Los personajes son de JK la historia es mía; 3 y espero les agrade gracias por los pv de apoyo no se olviden de dejarme sus opiniones en los comentarios; *
n/a por si ya lo leyeron este capitulo tiene unos cambios :C resulta que el auto corrector en ingles me hiso una pasada en el capitulo cambiando mucho de su contexto y destruyo lo lindo de la trama lo siento pero ya tome cartas en el asunto espero no decepcionar les 3
Aceptar un cambio en el corazón.
Se sorprendió al ver llegar la carta al comedor del colegio Francés, aquella majestuosa ave negra llegó interrumpiendo la amena conversación que sostenía con Amycus, extrañada pues ya había recibido la correspondencia con anterioridad, una carta con órdenes y recomendaciones de Albus y una extraña carta de Pomona sobre cómo debía dejarse llevar y si le gustaba quedarse en Francia con Amycus o con cualquiera que se lo propusiera.
Minerva tomó el sobre con cuidado dando una chuchería a la Lechuza, mientras admiraba la fina caligrafía sonreía complacida, supo inmediatamente de quien era letra que floreaba en el sobre, incluso notó un poco su fragancia cubriendo el papel y se mordió el labio adorablemente pensando en lo dulce que el remitente podía llegar a ser si se lo proponía, era todo un seductor y ella lo sabía muy bien.
Amycus no perdió detalle de la situación, y aun que le molestó la interrupción reprimió un quejido, porque aunque le permitió evitar cometer un error sintió un leve coraje, ya que de alguna forma había logrado acercarse lo suficiente a la pelirroja para sentir su perfume y en un determinado momento lo había cautivado al punto de estar peligrosamente cerca de besar su cuello, se mantenía con la mirada fija en aquel punto notando el pulso en la yugular bajo la piel de su fino y níveo cuello, deseó ser vampiro para poder morder aquel provocativo lugar
Sentía que se le había negado la oportunidad por esa interrupción y le fastidió la sonrisa de la mujer, porque sintió francos celos de quien sea que logró poner ese brillo de ilusión en los ojos a la animaga.
—¿Buenas nuevas, Minerva? — preguntó con un tono inquisitivo.
—¡Un estudiante se lastimó! — dijo sin borrar su sonrisa de sus delicados labios, lo que confundió sobre manera a su acompañante.
—¿Y eso es bueno? — expresó él sus razonables dudas con interés.
— ¡Oh! no, no, no, para nada, es solo que me sorprendió y agradó recibir noticias de quien me lo comunica — dijo con timidez la joven mujer. Había adquirido ese tipo de amistad con Amycus, se contaban los secretos personales, algo así como una BBF BFF pero masculino.
—¿Y se puede saber quién te saca esa sonrisa tan brillante con una noticia tan funesta? — cierto toque de celos en la oración pasó desapercibido para Minerva, que solo le sonrío cálidamente y negando levemente respondió.
-No es… nadie- mintió estrepitosamente pues un ligero sonrojo se formó en sus mejillas.
Amycus tomó su vaso de jugo de calabaza y se dispuso a beberlo, pero se detuvo abruptamente y le dijo con frialdad
— Creí que confiábamos el uno en el otro, pero veo que eso es algo que quieres guardarte ¿no? — la miró y bebió con lentitud paladeando el jugo.
— Si confió en ti, es solo que... esto es solo una bobería mía Amycus… yo solo… creo que mal interpreto a alguien y aunque me hace feliz el hacerlo, sé que no pasa de eso, de una bobería y no creo que quien me envió de esta carta si quiera piensa en mí de la forma en la que yo quisiera que piense, pero en fin, realmente creo que solo trata de ser amable y expiar sus culpas, así que lo más probable es que no pase a mayores lo que tengo con él — explico la animaga algo pensativa mientras acariciaba el sello lacrado con la insignia de los Black
Su mente vago unos segundo debatiéndose entre responder la carta o no, ¿acaso él estaría espetando que ella le responda?, su mente jugaba como siempre con ella, el valor de Gryffindor la invadió, quien no se arriesga no gana le había dicho Pomona como despedida en la escueta carta que le envió y que Minerva seguía considerando como solo una nota por el tamaño de la misma.
Tras terminar su desayuno con rapidez aun tenía unos minutos antes de su primera hora de clases, y se apresuró despidiéndose de Amycus con la promesa de que retomarían la conversación después de clases, pero ahora debía ir a responder la carta lo más pronto posible.
Nadie creería que una mujer como Minerva McGonagall fuera una neófita en el tema de las relaciones, después de todo lo máximo que llegó a hacer alguna vez fue a coquetear levemente con Severus y él se encargo de todo lo demás en esa semi-relación que tuvieron, por lo que ella no tenía ni idea de cómo demostrarle a Sirius que le interesaba saber más de su día y de él sin resultar patéticamente obvia.
Con cierto temor tomó la pluma y la remojó con delicadeza, garabateando la primera línea.
Querido Sirius:
"Oh Merlín no.. no.. eso es muy directo es imposible que lo haga así", pensó mientras tachaba la línea y la reescribía con mágia.
Estimado Profesor Black:
¡Santa Circe! Un poco mas frío y tendría que enviarla en una contenedor para que conserve su temperatura a 0 grados, se reprendió mentalmente la animaga, volviendo a borrar la linea mágicamente.
Estimado Sirius:
Espero que el joven McPeers esté bien, me alegra saber que estás más familiarizado con los procesos para casos de emergencia que tiene el colegio, aunque me habría gustado estar ahí para apoyarte como otras veces.
En relación a tu pregunta sobre Francia, puedo decir que ha sido muy gratificante el desarrollo académico de los estudiantes que nos acompañan al profesor Carrow y a mí, siendo franca, contrario a mis expectativas Amycus está siendo un gran apoyo en la gestión que me encuentro realizando para el colegio.
No puedo negar que extraño, al igual que tu, nuestras conversaciones entre clases, y gracias por la chocolatina, siempre sabes cómo sacarme una sonrisa, y creo que necesitaba ese dulce recuerdo de que Hogwarts me espera.
Con afecto
Minerva M.
Pd: Envío una foto del castillo de Beauxbaton, espero no sea incomodo pero Amycus la tomó para mí así que salgo en la misma.
La animaga se mordía las uñas de los nervios quería enviarle algo de ella para que la tuviera presente, pero no sabía si enviarle su foto era un exceso o no, con un arranque de valor metió la foto tratando de controlar sus nervios, se acercó a la lechuceria de ese castillo y notó la misma ave negra que trajo la carta inicialmente, llevaba con orgullo un boche con el estandarte de los Black, y no pudo contener su sonrisa, pensando en lo orgulloso y majestuoso que era el animal, tan semejante a su amo.
Acarició su cabeza y le dio una golosina de lechuza, esta ululó levemente, le ató la carta y le dijo con dulzura.
— Llévasela a Sirius, ojala pudieras darle un beso de mi parte pero creo que será raro que hiciera eso, ¿verdad? — le dijo al animal en confidencia, este jugó con sus dedos frotando su pico como si entendiera a la mujer.
Aquella misma noche Sirius recibió la carta y curiosamente su ave le mordisqueo la oreja con dulzura, cosa que lo extrañó, al abrir la carta y leerla sus ojos se iluminaron, buscó en el sobre la foto y la vio sonriente ante el colegio francés como mostrando con sus brazos abiertos el tamaño de dicha institución, en aquella pose tan típica de los turistas muggles, no pudo evitar que una sonrisa se posara en sus labios, notando un sentimiento de hormigueo en su pecho que jamás había sentido antes, y que no le disgustaba.
Al día siguiente iba tan distraído mientras releía la carta que chocó con alguien, se sorprendió al ver que era Pomona, pero la sostuvo para que no cayera.
— Disculpa Sprout, no fue mí intención — se disculpó, la enderezo y se apartó de ella, disponiéndose a agacharse a recoger la foto que había caído de su mano, no contó con que la pequeña mujer se agachara más rápido al ver caer la foto y la tomara para pasársela, la mujer notó en ella a una Minerva sonriente, frente al colegio francés relajada y feliz, eso no le gustó nada.
Sirius le arrebató la foto y se la guardo con una sensación incomoda, y la herborista elevo una ceja con escepticismo, — vaya Sirius no sabía que Minerva y tu estuvieran saliendo — indagó con algo de ironía en su voz.
— Pues no lo estamos haciendo, Pomona — dijo mirando la foto con afecto para después regresar a verla a los ojos. —¿Te molestaría acaso si lo hiciéramos? que yo sepa no hay ninguna norma en el colegio que lo prohíba, pero… — le sonreía de medio lado con cierta arrogancia — parece que no te gusta la idea ¿o me equivoco? — concluyó sin quitar su mirada de la de la mujer mientras analizaba su reacción.
— Lo que hagas, Sirius me tiene sin cuidado mientras no la lastimes, ya sabes... — dijo haciendo un gesto con la mano que pretendía quitarle la importancia a la situación — …ella es mi amiga y no quiero verla sufrir por culpa de un mujeriego que la endulza para jugar con ella — dijo sin convicción.
— Mi querida Pomona, mis intenciones con ella son completamente inocentes — el animago puso su cara más inocente y le guiñó un ojo sin darle mucha importancia a sus comentario viéndola marchar con el seño fruncido, lo que no notó es la rabia que interiorizaba la morena pues odiaba que hubiera alguien pendiente de Minerva, de alguna forma quería verla sola y arrastrándose de envidia cuando se enterara que ella tenía a Severus entre sus brazos, pues sabía que había avanzado mucho apartando al pocionista de la animaga y esperaba tener la oportunidad con él y hacer una vida juntos.
Lo que no sabía Pomona es que Sirius tuvo que hacer uso de toda sus indiferencia para que ella no viera lo mucho que le molestó su comentario, él sabía que no tenía derecho de codiciarla pero ella le hacía sentir cosas que nunca había sentido, tenía mil mujeres a su haber pero ella solo con una conversación lo hacia sonreír por horas, con una mirada lo aturdía, con una sonrisa lo hacía divagar, y es que él tenía claro la fragilidad del corazón de Minerva y sabía que ella merecía un buen hombre que la amara, pero su egoísmo lo hacía codiciarla.
Porque eso era lo que él hacía, codiciarla, deseaba con todas sus fuerzas el poder tocar su nívea piel, acariciar la contundencia de sus curvas, embriagarse con su aroma y saciarse de sus labios.
Él jamás pensaba de esa forma sobre ninguna mujer, para él eran solo muescas en la cabecera de su cama pero Minerva era tan diferente, tan pura, tan especial que tenía serias disputas con su conciencia pues sabía que él no la merecía, pero si ella le diera una oportunidad solo una, se había prometido a sí mismo y a Merlín que le sería fiel y la amaría con todo su ser, respetándola para toda su vida.
Mientras Minerva se peinaba distraídamente frente al espejo en su habitación, aun con nervios a flore de piel esperando una respuesta de la carta que había enviado, estaba preocupada por ser tan ridícula como una adolecente enamorada, creyendo que un hombre tan experimentado como Sirius podía siquiera pensar en alguien tan dañada como ella.
Terminó de peinar su largo cabello y se vistió para salir a desayunar, suspiró enviando lejos sus pensamientos sobre el animago, bajó al área del comedor de aquel elegante colegio tan diferente a su amado Hogwarts, las paredes cubiertas de un fino papel tapis y cuadros con marcos dorados y enjoyados jamás se acostumbraría a tal lujo, ella era una mujer sencilla sin pretensiones y ese ambiente no era el suyo.
Al llegar a la mesa Amycus la esperaba con una leve sonrisa al verlo se sonrojo pues notó que este la analizó de pies a cabeza, detestaba que hiciera eso pero era una costumbre suya y por mas veces que le había pedido que no lo hiciera, el seguía haciéndolo con descaro.
—¿Es que acaso nunca dejaras de hacer eso? — bufó molesta, el hombre solo sonrió más ampliamente.
— Eres tan predecible minina —, pensó con malicia, se había propuesto conquistarla, ya estaba decidido no dejaría que ningún Romeo escribe cartas se la arrebatara.
— Solo aprecio lo hermosa que te ves hoy, Mine, ¿es que estas haciéndote algún tipo de tratamiento con las veelas? — preguntó insolente, mientras la animaga rodaba los ojos con fastidio, ella detestaba las galanterías cursis, — Amycus ¿qué rayos te pasa? ¿Comiste demasiados postres y se te subió el azúcar? — sonrió de su propio comentario pero la sonrisa no llego a sus ojos, suspiró con pesadez y se sirvió su desayuno esperando con ansias la respuesta a su carta pero solo recibió el Profeta el cual leyó sin interés alguno y luego de lo que parecieron horas se dirigió a su primera clase de la mañana, con el alma apachurrada y sintiéndose una boba por esperar respuesta a su carta.
Para Amycus el decreciente animo de Minerva no pasó desapercibido así que empezó a creer que era cierto lo que dijo la animaga, que aquella emoción solo era algo de su parte, por lo que, más animado se arriesgo a pedirle que salieran a una pequeña excursión por Paris, ya que en tres semana regresarían y apenas si habían salido y siempre había sido con sus estudiantes, esta vez logró conseguir quien los custodiara por ellos y la llevaría a una discreta salida juntos para "explorar" la romántica ciudad.
Se lo pediría en el almuerzo, para poder coordinar con ella la salida antes de la cena de esa noche.
Ella por su parte se sentía decepcionada y triste, apenas si logró terminar sus clases, sin llorar, se mordió los labios con fuerza para no dejar que las lagrimas cayeran, y pensó en saltarse el almuerzo no tenía ganas de estar rodeada de parejas y gente feliz con su estado de ánimo tan por los suelos.
Por suerte para Amycus la había llegado a conocer lo suficiente para adelantarse a sus actos y la interceptó antes de que llegase a su habitación, la detuvo con una sola frase,
— ¿Corres a esconderte bajo la cama cuando las cosas no salen como deseabas? — le soltó como si nada mientras permanecía apoyado a una pared a pocos metros de su habitación.
—¿De qué hablas? — trató de defenderse la pelirroja quien puso todo su esfuerzo en lo largarse a llorar ahí mismo. — implemente hablo de lo que he podido observar Mine, de cómo brillabas al recibir su carta y ahora te apagas al ver que no te responde y corres a esconderte para regodearte en tu sufrimiento, ¿tanto te gusta ese fulano? — la miró inquisitivo.
— No es que me guste tanto Amycus es solo que… — no estaba dispuesta a decirle lo que significaba Sirius para ella así que cambio su actitud por una defensiva. —¡Por favor solo déjame sola! — dijo molesta y con decisión se encamino a su habitación, siendo retenida por una mano que se posó en su muñeca y la haló de regreso.
— No quiero verte así, Minerva — pasó su mano suavemente hasta llegar a la suya y la tomó con cuidado acercando el dorso a sus labios depositando un delicado beso en sus nudillos mientras ella lo veía expectante — ¿Qué dices si salimos para que te distraigas un poco y de paso conocemos Paris un poco? Bueno, yo te lo muestro pues lo conozco muy bien — acotó con algo de arrogancia haciendo que las comisuras de los labios de la animaga se elevaran muy levemente.
—¿A París? — pregunto dudando, el hombre asintió una vez y la miró con profundidad a los ojos, haciéndola temblar levemente, — Creo que sería divertido — dijo finalmente Minerva con algo de nervios, pero decidida a no perder su tiempo en alguien que no estaba interesada en ella, ya lo había hecho una vez por ocho largos años y no funcionó de nada y eso que Severus era prácticamente un monje, ¿que podía siquiera esperar de un mujeriego como Sirius?.
— Perfecto te recojo a las siete, ponte algo semi-formal por favor — recomendó Amycus con una sonrisa depredadora disimulada mientras le daba otro beso en la mano y se despidió para después de unos pasos voltear a verla y recomendarle una cosa más — y no dejes de almorzar Minerva, necesito a mi compañera en buenas condiciones no dando un espectáculo de enfermedad en tierra ajena — la animaga se puso tan roja como su cabello y solo asintió y entro a su habitación pidió a un elfo que le subiera su almuerzo a su cuarto y se obligó a si misma a comer para no defraudar a su compañero, necesitaría sus fuerzas si pensaba conocer la ciudad del romance con quien menos esperaba hacerlo.
Perdón la demora y las faltas que encontraron en el capítulo estaba sin internet jiji y tuve que hacer maravillas para publicar jejeje pero sin corregir ahora corrijo gracias por sus críticas me animé mucho a seguir: * pronto tendré el siguiente capítulo
