Todo lo que aquí aparece pertenece a su respectivo dueño XD
Por la noche después de la reunión de la orden, Harry era el más divertido mirando a Tonks que cambiaba su cabello de color y la forma de su nariz. Reía más cuando ella le pedía a Teddy que hiciera algo parecido pero él solo hacía una mueca, le echaba un vistazo a Harry y negaba. Así pasaron la cena y cuando al terminar, la señora Weasley puso en el centro de la mesa dos enormes pasteles de calabaza, el muchacho de cabello azul fue el primero en intentar servirse un trozo, pero solo lo intentó porque dos voces lo detuvieron al mismo tiempo.
-Ted
El muchacho miró a su padrino y a su padre, suspiró y masculló algo que solo James escuchó y rio hasta que Teddy le hundió el codo en el estómago. Harry solo rodó los ojos.
-Podemos cambiar los puntos de tu castigo a ya sabes cuales.
- ¿Por qué estoy castigado a los 23 años?
-Porque no sigues las reglas que se pusieron para tu seguridad después de haber aceptado y firmado cada una de ellas
- ¿Firmado? -preguntó Hermione curiosa
-Eres una genio ¿te lo he dicho antes? -Harry le sonrió -esta vez no lo encantaste pero yo lo haré funcionar.
Hermione se sonrojó por la sorpresa pero al mismo tiempo se puso a pensar, el moreno le guiñó un ojo cuando lo miró.
-Supongo que no leíste nada de lo que firmaste, ¿verdad?, tienes una copia, puedes leerlo. Te aseguro que te interesa no romper la regla 23. Ahora si me disculpan, tengo que arreglar esto con Albus, no baja desde anoche y no sé si ha comido algo.
-No lo ha hecho -murmuró James sin intención de acusar a su hermano, pero empezaba a preocuparse.
Harry respiró hondo, fue al fregadero y se sirvió un vaso con agua, lo bebió a pequeños sorbos, quería tranquilizarse más aun, sabía que Albus arrepentido podía llegar a ser un Albus molesto en cuestión de segundos y entonces él sería un padre molesto y no quería llegar a eso. Con paciencia armó emparedados con las sobras. Ni siquiera le importó el que los gemelos Weasley se burlaran sobre cuantas barras de pan tenía que comprar. Eso era una costumbre que le había ayudado a llegar a sus hijos, todo era mejor con comida. Puso los emparedados en una charola junto con un vaso y una jarra de jugo de calabaza. Subió al piso superior mentalizándose, se paró frente a la puerta de la habitación que compartían sus hijos y llamó.
-Al, abre por favor
Como esperaba, no obtuvo respuesta. Siguió insistiendo.
-Albus, vamos a empezar mal esto, abre la puerta… -esperó por tres minutos, respiraba hondo y cada minuto lo hacía más rápido, hasta que: -¡Albus Severus Potter!
Hizo lo que no quería, lo que había estado intentando evitar, ahora estaba molesto. Señaló la charola con su varita y la dejó flotando junto a él, después abrió la puerta con un movimiento de varita. Respiró hondo intentando de nuevo tranquilizarse, pero el intento fue en vano, el aire se le atoró a la mitad… la habitación estaba vacía, ese bulto en la cama estaba demasiado deforme como para ser su hijo, lo desbarató con una floritura.
- ¿Al, hijo?
Nadie le contestó, miró debajo de las camas, en los armarios e incluso dentro de los baúles. No, su hijo no estaba ahí. Sintió algo frío recorrerlo desde sus pies hasta su cabeza y ahí se calentó. Regresó corriendo, bajó los escalones casi de un brinco, patinó al llegar a la estancia.
- ¿Está Albus por aquí? James, si es una broma, acabo de perder la última gota de humor que me había dejado Ted
- ¿Yo?
Teddy que había por fin convencido a su padre para dejarle comer una rebanada de pastel, se giró ofendido con el tenedor en la boca. Con gran trabajo tragó saliva, Harry se miraba simplemente aterrador, no se podía comparar a cuando tenía trece años, no, jamás había visto a su padrino de esa forma. Miró a James que de un paso acababa de ponerse tras Ginny. Hermione y la pequeña pelirroja se quedaron en silencio, un aguijonazo recorrió el corazón de la castaña, ella conocía muy bien a Harry y el adulto era igual que el adolescente, estaba molesto de verdad pero había más, era terror o algo peor lo que miró en los ojos verdes.
- ¿Qué pasa compañero? -Ron sorprendió a Hermione al ponerse de pie, parecía haberse dado cuenta de los sentimientos que recorrían a Harry y él pareció agradecerlo.
-Albus no está en la habitación, ¿James?
-No lo he visto desde la mañana que me leva… -abrió mucho los ojos, se quedó con la boca abierta, después hizo una mueca como si lamentara algo.
-James
-Bueno es que…
De dos zancadas llegó hasta su hijo, lo sujetó de los hombros y esperó.
-Hijo por favor, tu hermano no está y dudo mucho que ande por la casa
-Es que… dijo algo sobre… lo siento papá, no le tomé importancia -preocupado levantó la mirada hacia su padre -estaba tan molesto ayer que creí que solo quería hablar sin que le pusiera atención como siempre pero dijo… -se rascó la cabeza -que si terminaba con todo podríamos volver a casa y dejarías de arri-esgarte y esta mañana no le hablé porque anoche me mandó a la… bueno, no quiso comer nada, cuando me levanté estaba envuelto en la ropa de cama y solo bajé, creí que estaba molesto.
El adulto sintió que las piernas dejaban de responderle, James se asustó al sentir el peso de su padre de golpe. Sirius se apresuró a sujetarlo y entre él y Remus lo dejaron en un sofá. Hundió el rostro en sus manos, se jaló del cabello poco después. Su mirada aterrada fija en un punto lejano.
-Tal vez está por la casa -sugirió Ginny, se limpió un par de lágrimas que se le habían escapado al mirar a Harry de esa forma
Harry se soltó el cabello, se quedó mirando impotente sus manos que temblaban.
-Iré a buscarlo, si sabe algo debe haber leído mi cuaderno, tengo anotado lo que nos falta -dijo Teddy, olvidó el pastel a medio comer y salió corriendo.
Remus hablaba por la chimenea y Sirius organizaba a los muchachos para revisar la casa. Dejaron a Harry mirando sus manos. Se armó una revolución de pies y todos se desaparecieron por la casa, solo el animago regresó y se sentó junto a su ahijado, le apretó con fuerza el hombro pero Harry no se movía, su cerebro lanzaba los peores escenarios donde torturaban a su hijo, los mejores fueron donde lo mataban y le pedían rescate.
-Lo vamos a encontrar…
-No está en la casa, Albus no es como yo -susurró, su voz estaba a punto de quebrarse -debí haber subido tras él pero Teddy… ¡maldita sea! -se tiró del cabello furioso, desesperado, aterrado.
-Harry
Se giró y se aferró a su padrino, el hombre le palmeó torpemente la espalda intentando reconfortarlo, imaginó que estaba en su lugar y el que podía estar en peligro fuera su ahijado y ahí se dio cuenta de lo diferentes que eran. Harry no quería perder lo que con tanto trabajo había logrado, su familia lo era todo para él y para Sirius también lo era pero actuaban de forma diferente. Se puso de pie y jaló a su ahijado, estuvo a punto de abofetearlo y lo habría hecho de no haberlo visto tan destrozado, solo lo agitó.
-Ve a buscarlo, si está en peligro ve a salvarlo no te quedes aquí lamentándote... ¡Potter!
Harry levantó la mirada.
-Actúa como el Harry Potter que conozco y el que yo conozco tiene quince años.
-Ese Harry Potter no ha perdido a tanta gente como yo -murmuró, se soltó del agarre de Sirius y volvió a sentarse.
- Cobarde
La mirada de Harry ardía en furia cuando la levantó hacia Sirius
- ¡No sabes por lo que he pasado, lo que he perdido!
- Tus padres dieron su vida por ti
- ¡Y yo lo haría por mis hijos! -se puso de pie de un brinco, apretó el puño contra su pierna para no golpear a Sirius.
- ¡Demuéstramelo!
-Estoy en el cuerpo de cuando tenía quince años ¡no debe pasarme nada! -gritó, volvió a jalarse el cabello.
-No tienes por qué dejarte morir, solo ve y búscalo, encuentra a tu hijo y después lo puedes matar. Anda, anda -lo empujó hacia la puerta. Harry sonrió, asintió y con un movimiento de cabeza en agradecimiento a Sirius, salió corriendo.
Apareció en un bosque, lo recordaba por lo que había pasado ahí cuando tenía 17, sabía que la espada no podía estar ahí pero aun así sintió la necesidad de ir, había marcado ese lugar como especial en el cuaderno de Teddy. Recorrió los alrededores pero no encontró ni una señal de que alguien hubiera estado ahí antes que él. Frustrado se sentó sobre un tronco caído. ¿Qué más? ¿A dónde más podría haber ido? ¿Qué era importante? Se estrujó el cerebro pensando. Ya había revisado el banco y la cueva… repasó los horrcruxes que le faltaban y de pronto lo supo, Hogwarts… lo único en lo que podía interferir estaba en Hogwarts, casi respiró tranquilo, si su hijo estaba ahí no podía estar en peligro. Estaba por desaparecerse con rumbo al castillo cuando una sombra plateada lo distrajo, un lobo se le acercó, sintió el alma en los pies al reconocer el patronus de Teddy.
"Atacan Hogsmade"
Ni siquiera había desaparecido el patronus cuando Harry apareció en el pueblo. Maldijo lo más fuerte que pudo y rogando porque su hijo no estuviera en el centro de todo, apareció una capa blanca, se puso la capucha y corrió con la varita en ristre.
No eran mortífagos los responsables, tan pronto se acercó al centro del pueblo sintió frío, el suelo empezaba a cubrirse por hielo, respiró y pudo ver el vaho condensándose cada vez más. Eran demasiados dementores, estupefacto invocó un patronus y se acercó. El ciervo imponente corrió hacia ellos, el mago miró sin creer como batallaba para abrirse espacio.
- ¡Harry! -respiró tranquilo al ver a su ahijado acercarse, él también lanzó su patronus hacia el frente.
- ¿Qué pasa?
-No sé Harry, no hay nadie más, los lugareños intentan defenderse allá atrás
-Esto no pasaba, el único recuerdo que tengo de dementores en mi quinto año es el del verano.
Tuvo que guardar silencio, el aire lo abandonó por un momento. Abrió los ojos con sorpresa, no se había dado cuenta de que iban perdiendo terreno y estaban rodeados. De repente una mano llena de pústulas salió de la capa, lo golpeó arrojándolo lejos y con la otra mano agarró a Teddy, que de repente se sintió terrible, la tristeza lo inundó tan rápido que su varita resbaló y rodó por el suelo alejándose terriblemente lento. Había luchado tanto por superar el mirar vivos a sus padres y no poder hacer nada para evitarles la muerte que solo necesitaba un poco para deprimirse y desear gritarles que se quedaran en casa el día de la batalla y todo eso lo sintió de pronto, todo lo inundó con tal eficacia que se dejó llevar, miró la nada dentro de la capucha, los ojos se le cerraron mientras en su cabeza resonaba la desilusión de su padre.
- ¡Teddy! ¡Ted! -Harry mandó su patronus hacia su ahijado pero una imponente pared de dementores lo bloquearon. - ¡No! ¡A Teddy no! -olvidó que era un mago, el deseo de salvar al muchacho lo movió, se levantó y corrió hacia los monstruos que intentaban arrebatarle su vida, porque entre ese muchacho desobediente, sus hijos y su esposa, formaban su vida y ellos eran gran parte de lo que lo mantenía en pie cada día.
Mientras el mago luchaba a mano limpia contra los dementores, en Grimmauld Place, Sirius gruñía todas las maldiciones que conocía. Los muchachos habían revisado la casa entera cerca de diez veces, la orden recorría los puntos que Teddy les había dicho y Remus evitaba que Sirius saliera y por eso mismo él maldecía más. Los gemelos Weasley comenzaron la búsqueda de nuevo, Ron y Hermione se les unieron poco después, quizá estaba dentro de un baúl que no habían revisado. Rose se había hundido en un rincón y sentada en el piso sollozaba. Lily sentada en los escalones solo miraba. James recargado en la puerta de la estancia miraba hacia el pasillo, Ginny veía la puerta cerrada como si esperara que de repente se abriera y Albus le sonriera… se abrazó con fuerza cuando la perilla de la puerta se movió, James se acercó a ella al ver que temblaba, era la décima o vigésima vez, solo sabía que eran muchas las veces ya que ella se emocionaba y solo era alguien de la orden que volvía por nuevas órdenes. Abrazó a su futura madre y la llevó hacia la estancia, hasta él se sorprendió que se dejara guiar. No voltearon cuando la puerta se abrió.
- ¡Lupin! -gritó Severus Snape entrando, poco le importó que la madre de Sirius empezara a gritar y cuando éste apareció gruñendo, olvidó el retrato al ver a la persona que más odiaba en el mundo entrar pálido, apenas lograba mantenerse en pie, por un lado cargaba a Teddy medio inconsciente y por el otro Harry se recargaba en él, estaba más pálido que Snape y aun así intentó dar un paso pero se desplomó, cayó a los pies de Sirius. - ¡Lupin!
Remus llegó corriendo con el segundo grito. Sirius se apresuró a levantar a Harry, desesperado lo llevó a la estancia, el licántropo apareció con su hijo en brazos, lo dejó en el sofá frente a Harry. Se giró hacia su antiguo compañero, que se dejó caer en el sofá de una plaza, respiró hondo. Clavó la mirada en el adulto que apenas respiraba.
-Nunca miré tanto dementor, ni siquiera cuando escapaste -echó una mirada cansada a Sirius, el cansancio fue suplantado rápidamente por incredulidad cuando volvió a ver a Harry -y tampoco a alguien que intentara pelear con los puños contra ellos, gracias Lupin -tomó el chocolate que Remus le daba, lo masticó de una. Se puso de pie, tragó el chocolate y se retiró.
-Snape -lo llamó Sirius, el mago solo giró la cabeza -gracias.
El profesor de pociones asintió levemente y se retiró mientras Harry se sentaba ayudado por su padrino, Remus le dio otro trozo de chocolate y fue hacia su hijo que acababa de abrir los ojos pero Teddy en un giro cayó del sofá y a cuatro patas empezó a vomitar. Harry casi se traga el chocolate entero, no supo de donde tomó fuerzas pero se puso de pie de un brinco.
- Papi ¿estás bien? -Lily se deslizó con agilidad y se puso junto a su padre, lo abrazó por un lado, Harry le palmeó la cabeza mientras asentía. Buscó a su hijo mayor, la mueca de miedo de James le hizo un hueco en el estómago.
Remus se había acuclillado junto a su hijo y lo detenía para que no cayera en el charco de vomito. Harry suspiró, con Lily abrazada a él se acercó a James. Le sonrió a Ginny que tenía los ojos rojos y los abrazó a los dos. Ginny solo se recargó en él pero James se aferró a su padre. Sirius después de comprobar que su ahijado estuviera bien, regresó a cerrar las cortinas del retrato que seguía gritando. Y con los gritos los que buscaban bajaban las escaleras
-Rose, cariño ven -extendió un brazo hacia la pelirroja y ella no tardó mucho en correr hacia su tío, pero se detuvo a medio camino. La puerta se acababa de abrir y escuchó a Sirius que murmuraba aunque no entendió.
-Harry -Sirius lo llamó desde el corredor aún. Él suspiró, se apartó de quienes abrazaba y fue hacia su padrino, de paso besó a la pelirroja.
-Tranquila cielo… Sirius que…
El animago sostenía un brazo y al agitarlo también agitaba al dueño del brazo. El chico desvió la mirada cuando se topó con una igual a la suya pero rápidamente buscó el origen del extraño sonido que se había escuchado cuando lo reconoció como un sollozo, pronto se vio presa de un abrazo que casi lo asfixia.
- ¿Dónde? ¿Por qué? -Harry balbuceaba aferrado a su hijo.
- ¡Papá! -asustado intentó detenerlo cuando su padre perdió el equilibrio, después de todo seguía débil.
-A la estancia -ordenó Sirius molesto, se acercó para levantar a Harry y casi a rastras porque el adulto no quería que lo cargara, lo regresó al sofá - ¡ahora Potter! -gritó desde la estancia al ver que Albus no lo seguía. -Siéntate.
- ¿Albus dónde estabas?
- ¿Qué les pasó?
-Pasó que casi los matan -James se adelantó y se plantó frente a su hermano, Albus miraba alrededor, todos lo veían molestos -por ir a buscarte cuando al parecer tú estabas de paseo aclarando tu mente ¿no?
No esperó respuesta, levantó el puño y lo estrelló en el rostro de su hermano que solo retrocedió un par de pasos, él los acortó y lo golpeó dos veces más. Antes de que su padre pudiera gritar su nombre dio media vuelta y fue a pararse a un rincón. Con la boca abierta en un grito mudo, Harry lo miró hacer, rodó los ojos.
-James no se golpea a los demás -dijo con un suspiro el patriarca Potter, a veces pensaba que su hijo tenía seis años de nuevo, así que dado el comportamiento del chico le habló como cuando era pequeño.
- ¿Ni cuando los demás se portan como tontos? -preguntó desde su rincón siguiéndole el juego a su padre.
-Ni entonces James, ¿Albus tú recuerdas lo que les pasa a los niños que se pelean?
-Sí
- ¿Qué hijo? -Harry comió otro poco de chocolate, se sintió un poco menos mareado. Albus se sonrojó hasta las orejas. - ¿Teddy puedes hablar? ¿Recuerdas que les pasa?
-Sí Harry lo recuerdo -se paró, con un poco más de seguridad se acercó a Albus -y me voy a arriesgar -imitó a James pero solo logró darle dos golpes al ojiverde antes de que Harry se pusiera de pie, lo jalara del brazo y con incredulidad le diera dos nalgadas. Teddy no dijo nada, en silencio fue y se paró mirando al rincón contrario al de James. -Merlín, denme un descanso. Albus ve a la cocina a que te cure.
El chico obedeció rápidamente, Harry miró a los dos en los rincones y respiró hondo –de nuevo –se giró hacia los demás.
-Gracias por su ayuda, Sirius ¿El botiquín sigue en la cocina?
El animago asintió lentamente, no comprendía si Harry estaba feliz, molesto, frustrado o qué.
-Por cierto -camino a la cocina se detuvo, sonrió satisfecho al ver a James y Teddy encogerse en sus rincones -si tan solo se giran, a los dos los voy a poner sobre mis rodillas enfrente de todos y no, Ted, no me importan tus 23 años. Cariño -miró a su hija -es tarde será mejor que subas a dormir.
-Sí papi, pero antes ¿puedo abrazar a Al?
- ¿No lo vas a golpear?
-No, yo sé usar las palabras para decirle que me alegra que esté bien.
Harry rio, dejó salir el temor que había sentido y se sintió ligero. Miró correr a su hija, después vio al resto que lo veía a él.
-De verdad, no sé cómo agradecerles que me hayan ayudado a…
-No tienes que agradecer compañero
-No lo mates demasiado -comentó George, Fred asintió
-No te prometo mucho, si alguien quiere algo de la cocina es ahora, porque la voy a cerrar por un momento.
Nadie se movió y él lo tomó como vía libre, siguió a su hija. En la cocina fue directo al armario, rebuscó hasta que encontró lo que necesitaba y en silencio le curó el labio y la ceja. Pronto la inflamación bajó. El muchacho miraba sus pies mientras su padre guardaba las pociones.
- ¿A dónde fuiste? -volvió a sentarse frente a su hijo, con tranquilidad esperó la respuesta.
-Salí a caminar -contestó en un murmullo.
Harry respiró fuerte, le molestó la despreocupación del muchacho, no lo culpaba por lo que le había pasado porque sabía que lo que había estado haciendo podía revolver todo, además se alegraba mucho de que estuviera bien.
-Albus Severus, mírame
Al levantó la mirada, se sintió tan pequeño, aunque su padre estuviera sentado lo miró gigantesco. Temió que la conversación infantil de hacía un momento la fuera a implementar, el estómago le dio un vuelco con el siguiente comentario de su padre.
- ¿Recuerdas lo que les pasa a los niños que salen sin permiso?
- ¿Se les quita el privilegio de salir de su habitación? -regresó la pregunta con algo de esperanza.
-Me temo que no hijo, no en esta ocasión. Porque además tenemos otras hazañas tuyas que quería tratar de otra forma pero te desapareciste…
-Papá, lo siento, en verdad lamento haberte hablado de esa forma y…
-Lo sé, lo sé, tranquilo. Sé que no querías, pero lo hiciste -Harry se puso de pie, levantó a su hijo y lo abrazó. Apretó más el abrazo, se agachó un poco y le habló al oído -esto va también para tu hermano, tu prima y para Ted así que encárgate de decirles, si siguen aquí cuando esté por terminar el año escolar, por ningún motivo vayan al ministerio junto conmigo. No quiero que se arriesguen, porque se repetirá lo que pasó el 31 de julio de hace diez años, Teddy te puede explicar lo que le pasó.
- ¿Por…?
Albus se echó hacia atrás sin comprender lo que le decía su padre, él estaba seguro de que lo iba a castigar.
- ¿Papá?
Harry se dejó caer en la silla, estaba pálido y por la mueca que tenía, parecía sufrir un gran dolor. Sacó un sobre de la túnica y se lo dio.
- ¿Puedo confiar en que me lo darás cuando tenga quince años? Solo yo debo leerlo.
-Sí papá.
-Cuida a tu hermana, hijo. No se arriesguen demasiado y arreglaremos esto tú y yo, cuando regresen -cerró los ojos, empezó a respirar con dificultad. -Ve por Sirius, no quiero que me…
Albus se apresuró a detener a su padre que acababa de perder el conocimiento. Pero tuvo que soltarlo bruscamente, su temperatura subió de golpe, el hombre cayó de la silla y en el suelo comenzó a convulsionar. El muchacho corrió a la estancia.
La transformación fue igual de dolorosa cuando el cuerpo se encogió y cuando Harry por fin despertó era de mañana. Aún tenía la enorme ropa de su padrino cuando se levantó. No había nadie y no tenía ni idea de la hora que era. Tomó algo de ropa y salió directo al baño. Se duchó rápido y bajó, quería saber lo que había pasado.
- ¿Cariño tienes hambre? -la señora Weasley fue la primera en verlo, fue hasta la puerta donde se había quedado y prácticamente lo llevó hasta la mesa. Puso un plato lleno de huevo y tocino.
Harry comenzó a comer, de pronto se dio cuenta que moría de hambre.
-Bienvenido compañero -Ron le palmeó la espalda, pareció respirar tranquilo -era muy raro.
- ¿Qué pasó con Cho?
-La regresaste a la normalidad -Lily se alzó de hombros como si el tema no tuviera nada que ver con ella.
Mientras desayunaban pusieron a Harry al corriente de lo que había pasado. Teddy y James eran los más alegres y no dudaron en agradecer en voz alta que el adulto se haya ido. Albus se mantuvo en silencio, echaba una mirada al adolescente junto a él y seguía comiendo, Harry se dio cuenta pero en ese tiempo lo había llegado a conocer lo suficiente como para saber que algo le preocupaba.
-Harry -miró a su padrino que le hablaba - ¿te sientes bien?
-Sí ¿por qué? -cuando preguntó, notó como sus amigos miraban a Albus y este se encogía.
- Por la poción
-Ah, no siento nada.
-Bien, bien, chicos suban a hacer sus deberes, las vacaciones se van a acabar y estoy segura que no han hecho nada, en especial tú Harry, cariño. -La señora Weasley dio por terminada la plática, no quería que ahondaran y no se molestó en disimularlo.
-Sí… creo que sí. -Harry fue el primero en levantarse, quería subir a su habitación y hablar bien con Ron, él no le mentiría sobre su "yo" adulto.
-Harry ¿podemos hablar? -Albus lo detuvo en la escalera, parecía triste o solo muy serio. Tomó a su joven padre del brazo y lo jaló hacia la biblioteca.
- ¿Qué pasa?
-Bueno, dentro del algunos años ¿podrías recordar que estoy demasiado arrepentido y no ser muy estricto?
- ¿Qué?
-Además, James y Teddy me golpearon -se señaló el rostro
-Pero….
-Solo recuérdalo, toma -metió la mano al bolsillo de su pantalón y le tendió a Harry el sobre que su versión mayor le había dado -dijiste que solo tú debías leerlo, no lo abrí, eso suma puntos ¿no?
-No sé de qué estás hablando Albus y ¿cómo es eso de que te golpearon? ¿No hice algo? -miró al muchacho, algo en esos ojos como los suyos hizo que reformulara la pregunta - ¿Qué hiciste tú?
-Me arrepiento mucho y te juro que no lo volveré a hacer -abrazó a Harry y se fue como si estuviera acostumbrado a ello.
Harry se quedó ahí de pie con el sobre en la mano, miraba por donde su futuro hijo había salido. Después miró el sobre, se acercó a cerrar la puerta y se recargó en ella, así, rasgó el sobre y sacó un trozo de pergamino. Era su letra, estaba seguro, escuchó que Ron lo llamaba y se apresuró a leer, cuando terminara vería si se lo podía decir a los demás.
Las vacaciones de pascua terminaron poco después y los chicos volvieron al colegio. Después de leer la carta que su versión mayor le había dejado, empezó a tener más pesadillas, no podía cerrar la mente como le exigía Severus Snape tras cada clase de oclumancia que ahora debía tomar. Poco después de las vacaciones había vuelto con los sueños extraños parecidos a cuando había visto que atacaban al señor Weasley, miró cada vez menos al profesor Dumbledore y Dolores Umbridge empezó a tener más y más poder. Las reuniones del E.D eran más comunes, casi tanto como las pesadillas que tenía con Voldemort.
Una noche de mayo, se levantó cubierto de sudor, respiraba agitado. Tropezó con los zapatos en el piso cuando salió de la habitación, subió escaleras y fue hasta la habitación que sus hijos compartían. Encendió la punta de su varita y fue hasta las camas. James apretó los ojos cuando le acercó la varita. Cuando se giró hacia Al, este se sentaba en la cama, Harry se acercó hasta él y se dejó caer en la cama, hundió el rostro en sus manos e intentó normalizar su respiración.
-Miré… -comenzó a hablar en susurros antes de que Albus preguntara -miré a Voldemort que los… -levantó la mirada y la clavó en los ojos verdes -los atrapó, los torturaba y me pedía algo, no recuerdo que…
-Estamos bien…
- Lily, tengo que… -se levantó de golpe, le faltaba una cama que revisar.
-Harry fue un sueño, la enana está bien. No creo que pueda salir del colegio, no hay forma…
-Pero… fue tan… real
- ¿No cerraste la mente? ¿No debías hacerlo? -con el entrecejo fruncido se paró junto a él. Harry lo miró de lado.
-No, profesor Snape, no pude -masculló de mal humor. Albus soltó una carcajada.
James aun dormido soltó un ronquido y se envolvió en el edredón.
-Puedes dormir aquí, no me molesta compartir la cama -se tendió en una orilla, Harry lo miró por un momento y terminó haciéndole caso. Tan pronto se acostó volvió a dormir, Al tardó un poco más, volvía a preguntarse lo que diría la carta.
Los días siguientes se cancelaron las sesiones con el E.D. Hermione insistió en estudiar para los T.I.M.O.S., por lo mismo nadie podía controlar a James que se desaparecía con los gemelos Weasley y de vez en cuando se lleva a Lily. Cuando volvían, por lo general muy entrada la noche, Lily solo reía cuando le preguntaban por lo que habían hecho. Más de alguna vez George y Fred comentaron lo orgullosos que estaban de esa niña, lanzaban una mirada desilusionada a Albus que estudiaba junto a Hermione y Rose y se desaparecían.
Fue más por la presencia de Lily y el carácter que la niña tenía, que Harry hizo caso a todos y dejó de tomar en cuenta a la profesora Umbridge, Ginny le había pintado la escena de que si Lily descubría como lo castigaban, podía hacer algo y quizá terminar también ella castigada y entonces supo que no lo soportaría, así que se mantuvo en silencio la mayor parte de las clases.
-Hermione, ya no lo soporto -le dijo Harry a su amiga durante de la comida -podemos tener una sesión más ¿no crees?
-Sí, Harry pensaba mandar el aviso en un rato, yo creo lo mismo, además es mejor mantener ocupados a tus hijos que darles rienda suelta -masculló la castaña.
Harry rio por el tono regañón de su mejor amiga y siguió comiendo. Por la tarde, el E.D., volvió a reunirse. Harry mostraba el encantamiento y después lo enseñaba, se sentía orgulloso al ver a sus futuros hijos y sobrina. Lily era especialmente buena, justo como su madre, contestó su cerebro, él se sonrojó hasta las orejas para diversión de Albus.
-Al, ¿tu hermano? -preguntó Harry cuando iban por la mitad una noche a mediados de junio, el mayor no había llegado y Fred y George estaban ahí. No podía evitar preocuparse.
-No sé, no lo he visto desde la comida, andará haciendo alguna broma…
Justo cuando Harry rodaba los ojos ante la probabilidad, que era demasiada. La puerta se abrió violentamente.
- ¡Vienen los casacas rojas, vienen los casacas rojas! -James apareció gritando, cerró la puerta y se recargó contra ella.
Hermione fue la única que entendió, maldijo para sorpresa de su hija y corrió hacia Harry.
-Rápido, necesitamos una salida trasera, vamos Harry ¡muévete Potter!
Harry asintió aun sin comprender a lo que se refería James y menos comprendió la desesperación de Hermione, pero hizo lo que le pedía.
- ¿James? -la castaña se giró hacia el chico que se acercaba a ellos, intentaba normalizar su respiración.
-Casi por todas partes -señaló tres cuadrantes, Hermione entendió y le indicó a Harry donde hacer la puerta.
La puerta apareció casi de inmediato, comenzaron a salir en grupos de 3. Hermione los mandó directo a su sala común y aunque renegando, James obedeció. Hermione y Harry eran los únicos que quedaban y el joven esperaba a su amiga que se había regresado por la hoja que prendía del pizarrón, era la lista de todos los miembros.
-Vamos papá -murmuró Albus, se había negado a irse y dejarlos ahí.
-Sí, sí ya… ¡vete!
Una pared explotó y Harry cerró la puerta de inmediato, se acercó a su amiga que intentaba esconder el pergamino, Dolores Umbridge fue más rápida y se lo quitó. La bruja estaba henchida de orgullo, sus pequeños ojos redondos se achicaron aún más cuando leyó el titulo del pergamino y Harry deseó haber podido borrar los nombres de la lista. La bruja revisó el lugar con una mirada, después dio media vuelta y los dos mastodontes de Slytherin que se pusieron atrás de cada muchacho, los empujaron para que empezaran a caminar.
Albus maldijo cuando le estrellaron la puerta en la cara, fue el miedo en el rostro de su joven padre lo que lo hizo ir a su sala común. Todavía recordaba lo que había pasado cuando se fue a caminar la vez en que se molestó con su padre.
- ¡Al! -James saltó en su lugar, pareció respirar aliviado al verlo.
- ¿Qué rayos pasó?
- ¿Dónde están el tío Harry y mi mamá?
-Hermione se regresó por el pergamino con el nombre de todos y Umbridge entró, Harry no la quiso dejar sola.
- ¡Maldita sea! Debí haber corrido más rápido…
-James ¿qué fue lo que pasó? -preguntó Ron, tuvo que abrazar a Rose.
-Iba a la reunión después de una bromita y miré que una tipa…
-James…
-Ya, ya papá Albus -rodó los ojos -una de las amiga de la chica ratón iba saliendo del despacho del sapo, me acerqué a escuchar cuando la dichosa brigada entró y escuché que les decía que nos había descubierto y solo corrí… pero tienen la lista y…
Un miembro de la brigada inquisitorial de Umbridge entró tranquilamente, tenía una sonrisa altanera cuando empezó a nombrar, todos los de la lista al despacho de la suma inquisidora. Los miembros de Gryffindor salieron rápido, todos querían saber lo que ocurría, Ron antes de irse se giró hacia los chicos del futuro.
-Quédense aquí o les juro que le hablaré a su padre… -los señaló con un dedo.
-Pero Ronnie…
-No Rose, por favor quédense, todo va a salir bien…
-Sí tío Ron -para sorpresa de todos fue James quien asintió. Algo en la mirada castaña le dio confianza así que fue hacia el agujero en la pared. -Pero…
Ginny que ya había salido asomó la cabeza, era un tono lúgubre el que había empleado su primogénito. Ron se giró con un pie en el hoyo.
-Si le hace algo a esa linda pelirroja, me va a conocer -una sonrisa tranquila se extendió en el rostro angelical.
-Y yo te ayudaré -rio Ron, terminó de salir.
Cuando el retrato se cerró, Albus se dejó caer en el sillón y miró a su hermano, pero antes de que pudiera abrir la boca, Rose ya había dicho lo que él estaba pensando.
- ¿Quién dijiste que nos había traicionado?
-Enriqueta… Anetta… eeh… la que siempre está con Chang
- ¿Marietta no sé qué? -adivinó Rose, le sonaba al chica.
-Creo… ¿vamos?
-No -Albus se puso en medio de los dos, los conocía juntos y no quería soltarlos, no por lo pronto. -Debe seguir en la oficina de Umbridge esperaremos a ver qué pasa, Ron tiene razón, todo va a salir bien, papá y los demás lo están.
Volvieron a sentarse, Lily se deslizó entre James y Rose y se abrazó a su hermano mayor. Pasaron casi dos horas en silencio hasta que los gemelos Weasley entraron de mal humor.
-Pero se lo merecía -masculló Fred y se arrojó al sofá pequeño.
- ¿Quién, qué pasó? -James aun abrazaba a su hermanita, pero se enderezó en el sofá al escuchar a su tío.
- ¿Los demás? -preguntó Albus, estaba a punto de soltar a su hermano contra Umbridge.
-Solo está interrogando -murmuró George.
-Por ahora ¿no? -Rose se puso de pie.
-Ron dijo que te calmaras, pero sí, supongo que por ahora nada más eso, quiere que inculpemos a Dumbledore -dijo George.
-Pero nadie lo va a hacer -agregó el otro gemelo.
Volvieron a sumirse en silencio, los demás miembros del E.D. entraron poco después, no dijeron mucho más. Neville subió directo a su habitación, se miraba un tanto verde. Ginny y Hermione llegaron una hora después, pero se sentaron en silencio, las dos preocupadas por Harry. Pero él no llegó hasta casi media noche, su rostro no decía mucho, en silencio subió a su habitación y nadie logró sacarlo de la cama. Cuando unas horas después escuchó a Ron roncando junto a su cama, abrió las cortinas y se sentó. Con cuidado de no despertar a nadie fue hasta su baúl y lo revolvió hasta dar con el calcetín sucio que le habían enviado los Dursley de regalo de navidad, tenía un agujero. Sacó el pergamino enrollado y lo abrió, después buscó el par del calcetín, el que le habían dado de cumpleaños, lo tocó con cuidado solo para asegurarse que tenía el frasquito de cristal, lo hundió más al fondo del baúl en un rincón, lo cubrió con todas sus cosas y fue a su cama con el pergamino en la mano. Volvió a leerlo, seguía sin creer que su letra no hubiera cambiado ni un poquito. Repasó letra por letra cada renglón y después de lo que había pasado ese día, no haría caso a lo que la carta sugería. Apretó el trozo de pergamino entre sus manos, no se dio cuenta de cuando se quedó dormido.
Esa noche Harry Potter no soñó y tampoco descansó. Muy temprano por la mañana se fue al gran comedor solo, no tenía ganas de evitar preguntas de sus hijos. Durante el desayuno la noticia de la renuncia del director Dumbledore les cayó como un balde de agua fría una mañana de invierno. Harry solo gruñó, fue el único que no se sorprendió con la noticia. Con el ánimo por los suelos casi todo Hogwarts comenzó el día. En clase de defensa James maldijo en voz alta al ver entrar a Severus Snape, lo que le ganó una semana de detención de clases. Fred y George a punto estuvieron de hacer lo mismo, no les quedó más que palmear la espalda de su futuro sobrino.
Solo Harry Potter tuvo una noche de castigo con Dolores Umbridge para frustración de sus hijos y cuando terminó, nadie lo vio subir a su habitación y no supieron que estaba acostado hasta que Ron subió a cambiarse el uniforme que vio la cortina de la cama de Harry cerrada. Ni siquiera James se atrevió a molestar a su joven padre y juró que eso sería solo por esas dos semanas y solo porque a partir de mañana comenzaban a hacer sus T.I.M.O.S.
Durante el desayuno de esa mañana de lunes, apenas comían por los nervios de los exámenes.
-James -llamó Ginny pensativa - ¿cuántos T.I. ., tienes?
Harry que revolvía la avena miró al muchacho. Este se alzó de hombros antes de retacarse la boca con pan.
-Todos.
- ¿Todos?
-Claro linda, soy tu hijo después de todo -agregó con una sonrisa galante, untó mermelada en una rebanada de pan tostado y miró a Harry directo a los ojos -diez E, una S y una A -su sonrisa se transformó a una de autosuficiencia ante la estupefacción de su padre.
Los demás miraron a Albus que comía con tranquilidad, los miró, masticó con cuidado su avena y asintió con la cabeza.
-Nadie se explica como
- ¡Ey! -reclamó ofendido
Rieron destensando un poco el ambiente. Después del desayuno los alumnos de quinto se prepararon, James se fue deseándoles suerte.
Sudaron y sufrieron durante días y es que Hermione los obligó a estudiar tras cada examen. El último día de la primer semana, todos estaban en el gran comedor, cada quien en su asiento rindiendo uno de los exámenes con Dolores Umbridge pasando por cada fila cuando un gran estruendo los sorprendió. Los enormes portones se abrieron, un hilo de luz serpenteó hasta el centro, subió al techo y explotó en una gran rosa de luces. Después entró un enorme dragón, sus enormes fauces abiertas directo a Dolores Umbridge, se cerraron sobre ella que se encogió con un gritito. Cientos de fuegos artificiales explotaron cuando el dragón cerró las fauces. Harry se puso de pie deleitado, Ron tenía una gran sonrisa al igual que Hermione. Poco después se escucharon más gritos y dos pelirrojos entraron montados en una escoba cada uno, lanzaban más fuegos artificiales, le guiñaron un ojo a Harry y dieron una voltereta hacia el techo, bajaron en picada contra la bruja vestida de rosa. Y cuando casi se estrellaban contra ella, un rayo venido de la nada la elevó, una tercer escoba entró.
-No… es… -Harry balbuceó mirando al que en unos años iba a ser su primogénito. James Potter mandó a volar a la bruja que gritaba órdenes aun dando brincos en el aire, la colgó de cabeza de un tobillo, la túnica rosa la cubrió como un grotesco y enorme capullo. James lanzó una carcajada y fue a unirse con sus tíos. -A Ginny seguro le hace gracia -rio Harry mirando como el muchacho moreno le guiñaba el ojo y lo saludaba, después con una espectacular salida, fueron hacia las ventanas. -Sí, seguro que a mí también me haría gracia si volviera…
Sion
P.D.Espero señales de vida...
