Disclaimer: Harry Potter no es mio. Ni James Potter tampoco, menos aún Lily Evans. Esos dos se pertenecen mutuamente aunque a ella no le guste mucho admitirlo.

Notas: Siento la tardanza. La vida real es una cosa mala que últimamente me absorve mucho. Lo siento. Capítulo especialmente dedicado a Marcela (que la quiero mucho) y para BitchyJelly que no sé que haría sin ella. También para Ivenus, que no sé donde andará, pero donde quiera que esté, espero que todo vaya OK.


&&&&&

Capítulo 26: "Infieles"

&&&&&

- ¿Tú quién eres?

- Alex, su bisnieto. Se lo he dicho más de veinte veces ya.

- ¡Mentira! –Exclamó una ronca voz femenina, luego la mujer elevó la varita y la enterró cerca del mentón del muchacho –. Si fueras mi bisnieto no estarías aquí, no suelen visitarme mucho. –Lloriqueó una mujer extremadamente anciana.

- Me canso de repetirle que sí soy su bisnieto. ¿Va a dejarme entrar?

- ¡No, por ningún motivo!

- Pero, bisabuela... –Todas las protestas fueron calladas cuando la señora le cerró una polvorienta y antigua puerta de madera en el rostro. Escuchó los gritos de ella que provenían del interior de la casa, exclamando. – Dejame tranquila, chiquillo malintencionado ¡Aurores! ¡Auxilio, Aurores! ¡Alguien me quiere matar!

Alex se sentó en la escalinata de la gran puerta y pensó que ya lo intentaría nuevamente. Quizás en una hora más la anciana le creería por fin que él era efectivamente Alex Diggory, su bisnieto. Resopló y dejó a un lado una caja destrozada que en su interior guardaba unos desarmados pasteles de calabaza que ella le lanzó por la cabeza, alegando que estaban envenenados.

Las gotas de una fina lluvia que caía invadían su rostro, y con la mirada perdida en el horizonte, se dio cuenta que estaba odiando más que en toda su vida la ciudad que se proyectaba antes sus ojos.

"Brujas, ¿Hay algo peor que esta ciudad? "

&&&&&

Y los brazos tostados que se fundían al borde de sus caderas le quemaban. Cerró los ojos violentamente y dejó de respirar cuando sintió la piel caliente de él golpear la suya. El olor de su pelo, aquel aroma que había sido su favorito por mucho tiempo perforaba su nariz densamente, hasta marearla.

¿Eran necesarios los besos en el cuello? A ella le parecía que no. Tampoco consideraba forzoso que acariciara con tanto celo la curva de sus pechos. Pero por toda protesta ella sólo apretaba fuertemente la varita que estaba atrapada entre sus dedos.
Apretó los dientes dejando entre ellos un pliegue de su labio superior. La presión que aplicó con sus mandíbulas hizo que aquel trozo de piel se floreciera en sangre cuando sintió como se alejaba de sus muslos su ropa interior. Dos manos ciegas separaban sus temblorosas rodillas, enviando cada una tan lejos de la otra como si fuesen enemigas eternas. No nacía un río en sus entrañas, como si siempre hubiesen sido un trozo de desierto, completamente seco.
El palpitar de su corazón marcaba el ritmo de lo ocurría sobre su cuerpo, mientras la tela de su túnica bailaba descompasadamente sobre su vientre casi desnudo.

Uno, dos, tres. Sentía la respiración agitada de él caer sobre sus cabellos desordenados. Cuatro, cinco, seis. Sus costillas se amoldaban al peso que reposaba sobre ella mientras él buscaba el nacimiento de sus piernas. Siete, ocho. Y el espacio deseado fue encontrado e invadido por una rígida piel ajena.

- ¡No! –Un grito ahogado escapó de sus pulmones perforando los oídos de sus dormidas compañeras de habitación. -¡No! ¡No! ¡No!

- ¡Lily, despierta! ¡Despierta!

- ¡No! ¡No! ¡No! ¡No quiero hacerlo! –Se contorsionaba entre las enredadas sábanas sin lograr despegar sus párpados.

- Lily, tranquila. Sólo era una pesadilla. Respira y trata de calmarte. –Loreen acariciaba los cabellos de Lily que se le pegaban en las sienes traspiradas.

- Es que era tan real, tan real...

- No lo cuentes sin comer o se hará realidad. –Murmuró Mary, casi dormida de nuevo.

- No le digas eso. Además es mala suerte ser supersticiosa. ¿Lily, qué es lo que no querías hacer?

- No…no me acuerdo –Mintió, mientras se incorporaba en la cama.

- Quizás son los exámenes, estás nerviosa y cansada. Trata de dormir un poco más. Te traeré agua.

Se suponía que en dos días todo acababa, en dos días no tendría aquellas angustias apretando su pecho y haciéndola marear. Cuarenta y ocho horas era todo lo que se pedía. "Sólo un poco más, Lily, sólo un poco" Se repetía a sí misma aquella frase prácticamente todo el día.

No le había resultado nada fácil esquivar a James en los pasillos, utilizar a su amiga Loreen y a su reciente novio para que él no pudiera abordarla. Tampoco le había sido sencillo obligarse a estudiar y tratar de dar sus mejores exámenes con la cabeza perdida en cualquier zona de la dimensión Potter, y con el gran detalle -y carga- que cada examen que daba requería del máximo de su concentración.

Cuando se presentó a dar su examen de aparición, sólo pensaba en la manera de desaparecer definitivamente del mundo y no tener que hacer las cosas tan atroces que sabía que debía hacer.
Pero también entendía (y se consolaba con ello) que valía la pena intentarlo. Con ese pensamiento anidado en su mente, trató de que su vida estudiantil no se viera mermada, logrando una aparición impecable en Hogsmeade el día de su examen.

Después de obtener su licencia no se fue a celebrar con Loreen y el resto de sus amigos y compañeros de Hogwarts, sino que se fue a reunir con Kate y Dorea en un restaurante que su ex suegra se moría por conocer, y para así comenzar a celebrar el término de su castigo más tedioso y raro.

Cuando entró al recinto y las vio conversando y riendo animadamente, ganándose las miradas reprobatorias del resto de los clientes, sonrió pensando en lo irónica que era su vida.

"Esto es casi salir a comer con Alex y James"

Se sentó junto a ellas y Kate no tardó ni dos segundos en echársele al cuello y cubrirla con un abrazo cariñoso.

- ¡Estás demasiado delgada! –Le reprochó tras mirarla detenidamente. Y lo peor es que Lily sabía que era cierto, últimamente no tenía ánimos ni siquiera para sucumbir ante el reino del azúcar.

- Estoy igual. –Mintió. También sabía que si le daba cuerda a Kate estaría toda la hora de almuerzo obligándola a comerse todo lo que ofrecían en ese lugar.

- ¡Mentira! Y espero que esto no tenga nada que ver con alguna dieta estúpida para perder peso porque antes estabas bien. Si estás intentando cuidar tu figura exageradamente te puedo internar en la fábrica de Willy Wonka –Y ensanchando sus labios, sonrío.

- Willy Wonka no existe, es sólo un personaje de ficción muggle –Replicó sin mucho ánimo la chica.

- Sí existe, vive en el número 8 de Lanney Park en Londres y somos amigos desde los 15 años. ¿No te había comentado que lo conozco?

- No, nunca lo mencionaste.

- Lo siento, creo que lo olvidé. Es que después que me intentó besar a la fuerza cuando teníamos 16 años lo borré de mi mente.

La risa de Lily y Dorea fue interrumpida por la llegada de un joven hasta ellas, era un chico guapo, alto, de rostro amable, ojos y cabellos oscuros adornados con unas pestañas insondablemente largas.

- Disculpen. Aquí tienen la carta –Dijo con su voz de locutor radial FM y le extendió un trozo de pergamino adornado con letras doradas a cada unar – Cualquier cosa que necesiten me avisan.

Cuando el chico se alejó lo suficiente de la mesa Kate con voz de niña melosa susurró. - Yo creo que voy a ordenar uno como él, hace mucho que no...

- ¡Kate! –Interrumpió Dorea

- ¿Qué? ¡Estaré separada, pero no muerta! Además es normal que uno tenga necesidades y él dijo "cualquier cosa que necesiten…"

- Sí, pero… –Contestó Dorea mirando rápidamente por sobre la cabeza del resto para mirar si aquel apuesto joven estaba cerca.

- No me vengas con el cuento que él podría ser mi hijo. –Kate arrugó el ceño mientras hacia un puchero. –Estoy segura que Alex es menor.

- No te iba a decir eso…Te iba a decir que el chico no está en la carta y por lo que vi, él quiere ayudar con sus necesidades a otra persona. –Giró sus ojos hasta Lily cuando terminó de hablar.

- ¡Qué injusto! –Se quejó la ex-señora Diggory –Lily es joven y guapa, puede tener al que quiera.

- Te lo regalo, no es mi tipo –confirmó la chica tras dar un segundo vistazo rápido en dirección al mozo, y pensando en que lo que menos necesitaba ahora era que le buscaran cita o un novio.

- ¿Y cuál es tu tipo? –Preguntó Dorea mientras la miraba intensamente, intentado desnudar el secreto que se arrullaba en sus párpados.

- Yo sé – Kate se sonrió. – A Lily le gusta Sirius Black.

- ¡¿De dónde sacaste eso?! –Interrogó Lily desviando sus ojos hacia la mujer. – ¡No me gusta Sirius Black!

Kate escondió su rostro, avergonzado, tras la carta. Luego de unos segundos dijo – Lo siento, no debí decir nada.

- ¿Alex te dijo eso? –Preguntó Lily con las aletas de la nariz completamente abiertas, casi transparentándose.

- ¿Si me lo dijo? Para ser sincera no me dijo nada, pero era imposible no escuchar los gritos que lanzaba mientras intentaba destruir su habitación.

- ¿Por qué estaba así? –Dorea estaba muchísimo más interesada en la historia que estaba comenzando a entender que pensar en qué iba a comer.

- No lo sé, fue ese día que te fue a ver a tu casa, Lily. Llegó muy tarde, cerca de las dos de la mañana y más ebrio que Mundungus Fletcher en mi matrimonio. Gritó y pateó todo lo que encontraba a su paso y después se encerró en su habitación. Al día siguiente, cuando salió lo único que yo y Amos teníamos claro es que odiaba a Sirius Black porque…

- ¿Por qué? –Presionó Dorea mientras Kate le lanzó una mirada tímida a la chica.

- Que odiaba a Sirius Black porque Lily supuestamente se había acostado con él. –Resopló.

Si la chica de cabellos rojizos pensó que si vida no podía ser peor, estaba muy equivocada. Al oír de Kate aquellas palabras sintió como el color abandonaba sus mejillas y que el estómago se le encogió, como si se hubiese puesto un bay-pass gástrico.

- Pero a mi no me importa –continuo Kate –No me importa si es cierto o no, tú eres mi amiga y yo te quiero, independientemente de lo que pase con mi hijo. –Kate hablaba muy rápido, intentaba sonreír a la chica y sus ojos eran dos pozos profundos de sinceridad.

- ¿Te acostaste con Sirius? – Sin embargo a otra mamá el tema sí le importaba y mucho.

- No, no me acosté con él. –Y Lily trató concentrarse en la carta.

- ¿Entonces con quién? ¿Por qué Alex estaba tan enojado? ¿Esto fue en las vacaciones de Semana Santa? – Dorea no podía disimular su entusiasmo en esa conversación.
Pero en ese preciso momento apareció el chico guapo y llevaba entre sus manos una libreta y una pluma para anotar la orden.

- ¿Desean algo de beber?

- Sí... – "cianuro", pensó Lily pero tras unos segundos dijo a media voz – Un jugo de grosellas. – No miró ni al joven que se la devoraba a ella con la mirada, ni a las dos mujeres que la acompañaban.

- Yo también quiero eso – Exclamaron las dos mujeres, quienes sonreían tontamente al joven que las ignoraba.

Tan pronto como terminaron de ordenar y el chico se alejó de la mesa, Kate volvió sus ojos, y sin necesidad de repetir la pregunta, miró fijamente a Lily.

- ¡No voy a contestar a eso! –Arguyó Lily rápidamente.

- Pero, Lily, se supone que somos amigas. Yo te cuento todo y si crees que voy a ir a Bélgica a contarle el chisme a Alex estás muy equivocada. De hecho, tu actitud me ofende…

- No es por eso…

- ¡Ah! -Comentó Dorea con un tono de voz apagado. -Ya veo...Es por mi.

- No, no es por eso –Mintió Lily. No se podía imaginar la cara de Dorea tras oír que ella y su hijo se habían montado una muy buena película triple X durante las vacaciones de Semana Santa.

- ¡Vamos, Lily! Ya que nosotras con Dorea no tenemos vida, dejanos entretenernos con la tuya. –Las dos la miraban con ojos largos y haciendo un exagerado puchero.

Lily tomó la servilleta de género y la retorció entre sus dedos mientras en su interior se iniciaba uno de los debates más grandes a los que se había enfrentado. Una parte de ella se moría por contarles todo, sacarse luego ese peso de encima y encontrar en aquellas dos mujeres un consejo sabio y prudente. Y otra parte decía que aquellas dos eran las personas menos idóneas para hacer de consejeras; "¡Las madres de los dos implicados!", pensó definitivamente. Tomó su vaso de jugo, que había aparecido a los segundos de ordenarlo, y respiró profundamente antes de contestar alguna mentira coherente. Sin embargo antes de hablar una duda hizo eco en su cabeza que se refería a un tema completamente distinto. Aunque no tanto.

-¿Dijiste Bélgica? ¿Alex fue a Brujas? ¿Donde su bisabuela...?

- Si, y no sé qué le dio por ir a ver a esa vieja chiflada. – Dijo Kate mientras intentaba apartar la mirada de los garzones – Se fue hace dos semanas atrás, apenas terminó las clases en la Academia de Medimagia.

- ¿Y cuándo vuelve? – La voz de Lily sonaba extremadamente ansiosa.

- Mañana, no quiere perderse la fiesta de los Premios Anuales. ¿Lily, por qué tanto interés? ¿Ocurre algo entre ustedes? –Preguntó con el ceño fruncido.

- ¡No! No ocurre nada entre nosotros, Kate. -"Aún", añadió mentalmente la chica mientras jugaba con la comida de su plato.

Si a Lily el almuerzo le había parecido un desastre, esto era una catástrofe de proporciones mundiales. Kate y Dorea la obligaban a probarse cada uno de los vestidos que tenía la tienda "Tiros Largos". Y eso, sin contar las túnicas y capas. Al final, Lily se decidió por un vestido sencillo y "aburrido" a palabras de las dos mujeres.
Las dos hubiesen preferido una túnica roja corta, sin espalda y con un amplio escote. Pero ella no necesitaba evidenciar con la ropa como ya se sentía por dentro.

&&&&&

Cuando acarició una cubierta gruesa de cuero negro, y al ver las letras doradas que enarbolaban el volumen, sólo pudo abrir más los ojos. Valía la pena cada uno de los esfuerzos que hizo para ganarse la confianza de su bisabuela y que lo dejara entrar a aquella enmohecida casa. Porque desde que sus padres se habían separado, las visitas a aquel añejado palacete de aquella extraña mujer habían disminuido hasta transformarse en inexistentes.
Y la verdad es que eso nunca le había molestado.

Cada día que pasaba la anciana se volvía más loca, y creía que todo el mundo quería envenenarla, matarla, violarla o robarle algo. Pero en este caso en particular, la pobre vieja no estaba tan alejada de la realidad.
El libro olía como si no lo hubiesen abierto en siglos y quizás fuese así. El olor a humedad impregnó su afilada nariz. Con los dedos presurosos, buscó la firma del autor. Sonrió tristemente al ver escrito entre los trozos de papel "Laverne de Montmorency ".

Guardó el abultado volumen y quiso irse cuanto antes de ese extraño lugar. No soportaba el olor a encierro y soledad que destilaba cada una de las paredes de aquella casona. Salió atolondradamente de la sala y buscó a la anciana mujer para despedirse. Sin embargo ella frunció el ceño al tiempo que apuntaba la mochila del joven y le dijo. –¿Estaba yo equivocada?

- No sé a que se refieres.

- No viniste a visitarme para saber cómo me encuentro. ¡Viniste a robarme! – La anciana mujer movía enérgicamente su varita lanzando chispas de colores en todas las direcciones.

- No pensaba robárselo, sólo lo tomaba prestado. Juro que se lo pensaba devolver apenas lo desocupase. –La voz de Alex estaba teñida de tonos de urgencia.

- Pero yo no quiero prestártelo, así que dejalo donde estaba, jovencito.

- Pero, ¿por qué? Prometo devolvérselo tan pronto como pueda.

- ¡Lo siento! –Cualquiera que oía la voz de la anciana podía notar que eso era mentira. No lo sentía ni un poco. – Pero esos libros son una herencia familiar muy antigua, y no salen de esta ciudad, ni de esta casa. Eso va más allá de mi voluntad.

&&&&&&

Después de revisar una y otra vez cada detalle de la fiesta, se fue a su habitación. Estaba tan cansada que de buena gana se hubiese puesto a dormir en vez de tomar un baño y arreglarse el cabello para tener que hacer de feliz anfitriona y de paso seducir a su ex novio hasta llevarlo a cualquier lecho.

Con el cabello transformado en una cascada de amplios rizos atados con un lazo de seda recorrió el camino que lleva hasta Hogsmeade, acompañada de Albus Dumbledore, quien lucía una de sus túnicas más vistosas. Las estrellas de su vestimenta eran animadas y se movían en la tela en órbitas zigzagueantes, como si se tratara de caprichosas estrellas fugaces.
Cuando se bajaron del carruaje, él le guiñó un ojo y le susurró –Tranquila, todo saldrá bien.

A Lily nunca las palabras del director le habían sonado tan vacías e imposibles.

Al llegar a la orilla del lago, la mayoría de los invitados ya estaban ahí, se agrupaban en pequeños cúmulos dispersos por el area preparada para la ocasión. El lago brillaba adornado por un centenar de velas que flotaban entre las aguas calmas y oscuras. Las mujeres sonreían maravilladas por la decoración y todos reían, bebían y conversaban completamente enajenados.

El eco de las risas cesó gradualmente a medida que un hombre de extraña apariencia llegó hasta el centro de la fiesta. Su andar por la hierba era suave y liviano, casi imperceptible. Su mirada levemente rojiza vagó por el paisaje hasta encontrarse con los profundos y azules ojos de Dumbledore. Tom Riddle hizo una mueca, similar a una sonrisa, cuando las miradas se fundieron.

Lily asombrada por la inusual apariencia de Lord Voldemort lo observó descaradamente, analizando todos y cada uno de sus estudiados movimientos. Contempló como lentamente aproximaba su copa a sus labios delgados y sorbía un brebaje oscuro con indiferencia, cómo rechazaba desdeñosamente cada bocadillo que le ofrecían los elfos, y cómo su perfecta sonrisa se curvaba ante la expectación de la gente.
El no estaba solo, unas cuantas personas lo acompañaban, como si fueran su guardia, y otras se habían acercado a él, magnetizadas, y buscando entablar una conversación que Lily no tenía idea sobre que versaba. Pero le daba la sensación que más que una conversación, esa gente esperaba una especie de discurso o lección.

Sólo fue capaz de apartar los ojos porque se sintió extrañamente observada. Cuando encontró al culpable, se dio cuenta que Alex la miraba desde una banca ubicada bajo unos árboles que oscilaban ligeramente sus hojas al son de la leve brisa.

Cuando sus ojos se delataron mutuamente, él sonrió.

El corazón le latió con mucha más prisa de lo normal, sus manos se humedecieron y sintió cómo se formaba un nudo en su garganta; comprendió que estaba aterrada. Al ver la sonrisa de Alex Diggory sintió cómo cada músculo se le contrajo y se convenció que no tenía idea de cómo iba a hacer lo que tenía pensado.

No sabía si esa era la oportunidad precisa para un acercamiento, tampoco se detuvo mucho tiempo a considerarlo. Abandonó el examen de la lista de invitados y dirigió sus pasos hasta aquella alejada banca bajo las hileras de árboles de aspecto oscuro y misterioso.

- Hola, Lily – La voz aterciopelada del chico surco el aire y fue como un latigazo a su sistema nervioso.

- Hola, Alex ¿Cómo estás? –En la voz aguda que rompía su garganta bailaban tonos de terror.

- No me puedo quejar...-Contestó con aires de inocencia. -...te ves guapísima. –Y sonrió a la chica cuyas mejillas no tardaron en encenderse. –Lily, antes que todo, yo supongo que no has olvidado lo último que pasó entre nosotros…

- Si te refieres a lo que sucedió en mi casa no es el momento, ni el lugar para hablar de eso, Alex, así que déjalo. –Un poco más calmada, se sentó a su lado.

- Sí, sí es el momento…Lily, sé que fui un completo idiota ¿podrás perdonarme algún día?

El silencio cayó sobre ellos, Los segundos daban paso a los minutos y la chica que había mantenido la mirada al frente giró sus ojos hasta él y con un tono serio, dijo. –Sólo si tú me perdonas que haya regalado a Romeo.

- ¡¿Qué hiciste qué?! –Su cara se volvió pálida al instante y se llevó una mano hasta su cuello para masajeárselo rápidamente. – ¿Y a quién?-Balbuceó.

- A Ian –su voz se agitó –Es que yo no tenía quién lo cuidara y él también está muy solo.

- Pero Lily…yo siempre lo puedo cuidar y además tú tío ni siquiera es capaz de cuidar de sí mismo. No puede cuidar ni unas plantas, bueno, con excepción de un tipo de planta. –Dijo completamente enojado.

- Sí, pero eso era antes. Sé que será capaz de cuidarlo y amarlo tanto como nosotros. –Y sin darse cuenta para infundir convicción a sus palabras, tomó la mano de Alex suavemente y concluyó esbozando una tímida sonrisa.

- ¡Eso es chantaje, Lily! ¡Estás condicionando tu perdón!– Alex contemplaba las manos ligeramente unidas y sentía la piel fría de ella sobre la de él. – Pero si ese es el precio que tengo que pagar, creo que lo tomo. – Pasó un brazo por el hombro de la chica atrayéndola hasta su cuerpo, dejando caer unos ligeros besos entre la cascada de rizos rojos de Lily.

- Tengo que irme. –Se levantó completamente nerviosa y se enfiló rumbo al epicentro de la fiesta, donde debería estar supervisando cada detalle. –Después nos vemos.

- ¿Después nos vemos? – repitió con incredulidad – ¿Y qué hay de bailar, eh? Y también tenemos que hablar. Hay unas cosas que tengo que discutir contigo. – El rostro serio de él confirmó que se trataba del "tema" que estaba pendiente entre ellos.

- ¿En serio? Yo también necesito hablar contigo. A todo esto, siempre me ha gustado como te queda el verde oscuro, esa túnica te queda espléndida. –Y se fue caminando con paso calmado. En su cabeza se había desatado un mar de dudas cuyas olas la ahogaban. Trataba de lucir normal, de controlar sus nervios. Procurar que cada cosa estaría bien, tanto la fiesta como su vida personal. Pero de pronto, escuchó que él la llamaba de nuevo. Cuando Lily se volteó, comprobó que había llegado hasta ella corriendo. La respiración acelerada de Alex estaba muy cerca de sus labios.

- Lily, se me olvidaba algo… ¿Tú te sentarás con mi mamá en la misma mesa?

- No, tú mamá me pidió que la dejara elegir mesa, no he revisado con quien lo hará. ¿Por qué?

- Porque no me ha querido decir con quién se sentará, y quería saber cuál era el misterio.

- Si quieres puedes acompañarme y te muestro dónde se sentará Kate. Y de paso ves con quién te sentarás tú.

- Por favor, dime que no me pusiste con la pesada de Sarah Russatriff ni con Lucius Malfoy.

- ¡Eh! Soy rencorosa, pero no tanto.

&&&&&

- ¡Me aburro! – Cualquiera que oyera a Sirius Black creería que la voz rasposa de su garganta era un eco subterráneo.

- Esa es nueva, Canuto –Respondió sarcásticamente Remus Lupin mientras seguía con los ojos pegados a un libro.

- ¡Cornamenta! Me aburro. - Rezongó mientras se levantaba de su cama ubicada en la Torre de Gryffindor y lanzaba la colilla del cigarro por la ventana.

- No trates en vano, Sirius. Sabes que se queda así todas las noches. –Remus seguía con los ojos fijos en su lectura.

- ¡Parece un idiota!…¿Sabes qué, Cornamenta? –Y pateó ligeramente la cama donde un chico con lentes estaba tendido. – ¡Me tienes hasta las pelotas con Evans! Si tanto te gusta ¿por qué mierda no vas a buscarla y se van a Hogsmeade y…?

- ¿Tú crees que si pudiera no lo hubiera hecho ya? –Las palabras de James sonaban apagadas y daba la sensación que estaba en cualquier lugar menos en aquella habitación.

- ¿Y qué te lo impide? No veo a nadie que te tenga atado, ni torturándote o lanzándote un imperius para que no lo hagas.

- ¡Tú no entiendes!

- ¡Claro que no entiendo! Porque no nos has querido explicar nada. Pero lo que si sé es que tú también le gustas, y si sigues así la vas a perder. ¿Sabes lo que escuché en los pasillos?

- No tengo idea y para ser sincero, Canuto, dudo que me interese.

Ignorando los comentarios de su amigo Sirius continuó. - Que Alex Diggory se veía más guapo que nunca con su túnica de satén negra. Y que lo vieron con flores, y todo el mundo apuesta que son para…

- ¡Lily! – Susurró James.

- ¡Bingo! Punto para el rey de los cegatones

James tardó unos segundos en decidir si iba o no hasta Hogsmeade para comprobar que entre Lily y Alex no pasara nada. Pero la idea de Lily con Alex se le hacía sumamente peligrosa, sin considerar que él sabía las cosas que estaban pendientes entre ellos.
Se levantó y fue al baño, evidentemente dividido.

- Sirius, ¿Tú cómo sabes lo que dicen de Diggory si has estado toda la tarde conmigo y nadie nos ha dicho nada? – El libro de Remus fue cerrado con un sonido violento, después de interrogar a su amigo. Los ojos de lobo que se escondían en tibis pupilas, asomaron con ferocidad.

- Fácil. No tengo idea si está ahí o no.

- ¿Lo inventaste? –Una sutil arruga apareció entremedio de las delgadas cejas de Remus.

- ¿Me estás tratando de mentiroso? – El peso de la voz de Sirius se asemejaba a un ladrido. –Eso es muy feo, Lunático. Son mis dotes de adivinación que se hacen presente. ¡Y tú estas enturbiando mis premociones!

- Tú no tienes premoniciones, Sirius.

- Sí las tengo...si supieras, Lunático, jamás volverías a decirme una estupidez de ese tamaño.

Al salir James del baño, con el pelo húmedo y con aspecto de haber sido aplastado una y otra vez, tomó su capa de invisibilidad y se cubrió con ella. Inmediatamente los tres chicos le flanquearon la puerta.

- Ni se te ocurra, Cornamenta. –Susurró Sirius, divertido con la situación.

- ¿Qué? ¿Quieres que me quedé aquí?

- No, pero tampoco queremos quedarnos nosotros.

Caminaron hasta que vieron las luces titilar en el lago y sin quitarse la capa llegaron hasta la fiesta, con dificultad bordearon a los asistentes hasta que descubrieron dónde estaba Lily.

Ella en un rincón, acompañada por Alex Diggory, miraba un pergamino enorme que tenía dibujos que representaban a los asistentes y su ubicación en las mesas para la cena. Los cuatro chicos se aproximaron más aún, para poder ver que los tenía tan absortos, pero no podían visualizar nada. Peter, sin que nadie le dijera, tomó su forma animaga y de aquel modo se ubicó entre los asientos de los dos chicos.

- ¡Está loca si cree que la voy a dejar sentarse con él! –La chica tenía el ceño fruncido.

- Y tú estás loca si crees que yo te voy a dejar a ti sentarte en su lugar.

- ¡Yo puedo cuidarme sola, Alex!

- ¡Y yo creo que no! Lily, he escuchado todo tipo de cosas de ese sujeto, es peligroso.

- ¡A mi no me asusta!

- ¡Uy! Detesto cuando te las das de valiente Gryffindor

- Y yo detesto cuando te las das de sabelotodo Ravenclaw.

- Si alguien no se puede sentar con él, eres tú. ¡Métetelo en tu cabeza de pajarito!

- ¡Tú no vas a decirme qué puedo y no puedo hacer! –El tono de la réplica dejó claro que en ese punto Alex ya no tenía nada más que agregar.

- Deja que me siente yo con él. –Imploró el chico.

- No. –Ni siquiera miró a Alex al momento de negarse.

- Lily, se razonable

- Estoy siendo razonable y mi respuesta sigue siendo no.

- Te propongo un trato. Sentémonos los dos con él.

Los chicos ocultos tras la capa, no entendían palabra de lo que hablaban. Sólo escuchaban los susurros acalorados que cada uno esgrimía. Cuando la pareja se alejó con dirección a las mesas, Peter volvió hasta ellos y les reprodujo la conversación íntegramente. Al ver dónde dirigían sus pasos y coger las respectivas sillas, los cuatro comprendieron a qué se debía tanto escándalo.

- ¡Así que ése es! –Afirmó Remus oculto en la capa con sus tres amigos, a escasos metros una mesa ubicada cerca del lago.

- Sí, ése es. –Susurró James.

- Es…intimidante. –La débil voz de Peter evidenciaba su crítico estado.

- ¿De verdad crees eso? Yo pienso que tiene cara de culebra, y nadie que tenga esa cara me da miedo. –Sirius Black hablaba un poco más fuerte que lo conveniente.

- ¿Y qué hace Evans y Diggory con él? –Preguntó Colagusano.

- Probablemente firmando su sentencia de muerte. Conociendo a Lily, no se callará si la conversación toma rumbos que no le agradan. –Concluyó Remus.

&&&&&

- ¡Dorea, Lily está loca! ¡Mira dónde se sentó! Si hubiera sabido por qué no me dejó sentarme en esa mesa jamás se lo hubiese permitido.

- ¡Por Merlín! –Susurró en un hilo de voz.-¿Por qué lo hacen?

- ¿Por qué? Yo lo sé, porque mi hijo es un cabezota que cree que no puedo defenderme por mi misma, y no encuentra nada mejor que tomar a la niña que menos le convendría estar ahí y la sienta con el susodicho. ¡Estúpido chiquillo!

- No les quites los ojos de encima. –Susurró Dorea, y se levantó de su puesto. – Voy a ir avisarle a Albus.

Y tras cuarenta minutos de estar sentada en esa silla, Lily se sentía totalmente maravillada. La vehemencia de sus movimientos, la gracia de sus gestos, el susurro ronco de su voz le resultaba cautivante. No podía apartar sus ojos de él, no podía dejar de escuchar los comentarios que lanzaba, irónico e indiferente, con el resto de los comensales.
La figura pequeña y redondeada de Slughorn llegó hasta aquella mesa, ocupada íntegramente por gente mayor de cincuenta años, con excepción de Alex y Lily que estaban tan callados y estáticos, que habían logrado pasar completamente desapercibidos.
El suave olor dulce del alcohol de ananá traicionaba el estado del profesor de pociones que tambaleándose se sentó en aquella mesa para conversar con viejos conocidos.

- ¡Tom! Estabas tan desaparecido, dime ¿Qué maravillas has hecho durante este tiempo?

- ¡Ah! – arrugó el ceño potentemente. – Ya nadie me llama así. Ahora me llaman Lord Voldemort.

Algunos de los presentes sonrieron, Alex identificó a unos pocos como personas que trabajaban en el Ministerio con su padre. – Dolohov, Nott, Mulciber y Rosier – El resto de los invitados no pudieron reprimir un escalofrío.
El profesor paseó sus ojos desorbitados con rapidez, buscando posarlos en otra cosa para eludir un tema que el mismo sacó a relucir, y azotaba sus dedos sin ninguna armonía contra la mesa. Y un fulgor destelló en las apagadas pupilas del hombre al encontrar un objetivo.

- ¡Lily! Qué hermosa que estás…¡Ah! y ahí está el Señor Diggory también…¡No me digan! ¿Están juntos de nuevo?

- No. No estamos juntos. –La escueta respuesta de Alex, con un tono cargado de rabia hizo que Slughorn se pusiera rápidamente de pie, y que se marchara con la sensación de que no podía cometer más errores en aquella mesa. Sin embargo, antes de alejarse totalmente de aquel lugar agregó. –Lily, quiero presentarte a Tom Morris, es el actual presidente de la sociedad amiga de las pociones. ¡Estará encantado de conocerte! – La chica por respuesta sólo separó sus labios para regalarle a su maestro una amable sonrisa.

Los ojos enrojecidos, bañados en un brillo propio del mar, se posaron en los ojos verdes y almendrados de Lily.

- ¿En qué año egresaste de Hogwarts? Te ves muy joven –Aquel siseó le pareció una cascada de agua turbia que chocaba contra sus oídos.

- No he egresado aún. Me falta mi último año.

- ¿La favorita de Slughorn? – Una hipnótica sonrisa bailaba en su ceroso rostro, como la danza de un cascabel.

- No lo creo –Lily totalmente cautivada, sonrió de vuelta.

- Dime ¿Cuál es tu nombre?

- Lily Evans.

- Ya veo…¿la organizadora de esto, no?

Alex desesperado aprovechó el momento en que uno de los mortífagos –Rosier – se acercó a Voldemort y le susurró algo en el oído. Alex la golpeó suavemente por debajo de la mesa, le tomó la mano y se la apretó hasta que logró que el destello verdoso de los ojos de Lily se fijaran en él. Con gestos severos de su rostro la interrogaba hasta que consiguió que ella meneara la cabeza con cortos movimientos como si saliera de un trance.

- ¿Así que eres la mejor alumna de tu generación? – más que una pregunta era una aseveración. –Y de origen muggle. –Agregó Lord Voldemort. Una nota leve de desprecio se aproximaba en sus palabras.

Sin embargo Alex no dejó que esas afirmaciones fueran contestadas.

- ¿Todos ustedes son premios Anuales? Me parece que no. –prosiguió- Lily ¿estaban invitados a esta fiesta los Señores Rosier, Mulciber, Dolohov y Nott?

- No, creo que no.

- Entonces estos señores están infiltrados aquí ¿No les parece que están un poco crecidos para llegar a fiestas en las que no están invitados?

- Yo te conozco, tú eres el hijo mayor de Diggory. –Un hombre con rostro severo y surcado de arrugas lo interpeló.

- ¿Es sangre pura? –Preguntó Lord Voldemort

- ¡No soy un caballo para que me traten así! Con esa clasificación tan pueril y básica.

- Infiel a tu linaje. Joven necio, que desdeña el origen de la magia. – Nott desenvainó su varita y unas chispas de colores salieron del extremo.

Los acompañantes de Voldemort estaban tan acalorados que no notaron que unos pasos sordos se aproximaban a aquella mesa, la mirada de Voldemort permanecía posada sobre lo que refugiaba los párpados de Lily y todos se sintieron sorprendidos cuando la voz amable del Director preguntó.

- ¿Todo bien?

- No, estos señores... –Alex reveló los interpelados con un movimiento desdeñoso de su cabeza –...no han sido invitados a esta fiesta, y aun así han insistido en venir.

- Ya veo. Pero probablemente sólo vinieron a tratar algún asunto particular, para después marcharse ¿no?

- Sólo vinieron a saludar a viejos amigos, Albus. Ahora se irán a apreciar lo bello que está Hogsmeade. –La voz calmada de Voldemort emanaba sarcasmo en cada melodía.

- Si es así, me encantaría acompañarlos hasta ahí. Lily y Alex, vengan conmigo, por favor.

La chica vio como Lucius Malfoy y otros sujetos fueron a ocupar los lugares que ellos dejaron vacíos. Dumbledore la dejó junto a Alex en un rincón alejado de la mesa que antes ocupaban, muy cerca de donde estaban los músicos, y les dijo. - Ustedes deberían hablar mientras bailan, hace muy bien para la circulación y previene los varices.

Y sin más se marchó hasta volver a la mesa que ocupaba el sujeto de túnica larga negra, mirada serena y sonrisa perfectamente fría, para alejarse de la fiesta acompañado de Mulciber, Nott y el resto de los aludidos.

- ¿Te diste cuenta como te miraba? – Preguntó Alex

- ¡No me miraba!

James Potter estaba plenamente de acuerdo con Alex Diggory en eso. Voldemort no le sacaba los ojos de encima, como si la estuviera evaluando permanentemente, como una serpiente contempla a su presa.

- Salgamos de aquí, lo que tengo que decirte es importante.

- ¿Adonde vamos? –Lily no podía disimular que en el fondo de su corazón le tenía más miedo a Alex que a Lord Voldemort.

- Al bosque – Respondió mientras le tomaba la mano y la guiaba entre los invitados que danzaban alegremente.

James casi corría para no perderle la pista a la pareja, sus amigos trataban en susurros de decirle que se calmara o sino los descubrirían. Es más, si los invitados no estuvieran tan entretenidos bailando y charlando, hubiesen visto ocho piernas correr en dirección al bosque.

Lo mucho que se internaban en el bosque lograba asustarlo. "¿Por qué tan adentro?", no dejaba de preguntarse eso. Después de quince minutos, y de dejar atrás a sus amigos, James encontró afirmados contra el grueso tronco de un árbol. Ambos en silencio, parecían contemplar las estrellas contornearse en el cielo.

- ¿Fue lindo?

- ¿Qué cosa, Alex?

- ¿Lo nuestro, fue lindo?

Con los ojos brillantes Lily asintió.

Y como si el cielo supiese que era el comienzo de una despedida, las estrellas se derretían en el fondo oscuro dejando una estela luminosa que les robaba las palabras a todos.

- Lily, ayer llegué de Bélgica. Fui a ver a mi bisabuela... ¡Oye, no te rías! O no te cuento por qué fui. ¿Has escuchado hablar de Dorcas Wellbeloved?

- ¿La fundadora de la sociedad para brujas apenadas? –Preguntó arrugando el ceño.

- Sí, ¿qué te parece si te regalo una membresía para tu cumpleaños?

- ¡Idiota!

- Lo sé, pero hablando en serio...Creo que lo de nosotros podría tener una salida alternativa.

- ¿Cuál? –La incredulidad se colaba por cada poro de la piel de Lily, y la ansiedad también.

- No es fácil y tampoco es segura – Explicaba Alex.

- No importa. ¿Cuál? –Se impacientó ella.

- ¿Conoces a Laverne de Montmorency? – Cuando vio a Lily negar con la cabeza, prosiguió. – Ella fue inventora de muchas pociones amorosas y es la abuela de mi bisabuela. Sus escritos están en Bélgica, pero no pude sacarlos de ahí porque esa vieja loca me dijo que no podían abandonar ni siquiera la ciudad por un hechizo que lo prohíbe. Tendríamos que ir hasta allá para ver si funciona.

- ¿A Bélgica? –susurró- Alex, no puedo ir hasta allá. Mis padres jamás me dejarían y yo…

- ¿No te parece que vale la pena intentarlo? Lily, la única alternativa que tenemos me haría demasiado daño. Quizá tú estés preparada, quizá tú puedas hacerlo sin que no signifique nada para ti, siempre has sido mas fuerte que yo. Pero yo no me siento capaz ¡Demonios, Lily! Dime que lo intentaremos –levantó sus ojos implorantes. –¿Por favor?

- Cállate –susurró –Escucho pasos.

- Mira hacia allá –ordenó en un hilo de voz -Son esos tipos, esos que Dumbledore echó. ¿Qué hacen aquí, Lily?

- No sé, pero si nos descubren, Alex, estoy segura que no serán amables con nosotros…

No pudo terminar de hablar porque sus labios quedaron inmovilizados al encontrarse con los de Alex. El se separó brevemente para implorar –¿Podrías ayudar? Finge que somos una pareja normal de novios que está besándose en el bosque y que no somos los de la fiesta.

No respondió con palabras, sólo alzó sus brazos para coronar en un abrazo el apasionado beso que se regalaban apoyados en aquel tronco.

Alex desató la cinta que apretaba sus rizos y los esparció por su cara y sus hombros semi desnudos, como si quisiera ocultar el encuentro de las lenguas que se azotaban en medio de la noche.
Y de pronto, a los dos les pareció que un rayo ambarino los separó de golpe. Las luces que giraban en torno de James Potter daban la sensación de estar frente a un huracán electrizante.

- Disculpen. ¿Interrumpo algo?

&&&&&


Nota de Autora: Es cortito, lo sé. Y eso que le agregué algunas líneas más. El capítulo anterior no era corto, eran más de 10.000 palabras y eso no es poco. Este tiene cerca de 7.000, pero no había más que decir al respecto. Espero no demorarme tanto en traer el próximo capítulo.

Se agradece el apoyo incondicional. En serio. Tengo los mejores -y más pacientes- lectores del mundo.

Muchas gracias por los reviews, los contestaré apenas tenga un segundo libre, pero supuse que preferían un nuevo capítulo a que contestase los reviews. Pero juro solemnemente que los responderé.

Un besote gordo. Nos leemos luego.

maite.