Barbacoa sorpresa

(Emma)

No sabría decir qué me está pasando. Yo, que siempre he sido tan fuerte e independiente, que nunca he dependido de nadie para nada, ahora me veo en una fase perturbada y confusa de mi vida. No es que Killian me hiciera mal, pero me siento extraña al estar cerca de él, como si me volviera una niña con carencias y débil. Lo sé, no es saludable…tampoco creo que mi manera de actuar actual sea pasión o amor, no, no lo es, pues me estoy dando cuenta cada vez más que mis sentimientos por él están cambiando…y eso me causa miedo, ¡casi pánico! Debido a eso, me siento acorralada, como si yo misma me obligase a convencerme de algo que ya no existe o que ya no está ahí, como si fuera lo correcto…¿se entiende? Estaba tan segura del amor que sentía hacia él, que creo que me asusta el hecho de sentir que puede que no sea la persona que realmente deseo para mí…y es exactamente eso que me hace parecer una niña tonta y débil, una imagen que he dado…¿creen que no me he dado cuenta de la mirada de todos? ¿De mi familia, mi hijo, Regina…? Como si me dijeran con la mirada: ahí va la sumisa, dependiente del prometido…lo confieso, eso me hiere…sé que ellos nunca me dirán nada, pero de cualquier forma, está ahí, ellos piensan que he cambiado…no querría estar así, de esta forma, tan cerrada, tan retraída, tan…cambiada. Me veo en un valle lleno de agujeros, donde, si piso en falso, me hundo directamente en uno de ellos…he puesto muchas expectativas en Killian…expectativas estas que pueden que no sean saciadas de la manera que yo imaginaba, o quería. Y en el fondo, quizás yo solo sea esa niña con carencias, que no tuvo infancia y que solo quiere a la persona correcta para amar, y ser amada…y tal vez, solo tal vez, pueda estar buscando en Garfio algo que no encontraré en él…solo me hace falta el valor para reflexionar. Y volver a actuar como la mujer que era antes, aquella que realmente soy: la Salvadora.

Querido diario, hoy seré más osada y vamos a conversar sobre algo que siento a raudales por Emma y que me quema por dentro: deseo sexual. ¡Sí! Eso mismo que has leído, ¡deseo sexual! ¿No te dije anteriormente que el amor viene automáticamente ligado al deseo?

Mi deseo por Emma está a flor de piel, me pone de punta cada pequeño pelo que mi cuerpo posee, trasborda por los poros y me incendia de cabeza a los pies con la más pura lujuria.

No te vas a creer cuántas veces ya he soñado que hacíamos el amor o incluso sexo salvaje, y me despertaba mojada y llena de tensión. Es más, tengo que tener mucho cuidado para que ella no se dé cuenta de la excitación que queda plasmada en mi cuerpo cada vez que me acerco más de lo normal a ella, recibo algunos toques sutiles o siento aquel maravilloso perfume de canela tan característico. Vivo imaginando cómo serán sus pechos desnudos…redondos, firmes, del tamaño ideal para que quepan en mis manos, mientras los aprieto y masajeo…¿pezones rosados, tal vez? ¡Qué dulce y tentador deseo de llevar mi boca a ellos y succionarlos hasta dejarlos rojos, mientras Emma se aferraría a mis cabellos y me imploraría por más…!

¡Qué deseo incontrolable de desvestirla lentamente…! ¿Cómo será su cuerpo? Que es hermoso, bien esculpido y definido, eso ya lo sé, pero, ¿cómo será sin ninguna prenda de ropa que lo cubra, y cómo reaccionaría a mis toques, a mis cariños y a mis dedos paseando por toda su piel de melocotón? Yo recorrería cada parte de aquel hermoso cuerpo, tanto con las manos, explorando, palpando, dejado caricias, como con la boca, dejando rastros del más puro sabor del placer en toda la extensión de sus bellas curvas…hasta sentir su humedad derramándose en señal de aprobación a mis caricias y mis toques, mientras siento a Emma por entera, mientras la penetro y entro dentro de ella…

Y entonces, la haría mía, así como también ella me haría suya…y seríamos una de la otra, un solo cuerpo, unido solamente a un corazón que no necesitaría palabras para estallar en un intensa lluvia de sentimientos y sensaciones…la haría mía, dejaría marcas en su cuerpo, pero también la amaría lentamente, dejando marcas en su alma y en su espíritu.

Me noto de nuevo mojada, o mejor dicho, ya encharcada…la excitación me consume, y como sé que no podré saciar este deseo incontrolable con la rubia de mis sueños, solo me queda satisfacerme sola…

¿Qué ocurre? No me mires así…también yo tengo el otro lado de la moneda, soy fría, pero también soy calor, soy agua, pero también fuego…y hoy no he venido a ser romántica, no…he venido con la intensión de ser caliente, descarada y sexy. Pues Emma también despierta mis caras más eróticas y prohibidas…y confieso que lo adoro.

Diario de Regina, página 5

(Regina)

Realmente, muy probablemente, cometí herejía contra la cruz en alguna reencarnación pasada, pues el karma me golpea…pensaba que iba a pasar un sábado entero, tranquila, en mi mansión, cuando David me llama prácticamente ordenándome que estuviera preparada porque iban a realizar una barbacoa sorpresa en conmemoración del compromiso de Emma…sin disculpas para dar, solo me quedó confirmar mi presencia…¡perfecto, otro día más de aquellos!

Me preparé como de costumbre, con tacones bajos negros, traje de chaqueta gris y una blusa azul mostrando un escote ligeramente generoso. Y por supuesto no podría faltar mi labial rojo y mi perfume con leve aroma a manzana.

Al llegar a casa de Mary, ya todos estaban ahí: la pareja Charming, Zelena, Belle, Granny y Henry. Llegué atrasada a propósito porque no quería ver la cara de pastel de Hook y Emma al ser anunciada la sorpresa. Al final, la sorpresa no fue tal. Zelena me contó que Emma había entrado en la cocina a la hora equivocada y vio a la madre preparando toda la gran cantidad de carne y acompañamientos.

Hablando de Emma, la encontré algunos minutos después, seguida de Garfio, como siempre, con cara de pocos amigos dirigida a mí. La rubia me dio un apretado abrazo y me dejó un beso en la mejilla, provocando que todo mi cuerpo de estremeciera y que mi rostro se sonrojara. Su sonrisa era tan grande y hermosa que no pude resistirme y sonríe también de oreja a oreja, esta vez, sin perder el contacto con su mirada color esmeralda.

-¡Qué bien que hayas venido, Regina…!- dijo

-Claro que vendría…- me derretí entera.

Nos quedamos mirándonos en aquel espacio solo nuestro, aún dadas de mano después del abrazo, y creo que Killian no voló hacia mi cuello porque David lo atrapó por los hombros riendo locamente, llevándolo al otro lado de la casa para ver algo.

Enseguida Emma fue a darle atención a Granny, y yo fui a ayudar a Mary en la cocina, mientras Belle y Zelena se hacían carantoñas en una mesa cerca de la ventana, y de vez en cuando me sonreían.

-Regina…¿todo bien?-preguntó Mary de repente

-Sí…¿por qué no lo estaría?- dije y suspiré sin mirarla, colocando un mechón de cabello tras la oreja. Ya sabía a dónde ella quería llegar.

-Por nada…- dijo de forma más baja, pero noté su decepción. Blanca aún tenía esperanzas de que me declarase a Emma.

El almuerzo transcurría tranquilo, en una típica barbacoa americana. Carnes, hamburguesas, salchichas, cerveza…todos estaban animados. Menos Emma. Incluso de lejos, notaba su mirada vagando hacia un punto cualquiera, mientras no fuera el mismo donde ella estaba. Henry tuvo que llamarla tres veces parea hacer que lo escuchara. David y Hook habían desaparecido para ir a buscar las cañas de pescar. Hombres…balanceé la cabeza negativamente mientras mordía mi hamburguesa y reía de algo que Zelena comentaba y Belle la imitaba.

-¡Regina!- era Blanca gritando a lo lejos –Por favor, ¿puedes coger tres vasos rojos que están en el armario de la cocina? Ya sabes dónde, ¿no?

Asentí para ella y siguió su camino llevando algunos platos hasta otra mesa. Pedí disculpas a mi hermana y a Belle y fui a hacerle el favor a Blanca.

Entré en la cocina y cogí una silla, pues la parte del armario que contenía los vasos estaba más alta, y no alcanzaba. Resoplé. Ningún decorador piensa en los que no son tan altos.

-¡Qué linda! ¿Necesita ayuda, alcaldesa?

Casi me caigo de la silla del susto. Era Emma, la dueña de mis sueños más amorosos y eróticos, de pie y apoyada en el marco de la puerta de la cocina, con los brazos cruzados y piernas también, sonriéndome de forma traviesa. Yo me encontraba de puntillas, intentando encontrar los vasos dentro del armario. ¡Cielos! Eso es golpe bajo…ella se quitó la chaqueta roja y su escote, en un top gris, volvería loco a cualquiera.

-En vez de quedarte ahí burlándote de mí, ¿qué tal si me echas una mano?- intenté controlarme y la llamé

Ella rió con gusto y se acercó a mí.

-Claro, Majestad…- la manera en que lo dijo casi me hizo atragantarme. Lo adoré, y tuve que esconder mi sonrisa descarada.

-Los he encontrado, voy a empujarlos hacia delante y…- comencé

Y fue ahí que mis palabras murieron en mitad del camino, porque mi pie resbaló, perdí el equilibrio y me caí de la silla, pero no tuve una fea caída porque Emma, rápidamente, me agarró, cogiéndome en sus fuertes brazos, con una velocidad increíble. En el momento del susto, ni me di cuenta de que me había agarrado a ella, abrazándola completamente por los hombros. En ese momento nuestras miradas se cruzaron con aquella conexión tan familiar y llena de sensaciones…no apartábamos los ojos la una de la otra, nuestras respiraciones estaban completamente aceleradas, los corazones latiendo fuerte y desacompasados a un mismo ritmo, sí, podía sentir el de Emma. ¿Qué estaba pasando con nosotras? Mis sensaciones yo ya las conocía y sabía muy bien de dónde venían, pero las reacciones de Emma…¿había sido el susto de casi verme estrellarme contra el suelo?

La hermosa rubia de cabellos ondulados no me soltaba, y yo tampoco quería que me soltara…podría fácilmente pasar la eternidad ahí, anillada en su regazo y protegida y amparada por aquellos brazos. Sus músculos estaban completamente marcados, algunas venas saltaban aún más por el esfuerzo de agarrarme, cosa que ella hacía con extrema facilidad…¡qué mujer tan fuerte, y hermosa! No me resistí, paseé las manos y apreté ligeramente los músculos de los hombros y parte del brazo. ¡Qué incontrolable deseo de sentirlos…! ¿Fue impresión mía o Emma cerró ligeramente los ojos y gimió muy bajito cuando cometí ese acto más osado?

-Regina…- dijo finalmente tras un tiempo en nuestro silencio donde solo se escuchaban nuestras respiraciones.

-¿Sí?

-Creo que está barbacoa ya ha dado lo que tenía que dar y está muy aburrida, ¿no crees?- ella sonrió de forma traviesa, como la buena mezcla de mujer y niña que era -¿Quieres escaparte? ¿Estás conmigo en marcharnos de aquí?