Advertencia: capítulo con un ligero lemon :3
Recomiendo empezar a leer con la música, Crazy in love de Fifty Shades of Grey Soundtrack
C= siiii es medio erótico así que hagan el esfuerzo jejeje le da el plus ñ.ñ
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Pasión en cuerpo ajeno
Al llegar a su lado notó las atigradas pupilas de Minerva muy dilatadas, sus labios estaban tan rojos y ligeramente hinchados de tanto mordisquearse los que se le antojaron jugosos y muy deseables, se le acercó un poco más hasta notar como temblaba de deseo y los vellos de su piel erizados, muestra infalible de que se hallaba en excitación.
Sirius se sentía una basura al estar ahí, listo para arrancar esa bata que cubría su nívea y delicada piel, la cual debido a su dulce olor le invitaba a besar cada parte de ella.
Con dudas se acercó un paso más, sin poder evitar recorrer con la vista el hermoso cuerpo de su novia, cuyos ojos lo veían con una intensidad y una desesperación que lo abrumaba.
Él un mujeriego consumado, el terror de cada padre en Hogwarts, él que había probado todo tipo de mujeres a lo largo de su vida, tenía frente a si a la única persona que temía tocar, no por falta de ganas si no porque al hacerlo de esta forma podría llegar a perderla.
Ella suspiró pesadamente haciendo que sus perfectos pechos subieran y bajaran lentamente, con un movimiento que hizo que a Sirius lo recorriera una sensación de deseo muy profundo, que descendió hasta el sur de su cuerpo agolpándose en esa zona haciéndole comprender que su pelirroja tenía en sus manos un poder de seducción impresionante. No cabía duda de que esa mujer era la correcta para él, con un simple suspiro podía tenerlo de rodillas rogándole sus atenciones.
Los escasos centímetros que los separaban no eran suficientes para que Sirius se alejase del delicioso aroma que el cuerpo de la animaga desprendía, ¿Qué carajos había estado haciendo, Poppy?, ¡prepararla para una noche de pasión! pensó con cierto enojo, él no quería que esto demorara mucho porque no quería dejarle un recuerdo muy profundo a Minerva, pero al verla tan seductora y completamente sensual sentía que podría perder los estribos y olvidarse de cómo lucia él en estos momentos para dejarse llevar por lo mucho que la amaba.
Se acercó y con cautela la tomó de la cintura acercándola a su cuerpo, lentamente recorrió la mejilla de ella con la punta de su nariz, la animaga tembló en sus brazos y a él se le hizo un nudo en la garganta, quería gritar de rabia pero sabía que estos no eran los deseos reales de Minerva, ella era una víctima de algún ser cobarde que la estaba obligando a cometer esta traición.
La pelirroja tomó la iniciativa envolviendo sus brazos en el cuello del supuesto Amycus, soltando un ligero gemido cuando sintió la lengua de este rosar el lóbulo de su oreja, no se contuvo más y buscó con desesperación sus labios, en el interior su alma se agitaba ante esta felonía que no tenia forma de parar pues su cuerpo no le respondía, y sentía que se fragmentaba su corazón al saber que le estaba fallando a su amor.
Mientras Sirius hacía acopio de todo su control para no ceder ante la tentación de tomar por completo a Minerva, el cuerpo de esta se pegaba más a él, esas delicadas manos recorrían su pecho quitándole lentamente la túnica mientras el contenía un gemido de placer de sentirla tan complaciente, la animaga le recorría con sus labios el cuello y lo estaba excitando de una forma que jamás la creyó capaz.
— Minerva— su nombre escapó de sus labios como un dulce suspiro, haciéndola regresar a estos con ansias de probar esos labios finos y rosados, que la llamaban, cuando los dedos de ese hombre que la tenía en sus brazos recorrieron sus muslos no pudo contenerse más, sus besos eran apasionados con una fuerza y una desesperación que sorprendían y exaltaba a Sirius, haciéndolo responder de la misma forma.
En un momento ella se estiró y tomó su varita, la agitó haciendo que un espectro blanquecino saliese de esta, le susurró algo y aquel espectro se fue de la sala de menesteres sin especificar su destino.
Sirius apenas pudo percatarse de ese detalle que le sorprendió, le preguntó con discreción para saber a qué se debía el patronus pero ágilmente, ella se dedicó a morder y lamer su cuello nublándole lentamente la cordura, haciendo que la empotrara contra la pared sediento de sus labios, y desesperado por tenerla.
Aquella bata de un beige perla que se sostenía precariamente sobre sus hombros por medio de dos delgados tirantes era todo un estorbo para el animago, que con los labios recorrió un tirante hasta llevarlo al límite de su hombro, mientras su mano apartaba el otro, haciendo que cedieran ante la gravedad de la presión de los perfectos pechos de Minerva, poco a poco su delicado cuerpo se fue revelando ante plateadas orbes que mostraban una tonalidad oscura debido al deseo que reflejaban.
Una ruborizada Minerva apenas cubierta por un interior de la misma tela que la bata, temblaba frente al hombre que debía poseerla para liberarla, el que había perdido la túnica en manos de la pelirroja y que ahora mostraba un abdomen bien formado, que apenas era cubierto por la camisa desabotonada por esas pequeñas y ágiles manos que no dejaron su ropa en paz hasta que lograron dar con su piel.
Dejó caer la camisa al suelo quedando solo con un pantalón del mismo color que su camisa, su mente concluyó que la ropa de Amycus casi siempre manejaba tonos negros o grises, le parecía lúgubre y monótona, una uña recorriendo su abdomen lo regresó a la realidad de su situación y la piel se le erizó ante el gesto de su novia, la miró y tenía la lengua entre los dientes y los labios en un gesto muy sensual de glotonería, que lo ponía al límite.
En otra parte del castillo, un hombre recogía el desastre que había armado en su laboratorio luego de un ataque de rabia y celos que había sufrido después de salir de la oficina del director.
Severus sentía la bilis subir por su garganta y al ya no saber cómo mas desfogar aquella rabia sentía que alguna vena en su interior terminaría rompiéndose, él quería a Sirius lejos de Minerva y esta situación simplemente los había orillado a intimar, recordó aquella navidad en la que amanecieron juntos, esa perfecta piel envuelta en sus sabanas, los destellos cobrizos que despedían su cabello a la luz de la chimenea, esos senos coronados con unos delicados y erectos pezones, la recordaba perfectamente, como olvidar su reacción y como olvidar el sabor de esos labios, aquel único beso fue casi perfecto, si solo no hubiese sido tan estúpido, era consciente de que al entrar en su mente lo había arruinado todo.
Apesadumbrado se mantenía con la cabeza baja junto a su escritorio mientras su laboratorio regresaba a su estado original. En el momento en que vio un ente de luz con forma de gato que se adentraba a su oficina, se le heló la sangre y se tensó su cuerpo, cuando escuchó el mensaje de Minerva no dudó en salir en su busca.
Sirius tenía a la bella pelirroja bajo él, apenas los separaba la ropa íntima, pero él podía sentir como ella estaba más que preparada para recibirlo, sus bragas completamente húmedas, incluso extendiendo esa humedad hasta sus muslos. No pudo evitar que se le hiciera agua la boca, pero en su mente mientras menos la tocara como Amycus menos la ultrajaba.
La despojó de esa última barrera y se librero de la suya, ella lo acariciaba con deleite y gemía con anticipación y ansias de sentirlo, él la acaricio una última vez haciendo que se arqueara, tras este movimiento el entró lo mas delicadamente que pudo en ella, sintiendo la estrechez de su novia que lo envolvía con presión debido a su poca experiencia, apenas se podía contener lo tenía al punto, tuvo que respirar profundo recordarse que esto no era por placer para él, que si bien la amaba no podía disfrutar este encuentro, no luciendo como ese idiota de Carrow.
Cuando Sirius reanudó sus movimientos, sintió la puerta de la sala de los menesteres abrirse de par en par y al alzar la vista encontró a Snape parado en la puerta, con la rabia y el odio reflejado en los ojos, le pareció dispuesto a todo. Volteó a verla a los ojos y lo supo, se dio cuenta de que esto debía ser parte del hechizo y fue a él a quien llamo cuando envió el patronus.
—¿Ella te llamó?
Apenas conteniéndose para no matarlo Severus asintió.
—Esto es parte de lo que le pidieron hacer, quien sea que la tiene bajo su poder quiere lastimarte a ti también.
La pelirroja se retorció bajo su cuerpo moviendo sus caderas, y Sirius no pudo contener un gruñido al sentir como lo apretaba creando mas fricción entre ellos, miró a Severus y vio el desprecio en sus ojos, lo que no le dolió por él pero si por Minerva, ella no se merecía que la viese de esa forma, atrajo una sabana, se cubrió y a ella como pudo de los ojos del pocionista pues no estaba dispuesto a dejar que su mujer fuese expuesta a ese ser que consideraba despreciable, sin poder detener a la pelirroja que estaba decidida a arrastrarlo al orgasmo se vio obligado a continuar.
El pocionista no se retiró, pues él también había entendido que les tendieron una trampa y que de ser el Carrow real posiblemente se hubiesen matado.
La situación era por demás de incómoda, mórbida. Sirius que ya de por si se sentía una basura, ahora estaba empezando a odiarse a sí mismo, esto superaba su paciencia. Empezó a embestirla con más rapidez y tratando le estimularla para llevarla hacia su liberación, cuando la sintió más agitada y pudo percibir su respiración entrecortada el también busco su clímax y con suerte lograron alcanzarlo juntos.
El animago no quería dejar a Minerva así pero se apartó de ella, le asqueaba el tocarla con esas manos que no eran suyas, sentía que la mancillaba. Por su parte la animaga se empezaba a quedar dormida exhausta de tanta energía que consumió su cuerpo durante este trance.
Sirius se vistió con rapidez, quería dejar la sala lo más rápido posible, pero no lo haría con Snape ahí, por lo que lo enfrentó aun a medio vestir, este último lo miró con odio, y le estrelló en el pecho un vial que contenía una poción nacarada tornasol.
—Dásela a beber. — Le espetó mientras siseaba cada palabra con rencor infinito. — No queremos que encima de que tiene que pasar por esto quede embarazada, apuesto a que seguramente no tomaste las precauciones adecuadas y ya bastante daño le estamos causando con este estúpido plan.
Se dio la vuelta y salió de ahí dejando a un Sirius con el vial en las manos y la cabeza baja, dolido, ausente, mientras meditaba, pues era verdad lo que el idiota ese le dijo, no había cuidado de ella, en parte por los nervios pero también porque se dejó llevar por la pasión como nunca antes había hecho, él era de los que más se cuidaban en su vida sexual de no dejar hijos por el mundo, pero con ella no sintió esa necesidad de protegerse, aun así el maldito Snape tenía razón, no podía lastimarla así.
Se acercó a la cama de nuevo, sentándose a su lado la analizándola, se veía hermosa, sus mejillas arreboladas producto de la satisfacción, ella reposaba tranquila ya con la respiración regulada, delicadamente deslizó tras su oreja esos rojizos cabellos que se pegaban a su rostro debido al sudor que la cubría, con cuidado la tomó entre sus brazos enderezando su cuerpo en posición de sentado, con los dientes destapó el vial y lo olió para confirmar que era lo que le daría, no confiaba al cien por ciento en Severus.
Apoyó el vial en sus labios y se lo dio de beber, ella se quejó un poco pero lo tragó, lentamente la fue recostando en la cama nuevamente, responsado su cabeza en las almohadas, apoyó su frente en la de ella respirando su dulce aliento mezclado con el aroma de su cabello.
—Perdóname, amor.
Le susurró, y se levantó despacio, para luego con su varita asearla, vestirla y arroparla. Envió un patronus a Pomfrey para que la cuidara y selló la entrada para que solo ella pudiera entrar. Al salir se apoyó contra la pared más cercana suspirando con dolor, rogaba para que lo que sea que había atacado a Minerva hubiera terminado, porque no resistiría volver a tomarla así, la amaba… más de lo que se había permitido creer pero temía que ahora todo estuviera arruinado.
Se enderezó y tomó valor. Un Gryffindor no se acobarda, tenía la palabra de Albus de intervenir si algo llegase a complicar la reacción de Minerva. Ahora solo debía esperar un poco más a dejar de sentirse en la piel de otro, necesitaba un trago… y muy fuerte, si pretendía sobrevivir esto tenía que entumecer un poco su cerebro, antes de que la culpa lo carcomiera.
Se encaminó a la sala de profesores dejando el séptimo piso solitario, tras una esquina una sombra lo vigilaba, una sonrisa malévola se dibujó en los labios de aquel espía que ágilmente se retiro de ahí, ahora sabía que McGonagall había cumplido en acostarse con Amycus y Severus los había visto, un paso más y ella estaría acabada.
El lemon no es muy profundo ya que recuerden que Sirius aun amándola no quiere tocarla teniendo las manos de otro hombre en vez de las propias y le costó horrores poder cumplir para con su parte del plan espero les haya agradado sé que no es el mejor lemon del mundo pero creo que les gustara mas cuando el pueda hacerla suya siendo el mismo ;)
Besos a quienes siguen la historia espero sus comentarios :3... no me lancen tomates he!
