Capítulo 25: "Mamá dice que…"
Parte Uno: "Tiempo y Espacio"
Cuando Lily se subió al tren logró divisar la figura alta y despeinada de James Potter. Desvió la mirada levemente en su dirección y al encontrarse con los ojos petrificados de él sonrió nuevamente de forma tímida.
"Mierda."
A James no le importó que estuviera Sirius a su lado, que el pasillo aún estuviera congestionado, ni que la amiga de ella, la que miraba desde un extremo del tren, estuviera haciéndole señas para que se encontraran y sentarse juntas. No le importó eso, ni la posible reacción de Lily. Con una velocidad similar a la del primer rayo del amanecer, la idea se anidó en su mente y con la misma premura, rodeó con su brazo la estrecha cintura de Lily, casi empujándola al primer vagón que tuviese a mano y en susurro ronco le dijo al oído.
– Ya que nadie te ha enseñado a despedirte decentemente, te voy a enseñar a saludar.
Lily no tenía idea a qué se refería James porque, concediéndose un momento de sinceridad, desde que sintió su fibroso brazo sosteniéndola, los pensamientos en su cabeza dejaron de fluir, quedándose paralizada. Por eso, cuando las palabras salieron de la boca de James no las comprendió, ella aún no lograba reponerse de la impresión. Y por lo mismo, tampoco pudo hacer más cuando sintió los tibios labios de James moviéndose suavemente contra los suyos.
Otra vez el corazón desbocado, latiendo con tanta intensidad que le daba la sensación que hasta ese momento no había estaba funcionando, esa molesta y agradable punzada bajo el vientre y la rigidez de las piernas. Sus manos se debatieron un segundo: no sabían si posarse en su pecho o perderse entre sus indómitos cabellos. La decisión no fue tan difícil; realmente le gustaba el cosquilleo que los rebeldes cabellos le hacían sentir bajo la yema de sus dedos.
De pronto, uno de sus órganos vitales le reclamó por su integridad y se separó de James abruptamente para poder respirar, sintiendo que cada inhalación no era tan necesaria como volver a tener la boca de él pegada a la suya.
- ¿Qué crees que haces? –Preguntó Lily. Y es que por más necesidades e intensiones que las personas pueden tener, siempre hay una parte de racionalidad, o irracionalidad en este caso, que gobierna. Ella lo llamaba dignidad.
- Nada, sólo venía a saludar. –Sonrió mostrando esa mueca deslumbrante, que parecía hacer el mundo vibrar. James recogió sus cosas para salir de aquel vagón tan rápido como entró. Lily lo siguió con la mirada, vio como cruzaba la puerta corredera de aquel vagón, alejándose sin volver la mirada hacia ella.
Estaba consternada.
Jamás sabría el acopio de voluntad que requirió ese simple acto por parte de él. Cuando apartó su concentración del lugar por donde James desapareció y volvió la mirada al frente vio a unos confundidos niños de primero sentados en el vagón, la observaban incrédulos, con la boca abierta. Se sonrojó hasta casi adquirir su rostro el mismo tono de sus cabellos e imaginó la risa perversa de Ian, quien seguramente diría que en ese momento estaría igual a un tomate.
Antes de salir de aquel lugar sólo rugió algo similar a "Ustedes no han visto nada".
Lily, mientras se desplazaba por entre medio de los rezagados en busca de algún rostro amable, sentía que las ideas se arremolinaban en su mente. Sacudió la cabeza para intentar despejarse, pero no lo conseguía. Algo, que en algún momento era muy pequeño y muy similar a la culpa, estaba creciendo. La invadía y la sensación la desconcertaba. No quiso ponerle nombre y consideró que lo mejor era olvidarla, aunque al primer intento notó que era una tarea muy dificultosa.
Encontró a sus amigas y se sentó junto a ellas en silencio, escuchaba como llegaban hasta sus oídos murmullos ininteligibles, porque en su mente se iniciaba una larga película en que todas las escenas estaban vinculadas con James, y de cómo las cosas entre ellos se fueron liando y complicando cada vez más.
- ¿Lily?
- ¡Ah! –Contestó rápidamente, arrancada de sus pensamientos en forma bestial.
- Te estaba contado que Max Graham me fue a ver a mi casa durante las vacaciones, y que me besó...¡Y no me has dicho nada! - Loreen estaba un tanto irritada por la poca atención que recibía de parte de su amiga.
- ¡Qué bueno! –Sonrió sinceramente, pero como no estaba escuchando realmente su ceño se arrugó con fuerza y preguntó - ¿Quién te besó? -Ella ya estaba esperando por respuesta que su insulso tío hubiese conseguido de algún modo una forma de localizar a Loreen y que hubiese llegado hasta ella, completamente sigiloso.
- Max Graham y fue genial. Pero no me ha vuelto a llamar después de eso. –La voz de la chica se volvió ligeramente aguda y entrecortada, y tras un bufido continúo. –¿Tú crees que no le gusto lo suficiente?
- ¡Loreen, no seas boba! Eres grandiosa ¿por qué no le podrías gustar? Apuesto que no te ha llamado de cobarde y que se muere de ganas por verte.
- Pero... –titubeó. –...cuando tú comenzaste a salir con Alex ¿Cuánto pasó antes que te buscara para hablar contigo?
Lily arrugó el ceño, las ideas furiosas se empujaban en su cabeza. "Es que acaso tengo que pararme en el Everest con un sonorus y gritarle a todo el mundo que no quiero hablar más de Alex, que dejen esa historia dormir en paz.", pensó. Y comprendió que para que eso pasara tendría que hacerle un "obliviate" a todos los que la conocían. Más relajada por el entendimiento estiró la frente, y decidió tomarse el tema con más liviandad.
- No se puede comparar Loreen. Alex y yo comenzamos a salir durante el período de clases, nos encontrábamos a cada rato en los pasillos y era bastante estúpido lo que hacíamos, o lo que hacía yo mejor dicho, le decía "hola" como veinte veces al día y él se sonreía. Además él era mayor que yo, no sé si lo ves, pero yo no resultaba tan intimidante, por lo que me imagino que no le era difícil acercarse hasta mí y hablarme de algo. En cambio, tú con Max están en el mismo curso y él sabe que no te encandila.
- Pero sí lo hace. ¡Me siento como una niña de once años cuando me mira!
- Ya, pero eso él no lo sabe…y lo mejor es que no lo sepa por un buen tiempo. –sonrió.
- ¿Por qué?
- No sé cómo explicarte, Loreen, pero mi mamá siempre me ha dicho que hay algo excitante en la negación. - Lily sintió que hablaba consigo misma en voz alta, y no con su amiga.
El resto de las chicas que permanecían junto a ellas estaban calladas, expectantes a cada palabra de Lily. No la veían así de animada y de comunicativa desde hacia mucho tiempo, meses quizás. Todas, menos Loreen, la observaron detenidamente. Lily aún tenía las mejillas encendidas por el efecto de ese saludo inesperado, los ojos brillantes y acuosos, pero no como si fuera a llorar, sino como si la ansiedad le devorara la mirada. Bajo los ojos analíticos de las chicas de gryffindor se veía más guapa de lo que era normalmente, tenía la piel más perlada y la sonrisa que le curvaba los labios despertaba la envidia en más de alguna de ellas, y en otras, la preocupación.
- ¿Lily?
- ¿Qué pasa, Mary?
- ¿Cómo te fue con Sirius Black?
- ¡Ah! –Y sus labios se estiraron aún más, mostrando una sonrisa abierta. –No lo sé, aún no lo tengo claro. –El rostro descompuesto de la chica le avisó a Lily que esa no era una buena respuesta, porque no estaban hablando de la misma persona. –Pero nada importante, lo que ocurrió es que se fue tan pronto como llegó, nunca estuvo mucho tiempo conmigo, ni siquiera tuve tiempo para enojarme con él. –Levantó los ojos y trató de sonreír con sinceridad, el rostro de su compañera se relajó en parte.
El resto del viaje se le pasó relativamente rápido. Hizo en completo silencio la ronda que le correspondía a ella y a Remus por el tren. Se sentía incómoda con él, y trató por todos los medios esquivar su mirada de los ojos ambarinos, y tratando de que ésto no pareciera obvio.
Algo le hacía creer que él era más receptivo que el resto de las personas y no quería compartir las sensaciones extrañas que la embargaban con nadie por el momento. Sabía que su comportamiento no iba a extrañar a Remus, lo había evitado casi todo el curso, y cuando se encontraron en la enfermería algo los volvió a unir, aunque momentáneamente. Tranquila, por no parecer una loca de patio, se mordió la lengua cada vez que le daban ganas de comentar algún detalle o de resolver con él alguna de sus muchas dudas.
Pero sus tripas le jugaron una mala pasada y comenzaron a sonar escandalosamente provocando la risa de Remus y una nueva incomodidad en ella. Su acompañante se metió la mano en el bolsillo y le extendió un caramelo de regaliz. Se sonrieron como hace tiempo no lo hacían y ella se lo comió más por cortesía que por verdadero interés en un caramelo. Más bien tenía ganas de llegar luego al banquete de Hogwarts.
En el camino de vuelta a su compartimiento sintió una cálida mirada posarse en ella, fue una sensación instantánea, de segundos. No se dio vuelta, se imaginaba de dónde venía, pero como todos los pecados vienen acompañados de grandes tentaciones, la vanidad le ganó y la curiosidad revoloteaba en su pecho, agigantándose, mientras sus neuronas exclaman por ver la expresión que tendría su rostro. Lentamente volvió su cabeza en busca de aquellos ojos que la inquietaban. Cuando los vio se dio cuenta de su error. La sonrisa de de James se derritió sólo hacia la derecha, acentuándola más y sus ojos brillaban con seguridad y arrogancia.
Lily se sonrojó, pero no de vergüenza, sino de rabia. Ágilmente agitó su cabellera roja y se fue a refugiar en los murmullos de sus amigas.
"Pero qué socarrón puede llegar a ser" Con los brazos cruzados bajo el pecho, comenzó a analizar uno a uno los inconvenientes y las razones de por qué no podía enamorarse de James Potter.
Iba en la razón # 532 cuando se quedó dormida.
***
Para James Potter, ese viaje no estaba resultando nada fácil, después de besarla en el primer vagón que se le ocurrió, y tener que dejarla ahí sin ninguna explicación, era algo que lo enloquecía. Pero si eso lo hacía perder la cabeza, el hecho de tener que viajar sólo con sus amigos, y no con ella, era algo que casi no podía resistir.
La ansiedad le recorría las venas, dejando cada parte de su cuerpo tensa y malhumorada. Pero la voz de su madre le llegaba a cada segundo, tanto que parecía perder la razón y sus piernas se removían nerviosas por ir a buscar a Lily.
"Dale tiempo y espacio" "Dale tiempo y espacio" "tiempo y espacio"
¿Qué mierda es tiempo y espacio? Vale, si necesita tiempo, le regalo los minutos entre clases, si necesita espacio la dejo caminar dos pasos adelante de mi." –Pero James sabía que a eso no era lo que se refería su mamá.
"¿Cuánto tiempo? ¿Un día?, ¿dos?, vale, ¡una semana!" La idea de pensar en siete días evitándola, lo hizo marearse. Más ahora que nunca, más ahora que siempre. Era una muy mala idea la que le había dado su mamá, o una muy buena que le iba costar cada célula de su piel. "Cómo pretende que me aleje de ella, si acabo de pasar más tiempo con Lily que nunca antes en mi vida". "Estoy seguro si sumamos los segundos, gané más en estas vacaciones que todos mis años en Hogwarts".
"Espacio… ¿Qué es darle espacio? ¿No comer con ella?, ¿no mirarla?, ¿no querer besar hasta la tierra que pisa? ¡Demonios! ¡¿Qué es?!"
Sirius, sentado al lado de él, lo miró de reojo, sonrió y volvió su vista al frente. Con su voz profunda y aterciopelada preguntó, pareciendo inocente. –¿Cómo te fue con Evans?
James se sintió arrancado de sus pensamientos, casi como quien arranca un árbol milenario sin ninguna consideración con la mano de un gigante. No respondió, sólo observó brevemente a su amigo a través de los cristales de sus lentes y con el rostro inescrutable volvió a posar su inquieta mirada al frente.
Sólo bastó eso para que Sirius comprendiera que le había ido muy mal o muy bien. Pero ¿qué era mal o bien? No conocía los detalles de la no-relación que tenía James con Lily, y tampoco los necesitaba. Suficiente tenía con ver cada poema que componía su amigo con su cara dependiendo del momento.
Sinceramente, no lo comprendía. Jamás había sentido esa necesidad imperiosa que se apoderaba de James, jamás había sido víctima de volverse un idiota de un momento a otro sólo porque una chica entrara en una habitación. Ni tampoco murmuraba nombres por las noches. Sirius estaba seguro que él no hacía eso. Pero también estaba seguro que James era una de las cosas más importantes que él tenía en su vida, era quién le mantenía el vinculo al mundo y quien hacia que su existencia en este universo tuviera algún sentido. Era su mejor amigo, hermano y compañero. Y dolía como mil puñales en el cuerpo no verlo feliz o al menos resignado.
Así que Sirius lanzó la revista, cuya portada tenía a un dúo de chicas muggles en bikini contra el asiento, se irguió y luego bostezó falsamente, acompañando este gesto con un gran estirón. Abandonó el vagón, ignorando la voz aguda de Peter que demandaba por saber dónde iba.
Se desplazó cauto por el pasillo, llegando casi a un extremo del tren y entró raudo en un vagón que tenía las persianas completamente cerradas. Salió con los bolsillos abultados y una sonrisa siniestra atravesando su rostro. Deshizo el camino por el que anduvo y entró de nuevo al vagón de sus amigos.
Todo permanecía igual, James impávido, Remus atrapado en un libro y Peter con la mirada perdida y aburrida.
Sirius vació sus bolsillos y arrojó un caramelo de regaliz a cada uno. James y Peter se lo echaron en la boca automáticamente. Remus la guardó en su bolsillo. Sonrió imperceptiblemente de nuevo, el rostro débil de su amigo acusaba que la pasada transformación aún hacia estragos en su cuerpo, y que como era la costumbre no tenía apetito.
Todo iba bien.
***
James no sabía cuanto tiempo había transcurrido, sólo sabía que ya no estaba Remus con ellos y esa idea lo volvió a sumergir en lo que había estado pensado todo este tiempo, Lily.
Resopló, y al volver a llenar sus pulmones con aire, sintió, como por arte de magia, la brisa dulce de su olor. Levantó los ojos, instintivamente, y descubrió que su amigo Lunático, abría la puerta para entrar de nuevo junto a ellos. Detrás de Lunático pudo percibir la espalda bañada por aquella cabellera roja que parecía teñida por los rayos del sol al morir el día.
En aquel momento James sólo deseaba que ella se volteara, como si aquel simple acto fuera la confirmación de un hecho innegable, como si fuera la aceptación a lo que ella en esa cafetería no quiso decir. Por un segundo, pensó que no se iba a voltear. Pero cuando la cabeza de Lily giró suavemente, ansiando el encuentro con sus ojos, no pudo evitar sonreír. Su seguridad y aplomo se manifestaron por cada poro de su piel, por donde antes corría la angustia.
Vio como sus mejillas se llenaban de sangre, y también como sus ojos verdes parecieron oscurecerse. Con un vuelo de su cabellera, desapareció, llegando hasta él las últimas notas de su olor.
***
Cuando abrió los ojos, todo estaba a oscuras. Esas sábanas frías y tiesas que cubrían su cuerpo no eran las de su cama, no estaba en la torre de Gryffindor.
Descorrió suavemente los blancos doseles: prueba número dos que esa no era su cama porque los doseles de su habitación eran rojos. Y vio dos figuras más allá acostadas, una de ellas respirando acompasadamente y la otra soltando ronquidos a intervalos. Una estaba casi descubierta por completo, revelando un cuerpo largo, la otra figura era sólo un bulto en la oscuridad.
No se sentía mal para estar en la enfermería del colegio, se intentó incorporar de la cama, pero el crujido metálico del catre le advirtió que iba a ocasionar mucho ruido y no deseaba despertar al resto de los ocupantes.
- ¿Lily?
Por un momento creyó que la idea de hacer una lista de los motivos por los cuales no enamorarse de James Potter estaba haciendo estragos en ella, porque a ella le parecía estar escuchando su voz en todas partes. Pero con la repetición de su nombre y un pellizco, que se dio a sí misma en el brazo, comprendió que no era un sueño.
- ¿James? - Su nombre susurrado por la dulce voz de Lily en medio de la oscuridad, fue algo que le erizó los pelos.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué estamos aquí?
- No lo sé, desperté hace unos minutos.
- ¿Quién está más allá?
- Por la manera en que ronca, creo que es Peter.
Lily suprimió una risa. El silencio se abrigó con ellos, desenvolviendo lentamente sus alas, cubriéndolo todo, enmudeciendo sus bocas.
Ninguno estuvo consciente de cuánto tiempo estuvieron callados, estáticos en sus camas e incómodos como nunca. Más Lily que James. A él le bastaba la distracción de observar su silueta recortada por la luz blanquecina de la luna, ver como su pecho subía y bajaba a causa de sus tranquilas inhalaciones.
Tragó saliva, para relajar los músculos rígidos de su garganta y sin voltear ni la cabeza ni el cuerpo, sino con la mirada fija en el techo, ella preguntó. –¿Cómo está tu mamá? – Con voz suave y disminuida, casi murmurando.
"Casi tan enamorada de ti como yo" pensó James. –Bien, gracias ¿Y en tu casa cómo están?
- Bien, supongo. A mamá no se le da muy bien eso de que vuelva al colegio. Pero sé que lo supera con los días. ¿De verdad no sabes por qué estamos aquí?
- Puedo imaginar porque estamos acá Peter y yo. Pero no sé por qué tú.
- ¿Por qué Peter y tú?
- No sé, es más frecuente que yo este aquí. Tú nunca estás en la enfermería, nunca, salvo aquella vez que te intoxicaste...bueno, tú sabes, esa vez.
Lily se sonrojó violentamente, pero como estaban a oscuras James no pudo ver aquello.
Pero no recuerdo nada que me haga pasar una noche en la enfermería. Sólo estaba en el vagón del tren con las chicas...
- Yo recuerdo lo mismo, estaba comiendo un caramelo de regaliz y después sólo sentí mucho sueño.
- ¿Caramelo de regaliz? ¿De dónde lo sacaste? –Arqueó una ceja, y su mirada se giró hacia él, sospechosa.
- ¿Qué pasa? –Ella sólo lo observó con ojos de gata de media noche. –Sí, Sirius nos dio a todos caramelos de regaliz, lo cual tira por tierra cualquier teoría donde me metas a mi como culpable o a alguno de los chicos. Porque aquí no está Sirius, ni Remus y que yo sepa Sirius no se acercó a ti.
- Remus me dio un caramelo. -acotó antes de susurrar con la voz apretada. -¡Maldito Black! ¡Van tres! Colmó mi paciencia, ya me cansé de él.
James sonrió en medio de la oscuridad. Sirius era una persona que realmente sabía en qué consistía hacer feliz a un amigo.
- ¡No te rías! –Reclamó alzando la voz. –No lo encuentro cómico. –bufó.
- Lo siento, de verdad…pero está vez yo soy tan víctima como tú.
Un sonido prolongado, similar al de un motor viejo llevó a sus oídos. El ruido provenía de la cama de Peter y logró cortar la incipiente discusión.
- Eso no pareció un ronquido. –Comentó Lily, luego ocultó la nariz entre las sábanas y se rio sonoramente.
- Lo sé, y eso que tú no compartes habitación él.
Ese comentario logró que aumentara la risa de Lily, quien poco a poco se fue quedando callada y quieta, anhelaba tanto que el sueño volviera a ella, eso o la inconsciencia. Cualquier cosa para no hablar más con él. Se sentía nerviosa, inquieta. Algo tonta. No se le ocurría un modo de continuar conversando con él y a la vez parecer la chica inteligente que todos consideraban que era. Cerró los ojos y volvió a su tarea de encontrar todos los motivos de por qué no enamorarse de James Potter.
Razón # 702: "Su sonrisa es más linda que la mía. Mi mamá me dijo que yo tenía que ser la persona guapa en una relación… Sí, Filch me parece lo suficientemente feo, le gano en todo"
Razón # 703: "Me hace sentir incómoda, ¿cómo me puede gustar alguien que no me hace sentir bien? Nunca podría estar con él.
La tarea se le hacía extremadamente dificultosa, no tenía sueño y cada vez sentía más frío. Se convenció que cuando viera a Dumbledore le iba a reclamar por las pocas frazadas que tenían las camas de la enfermería.
En cambio, James estaba intentado definir los dos conceptos más difíciles de su vida. "Tiempo" y "espacio". Cada vez las ideas que evocaban aquellas palabras le parecían absolutamente desmedidas e irracionales.
- ¿Lily?
Razón # 704: "Me interrumpe cuando estoy pensando. No puedo estar con alguien que me viviría interrumpiendo, yo pienso demasiado"
- ¿Qué? –Contestó de mala gana.
- ¿Qué entiendes tú por "tiempo y espacio"? –Preguntó, incorporándose en la cama, para ver la expresión de su rostro y no perderse detalle alguno de la reacción de Lily.
- Dos palabras horribles. ¿Por qué? – Contestó, mientras pensaba, "No es necesario que me venga con ese cuento, yo no necesito estar con él…ni siquiera puedo. Recuerda la razón #1, tonta.
- Por nada en especial, pero... ¿Por qué dos palabras horribles?. -Preguntó. Peter se movió bruscamente en su cama, con intenciones de despertar. Se dió un par de vueltas y volvió a roncar.
- Porque esas son las palabras que siempre se utilizan cuando quieres dejar a alguien, pero no tienes el coraje para hacerlo. "Necesito tiempo" o "necesito espacio" Es un clásico. Pensé que lo sabías y que formaban parte de tu repertorio.
- No, lo sabía ni tampoco está en mi…–Se llevó una mano a la cabeza, y agitó vehemente sus cabellos negros. –¿Te las dijeron alguna vez?
- Por supuesto que no… Lo hubiese degollado antes que llegara a pronunciarlas. -Tanto James como Lily sintieron que estaban hablando del tema equivocado, por lo que los dos enmudecieron inmediatamente y desviaron la vista hacia el techo.
Lily sentía con desesperación que no podía dormir, algo no la dejaba, quería dejar de estar consciente que James estaba al lado de ella, mirando cada uno de sus gestos.
- No puedo dormir. –Reveló apesadumbrada.
- ¿Por qué no?
- Supongo que hablas demasiado y además hace frío. ¿Y tú, por qué no puedes dormir?
- Supongo que hablas muy poco para que me marees y me dejes atontado. – La miró fijamente. – Además tengo calor. –Agregó sonriente.
Las miradas se cruzaron en medio de las tinieblas. Y ella estaba segura que James pudo ver cómo se ruborizaba cuando pensó, por un breve segundo, cómo compensar aquella situación.
Pero él, acalló la molesta voz de su madre repitiendo aquella frase, y se levantó de su cama, haciendo retumbar por toda la habitación aquel sonido metálico de la camilla. Peter nuevamente se movió en su lugar para soltar otro largo ronquido.
James llegó hasta la cama de Lily y con un gesto de la cabeza le indicó que se desplazara hacia un lado. Ella se negó rotundamente. No obstante, él replicó en un susurro. –Así solucionamos tú problema y el mío, Lily.
Estaba petrificada en su lugar. Estaba decidido, no volvería a cometer ese "error" nunca más. James Potter y ella en la misma cama era casi una condena al suicidio, según sus cavilaciones.
Entonces, sucedió lo que ella no esperaba. James arrancó con fuerza todas las frazadas y la colcha, luego se las llevó hasta su cama, dejándola totalmente descubierta a Lily. Ni siquiera tenía una triste sábana con la que cubrirse. Ella veía a James acomodar todo lo que le había robado sobre las mantas propias de la camilla que él ocupaba y vio como él se acostó nuevamente, dejandola a ella más congelada que antes.
Razón # 705 "Es un idiota…pero esa coincide con la razón #12. Es un estúpido."
Cuando sus dientes comenzaron a castañear, y por mucho que se hiciera un ovillo con su cuerpo, comprendió que había perdido. Que el imbecil de James Potter podía anotarse otra victoria. Con los dientes apretados y el ceño fruncido se levantó de su cama y al llegar hasta James, lo miró destilando odio por cada poro y con luces azules revoloteando sobre su cuerpo.
El se movió alegremente hacia un lado y le hizo un espacio, luego descorrió las mantas. Una vez que ella se recostó junto a él, se puso como meta no darle jamás la cara. Se acomodó dejando su espalda enfrentándose a los ojos de James. El la abrazó, pasando sólo un brazo por su cintura y le dio un fugaz beso en los cabellos.
- Apágate ya, Lily, pareces un árbol navideño muggle. –Murmuró entre risas.
Las luces se hicieron más intensas por un momento. -¿Qué sabrás tú de navidades muggles? - pero desaparecieron inmediatamente cuando él le contestó.
- No mucho, pero sabría más si tú me enseñaras...
Ambos sonrieron en medio de la noche. Lily se acomodó en la cama y jamás confesaría que el pecho de James rozando su espalda era la sensación más agradable del mundo. Cerró los ojos, intentando quedarse dormida una vez más.
Por su parte James aprisionó con fuerza el cuerpo de Lily, perdió su afilada nariz entre medio de la poblada y olorosa cabellera de ella, y se quedó dormido pensando.
"Espero que esto sea suficiente tiempo y espacio."
***
Con un nuevo ronquido de Peter despertó Lily, pero la débil luz azulosa anunciaba que faltaba poco para el amanecer. Se deslizó suavemente y tomó sólo la colcha de la cama, tratando de no hacer ruido para no despertar a James.
Su cama de la enfermería estaba tan helada como la había dejado, pero sabía que era la única opción que tenía para no ganarse una expulsión, o algo peor como una conversación con "no-sé-lo-que-es-privacidad" Dumbledore.
Cuando llevaba diez minutos enrollada entre aquella colcha desordenada y gélida, se sintió la chica más afortunada del planeta al comprobar que Madame Pompfrey ya se estaba levantando y que por cosas de minutos no los habían sorprendido.
***
En el desayuno, sólo se dedicó a lanzar un par de miradas amenazantes a Sirius Black, que le respondía con su mejor sonrisa burlona. Remus los miraba con precaución, como asustado por la proximidad a un vendaval. James y Peter no aparecían por ningún lado.
- Y...¿Cómo te fue en la enfermería, Lily?
- Oh, no. Cállate, Sirius Black
Las clases transcurrieron tan lentas como siempre, y en cada una de ellas hizo un esfuerzo de voluntad para olvidarse de aquella insoportable sensación de sentirse constantemente observada.
De modo que Lily Evans se refugió en el lugar donde siempre lo hacía; una mesa de la biblioteca ubicada al lado de una ventana que daba hacia el lago. Era ese el lugar perfecto, preciosa vista y además estaba alejada de los murmullos de los otros estudiantes.
La torre de libros, pergaminos y anotaciones ubicadas en un costado, la escondía de casi todo el resto de los alumnos y ella se sumergió en las tres tareas que ocupaban su mente. Estudiar y hacer los deberes de cada asignatura, buscar un método alternativo para deshacer el encantamiento y dedicarse a la fiesta de los Premios Anuales.
Este último punto la hizo recordar una molesta lechuza que le llegó mientras estaba en su casa. Pero de eso, se ocuparía más tarde.
Acompañada por Loreen, la redacción sobre antídotos estaba casi finalizada y la hubiese terminado de no ser porque en ese momento se sentó junto a ellas Sirius Black. Lily sintió como el cuerpo de su amiga se tensó y como ésta no fue capaz de levantar la cabeza de su pergamino. Ese era el efecto que lograba él en la mayoría de las niñas del colegio. Efecto completamente justificado. Los ojos de Sirius estaban permanentemente sonriendo como si estuvieran conectados con la curva de sus labios, brillaban como dos soles nacientes, derritiendo todo lo que era contemplado por ellos.
- ¿Qué quieres, Sirius?
- Nada, sólo vine a hacer la tarea de pociones y como no había ningún rostro amigable, pensé que quizás no les molestaría.
Lily no respondió. Algo dentro de ella le decía que tenía que ser cauta. Que el sujeto sentado en aquella mesa era peligroso. Pero las ganas de vengarse se acrecentaban en su ser, la pregunta era cómo hacerlo. Pensó que un buen modo de iniciar la vendetta sería observando su comportamiento y así descubrir qué cosas pudieran afectarles.
Sin embargo, no contaba con que llegara su mayor factor distractor. James Potter.
***
Cuando Sirius Black le dijo a James que se verían en la biblioteca, él por un momento creyó que se trataba de una broma, ya sea para planificarla o concretarla. Pero una broma a final de cuentas. Cruzó el colegio con paso tranquilo, preguntándose dónde y qué estaría haciendo Lily.
Al entrar a la biblioteca y luego recorrerla en busca de su mejor amigo, se encontró con algo que no tenía presupuestado. Nada más que al darse cuenta dónde estaba sentado Sirius, supo inmediatamente que había una broma, pero la víctima era él.
Se sentó al lado de Sirius, frente a Lily. Aflorando un nuevo pensamiento en su mente.
"Esto no es ni tiempo, ni espacio. Estoy haciendo todo mal" Pero desde la noche anterior, la subjetividad de esos conceptos era cada vez mayor para él.
"Razón #823: Me mira mucho cuando estoy haciendo los deberes y no me deja concentrarme. No puedo estar con alguien que me distraiga tanto"
James no era capaz de apartar los ojos del rostro oculto de Lily, personalmente creía que mirarla no afectaba mucho al espacio que ella necesitaba.
Se le hacía extraña la situación. Habían tantos cambios en la no-relación que tenía con Lily, pero continuaban siendo dos compañeros; dos forasteros en la vida del otro y casi dos desconocidos. No entendía qué poder tenía ella sobre él, a pesar de los años, a pesar de tanto tiempo, ella continuaba siendo la única persona que recordaba al despertar y al quedarse dormido. En los últimos meses, esa sensación de vértigo que experimentaba al verla se hacia cada vez más honda, más desesperante y asfixiante.
Sólo que ahora él podía dominarla mejor ahora.
Había visto aclararse los cielos a su lado, como morían noches brillantes, pero tan sólo cogerle la mano cuando él quisiera, era algo que no podía hacer. Sólo contemplarla, sólo eso.
Se suponía que algún día ese ahogo se le tenía que pasar, por lo menos eso le había dicho su padre, pero también le había dicho que el amor nace y florece, pero como todo también muere. -Y si pese al tiempo y a las adversidades ese amor no logra desaparecer, no dejes que se te escurra de los dedos, no seas lo suficientemente idiota, James -.
¿Cuál era el cambio que tenía con Lily? Sin incluir que ya habían dormido juntos, la gran diferencia que veía era, que el "podría haber sido", ahora se había convertido en un "podría ser". Aunque la había visto dormir algunas veces, él no sabía que había en sus sueños cuando sonreía en medio de la noche, si alguna vez él estaría en ellos, si alguna vez el único sueño de ella sería él y si remotamente, algún día, ambos soñarían lo mismo.
Pese al tiempo, a algunas chicas y a Diggory, James tenía la certidumbre que si pasaban otros cinco años él iba a seguir enamorado de ella. La única gran diferencia en su no- relación con Lily, era que aquel "podría ser" es "ahora", se dijo a sí mismo.
Lily, por su parte, intentaba regular el termostato de su cuerpo. Quería que de una vez por todas sus mejillas dejaran de concentrar su sangre. Era sofocante estar sentada frente a James y con tantos espectadores. Quizás si hubiesen estado solos no le molestaría tanto, quizás hasta podrían conversar sobre algo, pero con Sirius observando cada uno de sus gestos y señales, se le hacía horrible llegar a entablar una charla normal. Loreen no se daba cuenta de lo incómoda que estaba Lily porque ella estaba tan o más a disgusto por la presencia encandilante de Sirius Black.
- Loreen, ¿Tienes un minuto? –La voz dudosa de Max Graham rompió el silencio.
- Sí. –Contestó rápidamente. Demasiado rápido para Lily, quién le dio un golpe por debajo de la mesa para darle una señal a su amiga. Loreen con la voz menos temblorosa, preguntó. –¿Para qué?
- Necesito hablar contigo, por favor.
Los ojos de Lily se cruzaron con los de su amiga, ambos brillantes y sonrientes.
- Está bien. –Loreen se levantó, tomó sus cosas y, a modo de despedida, le guiñó un ojo a Lily.
Y ahí comenzó el infierno personal de Lily Evans. Dos personas totalmente distintas a sus usuales amigos estaban acompañándola en su mesa de la biblioteca.
James no tardó en repetir la acción de Lily; pegarle una suave patada por debajo de la mesa a Sirius. Sin embargo éste no se dio por aludido. Levantó los ojos y miró detenidamente a la chica que no tardó en sentirse analizada una vez más.
- ¿Qué miras, Sirius?
- Nada. Sólo me preguntó por qué la gente le pega por debajo de la mesa a sus amigos.
Lily se sonrojó un momento y contestó. –Ese problema no es tuyo. Es mío y de Loreen.
- No lo digo por ustedes precisamente... –Levantó sus cosas y se marchó, dejando solos a Lily y James.
Y ambos se apretaron en sus respectivos puestos, se miraron vagamente y cuando sus pupilas se encontraron se sonrieron, sintiéndose torpes e imbéciles.
- ¿Tu amiga esta saliendo con Graham? –No le interesaba en absoluto, sólo le parecía una excelente oportunidad para entablar una conversación distante y prudente con ella.
- Creo que sí. –Alzó los ojos hasta él y comenzó a jugar con la pluma que sostenía entre sus dedos.
- Pobre Ian. –Sonrió.
- A ése ni me lo nombres –Dijo con tono amargo mientras dejaba la pluma sobre el pergamino.
- ¿Por qué? –Notó cómo los ojos de Lily comenzaron a divagar por la biblioteca, cómo se movió su garganta al tragar y cómo entrelazó los dedos antes de suspirar y contestar.
- Porque le regalé a Romeo y ni siquiera me ha escrito para saber cómo está. Se lo regalé a él porque no quería perder el contacto con mi perro... pero veo que es lo mismo que lo tenga Alex.
-James no sabía que contestar, se moría por seguir preguntado, pero las palabras "tiempo y espacio" se lo impedían. Dudaba si eso era una buena o mala noticia. Sin embargo no tuvo la necesidad de seguir debatiéndose, porque Lily continuó. - Y no quería que Alex tuviera a mi perro, porque mientras menos cosas nos unan mejor, no quiero sentirme manipulada y creo que con Romeo trataba de hacer eso. Bueno... –frunció el ceño. –...tú también leíste la última de sus cartas y esa sensación fue la que me dio ¿Qué crees tú?
Cuando se dio cuenta que sus oídos no le estaban jugando una mala pasada, y que efectivamente Lily le estaba preguntando su opinión respecto a la última carta de Diggory, comprobó que no sabía que responder, quería dar la respuesta precisa, pero también quería ser sincero. Si decía que la estaba manipulando ella podría pensar que estaba celoso y que hablaba inspirado por la rabia. Y si decía que no la estaba manipulando, ella podía pensar que había malinterpretando a su "adorado" Alex y correr a sus brazos. Resopló antes de contestar –Yo creo que no te estaba manipulando, pero si se trataba de aprovechar del cariño que los dos le tienen al perro. ¿No se enojó por qué lo regalaste?
- No sabe –Se sonrió Lily. –Además el perro es mío y es mi problema lo que hago con él…aunque si llega a saber que lo tiene Ian. –Ensanchó la sonrisa. –Pero eso es algo que nunca sabrá.
- ¿Nunca? –Su voz, sin querer, sonaba ansiosa.
- No, nunca. –Un mechón de su cabello rojizo, que caía rebelde sobre su cara, fue llevado detrás de su oreja por la mano de James. –Kate no se lo dirá y supongo que, con un poco de suerte, lo veré una vez más en mi vida solamente.
La idea le retorció las tripas, sus manos se tensaron sobre sus muslos y los nudillos de los dedos adquirieron un tono blanquecino por la fuerza con que cerraba los puños. Unas pequeñas luces azules y amarillas giraban alrededor de él.
- ¿Te refieres a lo que estábamos conversando en la hamaca de tu casa? –No podía decirlo directamente, la sola idea de imaginarse a Lily, su Lily, en la misma cama que el "idiota de Diggory" le provocaba mareos y una sensación amarga invadía su boca.
- No, no es eso. –suspiró. –O al menos eso espero, letrero de neón. –se rió de él. –Me refiero a la fiesta de los Premios Anuales.
- Lily. –No entendía por qué no podía dejar pasar la oportunidad, el eco de tiempo y espacio ya poco le importaba, y antes de que se diera cuenta, su boca ya lo había soltado. – ¿Qué vas a hacer con Diggory? O sea... –se interrumpió avergonzado. –...me refiero a qué vas a hacer con ese hechizo
La cara de Lily se tornó violentamente de un color similar al de los fantasmas. Luego sus mejillas se tornaron rojas.
- No lo sé, no he tenido mucho tiempo para pensar en eso. –James al notar los ojos de ella encontrarse con los suyos, y verificar que ambos se analizaban, sintió que había nacido una costumbre de miradas cómplices que él ya amaba. –Supongo que buscar una alternativa, no tengo urgencia.
- ¿Y qué pasa si no lo haces? –James definitivamente no podía con sus dudas.
- Es un hechizo vinculante, James. Lo que quiere decir que técnicamente estoy obligada a cumplir lo que pactamos. Y si no lo cumplo tendré una sanción, la cual lamentablemente no es Azkabán.
- ¿Cuál sanción? –Su voz sonaba sumamente anhelante, pero la causa no era su personalidad atrolondrada, sino que fue el timbre utilizado por ella, tan fingidamente desinteresado que revelaba con toda claridad que algo quería ocultar.
- Son distintas. –dudó un segundo, luego, respiró con resignación. –La de Alex es que si no cumple lo pactado –se carcajeó olvidando que estaba en la biblioteca y bajó la voz cuando se dio cuenta de que todos la miraban recriminatoriamente. –quedará calvo por partes y se volverá anciano antes de tiempo.
- ¿A quién se le ocurrió eso?
- A mi. –Contestó con la risa atravesada aún en su garganta, pero ésta se detuvo inmediatamente y dio paso a la rigidez de su mandíbula cuando escuchó la siguiente pregunta de James. –¿Y cuál es la sanción que te toca a ti?
- No puedo salir con alguien sin que antes se rompa el hechizo.
- ¿O...qué pasará? – La rabia burbujeaba en sus venas, sentía la cara rígida y las mandíbulas apretadas. Probablemente tenía también las aletas de la nariz dilatadas. No necesitaba preguntar a quién se le había ocurrido esa sanción.
- O estará condenada al fracaso antes de nacer. Es decir, puedo salir con alguien pero jamás llegará a buen puerto.
"Razón # 4: No puedes enamorarte de James Potter, porque lo de nosotros nunca será y…no quiero sufrir más." recordó mentalmente.
"Ja...Qué forma de garantizarse el tiempo y el espacio, maldito idiota"
Parte dos: "Si una señorita dice no, quiere decir tal vez. Si una señorita dice tal vez, quiere decir sí. Si una señorita dice sí, entonces no es una señorita"
Una vez, no recuerda con exactitud, escuchó una discusión entre sus padres y su tío Ian. Pocas veces había ese tipo de confrontaciones en la casa de los Evans. Sus padres por lo general mantenían una relación cercana y amistosa. De cierta forma sentía una suerte de envidia y de admiración por el matrimonio de sus padres, soñaba tener algo igual con la persona que se casara.
Sus padres aún parecían novios, cuando se besaban en las mañanas antes de ir cada uno a su trabajo, cuando discutían en qué iba a consistir la cena de los domingos o cuando se quedaban dormidos en el sofá, uno apoyando la cabeza sobre el otro, frente a la chimenea de la luminosa sala de estar, cada uno con una sección del periódico sobre su cuerpo.
Eso era algo que alguna vez creyó tener. Con Alex lo pasaba bien, no podía negarlo, los días era tranquilos y serenos colgada de su mano. Sin embargo, tarde descubrió que tranquilo y sereno no le era suficiente. Fue cuando James la besó en aquella extraña sala, la primera vez que comprendió que no le bastaban esas dos palabras.
Tranquila y serena es una tortuga, tranquilo y sereno es un carrusel que de tantas vueltas te marea, así era su relación con Alex. Un carrusel que giraba tan lento que no sabía si se movía o no.
Pero no fue hasta que sintió calarse hondo, en cada una de sus células, la adrenalina que generaba "la montaña rusa James Potter" para saber que no se imaginaba su vida montada en un carrusel, no quería que sus domingos fueran ir al parque a beber sangría como en la canción de Lou Reed o una mascota linda y peculiar que miras una vez al día durante el corto periodo que no está hibernando.
La aceptación duele, entendía ahora por qué su madre le había dicho que gozara de la negación. Porque dolía sentir su mirada inquietante y segura sobre ella, y comprender que ese simple hecho la hacia feliz. Dolía saberse memorizando cada uno de sus gestos cuando respondía una prueba, desde como tomaba la pluma, hasta como llevaba esa mano a su cabello para revolvérselo y sobre todo dolía encontrarse ansiando que cruzaran sus miradas para que él le guiñara un ojo.
No entendía el por qué, pero sabía que una grieta nacía en su pecho haciéndose a cada instante más y más profunda. Le inundaba la sangre que escapaba de esa abertura, se le iba a las mejillas cuando escuchaba su ronca voz, y le faltaba en las piernas cuando él se le acercaba.
Y lo que más dolía eran las noches, largas, oscuras y frías. Sin lunas, ni estrellas, sin nubes pasajeras. Completamente solitarias.
Torturas le daba su cerebro al repasar una y mil veces, en clases de Historia de la Magia cuando el profesor Binns hablaba sobre la revolución de los duendes del año 1624, cada estremecimiento que experimentó en su cama compartida con James. Flagelos que soportaba estoicamente cada vez que se cruzaba con él y le regalaba una sonrisa pasajera, cuando se sentaba al lado de ella en el Gran Comedor y "sin querer" le rozaba los dedos de las manos al coger el servicio para comer. Martirios que se tragaba sin decirle una palabra a alguien, cuando James la arrinconaba contra alguna pared de un pasillo vacío y la besaba intensamente, para marcharse sin decir una palabra, como si estuviese arrepentido. Tal como lo había hecho en el vagón del Expreso de Hogwarts.
Lo que nunca sabría, es que él se alejaba mascullando dos palabras.
Lo que fue alguna vez una herida en el paladar, que se repasa continuamente con la lengua, se transformó en esa misma herida pero con la boca permanentemente inundada en jugo de limón.
Ardía, escocía y quemaba tener que buscar todas las noches y memorizar razones por las cuales no enamorarse de James Potter, cuando sabía que era una tarea inútil.
Y picaba aun más, saber que lo que "podría ser" no será jamás.
Porque por muy anhelante que sintiera su corazón, ella jamás le diría que sí a la pregunta que giraba entre los dos, sin necesidad de ser formulada.
Simplemente no podía.
No podía porque no era una puta que se vendía a cambio del mejor postor. Ella no se acostaría de nuevo con Alex Diggory a cambio de su libertad, aunque eso la hiciera sentirse una esclava, eso no lo iba a tranzar.
¿Por qué no? –Una voz molesta, que le hablaba cuando cruzaba sola los pasillos, siempre le preguntaba lo mismo. Y no esperaba respuesta para continuar. –Te acostaste con Potter sin amarlo ¿Por qué no te puedes acostar con Alex una sola vez más?
No sabía qué contestar a aquel repiqueteo irónico que chillaba en su cabeza, y sabía que en parte tenía razón. La única explicación que sostenía para justificar su postura era que cuando se acostó la primera vez con James dos palabras cruzaban su mente –ebriedad y despecho-.
La segunda vez que lo hizo tenía otras dos conceptos que explicaban la situación. –necesidad (de que se quedara callado) y dejarse llevar- Y las palabras que explicaban la tercera vez, eran las que no le permitían deshacerse de aquel modo de su "divino y espectacular hechizo de magia muy avanzada". La sola idea de pensarse en una cama, deslizando sus piernas entre las sábanas para obtener un "beneficio" la hacia marearse y correr al baño para vomitar.
La discusión que escuchó de sus padres con Ian, se trataba de la critica a una chica con la él había salido un tiempo. Alfred consideraba que su hermano no debía sufrir por alguien que era lo suficientemente avezada para decirle que lo único que esperaba de él era que diera el tiro en la cama y que no le hablara de matrimonio. Alfred consideraba que no era lo suficientemente señorita en su comportamiento. Alfred relacionó esa vivencia de su hermano a una frase que le escuchó a su madre, la abuela de Lily. La frase rezaba "Si una señorita dice no, quiere decir tal vez. Si una señorita dice tal vez, quiere decir sí. Si una señorita dice sí, entonces no es una señorita". Y él creía que aquella chica gritaba SI a los cuatro vientos.
Lily recuerda como su madre frunció el ceño.
Cuando Lily caminaba con rumbo a la oficina del Director, lo que menos la alteraba era confesar el error que cometió al no localizar a tiempo a Tom Riddle y que éste le había mandado una lechuza recriminándole aquella falencia. Por la manera habitual de comportarse Albus Dumbledore sabía que ese sería sólo un detalle que repercutiría en la distribución de las mesas, considerar un plato más y un par de cubiertos.
Si murmuró con voz temblorosa la contraseña a la gárgola que custodiaba la oficina era porque no quería que le leyera sin ningún pudor, ni cargo de conciencia, el hervidero de fauna que tenía en su cabeza. Aunque a ratos dudaba que necesitara de eso, con la expresión que tenía pintado el rostro era suficiente para alguien tan inteligente y "guapo" como él pudiera saber que estaba pasando.
Tocó la puerta con los dedos encapsulados en la mano. Y esperó hasta que la voz de su profesor le indicará que podía pasar.
Se saludaron con sendas sonrisas y Lily comprobó que el Director había pasado las vacaciones de Semana Santa comiendo mariscos confitados en alguna playa; el bronceado de su rostro lo delataba.
- Señorita Evans ¿qué le trae por acá?
- Hubo tres personas que se me hizo imposible localizar para la fiesta de los premios anuales. Los nombres de dichas personas son Sara y Nicolás Flamel y Tom Riddle, no sé si los conoce. -Albus Dumbledore, sólo miró a la chica por encima de sus lentes con forma de media luna, ninguna otra señal en su rostro expresó que los nombres que acababa de mencionar fueran importantes. -No pude encontrar a los señores Flamel porque no sabía si estaban vivos o muertos, pero nunca encontré su partida de defunción, y todas las lechuzas que envié me fueron devueltas. Y el Señor Riddle nunca localicé su dirección y las lechuzas tampoco.
- Por Nicolas y su esposa, no te preocupes, Lily. Yo me contactaré personalmente con ellos y probablemente ya sabrán de la fiesta. Por el señor Riddle no hay que preocuparse, de momento. No creo que esté interesado en venir a este evento.
- Pues... -titubeó Lily. –...creo que se equivoca, profesor. Me envió una lechuza diciendo que sí iba a venir y estaba un tanto molesto conmigo por no invitarlo.
Lily sólo vio cómo el Director juntaba las manos y las apegaba a su torcida nariz, en un gesto pensativo.
- Entonces, eso supone trabajo extra, Lily.
- ¿Por qué lo dice? No creo que para los elfos sea gran problema preparar un plato más.
- No es ese el punto. El punto es que la fiesta no podrá ser aquí en el castillo.
- De hecho Dorea y yo habíamos pensado hacerla en los terrenos, a la orilla del lago…
- No Lily, ni aquí ni en los terrenos del colegio.
- ¿Por qué, profesor?
- Porque ese hombre, Tom Riddle, es Lord Voldemort.
Sintió que la piel se le transformó en gelatina, que el corazón se le detuvo y agradeció estar sentada en una cómoda butaca.
Lord Voldemort se había dignado a enviarle una lechuza a su casa para reclamarle el hecho de no invitarlo a la fiesta de Premios Anuales. Lord Voldemort, un hombre extremadamente poderoso, que pretendía construir un nuevo mundo entre los magos, donde sólo habría lugar para aquellos que pertenecían a antiguas familia, aquellos denominados "sangre pura". Grupo dentro del cual ella no clasificaba.
No le salía la voz, y sólo conseguía respirar porque era un movimiento mecánico.
En pocos segundos su mente se despejó y pudo articular. –Profesor, entonces ¿por qué no se cancela la fiesta? –Le parecía algo sumamente lógico, una idea brillante.
- No. –La respuesta de su profesor no fue agresiva ni intempestiva, si no que muy calmada y casi como si fuera lo obvio. Antes que pudiera volver a preguntar, él continuó. –No puede detenerse el mundo porque él quiere asistir a ésta fiesta, no puedes dejar de tener una vida porque él existe, no se puede huir de los problemas, Lily. - Se levantó de su silla, y se dirigió hacia la ventana. Con la mirada perdida en el exterior continuó. - La fiesta se celebrará en Hogsmeade, no quiero que él tenga contacto con los alumnos. Llevaremos todo hasta allá, y como tú y Dorea habían pensado en los terrenos del castillo, la haremos en el zona del otro borde del lago. Y sentaremos a Tom con gente de ascendencia mágica pero que no comparta su pensamiento. Voldemort aprecia demasiado la sangre pura para atreverse a hacer algo contra ellos, no en público al menos, donde escandalizaría a la mayoría de los invitados. –Parecía que hablaba consigo mismo, y no con la muchacha pelirroja que tenía sentada frente a su escritorio.
Lily sólo asintió. Para buscar a Voldemort una buena ubicación le pediría ayuda a Kate o a Dorea, ambas sabrían decirles con precisión quienes eran las personas indicadas.
Desmenuzó con el Director el resto de los detalles de aquella fiesta, que si bien antes le parecía un castigo demasiado injusto, ahora le parecía que le ejecutaban una tortura, que se hizo real cuando el Director le comunicó que ella también debía asistir.
Lista para marcharse a dormir, y descansar un poco antes del inicio de los exámenes, el Director le dijo a modo de despedida.
- Sí vale la pena sacrificar ciertas cosas, no lo dudes, Lily. Sólo recuerda que en tu corazón hay un móvil totalmente noble, y comprensible.
No le dijo nada, no sabía si estaba hablando de la fiesta de los Premios Anuales o de otra cosa. Se marchó tras dibujar una sonrisa triste al "más guapo, sexy e inteligente" de la gente adulta de Hogwarts, y enfiló con rumbo a su dormitorio.
Una vez encerrada entre sus doseles, volvió a recordar la discusión que tenían sus padres con Ian. Si la chica con la que salía Ian la estaban cuestionando, era porque a su padre le parecía poco menos que una puta, y eso no era gratuito. Era la consecuencia de los pensamientos anidados por su abuela, quien siempre había pensado que las chicas sólo debían limitarse a sonreír y estar siempre dispuestas y amables ante los requerimientos de la gente.
Las ideas de su abuela fueron el principal motivo del por qué sus padres se habían casado a escondidas. Rose no encajaba en los conceptos que tenía la señora Evans como mujer idónea para su hijo. Con el tiempo y la llegada de Petunia, esa situación fue variando, mas no algunas ideas sembradas en lo más profundo de la cabeza de Alfred.
En cambio, su madre tenía un pensamiento totalmente distinto. Creía que los "sí" de las mujeres eran tan válidos como los "si" de cualquier hombre. Y eso se extendía a todo el resto de las palabras que componían un lenguaje. No estaba de acuerdo con lo de sonreír y otorgar. No estaba de acuerdo con las mentiras blancas ni las piadosas. No creía en nada que no fuera la verdad.
Por lo tanto cuando escuchó a su marido decir. –Si una señorita dice no, quiere decir tal vez, si una señorita dice tal vez, quiere decir si. Si una señorita dice si, entonces no es una señorita.", arrugó el ceño e inhaló profundamente para mantener la calma. Que una chica sólo quisiera sexo era tan válido como en un hombre. Y que una chica se lo dejara claro desde un comienzo al sujeto, era sumamente valorable a sus ojos.
Con el rostro apacible que siempre lucía, pero las aletas de la nariz levemente dilatadas contestó. –Si una señorita dice no, quiere decir no, pero si quiso decir otra cosa, se llama mentirosa. -Miró fijamente a su marido y continuó. –Si una señorita dice tal vez, significa tal vez, pero si quiso decir otra cosa es una insegura y cobarde, que no tiene el coraje suficiente para hacerse responsable de su decisión. –respiró pausadamente. –Si una señorita dice si, y quiere decir que si, es una persona sincera. Pero si dice "sí" sólo por ser complaciente es una mojigata que no rescatará nada bueno en su vida.
Lily recordó también con la elegancia que afirmó su madre la copa, bebiendo de ella a sorbos pausados y como se dedicó el resto de la tarde a mirar la lluvia caer por la ventana, mientras su sorprendido padre la miraba maravillado y con cara de enamorado e Ian sonreía con las palabras de Rose aún volando por la sala.
Lily estaba segura que no quería que su mamá la considerara una mentirosa, insegura, cobarde y mojigata condescendiente.
No en vano su madre había luchado toda su vida para que sus hijas no fueran de las que sonríen, ponen cara de ser muy feliz y otorgan a cada quien lo que quiere. Les había enseñado que lo que no les gusta simplemente no les gusta y no temer decirlo. A no discriminar, no dejarse llevar por las apariencias, a sentirse coquetas y seguras de lo que había en su cabeza y en su corazón.
También les había dicho millones de veces, que lo peor que podían hacer era rendirse sin dar una batalla y que el límite era el cielo para sus sueños.
Su abuela opinaba que esas eran ideas de pajarito que llenaban de aire la cabeza de Petunia y Lily. Y por eso cuando supo que Petunia se iba a casar, les otorgó inmediatamente su bendición. Rose dio su opinión en reserva a su hija y como siempre respeto la decisión.
Sin embargo, las palabras de su madre a Lily siempre le parecían cantos de esperanza y de ensoñación que viajaban en su mente y siempre la hacían sentirse que decepcionaba un tanto su actitud, imaginando qué pensaría su madre si viera que su hija no era capaz de asumir sus sentimientos, de tomar una decisión y de encarar la vida con la frente en alto.
Sabía que sí quería descubrir que era tener la sensación de adrenalina a cada instante del día, y con la certidumbre de no condenarse al fracaso, tenía que asumir los costos y reabrir viejas heridas.
La voz que chillaba irónica en su cabeza gritó más alto al sentir que ganó la batalla. Tendría que verse las caras sólo una vez más con Alex Diggory, y tratar de que esa fuera la última. Y lo peor de todo, era utilizar a alguien más para sus fines egoístas. Dudaba si él estaría de acuerdo con el tema, y si no lo estaba ¿qué haría?
¿Lo llevaría engañado a una cama? Si antes el asunto le parecía feo y complicado, ahora le parecía peor.
Y a pesar de que el pánico le recorría el cuerpo, sabía que eso sería cuando conociera al mago que no la consideraba lo suficientemente buena por no tener "aquella sangre". Sería para la fiesta de los Premios Anuales la oportunidad para estar con Alex por última vez.
Con los ojos desbordantes de lágrimas, acomodó su cabeza en la almohada y lloró amargamente hasta conciliar el sueño, al otro día tendría su examen de aparición y entendía que debía tratar de descansar y levantarse repuesta, pero no conseguía consolarse.
Loreen se quedó dormida escuchando los sollozos de su amiga.
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Nota de Autora: Creo que no me demoré tanto. Y sé que nadie me dará globos porque siempre me demoro eones en traer un capítulo, pero me da una lata enorme revisarlos y hacerles las modificaciones. No se lo paso a otra persona por la sencilla razón que no sé si todas las escenas se quedan tal cual como las publiqué la primera vez. A veces hay pequeñas cosas que varían y creo que eso no podría hacerlo nadie con la misma intención que yo. Ojo, que no estoy diciendo que no lo puedan hacer mejor -que de eso estoy segurísima- sino que este fic se transformaría en otro.
Creo que es el día de darle gracias a Santa Isa, que sin ella y su ayuda nadie estaría leyendo su historia. Isa, donde sea que estés, muchas gracias! A Marcela y Guadale, las representantes (más agujas) de la vieja escuela. Son grandes, las dos.
Y gracias a Shey por tu review y tu apoyo incondicional.
Besos para todos!
