ningún personaje es mio todos son de JK la loca historia si viene de mi delirios jeje gracias por dejar sus reviews me animan para continuar ;) y mil gracias a mi betha que me levanta los ánimos.
Entre dos destinos
Se veía al espejo mientras se vestía y no dejaba de pensar en él, sobre la mesita de noche a su espalda podía divisar el chocolate en forma de rosa que le envió posado encima de la única carta que recibió de Sirius, aun se preguntaba ¿Por qué estaba esperando una respuesta de su parte? ¿Por qué ansiaba tener su respuesta?, sacudió su cabeza para apartarlo de su mente pero seguía ahí atormentándola y se sentía como si lo traicionara al salir con Amycus ¿pero traicionar qué?.
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron cuando se dio cuenta de que se estaba demorando, llegó su compañero a buscarla y ella aun se estaba arreglando, corrió a la puerta y observó con agrado a Amycus con un traje de 3 tres piezas de un gris oscuro que resaltaban sus ojos grises, su cabello perfectamente peinado y un aroma agradable a sándalo y madera oscura, que llamo su atención pues nunca había apreciado su fragancia, ni siquiera había notado los reflejos rubios en su cabello, ese hoyuelo en su mejilla cuando sonreía. —¡Oh Merlín! ¿Esa sonrisa es legal? —, se descubrió a sí misma haciendo esas extrañas observaciones sobre su compañero.
Entonces recordó que aun estaba en bata y se sonrojó.
— Perdón, aun no estoy lista, dame cinco minutos, solo… me vestiré y podremos salir, pasa toma asiento un momento — le indicó la pequeña salita de estar que había en su habitación sonriendo cálidamente, pero algo incomoda de presentarse así ante él, ¿qué pasaba con ella? se reprendió a si misma mentalmente por comportarse como una adolescente en una cita, era Amycus quien estaba en su habitación y sentía que le estaba jugando chueco a Sirius, se paró frente al espejo de su baño mirando su reflejo con aquel vestido blanco de hilo que se entallaba en su torso y se extendía desde sus caderas formando su figura favorablemente.
Ahí frente al espejo una mujer con las mejillas sonrojadas y una apariencia dulce y sexy la veía con unos enormes ojos de sorpresa, las comisuras de sus labios se elevaron en una tímida sonrisa y suspiró tratando de despejar ese sentimiento de culpa, movió levemente de un lado a otro su cabeza tratando de despejar su mente.
Se enderezó y cuadró su cuerpo con valor, cuando salió del baño decidida a divertirse y dejar de lado a Sirius notó que la hermosa lechuza del mentado mago se posaba en su ventana orgullosa y mirando gélidamente a Amycus.
Minerva se acerco rápidamente a recibir la carta, acarició al animal y le dio unas golosinas de lechuza, miró el sobre con aprensión, sintiendo como los ojos de Amycus no se apartaban de sus movimientos, el sobre lacrado sellado con el escudo de la noble casa Black en sus manos que temblaron levemente.
Se debatió entre quedarse y leer la carta y el salir con el hombre en su sala de estar esperándola para mostrarle la ciudad del amor, se mordió el labio su corazón y su mente luchando con la razón y los sentimientos revueltos.
Amycus notó su indecisión y se acerco a ella sigilosamente mientras la veía en su debacle interno. —¿Todo bien? — dijo tras de ella aunque ya había notado el escudo en el sello de la carta.
— Sí, es solo Sirius que escribió — se encogió de hombros aunque sintió la respiración de Amycus cercana a su cuello. — Quieres suspender la salida o… — dijo dejando la pregunta a medias dándole la opción a elegir a la pelirroja, ella se volteo y lo miro a los ojos sintiendo que sus mejillas enrojecían poco apoco, — no, creo que no tendré una nueva oportunidad de conocer esta bella ciudad, ¡vamos! —. Respondió la chica suspirando para darse ánimos.
El extendió galante su brazo y ella posó su mano en el con diversión, juntos salieron del castillo de Beauxbaton y se dirigieron a la París con una aparición en conjunto, él la había sujetado con una mano por la cintura y mientras la veía a los ojos procedió a la aparición llegando rápidamente al lateral de un restaurant en pleno centro salieron discretamente hasta mezclarse con las demás personas que caminaban por la vereda algunos en pareja otros entre amigos pero se sentía la efervescencia de la ciudad.
Caminaban del brazo, ella maravillada de todo lo que veía, él sonriente y con el pecho ensanchado de gusto al ver como los hombres que veían a la hermosa pelirroja la devoraban con la mirada, sin percatase de la incomodidad de a chica, quien hacia grandes esfuerzos por mirar la arquitectura y la belleza de la ciudad, tratando de evitar las lascivas miradas que sentía sobre sí, el paseo los llevo a recorrer los amplios bulevares, la orilla del Sena, el museo de Louvre y la catedral gótica de Notre Dame, pero el día fue muy corto y no lograron llegar a la torre Eiffel aunque la vieron de lejos iluminarse en tonos rosa con el atardecer tras de ella.
Almorzaron en un costoso restaurante y conversaron de cultura y trivialidades, él se sorprendía al ver sus modales y carisma en aumento, ella destilaba sensualidad y se veía perfecta en ese ambiente tan culto, tan glamuroso, encajaba perfectamente dejándolo lo aturdido.
Al atardecer decidieron cenar, él se inclinaba por otro restaurante elegante, pero ella lo arrastro a un mercadillo público donde deliciosos olores los envolvieron tentando sus papilas gustativas para aventurarse.
Probaron de todo, dulces, pastas, panes, y el famoso café parisino, en un tradicional bistró sentados plácidamente en aquellas mesas clásicas en el parterre, todo muy pintoresco y tradicional, Amycus jamás admitiría que de los cientos de veces que había ido a París, nunca había disfrutado de la belleza de la ciudad en todo su esplendor y tradición, fue maravilloso para Minerva aunque su mente la arrastraba cada cierto tiempo a esa carta que le esperaba en su habitación.
El día llegaba a su fin y los profesores regresaron al castillo, se aparecieron en los alrededores del internado, caminando con calma hasta este mientras conversaban de la experiencia vivida y los hermosos lugares visitados y lo que les falto por ver, entraron y él la acompaño a la puerta de su habitación, el silencio entre ellos no era incomodo pero la tensión sexual se podía palpar, aunque Minerva era un caso tan especial, ella no notaba el asecho predador de Amycus.
Él noto una hojilla en su hombro y sin contenerse la retiro, al hacerlo rozó la piel de la chica, el leve estremecimiento de la pelirroja ante el toque de un hombre, resecó la garganta del profesor y envió una pulsación intensa a su ingle, ella pasó su mirada desde el suelo hasta el rostro de castaño con un rubor involuntario en su rostro.
Amycus pudo ver las pulsaciones nerviosas en la yugular de Minerva, sabiéndola nerviosa, se acercó lentamente a ella con intenciones de besarla en los labios, pero el acto hizo que ella reaccionara apartando sutilmente su rostro apenas unos centímetros del trayecto de aquel beso instaurando lo en la comisura de sus labios y su mejilla.
Si bien la animaga apreció aquel día con su compañero, no podía engañarse a sí misma ni lastimar lo a él, ella no lo veía con esos ojos y él lo entendió, aquel beso hormigueaba en su mejilla y en los labios de él, que pudo sentir su perfume inundar sus fosas nasales.
Se apartó con la misma lentitud con la que se había acercado, se miraron a los ojos llegando a una comprensión silenciosa.
— Gracias por un día muy satisfactorio Carrow, la verdad me sentí muy cómoda en tu compañía — dijo la animaga con timidez sin apartar sus ojos de los de él.
— Para mí sorpresa, también fue un placer tu compañía McGonagall, tal vez podamos volver a repetirlo antes de marcharnos — dijo con su habitual ironía él y le sonrió de medio lado con picardía mientras con galantería tomó su mano y dejó un suave beso en sus nudillos, bufó internamente recordando que ese era el truco más viejo de manual y solo lo uso porque esta vez había tomado una decisión.
— Hasta mañana Minerva — uso un todo de voz más grueso y la miraba a los ojos al decirlo con una leve sonrisa, el rubor en las mejillas de la animaga fijo su determinación, ella sería suya, no le importaría su origen mestizo la metería en su cama, se prometió así mismo jugar con la pelirroja y darle unas cuantas noches de pasión y luego dejarla, pero antes debería espantar esa asquerosa mosca Black, no dejaría que la ronde, con un hipogrifo en el corral es suficiente, él la deseaba y la tendría y ningún idiota se metería en su camino.
Con una reverencia Amycus se despidió y Minerva entró a su habitación su respiración era algo agitada, pero ella sabía que no tenía nada que ver con Amycus, él fue agradable en la salida que tuvieron pero ella no era una tonta y no se compró toda esa pantomima del caballero decente, conocía bien a los Slytherin y él era todo un estandarte de ellos.
Pues ahí estaba Minerva McGonagall con el pulso acelerado y el aliento retenido, acercándose a la mesa donde reposaba la carta que recibió en la mañana, veía el sobre con ansias como si este pudiera levantarse y recriminarle el haberlo abandonado sin abrir y haberse ido con otro que no es el remitente de la misma.
Al fin parada frente a la mesa, su mano tiembla acercándose al sobre lo tomó y rompió el sello, con recelo sacó el pergamino que contenía, se sentó en el alfeizar de su ventana y estiró el papel, empezando a leer.
que opinan cual de los dos es mejor para Mine? cuenten me lo en un review ;)
