Disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Todo es de la W.B. (han visto el trailer??? OMG, qué manera de prometer la sexta película) y de J.K. Rowling.

Nota: Capítulo completamente nuevo. Dedicado a toda esa gente que ha esperado un año. Especialmente a Marcela, Guadale, Lily Eslava, FancyQueen (o bitchyhelly) J0r, Ccii Tnks, Raven Blackie, sayurisan, Jana Evans y por supuesto a Isa. (Que sin ella, nadie estaría leyendo esta historia) Si me queda alguien en el tintero, lo siento. No, no es el capítulo que esperaban que siguiera, ese donde James con bla bla en el baño de los Evans y etc. No, ese no es. ¿Por qué? Explicaciones después. Muchas gracias también a Ivenus Valens, porque sin ella este capítulo sería un bodrio (no digo que no lo es, pero sería peor.)


*****

Capítulo 29: La motocicleta de Sirius.

*****

Lily llegó a Londres completamente distinta. Aunque no había ningún cambio físico que evidenciara las mutaciones que había sufrido en ese par de semanas alejada de su hogar, algo en ella, quizás el brillo de su mirada, quizás la manera forzada en que sonreía, daba la sensación de estar ante una persona distinta.

- ¿Qué pasó en Bélgica? -Le preguntaba constantemente su madre.

Y Lily contestaba que no había sucedido nada. Se preocupaba de tapar con maquillaje las ojeras que adornaban sus ojos y de limpiar cualquier rastro que habían ocasionado las lágrimas que desparraba en su almohada por las noches. Y cuando le preguntaban por Alex, Lily se quedaba callada. Por eso cuando la vieron bajar las escaleras rápidamente, con su bolso en la mano, sus padres se sintieron profundamente confundidos, porque Lily estaba todo el día encerrada en su cuarto y apenas cruzaba cuatro palabras con quién se cruzaba.

- Lily, ¿adónde vas?

- Ehm... A la casa de Alex, llegaré tarde. -Contestó, mientras estampaba un beso en las mejillas de sus padres. Alfred le tomó de la mano, jalándola suavemente, mientras en su rostro aparecía una expresión enigmática.

- ¿Vas con Alex? ¿Por qué? -Dijo, obligándola a sentarse en los sillones de la sala de los Evans. Lily fijó la mirada en el fondo del patio, como si esperara que en el muro trasero apareciera la excusa perfecta.

- Porque tenemos cosas que conversar, papá. No es nada más.

- ¿Y no te bastó todo el tiempo que estuviste en Bélgica para conversar con él?

Lily sintió sus mejillas inundarse de palidez y miedo. ¿Qué podría decir ahora? En el muro trasero del patio no aparecía nada y su padre la miraba atentamente, esperando una respuesta. Su madre sólo alzaba las cejas, escepticamente, como si no entendiera nada de lo que sucedía con su hija. Y el silencio se raptó a Lily y los segundos pasaban y no se le ocurría nada bueno para decir; los ojos de su padre no se movían de ella. De pronto, sonaron las campanas de la casa de los Evans. Alfred, dudoso, se levantó de su asiento y antes de dirigirse hacia la puerta le dijo a Lily:

-No puedes salir hasta que me des una buena explicación.

Cuando el padre de Lily se perdió por el pasillo, ella miró significativamente a su madre. Rose la contempló de vuelta un segundo, luego dijo. -Esta es la última vez, Lily, que te ayudo en tus locuras. Aprovecha la distracción y vete. Yo me encargo de tu papá. -Sin embargo, tan pronto como terminó de hablar apareció el padre de Lily, acompañado de Ian.

- ¿Cuándo volviste? -Preguntó su tio apenas la vió.

- Hace unos días. -Contestó Lily, poniéndose de pie. Le dio un beso en la mejilla a su tío, y se deslizó cuidadosamente hasta aquel lugar donde había dejado su bolso. - Por cierto, ¿tú sabes dónde podría encontrar a James?

- Te dije, Lily, que hasta que no me explicaras los enredos que tienes con Alex no puedes salir. -Acotó su padre mientras llenaba unos vasos con cerveza, luego le extendió uno de ellos a Ian, quien se había acostado en uno de los sillones.

- Sí, yo estoy muy bien, Lily. Gracias por preguntar. -Contestó irónico Ian, mientras alzaba el vaso, como si hiciera un brindis imaginario.

- Si te hubiese pasado algo malo, lo hubiese sabido antes. Además, la mala hierba nunca muere.

En aquel instante, Rose miró a Lily, movió imperceptiblemente su cabeza y luego se levantó de su lugar, encaminándose hacia donde estaba su marido. Le tomó una de las mano y con voz suave, agregó. -Oh, Alfred, había olvidado mostrarte mi último trabajo. ¡Te encantará!

El padre de Lily sólo frunció el ceño cuando miró a Lily, como si quisiera dejarle en claro la advertencia. Y luego se dejó arrastrar por Rose, hasta el estudio fotográfico, mirando de reojo el sillón dónde Lily estaba sentada.

- Ian, no tengo mucho tiempo. ¿Sabes dónde está James? - Preguntó la chica, con los ojos suplicantes.

- ¿James? ¿Cuál James? -Ian bufó cuando la mirada de Lily se hizo intimidante. -Me dijo que se estaba quedando en una especie de hotel, pero el nombre era raro. No lo puedo recordar. Pero es probable que tenga que compartir habitación con una familia de ratones.

- ¡Gracias! - Dijo irónicamente. -No sabes lo mucho que me ayuda tu información. -Lily cogió rápidamente su bolso y agregó. -Estoy segura que sabes dónde estás, pero no importa. -Le lanzó un beso de despedida y salió de su casa casi volando. Cuando cerró la puerta alcanzó a escuchar a Ian gritando. -¡Oye! Te van a pillar y no es mi culpa.

Lily salió de su casa casi corriendo. No es que su padre le fuera a perseguir por la calle y la arrastrara del pelo de vuelta hasta casa, pero la excitación que sentía en ese momento la hacia moverse mucho más rápido de lo normal. Era lo más cercano a una fuga. Llegó en pocos segundos a la esquina, con la respiración agitada, sacó disimuladamente de su bolso su elástica varita y trató de pensar en el autobus noctambulo. Nunca lo había abordado, de hecho, sólo había escuchado de él y se preguntaba si funcionaría con ella, si funcionaría de día.

Pero ni siquiera terminó de idear sus dudas cuando una enorme y colorida maquina se paró enfrente de ella. Un tipo gordo y viejo la miraba con una expresión ceñuda. -Sube o qué, señorita.

Lily no dijo nada, sólo ascendió tímidamente las escalinatas y se internó en el interior del bus, ocupando el primer asiento disponible que encontró, detrás de una pequeña bruja que tenía mal olor.

- ¿Dónde va? - Le pregunto el tipo, mientras apoyaba una lista de tickets en su barriga. Lily dudó un segundo, luego pronunció la dirección de Kate, pagó lo que el señor con bigotes torcidos le indicó y se dedicó a mirar por la ventana. En realidad, sólo enfocó sus ojos hasta allá porque no lograba distinguir muchas cosas, y además aunque quisiera dedicarse a apreciar el paisaje su mente no se lo permitiría. No tenía idea dónde estaba James, no tenía idea qué le diría cuando lo viera. Si le desfiguraría el rostro con sus uñas, o si primero lo convencería para que le ayudara a deshacer la otra parte del hechizo, y por supuesto, luego lo mataría por ser un asqueroso traidor.

- Imbécil. -Murmuró contra el vidrio, mientras montañas y ríos pasaban velozmente ante sus ojos.

Lily a cada segundo se sentía más molesta y más furiosa desde que leyó esa carta de Dorea. Las palabras dentro de ella hervían y burbujeaban, y no se las podía sacar desde su interior porque no tenía a nadie a quién gritarlas, porque las cosas que se le atoraban en la garganta, sólo debía oírlas una persona, James Potter.

"Estúpido, inmaduro, bravucón", pensó. Luego se culpó a sí misma por tener esa idea tan estupenda de enamorarse de alguien como James Potter, sólo se le podía cruzar por la cabeza a ella engancharse de el ser más inestable e infantil de todo el colegio. Pegó su frente en el cristal de la ventana y sintió como el frío contra su piel aliviaba en parte el dolor de cabeza que le ocasionaba pensar en él. ¿Y ahora qué haría? Se preguntaba desde que supo lo que pasó con James. Desde que supo que en alguna cama alguien se había quedado dormida intentando calentarse apegandose mucho a él.

"Estúpida"

Quizás qué chica estúpida e inmunda había ocupado ese lugar. Quizás que mono descerebrado era ahora la nueva compañía de James. Lily llegó a saltar cuando el señor de bigotes le dijo con un tono enfadado. - ¡Señorita, esta es la tercera vez que le hablo! ¿Se baja o no?

- No. -Contestó, apretando el bolso de mano contra su pecho. Y continuó mirando por la ventana, mientras intentaba no pensar en James.

- ¿Y dónde se baja ahora?

Lily tragó saliva antes de responder. Era similar a cerrar los ojos y dar un paso a un gran acantilado, era casi buscar una aguja en un pajar, prácticamente, una locura. -En el Caldero Chorreante, Londres. -Contestó con la voz firme y mientras se rascaba arriba de la ceja con los ojos puestos en la ventana pensó, "Qué manera de fracasar intentando no pensar en ti, maldito James Potter"

Para eso no nos hubiese hecho darnos una vuelta tan larga sólo porque sí. -Lily lo miró con sus ojos cargados de furia. El hombre se sintió intimidado y tragó saliva ruidosamente. -Ehm...Son 13 sickles y dos knuts.

***

James Potter acababa de despertar. Con dolor de cabeza, como siempre, con un poco de hambre y muy pocas ganas de levantarse. Tomó todas las frazadas y se las lanzó sobre la cara, esperando volver a quedarse dormido. Sin embargo, no funcionaba mucho, sólo se ahogaba y no era capaz de conciliar el sueño. Quizás eran los pajaritos cantando fuera de su ventana, o la luz que se filtraba por las cortinas. Quizás, como siempre, era culpa de Lily Evans.

En aquel instante sintió que alguien golpeaba la puerta. Aquella persona no esperó a que él dijera el típico "está abierto, puede pasar". Antes de que sus ojos se pudieran adaptar y él lograra distinguir quién era aquel que osaba a despertarlo tan temprano, James ya sabía de quién se trataba. No hacía falta la luz para reconocer a Sirius Black, tan pronto como cruzó el umbral se puso a cantar mientras seleccionaba ropa de una montaña de tela que había en un rincón.

- ¿Toda tu ropa huele igual? ¿No tienes nada decente?

- Hola, Sirius, me alegro de verte tan temprano. -Contestó irónicamente James, sin intenciones de levantarse de la cama.

-¿Temprano? ¿Qué te pasa, Jimmy? Son las cinco de la tarde. -Sirius volvió a cantar esa canción pegajosa, el hit del verano, mientras olisqueaba polera tras polera. De pronto, Sirius se interrumpió de su labor y mirando penetrantemente a su amigo, le preguntó. -¿Por qué estás todavía en la cama? Anda a ducharte, estamos atrasados. ¿O acaso no piensas en ir a ver el partido de Quidditch?

- No, no tengo ganas. -Respondió James, mientras se daba vuelta e intentaba quedarse dormido nuevamente.

- ¿Sabes qué? Voy a ir a buscar a Evans y cuando te vea así, te aseguro que nunca más tendrás ninguna posibilidad de salir con ella.

- ¿Quién te dijo a ti que estoy así por Lily? A mi ya no me gusta nada. -Con los ojos cerrados, agregó, intentando convencerse. -Ni un poquito.

- Sí, y yo y mi moto parecemos una rana voladora. Voy a ir a buscarte ropa limpia, James. Y quizás pase por Lily. Quién sabe, quizás le gustan los tipos con motos. -Sirius le guinó un ojo descaradamente.

James le lanzó la almohada y su mejor amigo se marchó riéndose con fuerza, como si soltara ladridos roncos.

La habitación nuevamente se quedó en silencio, y James se estiró en la cama. Se preguntó dónde estaría Lily, qué lugar del mundo se estaría volviendo luminoso con su sonrisa. Luego pensó que quizás estaba iluminando a Alex Diggory y le dio un ataque de celos que lo hizo resplandecer. Volvió a cerrar los ojos y apretó fuertemente los puños. Su cuerpo permanecía tenso bajo las sábanas y comenzó a cantar esa canción que ya no podía sacarse de la cabeza por culpa de Sirius. Ni siquiera se sabía la letra, inventaba la mayor parte de las estrofas. Mientras caía en un estado de sopor, lentamente comenzaron a aparecer pequeños flashes que se proyectaban en su cabeza. A cada instantes se hacían más largos y reales. Lily saliendo del vagón que compartían con Sirius y Snape, Lily moviendo su varita suavemente sobre un ratón, Lily besando con los ojos muy cerrados a Alex Diggory después de un partido de Quidditch de Hupplepuff contra Slytherin. Lily sentada en clases junto a él, Lily en Cabeza de Puerco bebiendo hidromiel con él, Lily besándole en la hamaca de su casa, Lily y sus perfectos hombros redondos y desnudos dentro de un armario, Lily contra una muralla, Lily estirándose mucho para alcanzar un libro muy alto de una estantería de la biblioteca y la falda subiéndosele un poco.

Lily. Lily. Lily.

Lily. -Murmuró mientras buscaba aquello que estaba apretando sus boxers. Lo sostuvó entre sus manos y con los ojos fuertemente cerrados, comenzó a mover sus dedos rápidamente. Sintió la necesidad de estirar sus piernas, como si estuviese elongando, y de separarlas un poco más. Su pecho subía y bajaba, acelerándose su respiración a cada instante. Y de sus delgados labios se filtraban ahogados gemidos. Oh, Lily, no me muerdas ahí, me haces cosquillas. De pronto vino esa sensación conocida; una punzada bajo el ombligo, la sangre abandonando su cerebro y llenando otros espacios. El aire se hacia cada vez más escaso y luego...luego esas ganas de agitar su mano tan rápido como fuera posible porque, con los ojos fuertemente cerrados, James veía a Lily acercarse a él y besarle en aquella zona del cuello donde palpitaba exaltadamente su pulso.

Y las manos le transpiraban un poco, y la piel se le erizaba por completo. En su mente, Lily estaba susurrándole bajito, con su voz de caja musical y contra la piel transpirada de su cuello, que quería estar con él. Sólo con él. Y James no podía controlar los escalofríos que esa alucinación le provocaban. Quería que esa mano fuera una más suave y pequeña, quería sentir sobre su pecho el peso de Lily.

Y arrugando su frente, el vaivén de las sábanas se hizo más intenso. La vieja cama de la habitación número ocho del Caldero Chorreante crujía bajo su cuerpo y la forma en que sentía aquellos pequeños temblores entre medio de sus muslos le hacían sentir que faltaba poco para llegar a aquella cima que buscaba. Un poco más de imaginación, un poco más de apretar acá y allá con sus dedos mágicos, un poco menos de sábanas porque estaban resultado molestas; por eso ayudado de sus vigorsas piernas las alejó de su cuerpo, quedando casi desnudo. Y por supuesto, un poco más de aire circulando entre sus venas y muchas más imágenes de Lily y todo acabaría.

Y cuando James creía que ya lo tenía, que sólo faltaba muy poco, escuchó en el pasillo unos ruidos y unas voces discutir. Reconoce la voz de Tom, el cantinero. Hay una voz de mujer también. Pero, qué poco le importaba. Tenía en el interior de sus párpados las imágenes de él y Lily haciendo una extraña danza con sus lenguas, como si fuera un rito, una danza especial. Y en un momento así qué poco podía interesarle las discusiones de pasillo.

***

"No sé qué diablos le voy a decir cuando lo tenga enfrente", pensó Lily cuando se bajó del autobús Noctambulo. Se quedó afuera un par de minutos, mirando en todas direcciones, esperando por un milagro ambulante que le dijera la ubicación exacta de James. Trató de mirar por las pequeñas ventanas, pero tenían tanto polvo que no se veía absolutamente nada de lo que había en el interior.

"Quizás es él quién debería preocuparse de dar buenas explicaciones", pensó luego, mientras observaba disimuladamente hacia la puerta del Caldero Chorreante intentando averiguar si James estaría en alguna mesa de ese lugar o en cualquier otro punto desconocido. Luego de dudarlo mucho, de parecer una loca que avanzaba dos pasos y retrocedía tres, y de respirar profundamente, como si buscara valor en medio del aire, Lily Evans se decidió a subir el pequeño peldaño y entrar de una vez por todas a ese lugar. Cuando cruzó la puerta todo el aire parecía oler a él, como si James dejara una huella brillante y aromática de su paso por el mundo. En las mesas había una chica de no más de quince años, con los labios pintados de un rojo brillante. Sonrió cuando vio a Lily, como si supiera por qué estaba ahí. Habían algunas señoras de edad tomando brebajes que burbujeaban en tazones y en pequeños calderos oscuros y por supuesto, estaba Tom tras la barra secando vasos con un viejo paño.

- ¿Qué necesita, señorita? - Preguntó amablemente. Lily desvió sus ojos hasta él y medio sonrió. -¿Necesita ir al callejón Diagon?

- No. -contestó Lily. -No es eso. Busco a alguien que se aloja acá. Su nombre es James Potter. -Cuando pronunció el nombre de James la voz le tembló un poco y la pequeña sonrisa que había en su rostro para Tom, se tensó transformándose en una mueca.

- Acá no se aloja nadie que se llame así.

- ¿En serio? -Preguntó Lily. -¿Está seguro?

- Sí, muy seguro, señorita... ¿Cuál es su nombre?

- Loreen. Loreen Parker. -Mintió Lily. - No importa, supongo que me confundí. -Dijo Lily antes de darse la vuelta en dirección al patio y continuar su búsqueda por el callejón Diagon.

Y aunque el callejón Diagon no era un lugar desconocido para ella, todo le parecía tan extraño. La gente paseando mientras llevaban bolsas con compras, algunos compañeros de colegio que se juntaban para alabar la nueva escoba de moda y por supuesto, las típicas parejas que caminaban de la mano, felices de la vida. Por un momento, creyó que podría encontrarse con James ahí, en las mismas condiciones que el resto de las parejas.

En aquel instante pensó en darse la media vuelta y así evitarse el martirio que le produciría esa visión tan espantosa, sin embargo, reconsideró la situación y se prometió a sí misma que en caso de suceder aquello; de encontrarse con James con su nueva "algo" de la mano, ella se daría media vuelta y se marcharía sin decir nada.

Lily ingresaba a cada tienda con el pulso acelerado, como si temiese que entre lechuzas, ratones y gatos pudiera estar el hombre por el que no había podido dormir las últimas semanas. Desilusionada, recorría tienda tras tienda, preguntaba por el nombre de hoteles mágicos a los tenderos más amables y los anotaba cuidadosamente en una libreta que guardaba en el interior de su bolso. Incluso llegó a revisar estantería por estantería la tienda Flourish and Blotts y con decepción comprobó que James no estaba escondido entre libros. Las piernas le dolían, las zapatillas le apretaban, ya estaba realmente cansada de buscarle por todas las tiendas y pensiones del callejon Diagon. Incluso estaba considerando la idea de poner un aviso en El Profeta. "No, eso es mucho, Lily, no eres una psicopata", se dijo a sí misma. Cruzó la calle, dispuesta a marcharse y escribirle alguna nota sanguinaria desde casa, y se encontraba profundamente arrepentida de no haber ido a su cita con Alex por buscar a James Potter.

Golpéo los ladrillos para que se abriese el portal que la conectaría nuevamente con el mundo muggle. Tenía los labios partidos y sentía la lengua seca, y su cerebro era similar a un caldero que burbujeaba muy rápido. Quería ver a James, necesitaba verlo, pero no tenía idea qué le diría, menos aún si él le confesase que ella ya no tenía cabida en su vida. Los ladrilos se deslizaron rápidamente, rebelando los tachos de basura y el pequeño patio del Caldero Chorreante.

Lily estaba dispuesta a irse a su casa y continuar inundando su almohada, cruzó el bar, que continuaba igual de atestado que cuando ingresó, pero no había indicio alguno que James Potter estuviera ahí. Pero de un momento a otro, su cuerpo se detuvo casi por si mismo, como si se lo exigiera y ella se giró, mirando al hombre que estaba detrás de la barra. Y con una pequeña sonrisa, preguntó.

-¿Podría ocupar el baño?

- Es la puerta azul que está al lado de la escalera.

Lily caminó rápidamente, cuando pasó frente a Tom murmuró -Gracias. -El cantinero la quedó mirando hasta que ella desapareció tras la puerta del baño.

Una vez allí, a Lily le temblaban las manos; las apoyó en el borde del lavado y observó su reflejo en el espejo. Y no pudo encontrarse más fea; tenía marcas oscuras bajo los ojos, la piel bastante más pálida y su pelo no brillaba como de costumbre. Abrió el grifo pensando en dónde estaría James, y cómo debía tratarlo, y mientras se mojaba la cara, se dio cuenta que quizás fuese una pésima idea buscarlo.

Que a lo mejor era tan simple como que él no quería ver a nadie. Y eso también la incluía a ella.

Que quizás estaba bastante cómodo con la nueva chica que conoció y que ella no tenía ni un mono que pintar ahí. Consideró todo eso, mientras secaba la cara con un trozo de toalla de papel. Y también pensó que si iba a terminar con toda esa estupidez de hechizo necesitaría de la ayuda de James y que no podía continuar ignorando eso.

Salió del baño rápidamente y al cerrar la puerta y dirigir su mirada al frente, ocurrió. Lily podría estar casi segura que la persona que acababa de salir del Caldero Chorreante era, de espaldas, igual a Sirius Black. Tenía el pelo casi del mismo largo que la última vez que lo vio, el modo de caminar despreocupado y usaba el tipo de ropa que Sirius ocuparía. Se quedó petrificada junto a la puerta del baño, observando fijamente la puerta del bar. Luego vio una motocicleta marcharse a toda velocidad.

Por un momento, pensó que se había engañado, Sirius Black no tenía ninguna moto. Fue entonces cuando recordó que para las vacaciones de semana santa, el verdadero Sirius Black quería que ella le acompañara a comprarse una. En ese minuto fue cuando se planteó la posibilidad de que Tom, el cantinero, le hubiese mentido a petición de James. Claro, aquel sitio era el más obvio para permanecer; tan básico y predecible que quizás James tuvo la necesidad de tomar ese tipo de precauciones. En la cabeza de Lily todo parecía encajar, miró fugazmente las escaleras y pensó que estaba loca. Loca de remate. Nadie, en su sano juicio, intentaría lo que estaba pasando por su mente.

No podría decir con exactitud que pasó en aquel instante, fue algo similar a un lejano canto, como un llamado. Algo similar a que los peldaños se iluminarán solamente para ella. "¿Qué no está aquí? Sí, y yo mañana mismo me uno a los mortifagos". Desvió sus ojos hasta el cantinero, que aún secaba vasos detrás de la barra, mientras escuchaba los resultados de un partido de Quidditch que sonaba por un viejo transmisor. Y disimuladamente, subió, paso a paso, a través de la larga escalera. Lily creía que esa escalera crujía escandalosamente a medida que ella avanzaba, y no se equivocaba. Tom levantó la mirada de los vasos y cuando la vio en la mitad de la escala, tiró el trapo sucio y con su boca abierta, atónita, no era capaz de articular palabra alguna. Antes de que saliera de su estupefacción, Lily aprovechó el momento y se deslizó arriba tan rápido como sus delgadas piernas se lo permitía. No miró hacia atrás, no era necesario, la voz gruesa del cantinero llamando "Señorita. Señorita, no puede subir" era suficiente advertencia de que le seguían. Sin tener certeza, al llegar al segundo piso se dirigió raudamente hacia la derecha. Antes de que ella pudiera tocar la puerta número 5 del Caldero Chorreante, Tom la tenía cogida del brazo, mientras le tironeaba para que descendiera y se marchara de ese bar.

- Le aseguro que será breve. -Dijo Lily a modo de súplica.

- Pero si aquí no está a quién usted busca.

Lily abrió sus ojos, analizando cada mueca del hombre y luego susurró. -Por favor, le juro que no tardaré demasiado y que asumiré toda la responsabilidad si James se molesta. Diré que subí a escondidas y que usted no tenía posibilidad alguna de atraparme.

- Pero si es verdad que ha subido a escondidas.

- ¿Entonces él está aquí, cierto?

Tom frunció el ceño con fuerza, parecía enojado consigo mismo. Y luego de un largo suspiro concluyó. -Está bien. Pero por favor, no hagan un escándalo. Y es la habitación de allá. -Dijo apuntando al rincón, específicamente a la habitación número ocho.

- ¿Por quién me toma? -Dijo Lily con tono ofendido. -Se lo aseguro, no habrá ningún escandalo. Muchas gracias.

Tom se marchó con paso lento, como si no estuviera seguro de lo que acababa de hacer, y Lily esperó hasta que el hombre desapareciera en su descenso por las escaleras. Cuando estuvo completamente sola en el segundo piso, cuando no había nadie a sus espaldas, apoyó su oreja en la puerta que le habían señalado para saber si James estaba ocupado o no. Pero no había ningún ruido, ni ronquidos, ni el sonido de alguien realizando actividad alguna. A Lily jamás se le pasó por la cabeza que las puertas estaban insonorizadas. Y luego, sus dedos sobre la manilla, el movimiento de sus manos girando el pomo metálico y deslizando la puerta hacia atrás. James Potter casi desnudo sobre su cama, James Potter murmurando algo que Lily no alcanzaba a comprender mientras el sudor de la frente hacia que el pelo se le pegara a las sienes.

- Lo siento. -Dijo completamente avergonzada, tapándose los ojos con una mano y después cerró la puerta de golpe.

Y una vez afuera se echó a reír como una loca, apoyando el cuerpo contra la pared. Es que ni siquiera en el más raro de sus sueños hubiese imaginado eso. James, agitándose como una hoja en medio de un huracán, con las ondas del pecho relucientes de transpiración y las venas del cuello surgiendo desde las profundidades de su piel. No sabía si se reía de lo absurdo de la situación o si se reía de nervios. ¿Y ahora qué hago?, pensó. Quizás debería golpear esta vez, quizás debería...

Sacó un lápiz y un trozo de papel de aquella libreta que guardaba en el bolso y estaba dispuesta a redactar una nota, pero no alcanzó a trazar ni una sola letra porque en ese momento la puerta de la habitación número ocho se abrió y James Potter, vestido a medias, la tomó de un brazo y le empujó hasta el interior de su cuarto.

- No te atrevas a moverte de aquí. -Le advirtió James, luego desapareció tras una pequeña puerta de madera oscura. Lily escuchó un par de maldiciones, luego el grifo. Ella se sentía mucho peor de cómo se había imaginado; James no la había mirado a los ojos en ningún momento, ni hubo atisbo alguno de sonrisa en su rostro. Más bien parecía bastante molesto. Lily automáticamente pensó que estaba enojado con ella. Quería darse media vuelta y huir, pero luego quiso quedarse ahí y gritarle todo lo que se merecía. Sin embargo, ya era demasiado tarde para ella, James salió del baño con el cabello húmedo y la cara reluciente, envuelto en un aura aromática de jabón.

A Lily el pulso se le disparó a las nubes, se sentía incomoda y temblorosa. Las piernas no estaban tan firmes como se suponía que deberían estar y no sabía hacia dónde mirar porque la cama deshecha, el torso de James desnudo, y el montón de papeles y ropas que estaban regados por el piso le ponían, de un extraño modo, los pelos de punta.

- Sientáte. -Dijo James, con aquella voz profunda que solía utilizar con ella, mezclada con notas de enfado. Lily confirmó su teoría, definitivamente James no le miraba a los ojos. Y no sabía si el color sonrosado de sus mejillas se debía a la agitación en que lo sorprendió o era a causa de la vergüenza o de la rabia. Tampoco sabía dónde sentarse. En aquel lugar sólo había una silla que estaba repleta de ropa, y por supuesto, también estaba esa cama que ni siquiera tenía las sábanas en su lugar. James se dirigió hasta la silla y tomó la primera polera que encontró. Por un momento, ella creyó que se quedaría ahí, que sacaría el resto de las prendas y que se sentaría en la pequeña silla continua al escritorio, pero cuando lo vio hacer el camino de vuelta y dejarse caer sobre el colchón, Lily no tenía idea qué hacer.

- ¿No quieres sentarte? -Preguntó, luego exhaló un corto suspiro. -Lily, no voy a comerte. Puedes sentarte aquí. -Dijo, mostrando con una ligera palmada el espacio inmediato a él, en la cama. Ella asintió y se dejó llevar por sus piernas traicioneras.

Y una vez ahí, tan cerca de James y envuelta casi por completo por su olor, que resultaba una interesante mezcla de transpiración y jabón, se sintió hundiéndose en un mar de espuma. Los ojos turbulentos de James relampagueaban misteriosamente detrás de sus lentes y su sonrisa se hacía mayor, lentamente, como si él acabase de despertar de un muy buen sueño que fuera recordando de a poco. Lily se preguntó qué le hacía sonreír así, también se preguntó si James la había extrañado tal como ella lo había hecho mientras estaba en Bélgica. Luego, por arte de magia, pensó qué haría él si se ella, muy despacio, se aproximará a él y le besara en los labios. El peso del cuerpo de James sobre el colchón provocaba que ella se fuera deslizando, casi imperceptiblemente, hasta quedar muy apegada a él. Y de pronto, todas las dudas de Lily se redujeron a una. Si en aquel lugar, si en aquel preciso lugar donde estaba sentada había sucedido de nuevo aquello que decía la carta de Dorea. Volvió a mirar a James, y ahora lucía tan molesto como al principio, como si se le hubiera acabado la felicidad, pero qué importaba eso, porque Lily se imaginó que sí, por supuesto, que en ese mismo lugar James se había acostado con cuanta tipa se le cruzase y le imaginó en algo muy similar a su visión anterior. Sintió las mejillas violentamente enfebrecidas, y algo similar al asco le azotó el cuerpo entero. Lily fue presa de una furia inexplicable, sintió su cuerpo tensarse, como si los músculos fueran de cemento y pesaran mucho, la sangre recorrer densamente cada espacio de su cerebro. Era como si hubiesen volcado un brasero en medio de sus entrañas. Ya no habían fragancias, imágenes de pechos ondeantes y ligeramente sudados, ni sonrisas a medio formar que pudieran aplacar su estado anímico.

- Bien, esto sí que es una sorpresa. ¿Y?

- ¿Y qué? -Respondió Lily, a la defensiva.

- ¿Dónde dejaste al pelele de tu novio?

- ¿Te refieres a Alex?

- Disculpa...¿Dónde dejaste al pelele de tu novio que se llama Alex Diggory?

Lily, que se sentía muy intimidada y furiosa, sólo frunció el ceño suavemente, antes de contestar. -Supongo que está en su casa. -Por supuesto, no agregó "esperando por mi". -¿Cómo estás?- Agregó, casi a modo de cumplir etapas para llegar a lo importante.

James no respondió. Se limitó a hacer un gesto con sus brazos, mostrando la habitación. Era como si quisiera explicar que el estado de su dormitorio era similar a cómo se encontraba él. Sucio, desordenado, con poca luz y oxigenación.

- ¿Cómo estás tú? -Escuchó la voz casual de James, que parecía tener el efecto de arrancarla del fondo de las profundidades del mar de sus pensamientos. Lily sólo le miró con sus ojos aguados de rabia y asintió, como queriendo explicarse. -¿Estás bien, Lily? A todo esto... ¿Qué haces aquí? -James al notar las reacciones inestables de Lily se apresuró a aligerar un poco el ambiente. No deseaba hacerla llorar, y por eso, se odió a sí mismo un poco más. - ¿O fue...? ¿O fue que quedaste impresionada con lo que viste ahora? Bueno, déjame decirte que la culpa no es mía, es tuya. Deberías haber tocado la puerta, Lily. ¡Merlín, es que las mujeres no saben lo que es eso! En eso te pareces tanto a mi madre...

Sin querer, James lo único que estaba provocando era que la furia de Lily se hiciera más y más grande. Lily miró hacia la almohada y podría jurar que vio cabellos largos y rubios, cabellos de mujer regados por ahí, cabellos que no eran de ella, por supuesto.

- ¿Te diviertes? -Preguntó ácidamente. James la miró sin comprender, quiso interrumpirla y preguntarle a que se refería, pero Lily continúo. - No, no he quedado impresionada por lo de esta mañana, James. Siento decepcionar a tu enorme ego. -En aquel momento Lily quiso agregar "¡Ja! Como si no lo hubiese visto antes", pero prefirió callar. -Y sí, tienes razón. Debí tocar la puerta... -se explicó, al tiempo que no era capaz de mantener sus ojos sobre los de James, porque si lo miraba a la cara una vez más le arrancaría la lengua y le desfiguraría el rostro con sus propias manos. O haría lo mismo con ella, porque no comprendía por qué. ¿Por qué le había traicionado? ¿por qué la había engañado? ¿Acaso no se daba cuenta que todo lo que ella hacia era por él? ¿Acaso no se daba cuenta que lo quería con todas sus fuerzas? ¿Tan difícil era notar que Lily apenas tenía fuerzas en aquel momento para tener los ojos abiertos? La voz se le quebró un poco cuando dijo. -...pero pensé que estarías despierto.

James estaba confundido. Lily tenía los ojos pegados al suelo, respiraba silenciosa y largamente, como si estuviera intentando calmarse y su voz sonaba rara. Aún no le decía qué estaba haciendo ella ahí, ni como lo había encontrado. No es que le molestara, pero la situación era, por decir lo menos, curiosa.

- Lily, ¿estás bien? -Volvió a preguntar. -¿Qué te pasa? -Pero cuando Lily no contestó, James se desesperó y se alzó de su puesto. Desapareció nuevamente tras esa pequeña puerta de madera oscura que Lily suponía que era el baño. Hubo un gran estrépito seguido de un par de groserías y luego volvió hasta la habitación con una vaso de agua que extendió frente a ella. Lily lo cogió sin darle las gracias y a James no le importó aquello, estaba más interesado en averiguar que sucedía con ella. Corrió las cortinas, abrió las ventanas y una ráfaga de aire tibio penetró en la habitación despejando un poco esa atmósfera dulce y viciada. James volvió a su lugar original, casi pegado a ella, y sin dubitaciones colocó su mano sobre la de Lily. Los ojos de ella se ensancharon un poco, lucían impresionados, pero no dijo nada.

- ¿Ahora me dirás qué ocurre?

- Esperaba que me lo dijeras tú, James. -Y quitó su temblorosa mano, alejandola de James.

James frunció el ceño, realmente no entendía nada y ya se estaba cansando del juego de indirectas incomprensibles. - No tengo idea de lo que hablas, Lily, si tal vez me lo dijeras podría explicarte y...

- ¿Es verdad que te fuiste de tu casa porque tu madre te encontró...? La voz de Lily se fue disolviendo de a poco, los ojos rojos, la nariz apretada, los labios blancos. Parecía que todas sus reacciones estaban sostenidas por una gran barrera de contención.

- No, o sea sí, pero no. Lily, por favor, escucha. Me fui de casa porque... ya no sé qué pasa conmigo. Y tampoco sé que es lo qué pasa contigo. Te besas en esa estúpida fiesta con Diggory, casi te mata Voldemort y luego te vas con Diggory la mayor parte del verano. Y ni siquiera me dices por qué. Porque tú nunca me dices nada, tú... -la voz de James iba haciéndose cada vez más intensa. -Tú... Tú me tienes enfermo. -sentenció.

- ¿Yo te tengo enfermo? -repitió incrédula. -¿Estás diciendo que todo es mi culpa? Claro, perfecto. -Los ojos de Lily temblaban de impotencia, su mirada ya no estaba fija en el piso sino en los ojos igual de vibrantes de James. -Se me olvidaba que soy yo la que te enseñó que cuando tengas problemas, lo mejor que puedes hacer es ponerte a beber como cosaco y acostarte con la primera cosa que se mueva.

- ¿No es así, acaso? Lily, dime, ¿por qué te acostaste conmigo la primera vez, entonces?

- ¿Quieres saber por qué? Porque soy una idiota. Sólo por eso.

Lily se alzó de la cama, tomó su bolso y estaba dispuesta a marcharse, pero la mano de James tirándole con fuerza hacia atrás, provocó que se cayera sobre el colchón. La voz rabiosa de él diciendole que aún esa conversación no había terminado, dejó en claro que aunque quisiera marcharse no podría. Ella misma se había ido a meter a la boca del lobo y debería aguantar hasta el final. Acopió toda la dignidad que le quedaba, y buscó una posición más alejada de él.

- Yo no me fui con Alex en busca de nuestro amor perdido o algo por el estilo. Yo me fui con Alex porque teníamos la pequeña esperanza de encontrar algo allí que nos sirviera para deshacer el hechizo...

- ¿Podrías prometerme...? No, prometerme no. ¿Podrías jurarme que no pasó nada entre ustedes dos durante este tiempo?

- ¿Por qué tendría que hacer eso, James? Nosotros dos no somos nada. Tú no eres mi novio o algo por el estilo.

James se sintió dañado, como si Lily le hubiese enterrado una filosa espada en el corazón, y aunque sangraba copiosamente por aquel pequeño agujero, no se dejó doblegar. - ¿Entonces por qué me preguntas si es verdad que me fui de casa porque mi mamá me sorprendió con alguien en mi cama?

- Tú lo has dicho, Lily, no somos novios ni nada por el estilo.

Lily simuló no escuchar eso. La sangre le hervía, pero prefirió hacerse la desentendida, creyó de cierta manera que se merecía ese comentario, ella lo había hecho antes. Se quitó las zapatillas porque los pies la mataban de dolor, y luego, subió las piernas . Alejándose un poco más de James, flectó las rodillas, pegándolas a su pecho. Y la cama se desordenó un poco más.

Intentando borrar aquella pequeña escaramuza, Lily continuó:

-La última vez que hablamos, en el hospital, no me dejaste explicarte nada, así que no te puedes quejar que yo jamás te digo nada. Fuiste tú quien no quiso escuchar. -Lily miró fijamente a James, y luego de que éste asintió, ella siguió. -Sé que no tengo porqué darte explicaciones -agregó con un tono mordaz. -Ni tú a mi, por supuesto. Pero yo quería dártelas, quería que entendieras que era importante ir hasta allí, pero no por Alex, sino por mi. Incluso hasta por ti, porque supongo que no debe ser agradable sentirte atado a mi por un estúpido hechizo. -James, en ese instante, quiso interrumpirla, y decirle que para él el hechizo no era una atadura, sino un lazo, pero prefirió que Lily continuara. -Estuve con Alex todo este tiempo y no precisamente pasándola bien, tomando jugos exóticos y relajándome al sol. Si me preguntas si ocurrió algo entre nosotros, la respuesta incompleta sería sí. Sí, sí pasó algo entre nosotros dos. Pero te juro que no fue nada importante para mi, ni para él. Y tampoco fue porque estábamos aburridos o algo por el estilo, lo que pasó fue porque era estrictamente necesario para deshacer una parte del hechizo. Además tampoco fue tanto... -Sentenció completamente azolada. - Fue sólo un par de besos dentro del agua. Nada agradable o que tenga fuertes deseos de repetir, James. Menos aún cuando te entierran la varita... -Los ojos de James se abrieron mucho, su rostro lucía atónito y los labios fruncidos daban la sensación que estaba masticando su rabia. - ¡Dejame terminar! -Demandó Lily. -Menos aún cuando una varita se te entierra en el cuello y sientes tanto dolor que ni siquiera eres capaz de gritar.

- ¿Entonces ya está deshecho?

- No, no todo al menos. ¿Te has dado cuenta que no tienes luces azules?

- No sé, Lily. -Contestó al tiempo que encendía un cigarrillo. Lily estaba casi segura que nunca antes le había visto fumar. -He estado tan molesto que no me doy cuenta de muchas cosas. Todo este tiempo ha sido bastante extraño. No ha sido mi mejor verano. -Sentenció al tiempo que dejaba escapar el humo de sus delgados labios. Las volutas temblaban suspendidas en el aire, y luego se deshacían dejando un rastro azuloso. -Podrías haberme escrito. - Lily se mordió el labio inferior antes de reconocer que no se le había ocurrido.

- ¿Por qué no me escribiste tú?

- Lo hice. -Dijo James, mirando hacia el escritorio y el montón de papeles arrugados que estaban esparcidos por el suelo. -Pero nunca envié ninguna de las cartas. No sabía si te gustaría recibir una carta mía, no quería que te sintieras acosada.

Lily quería decirle en aquel momento que era un estúpido. Un idiota. Que, por favor, la acosara día y noche. Que le enviara cartas cada cinco minutos y que ella feliz contestaría cada una de ellas. Pero sólo asintió, y luego preguntó. -¿Y tú, James? ¿Podrías jurarme lo mismo?

- Yo no tengo una buena explicación como tú, Lily. -Dijo James, levantando las cejas y torciendo el gesto, luciendo terriblemente apresumbrado. Tomó el cigarrillo entre sus dedos indices y pulgar, y entrecerrando sus ojos, dio una última calada antes de tirarlo al piso y apagarlo con una enérgica pisada. -¿Sabes? Pasó algo raro, quizás creerás que estoy loco, pero algo sucedió. Pude ver todo lo que pasó con Diggory, es decir, no todo. Era una imagen neblinosa. Pero aún así lo pude ver, y después de eso perdí la cabeza. Me acuerdo que quería dormirme hasta que todo acabara, hasta que volvieras y... recuerdo que bebí más de la cuenta y luego no recuerdo nada más. Desperté un par de segundos antes de que mi madre entrara a mi cuarto. Pero no recuerdo si realmente pasó algo entre esa chica y yo. -James se atrevió a mirar a Lily, quien estaba acurrucada en el lado opuesto de la cama, tenía los ojos brillantes y el cuerpo contraído, como si se tratara de un pequeño animal herido. -Lily, tienes que creerme. -Continuó James con un tono desesperado. -Tienes que creerme, por favor, Lily, estoy seguro que entre esa chica y yo no pasó nada. No hay modo alguno en que yo podría haberte hecho eso. Te lo aseguro.

Lily desvió su mirada hasta el panorama de la ventana, las piernas sobre el pecho, todo cuerpo rodeado por sus propios brazos, y uno de sus pies parecía taconear sobre el colchón como un tic nervioso. No prestaba atención a la mirada suplicante de James, ni al modo sigiloso de su cuerpo acercándose. -Lily...-susurró, tomando una de sus manos. -Te prometo, no. Te juro que en todo este tiempo lo único que he hecho ha sido pensar en ti. No puedo, simplemente, no puedo sacarte de mi cabeza. Por más que lo trato, por mucho que lo intento, nada sirve. Es como si tu cara estuviese tatuada en el interior de mis ojos.

- James, basta. Es suficiente, no necesitas decirme eso. -Dijo Lily, mordiéndose luego la piel de sus dedos.

- No, no es suficiente. -Concluyó James, antes de retirar su mano de su boca y reemplazar aquel vacio con sus propios labios. Lily se quedó paralizada un segundo, luego cedió ante sus párpados, que cayeron como una pesada cortina y dejó que él enredase sus dedos entre su cabellera roja mientras conjuraba contra su lengua, componiendo extrañas piruetas unidas a la de ella. Lily sintió, bajo la máscara del tabaco, el sabor hambriento y desesperado de James, ese ritmo de urgencia, de que a pesar de que la distancia era inexistente entre ellos, para él aún no era suficiente. - No sabes cuánto te extrañé. -murmuró entre besos. -No sabes lo mucho que me hiciste falta...

Lily se retiró hacia atrás, intentado componer su postura. Con los labios húmedos y algo maltratados, sacudió su cabeza, como si quisiera salir de un potente hechizo. Fijó sus ojos en James, quien parecía abatido y con la mano en la boca, preguntó. -¿Tanto me extrañaste que ni siquiera pudiste esperar unas semanas?

- ¿Lo dices por eso de la otra chica? -Lily no contestó, sólo asintió levemente. -Pues te estoy diciendo la verdad. No tengo pruebas, ni métodos sórdidos para que tú puedas ver lo que sucedió. Si quieres puedes hacer uno de esos pensadores portátiles, como ese que hiciste en Hogsmeade, pero yo no recuerdo nada, Lily. Y si fueras hombre, lo sabrías. Esa mañana no me sentí nada aliviado, físicamente quiero decir, no sé si me entiendes.

Lily se quedó callada durante un segundo. Y entonces comenzó a entornar los ojos, como si intentara desentramar las palabras de James. Cuando se dio por vencida y le iba a preguntar qué era aquello que exactamente quería decir, él la interrumpió, preguntándole. -Lily, ¿tú me quieres? Porque si me quisieras, aunque fuera un poquito, no durarías de mi.

- ¿Sabes cuál es nuestro problema? No se trata que yo te quiera o no, James. El punto es que nosotros no estamos listos para estar juntos. Yo tengo cosas pendientes aún, está el hechizo y...

- ¿Y qué? ¿No sabes lo que sientes por mi? ¿Es eso?

- No es eso.

- ¿Y qué sientes entonces, Lily? ¿Podrías decirme? Porque hace tiempo me muero por saber. No sé si te gusto, si me quieres, o si todo esto ha sido un intento desesperado por olvidarte de Diggory y rehacer tu vida.

- Alex no tiene nada que ver en esto. Y creo que no es necesario preguntar obviedades. Si estoy aquí no es porque me muera de curiosidad por saber cómo se ve Londres desde tu ventana. Sino porque yo también te extrañaba, y...quería verte. Saber si estabas bien, y si aún...

- ¿Y si aún qué cosa? -Preguntó James ansioso.

- Y si aún...-Lily levantó los ojos, sonriendo tímidamente. -Y si aún crees que podemos ser amigos. Al menos intentarlo.

- ¿Amigos? -Repitió James con decepción. -¿Sólo amigos?

- Te estaba diciendo que creo que aún no estamos listos. Y aunque tú creas lo contrario, James, no te olvides que hay un hechizo entre Alex, tú y yo.

- ¿Y no que lo habías desecho ya?

- ¿Es que no has escuchado nada?

- Escuché cuando me dijiste que tú también me extrañabas. -Entonces filtró sus dedos por debajo del cabello de Lily y apoyó sus dedos en aquel pequeño hueco que tenía en la nuca. Desde ese punto palpitante, empujó suavemente el rostro de Lily y le besó en la punta de la nariz, luego regó su rostro con pequeños besos, similares a suspiros, para colar su otra mano por debajo de la polera de Lily y sujetarse a su cintura. Y fue Lily quién esta vez le besó, con los labios inseguros y los ojos escondidos. Y a James el cuerpo se le tensó con tanta fuerza que creía que podía ser una paralisis, una sensación tan similar como los recuerdos que le inundaron momentos atrás. James no tenía control de los caminos y deslices de su cuerpo, no quería, fue casi involuntario, pero de pronto se dio cuenta que, de una extraña forma, su cuerpo estaba sobre el de Lily. Era una situación tan rara, casi magia, como el movimiento de la tierra. Imperceptiblemente sus cuerpos variaban en torno al de otro, se amoldaban y posicionaban como si tuvieran memoria. En aquel momento exacto, cuando un beso más significaba ropa menos, James recapacitó y con los brazos puestos a cada lado del rostro de Lily se alzó unos centímetros de su cuerpo.

- ¿Y tanto sacrificio sólo por una luz? Yo ya me acostumbré a parecer árbol de navidad. Me da igual, Lily. Me da igual lo que me pase si me quedo toda la vida así. Pero no me da lo mismo que nosotros dos vivamos en este caos, en medio de tanta incertidumbre...

Lily despertando de aquel extraño sortilegio, se acomodó, alejándose un poco de James y le dijo. -Yo también vine por otro motivo. Hay un tema que tengo que conversar contigo...- Pero en ese preciso momento la puerta de James fue aporreada enérgicamente, luego entró con sus pasos ruidosos Sirius Black, casi gritando.

- Malas noticias, Jimmy. Tu pelirroja ha decidido besarse salvajemente conmigo esta noche...-Sirius se quedó callado al ver quién estaba sobre la cama deshecha, y su boca se abrió casi exageradamente al notar que James, con el pantalón del pijama y una polera de esas malolientes, estaba peligrosamente cerca de Lily y con su mano filtrada bajo la ropa de ella. Apuntó escepticamente el pelo algo desarreglado de ella y la cara de James. Luego abrió mucho los ojos y sonrió.

- ¿Interrumpo algo?

- No, no interrumpes nada. -Dijo Lily. En cambio James lo miró con el ceño fruncido y disimuladamente hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

- No te creo, Lily. Yo cuando hablo con James, él no se sube arriba mio y no me pone la mano debajo de la ropa. -James la retiró inmediatamente, dedicandole una mirada de odio. -Pero supongo que no es una prueba indubitable, quizás te picó un bicho o algo así y James te estaba rascando. Ojalá para lo próxima realmente los interrumpa en algo, ustedes dos se merecen que les jodan un rato. Bastante me han jodido a mi y estoy seguro que a mucha gente más.

- Es una pena, Sirius, porque no interrumpes nada. De hecho, yo ya me iba. -Lily se alzó de pronto, arrastrándose en parte por debajo del cuerpo de James. Tomó sus zapatillas, con las mejillas completamente rojas, se las calzó rápidamente.

- No, Lily. No es necesario que te vayas porque he llegado yo. Sólo vengo a dejar...algo.

- No me voy por ti, Sirius, me voy porque tengo cosas que hacer. -Mintió. Luego miró significativamente a James, y dudó si besarlo antes de irse, pero la presencia exhorbitante de Sirius le intimidaba y sólo hizo un breve movimiento con su mano. En cambio a Sirius, sólo le dedicó un escueto "adiós".

James quedó completamente idiotizado. No sabía si tenía que gritarle a Sirius hasta quedar afónico, o dudar de las palabras de Lily y no creerle que tenía cosas que hacer. Parecía un niño perdido en medio de un bosque, mientras Sirius se echó a reír con tantas ganas, que se tuvo que recostar en la cama para tranquilizar esa puntada que le dio en las costillas por causa de la risa.

- ¿De qué te ríes, ex mejor amigo?

Sirius, luego de sostenerse el costado, contestó, con lágrimas en los ojos. -Me acordé que el otro día me dijiste que no te gustaba nada, ni un poquito, Voldemort, y que jamás te unirías a él. Entonces, te acabo de imaginar con él en tu cama, y tú metiéndole mano por debajo de la túnica. Tal como hacías con Lily, que por cierto, hace unos momentos tampoco te gustaba.

James, en respuesta, sólo le lanzó las sábanas por la cabeza y se quedó enfuruñado en su lugar.

- ¿Y qué esperas, Jimmy? Ve tras ella.

- Dijo que tenía cosas qué hacer.

- Eso sólo lo dijo porque llegué yo, no seas imbécil.

Sirius no tuvo necesidad de mencionarlo dos veces, James reaccionó rápidamente y se sólo se puso sus zapatillas. No le importó bajar las escaleras con el pantalón del pijama. Tampoco le importó mucho que todos los que estaban en el Caldero Chorreante le quedaran viendo con cara de extrañados por su atuendo. Cuando llegó a la calle, Lily estaba abrazada a sí misma, con aspecto de estar esperando por algo o alguien.

- Lily. -Dijo casi sin aire. Y sólo obtuvo por respuesta una enorme sonrisa, que le encendió una llama vigorosa en medio del pecho. James se acercó a ella, desordenándose el cabello, y cuando estuvo a un centímetro de su nariz, murmuró con la voz agitada. -Creí que te había dicho que debías aprender a despedirte apropiadamente de la gente. -Los labios de James se apresuraron hacia los de Lily, y en medio de una calle concurrida por muggles y en pijamas, dejó que su lengua se filtrase suavemente hasta el interior cálido de la boca de Lily, dejó que ella enterrara sus manos en su cabello disparatado y la apretó contra sí. El eco del corazón de Lily parecía sintonizado en la misma armonía que el suyo, como si los dos latieran como respuesta al del otro. Lily entre sus brazos era una cosa pequeñita que parecía que a cada instante que él la abrazaba se reducía más y más, casi como si fuera a desaparecer.

- Oh no, Walter. Otra vez ella. -Escucharon ambos, luego de que una brisa rápida y tibia fuese producida por la frenada brusca del Autobus Noctambulo. James se alejó de Lily, sin soltarle de la cintura, y miró por sobre su hombro al tipo panzón y de bigotes que tenía cara de hastío. Luego, relajando un poco más sus brazos, pero sin soltarla del todo, le preguntó a Lily, mientras le besaba en la coronilla.

- ¿Cuándo te volveré a ver?

- No lo sé, James. Quizás me espera un castigo por el resto del verano. Puedes escribirme si quieres, claro. -James asintió brevemente. - Podrías escribirle también a tu madre. -Los ojos de James se estrecharon un segundo, como si el tema le incomodara. -No lo está pasando muy bien, ¿sabes?

- Señorita, ¿no quiere un té helado y que le traigamos unos bocados? -Comentó irónicamente el ayudante del autobus.

- No, gracias. -Contestó James, ahogando una sonrisa. -Estamos bien así.

- Me tengo que ir. Hablamos...¿algún día?

- No te atrevas, Lily, a jugar conmigo. Además, aún estoy muy enfadado.

- Sí, claro. Si tú estás enfadado yo soy la reina de Escocia. Escocia, ¿le suena, señorita? Pues, es otro país y tenemos que ir hasta allí, pero no podemos porque...

- Ya entendí.

Lily abordó el autobus, con una sensación agridulce. El encuentro con James había resultado mejor de cómo se lo había imaginado, pero habían dos cosas que le impedían ser absolutamente feliz. El hechizo, que aún estaba pendiente, la reacción que tendría James al saber lo que le tocaba, y ese voto de confianza absoluto que él le pedía. No sabía a ciencia cierta si sería capaz de tanto.

Se sentó en el primer asiento, y cerró los ojos sintiendo como el sabor de James se disolvía lentamente en su boca.

***

Una gran motocicleta aterrizó suavemente frente a la casa de los Evans. La calle estaba iluminada solamente por la tenue luz que emitían los faroles, y si alguien se hubiese asomado por las ventanas probablemente hubiese visto la figura recortada de dos hombres. Pero era tan tarde que era casi imposible que alguien estuviese despierto a esas horas.

- ¿Por qué no me dejaste estacionarme en el patio?

- Porque este cacharro es muy escandaloso.

- Bajate de mi moto.

- ¿Por qué?

- Porque no te mereces estar aquí. No es un cacharro, tus escobas serán eso. Esta preciosidad es lo mejor que existe en el mundo, y tú no la respetas. No sé en qué estaba pensando cuando decidí juntarme contigo.

- Canuto, habla más despacio.

- No, es que tú no comprendes lo magnifica que es mi moto, y no eres digno de ella. Bájate.

- Ya, está bien. Me bajo, pero, por favor, habla más despacio.

Sirius bufó; su respiración casi parecía visible. Estacionó la moto en medio de la calle, y luego de mirar hacia todos lados, preguntó. -¿Y qué esperas? ¿Evans te va a lanzar una cuerda desde una ventana?

- No, ni siquiera sabe que estoy aquí.

- ¿Entonces? Tenemos que venir hasta aquí para que te la imagines en la cama. Oh, alto. ¿Es necesario imaginarla o sólo basta recordar?

- Cállate, Canuto y ayúdame, mejor.

- ¿Qué vas a hacer?

James se apegó a la verja de la casa de los Evans y colocó su pie sobre una pequeña muesca que tenía la madera. Se afirmó fuertemente desde el extremo superior y trató de escalar, pero su zapatilla resbalaba una y otra vez por la madera.

- ¿Sabes qué? Me debes tanto que ya no tienes cómo pagarme. -Sirius cruzó las manos, como si pretendiese hacer un peldaño. James puso su pie entre las manos de Sirius, y éste inmediatamente, y sin aviso, lo impulsó. Logró afirmarse mejor del extremo superior, y pronto sintió las potentes manos de Sirius sobre sus muslos, alzandolo más. James ya estaba al otro lado, y cuando cayó tan suave como pudo sobre el pasto, escuchó a su amigo decirle.

- Ya está hecho. Me voy.

James le contestó por el otro lado de la verja. -No, no te vayas, esperame.

- ¿Estás loco? Me congelaré por tu culpa, y me aburriré.

- Son sólo veinte minutos. -Dijo James, casi en susurros, mientras se subía el cierre de la chaqueta tanto como podía, intentando cubrir su cara.

- Trato. Sólo veinte minutos, Jimmy.

James se adentró en el patio de los Evans como si conociera la casa de memoria. Ocupó una pequeña silla para encaramarse en las bajadas de agua de los techos, y así llegar, hasta el cuarto de Lily. Trataba de no provocar mucho ruido, pero fracasaba estrepitosamente. Los latas sonaban cada vez que el se apoyaba sobre ellas, y no tenía idea cómo iba a despertar a Lily para que le abriera la ventana.

Se deslizó, cual ladrón, por los barrotes de los balcones. En su cabeza no dejaba de repetirse que si lo atrapaban, diría solamente incoherencias, para que los señores Evans pensarán que estaba bajo un potente hechizo. Un paso le tomaba una gran cantidad de tiempo. Examinaba tanto como podía a través de sus lentes, el corazón se le sacudía con violencia dentro de su pecho. Pero, qué poco importaba eso. Lily Evans, su Lily, estaba a metros de él y aunque fuese extremadamente ridículo, James estaba seguro que hasta oirla respirar.

Los pocos metros que le separaban de la ventana de Lily, casi se arrastró como un reptil para recorrerlos. Cuando posó su pie en el balcón de ella, la madera chirrió. James pensaba que hasta ahí llegaba su vida. Que eso había sido suficiente para despertar a toda la cuadra y que Lily le vería morir lenta y dolorosamente. Se quedó en ese mismo lugar, contrayendo todos los músculos, como si eso le sirviera para hacerse invisible. Invisible, pensó. Se quiso golpear la cabeza contra el muro cuando se dio cuenta que había olvidado su capa en la casa de su madre. Pero en ese instante mágico, cuando se ahogaba en su propia rabia, se dio cuenta que la cortina de Lily se movía ligeramente.

James creyó que Lily estaba despierta, o que alguien de su familia, quizás su padre. Recordó que Alfred Evans caminaba por todas las habitaciones en medio de la noche, para comprobar que todo estaba en orden. Pero cuando volvió a soplar esa ligera brisa, James notó que la ventana se agitaba levemente y que por ende, estaba abierta, apenas dos centimetros. Y esa era la causa de porqué la cortina se movía.

El corazón de James comenzó a latir con mayor violencia, y en su cuello se marcaban las venas, producto de la excitación del momento. Abrió la ventana lo necesario para pasar y se coló en la habitación de Lily. Lo primero que hizo fue trabar la puerta, luego, poniendo una mano en su boca, le sacudió ligeramente, tomándola de los hombros.

Las pupilas de Lily se dilataron de horror en medio de la oscuridad, su primer instinto fue gritar tan fuerte como fuese necesario para que alguien la socorriera, pero su voz no se hacia audible, sólo unos apagados murmurllos. Cuando reconoció esos lentes brillar a la escasa luz de la luna, se tranquilizó.

James susurró. -Cambiate de ropa, con pijama no conquistarás a nadie. Ni siquiera a mi. Además hace un poco de frío. Te espero afuera.

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Nota de Autora: Yay!!! No saben lo feliz que soy de poder publicar este capítulo. Querido fandom, casi no te debo nada. Casi, sólo me falta escribir el final de este fic, y no sé cuántos capítulos faltarán para eso, pero de seguro pocos. Ahora, ¿por qué cambié el capítulo? Porque leí el otro de nuevo y no me gustó nada de nada. Tan simple como eso, es decir, no lo botaré por completo, pero quizás las cosa sean distintas. Espero que les haya gustado este nuevo capítulo, si no pueden matarme por esperar tanto tiempo para ¿esto? Oh, sí. Lo siento.

Lo de James colandose por la verja en la casa de Lily lo robé de un fanart. Es precioso, si alguien le interesa le doy el link.

Muchas, muchas, muchas gracias a todos. En serio.

Un beso enorme.

maite