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Teddy respiró hondo y mantuvo el aire en un infantil intento de asfixiarse hasta morir pero Remus rodó los ojos, bajó los escalones lentamente hasta llegar al muchacho, lo giró y con una mano en la espalda lo invitó a bajar junto con él. Unos pasos antes de la estancia, Remus titubeó un poco, Sirius gritaba como creyó nunca escucharlo. Sonriente volvió a empujar a Ted.

- ¡Siéntate! -rugió Sirius señalando el lugar libre junto a Harry.

El chico Potter miraba embobado a Sirius, ni siquiera creía lo que estaba pasando, no miró a Teddy cuando se dejó caer junto a él y se le untó todo lo que pudo. Remus solo se paró junto a Sirius, parecía divertido, incluso un momento después, se sentó en el sofá frente a los muchachos. El animago siguió gritando por media hora más, después mascullaba mientras se paseaba frente a ellos y por último, se detuvo, taladró con la mirada a los dos chicos y se acercó a Harry que atónito siguió la rápida mano de Sirius que se hizo con su brazo y lo jaló para que se pusiera de pie.

-A tu habitación -siseó tan terriblemente lento y amenazador que Harry no se movió.

Pero Sirius ignoró al pasmado adolescente y se giró a Teddy, el cabello del metamorfomago cambió de colores con asombrosa rapidez y su piel sufrió un efecto parecido. -Ibas a cuidarlo -avanzó un paso, Teddy se pegó al respaldo -ibas a cuidar a todos, Harry confía en ti pero casi haces que lo maten

-Yo no… no sé ni… -tragó con dificultad

-Le habías quitado la varita y… ¡dejaste que saliera sin ella!

El poco color que Teddy había logrado tomar, se fue de golpe, subió los pies al sillón. A su ver Sirius pareció un enorme perro rabioso y quizá no estaba tan equivocado. Harry dio un brinco con el grito y se giró, sin pensarlo tomó uno de los brazos que Sirius tenía en alto. Teddy no podía creer que se atreviera a hacer eso. Sirius bajó los brazos, no estaba contento, ni siquiera un poco cuando se giró hacia Harry, lo miró de la cabeza a los pies por eternos segundos, bajó el brazo.

-No lo culpes, yo me salí y olvidé mi…

-Bien, no lo culpo, te saliste, es tu culpa -siseó con la vista fija en los confundidos ojos verdes que lo miraban -y te atienes a las consecuencias - esta vez apenas le salió un susurro.

Aunque Harry seguía confundido, Teddy conocía perfectamente ese tono y esas palabras, dio un brinco cuando Sirius agarró a Harry del brazo y tiró de él, bajó los pies al piso sin creerlo, se puso de pie con la mano estirada en un mudo gesto del que apenas fue consciente, su boca casi cae al piso al ver como Sirius salía arrastrando al muchacho.

-Ay… Harry me va a matar como recuerde eso -masculló atónito

- ¿Qué hacías en el noveno nivel del ministerio?

Teddy se giró hacia su padre que de brazos cruzados lo miraba, estaba sentado aún y tenía los pies sobre la mesita de en medio.

- ¿D-dónde?

-La sala de la muerte

Teddy se dejó caer en el sillón, por un momento, tan solo menos de un segundo le pareció mirar una sonrisa ladina en ese rostro que ahora estaba serio.

Arriba, Sirius había llegado a la habitación de Harry, abrió de golpe y entró, interrumpiendo la animada charla que por fin habían podido armar los adolescentes. James se puso de pie de un brinco, se miraba aliviado.

- ¡A fuera!,

Todos salieron corriendo, ni siquiera James se atrevió a tentar su suerte. Solo murmuró un "lo siento" al pasar junto a Harry. Llegaron a la estancia, James solo asomó la cabeza y se fue de largo hacia la cocina, se sentaron en absoluto silencio, todos se miraban. Podían escuchar el tranquilo sermón que tenía Remus y a los chicos de esa época les parecía que se divertía pero les preocupaba más el grito de Sirius cuando llegaba arrastrando a Harry y que ahora no escucharan… el rugido que Sirius dio arriba les heló la sangre, cortó el sermón de Remus y apareció junto a Teddy, los dos miraban el techo; Remus parecía más sorprendido que todos juntos.

- ¡No!

Después Harry contestó con otro grito, algunas maldiciones de Sirius, más gritos de Harry que se opacaron rápido por los de Sirius, después un ruido extraño que Teddy interpretó como un golpe y apesadumbrado se dejó caer en el piso a falta de Silla –ahora sí que estaba muerto – el muchacho suspiró y de arriba solo les llegó el terrible silencio.

-Ahora menos me perdona -James se unió al suspiro de Teddy

-Vaya -fue lo único que Remus murmuró, seguía mirando al techo, un momento después bajó la mirada y se giró hacia las maldiciones que le llegaban en susurros.

Sirius Black entró rojo, maldecía y los muchachos aseguraron que si su mirada se posaba en alguno de ellos por más de dos minutos, podría matarlos así que lo miraban pero tenían buen cuidado de no hacerlo de forma directa.

-Esa… habitación -respiró hondo y taladró a cada uno -está… vetada… -fue a la alacena, sacó una botella de whiskey de fuego y se encaminó a la puerta, pero se detuvo justo en el marco -y el que entre -volvió a mirarlos a cada uno -me…lo…como -gruñó y con un trago de whiskey salió bufando.

-Muerto, estoy muerto -el metamorfomago echó la cabeza contra la pared, suspiró a punto de llorar y miró a su padre - ¿lo castigó? Sirius -lo estremeció un escalofrío - ¿castigó a Harry?

Remus lo miró, intentó sonreírle pero terminó alzándose de hombros y siguió a su amigo. Los chicos lo siguieron a él hasta la biblioteca y con todo el cuidado que pudieron, los gemelos desenrollaron las orejas extensibles pero de igual forma, solo les llegaban gruñidos de Sirius.

- ¿Qué hiciste?

-Mrnñslodf

-Vamos Sirius ¡Ya te acabaste la botella, dame acá!

Los muchachos pegaron un brinco cuando la botella se fue a estrellar contra la puerta, se congelaron en la posición que estaban cuando ésta se abrió, Sirius Black pasó bufando, ni siquiera los miró. Remus que salió casi corriendo, los mandó a hacer algo -lo que fuera- muy lejos de Sirius, ni siquiera había logrado saber por qué estaba tan furioso, no era común en él esa forma de actuar. Era la última persona que imaginaría castigando o siquiera regañando a alguien. Estaba seguro de que no le importaría que ese alguien lo hubiera dejado calvo por una muy mala broma y jamás había aceptado bromas respecto a eso.

Cuando la señora Weasley los llamó para cenar, evitaron sentarse junto a Sirius que seguía de mal humor aunque para sorpresa de todos, Harry llegó y se sentó en la silla a la derecha de su padrino, con una increíble tranquilidad comenzó a comer.

-Harry -murmuró Sirius casi media hora después, solo quedaban los muchachos, Sirius y Remus en la mesa, el resto de adultos habían desaparecido por la casa.

-No

-Harry -masculló con voz contenida, nadie entendía lo que ocurría pero Harry se miraba tan sereno y Sirius se enfurecía cada vez más.

-Dime entonces, quiero saber

-Nada...

- ¡Tengo derecho a saber!

-No sé de que hablas, tú vas a...

- ¡James lo dijo!

Se puso de pie de un brinco, señalaba a James y éste ante las miradas de los demás se encogió en su lugar, se apresuró a negar con la mirada fija en la pequeña pelirroja.

-Y por la forma en la que actúas, supongo que es verdad así que lo haré -se alzó de hombros, dejó plato y vaso en el fregadero y salió de la cocina. Sirius se apresuró a seguirlo y los demás a ellos. Teddy había perdido el color, miraba alrededor y suspiraba cada dos por tres. Se rascó con desesperación la cabeza, no tenía tiempo para nada de eso.

- ¡Harry Potter!

Todos corrieron, Sirius gritaba a los pies de la escalera y no le importaba que su querida madre le hiciera segunda.

- ¡Demonios, demonios, ya cállate vieja arpía!

Gruñendo más maldiciones fue al retrato, cuando volvió, todos lo miraban.

- ¡Está castigado y no le importa!

-Al menos te obedeció, está en su habitación

Le lanzó una mirada amarga a Remus que intentaba sonreír.

-Preferiría que me tirara a loco y saliera -se tiró del cabello, su visión periférica captó a James y se giró a él - ¡tú, ven acá!

- ¡No hice nada, lo juro!

El chico había dado un brinco, estaba pegado a la pared del angosto corredor, no se pudo mover cuando Sirius se acercó y lo tomó del brazo, se agachó un poco hasta que sus labios acariciaron la oreja de James cuando susurró.

-No sé cuándo le dijiste que yo moría -respiró hondo, esos ojos grises refulgían de furia, lo miraba de lado, tanto que el muchacho apenas logró tragar saliva, por poco se echa a temblar -pero vas a subir y a convencer al terco de tu padre de volver al colegio, no tengo idea de cómo lo vas a hacer pero quiero que me diga que volverá o... me vas a conocer molesto y te aseguro que en este momento te miro como un niño de siete años. Teddy a la biblioteca, ahora.

Se irguió lentamente, taladró con la mirada al peliazul que se apresuró a asentir, dio media vuelta y se alejó pisando fuerte. Los demás miraron a James, el muchacho estaba pálido, se frotó el rostro con las dos manos, después se despeinó casi con violencia y subió los escalones. Ginny fue la primera en seguirlo.

Al llegar a la habitación que Harry compartía con Ron, la puerta estaba abierta por lo que se asomaron. El muchacho leía acostado en su cama, se miraba tan tranquilo que más se confundieron.

-Harry

- ¿Me vas a decir la fecha?

-No puedo, ni siquiera lo sé...

-Entonces no importa lo que digas James, ¿no les dijo Sirius que no entraran? Estaba muy molesto

-Por favor Harry, tienes que entender que...

-No me interesa James, gracias

- ¡Soy un idiota!

-Eso lo sabemos, pero ahora exactamente por qué hermano

Albus se adelantó unos pasos de su hermano, entró a la habitación y se paró de tal forma que pudo ver a Harry acostado y a James de pie en el umbral.

-No quiere volver al colegio porque...

Hermione y Rose ahogaron un grito de sorpresa, Ron abrió mucho los ojos y Ginny solo miró a Harry que se había sentado.

-Evitaré que Sirius muera, no me dicen cuando es así que no me separaré de él

-Harry tienes que pensarlo bien

-Lo hago Hermione

- ¿Qué ejemplo le das a tus hijos?

-Afortunadamente tengo quince años, no hay razón para que actúe como un adulto responsable -y volvió a tumbarse en la cama.

-Podrían...

Todos a excepción de James miraron Ginny, la pelirroja se adelantó unos pasos, se agachó para pasar bajo el brazo que James tenía en la puerta. Fue hasta Albus y le dio un beso en la mejilla, había algo en esa mirada verde cuando ella lo miró, no sabía que era pero no era la desesperación en la mirada avellana de James, era como si comprendiera, como si él pensara lo mismo.

-Tranquilo, ¿podrían dejarme a solas con Harrry por favor?

Hermione agitó la cabeza para despejarse, conocía a Ginny lo suficiente así que jaló a Rose y a Ron. Albus no se movió sino hasta que su futura madre le acarició el brazo.

-Anda Al, por favor sal -dio media vuelta y fue hacia James, se paró de puntillas, él automáticamente se inclinó y puso la mejilla. La pelirroja lo besó y acarició el cabello -ve James...

-No, no, no, si salgo Sirius me mata, él dijo que me miraba como un niño de siete años y a como yo entiendo eso él es capaz de... no, no, no...

-Albus, llévate a tu hermano, parece que le va a dar un ataque -fue de nuevo al centro de la habitación, le sonrió a Al, Harry sentado sobre su cama solo miraba, no entendía a donde iría todo eso, él ya había tomado una decisión y no cambiaría por nada del mundo.

Albus parecía acostumbrado a eso por lo que asintió y salió empujando a James. La pelirroja respiró hondo y se giró hacia Harry.

Teddy se paseaba en la estancia, tenía ganas de estrangular a James, pero tampoco podía quedarse a hacer eso. Maldijo al verlos bajar, fue a la puerta y salió. Caminaba en silencio, pensando en las instrucciones que Harry le había dado, no sabía que estaba pasando o por qué pero tenía que hacer algo si los demás se enteraran... suspiró, necesitaba ayuda pero no podía pedirla porque Harry estaba en una pequeña crisis y no se atrevía a pedirle a Albus o a James, aunque a James no podía, necesitaba a alguien menor... respiró hondo, no le quedaba otra opción que compartir algo más con Albus Dumbledore, su padrino confiaba mucho en él pero según lo que había visto hasta el momento, no estaba seguro de si era o no confiable.

-O tal vez sea mejor si espero a ver si Harry sale de la crisis, casi tengo lo primero, solo necesito información sobre los horrcruxes.

Se cubrió con su capa de viaje y desapareció.

En la estancia de la casa Black, James estaba sentado sobre el reposabrazos y miraba a su alrededor con el menor ruido. Ginny ya tenía casi una hora con Harry y Sirius podía aparecer en cualquier momento, si estuviera en cualquier otra situación habría podido aprovecharse y burlarse un poco de sus padres, con Ron ahí y los otros dos en una habitación… sacudió la cabeza cuando una sonrisa se dibujaba en su rostro, suspiró y casi se ahoga con el aire al ver lo que más temía, Sirius Black lo miraba de brazos cruzados.

- ¿Qué haces ahí sentado?

-Yo… yo n-no… ella… e-lla me dijo…

Se puso de pie de un brinco, intentó alejarse lo más rápido posible pero de alguna forma muy poco probable, Sirius se hizo con su brazo y lo taladraba con esa furiosa mirada plateada a escasos centímetros. Ni siquiera pudo tragar saliva u oponerse, Sirius comenzó a jalarlo. James solo podía pensar en que ni siquiera su padre había hecho lo que estaba seguro que Sirius pretendía hacer.

-Es tan terco.

Se giraron hacia la voz que James sintió su salvación.

-Dice que volverá si hay una forma de comunicarse contigo y si le prometes que no vas a salir, que si intenta comunicarse y no le contestas se va a aparecer aquí, no sé como pero siendo Harry seguro encuentra la forma.

Se dejó caer en un sillón y James corrió hacia ella en cuanto Sirius salió murmurando molesto cosas sobre ordenarle a él y otras más que al muchacho no importó poner atención, esa hermosa y pequeña peligrosa pelirroja lo acababa de salvar.

Mientras James llenaba de besos a quien algún día se convertiría en su madre, muy lejos de esa tranquilidad, pasando lagos y montañas donde algún día alguien habitó esa desvencijada cabaña, el mar golpeaba contra la roca y esa era el único ruido que el habitante de la fría habitación podía escuchar. Era una pequeña figura encogida contra la pared, tenía cubierta la cabeza, las manos atadas a su espalda y sus pies descalzos bien sujetos. Temblaba entre la humedad y el frío. Se encogió aún más contra la pared cuando unas botas se detuvieron junto a ella, unas manos toscas levantaron la cubierta dejando descubierta solo la boca.

-Abre -era una enorme figura la que se agachó y sacó una cucharada humeante de un pequeño tazón que casi se perdía en su mano. Pero contrario a lo que le ordenaban, el pequeño cuerpo se estremeció y apretó los labios -como quieras -arrojó el plato contra la piedra, el olor del pollo hizo que le rugiera el estómago y amargas lágrimas se perdieran en la capucha. La figura se alejó en un bote.

Teddy estaba sudando, jamás se había sentido en tantos problemas como en aquel momento. Pegado contra la pared del despacho de Sirius Black, miraba a las tres personas que tenía enfrente. Su padre detenía con mucho esfuerzo a Sirius que parecía un enorme perro rabioso dispuesto a lanzarse contra su yugular, aunque el que lo abrazaba no tenía mejor apariencia y el profesor Dumbledore, echó un vistazo hacia él y se arrepintió, si le había parecido que ese hombre no podía molestarse con su infinita paciencia y esa sonrisa que en ocasiones lograba exasperar, ahora sabía que las personas que eran como él, tan amables y sonrientes, cuando se molestaban era el doble de su amabilidad y desde ese momento, prometió no hacerlo enojar de nuevo… a nadie, si salía vivo lo cumpliría. El chico tragó saliva y se pegó más a la pared.

- ¿No te dijo Harry que le dijeras todo?

Rugió Sirius, el muchacho pegó un brinco, se le había escapado a su padre pero pareció que solo era para asustarlo porque lo detuvo de un brazo y volvió a abrazarlo. Apenas pudo asentir con la cabeza.

- ¿Y por qué no lo hiciste?

Pensó en decir que no confiaba en el hombre que lo traspasaba con esa furiosa mirada azul, pero casi pudo sentir la mordida en la yugular así que solo se alzó de hombros.

- ¡Suéltame Remus! ¡Le voy a enseñar a ser responsable!

A Teddy se le escapó una risita y un "¡ja!" inconsciente que tan pronto dejó sus labios se arrepintió de haber dicho, sus ojos se abrieron como platos, su padre lo miró y deliberadamente abrió los brazos, él dio media vuelta e intentó correr pero una mano lo tenía sujeto de la túnica y unos labios le susurraron al oído.

-Comienza a hablar y será mejor que sea todo o sacaré la verdad como si fueras un niñito. Ahora tu padre no va a detenerme ¿no?

Echó un vistazo al hombre que sonreía de lado ¿por qué rayos sonreía? Lo arrojaron al frente –de nuevo estaba en medio de todo- él solo miró a los tres hombres y asintió.

-Mi misión no es exactamente proteger a todos… bueno sí lo es pero eso es porque…

-El secuestro -lo interrumpió Remus.

-Sí papá, Harry no quería que secuestraran a alguien más y me mandó a pagar el rescate…

- ¡Y pensabas llevarte a Harry de nuevo después de lo que acaba de pasar!

Teddy suspiró, intentó bajarse el corazón de la garganta, agradeció a su padre que volviera a detener a Sirius. Maldita la hora en la que se le había ocurrido ir a hablar con Harry sin darse cuenta de que ya había hecho las paces con Sirius y que éste estaba justo tras él, a la próxima le pondría atención a los gestos de Harry. Volvió la vista hacia Black.

-Ne-necesito a alguien menor de edad para poder… y Harry es muy bueno para defenderse…

-No puede hacer magia fuera del colegio

-Pero yo sí y lo protegeré, jamás dejaría que algo le pasara… además, Harry puede decidir por sí mismo si quiere…

-No, no puede -Sirius avanzaba un paso con cada palabra que decía y Teddy retrocedía otro -soy responsable de él y es un niño, tiene derecho a saber lo que ocurre respecto a su vida y lo que lo involucre pero no pondré en riesgo su seguridad y ¡tú no volverás a sacarlo a escondidas! ¿Me has entendido Lupin?

Teddy no supo cómo pero Sirius estaba pegado a él, le hablaba tan cerca que no podía dejar de mirar sus labios lanzando amenazas.

-Si vuelves a sacar a Harry sin mi permiso, no le diré nada a él, tú vas a ser responsable y te trataré como un niñito de cinco años o… -se irguió en toda su altura, cruzó los brazos y sonrió de forma tétrica, Teddy jamás había visto una sonrisa así y sintió escalofríos -como un adulto, no sé cómo lo prefieras.

- ¿Profesor?

-Nada Remus, necesito pensar en lo que me acabo de enterar, si me disculpan…

Estupefacto, Teddy miró al profesor Dumbledore que desaparecía en la chimenea. Bufó exasperado.

-James tiene razón, ese hombre no es de fiar, no sé cómo Harry confía tanto en él…

-Teddy -Remus miró con sorpresa a su hijo, pero el muchacho ya olvidando las amenazas, se giró hacia los otros dos y con un suspiro habló:

-No puedo esperar a que él termine de pensar en todo, puede morir de un momento a otro y eso jamás me lo perdonaría. Lamento no escuchar tus amenazas Sirius y puedes castigarme como quieras pero necesito que Harry me ayude a…

- ¿Dónde vas a buscar?

Teddy que ya iba a la puerta, se detuvo en seco con la tranquila pregunta de su padre. Era verdad que tenía el rescate, pero aún no había encontrado información sobre horrcruxes y Harry no podía saber algo sobre eso si el profesor Dumbledore se miraba tan sorprendido un momento antes. Se giró y enfrentó lo que imaginó sería una mirada burlona, pero Remus parecía triste y Sirius molesto miraba la chimenea, aún con la vista ahí, habló:

-El profesor nos dirá algo, ya casi han pasados los dos meses, estoy seguro de que cuando pasen podrás saber dónde buscar y veremos si llevas o no a Harry.

Teddy asintió, dando por terminada la charla, se retiró. Por el resto del día no salió de su habitación porque quería pensar en todo eso y porque en cuanto alguno de los muchachos lo miraban lo acribillaban a preguntas.

El profesor Dumbledore no volvió ni contestó sus cartas por dos semanas, le frustraba que su padre asegurara que podían confiar en él aunque no tuvieran noticias.

El día en que todos volvían al colegio, Teddy por fin explotó. Se le terminaba el tiempo, en un par de días se cumplirían los dos meses del secuestro y entonces… no, no pensaría en eso. Agarró su capa y se aseguró de tener la varita, pero antes de que pudiera entrar a la chimenea, el profesor Dumbledore apareció por ahí. Se miraba demacrado, como si le hubieran caído todos los años encima, tenía enormes ojeras y quizá hasta estaba más delgado pero sonreía.

-Les he traído el traslador -sonrió el anciano mirando tras Teddy.

James corrió hacia él, Albus reía con Rose. Ron y Hermione miraban a Harry que a su vez miraba a Sirius.

-No me moveré, llevas el espejo, solo tienes que decir mi nombre.

Harry asintió pero no se miraba muy convencido. Los gemelos Weasley y James fueron los primeros en tocar el traslador, después los demás. Ginny jaló a Harry y le puso la mano sobre el traslador.

-Nos vemos en vacaciones de pascua

Sirius agitaba la mano con una radiante sonrisa cuando el traslador se activó, cuando desaparecieron, se giró hacia Teddy.

-Profesor Dumbledore -murmuró el muchacho con cuidado -lamento lo de la vez pasada yo…

-Comprendo que el tiempo pasa diferente para los jóvenes, no te preocupes… ahora explícame porque crees que Tom participa en esto…

-No es que sea él señor, sino que… Harry cree que son seguidores que lo odian, nos tienden una trampa pidiendo dinero muggle pero Harry está seguro de que son magos, por eso me envió. Él investiga en nuestro tiempo mientras aquí yo intento… ¡Merlín, se me acaba el tiempo, matarán a…!

-Tranquilo, tranquilo, podemos ir a dónde yo pienso que es. Según la señorita Tonks…

- ¿Mandó a mi madre a investigar siendo… cómo es?

-Le diré eso -rió Remus, Teddy lo miró con una sonrisa de disculpa

-Es muy hábil para unas cosas aunque haya reprobado sigilo en la academia -esta vez fue Sirius quien rió y el viejo director se unió a ellos poco después.

-La señorita Tonks me dio los mejores informes y ha visto cosas sospechosas rodeando ese lugar. ¿Vamos? Y no necesitas a alguien menor de edad.

Teddy sonrió, tomó el brazo que estiraba el anciano y sintiendo dos manos más sobre su hombro se dejó llevar en la aparición conjunta. Estaba lloviendo y hacía frío donde aparecieron, era un viejo muelle, a lo lejos se podía mirar un pequeño peñasco demasiado inclinado, no parecía tener un lugar plano.

-Es ahí -anunció Dumbledore señalando el pedazo de piedra en medio del mar -sería peligroso si aparecemos amontonados así que…

- ¡Padfoot, padfoot!

El profesor se interrumpió y divertido se giró hacia el animago que maldecía buscando entre sus ropas.

-Hola Harry -sonrió, se acercó tanto el espejo que esperaba no se pudiera ver nada más que su rostro, se alejó unos pasos para que no escuchara a los demás. Se sentía como un niño haciendo una travesura.

-Bueno, ya que el señor Black se desocupe -comentó divertido -podremos aparecernos por nuestra cuenta ahí pero tengamos cuidado porque…

Teddy lanzó una disculpa en un suspiro y desapareció, no podía esperar más, si estaba ahí, tenía que ir, ya lo regañarían después.

-...podría tener alarmas de algún tipo -con un suspiro miró donde el joven acababa de desaparecer

- ¡TED!

-Ve, yo esperaré al señor Black que parece contrariado -demasiado divertido para la situación, señaló a Sirius que hacía lo posible por cortar la llamada de su preocupado ahijado.

- ¡El dinero!

-Aquí está -con cuidado sacó una bolsa de entre su túnica, la arrojó hacia una piedra cuando se lo ordenaron.

La bolsa desapareció tan pronto tocó la piedra.

-Ahora denme a…

Un empujón lo interrumpió, se reventó la boca contra la piedra. Se agitó para liberarse del peso y reclamar pero la mirada molesta de Remus lo distrajo, no lo miraba a él pero aún así era para temer. El licántropo se puso de pie con lentitud, su varita se movía con una habilidad que el muchacho no estaba seguro haber visto antes. Se sentó embobado, no miraba nada más que a su padre que luchaba.

-Déjame algo Mooney.

La risa de Sirius lo hizo desviar solo un poco la mirada, los dos hombres peleaban de forma increíble, espalda con espalda, poco más allá el profesor Dumbledore se batía contra rayos de colores que provenían de diferentes direcciones.

- Teddy, ¿te golpeaste muy fuerte?

- ¿Eh?

Parpadeó confundido, su padre se había agachado y le revisaba la boca reventada, volvió a parpadear cuando le pasó por la herida un trozo de tela húmeda, ni siquiera logró hacer la mueca que se imaginó debía hacer, se perdió en esos ojos dorados que tanto había deseado mirar de cerca. Tenía un gran padrino y a su abuela, amaba su vida y estaba orgulloso de sus padres que se habían sacrificado para que él viviera, para darle un mejor lugar donde vivir… pero por un momento al ver esa expresión preocupada, deseó decirle que no muriera, que quería conocerlo y crecer con él, abrió la boca pero solo se le escapó un sollozo y se abrazó a su padre.

-Buen momento para ponerse sentimental -masculló Sirius, sudaba protegiendo el cuadro familiar. Remus movió la mano hacia una de las piernas del animago - ¡ay maldita sea Remus!

Renqueando se alejó un poco y prefirió ponerse frente a ellos. Por más magos que derribaba más aparecían y ni siquiera estaban seguros de que fuera el lugar indicado.

-Lo-lo siento papá yo no sé qué… -se limpió el rostro avergonzado

-Descuida Ted, ¿qué te parece si vas a la choza y ves si es el lugar?

Asintió rápidamente, intentó pararse pero su padre lo volvió a tirar.

-Cuidado Teddy, anda -le hizo una señal con la cabeza y fue cuando miró a su alrededor.

El pequeño peñasco estaba atestado de magos que no conocía, se protegió de un rayo y echó a correr. Debía admitir que eran buenos y si se comparaba con ellos en verdad parecería el niñito de cinco años al que Sirius se refería. Suspiró, mandó a volar a dos sujetos pero otro apareció frente a él, era enorme, estrelló un tazón junto a él y se lanzó a los puños. Teddy apenas logró esquivarlo, intentó levantar su varita pero el tipo lo arrojó de espaldas, le había estampado el puño en la cara. Para cuando logró ponerse de pie ya lo tenía enfrente y lo levantó de la túnica hasta que sus caras estuvieron a escasos centímetros.

-Te… apesta… la… boca…

El sujeto sonrió y le regaló dos golpes en el estómago, lo dejó sobre el suelo y se puso como si fuera a levantar un gran peso. Teddy apenas lograba respirar, pero aún así levantó la varita y lo siguiente ocurrió en un parpadeo, le reventaron la otra ceja y le cerraron un ojo, cayó con violencia al suelo, el tipo mascullaba maldiciones, algo sobre él había brincado, parecía un elfo que intentaba sacarle los ojos. Le agradeció a la criaturilla y se puso de pie.

-Desma…

Su hechizo quedó a la mitad, con la boca abierta miró al hombre que intentaba quitarse al elfo de encima, agitarse, dar manotazos y en uno de ello justo tenía que tirarle la varita. Maldijo más alto que él y se tiró por la varita que acababa de partirse bajo el enorme pie. Se sentó sin creerlo y en medio de la lucha se quedó ahí mirando la varita y las finas hebras que salían de ella. Casi se pone a llorar y lo habría hecho si el tipo no hubiera dado un alarido de dolor, una pequeña parte de él se alegró pero la mayor parte tenía la atención en su varita.

- ¡Ted!

Remus y Sirius llegaban corriendo, parecían haber terminado con la pelea, incluso el enorme sujeto que había roto su varita se había desaparecido, solo miró los pies del elfo cuando se acercó a él.

-Mi… es…

- ¿Revisaste la casa Teddy? ¿Teddy?

Levantó el rostro apesadumbrado hacia Remus que pretendía inclinarse para llamarlo y lanzó una acusación infantil:

- ¡El tipo rompió mi varita!