Fuga

Fue inevitable no fruncir el ceño ante el pedido de la rubia.

-¿Huir?- reí -¿Te has vuelto loca, Swan? ¿A dónde? ¿Quieres escaparte de tu propia barbacoa sorpresa en conmemoración de tu compromiso?- crucé los brazos y la encaré, irónica.

Emma se encogió de hombros y respondió sencillamente.

-Sí, eso mismo.

-Vale…¿y a dónde iríamos? ¿Cómo crees que vamos a poder hacerlo sin ser vistas o llamar la atención sobre todo de tu señora madre?

-A dónde iremos, ya lo sé…- su mirada brilló y su sonrisa se alargó aún más –Ahora, para salir, haremos como niñas pequeñas, ok…bien despacio, de puntillas…sin llamar la atención de nadie y, cuando no haya moros a la vista, ¡echamos a correr!

No pude resistirme y me eché a reír alto de la cara que estaba poniendo: la de una chicuela lista para cometer la mayor travesura de su vida.

-Ah, Emma…no sé, no…- me rasqué la cabeza.

-Regina…- se acercó más a mí y en ese momento sentí cada parte de mi cuerpo estremecerse. Emma cogió mis dos manos en las de ella y miró hondamente en mis ojos. Sus pupilas estaban dilatadas, como si me implorase algo. Y como siempre hacía conmigo sin darse cuenta, Swan me desmontó entera, haciendo que me quedara blanda como gelatina, me derretí toda dentro de su mirada –Por favor…¡vamos! No me niegues esto, ¡venga! Necesito respirar un poco, pasar tiempo contigo…- ¿qué? ¿Pasar tiempo conmigo? Si Emma no notó los temblores que se apoderaron de mis manos, es porque tiene que ser muy burra –Echo de menos…¡te echo de menos! Echo de menos a mi amiga…

La encaré profundamente, más de lo normal. Me quedé ahí, mirándola, en un silencio agradable, mientras ella me miraba también esperando. Pues claro que la ruia sabía que yo no podía negar un pedido como ese viviendo de ella.

-¡Está bien…has ganado!- respondí en un suspiro.

-¡Bien!- aquella rubia linda dio una sonrisa tan maravillosa y una risa tan placentera que no pude dejar de sonreír y reír con ella –Ahora vámonos ya, que esta fiesta de familia está muy aburrida…- en un acto impulsivo, Emma me cogió de la mano y caminó arrastrándome, miró una única vez hacia atrás y se llevó un dedos a los labios, indicándome que no hiciera ruido.

Yo reí una vez más. ¡Qué a gusto me sentía al lado de Swan! ¡Cómo echaba de menos estar así con ella, solo nosotras dos, sin Killian para molestar, en aquel mundo particular tan acogedor que nos pertenecía a nosotras dos y a nadie más!

Emma me guió hasta la puerta de atrás de la cocina que daba al otro lado de la casa, donde todo estaba desierto. Killian y David estaban allí, pero más lejos, riendo y comparando algunas cañas de pescar, y como en las películas de acción, pegamos nuestros cuerpos a la pared esperando a que los dos se apartasen más y ver el momento oportuno para escapar. Aguantamos las risas, mirando de soslayo una a la otra. Emma se puso la mano en la boca para ahogar la risa. Estaba adorando la aventura de huir de su propio almuerzo de compromiso.

Pasados algunos minutos, como esperábamos, los dos hombres se alejaron hacia el lado opuesto del jardín, donde estaban todos los demás. Había que actuar rápido, pues Blanca no tardaría mucho en darse cuenta de mi ausencia y la de los vasos que no le llevé. Miramos hacia lo lejos. De momento, se encontraba distraída conversando y riendo de algo que Granny decía.

Era el momento oportuno. Dado que todos estaban distraídos, Emma y yo corrimos hacia el fondo del jardín que estaba desierto y partimos a toda velocidad hacia la calle, como dos niñas eufóricas y traviesas riendo satisfechas de nuestra maldad. Corrimos más y más, riendo a carcajadas, hasta que paramos a unas cuatro manzanas, las dos jadeantes de tanto reír, rojas como tomates y apoyando las manos en las rodillas.

-¡No puedo creer que me hayas convencido para eso, señorita Swan! Soy una idiota por seguirte en tus ideas…por los dioses, estoy muerta de cansancio…- dije inhalando y poniendo mi mano en el pecho.

Tras un tiempo sin poder hablar a causa de las risas, Emma prosiguió

-No te resistes a mi encanto y a mi poder de persuasión…¡y para alguien que ya pasa de los ochenta años, estás muy bien!- sacó pecho, sonrió ampliamente y yo reviré los ojos, sacándole la lengua. Si ella supiera que lo que acababa de decir era realmente verdad…y lo de los ochenta años también, claro está, pero sobre lo del hecho de que no consigo negar nada proveniente de ella.

-Está bien, señorita egocéntrica…¿y a dónde vamos?

-Pues bien…a tu lugar favorito, Majestad…- ella me sonrió con un brillo en sus ojos, haciéndome una reverencia

-¿Cómo?- dijo, incrédula, frunciendo el ceño

Y sin darme tiempo para decir nada más, Emma nos envolvió en su humo violeta, el hechizo teletransportador que le había enseñado minuciosamente, y fuimos a parar, sin sombra de dudas, a mi lugar favorito de la ciudad. Su parte más alta, la misma colina a la que venía tantas veces para reflexionar y pensar, paisaje de mis mayores tormentos internos y testigo de todos mis lamentos. Aquella zona tan querida y apreciada por mí en los momentos de tristeza y soledad, en donde deseé estar a solas con Emma. Y ahora, por lo menos en aquel momento, mi deseo se estaba en parte realizando. Estaba allí solo con el amor de mi vida, aunque ella no supiera que yo la quería como más que una amiga. La ciudad abajo, con sus pequeñitas luces que comenzaban a encenderse, era espectadora de este momento tan mío, o mejor dicho, tan nuestro. Mío y de Emma, y de nadie más. El sol ya comenzaba a ponerse con aquel tan conocido matiz anaranjado y azulado en las nubes. El momento no podría estar más perfecto. Y yo quería aprovecharlo al máximo, pues con certeza no tendría otra oportunidad como aquella.

-Emma…- balbuceé, con lágrimas en los ojos, encarándola

-Lo sé…- la rubia respondió sonriéndome y guiñándome los dos ojos en un acto cómplice. Ella sabía cuánto me gustaba ir allí. Y, para mi sorpresa y casi infarto, Emma entrelazó nuestras manos. ¡Sí, entrelazó! Sentí sus dedos entre los míos, en un acto de tanto cariño y consuelo, algo tan natural por su parte que no pude ni expresarme…una vez más las palabras no eran necesarias. Allí no existía constreñimiento. Solo dos personas disfrutando la una de la otra, con las manos entrelazadas en un silencio placentero y acogedor, admirando el bello paisaje que se extendía hacia abajo y el sol que ya se preparaba para dejar aquel día en la Tierra e irse a dormir tranquilamente en su sitio en el vasto universo. La brisa leve y cálida envolvía nuestros cabellos, ondulándolos suavemente.

Nos perdíamos en el tiempo y nos perdíamos una en la otra, sin necesitar ni siquiera mirarnos. Sonreíamos, hacia el horizonte, pero sonreíamos…una sonrisa mezcla de alegría y de una sensación de casa, de hogar, de intimidad…las manos continuaban entrelazadas y así quedaron por un largo tiempo, inmensurable. La energía fluía de una mano a la otra y lo sentíamos, ambas podíamos sentir sin tener que preguntar. Emma incluso podía casarse y tener una vida con otra persona. Pero de una cosa tengo la certeza: esa energía, esa complicidad y esto que las dos teníamos, esa conexión tan íntima y familiar, solo la tendría conmigo…para siempre. Nadie podría suplantarme en ese puesto.

Cuando las primeras estrellas comenzaron a aparecer, con el sol casi desaparecido, pero aún el cielo relativamente claro, finalmente suspiramos y soltamos nuestras manos, pero aún sonriendo, nos sentamos lado alado en el césped suave y continuamos observando el horizonte y Storybrooke a los lejos.

Emma fue la primera en quebrar el silencio.

-Es hermoso, ¿verdad?

-Sí…y cuando estamos con alguien que nos hace sentir bien, se hace mejor todavía…- dije sin pensar, y enseguida giré el rostro y me sonrojé.

La rubia sonrió rápidamente y me miró, pero no podía mirarla de frente.

-Digo exactamente lo mismo…- respondió

Esta vez la miré y le devolví la sonrisa.

-Regina…- ella continuó, pero sentí que tartamudeaba, como si tuviera dudas en seguir hablando.

-Sí…

-Te echo de menos…de verdad. ¡Hablé muy en serio cuando lo dije! ¿Por qué te has apartado de mí? Por favor, no me digas que estoy viendo cosas, porque sé que no…ya no eres la misma conmigo…de un tiempo a esta parte apenas consigues mirarme a los ojos…- soltó, triste. Sus ojos se humedecieron.

Al mismo tiempo en que escuchar eso de boca de Emma me partió el corazón, también hizo que latiera como un tambor. Ella se había dado cuenta…Me puse nerviosa. Jamás podría revelar mis reales motivos para apartarme de ella…

-Emma…no me he apartado. Solo…empezaste a salir con el pirata y…

-Lo sé, lo sé…¡lo detestas!- completó revirando los ojos

-¡Sí, también! No niego que no me gusta y que solo lo aguanto por ti…también te he dicho que vales mucho para Hook y que él no te merece- ella me miró intensamente y me estremecí. Ok, estaba hablando demasiado.

-Sí, me lo dijiste…- ella me sorprendió con esa afirmación tristona y abrazó sus rodillas, volviendo a mirar hacia delante, al sol que terminaba de esconderse.

-Emma, perdóname…- continué, ahora más valientemente –Pero sabes que no consigo ser falsa. Somos amigas y siempre seré sincera contigo. Sé que lo amas, pero conozco a Hook demasiado bien para saber lo machista y abusivo que es. Realmente quiero creer que haya cambiado, pues no quiero verte sufrir. Dices que me he apartado…pero, ¿qué me dices de ti? ¿Acaso no te das cuenta de lo cambiada que estás? ¿Cómo te has distanciado de mí, de tus amigos, de tu familia? ¿No notas ni un poco cómo te has vuelto sumisa a los deseos de tu novio, haciendo todo lo que él quiere? Incluso has cambiado tu postura, su manera de portarte…ya no eres la misma Emma Swan de antes, no eres aquella que conocí, independiente y segura.

Me lancé a hablar todo lo que llevaba atorado en mi garganta desde hacia tiempo, y creo que toqué una herida sangrante en Emma, pues, en cuanto terminé de hablar, Swan me miró furiosa y con los ojos aún más llorosos, se levantó abruptamente y se acercó a un árbol que había allí, apoyándose en él con una mano, de espaldas hacia mí. Me arrepentí en el momento de haber ido tan lejos con mis palabras y con mi sinceridad.

Me levanté también y fui tras ella. Con miedo de ser rechazada, toqué levemente su hombro. Para mi alivio, ella no se apartó. No giró el cuerpo hacia mí, pero tampoco despreció mi toque. Permanecí con mi mano allí y apreté ligeramente, mientras la sentía llorando quedamente.

-Sé que tienes razón…- dijo ella en un susurro tiempo después –No sé lo que me está pasando, Regina…estoy confusa, con miedo…

-Emma…- con coraje, agarré sus dos hombros y la giré hacia mí, quedamos mirándonos a los ojos. Los de ella, rojos. –sé sincera conmigo…¿eres feliz? ¿Lo amas? ¿Deseas realmente casarte?

Sentí que ella jadeó y desorbitó los ojos. Quizás no se esperase mi cuestionamiento tan directo.

-Yo…yo…- balbuceó, abriendo y cerrando la boca –Ya no sé nada, Regina…- alzó las manos hacia lo alto, en señal de pura confusión –He pensado en tantas cosas, son tantas preguntas…tal vez no lo quiera admitir a mí misma, pero creo que he pasado una gran parte de mi vida sola, sin tener a nadie, que cuando encontré a Garfio, puse todas mis expectativas en él…necesitaba una vez en la vida sentirme protegida, cuidada y creo que durante un tiempo él me dio eso, ¿entiendes? Pero ahora…¿cómo puedo decirlo? Es como si el encantamiento estuviera acabándose y estuviera volviendo a una realidad que siempre estuvo ahí…y eso me confunde y me consume. No sé si lo amo, Regina…sinceramente, creí que lo amaba mucho, pero ahora, no consigo responder a esa pregunta…

Mientras las lágrimas rodaban por el rostro de la rubia de mis sueños, mi corazón dio un salto. Cuando ella hablaba sobre su soledad de una vida entera, yo siempre me sentía la peor de las criaturas y muy culpable, porque sé que fui la principal causante de que su vida fuera tal tormento. Pero no saltó por mi boca solo por eso…sino también por lo que estaba escuchado ahora…¿Emma ya no estaba segura sobre Hook?

Intenté mantener mi compostura y fingir que aquello no me había afectado y que no había vuelto a encender mis esperanzas de una forma absurda.

-Bueno…- tragué en seco y la miré –Swan, tendrás que sopesar tus sentimientos…no puedes seguir adelante con una boda si no tienes la certeza de tu amor hacia él…y si ves que esto es solo una fase y que realmente lo quieres para toda la vida, entonces, sí, sigues con lo que has comenzado…pero tienes que poner en orden esa cabecita tuya- intenté ser lo más imparcial posible.

Ella suspiró.

-Sí, lo sé…voy a pensar, Regina…prometo que lo haré…me siento más aliviada por haberme desahogado contigo…muchas gracias por estar siempre aquí para mí. Tu amistad es una de las cosas más valiosas que he construido en mi vida…¿podrás guardarme este secreto?- se enjugó una lágrima con el dorso de la mano.

-No hay de qué, Emma…siempre estaré aquí para ti…- sonreí cariñosamente, mientras mi corazón daba saltos de trampolín.

-Creo que ya nos hemos puesto muy tristes por hoy…¿sabes lo que necesitamos?- aquella sonrisa traviesa brotó de nuevo.

-¿El qué?- la miré desconfiada. Ahí viene.

-¡COSQUILLAS!- gritó riendo y se lanzó encima de mí, sin darme tiempo a defenderme, agarró mi cintura y comenzó a hacerme cosquillas. ¡Joder, Emma sabía que era muy sensible a las cosquillas!

-¡SWAN! ¡Para ya! ¡Ahora!- yo reía horrores con sus embestidas, sin controlarme, intentaba soltarme de sus manos, sin éxito, pues Emma era mucho más fuerte físicamente que yo.

-¡Solo si me lo imploras! ¡Vamos, Majestad, implora!- ella se reía con gusto, y yo aún más por el efecto del juego en mi barriga. Me estaba quedando sin aire.

-¡Jamás voy a suplicarte! ¡Puedes olvidarte!- grité, dándome palmadas y riendo

-¡Entonces, no hay trato! ¡Tendrás que aguantar!- se divertía.

Emma continuó con sus embestidas hasta que, de tanto caminar hacia atrás sin mirar, tropecé en una pequeña piedra y caí al suelo, de espaldas, trayendo a Emma conmigo, que cayó exactamente encima de mí. Yo aún no me había dado cuenta de la posición en que nos encontrábamos, debido a la crisis de risas que nos dio a las dos por nuestras infantilidades. Reíamos cada vez más, ella aún sobre mí, nuestros cuerpos pegados. Hasta que el aliento se hizo necesario y volvimos en sí.

Fue ahí que me di cuenta de cómo estábamos y de nuestra peliaguda posición…¡y tan placentera! ¿Quién dijo que Emma se levantó? Para mi sorpresa, corazón acelerado y respiración descompasada, ella no se retiró. Sentí sus pechos contra los míos y aquello me puso el vello de punta y me estremeció por entero. Su cuerpo estaba ahí, pegado al mío, en aquel césped, con la luz ahora de la luna y de las pequeñas estrellas del cielo iluminándonos y dándonos su bendición.

Emma se puso seria, y yo también. Ella me encaró, y sentí que jadeaba, pero ahora no era debido a las risas, de esto estaba segura…sus ojos estaban diferentes, incluso en la oscuridad podía verlos perfectamente, un verde más oscuro, con un brillo enigmático…mis castaños no se apartaban de aquellos verdes ni un momento siquiera. Me estremecí y me salí de mí misma cuando Emma desvió sus ojos de los míos y los posó en mis labios entreabiertos e invitadores. Emma también tenía su boca entreabierta, respirando con dificultad, y yo involuntariamente llevé mis ojos hacia su boca también, encarando aquellos labios finos, rosados y hermosos. Me mordí mi labio inferior, Emma se dio cuenta y jadeó de nuevo.

Y el mundo se paró allí, en aquel exacto momento. Emma fue acercando su rostro al mío. Sentí que estaba nerviosa, yo también lo estaba, pues nuestros corazones latían al mismo ritmo. Sentí su dulce respiración y su aliento cálido y agradable acercarse a mis labios. Los labios tan deseados por mí rozaron los míos…¡Dios, podría desmayarme en aquel momento! Y no sé cómo no lo hice, cuando Emma, sin perder tiempo, pegó nuestros labios en un piquito demorado. Correspondí prontamente, y no pude creer que un tiempo después estaba notando su lengua forzando ligeramente mi boca, pidiendo paso…¡Pues claro, Emma! ¿Cómo podría negarte esto, algo que forma parte de mis deseos más profundos desde hace tanto tiempo…? Y nada pensé, en realidad, la emoción me invadió. No podía creer que finalmente sentiría el sabor de aquellos labios, de aquella boca en la mía, ¡por los dioses, cómo he soñado con aquello, tanto, tanto…no quiero despertar nunca más, imploro que nadie me deje despertar!

Se lo permití, abriendo ligeramente mi boca, dándole libre arbitrio a Emma para que hiciera lo que quisiera. Y lo hizo. Pasó su lengua por mis labios y por cada canto de mi boca, entrelazó su lengua con la mía, iniciamos un beso húmedo y delicioso, luchábamos por el mando dentro de nuestras bocas, nuestras lenguas danzaban en un beso lento, calmado, placentero, explorador…queríamos explorar cada parte de la boca de la otra. Queríamos encontrarnos, como siempre nos encontrábamos. Y también queríamos perdernos en esta dulce locura.

Aún con Emma echada sobre mí, agarré firmemente su nuca, profundizando aquel tan esperado momento, no quería soltarla nunca más. La rubia depositó sus manos en mi cintura y la apretó, yo emití un ligero gemido ante este toque, y creo que eso la alentó, pues comenzó a apretar aún más fuerte mi cintura y a intensificar aquel beso delicioso y húmedo, volviéndolo más urgente, erótico, sabroso, sensual…¡qué boca, qué lengua, qué delicia! ¡Qué intensidad la de aquella mujer! Yo estaba entrando en delirio y aprovechando cada segundo de aquel momento que había jurado que nunca iba a suceder…viajaba, y viajaba en cada instante de aquel sueño realizado…

La rubia comenzó a moverse suavemente sobre mí llevándome al más completo delirio y excitación. Ya me notaba completamente húmeda allí abajo. Gemí de nuevo sin despegar los labios de los de ella, sin despegar mis manos que estaban enmarañadas fuertemente en sus cabellos, y ella también gimió dentro de mi boca, y aquello fue música para mis oídos. Emma ahora me apretaba la cintura de forma más posesiva y su mano boba resbaló por el lateral de mi muslo, acariciando con gusto. ¿Y yo? ¡Pues la atraía más y más hacia mí! Me cuestioné si Emma ya habría tenido experiencias con mujeres, y a juzgar por su naturalidad allí conmigo, creo que sí.

No pude medir cuánto tiempo nos quedamos allí apenas besándonos y sintiéndonos, sé que fue mucho, pero el hecho es que por más que no quisiéramos, necesitábamos respirar. Y fue en ese momento en que despegamos nuestros labios y nuestras lenguas para finalmente encararnos después de ese inesperado suceso, ojos fijos en los ojos, jadeantes y con los corazones a mil. Vi la confusión en los ojos de Emma, y tengo la certeza que ella vio la sorpresa en los míos…sorpresa por aquella iniciativa suya que jamás me hubiera esperado.

Con dificultad, la rubia se levantó rápidamente, saliendo de encima de mí, y perdida y nerviosa, se pasó las manos por los cabellos, sin mirarme.

-¡Dios…cielos…yo…perdóname, Regina! ¡Yo…no sé que me ha pasado, cielos! Cielos…- repetía, afligida, yo me levanté también, caminé con cuidado hacia ella y la agarré ligeramente por el brazo. La giré suavemente, haciendo que me mirara.

-Calma, Emma…no tienes por qué estar así, tan nerviosa. Uno no besa solo…si hay que buscar un culpable, yo también lo soy…

-Pero yo…yo…- ella no conseguía continuar

-No te preocupes…vamos…vamos a olvidar esto, si así lo quieres, ¿está bien?- ¡pues claro que yo no quería olvidar!

-Ok, está bien…es mejor…vamos…vamos a fingir que nada ha pasado…¡Dios, esto no tiene disculpa!...- tartamudeaba, totalmente nerviosa.

-¿De qué estás hablando? ¿Qué no tiene disculpa?- sonreí ligeramente intentando calmarla y amenizar la tensa situación.

Ella me dio media sonrisa, y bajó la cabeza, avergonzada, y se volvió a poner seria.

-Yo…no sé qué decir, Regina, de verdad que no sé…no consigo explicarte o decir nada ahora…- estaba temblando.

-Entonces, no intentes decir o explicar…y además, ya se está haciendo tarde, dentro de poco mandarán a la policía y a los bomberos tras nosotras…¿nos vamos?- respondí, pero no estaba triste porque Emma no consiguiera decir nada, todo lo contrario. Estaba en las nubes. Nunca imaginé que este día llegaría, el día en que me ganaría un beso de la rubia. Nada más importaba, estaba feliz.

Ella sonrió débilmente, aún avergonzada por lo que habíamos acabado de hacer. Confieso que lo encontré mono. Después de que ella asintiera, desaparecimos en mi humo violeta y aparecimos en casa de Blanca. Como había previsto, estaban todos preocupados y ya preparados para salir en nuestra busca. Les dimos una disculpa tonta, que hacía mucho calor y nos fuimos a dar una vuelta y acabamos quedándonos dormidas en el césped. Blanca, Zelena y Belle nos miraron con cada de quien fingían que se lo creían, con sonrisas traviesas en los labios.

Pero nada, absolutamente nada, pagaría la cara con la Killian me miró…si el pirara tuviera el poder de quemar con los ojos, yo ya estaría convertida en cenizas frente a todos. Sonríe abiertamente hacia él, sin miedo de nada que pudiera decir. Aquel era mi momento. Pero poco tiempo después, ya con Emma más calmada y encarándome de nuevo con una ligera sonrisa, decidí marcharme, llevándome conmigo los maravillosos recuerdos y el sabor de los labios de Emma aun en mi boca.

Hundirme dentro de los labios de Emma ha sido cómo profundizar en los más bellos sueños pintados de colores, formas, aromas y sabores…ahhh, ¡y qué gusto! Aún siento su sabor en mi boca, el gusto del delicioso sabor del cariño mezclado con el erotismo con que Emma tomó mis labios. Los tomó para ella con posesividad, deseo y pasión, y yo me entregué a ella completamente, sin miedo, sin pudor y sin amarras. Pues Emma tiene ese poder sobre mí: hace que me entregue tan fácilmente que ni yo misma me reconozco en tal situación. Cuando la rubia me besó, entré en un estado de creer o no creer, una confusión deliciosa de sensaciones y sentimientos que pensaba de verdad que nunca iba a degustar. Realmente, un sueño…un sueño maravilloso del que nunca querría despertar…me quedaría dentro de ese sueño el resto de mis días, el paso de los años…sin contar el tiempo, sin medir las horas, los meses, los milenios…

Sí, fue un sueño, un maravilloso sueño realizado…las personas sueñan con poder, dinero joyas, viajes…yo solo soñaba con probar el beso de Emma, al menos, una vez en la vida. Bueno, ¿quién dice que no soñaba con viajes si tener la boca de la rubia en la mía fue como un viaje trascendental, que sobrepasó todos los límites de la razón y de mi imaginación? Un viaje delicioso y hermoso que comenzó en mi corazón, pasando por mi alma y finalmente culminando en mi cuerpo, en forma de piel erizada, corazón acelerado, respiración desacompasada, y mi intimidad mojada…¡excitación, deseo, tensión! Todo esto mezclado con el más puro amor, complicidad, cariño…

Mi querido amigo, no tengo mucho que decir hoy a no ser afirmar ante ti, con toda la certeza del mundo, que hoy ha sido uno de los días más felices de mi vida. ¡Estoy completa y planamente realizada! El inolvidable día en que he probado el beso de Emma por primera vez, el día que guardaré para siempre en mi corazón bajo siete llaves y en urnas con tapas…pero sé también que será el último, sí, aún poseo la razón y los pies bien plantados en el suelo. Ella está comprometida, actuó por impulso, fue el momento propicio apenas…el clima ayudó: las dos solas, retomando nuestras largas conversaciones sinceras, charlando sobre nuestra amistad, haciéndonos confidencias, todo eso bajo a luz de la luna y de las estrellas que apuntaban, dando un aire romántico a una escena que no tenía que haber pasado…pero pasó. Y ese acontecimiento me ha marcado, así como sé que de cierta forma también ha marcado a Swan…por más que ella se case, este momento nuestro mágico, único y exclusivo nadie jamás podría borrarlo, y sé que de cierta forma, aunque sea pensando que ha cometido una bobería, cosa del momento, Emma pensará en él…esa magia que solo nosotras dos sentimos, esa electricidad que pasaba de una boca a la otra y de un cuerpo al otro, nada ni nadie podría borrarla. ¿Cómo nos miraremos a la cara ahora? ¿Cómo volveremos a la normalidad después de lo ocurrido? Sinceramente no tengo la respuesta a eso, y en realidad, ni quiero pensar mucho al respecto…deja que las cosas pasen…Emma y yo siempre nos las apañamos para entendernos y conseguir pasar por encima de las adversidades y contratiempos.

¿Ha sido peor que esto pasara? ¿No es mucho peor haber probado su beso sin poder tener esperanzas de algo más y que esto te haya acarreado un poco más de ilusión? Puede que me preguntes…y mi respuesta será inmediata: ¡No! Definitivamente, diario, no ha sido peor…volvería atrás en el tiempo y disfrutaría de todo de nuevo…porque, por más que no pueda tener esperanzas de que esto resulte en algo, de que esto siga adelante, por más que haberla besado solo haga que la quiera besar aún más y más, he tenido al amor de mi vida en mis brazos, al menos una vez. Y eso es lo único que importa…corro el riesgo de quedarme viciada con sus besos para siempre, pero de una cosa estoy segura: prefiero mil veces haber sentido los labios de Emma en los míos una única vez en mi vida que pasar el resto de ella sin haber tenido la oportunidad de probarlos…

Diario De Regina, página 6.