Preguntó el chico mirándola a los ojos.
- Creo que sí. – contestó mientras examinaba con sus dedos una píldora.
- ¿Crees, Lily? ¿Por qué quieres hacerlo?
- Porque siento… siento que necesito hacerlo.
- Después no puedes volver a consumir alcohol y tienes que tomar mucha agua.
- De acuerdo. –Contestó ella con un movimiento solemne de cabeza.
- Mejor te quedas a mi lado toda la noche, así me aseguro que nada malo te ocurra.
- Por mi está bien. –Y tras decir esto colocó la píldora entre sus labios, y la apretó suavemente entre ellos, cerró los ojos y al segundo, sintió la mano de Dave acariciando, con sus dedos cálidos, sus labios.
Luego, Lily sólo fue consciente cuando habían pasado treinta minutos, cada uno al lado del otro en silencio, dando sorbos cortos a la botella de agua que estaba tirada en el pasto. Y ambos chupando una paleta.
- ¿Por qué lo hiciste? –Preguntó Lily con la voz temblorosa. Sólo entonces fue capaz de hablar.
- No sé, me dieron ganas –contestó mientras elevaba los hombros.
- Pero ¿dos, Dave? ¿Acaso con uno no es suficiente?
- Pero…es que siento que esta noche es especial, y yo quería hacerla especial para mi. -mintió Dave. -Ven, te voy a contar algo. –Y Lily sintió como un brazo recorría su espalda, para terminar la mano de Dave en su hombro.
- ¿Qué cosa? -Preguntó la chica sin desviar su mirada del cielo.
- Un secreto.
Lily lo miró extrañada, y vio como la boca de Dave se acercaba a su cara.
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- James, ¿quieres que vayamos al fondo del patio? -. La chica tenía la lengua un tanto traposa y arrastraba las palabras.
- No, prefiero quedarme aquí.
- ¿Quieres que vayamos a bailar?
- ¿Tú quieres ir a bailar? -Contestó James, empujando sus lentes hasta el tope del puente de su nariz. -O mejor dicho, ¿Crees que puedes bailar?
- No, prefiero ir a acostarme al césped. Siento que el mundo está girando demasiado rápido.
James se levantó del sillón y al ver como la chica se pegaba con cada persona, sillas y mesas que encontraba en su camino, la tomó de la mano, orientándola hacia el patio y evitando que se cayera. La chica, casi igual a Jodie Foster, caminaba arrastrando los pies, muy cercana a James, y con su mano afirmaba una botella casi llena de un líquido dorado. Cada tanto lanzaba sonoras carcajadas que compartía con ella misma.
Cuando James cruzó la zona de las baldosas, que alguna vez fueron rojas, y caminaba por el descuidado pasto, reparó en las siluetas estáticas que estaban junto al tronco de aquel nogal y vio como lentamente se separaban los cuerpos. No necesitaba luz, para reconocer la inconfundible figura de Lily descolgando sus brazos del cuello de alguien y presumió que quién la acompañaba debía ser Dave.
Vio como sus cuerpos se distanciaban uno del otro en la oscuridad y como Lily se sentaba de nuevo apoyada en el tronco y pasaba una mano por su rostro, y el resto se lo dejó a su muy vívida imaginación.
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Por su parte Lily estaba secándose las lágrimas que tenía en el rostro, no sabía porque lloraba tanto, pero lo hacía copiosamente. Dave sólo le tomó la mano y se la apretó con fuerza, en señal de agradecimiento. Lily a pesar de tener el rostro bañado, sólo sentía una sensación de paz como hace mucho que no percibía una. O eso sentía hasta que distinguió a unos metros de ella la silueta de James de la mano con aquella chica. No se dio cuenta cuando su mente volvió a los mecanismos de tortura, unos que incluían ratas y electricidad, unos con muchas cuerdas y otros con…
- ¡Lily!
- Uhm. -Contestó sin dejar de mirar en la dirección por donde iba James, entrecerrando sus ojos.
- ¡Lily, mira! Tienes luciérnagas a tu alrededor.
- ¿Qué? -Contestó sin escuchar realmente lo que Dave le decía.
- Tienes luciérnagas que giran en torno a ti, son muy bonitas…¿Por qué no bajé mi cámara del auto? Esta sería una foto increíble –dijo el joven mientras se pegaba golpes pequeños en la cabeza.
- ¿Qué cosa sería una foto increíble? -Preguntó mientras fruncía los labios y sentía sus ojos arder de tanto mirar sin pestañar todos los movimientos de aquella pareja que se perdía en la espesa oscuridad.
- Ya la imagino, tu silueta en el pasto rodeada de luces amarillas… ¡Sería genial!
A Lily un rayo le atravesó la cabeza al escuchar las últimas palabras.
"¿Luces amarillas?...¡Oh, mierda! No puede ser ¡No puedo estar celosa de Potter! porque a mi no me gusta. No, no me gusta nada." Una punzada en el estómago se le clavó al ver como la chica se recostaba en las piernas de James y con o sin la ayuda del éxtasis, Dave veía relampaguear a los "insectos" que revoloteaban alrededor de Lily.
Parte Dos: Busque una Solución
- ¡Lily!
- ¿Qué?
- ¿Por qué las luciérnagas te persiguen?
- ¡Maldita zorra! – murmuró Lily, provocando que todas las luces se apagaran inmediatamente.
- ¿Dónde...? ¿Dónde se fueron las luciérnagas?
- No lo sé. Quizás a molestar a alguien más –dijo poco convencida llevando la paleta dulce a su boca.
- ¡Con que ahí están! –Interrumpió con voz cantarina Ian, mientras caminaba hacia ellos.
- Sí, aquí estamos – dijo Dave parándose inmediatamente y ayudando a Lily que se levantara del suelo también.
- Lily ¿qué te pasa?
- Nada ¿por qué?
- Porque estas pálida y tienes cara de ser la persona más feliz del mundo –dijo Ian con voz irónica.
- No, no pasa nada. – Y miró significativamente a Dave, sonriendo débilmente.
- ¡Venga! Vamos adentro. Hay un concurso de poleras mojadas ¿No quieres participar, señorita zanahoria?
- Sí, por supuesto ¿Dónde me anoto? – contestó con una sonrisa forzada en sus labios.
James estaba tratando que esa chica no le vomitara los pantalones cuando vio que alguien y Dave alzaban a Lily del suelo y ella gritaba, clamando para que la bajaran.
- ¿Así que quieres participar?
- Sí ¿por qué no? ¿No crees que me vería linda con toda la ropa mojada? – preguntó sonriente. -A lo mejor puedo ganar algo de dinero extra...
- No, mejor no participas y nos vamos a tomar algo.- Dijo Ian dejándola en el suelo.
- ¡No! – exclamó Lily
- ¿Por qué no?...Unas cervezas no te harán nada.
- A mi no, pero...si le harán algo a él. – contestó la chica apuntando a Dave.
- ¿Por qué? Son sólo unas cervezas…
- Hola, chicos, estoy aquí – dijo el aludido mientras movía una mano.
- En este caso creo que sí. – replicó Lily.
Ian esta vez no dijo nada, sólo la miró y frunció el ceño a modo de pregunta.
- Tomó éxtasis cuando estaba conmigo. -Confesó Lily
- ¡¿Qué?!
- Tomó éxtasis conmigo. -Repitió Lily.
- ¿Qué tomaron qué?, ¿En que estaban pensado? Tú tienes sólo diecisiete años… ¡Mierda! ¡Alfred y Rose me matarán!
- Pero, Ian yo no. Yo estoy bien y Dave supongo que también, aunque se tomó dos píldoras y su dosis era una.
- Chicos, sigo aquí… -Dijo Dave mientras cruzaba sus brazos y bufaba.
- Si, veo que sigues aquí chico listo, por lo menos de cuerpo…Lily ¿Dónde esta James?
- Allí. –Y apuntó en dirección a un bulto que estaba bajo un árbol frondoso. – apareciendo luces de nuevo en torno a ella cuando vio los cuerpos extremadamente cerca.
- ¡Mira! Son las luciérnagas de nuevo, Lily.´
- Está con una de las zorras de tus amigas –dijo la chica con voz molesta, mientras Ian entornaba los ojos en dirección a James para poder ver.
- Se fueron otra vez. ¡Yo también quiero tener bichitos!– alegó tristemente Dave.
- ¿Las zorras de mis amigas? –repitió Ian. Burlón.
Lily los ignoró deliberadamente y miró con inusual concentración las puntas de sus cabellos.
- Ven, vamos a buscarlo -Dijo Ian tomando a Lily del brazo.
- Suéltame, puedo caminar sola. – alegó mientras intentaba zafar su brazo de la mano de Ian.
Atravesaron el patio en segundos. Dave sentía un hormigueo muy placentero en los dedos de las manos y en las sienes. Sentía como el pasto le acariciaba las piernas sobre los jeans y veía como el viento mecía delicadamente la copa de los árboles. A su lado Lily caminaba y discutía con Ian, quien sólo la miraba sonriente. Dave no podía quitar esa sensación de bienestar que la llenaba desde hace unos momentos atrás. Era como si la alegría le exudará por cada poro.
Lily se quedó callada al aproximarse al lugar donde estaba James, quién estaba sosteniendo la cabeza de la chica que parecía dormida entre sus brazos.
- James…siento la interrupción –Se disculpó Ian al ver como estaban tendidos los dos en la hierba. -¿Te puedes quedar cuidando a Lily mientras voy a buscar a un amigo?
- ¡Me puedo quedar sola! De hecho, tengo ganas de ir a bailar. –Dijo Lily a su tío que la ignoraba y sólo fruncía el ceño más profundamente.
- ¿Por qué no la dejas conmigo? –preguntó Dave.
- ¡Ni loco dejaría solos a Janis Joplin y Jimy Hendrix de nuevo! Además tú vas conmigo, tienes los ojos demasiado dilatados.
- No necesito que nadie me cuide, y no me digas Janis Joplin. No tomé nada, Ian. –replicó Lily irritada.
- No me fío que de no hayas tomado nada. Sólo diré "Fiesta de Año Nuevo"
- Pero...es verdad, yo no tomé nada ¿Por qué me tengo que quedar aquí con James? ¡Dave! Díle a éste descerebrado que no tomé nada.
- Ella no tomó nada –Confirmó tranquilamente el chico. -En serio.
- Ya, pero te puede salir otro desconsiderado que ésta vez si logre meterte alguna estupidez. Si te fumarás un porro no me importaría, pero veo que estamos en el festival de las sustancias raras, así que te quedas aquí con James. ¿No te importa, cierto? –Preguntó mirando al chico de lentes que tenía cara de no entender nada.
- No me va a pasar nada, no seas exagerado…
- Si te pasa algo, creo que me suicido. Prefiero eso a que mi propio hermano me encierre de por vida en una cárcel por traer a su hija a una fiesta en donde se muere unos de mis mejores amigos.
- A lo mejor encuentras novia. -Dijo Lily mientras se sentaba en el suelo y sonreía maliciosamente.
- ¡Ja Ja! -Dijo con ironía. -Qué chistosa está la señorita betarraga…Si, quizás, aunque parece que me ganaron a una de las "perras de mis amigas" –contestó sonriente, ganándose una mirada asesina por parte de Lily, la que él ignoró deliberadamente. –James, cuida de ella, por favor. Que tomé agua cada cinco minutos de sorbos cortos y que no tomé alcohol. Ni una sola gota. – y le extendió la botella que tenía Dave en las manos. –Tú, acompáñame. –Agregó tomando por los hombros a su amigo y guiándolo hacia la fiesta.
- ¿Dónde vamos? – preguntó Dave.
- A buscar a un amigo que estudia medicina…
- ¿Por qué tengo que tomar agua? –Alegó Lily elevando la voz mientras veía a su tío regresar a la fiesta. Pero no recibió respuesta, así que sólo arrugó el ceño aún más, y airada se quedó mirando rabiosamente la silueta de Ian.
Y los dos amigos caminaban por la hierba se notaba que iban discutiendo. Lily se sintió mal inmediatamente, no quería que se pelearan entre ellos por su culpa, sólo por no haber detenido a Dave a tiempo.
Sin embargo al ver las siluetas a lo lejos golpeándose juguetonamente, se alivió y respiro tranquila.
- Creo que voy a caminar – dijo incorporándose.
- ¡No! -Fue la enérgica respuesta de James. -Te quedas aquí. Conmigo. Y me ayudas a cuidar a la que se tomó hasta el agua del florero –dijo mientras la afirmaba de un brazo.
- ¡Qué suerte! -Dijo con ironía. -Precisamente lo que siempre quise. Venir a una fiesta a jugar a la enfermera. -Lily, contestaba sin mirarlo a los ojos, mientras jugaba con una hoja que recogió del suelo.
- ¿A ti qué te pasó? –preguntó James, intentando descubrir su mirada.
- ¿Hasta que te dignas a mirarme y a hablarme? – contestó Lily, contemplándole de vuelta, decidida.
- Oye, ¿qué tomaste? Tienes los ojos raros, los tienes llorosos...
- No tomé nada, sólo que Ian es un exagerado – respondió murmurando y no pudo evitar sonreírse al pensar que su tío la creía más drogada que Janis Joplin.
Permanecieron en silencio, y James intentaba despertar a la chica que estaba casi tendida en el suelo, con suaves golpes en las mejillas y la chica sólo susurraba cosas ininteligibles.
Lily miró el perfil recortado en la oscuridad de James y su mente se fue a volar muy lejos de ahí, se fue a su habitación, a la noche anterior, y se concentró en las caricias que se regalaron e intentaba con todas sus fuerzas poder recordar cada beso con el máximo de detalle. Pero a medida que aparecía cada recuerdo, sentía que un peso enorme, similar a una loza, se alojaba en su pecho.
James evitaba observarla, tenía la vista fija al frente, mientras vaciaba con pequeños sorbos una botella que la chica dormida había llevado hasta ahí.
- Gracias, James. Pero creo que me voy. -dijo Lily colocándose de pie con agilidad.
- No, no te puedes ir. -contestó con voz potente.
- Pero de verdad quiero caminar. Además aquí hace mucho calor.
- Toma agua entonces – y le extendió la botella.
- ¿De ti? No tomo nada…A lo mejor tiene algo de veritaserum incluido o poción multijugos.
James cerró los ojos y contestó con voz molesta. – No tengo ningún interés en que te quedes aquí conmigo, pero le dije a Ian que te cuidaría. Así que deja el berrinche y sientáte.
Lily ni siquiera desvió sus ojos hacia él, se sentó rápidamente y se sacó parte de sus ropas, se liberó del sweater, lo dejó a un lado en el pasto y volvió a ponerse la chaqueta.
- Lo siento por estar de violinista, por mi me hubiese ido que rato y te dejó con tu nueva conquista.
- ¿Lo sientes por eso o por qué ese tipo se fue con Ian?
- ¿Quién? ¿Dave? –Preguntó Lily largándose a reír imparablemente.
Y cuando ella se calmó de su ataque de risa, bajo la mirada furiosa de James, otra vez el silencio cayó entre ellos. Está vez Lily se recostó en la hierba y cerró los párpados para concentrarse en sentir el olor del pasto húmedo impregnado de rocío, que ya comenzaba a caer. Y disfrutaba de las cosquillas que le provocaba la hierba al rozar su rostro.
- ¿Por qué estás enojado conmigo? Creo que no te he hecho nada para que me trates así. –Al hablar le salió la voz débil y dulce, casi un murmullo. James la observó detenidamente unos segundos, pero no contestó nada. - ¿Sabes? Creo que el convento no era tan mala idea. – y sonrió sola ante la ocurrencia.
- Sí, quizás en un convento te olvides de Diggory. O puedes hacer buenos contactos para que te casen con él ahí mismo.
- ¿Alex? ¿Qué tiene que ver Alex en esto? –preguntó incorporándose del suelo.
James no contestó y se dedicó a beber copiosamente de la botella. –¿Por qué todo el mundo se empeña en hablarme de Alex? Me tienen cansada, todos ustedes, como si lo único que importara de mi es él. Mejor me voy a ver cómo está Dave –.
- No puedes irte de aquí, ya vendrá tu príncipe azul a buscarte.
- Sí, y yo te dejaré con la reina de tus sueños para que seas feliz y se te quite esa cara de amargado que llevas.
- No tengo cara de amargado. –y arrugó el ceño. –Sólo que no tengo nada que celebrar, a diferencia tuya…
- ¿Y qué se supone que tengo yo que celebrar? No recuerdo nada particularmente digno para hacerlo.
- ¿Estás segura? Yo diría que esa sonrisa idiota que tienes en la cara se debe a que tienes que estar contenta por algo. ¡Si ni comiendo limón se te borraría!
- ¿Cuál sonrisa idiota? Lo único idiota que veo por aquí eres tú y no tengo ningún motivo para celebrar, pero si muchos de que arrepentirme. –Contestó sin mirarlo.
- ¿Cómo qué? – Preguntó con la voz ligeramente ronca y ansiosa.
- Nada, Potter. Mejor cállate. A mi tampoco me hace feliz estar aquí contigo y con ella – y apuntó a la chica adormecida con un gesto de desdén.
Lily sentía cómo subía la temperatura de su cuerpo, y cómo, en cualquier momento, se despertaban sus luces azules. Sabía que tenía que calmarse, pero ya no quería beber más agua porque las ganas de ir al baño apenas se las aguantaba. Aún así sentía una extraña sensación de bienestar, pese a estar constantemente discutiendo con James.
- ¿Y cuándo vuelves con él? –Rompió el silencio James.
- Apenas lleguen – respondió poniendo cara de obviedad. –Te dije que lo sentía por arruinar tu noche, pero eres tú el que no me deja ir.
- No hablo de Ian, hablo de Diggory… ¿Cuándo vas a volver a ser su flamante novia? – y tras lanzar esto rápidamente volvió a pegar sus labios a la botella.
- No voy a… Oye ¿Tú cómo sabes que él quiere volver conmigo?
Ahora la cara de obviedad pero mezclada con rabia era la de James.
- Porque leí el pergamino que te mandó, sobre el que lloraste todas tus lágrimas de enamorada dolida.
- ¿Qué?… ¿Tú por qué lees mis cosas? Yo no voy a tu casa a meterme en lo tuyo. –contestó con el ceño fruncido y con esa misma expresión agregó. –¿Por qué leíste ese pergamino?
- Porque hoy en la mañana lo encontré por casualidad debajo de tu cama.
- ¡Ah! –exclamó con una expresión de comprensión en su rostro, la cual se borró y se transformó en una sonrisa. –Alex es un gran tipo, es un buen chico y de verdad le deseo lo mejor…
A lo lejos se veían cuatro personas aproximarse con paso acelerado y que reían casi a gritos. Pero Lily y James estaban tan ensimismados en su discusión que no los vieron.
- No me interesa saber que opinas del grandioso Alex Diggory –la cortó de muy mala forma, apagándose inmediatamente una pequeña luz que giraba a su lado, pero que Lily no notó.
- ¡Cállate James y escucha!...Alex es una muy buena persona pero yo no voy a volver con él.
- ¿Por qué no? Si es tan genial y estupendo –replicó con ironía mal disimulada en la voz.
- Porque ya no le quiero de esa forma. Lo quiero mucho, montones, pero ya no…
- ¿Y por eso lloraste como Myrtle sobre el pergamino? –Interrogó a la chica con un brillo malicioso en la mirada.
- Yo no lloré como Myrtle ¿de dónde sacas eso?
- Vi las manchas de tinta corrida, está claro que eran lágrimas…Aunque también podría haber sido baba, ¡claro te quedaste un buen rato contemplando las maravillosas declaraciones de amor que te escribió!
- Cállate idiota, que no lloré, ni babeé… ¡Por Merlín, eres insufrible! Salgo de un idiota para caer en uno peor.
- Hola, ¿te dio muchos problemas? –Interrumpió Ian al llegar junto a ellos. Ian llegó con Dave, Paul y un chico desconocido y callado. Lily miró fugazmente el rostro ceniciento de Dave, se veía que tenía la cara sudorosa y los ojos desenfocados.
- ¡Por fin! –exclamó Lily y se paró rápidamente. -¿Vamos a caminar? –Agregó a nadie en particular.
- James ¿Tomó agua?
- Yo te llevaré a caminar, y podríamos terminar en las nubes. –Dijo Paul con el rostro alegre, muy similar al de un niño con un chocolate de cinco kilos.
- Muy poca –respondió James devolviendo la botella casi intacta.
- No gracias, prefiero caminar sola.
- ¡Lily, toma agua! –Ordenó con voz potente Ian.
- No quiero. Estoy aburrida del agua, no tengo sed…Quiero ir a un baño y tengo hambre.
- Venga, vamos, yo te llevó… Gracias James, estaremos adentro por si nos necesitas. – Ian abrazó a su sobrina cariñosamente mientras se alejaban de ahí.
James escuchó a la distancia las palabras de Paul, el chico con cara de hipogrifo.
- ¡Lily! Ya que vas a ir al baño, ¿No quieres ir a bañarte conmigo?…Imagina nuestros cuerpos desnudos bajo una ducha fría.
- ¡Ian! –chilló Lily mientras se deshacía del brazo de Paul. Ian se desternillaba de la risa. - No te rías, dile que se calle o morirá dolorosamente y tú también.
- Cállate Paul, no ves que la vas a hacer enojar…Y después no va a querer conducir y nos tendremos que ir caminando por tu culpa –Y a esto añadió un palmetazo en la cabeza.
- ¿Qué? No es mi culpa amarla con locura y sólo desear pasar mis manos jabonosas por su espalda perfecta. –aclaró mientras se sobaba la cabeza.
Con los ecos de una nueva discusión llegando desde muy lejos a sus oídos, James sonrió bajo el árbol. "No quiere volver con él, no quiere ser su novia" Sintió como su pecho se liberó de un peso y que ya no le era tan difícil tragar y respirar de nuevo.
Y con la mente más clara, llegó a sus oídos las últimas palabras de Lily dirigidas a él antes de la interrupción. "-…Salgo de un idiota para caer en uno peor"
Y la duda se alojó en su cabeza… "¿Qué quería decir con eso"?
Se levantó rápidamente, sin importarle la chica borracha tendida a su lado. Cogió el sweater que Lily dejó tirado y corrió hasta alcanzarlos hasta sujetar la mano de Lily.
- ¿Podemos hablar? –Preguntó con la voz agitada.
- ¿Ahora?...
- Sí, ahora.
Todos los miraban en silencio. Ian sonreía, Paul arrugó el ceño y Dave y el otro chico no se daban por enterados.
- Es que necesito ir al baño, urgente.
- Vale, yo te acompaño entonces.
- ¡Oye! Ese era mi plan de conquista – Gritó Paul enojado.
Pero Lily y James caminaron hacia el interior de la casa, internándose en la fiesta, sin importarles el sulfurado chico que dejaron con el resto en el patio.
La fila para entrar en el baño era largísima. Lily se apoyaba en la pared esperando su turno, y rehuía de la mirada indagatoria de James, quien permanecía a su lado en silencio, afirmando entre sus dedos la prenda olvidada por ella.
Lily no podía ni moverse, sentía su vejiga más grande y llena que nunca, oprimiendo su estómago. Apretaba las piernas mientras el tiempo se le hacía eterno, sentía que cada segundo se convertía en diez minutos. Sólo faltaba que la chica que estaba ocupando el baño saliera y por fin podría entrar ella.
- ¿De verdad no tomaste nada?
Lily lo fulminó con la mirada. Y James la observó fijamente.
- No, no tomé nada. Estuve a punto, pero me arrepentí, lo cual agradezco porque ahora estaría igual o peor que Dave, y él está transpirando demasiado. Ian me dijo que tiene miedo que se pueda deshidratar.
- ¿En que pensabas cuando querías tomar esa estupidez?
"En mi...y en tí", pensó. Pero contestó. -Tú no eres ni mi papá ni mi mamá, así que no opines…
La puerta del baño se abrió y a Lily la cara se le iluminó inmediatamente cuando vio a una chica salir. Pero entonces ocurrió. En el momento en que ella iba a entrar en el baño vio a Ian llegar rápidamente con Dave y los otros dos jóvenes hasta el baño. Se metieron de un modo apresurado y cerraron la puerta tras ellos.
- ¿Están bien? – preguntó Lily a gritos, temerosa por la respuesta.
- Sí, tranquila. Sólo se ha empezado a deshidratar y tiene fiebre. Lo vamos a meter bajo la ducha.
- ¿Se van a demorar mucho?
Pero nadie contestó, sólo escuchó como el agua caía y ese sonido la hacía sentía que en cualquier momento terminaba ella también toda mojada. Y al parecer su sufrimiento se le notaba en la cara porque James la tomó delicadamente del brazo y le dijo.
- Ven, vamos a buscar otro lugar.
- ¿Dónde?
- No sé, pero esperando aquí no creo que encuentres una solución.
Caminaron a través de los numerosos invitados y llegaron hasta la calle. El aire tibio les golpeaba suavemente la cara, pero Lily sentía que era un atentado contra su resistencia. Cada respiro era un esfuerzo por contenerse las ganas de correr hasta un baño y las calles solitarias estaban llenas de casas con el mismo aspecto del lugar donde estaba la fiesta, vacías y abandonadas.
En una esquina vieron un pequeño letrero con luces fluorescentes rojas y verdes. Siguieron hasta él en completo silencio, James aún afirmaba el brazo de Lily delicadamente.
Al llegar vieron que era un restaurante muy pequeño, que tenía cinco mesas pegadas al vidrio y una amplia barra. Una mujer mayor con cara de pocos amigos y un traje rosado estaba tras ella.
Entraron y una campana que estaba detrás de la puerta sonó estrepitosamente al cruzar el umbral. La señora los miró de mala forma, como si pretendiera evaporarlos con la mirada.
- Disculpe ¿Dónde está el baño? –Preguntó Lily con su voz más dulce.
- ¿Van a consumir algo o no? –Interrogó la mujer sin ninguna expresión en su cara.
- Sí. -Contestó James.
Por el rostro de la señora esa no era la respuesta que quería escuchar y sólo apuntó una puerta con su grueso dedo.
Lily acortó las distancias rápidamente, casi corrió, nunca se había sentido tan feliz por llegar a un baño.
Minutos después salió con el alivio palpable en la cara.
James sólo se sonrió al verla. El estaba sentado en una mesa, la más alejada de la puerta y tenía dos cartas roñosas que mostraban el menú que ofrecía aquella "amable" señora.
Lily se sentó frente a él y tomó uno de los menús que James le extendía. Pidieron dos hamburguesas con papas fritas y dos botellas de bebida cola.
Cuando la señora se desapareció, murmurando algo por lo bajo, Lily alzó sus ojos hasta el rostro de James.
- ¿Y? ¿Qué era eso tan importante que tenías que decirme?
James se revolvió el cabello y se masajeó el cuello, antes de contestar.
- Tengo unas preguntas que hacerte y necesito que me las respondas con total sinceridad.
- Bien ¿Dónde tienes el veritaserum? –Preguntó, marcando las hostilidades.
- No tengo veritaserum. –contestó tras soltar un resoplido.
La mujer llegó nuevamente y puso las botellas de mala manera encima de la mesa.
- Tú dirás. –Dijo Lily tras observar como la mujer se iba nuevamente.
- ¿De verdad no vas a volver con Diggory?
- ¿Por qué siempre tenemos que hablar de él?
- Lily, contéstame, por favor. Después puedes reclamar todo lo que quieras.
- No, no voy a volver con él, ni ahora, ni mañana ni nunca. Ni tampoco lloré, ni babeé sobre ese pergamino. Venía así. ¿Te quedó claro? -James sólo asintió con la cabeza, mientras suprimía las ganas locas de sonreír. -¿Algo más? –Preguntó Lily levemente molesta.
- Sí, ¿Qué pasó con Dave cuando estaban sentados solos bajo el árbol en el patio?
- Nada. –Dijo mientras mordía distraídamente la pajilla de su bebida.
- ¿Nada? Por lo que yo vi no diría que no pasó nada, tú estabas pegada a él.
- No pasó nada, sólo nos abrazamos porque él me contó algo muy personal. Y yo no sabía cómo reconfortarlo y lo abracé. No paso nada más ¿qué creías? ¿Qué nos habíamos besado salvajemente?
- ¿Sí?, ¿Y qué era eso tan personal que te estaba contando? ¿Que estabas más linda que cuando tenias cinco años? ¿Qué estabas más guapa que tu mamá? Si parecía un dementor, parecía que te quería aspirar hasta el alma.
- ¡No! No nos besamos ni nada, me dijo que era homosexual y se puso a llorar porque no le ha dicho a nadie… ¡Eres un estúpido, James!
Sintió como se encendían sus mejillas y como algo dentro de él se despertaba alegre, más alegre que en todo el día. –Lo siento. –Fue todo lo que atinó a decir.
- ¿Por qué lo sientes? Yo no le encuentro nada de malo. Pero lo que si encuentro horrible es lo que pensaste de mí. ¿Qué crees? ¿Que me ando besuqueando con cualquiera?
- No, yo no creía nada. –Mintió mientras sus mejillas se enrojecieron con intensidad.
- No es cierto.
- No, yo no pensé nada. –Dijo James rápidamente.
- Sí, lo pensaste o sino no me preguntarías por ello. La carta de Alex decía muchas cosas, pero no significan que sean verdad. Y para ser sincera debo decir que la pregunta me ofendió.
- Lo siento.
- Da igual. –Dijo ella, y sacó los brazos de encima de la mesa al ver que venía la señora con la comida.
Permanecieron en silencio mientras los dos trataban de concentrarse en sus platos. Ella se levantó de pronto, y camino hasta la barra. James la miraba preocupado, por un momento creyó que ella se iba a ir de ahí, pensó que lo iba a dejar solo, pero se relajó cuando ella volvió con un salero en las manos.
- Lo mío está desabrido, no sé el tuyo. -Dijo extendiéndole el salero.
James sólo sonrió y rozó la mano de Lily al recibir el salero, sintió inmediatamente como se le erizaron los pelos de la nuca, dejó el salero a un lado sobre la mesa y sujetó con decisión su mano.
- ¿Qué es para ti lo que pasa entre nosotros?
- ¿Qué pasa entre nosotros? –Interrogó ella sin librar su mano de la de él y frunció el ceño, con cara de no entender a que se refería James.
- Lily, no te hagas la que no sabe de qué estamos hablando. –Lily abrió los ojos y se removió incomoda en su asiento. –¡No me importa que tengas amnesia temporal! Quiero saber por qué me dejaste solo esa vez en Hogsmeade y después me evitaste durante semanas, no me dejaste explicarte lo que me dijo Diggory. Y después que saliste con Sirius, para hacerme callar, te vuelves a acostar conmigo y te vas sin darme ni media explicación. Sin contar que me aturdiste y te robaste mi ropa. Y sin agregar que me besaste en la hamaca y todo lo que pasó anoche en tu habitación.
Lily sintió como abandonó la sangre su cuerpo y se concentró toda en su cara –¡No es mi culpa! Tú eres quien me busca. Yo jamás te he perseguido, ni te he pedido algo.
- Yo sé que soy yo el que te busca, pero ¿acaso para ti no significa nada todo lo que ha pasado entre nosotros?
Lily se soltó de su mano y se llenó la boca con papas fritas para evitar contestar. James se lanzó sobre el asiento, apoyando todo el peso de su espalda en él y mientras se revoloteaba el pelo incesantemente, esperando la respuesta de Lily.
Ella masticó más lento que nunca, y tomó bebida hasta que vació por completo la botella, todo bajo la atenta y ansiosa mirada de James. Cuando vio como el chico alzaba las cejas, escapándose éstas del marco de sus lentes, comprendió que ya podía demorar más aun su respuesta.
- ¿A qué te refieres con que no significa nada para mi lo que ha pasado entre nosotros? –Preguntó distraídamente, como si hablasen de las nubes inexistentes en el cielo.
- ¿Tú sientes algo por mi?
Lily miró alrededor suyo, nerviosa. Sus labios se recogieron y se fruncieron, se desplegaron y se mordió ansiosamente el labio inferior.
- Es mucho más fácil de lo que crees. Tienes que decir sí o no. –Agregó James mientras no se perdía detalle del mar de expresiones que florecían en el rostro de Lily.
- ¡Ya deja de presionarme! SI, SI, SI ¿conforme? Creo que me gustas un poco…
- ¿Un poco? –Preguntó irritado.
- ¡Maldito seas, James Potter! Hasta para esto eres arrogante y prepotente.
- Tú sabes que te gusto más que un poco… Yo a ti te amo y creo que tú a mi también.
Nota de Autora: Existe una tercera parte. La subiré el domingo porque ahora mismo tengo que ir a cantar el cumpleaños feliz. También sé que tengo que responder sus maravillosos comentarios y bla bla bla. ¿Les he dicho que soy lo peor? Aún así, creo que les había advertido que me iba a demorar un poco. Espero que nunca más tengan que oír eso de mi parte, a menos que sean casos extremos.
Pues pipol, como les dije, este capítulo no termina aquí. Hasta el domingo y muchas gracias por la paciencia.
Besos!!!
