Estoy muy contenta por la cantidad de mensajes internos que he recibido, feliz de que les interese esta loca historia de nuestros adorables profesores ;) pero vienen sorpresas que no esperábamos , así que sujeten se de las calcetas jejeje.
UN DESPERTAR EXTRAÑO
Minerva sentía que todo le daba vueltas, pero aun así su cuerpo estaba más liviano y relajado, incluso más fuerte, abrió los ojos lentamente sorprendiéndose por la oscuridad de la habitación, al grado que pensar por un momento que se había quedado ciega o algo así, escuchaba el suave crepitar del fuego podía sentir el calor que brindaba, luego recordó lo que pasó y se levantó de golpe sintiéndose muy mareada pues aún no estaba del todo bien.
—Recuéstate Minerva, aún estas débil para empezar a moverte— le dijo el posionista, había hecho todo lo que estuvo a su alcance para ayudarla, le dio pociones energizantes, revitalizantes, reconstituyentes y antianémicas, resultado de ello el rostro de Minerva ya tenía un mejor color y su cuerpo mejor contextura, y resistencia, pero su mente seguía hecha un revuelto tanto que alarmaba al hombre. ¿Qué podía él hacer para ayudarla?
—Escucha, Minerva. Debes calmarte no te haré daño, no quiero que te vayas, yo… bueno... yo quiero pedirte perdón. Debo decirte la verdad y debes permitirme explicarte.—
—¿Para qué, Severus? ¿Para qué logres que acostar te conmigo o enamorarme hasta que termines con mi vida definitivamente? Dime, ¿no fue suficiente el beso? ¿Necesitas que tengamos sexo que sea más divertido o también hay alguna apuesta de por medio?— El dolor de la chica hablaba por ella y sentía desgarrarse su alma, cada palabra que salió de su boca contenía todo su resentimiento y sus miedos.
Severus estaba sintiendo todo el rencor de la mujer abofetearlo y se sintió la basura más grande del mundo, hasta el mismo se odiaba, no veía forma de convencerla, solo sabía que debía contarle la verdad a la bella y frágil mujer frente a él, cuyos ojos encerraban tanto dolor que no se atrevía a verlos directamente.
—Minerva… yo… soy un experto en legeremancia, puedo leer las mentes y lo hice contigo aquel día, yo pude ver todo lo que te sucedió— suspiró con pesadez escapando de sus ojos que lo escudriñaron con alarma —sé lo que paso con James Potter, y los desgraciados de sus amigos.—
—¿Qué?... ¿De qué demonios hablas?— sintió su mundo hundirse en ese momento, su secreto más doloroso había sido expuesto y no le importó decir las cosas de esa forma, se sentía burlada, invadida en algo que era peor que si la hubieran abusado sexualmente otra vez, su cerebro, era algo que ella valoraba mucho y que la hubiera sondeado sin su permiso le afectó demasiado.
—¿Cómo pudiste? Yo... yo jamás le he dicho eso a nadie. ¿Cómo te atreviste? ¿Por qué?— gritó la pelirroja y se levantó como pudo. Estaba muy mareada, se puso los zapatos, respiraba con dificultad, sentía como si pudiera atacar a Severus en cualquier momento, necesitaba salir de ahí y alejarse o cometería un gran error.
Él tragó grueso y se sobaba las manos nerviosamente, empezó a tratar de explicarle rápidamente pues solo tenía segundos antes de que se fuese y no lo escuchara, con pesar relato lo que paso aquel día que la beso, desde su perspectiva.
—Te veías tan feliz cuando nos besamos y de repente empezarte a llorar, y yo… no sabía… si lo hacías por felicidad, por dolor o pena, pero quise saber qué efecto causaba en ti, y me introduje en tu mente casi sin pensarlo, vi a James darte tu primer beso con frenesí, estúpidamente no me detuve a pensar en el contexto, solo de ver a Potter tocarte, mi maldito orgullo hiso que viera todo rojo por la ira, me sentí asqueado y ofendido, actué mal al apartarte de esa forma. Por favor perdóname, yo en serio te… te quiero Minerva. ¿Puedes perdonarme?— Severus se arrodilló junto a sus piernas conteniendo el aliento esperando que al mostrarle su corazón la bella pelirroja pudiese perdonar, pero ella se apartó como si la fuese a tocar y le temiese, temblaba asustada e indignada a partes iguales.
Sumida en sus pensamientos se debatía entre la depresión y el miedo, la animaga no quería saber nada ni de él ni de nadie, solo quería morirse, se sintió otra vez ultrajada y ahora el idiota le pedía que lo perdonara, era una situación confusa y dolorosa para ella, él se mantenía callado tratando de entender lo que pasaba por la mente de Minerva.
—Eres un maldito descarado, Severus. ¿En mi mente?… te metiste en mi jodida mente y ¿me dices como si nada que te perdone que fue tu error hacerlo? ¿Qué me quieres?.
Me has despreciado meses y me trataste como basura y eso que apenas nos besamos, y ¿tienes el descaro de decirme que me quieres? ¡Puff!— reclamó colérica la chica sin mayor energía para moverse.
Sin saber de dónde sacó energía se levantó para irse, no aguantaba un segundo más de la presencia del tipo se sentía asqueada de él, era otro maldito violador y le había quitado su único lugar seguro… su mente. ¿Qué le quedaba ahora? Tomó su varita y Severus se apartó, ella salió de su habitación como si estar en el mismo espacio que él la asfixiara.
Al salir al corredor, lo escuchó llamándola, suplicándole perdón, y ella apresuró el paso, casi corrió. No había estudiantes, solo quería hacer una simple cosa, acabar con todo ese sufrimiento de una vez por todas, decidida subió las gradas lo más rápido que su maltratado cuerpo le permitió.
Al llegar a su objetivo pudo sentir el suave viento que la despertó de sus tétricos pensamientos, se paró junto a la baranda de la torre de Astronomía, solo tenía que dar un paso y acabar con su miserable existencia para siempre, terminar con el dolor de sentirse una idiota que no podía protegerse, ella, la bruja más inteligente de su generación, la brillante jefa de casa, la ilustra sub directora, ¡ella un monigote a merced de los hombres!
—No pensarás hacer una estupidez, ¿o sí, Minerva?— la voz profunda pero juguetona de Sirius la sacó de sus tristes pensamientos.
Minerva volteó a verlo trastabillando, por el movimiento brusco casi cae, él como buen jugador de quidditch de su época se lanzó a cogerla antes de que sucediera una desgracia y la retuvo en sus brazos, mirando los hermosos ojos tristes de la mujer, ahora entendía lo perdido que debió sentirse Remus en esos ojos, eran bellísimos aun con ese baño de tristeza que los opacaba levemente.
—¿Qué pasó, Mine ¿No estás teniendo un buen día?— dijo con suavidad y un tono profundo que la estremeció.
La mujer se apartó de él como si su tacto quemara, le aterraba su presencia y él lo notaba con dolor, recordó la canallada que le hizo su mejor amigo y no se terminaba de perdonar su complicidad en el asunto.
—Mine, escucha. Sé que te lo he repetido múltiples veces y sé que no crees en mi y tienes razón, yo mismo no termino de perdonarme por no haber hecho nada por protegerte, pero por favor te lo pido con el corazón, deja de ponerte así cuando me ves, permíteme ser tu amigo no quiero nada mas, no te tocaré, no me acercaré, solo conversemos lo juro por mi varita. Sé que fui inmaduro y un bestia en el pasado y, lo admito, no fui la mejor persona no puedo justificar nada de lo que hice ni cubrir mi comportamiento de ninguna forma, yo… se que te debo mucho Minerva, sé que fuiste de las pocas que me defendió frente a los demás por haber sido inculpado de la muerte de aquellos muggles que Peter causo cuando enloqueció— dijo el animago suavemente tragando agrio al recordar todos esos días oscuros de su vida causados por su otrora amigo, aun así hablaba mirándola a los ojos con toda la franqueza de la que fue capaz.
La pelirroja ya no se sentía débil físicamente, pero no tenía fuerza anímica para aguantar más nada de lo que le pasaba. Se arrimó al barandal de piedra derrotada y se dejó caer poco a poco hasta que se sentó en el suelo abrazando sus piernas y sin más comenzó a llorar amargamente.
El animago no sabía qué hacer, si abrazarla o darle palmaditas o solo estar ahí, pues el tenia amantes, no novias, ni amigas, así que este tipo de situaciones emocionales en el que estaba la mujer le eran completamente extrañas e inmanejables y él siempre evadía esas situaciones más que nada porque le molestaba hacer justamente lo que tenía que hacer ahora, que era consolar a la chica.
Con toda la incomodidad del caso, torpemente le dio unas palmaditas en la cabeza.
—Calma, calma, Minerva. Solo respira profundo, lo que sea que te molesta ya desaparecerá no te preocupes— decía mientras miraba a todos lados por miedo a que fuera a llegar alguien y creyese que él la había lastimado o algo así.
—¿Cómo desaparecerá? ¿Cómo? Ustedes me desgraciaron la vida y me convirtieron en un ser miserable, yo nunca les hice nada y ustedes me destruyeron solo por el placer de hacerme daño, ¿por qué, Sirius? ¿Por qué?— exigía la mujer al animago mientras las lagrimas no paraban y los sollozos llenaron la torre, Sirius no tenía respuesta para ella solo pudo acercarse y tomar su mano con afecto y arrepentimiento.
—Minerva McGonagall, te pido con todo mi corazón que perdones mi estupidez y no me canso de repetirte que no me perdono por no haber hecho algo para evitar que James te hiriera, yo no tengo escusas validas, era un idiota insensible que no se dio cuenta de lo que hacía hasta que te vio la sangre emanando de ti, y entendí que esa fue y es la estupidez más grande que he hecho y aun me arrepiento de no haber hecho algo mas por ti, por haberte dado la espalda, sabiendo que James te abandonaría así, en ese momento no pude permanecer en esa aula porque sabía que no teníamos perdón alguno–. Sirius no tenía el valor de mirarla solo veía el suelo con la culpa recorriendo su sangre haciendo que todo el dolor de la animaga se refleje en su corazón.
—¿Sabías que nunca más pude estar con un hombre?— pregunto la pelirroja con una voz apenas audible.
Hubo una pausa incomoda mientras ella lograba hilvanar de alguna forma la idea que quería expresar para darle una idea completa de su desgracia —Él me lastimo tanto que tenía pánico a estar con un hombre, no importaba quien fuera solo me aterraba, me moría de miedo de revivir ese terrible dolor que sentí cuando él me violó.— Su pecho se convulsionaba, estaba confesando cosas muy intimas, expresando lo por primera vez, saciando esa necesidad de liberarse de ese sufrimiento que grado por años jamás había podido decir a nadie pues las consecuencias habrían sido nefastas para todos los involucrados, pero ahí estaba Minerva por fin contando toda su desgracia, y era ella quien de su voluntad lo confesaba y no Sirius o cualquier otro entrando en su mente para extraer su dolor, era ella misma quien se liberaba por fin contando esa parte de su vida que tan celosamente guardo y que Severus violento sin su permiso.
El llanto incontrolable solo hacía que se le cortara la respiración y sollozase más fuerte impidiéndole seguir, por lo que trato de calamar se y proseguir, sentía que necesitaba esto más que nada en la vida necesitaba ser libre de una vez por todas.
Tomando aire sonoramente volvió a hablar —Sí, Sirius. Recuerdo cada maldito segundo de esa noche hasta el momento que me desmayé ya que sentía un dolor indescriptible desgarrando mi vientre, los medimagos dijeron que no aseguraban que pudiese procrear algún día, y eso solo fue otro clavo en mi ataúd— La animaga alzó la mirada dolida y llorosa y volvió a hablar con falsa calma para expresar la fragilidad de su ser. —No podía dormir en las noches, Pomona tenía que desmayarme porque el terror era agobiante y aun tomo poción para poder dormir sin sueños, porque no los resisto, y ¿tú crees que tus patéticas disculpas solucionan años de terror nocturno?—
Suspiró triste y descorazonada
—Después me llegue a enamorar de un profesor y lo amaba pues veía en él lo que más me puede atraer de un hombre— Sirius no paso por alto esa pausa apesadumbrada de la mujer. —Su inteligencia, y vaya como me encantaba ese hombre, pero mis miedos no me dejaron acercármele como mujer. — Ella apartó el rostro mirando al horizonte buscando fuerzas para continuar el relato.
—Pero me obligué a mí misma como buena Gryffindor a vencer poco a poco mi miedo y empecé a ser su amiga, y como tal llegué a cultivar una entrañable relación con él, hasta la estúpida fiesta de Navidad, en la que fuimos intoxicados todos y termine acostándome con él, quien sabe como lo logré, como pudimos pasar esa noche juntos si él amaba a otra y yo tenía terror, cuando nos levantamos me di cuenta de quién era y corrí antes de que se percatara de que se había acostado conmigo, y me echase por ser la pelirroja equivocada.—
Soltó el aire que le quemaba los pulmones y siguió. —Luego poco a poco aun no sé ni cómo nos acercamos mas y mas hasta que el logró penetrar mis defensas y nos besamos, me sentía tan dichosa, tan feliz que creí que podía dejar todo atrás, y un sentimiento de felicidad me embargó, haciendo que llorara durante ese preciso momento.— La bella animaga sonrió amargamente, y aun así no dejó de verse hermosa aun en su melancolía y tristeza, se veía tan linda pensó Sirius para sí mismo apreciando la fragilidad de la mujer ante él.
—¿Y qué logré con eso? Que el muy idiota se asustara y me leyera la mente y me encontrase feliz comparando ese asqueroso beso de James con el dulce beso que estaba recibiendo y simplemente asumiera que me burlaba y creyera que James había sido mi primer novio y que aun lo amaba, se aparo de mí y me repudió.—
Recordar la situación solo la hundía más en el fango del dolor, solo le dio más razones para odiar a James Potter.
–Aquel maravilloso hombre del que me enamoré me despreció tanto que mi corazón se destrozó, y solo desde que apareció James nuevamente el dejó de tratarme como basura adherida a su caldero.— La analogía la hizo sonreír de su propio chiste pero fue una sonrisa tan fugaz que dudó incluso haberla visto.
—Y tan afortunada soy, que la bella Lily Potter hizo su aparición contoneándose y exigiendo la atención de él y de su esposo, causando que me recargaran más trabajo para que ella pudiera ser atendida como deseaba. Pero en fin, esa no es la idea que quiero expresar, porque de alguna manera aquel hombre se dio cuenta de mi rencor contra James y solo en ese momento empezó a dudar de lo que creyó haber visto en mi mente y se las ingenió para enterarse de todo lo que pasó esa noche volviendo a entrar en mi mente y en la tuya, y su maravillosa forma de disculparse es confesar que como usó legeremancia para ello. ¡Pensó que yo amaba a Potter!— La tristeza que desbordaban esas palabras tocó el corazón del animago clavándose como dagas dolorosas en su corazón, al ver su dulce rostro surcado por gruesas y amargas lágrimas.
—¡JA! Como si yo pudiese amar al hombre que destruyó mi vida— concluyó la pelirroja aun abrazada a sus piernas y mirando a la distancia con la tristeza reflejada en su rostro. —James violó mi cuerpo y él violó mi mente. No tengo nada, Sirius. ¿Qué puedo tener en esta vida si los hombres creen que pueden hacer conmigo lo que quieren? No puedo más, siento mi alma rota.— Lo miró directamente a los ojos y el animago pudo ver el dolor en ellos y esa bella alma torturada pidiendo auxilio antes de extinguirse, Canuto se aventuró y extendió su mano hasta su rostro y con calidez retiró sus lagrimas y poco a poco la abrazó dejando que ella llorara en sus brazos, y sacara su pena, ella lloró y lloró su dolor hasta quedar vacía y agotada, se durmió en los brazos del hombre que no podía más que sentirse un miserable por haber sido parte de todo lo que la lastimó y ahora no podía pensar en nada más que en desear protegerla de todo aquel que la tratara de dañar.
Cuando Minerva se quedó dormida, Sirius la acunó delicadamente, la cargó y la llevó a sus aposentos, llamó al elfo asistente de ella y le pidió que le permitiera pasar para dejarla en su habitación, el elfo al ver a su ama en esas condiciones se preocupó y accedió a darle paso. Él solo la recostó en la cama con cuidado, le dejó indicaciones a la elfa para que la acomodará y pudiera descansar, el pequeño ser acotó y se encargó de su ama, mientras el animago se retiró de la habitación con su mente y corazón completamente confundidos, había visto más que el cuerpo de la pelirroja, había visto su alma, la fragilidad de su ser, pudo ver tras su fachada de fortaleza la delicada naturaleza de esa mujer y se impactó tanto que juró protegerla de todo lo que le hiciera daño.
Esa noche Minerva durmió sin pesadillas, esa noche sintió su alma libre y ahí decidió que podía avanzar pero se alejaría de aquellos que la lastimaron. Incluyendo a Severus entre ellos, cerro esa puerta y dejo ir ese amor de su corazón.
Vaya el cachorro está tratando de robarle la chica a Severus ¿qué les parece? ¿Será que el guapo Severus está en líos? :o no se olviden de dejar sus comentarios son muy importantes para quienes escribimos y mas para los que somos novatos je je, es una especie de aliciente para seguir y también se aceptan sugerencias ;)
Pronto verán lo que realmente pasa cuando las supuestas amistades traman en contra de uno :C
