Todo lo que aquí aparece pertenece a su respectivo dueño XD

Sé que tardé demasiado, pero las casi 30 hojas de word lo valen :D gracias por llegar hasta aquí, por un fic más que al fin termina...


Los T.I.M.O.S. habían terminado por fin, los alumnos de Hogwarts intentaban relajarse ese sábado bajo uno de los árboles del jardín. Ginny de vez en cuando murmuraba molesta por la salida de James y aseguraba que en el futuro lo obligaría a pasar de nuevo por séptimo. Y ese fue el único día tranquilo que lograron, después de la salida del profesor Dumbledore, las cosas fueron para peor, una noche mientras volvía con Albus de una incursión a las cocinas, platicaban en susurros bajo la capa de invisibilidad cuando un movimiento afuera lo distrajo, se detuvo mientras el otro muchacho seguía caminando.

- ¡Ey! -se escuchó la exclamación mal ahogada proveniente de la nada.

Harry miraba por uno de los ventanales, seis figuras a lo lejos, la luna brillaba sobre ellas. Reconocía a la que lideraba el grupo pero no se le ocurría por qué tomaría un paseo nocturno Dolores Umbridge. Se distrajo momentáneamente cuando Al lo volvió a cubrir con la capa, en el momento que miró de nuevo hacia afuera, se escuchó el ladrido de un perro grande. Sintió que el estómago le daba vueltas, después se escuchó un golpe sordo o al menos él lo escuchó, poco después un terrible gruñido les llegó. Volteó a ver a Albus que sorprendido miraba a lo lejos, hacia la cabaña de Hagrid.

-Vamos

-No -Al lo detuvo -Umbridge es la que lo provocó, lo siento por Hagrid pero no podemos ir y arriesgarnos, mañana…

-Pero…

-Si no piensas en ti, piensa en Lily, esa niña es peligrosa. Viste lo que hice con Cho y…

Rayos rojos lo interrumpieron, allá abajo brillaron por todas partes, ni siquiera podían ver la cabaña de Hagrid. Harry miró a Albus y él le regresó la mirada pero lo jaló en la dirección opuesta con un solo pensamiento en mente: "Seguro arrestará a Hagrid".

-Mira -señaló Harry y Albus se detuvo, se inclinó sobre el ventanal desde donde pudo mirar una sombra alargada que se deslizaba hacia los rayos.

- ¡Basta, déjenlo! -gritó la sombra.

-Es la profesora McGonagall -murmuró Harry y se inclinó otro poco justo para ver aparecer las sombras que había perdido de vista y los rayos rojos volvieron a brillar, esta vez volaban hacia la profesora McGonagall que por un momento brilló en rojo, después cayó hacia atrás sobre el césped y ya no se movió.

Poco después de que eso pasara, Hagrid llegó corriendo echo una furia cargaba un saco sobre su espalda, después comprendió que era el cuerpo inerte de Fang, gritaba hacia los que habían atacado a la mujer y blandía sus enormes puños como una bola de demolición, asestó en el pecho de dos sombras y los mandó a volar varios metros.

-Por Merlín -murmuró Albus, echó un vistazo a Harry pero este ya no estaba junto a él. Miró una última vez hacia los terrenos, solo alcanzó a ver a Dolores Umbridge lanzando aturdidores a Hagrid pero éste ya corría hacia la oscuridad -Maldita sea -echó a correr hacia la puerta, sabía que ahí encontraría a su joven padre y lo encontró, justo cuando intentaba abrir las puertas. -Lo siento papá -susurró, sacó su varita y desmayó al muchacho que estaba demasiado concentrado en salir.

Albus se apresuró a arrastrar el cuerpo inconsciente de Harry hacia un rincón, después se arrodilló y lo cubrió con la capa de invisibilidad justo a tiempo, Umbridge acababa de entrar, por un momento sintió que se le detenía el corazón, la bruja se quedó mirando justo hacia donde estaban, incluso se acercó unos pasos sin saberlo miraba justo a los ojos verdes del muchacho que había dejado de respirar.

- ¡Se te escapó, ja, ja, ja!

Justo cuando la bruja estaba a unos centímetros, se escuchó una risa burlona y ella dio media vuelta jurando expulsar a Peeves del castillo y con varita en mano fue tras la risa que se alejaba.

-Merlín -suspiró el muchacho, se dejó caer junto a Harry.

- ¿Al, Harry? ¿Están ahí?

La melena pelirroja que se asomó tras una esquina lo hizo sonreír, se quitó la capa y miró a su prima. La muchacha se acercó corriendo, con la ayuda de la varita levantó el cuerpo inconsciente de Harry y se apresuraron a desaparecerse.

Ya en la sala común, acomodaron a Harry en un sillón y ellos se sentaron enfrente. Ginny se acercó con curiosidad.

- ¿Qué le hiciste?

Albus miró a quien algún día se convertiría en la mujer a la que más amaba y temía. Sonrió un poco incómodo, quiso evitar que Hermione despertara a Harry pero la mirada que le mandó Ginny lo disuadió.

- ¡Albus! -gritó Harry al verse en la sala común, el chico dio un brinco y se guareció tras Ginny.

-Te iba a descubrir y quien sabe lo que haría, atacaron a la profesora ¿recuerdas? ¡Casi nos descubre! -terminó gritando él también y se arrepintió cuando la pelirroja se giró y lo miró a escasos centímetros.

-Empieza a hablar Potter -susurró.

Albus suspiró e hizo lo que le pedían. Poco a poco, se fueron sentando en la deshabitada sala común. Para sorpresa de todos, fue Rose la que maldijo cuando escuchó que la profesora atacada había sido McGonagall, ni siquiera Hermione la corrigió. Solo un momento después de que Al terminara de contar lo que había pasado, Harry dio las buenas noches y subió a acostarse. Albus lo miró, estaba demasiado serio así que lo siguió y tras él fue Ron. Lo encontraron sentado en su cama con la mirada fija en algún punto entre sus pies y la puerta.

-Harry -murmuró Albus, dio un par de pasos hacia él pero Harry se puso de pie, lo miró a los ojos y después miró las cortinas corridas de las camas en la habitación, se escuchó un ronquido de la cama que tenía a un lado y sin más explicación salió corriendo, bajó como vendaval los escalones y voló a través del agujero en la pared.

Nadie comprendió nada, Ron y Albus lo siguieron pero el pelirrojo se quedó rezagado pronto, Albus tenía experiencia en esas carreras locas por su hermano así que se mantuvo a unos pasos de su padre pero por más que lo llamaba, este no le hacía caso. Bajaron más escalones, ni siquiera le importaba la oscuridad, parecía ver perfectamente, giró lo justo y Albus pronto conoció el camino, iban hacia la enfermería. Apresuró la carrera al escuchar a Umbridge unos metros adelante, jaló del cuello de la túnica a Harry justo a tiempo y lo empujó contra la pared, aguantó la respiración y se cubrió con la capa de invisibilidad que nunca había llegado a soltar.

-Que pena, que pena -canturreó la bruja -un desafortunado error -agregó.

Medimagos transportaban a la profesora McGonagall en una camilla flotante. La bruja los seguía, Albus le tapó la boca a Harry con una mano cuando pasaron junto a ellos, aunque no era necesario ya que la mirada de la enfermera del colegio los dejó sin habla, estaba más que furiosa.

-La llevan a San Mungo, fueron cuatro rayos justo al pecho -murmuró Al cuando se quedaron solos -y joven no está.

Intentó bromear como lo hacía James pero o era muy malo para destensar el ambiente o su padre estaba en shock, le picó la mejilla con un dedo pero Harry solo lo miró y volvió a correr, un mundo de pensamientos lo aturdían.

- ¿En serio? -suspiró el muchacho, echó a correr tras Harry.

Regresaron a la sala común, ambos respiraban agitados pero Harry se paró frente a sus amigos y Albus se tiró junto a Rose, apenas lograba respirar.

-Voldemort tiene a Sirius, quiere que le dé algo que no sé qué es y lo está torturando, lo va a matar… -le temblaba la voz y por poco todo el cuerpo.

- ¿Qué? ¿Por qué dices eso? -Ron se puso de pie de un brinco, se acercó a su amigo de inmediato.

- ¿Harry? -Hermione se acercó también.

Rose y Albus intercambiaron una mirada.

-Sé dónde…

- ¿Pero cómo? -preguntó Hermione que estaba pálida

-Lo miré cuando Albus me atacó por la espalda y me dejó inconsciente…

-Perdón, no quería que te atraparan -se disculpó cuando todos lo miraron

-Es un salón en el ministerio y…

-Ooh aagh

Se giraron de nuevo hacia Albus que parecía querer desaparecer y lo intentó, dio media vuelta pero dos manos lo detuvieron. Miró a sus futuros padres.

-Aquí es donde se supone que tengo que irme a dormir y…

-Sirius está en peligro, exclamas como si supieras algo y ¿solo te vas a dormir? -preguntó Harry en un siseo.

-Es que… -miró al piso, a la pared, tras Harry a Hermione y hacia todas partes menos al muchacho que tenía enfrente.

-Pudo ser solo un sueño -murmuró Hermione

- ¡No! ¡Fue como con el señor Weasley!

Después de ese grito de Harry, Hermione le contestó y poco después se unió Ron. Rose y Ginny echaban miradas preocupadas hacia las escaleras con temor de que despertaran a alguien. Albus solo miraba hacia los tres que discutían, nada dispuesto a meterse pero cuando Harry se paró en la punta de los pies y gritaba a Hermione cara a cara, se metió literalmente a la discusión, se puso en medio de los tres y los separó, con un suspiro murmuró.

-Ya no discutan, igual van a ir… no sé cómo pasa o qué es lo que pasa pero antes de irte o bueno, antes de que el efecto de la poción que trajo a mi papá se pasara, me dijo que bajo ninguna circunstancia fuéramos contigo al ministerio y si lo hacíamos pasaría lo que ocurrió en tu cumpleaños hace diez años, yo estaba muy chico así que no tengo idea solo recuerdo que Teddy huyó de casa o algo por el estilo y olvidé preguntarle a él pero puedo…

- ¡Podemos preguntarle a Teddy si Sirius está ahí! -exclamó Hermione alegre

-Sirius te dio un espejo ¿no? Cuando no querías volver a clases, él lo lleva siempre, hasta duerme con él -señaló Rose, Harry la miró como a su salvación y subió corriendo hacia su habitación, rebuscó en su baúl, encontró el espejo en el fondo, con él en las manos regresó a la sala común.

-Sirius, Sirius ¿estás ahí?

Se arremolinaron junto a Harry, todos mirando expectantes el espejo.

- ¡Sirius!

- ¿No lo rompió Lily cuando hablaba con James? -murmuró Al un poco avergonzado.

-Tío Harry lo arregló antes de irse -Rose se alzó de hombros y Harry volvió a llamar a su padrino.

Unos segundos después la superficie lisa se alteró como si alguien hubiera lanzado una piedra a un lago sereno.

-Sirius

- ¿Qué? -una alborotada cabellera negra apareció, alguien se ponía las gafas y frotándose los ojos, James los miró. -Sé que hace mucho que me fui pero deben controlarse, además, solo me dices Sirius cuando estoy en… -terminó de despertar, la mirada molesta de Harry lo hizo cerrar la boca, era distraído pero esa mirada gritaba que algo pasaba, miró los demás rostros.

- ¿Qué haces con ese espejo?

-Hola buenas noches, he estado bien ¿y ustedes? -masculló ofendido

- ¡James Sirius, donde está mi padrino!

James dio un brinco con el grito de Harry, tuvo que hacer algunas acrobacias para evitar que el espejo fuera a dar contra el piso.

-Harry soñó que…

-No fue un sueño -murmuró Harry, Al asintió y respiró hondo antes de continuar.

-Vio que Sirius había sido atrapado por Voldemort y lo torturaba en el ministerio, ¿está Sirius por ahí?

-Voldemort -terminó de despertar, dio un brinco y pareció salir de la habitación porque estrelló una puerta y corrió. -Platicaba con Sirius y me quedé dormido supongo…

-Estabas bebiendo ¿verdad?

El muchacho ignoró la pregunta de Ginny pero la sonrisa lo delató.

-Vas a volver a cursar séptimo en cuanto regreses, te lo juro

- ¿Qué? ¡No!

James se detuvo de golpe, miraba ofendido al espejo.

-Basta ¡basta ya!

-Sí, sí, Sirius -y volvió a correr con el grito de su joven padre.

Abrió y cerró puertas e incluso gritó pero no encontró a Sirius por ninguna parte. En la cocina se encontró a Kreacher que merodeaba por los rincones, hablaba consigo mismo. Le preguntó por Sirius pero no le dijo nada útil. Cuando vio de nuevo al espejo, solo Albus lo miraba y le contó lo que su padre había dicho.

-Le pregunto bien a Teddy y te digo, no dejes que haga nada peligroso…

Al asintió a su hermano, poco después se cortó la comunicación, dejó el espejo sobre la mesa y armó un par de emparedados antes de regresar a dormir. Los devoraba mientras subía las escaleras ¿dónde podía haberse metido Sirius? No podía salir, Voldemort no pudo atraparlo ¿cómo? Y más importante ¿cómo lograron meterse al ministerio sin que los miraran? Eran los dos magos más buscados. En lugar de ir hacia la habitación de Sirius fue a la de Teddy. El muchacho dormía profundamente, James se sentó en la cama, dio una mordida al segundo emparedado y agitó a Ted.

-Si no despiertas voy a echar agua fría -le picó las costillas con su varita, se alzó de hombros y lanzó un gran chorro de agua desde su varita directo a la cara de Ted.

Un empapado Teddy se sentó de un brinco, manoteó en el aire aun medio dormido medio asustado. Poco necesitó para entender que James lo había despertado de esa forma tan poco ortodoxa, molesto se lanzó contra él. Riendo, el mayor de los hijos de Harry Potter se apartó y Teddy cayó al piso, envuelto en la ropa de cama lo miró desde el suelo.

Aprovechando que el mayor no podía hacerle algo, se acuclilló a una distancia prudencial y sonriente comenzó a explicar desde que lo había despertado a él.

-Sirius está con mi papá en la biblioteca, ayer amanecieron ahí investigando no sé qué cosa que les pidió Harry para regresarnos, seguro se quedaron dormidos de nuevo -se sentó en el piso una vez que logró desenredarse.

-Mmm y ¿qué pasó hace diez años?

- ¿Eh?

-En el cumpleaños de mi papá. Porque le dijo a Al que si acompañábamos a su versión adolescente al ministerio cuando estuviera por terminar el año escolar, iba a pasar eso de nuevo…

Teddy tragó saliva incómodo, se puso de pie y fue a cambiarse la ropa. Después salió de la habitación James se apresuró a seguirlo.

-Ted, vamos, fue hace diez años pero mi papá te amenaza mucho con eso, solo sé que te escapaste de casa, yo tenía siete…

-No me escapé -suspiró el peliazul -yo solo… después te cuento

-Pero…

-Harry me dio una tunda ¿contento? -bajó los últimos escalones de un brinco, casi se mata contra la pared del pasillo. James lo imitó pero él sí pudo esquivar la pared.

- ¿Pero qué fue lo que hiciste?

-No te importa

-Claro que sí porque mi papá…

-La amenaza es que les va a dar una… -frenó de golpe, se giró hacia James -te aconsejo que sigas la orden de Harry, no es nada agradable y se hace menos con la edad

-También te incluyó, se supone que no debemos intervenir…

-No lo haré…

Llegaron a la biblioteca, de mal humor por haber hablado de más, Teddy arrojó la puerta, adentro, Remus dio un brinco con el ruido. El peliazul señaló de mala gana hacia el enorme escritorio donde Sirius dormía profundamente.

-Ahora ve y dile a Harry que Sirius está perfectamente.

James asintió, no dijo más y solo dio media vuelta, regresó a la cocina, estaba seguro de haber dejado ahí el espejo. Sintió un hueco en el estómago al no encontrarlo, patinó al salir. Subió las escaleras, revisó su habitación y la de Teddy, después volvió a la biblioteca, empezaba a sudar frío. Un presentimiento se instalaba en todo su ser, llego a la estancia y se tiró en uno de los sillones, de repente se le había ido todo el sueño. Cerró los ojos y se echó los brazos sobre la cara. Poco después sintió que le movían las piernas, se las levantaron y las dejaron caer al piso, se sentó por el impulso. Abrió los ojos con un suspiro, apenas logró tragar saliva cuando miró a Remus y Sirius frente a él. Teddy le giró la cabeza hacia él, era quien le había arrojado los pies al piso.

- ¿Qué tienes?

-Pues… creo que… -se revolvió el cabello con las dos manos -deberías ir al colegio y decirle personalmente a Harry que no vaya a ninguna parte porque Sirius está bien

- ¡James! -Teddy se puso de pie de un brinco, miraba molesto al menor

-El espejo se desapareció. Harry no es tan impulsivo como para irse a las dos de la madrugada sin estar seguro de las cosas ¿no? -esperanzado miró a Teddy que salió bufando. Pasó la mirada a Remus que ya corría tras su hijo y finalmente miró a Sirius. El animago se sentó junto a él.

La misma expresión preocupada apareció en ambos rostros.

-Si algo le pasa… -murmuró James, se sentía culpable sin ser por completo responsable de lo que ocurría.

-Tranquilo, todo va a estar bien…

Y eso fue lo último que ambos dijeron, se quedaron ahí sentados por casi media hora tras la que volvió Remus, pero el licántropo solo se sentó en el sofá de enfrente. En silencio esperaron, los minutos pasaban y no tenían noticia alguna. James había empezado a comerse las uñas con tanta concentración que dos horas de espera después, Sirius le dio un manotazo y le metió una paleta de caramelo a la boca, murmuraba para sí mientras le curaba las gotas de sangre que tenía el muchacho en los dedos. Eran casi las cinco de la mañana cuando la puerta principal se abrió de golpe y se estrelló contra la pared, los tres brincaron de sus asientos, Sirius corrió a callar el retrato de su madre y después hacia el recibidor pero estaba vacío, sentía el corazón intentar escapar por su boca cuando iba hacia la estancia desde donde escuchaba las maldiciones muggle que gritaba James.

-No podemos ir -dijo Teddy

-Pero Ted…

- ¿Qué ocurre?

Los dos muchachos miraron a Sirius, Remus llegaba terminando de vestirse.

-Avisé a todos pero tardarán, voy a ir…

- ¡Qué pasa!

-Para cuando llegué al colegio ya se habían ido, no los encontré por ninguna parte. No sé cuánto tiempo hará pero…

-Vamos Remus -Sirius se vistió con un movimiento de varita, el licántropo asintió, lo conocía lo suficiente como para saber que nada lo detendría. Sin embargo los muchachos del futuro no, así que ellos si lo intentaron, James se acercó al animago y lo tomó del brazo.

-Sirius, podrías morir ahí, Harry casi cumple dieciséis y…

-No te preocupes James -Sirius se giró, le puso una mano en la cabeza aunque era poco más alto que él y le sonrió - si muero protegiendo a mi ahijado…

-No, no, no, no -se apartó molesto, rodó los ojos mirando a Sirius -es lo que dice el héroe que es la figura paterna justo antes de morir en todas las películas

- ¿Pe… qué?

- ¡Nada! No vas y ya…

-Desmaius

Sirius sonriendo aún, dejó a James sobre el sofá, después miró a Teddy.

-No tengo mucho tiempo ¿tengo que dejarte fuera también? -señaló a James, el muchacho de cabello azul se apresuró a negar y se sentó.

-Lo siento pero no puedo ir, hemos intervenido demasiado y… -guardó silencio, la voz se le empezaba a quebrar, no pudo ni tragar saliva.

-Tranquilo, son cosas que deben pasar.

Sorprendido miró a Sirius, el animago lo despeinó y salió de la estancia, Remus se acercó a su hijo y lo abrazó.

-Estoy orgulloso de ti Ted -con una sonrisa siguió a su amigo.

Teddy se sentó junto al cuerpo inconsciente de James, tenía un hoyo en el estómago. Esa despedida de su padre le pareció un "hasta nunca" y se sintió peor. Miró a James, agitó su varita y el chico abrió los ojos.

-Se fueron

-Pero Sirius…

-James -interrumpió con un suspiro, el moreno lo miró - ¿cuántas veces hemos desobedecido a tu padre?

-No sé… demasiadas -se alzó de hombros mientras se sentaba, se acomodó mejor y miró a quien consideraba un hermano más, en el fondo y jamás se lo diría ahora que era mayor, pero lo admiraba y podría decir que lo respetaba casi como a su padre. Teddy siempre lo había ayudado y si él le decía que no podían interferir, era porque de verdad no podían y pensando eso se le ocurrió una pequeña duda… -Ted ¿mis hermanos y prima?

-Solo Lily dormía -cruzó los dedos de sus manos tras su cuello y se recostó con la mirada en el viejo techo en el que empezaban a aparecer telarañas tras la exhaustiva limpieza compulsiva de la señora Weasley. -Mmm… James -el chico Potter seguía mirándolo así que no contestó, Teddy volvió a hablar unos minutos después - ¿qué tan molesto has visto a Harry?

-Demasiado ¿a dónde quieres llegar?

Teddy lo ignoró, tenía la mirada pensativa fija en el techo todavía.

- ¿Cuándo fue la vez que lo viste más molesto?

-Cuando volvieron de la convención y descubrieron mi fiesta de cumpleaños

- ¿Diecisiete?

-Sí

-Bien.

Dio un suspiro, juntó las palmas con fuerza y se puso de pie de un brinco. Su mirada era decidida cuando la clavó en James.

-Ya eres mayor y no te voy a decir lo que debes hacer, conoces lo que prende sobre nuestras cabezas pero no puedo quedarme aquí mientras Albus y Rose se arriesgan. Sé que Harry y compañía salen vivos pero debo cuidar de esos dos…

-Eso es un pretexto y mi papá no te lo va a creer

-Me enfocaré en Albus y Rose, no menciones a tu padre

-Como quieras, yo voy también

-Bien, pero te advierto que el Harry Potter que conocí hace diez años no se compara ni por tres con el de tu cumpleaños…

James miró a Teddy, abrió la boca sorprendido, tenía los labios blancos y un escalofrío le recorrió la espina. Se lamió los labios antes de sacudir la cabeza y envalentonarse para decir un "vamos".

Cuando los dos muchachos aparecieron en el ministerio y lograron llegar a donde la pelea se desarrollaba, muchas cosas habían pasado. Albus y Rose estaban heridos, tenían algunos cortes en el rostro y Rose rengueaba del pie derecho pero peleaban de forma hábil. Teddy revisó a los dos muchachos con la mirada y corrió hacia su padre, al menos podía pelear una vez con él. No supo que sentir al acercarse y mirar el orgullo que lo recibió en la mirada dorada, tuvo que mirar hacia otra parte y concentrarse en la pelea para no ponerse a llorar, deseaba decirle que se quedara en casa el día de la última batalla, que no fuera a Hogwarts, pero no se animó.

- ¿Y Harry?

-Tenemos veinte minutos aquí pero no ha aparecido -murmuró Remus, derribó a un mortífago, con un movimiento de cabeza señaló hacia Albus y James.

-Están bien, parece que les ayudó el venir a…

Fue un movimiento que captó de reojo, un rayo rojo que salía de una varita y miró como el tiempo se detenía, se quedó con la boca abierta, no alcanzó a terminar la frase, siguió el movimiento, lentamente giró la cabeza. James, Albus y Rose lo imitaron, dejaron de moverse por un segundo pues eso fue aunque pareciera una hora, fue solo un segundo. Bellatrix Lestrange y Sirius luchaban sobre una tarima muy cerca de un arco, no conocían ni a la bruja o lo que era el arco. Teddy dio un paso, estiró la mano en un vano intento de advertir a Sirius, solo él sabía lo que era ese arco viejo. La voz no le salió, la carcajada seguida de la burla de Sirius fue lo único que escuchó cuando el mago esquivaba el rayo de la varita contraria, el siguiente rayo le dio justo en el pecho y lo arrojó hacia el velo.

- ¡No!

Tres voces gritaron al mismo tiempo, Teddy seguía sin poder hablar. Un nudo le apretó la garganta y las lágrimas brotaron rápidamente.

- ¡Oh, ahora no! -la voz gruesa sacó a Teddy de su aturdimiento, otro rayo impactó a Sirius y lo arrojó hasta Remus que corría hacia su amigo. -Avada Kedabra -el rayo verde impactó en Bellatrix Lestrange, el cuerpo lánguido cayó hacia atrás, quedó tendido en los escalones.

Sirius en cambio fue a estrellarse contra Remus, los dos se enredaron varios metros más allá.

- ¿Por qué temo que no debía hacer eso señor Potter?

A pesar de que estaba blanco de ira, mirando el caos frente a ellos. Albus Dumbledore sonrió cuando miró al hombro de ojos verdes que no apartaba la vista del cuerpo inerte cerca de la tarima del velo de la muerte.

-Si lo arrojaran a un duelo en el pasado, no haría la misma cosa egoísta que yo ¿señor?

El anciano no dijo más, solo movió la cabeza en un confuso sí y no, sacó su varita y se internó en la lucha, llegó al inicio de todo en un abrir y cerrar de ojos. Harry cerró los ojos por un largo minuto, respiró hondo y barrió el lugar con la mirada. Cuando se topó con Teddy, el muchacho retrocedió aterrado, la pelea se había detenido o al menos él se había desconectado. Retrocedió tan rápido cuando Harry se encaminó hacia él, que terminó sobre su padre y Sirius, se fue hacia atrás y se golpeó la cabeza contra el piso. Se sentó rápido, un dolor punzante le atravesaba la cabeza, intentó aminorarlo sujetándosela con fuerza y el que su corazón intentara escapar por su boca no le ayudaba en nada.

Harry estiró el brazo con la palma hacia arriba, se detuvo y miró a Teddy, levantó dos dedos pidiéndole que se acercara pero el chico negó apresurado, el grito de James lo detuvo.

- ¡Al espera!

Cuando giró la cabeza, sus hijos corrían hacia la puerta. Recordaba lo que pasaba y no le había importado estar en el cuerpo del adolescente que debía ser poseído para dar pie a la lucha que delataría el regreso de Voldemort. Pero se arrepintió al mirar a Albus salir y a James seguirlo.

- ¡James! -por poco se desgarra la garganta con el grito, su hijo se frenó en el acto. Asustado lo miró. Harry señaló a Teddy, empezó a correr -ve.

Cuando James obedeció, sin detener su carrera buscó a Rose, le señaló al peliazul y una vez que pelirroja empezó a caminar, él siguió de largo hacia su hijo menor pero por más que corrió no pudo alcanzarlo hasta que Voldemort estaba frente a él, tuvo que ocultarse tras un pilar. Sintió un leve picor en la cicatriz, era una sensación lejana pero a la vez muy cercana, supo que era por compartir el cuerpo.

-Tú no eres Harry Potter ¿por qué te pareces tanto a él?

Albus se quedó mirando a la enorme figura pálida, tenía la varita firme en su mano y Harry se preguntó qué hacer. No podía solo aparecer y enfrentarse a él, solo lograría que lo mataran… a los dos y no debía… no solo no debía, no podía hacerlo. Aunque lo había debilitado mucho, aún tenía que hablar con el profesor Dumbledore sobre eso, no tenía destruidos todos los horrcruxes pero no iba a permitir que su hijo muriera. No se decidía que hacer cuando sintió una mano sobre su hombro, descansó al girar la cabeza y toparse con los ojos azules tras las gafas de media luna justo cuando el susurro de la maldición de la muerte salía de los labios del señor tenebroso. Harry perdió el color con terror pero Dumbledore le sonrió con cansancio, agitó su varita y la estatua de un duende cobró vida, de un brinco se puso entre Al y Voldemort. Otro rayo verde brilló, esta vez voló hacia el anciano pero él dio un giro, desapareció y un segundo después se materializó tras Voldemort, las demás estatuas cobraron vida.

-Tom, ¿qué haces? Fue absurdo venir hasta aquí, los aurores llegarán pronto. Muchacho -miró a Al -vete de aquí -le señaló hacia atrás donde Harry escondido esperaba con el alma en un puño - ¡ahora! -con la molestia que realmente sentía le gritó al chico que se había quedado pegado al piso. Albus dio un brinco sorprendido y retrocedió lentamente.

Cuando el profesor Dumbledore inició el duelo con Voldemort, Harry se echó la capucha encima y salió de su escondite. Se acercó casi corriendo a su hijo que retrocedía con la vista fija en el duelo frente a ellos, con más fuerza de la que debía lo tomó del brazo y lo jaló hacia la sala. Furioso, preocupado y aterrado lo arrojó al interior.

- ¡Ted! -vociferó tan pronto entró.

Teddy dio un brinco, tragó saliva y se giró hacia su padrino que se acercaba con temible rapidez bajo la atenta mirada de Remus.

-Lleva a Sirius a Grimmauld Place, los aurores llegarán en cualquier momento. James, Rose aquí ¡ahora!

Todos obedecieron al instante, Teddy se agachó hacia Sirius que estaba muy quieto en el suelo, sudaba y se sujetaba el abdomen con dolor, desapareció sin decir una palabra. James casi corrió hacia su padre pero Rose rengueba.

-Espera Rose, detente. James lleva a tu hermano

-Sí señor

El muchacho se acercó hasta su hermano menor, le dio un golpe en la cabeza molesto y lo tomó de la mano como a un niño pequeño.

- ¿Lily? -preguntó Harry antes de soltar a su hijo - ¡Rose te dije que te detuvieras! -rugió el mago cuando la pelirroja intentó acercarse, dio un brinquito, se le escapó un sollozo y se detuvo sin poner peso en su pie lastimado. Hermione aunque herida, miraba a su futura hija deseando intervenir, era verdad que había jurado encontrar la forma para que el Harry mayor se enterara de que iba a desobedecer sin intervenir en el castigo para que no saliera del colegio y los acompañara, le rompía el corazón mirarla así. Echó un vistazo a Ron y para su sorpresa, el muchacho estaba serio.

-Dormida en el colegio -murmuró Albus y solo entonces su padre lo soltó, James se apresuró a desaparecer antes de que su padre decidiera castigarlos como a unos niños pequeños enfrente de todos.

Harry dio un largo suspiro y fue hacia su sobrina. Su mirada se ablandó cuando estuvo frente a ella, en ese momento aparecieron los aurores, creyó escuchar al ministro gritando sorprendido pero los ignoró. Se acuclilló y revisó el pie de la niña.

-Está muy inflamado, no puedo curarlo aquí. Vamos cariño -la levantó en brazos y ella se aferró a su tío. Hundió el rostro en el pecho del hombre y soltó lo que había retenido, comenzó a llorar. Harry sonrió de lado, le acariciaba el cabello, volvió a suspirar -tranquila amor, ya pasó, todo pasó ya. Pronto vamos a volver a casa - la apretó contra sí intentando aplacar el llanto.

Harry dejó descansar su barbilla sobre la cabeza de Rose, aspiró el aroma a rosas mezclado con sudor, intentó tranquilizarse también él. Se había asustado mucho, no recordaba haber sentido tanto miedo. Miró a Hermione y Ron por entre el cabello alborotado de Rose.

-Podrían pedirle permiso al profesor Dumbledore cuando regrese, para visitarnos antes de irnos, me parece que me quedaré dos semanas -miró a Ginny cuando Hermione asintió, se había abrazado a Ron que seguía serio. -Está bien amigo, no te preocupes por ella solo tiene lastimado el tobillo. -De reojo miró a Ron -dile a Lily por favor que iré mañana por ella -la pelirroja asintió - ¿estás bien? -volvió a asentir. Le sonrió a Luna que lo miraba con atención. Agitó su varita hacia Neville que con gran trabajo lograba mantenerse de pie y sus piernas dejaron de moverse, el pobre cayó sentado, estaba agotado. Apretó a Rose y desapareció.

Apareció frente a Grimmauld Place, el sol corría veloz en el firmamento.

-No te duermas Rose, necesito curarte

-Sí tío -murmuró, apenas podía tener los ojos abiertos.

Aunque no había hecho gran cosa en la pelea, se sentía agotado. Entró en la casa, todo estaba en un extraño silencio. Se dirigió a la cocina por la estancia, tres pares de ojos lo recibieron cada uno con un mundo de preguntas no tenía ganas de contestar nada así que atajó cualquier intento.

-Si alguno está herido lo quiero en la cocina, si no a dormir

-Pero Harry, no voy a poder dormir

- ¿Quieres dormir calientito o dejarme enfriar? -murmuró sin detenerse. Teddy miró a James. El hijo mayor salió en silencio y el peliazul lo siguió. Albus y Sirius fueron tras Harry.

Dejó a Rose sobre la mesa y buscó el botiquín, quitó el zapato y la calceta sucia y comenzó a aplicar pociones, agitaba la varita sobre el tobillo lastimado y murmuraba. Sirius miraba todo con una seriedad inusitada en él.

-Cariño, te necesito despierta

-Sí tío Harry

-Al ¿qué tienes?

-Me… me duele-el… -se tocaba el abdomen pero guardó silencio, la mirada de su padre lo intimidó a pesar de que solo había cansancio tras las gafas redondas.

-Listo Rose, no aplanes, en un momento te llevo a acostar pero no te duermas porque te vas a caer de la mesa…

-Sí… t…

-Rose…

-Yo la llevo -Sirius se puso de pie, tomó a la pelirroja en brazos y salió de la cocina con ella.

Harry invitó a su hijo a que tomara lugar en su improvisada mesa de revisión pero el muchacho no se movía. Con un suspiro lo tomó por las axilas para levantarlo y subirlo él. El chico ahogó un gemido de dolor. El entrecejo del patriarca Potter se juntó con preocupación, se apresuró a dejar a su hijo sobre la mesa y lo desvistió, Albus ni se quejó por quedar en ropa interior. Harry comenzó su revisión, Al tenía dos costillas rotas, un corte profundo en la pierna y unos raspones en la espalda, pecho y brazos. Aplicó pociones y le dio de beber otras pocas, algunos movimientos de varita más y envolvió a su hijo en vendas. Todo en absoluto silencio, escuchó y aceptó las disculpas de su hijo. Lo abrazó con cuidado e incluso le dio un beso en la coronilla cuando terminó de curarlo, el chico se dejó hacer pero cuando su padre intentó levantarlo en brazos, bajó de un brinco de la mesa justo cuando Sirius regresaba.

-Puedo caminar

-Bien, ve a dormir y al que baje antes de medio día le sumo puntos a las hazañas de hoy

-Descansa papá

-Descansa hijo… gracias por llenar el botiquín para mí, me habría gustado no haberlo usado ¿necesitas que te cure? -le sonrió a su padrino que muy serio lo miraba.

-Parece que tienes experiencia

-Tengo tres hijos, sobrinos que son como el demonio y un ahijado que les iguala -se alzó de hombros.

Sirius se quitó la túnica y se sentó en la mesa.

-Lo siento

-Más lo siento yo -masculló. Harry sonrió.

Casi media hora después, por fin se dejó caer en el sofá.

- ¿Curación? -preguntó cuando Remus apareció.

-Estoy bien, ¿ya me has dejado sin hijo?

-No -se estiró en el sofá, sonrió al mirar a Remus -sabía que iban a ir

-Si ayuda en algo -dijo el licántropo, le gustaba el hombre en el que se había convertido Harry, también sonreía -se quedó aquí, tardó mucho en ir

-Lo imagino, pero fue y es lo que importa, sabía que no los dejaría arriesgarse…

-James no pretendía ir tampoco -dijo Sirius -de hecho, tuve que hechizarlo porque no quería dejarme ir

-Imagino -respiró hondo y miró los dos hombres, se puso de pie y volvió a estirarse -iré a dormir, nos vemos en unas horas. No importa que pase, no me hablen hasta las dos de la tarde, pero… -se detuvo en la puerta - ¿qué hacía James aquí? ¿No estaba en la escuela?

Remus y Sirius solo se miraron.

-No, olvídenlo, conozco lo suficiente a mi hijo y si no hubiera seguido a los gemelos, no sería James… descansen -no le dio más importancia y tampoco dijo más, solo fue hacia las escaleras. Se asomó en cada habitación para ver a sus muchachos dormidos y terminó acostándose en la misma cama donde dormía el Harry Potter de quince años. Ahora que Sirius vivía ¿cómo iban a cambiar las cosas? Miró el techo por unos minutos solamente y pensando en eso, se quedó dormido.

Era pasado medio día cuando Harry despertó, se sentía muy bien así que le extrañaron los gritos que se escuchaban abajo. No eran sus chicos, miró en las habitaciones antes de bajar y los cuatro dormían.

- ¡Papá! -Lily se le arrojó encima tan pronto entró en la cocina.

- Dije que iría por ti, ¿qué haces aquí? De poco en poco vas pasando de lo que digo Lily -regañó con el entrecejo junto, la niña solo se hundió en el pecho de su padre y lo abrazó con más fuerza. Harry regresó el abrazo pero no borró la expresión malhumorada. Al parecer iba a seguir mal ese día, ya había empezado mal. - ¿Comiste?

-Sí

-Ve arriba, iré a hablar contigo en un momento

- Pero papá -la pelirroja se separó de su padre lo suficiente como para mirarlo, Harry le regresó la mirada molesto.

- ¿Te ayudo a subir?

-No, ya me voy -reticente bajó los brazos y salió arrastrando los pies, echó una última mirada de cachorro a su padre y al obtener la misma expresión, se fue.

- ¿Qué eran esos gritos? -se dejó caer en una silla del comedor, se recargó en la mesa y miró a los dos adultos que lo miraban a su vez

-Sirius -Remus se sentó también, parecía de mal humor

-Estoy seguro -masculló Sirius y se sentó al otro lado de la mesa, frente a Harry

- ¿Y qué más da?

-Pero Remus…

- ¡No Sirius, no existe esa ley! ¡Te la acabas de inventar! -Remus golpeó la mesa con las dos manos para hacer énfasis.

-Creí que tenías infinita paciencia -sonrió Harry, el problema no sería grave si esos dos discutían como adolescentes. Remus bufó cuando le contestó.

-El infinito termina cuando conoces a Sirius Black

-Pero…

-Harry -suspiró - Sirius debía morir hoy ¿verdad? -el aludido asintió curioso -quizá en veinte años cambien las cosas pero si él no muere no has timado a la muerte ¿o sí? No va a volver mientras se ducha o come o va a un parque de diversiones muggle y se sube a la maldita montaña rusa ¿verdad?

Harry comprendió la discusión y no pudo hacer más que reír, deseó que lo que les esperara de ahí en adelante fuera tan trivial como esa discusión.

- Pero…

- ¡Deja de mirar películas muggle! Es más ¿dónde rayos lograste verla? No sabes ni usar una televisión

-James la traía en un aparato pequeño y…

La carcajada que soltó Harry interrumpió la pobre explicación del animago.

- ¿Qué hace Lily aquí? -aun riendo preguntó, se limpió las lágrimas divertido

-Fui por ella porque… -Harry miró a Remus que titubeaba -te extrañaba

-Eso seguro pero hizo un berrinche ¿no?

Remus sonrió.

-Creo que James tiene razón y la consiento mucho -murmuró con un suspiro.

- ¿Puedes repetir lo que acabas de decir? Estaba bostezando y no escuché bien

-Dije que te sentaras en silencio, ¿qué quieren de desayuno?

Harry se levantó con una sonrisa de lado, miró a cada uno de los cuatro muchachos que conforme eran víctimas de la mirada verde, se encogían un poco sobre sí mismos. Satisfecho fue hacia el refrigerador, puso cazuelas sobre la lumbre y se giró en espera del menú. Teddy fue el que lo tomó mejor, se miraba resignado.

- ¿La última comida del condenado? -preguntó con un suspiro, Harry le dio una sonrisa sombría, toda diversión desapareció de su mirada -waffles, huevo revuelto, tocino, pollo frito, pastel, helado de café…

-No hay pastel -contestó mientras comenzaba el desayuno, Sirius miraba sorprendido pero Remus estaba casi estupefacto, cuando creía que empezaba a comprender al Harry adulto, salía con algo así

- ¿Helado?

-Vainilla, chocolate, fresa y algodón de azúcar

-De algodón y a los waffles le pones cerezas, fresas, crema batida y chispas de chocolate y malteada de chocolate.

-Anotado -asintió, los otros dos adultos abrieron la boca con sorpresa - ¿James?

-Hot cakes, helado de chocolate, tocino extra y todo lo demás -el muchacho señaló a Teddy, Harry volvió a asentir, agitó su varita y miró a Albus.

-No tengo ni un poco de hambre

-Yo tampoco tío, Lily dice que si puede bajar porque tiene hambre

-Dile que baje y piensa mientras tanto en qué vas a desayunar, nadie se va a quedar sin comer… ¿Albus? -se giró hacia su hijo cuando Rose salió de la cocina, lo señaló con la varita.

-Pollo frito y puré de papa.

Volvió al desayuno. Los tres muchachos se acomodaron muy cerca uno del otro, con la misma expresión abatida, era como si en verdad fuera su última comida. Rose llegó poco después, seguía sin hambre.

-Rose… -dijo Harry en advertencia.

-Dame waffles y fruta -suspiró al final.

Lily pidió lo mismo que Albus, fue la única que sentó feliz, tarareaba en espera de su desayuno. Sirius y Remus miraban todo en silencio, de vez en cuando intercambiaban una mirada y volvían a ver a los viajeros del tiempo, el que más los desconcertaba era Harry que sin poner atención al ambiente seguía cocinando. No tardó mucho en llenarse de un delicioso aroma la cocina. Nadie hablaba, el único sonido era la cancioncilla que la pequeña pelirroja seguía tarareando, Harry se sumó un poco después.

-Bien, provecho -con un movimiento de varita, la mesa se llenó de olores y colores. Todo estaba servido y olía de maravilla -cuando terminen, limpian todo y suben cada uno a una habitación diferente, los cuatro ¿entendido?

-Sí papi -solo Lily habló, los otros tres asintieron en silencio mientras se servían.

Harry salió de la cocina, los dos adultos lo siguieron de inmediato. En la estancia, se dejó caer en un sillón, subió los pies a la mesita del centro y miró a sus acompañantes.

-Parece que vieron a Voldemort -les sonrió

-Si no te parecieras tanto a James -dijo Sirius cuando se sentaba frente a él -juraría que no eres Harry

- ¿Por qué?

-Por lo general gritas cuando te molestas -acotó Remus, se quedó de pie junto a Sirius.

-Pero es que no estoy molesto Remus, yo ya sabía que iban a hacer lo que hicieron. Me habría sorprendido demasiado si me hubieran obedecido -se alzó de hombros y se recargó en el respaldo - Rose.

La muchacha que salía cabizbaja de la cocina se detuvo, apenas levantó la mirada.

- ¿Desayunaste?

-No tengo apetito tío Harry

-Ron me dijo que cuando estás en problemas no comes, pero estos problemas te los buscaste tú sola a pesar de que les advertí lo que iba a pasar y les dije que no quería que fueran así que…

-Lo sé tío -levantó la mano en la que llevaba un waffle doblado a la mitad con fruta en medio, tenía un par de mordidas, le dio una más y miró a Harry. -Estoy comiendo pero no quiero estar en la cocina, voy a subir.

-Será mejor que lo termines, si lo tiras me voy a dar cuenta

-Sí.

Miró a la chica seguir su camino, aspiró y mantuvo el aire todo lo que pudo, después lo soltó poco a poco.

-Después de que desobedecen y se arriesgan, me hacen sentir mal con su arrepentimiento -masculló con el entrecejo fruncido -eso no es jugar limpio.

-Todo estuvo delicioso papito -Lily se colgó por detrás del sofá y se abrazó a su padre. Harry sonrió, la jaló hacia adelante y la sentó sobre su regazo, le dio un beso en la mejilla con adoración, sus ojos brillaban.

-También voy a hablar muy seriamente contigo

-Lo sé, lamento haberme portado de esa forma -se untó a su padre como un pequeño gato, bajó de un brinco y le dio un gran beso en la mejilla, después hizo lo mismo con Sirius y con Remus, salió tranquilamente.

-Eres un ogro al regañar a esa dulce niña -le sermoneó Sirius, Harry entrecerró los ojos y miró a su padrino.

-No, todavía no, espera a que salgan los otros tres de la cocina -masculló Harry, se cruzó de brazos y volvió a recostarse - ¿sabes qué es lo peor? Que ni siquiera pensaba cumplir mi amenaza.

- ¿No?

Harry miró ofendido a su antiguo profesor de defensa.

-Claro que no, Ted tiene veintitrés años, James diecisiete, Al piensa demasiado las cosas y Rose es tan Hermione que no se le puede reprochar mucho. Me habría desilusionado su comportamiento si no hubieran ido. Me gustaría que me obedecieran y preferiría que no se hubieran arriesgado pero los conozco.

-Entonces… -Remus señaló hacia la cocina con un ligero movimiento de cabeza y Harry sonrió.

-Me desobedecieron, solo los torturo un poco.

Harry rompió en carcajadas con la cara de Remus, Sirius sonreía más tranquilo. Entonces salieron los tres muchachos. James y Albus cruzaron la estancia cabizbajos, en silencio fueron hacia las escaleras, Teddy parecía ir al patíbulo, echó una mirada a su padrino. Toda la diversión del mayor se esfumó, era rápido fingiendo molestia y tan bueno que el cabello del muchacho cambió de colores con solo una mirada.

-Arriba y en una esquina cada uno -le mantuvo la mirada a su ahijado, pudo ver como en los ojos de Teddy aparecía la ofensa, abrió la boca para quejarse pero la cerró cuando Harry se irguió aun sentado, asintió y dio media vuelta, siguió a James y Albus hacia las escaleras.

Harry se recargó en el respaldo del sofá, seguía mirando hacia donde habían desaparecido los muchachos, una sonrisa melancólica apareció en su rostro. Vio a Remus.

-Es un gran hombre, Remus.

-Gracias Harry

-Bueno, ahora solo falta que dentro de dos años te cuides de Dolohov y así te lleves todos los dolores de cabeza -le sonrió al estupefacto licántropo -ahora si me disculpan, iré a gritar un poco.

Comenzó a tararear la pegajosa cancioncilla de Lily y salió dejando atrás a los dos hombres que solo atinaron a mirarse. Y como había dicho, gritó no un poco sino un mucho. Gritó y amenazó pero los cuatro muchachos agradecieron que repentinamente olvidara la amenaza que prendía sobre sus cabezas, en especial Teddy. El resto de la semana se la pasaron haciendo las labores de la casa y nadie se quejó, ni James o Teddy a pesar de que les habían quitado la varita. Durante la segunda semana, tuvieron las visitas que Harry esperaba, el profesor Dumbledore le aseguró que tenía las pociones para cuando él quisiera. Respiró aliviado, al fin podría regresar a la normalidad, extrañaba su vida de corajes en su época. Le agradeció al profesor Dumbledore y lo apartó de la multitud.

-Harry no debes…

-Lo sé señor, no sé qué va a pasar pero me inclinaré hacia la versión de Hermione sobre si movía algo más aquí. Dijo que aparecería otra dimensión donde las cosas cambiarían y nuestra época seguiría igual, así podrían hacer las cosas un poco diferente. Durante mi estadía aquí ayudé a Teddy con sus misiones, que detallé aquí -sacó un sobre de su túnica y lo extendió al director -se lo daré, usted sabe qué hace con él. Si puedo salvar a un par de personas… disculpe por favor, tengo dos cartas más que entregar.

No le dio tiempo al viejo director de detenerlo, jaló a los gemelos Weasley que reían con James.

-Esto es importante, ¿quién es Fred?

Los dos levantaron la mano.

- ¿Alguno sale con Angelina o piensa salir con ella?

Ninguno se movió, los dos se quedaron mirándolo.

-No importa, si les doy esta carta George tiene que jurarme que se casará con ella, no, no me importa nada más -agregó lo último al verlos abrir la boca -si no, solo me la llevo -hizo intento de dar media vuelta pero el gemelo de la derecha lo detuvo

-Bien, bien, quizá intente salir con ella -murmuró ruborizándose para diversión y sorpresa del otro gemelo.

-Bien, aquí… -les dio la carta -léanla solos, que nadie más se entere, la queman después. Es importante, pueden cambiar el futuro y nadie sabe que puede pasar ¿entendido?

-Sí papi Potter -sonrió Fred o al menos el gemelo de la izquierda, quería creer que era Fred.

Harry asintió, buscó con la mirada a la persona que necesitaba y a la que le estaba tan agradecido, lo encontró en un rincón, alejado de todos y con cara de mal humor. Se acercó a él y le tendió el sobre. Lo recibió una mirada despectiva, Harry asintió sin necesidad de que el hombre hablara.

-Lo dejo aquí -dijo, puso el sobre en la mesita junto a él -si no la quiere leer solo quémela -antes de que Severus Snape hiciera un comentario ácido y ofensivo, Harry regresó al centro de la estancia donde todos reían y Teddy sonrojado intentaba alejarse.

-Vamos Ted, nunca nos has dicho qué pasó

- ¿Qué ocurre? -Harry llegó sonriente, se sentó en el medio de James y Ted a quien jaló para que volviera a sentarse. El muchacho resopló resignado.

-No es nada agradable ¿Qué te importa?

-Ted

-No fue con intención de ser grosero -suspiró ante la advertencia en el tono de Harry -es solo que no sé que importa lo que pasó hace diez años en tu cumpleaños

-Sabemos que pasó -lo interrumpió Albus divertido -lo que no sabemos es por qué…

-Yo tampoco sé todos los detalles -comentó Harry pensativo

-Bien, ya qué más da -rodó los ojos ante la insistencia de todos, recibió un golpe en la cabeza cortesía de su padre - ¡au! Si no era para Harry

-Yo también quiero saber -dijo Remus con una seriedad falsa

-Ya, ya… -respiró hondo antes de hablar:

Hacía poco que había cumplido trece años y su padrino le había dado el mejor regalo del mundo, se había esforzado tanto en el regalo que él quería hacer lo mismo y comprar el mejor regalo para el mejor padrino. Había estado ahorrando durante todo el año para comprarse una escoba y surtirse en sortilegios Weasley para el próximo año y no sufrir carencias durante clases pero ahora que su padrino le había comprado la escoba de carreras más nueva y le había dado un surtido deluxe de sortilegios, no podía más que regresar el favor y conseguir el mejor regalo. Así que se desilusionó cuando su abuela le había dicho que tenía que hacer demasiadas cosas durante toda la mañana y quizá se desocuparía hasta la hora de la fiesta de Harry. Quizá era un poco su culpa también por haberlo dejado a último momento pero se había entretenido con el juego muggle que Harry le había dado por navidad y cuando quiso, ya tenía el día encima. Había intentado que Ginny lo llevara pero Lily acababa de aliviarse del enorme resfriado que sufría y ahora su abuela se iba todo el día. No le quedaba de otra que ir con las manos vacías, era desagradecido.

- Teddy, ¿te dejo con tu padrino o prefieres irte más tarde?

Andrómeda Tonks asomó la cabeza por la puerta abierta de la habitación de su nieto. El chiquillo con el cabello de un azul brillante, pausó el juego y con una gran sonrisa miró a su abuela. Ella no sabía pero le acababa de dar la idea perfecta para el regalo de su padrino. Le dijo que se iría más tarde, aprovecharía que tenía poco permitiéndole salir solo. Mientras la bruja con tranquilidad y confiando que el niño estaría jugando esa cosa muggle salía a cumplir con sus asuntos. Teddy se vistió apresurado, tomó el teléfono celular que Harry le había regalado y salió a la carrera sin apagar la consola, apenas se acordó de tomar el dinero que ya había convertido a la moneda muggle. Le compraría un regalo a la maestra de estudios muggles por haberle enseñado la moneda. Corrió a un parque cercana y se sentó en una banca, buscó la aplicación que su padrino le había enseñado a usar por si salía con su abuela por el Londres muggle, era más fácil pedir un auto y que te llevara que pedir un taxi, incluso le había dado un trozo de plástico que servía para pagar, no recordaba el nombre pero sabía que tenía que meter los números en la aplicación. Orgulloso de sí mismo pidió el auto que no tardó mucho en llegar, le dio el destino al conductor cuando éste le ofrecía un refresco, dejó el celular por un lado junto a su cartera y lo tomó. Definitivamente le gustaba más esta forma de viajar que el autobús noctámbulo.

Tras una hora de viaje, le dio el trozo de plástico al conductor para pagar, tomó su cartera y con el ego inflado por haber llegado hasta ahí él solo, fue al enorme centro comercial que tenía enfrente. Se paseó por todas las tiendas que miró, estaba maravillado, Ginny lo había llevado de compras alguna vez pero siempre que miraba las cosas muggles se entusiasmaba, le sorprendía y encantaba como se las apañabas los muggles para hacer las cosas sin magia. Concentrado se paseó sin darse cuenta de que las horas pasaban y ya no eran las diez de la mañana, cuando sintió hambre comió una hamburguesa sin mirar las cinco de la tarde en el enorme reloj que estaba en el centro del comedor. Siguió dando vueltas hasta que entró en una tienda donde vendían llaveros, corbatas y cosas de ese estilo. Al fondo del lugar un pequeño cartel le llamó la atención: "se graban plumas" se acercó con curiosidad, pero contrario a lo que esperaba solo encontró unos pequeños tubos de metal.

- ¿Quieres una pluma para tu padre? -le preguntó con amabilidad una joven, tenía una gran sonrisa. Teddy la miró y volvió la vista a los tubos dentro del aparador. -Es un gran regalo, le podemos escribir lo que quieras y así puede llevarla a cualquier lugar, son de plata y también tenemos los repuestos de…

- ¿Llevarlo? ¿Pero se puede escribir con esto? -sorprendido señaló el cristal. La joven le sonrió, sacó uno de los pequeños tubos de metal, le quito un trozo y rayó sobre una hoja de papel. El chiquillo de cabello azul sonrió entusiasmado, seguro le gustaba a su padrino. -quiero esa por favor -señaló una pluma dorada - ¿podría escribir con rojo?

-Veré que se puede hacer, pero tienes que pagar primero -le señaló la caja cercana, el niño asintió, casi corrió y pagó. Su mirada brillaba mientras esperaba que terminaran de grabar la pluma, la envolvieron para regalo en el estuche también grabado y feliz, salió con el regalo perfecto para su padrino, casi en las puertas miró un pequeño puesto, se acercó al ver que grababan pulseras. Compró una, podía darle otro regalo a Harry.

Para cuando salió del centro comercial, la noche estaba muy avanzada, sintió una punzada en el pecho al darse cuenta que la fiesta ya había comenzado. Tenía que pedir el auto ya para poder llegar al parque y caminar media hora para ir a su casa e ir por red flú hasta la casa de Harry y argumentar que se había quedado dormido, podía llegar un par de horas después de la hora de la fiesta. Pero el alma se le fue hasta los pies cuando buscó el celular y no lo encontró por ninguna parte. Con el miedo creciendo rápido y extendiéndose por todo su ser, comenzó a caminar ¿cómo podía regresar a casa? ¿Cómo iba a ir a darle el regalo a su padrino? Volvió a palpar todos los bolsillos de su pantalón en busca del rectángulo que le había dado Harry, en el tercer recorrido, respiró aliviado, tenía la varita. Corrió hacia una calle cerrada que estuviera deshabitada, no encontraba nada, por más que corría todo esta iluminado hasta que quince minutos después logró encontrar algo, levantó la varita y retrocedió de un brinco, el enorme autobús morado apareció con un rechinido. Subió, pagó, dio el destino y fue a sentarse. No puso mucha atención a la plática o al camino, estaba durmiéndose cuando llegó, no supo cuánto tiempo había pasado. Adormilado comprobó que era la casa de Harry, se aseguró de llevar el regalo y fue hacia la casa, al menos le iban a creer que se había quedado dormido. Tocó con flojera, metido en su papel pero un par de minutos después llamó con más fuerza.

- ¿Teddy? -Ginny abrió la puerta, se le saltaron algunas lágrimas cuando lo miró. Lo apretó en un gran abrazo - ¡Andrómeda, aquí está! -lo jaló del brazo para que entrara, su abuela lo abrazó entre llantos y mocos. Intentó apartarse sin comprender lo que pasaba. Miró alrededor, no había ruidos, música ni nada. -Le mandaré un mensaje a Harry -Ginny encendió el celular, aun le costaba teclear -si fuera más rápida la lechuza, odio esta cosa -masculló con la vista fija en la pequeña pantalla.

- ¿Terminó la fiesta tan temprano? -preguntó confundido entre el abrazo asfixiante. Andrómeda separó el abrazo, Ginny mandó el mensaje y miró al adolescente.

- ¿Dónde estabas Teddy? -el entrecejo de la pelirroja se juntó y ese fue el foco de alerta que encendió la señal de peligro en la cabeza del muchacho.

-Me quedé dormido y…

- ¿Dónde?

- ¿En mi cama? ¿Dónde más? ¿Dónde está Harry? Le traje un regalo -aprovechando que su abuela lo había soltado, fue hacia la estancia, tenía hambre quizá habría pastel o algo… se detuvo en la cocina, sorprendido miró toda la comida servida sin tocar siquiera. Escuchó a su abuela despedirse, dijo que volvería al día siguiente por la tarde y que se lo encargaba a Harry, con más curiosidad aún, regresó a la estancia, titubeó un poco al mirar a Ginny molesta. Un momento después escuchó el ruido de aparición.

-Si quieres volver a Hogsmade antes de graduarte o sentarte, será mejor que no mientas en nada, por pequeño que te parezca -dijo Ginny justo antes de verse envuelto en otro asfixiante abrazo.

- ¿Qué pasó? ¿Dónde estabas?

-Dormido en casa Harry ¿por qué no hay fiesta? No creí que habría tanto problema con que me durmiera un par de… -Harry deshizo el abrazo, taladró con la mirada al adolescente que de pronto se dio cuenta de algo, acababa de mirar el reloj en la pared, eran las once de la noche y él era hombre muerto.

-Dormido… ¿crees que no fue el primer lugar que revisé cuando me llamaron de tu celular para decirme que lo habías olvidado en un auto?

-Y-yo Harry…

- ¡Siéntate y comienza a hablar!

-Y-yo solo… yo… no quería preocuparlos ¡lo siento Harry! No me di cuenta de la hora… -comenzó a llorar, ahora comprendía la reacción de todos y el por qué no habían tocado la comida -lamento haber arruinado tu fiesta de cumpleaños

- ¿Mi fiesta? -se sentó en la mesa de centro y lo tomó de la barbilla, le levantó el rostro - ¿Crees que me importa una fiesta de cumpleaños cuando lo que más me importa desaparece?

-Lo siento, no quise… perdóname Harry… pero estoy bien, mira, logré comprarte el regalo yo solo -se limpió las lágrimas y le sonrió a su padrino, le tenía la pequeña bolsa.

Harry agarró la bolsa, la miró un momento, después vio al muchacho que sonreía orgulloso. La preocupación de su mirada desapareció en menos de un segundo al comprender lo que había ocurrido y aun así, lo preguntó, quería asegurarse.

-Dices que… fuiste a una tienda muggle a una hora de tu casa…

-Hora y media porque caminé media hora para llegar al parque y que el auto me recogiera -lo interrumpió orgulloso, la quijada de Harry se trabó porque la apretaba demasiado en un intento de controlarse y no estrangularlo.

-Te paseaste desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche para comprar un regalo tú solo… ¿Por qué no le pediste a Ginny que te llevara?

-Porque preparaba tu fiesta, mi abuela salió temprano y tú no debías verlo…

- Hermione te habría llevado

El niño lo miró boquiabierto, le sonrió.

-No se me había ocurrido.

-O sea que solo tomaste y te fuiste

-Sí y yo solo -infló el pecho. Ginny suspiró, le dio un beso en la mejilla a su esposo y acarició el cabello de Teddy cuando dio media vuelta y se fue.

- ¿Por qué estás orgulloso? -preguntó Harry en un susurro tétrico, Teddy miró a su padrino - ¿te enorgullece haber preocupado a tu abuela al grado de no poder moverse por el terror de que algo te haya pasado? O ¿Haber hecho que todos los que vinieron a festejar se pasaran horas buscándote? ¿Tienes una idea de lo que me preocupé al no encontrarte? Te busqué en casa, miré la consola encendida. Fui al parque donde me dijeron que te recogieron, fui a todos los centros comerciales que están cerca de donde te dejaron, recorrí veinte veces cada tienda, pregunté a todo el que miré, fui a la estación de policía, a los hospitales y nadie me decía nada… las horas pasaban y… -lo interrumpió un sollozo, toda la preocupación y el estrés empezaban a salir, cayó de rodillas, se jalaba el cabello con ambas manos.

Teddy estaba de pie sin poder moverse, no sabía qué hacer, nunca había visto a su padrino de esa forma. No había imaginado que preocuparía tanto a todos.

-S-solo quería darte un buen regalo, nunca te doy nada y…

- ¡No quiero ni un maldito regalo si tú no estás Ted! -las lágrimas caían una tras otra sin vergüenza, jaló al muchacho de un brazo y se aferró a él -creí que te perdía Teddy, algo podía pasarte y yo no estaba ahí para ti, no podía protegerte…

-Perdón Harry -el llanto le ganó también a él y se aferró a su padrino, algo le apretaba el pecho y se sentía más mal. -Lo siento de verdad, te juro que no lo volveré a hacer…

Y cuando dijo esa última frase, Harry se limpió el rostro, separó el abrazo y lo miró, lo que vio en esos ojos verdes hizo que el muchacho empezara a temblar, había un algo que le atemorizaba.

-Te aseguro que no lo volverás a hacer Ted y si ocurre cualquier cosa parecida a esto, te juro que no me importará tu edad.

-Harry…

-Ve a mi despacho, arreglaremos esto ahí porque los niños duermen

- ¿Qué vamos a arreglar, padrino?

Harry ignoró la mirada de cachorro apaleado de Teddy y esa voz, siempre le decía padrino cuando estaba en problemas y él siempre caía, pero hoy sería la excepción, se aseguraría de que eso jamás volviera a pasar así que tomó al chiquillo del brazo y lo guió hacia su despacho.

-Y lo que sigue a nadie le importa -con habilidad se zafó del agarre de Harry, esquivó el manotazo de su padrino y el de su padre y se escurrió hacia la puerta.

- ¡Teddy, esa no es forma de hablar, ven a…!

El dolor cruzó por la cara de Harry, cayó de rodillas sujetándose la cabeza. Teddy se acercó rápidamente y se arrodilló junto a él.

-Harry…

-Arreg-glen todo, las pociones… ya-las p-pociones -los espasmos de dolor lo interrumpían, estaba a punto de retorcerse -cuando despierte-sangre-poción -y se desmayó.

Se armó una revolución en cuanto lograron acomodar a Harry sobre un sofá. Todos corrían preparando lo que les faltaba, combinaban las pociones según les había dicho Harry y Snape se aseguraba de que lo hicieran bien. Una hora después, el adolescente despertó y sin explicarle le pincharon el dedo. Ron y Hermione le contaron lo que había pasado, el muchacho asintió agotado, estaba feliz porque Sirius tuviera otra oportunidad. En cuanto agregaron la sangre de Harry a la poción, una explosión llenó de humo la estancia y poco después un brillo cegador iluminó todo, se escucharon voces alegres, risas, gritos de diversión, después de dolor, el olor a sangre inundó el lugar y los alaridos de terror llenaron la cabeza del muchacho que terminó de rendirse al cansancio y escapó a todo, Harry cerró los ojos. En un sueño se miró mayor, veinte años mayor.

-Hice lo que pude, gracias por ayudarme y cuidar de mis hijos. Ahora es tu turno para intentar ser feliz. Nos vemos dentro de veintitrés años Harry Potter…


Sion

P.D.Espero señales de vida...