Casi descubierta…
(Emma)
Mi cabeza gira lentamente, da vueltas como una noria, en movimientos inconexos y confusos, llevándome a la locura de pensamientos sin ninguna relación…
Besar a Regina fue un acto impulsivo, pero al mismo tiempo pareció tan acertado…una sensación de hogar, de vuelta a casa, de abrigo y consuelo, cosas que ya no sentía con Killian, una sensación tan placentera y correcta, un alivio, como si fuese allí, en los brazos de la morena, donde siempre debiera estar. ¿Qué era eso? ¿Carencia? ¿Estaba demasiado sensible, demasiado confusa, demasiado decepcionada con mi noviazgo hasta el punto de tirar todo por la borda y atraer a la linda morena hacia mis labios y tomar los de ella?
Sé que no actué correctamente con ella, ni conmigo ni con Killian. Pero el hecho es que por más culpable que me sienta, no me arrepiento de lo que he hecho, y haría todo de nuevo…¿qué tontería es esta? Me encuentro en este exacto momento pasando los dedos ligeramente por mis labios, recordando la sensación de la boca de la alcaldesa en la mía, del dulce sabor de sus carnosos y suaves labios en los míos, del baile suave y sensual que su lengua trazaba en mi boca, recorriendo cada canto y cada camino de su interior, ¡la desgraciada besa demasiado bien, cielos! Regresé a la barbacoa con las bragas completamente empapadas por culpa de aquel beso tan intenso y placentero, y, si no hubiéramos parado en el momento oportuno, es casi seguro que me hubiera llevado a Regina a mis brazos cruzando la línea y llegando a otro nivel…
Sacudí la cabeza, intentando librarme de los confusos pensamientos, me encontraba mojada de nuevo solo por recordar aquel beso. ¡Joder! ¿Qué estás haciendo conmigo, Regina? Jugando de esa manera….ya me encuentro en una fase difícil, intentando entender todo lo que pasa dentro de mí, todo lo que está pasando conmigo y con mi relación con Killian, y vienes tú y me invades de esta manera, me pones a prueba, haces que me balancee y pierda mis estructuras, o mejor dicho, me desestructuras mucho más de lo que ya estoy, haces que me pierda más de lo que me encuentro perdida y me confundes aún más de lo que estoy…¿acaso algún sentimiento por la alcaldesa por quien tanta rabia sentí un día ha estado siempre ahí, latente y vivo dentro de mí, una pequeña llama esperando para alzarse y estallar?
¿He llegado a pensar en Regina más que como una amiga? ¿Qué es esto, ahora? Las amigas no se besan, ¿lo hacen? ¡Dios, ayúdame…!
(Regina)
Era un día normal de trabajo en la alcaldía, aún no había visto a Emma desde el episodio del beso, tres días atrás. Hoy, por primera vez, me había traído mi diario al trabajo, pues tenía poco que hacer y realmente tenía muchas, pero muchas ganas de escribir en sus páginas. Al salir para almorzar, lo metí en mi bolso deprisa y me olvidé de cerrar la cremallera. Caminaba rápidamente por la calle totalmente distraída y mirando los mensajes en mi móvil cuando un cuerpo choca bruscamente contra mí, casi haciéndome caer hacia atrás. Mi bolso cayó al suelo, todas mis pertenencias se salieron: maquillaje, cepillo de dientes, documentos y…¡mi diario!
¿Y contra quién choqué, queridos? ¡Sí…ella misma, Emma! La rubia también venía distraída desde el lado opuesto y no me había visto. El destino siempre jugando conmigo.
-Re-Regina…por Dios, perdóname, estaba distraída y…- tartamudeó roja, sin mirarme a la cara, y rápidamente se agachó, avergonzada, para ayudarme a recoger mis cosas.
-¡Emma, NO!- grité sin querer, y luego me arrepentí –Quiero…quiero decir…no, no tienes por qué ayudarme ni molestarme en recoger y…- me agaché rápido, pero ya era demasiado tarde. Mi diario había caído abierto por dos páginas escritas y, en una de ellas, estaba el nombre de ella, EMMA, escrito en letras bien grandes en medio de una de las hojas. Mi corazón dio un salto de atletismo y podía jurar que sus latidos retumbaban de una forma que la rubia podía escucharlos.
La rubia inmediatamente frunció el ceño al leer su nombre, y me miró, extrañada. Ella ha leído su nombre, Dios, ¡lo ha leído! Fui a coger el cuaderno, pero ella fue más rápida y lo cogió primero, mirando ceñuda la página.
-Regina, ¿es mi nombre el que está escrito ahí?- dijo ella, y amenazó con acercar más su mirada para leer mejor.
-¡NO!- grité de nuevo sin conseguir contenerme, en pánico, intentando inútilmente calmarme. Cogí de forma bruta el diario de sus manos y lo cerré con un movimiento brusco, sin conseguir mirarla -¡Claro que no es tu nombre! ¿Crees que el mundo entero gira a tu alrededor, señorita Swan?- fui más borde y grosera de lo que pretendía y me arrepentí en seguida.
-Ehhh, calma, alcaldesa…¿por qué estás tan nerviosa? Calma…solo creí haber leído mi nombre, y por tratarse de un cuaderno de anotaciones, por lo que parece, pensé que era algo de la alcaldía, o algo que hubiera hecho mal…- Emma dijo herida, y finalmente miré hacia ella. Sonreí débilmente, disculpándome. Agarré firmemente el diario abrazándolo contra mi pecho, como si dependiese de aquello y quisiera protegerlo.
-Está bien, Emma, me he exaltado, discúlpame…y mira por dónde andas, señorita Swan…- intenté amenizar la tensión y cambiar de tema.
-Tú también, señorita Mills…- ella sonrió a su vez –"Diario-Regina Mills"…- Emma leyó, apretando los ojos en dirección a la portada del cuaderno que yo apretaba tan firmemente en mis brazos. ¡Joder! ¡JODER! ¡Pero qué idiota! ¡Con las prisas y la desesperación, agarré el diario con la portada girada hacia ella!
-Eh…¿qué?- intenté disimular, dándole la vuelta, ya demasiado tarde. Emma rió.
-¡No tienes que ponerte así! No le voy a contar el secreto a nadie, prometo…
-Emma…- no sabía qué decir. Seguía agarrada al cuaderno.
-No me debes satisfacciones, Regina…¡quédate tranquila! Y si aquel no era mi nombre…señal de que no es sobre una pasión platónica por mí lo que has escrito en ese cuaderno, ¿cierto?- arqueó un ceja y me dio aquella sonrisa de traviesa que me desarmaba. Abrí y cerré la boca varias veces en señal de mi desconcierto. Yo estaba roja y con el corazón acelerado. Nada salía de mi garganta. Y la maldita rió aún más.
-¿Sabes qué te pones muy mona cuando estás avergonzada?- se acercó y me apretó la mejilla. Emma y sus payasadas y alegrías en los momentos más oportunos. ¡Qué bien que tenía ese don de suavizar las cosas! Yo ya me encontraba menos tensa y hasta sonreí débilmente.
-¡Eres de lo que no hay!
-¡Lo sé!- rio- Ahora…estaba yendo a almorzar donde la Abuelita. ¿Te gustaría venir conmigo? Estoy sin compañía
-¡Claro! También estaba yendo para allá.
Y así fuimos, guardé mi Diario en el fondo de mi bolso y no tocamos más aquel asunto. Al llegar al restaurante escogimos una mesa más apartada y comenzamos a charlar de asuntos aleatorios mientras esperábamos la comida. No tocamos más el asunto de beso y me sentí agradecida por eso. Quería guardar el delicioso recuerdo de aquel día. Ese era uno de los más de dos mil motivos por los que amaba estar con Emma. Nada se interponía en la buena relación y fuerte amistad que teníamos. El miedo y el recelo que me habían invadido cuando pensaba lo que podría suceder al encontrarme con la rubia después del beso se disiparon totalmente, allí en aquel momento. Estábamos totalmente a gusto y sueltas una con la otra, riendo y charlando como viejas amigas de la infancia mientras saboreábamos la comida que había llegado hacía un momento.
Casi al final de nuestro sabroso encuentro alimenticio, el pesado llegó quebrando totalmente nuestro momento de relajación juntas.
-Hola, love…- Killian llegó de repente por detrás de Emma, agarrándola del hombro y dando un susto a la rubia, que se giró hacia él –y hola Regina…- me saludó con una sonrisa burlona, dándole un piquito a Emma. Solo asentí, con un leve movimiento de cabeza, con educación.
-Killian…¿qué haces aquí a esta hora? ¿No almuerzas en tu barco?- dijo la rubia desconcertada, limpiándose la boca con la servilleta y desviando su mirada de nuevo hacia mí.
-Barco no, rubia, navío…- sonrió irónico. Reviré los ojos. ¡Baja Modesto que sube Killian! –Y sí, suelo almorzar allí, pero casualmente hoy tuve que cambiar la rutina y comer cualquier cosa por aquí…y te encuentro aquí con…Regina- me miró de arriba abajo soltando fuego por los ojos. Confieso que sentía un placer interno inmenso cuando me encaraba de esa forma. Adoraba saber que mi presencia junto a Emma lo incomodaba tanto. ¿De qué tienes miedo, Adonis? ¿No confías en tu masculinidad regada con una buena dosis de rímel y lápiz de ojos? Me reí con desdén por dentro.
-Sí, la encontré por casualidad en la calle y también ella estaba viniendo para acá a almorzar…
-…y ahora que ella ya ha terminado de comer, ella se va y yo puedo tener a mi novia un poco para mí, ¿no, Regina?- él la cortó descaradamente, de forma seca. Me miró como si yo fuera una amenaza terrible a quien le encantaría matar. Mi deseo era darle una buena lección al pirata atrevido allí mismo, frente a su prometida, quizás lanzándolo con magia por la ventana, ¿quién sabe? No…sería un flaco favor para Granny y no valía la pena. Para evitarle problemas a Swan, con mucho esfuerzo, sonreí irónicamente sin apartar la mirada de los ojos de Garfio.
-Claro, querido…disfruta de tu novia- porque yo ya disfruté mucho besándola deliciosamente tres días atrás…¡ops! Casi se me escapó…¡qué maravilla que he sido bendecida con el don de cerrar mi boca en la hora oportuna! Reí, pero por dentro y con mucho gusto, y creo que esa risa se plasmó en mi sonrisa, que se alargó y se volvió aún más irónica al seguir encarando a Garfio. Él debió darse cuenta de algo o haber desconfiado, pues deshizo la sonrisita burlona en ese mismo momento.
-Regina…- era Emma mirándome suplicante
-No te preocupes, Emma…realmente tengo que irme, tengo mucho trabajo esperándome-mentí- muchas gracias por el almuerzo, ha sido un placer y muy divertido-le guiñé un ojo a la rubia, me acerqué, le di un beso en su mejilla, sacando valor no sé de dónde, y me alejé moviendo mis caderas sobre mis tacones y embutida en mi falda gris ceñida a mi cuerpo camino a la calle, con la certeza de que los ojos de Killian me fusilaban debido a mi osadía y audacia y que Emma quería abrir un agujero para esconderse de tanta vergüenza.
(Emma)
Me quedé mirando cómo Regina se alejaba hacia la calle con su hermoso ondear de caderas mientras me preguntaba por qué, una vez más, dejé que Killian hiciera lo que quisiera conmigo y con mi vida, y apartara a una persona que estimo mucho. No era la primera vez que una de las dos cosas sucedía y realmente estaba bastante harta e irritada. Tenía que tomar una actitud. Estaba harta de esta sumisión en la que he permitido que él me metiera por completo. Giré mi rostro hacia mi prometido, con furia en la mirada. Antes estaba roja por el inesperado beso de Regina y por sus palabras de doble sentido que hicieron que me estremeciera. Ahora, la rojez de mi rostro era por la intensa rabia que sentía, y que si no me controlaba podría estallar en cualquier momento. Mi ira aumentó aún más cuando Killian se sentó frente a mí, en el lugar que antes ocupaba Regina, como si nada hubiera sucedido, sonriendo y suspirando, preparándose para hacer su pedido. Su expresión era de felicidad y alivio porque la morena ya no estaba ahí con nosotros.
-Killian…¿por qué te has portado de esa manera con Regina?- pregunté aguantándome para no perder el control.
-¿De qué forma?- se hizo el desentendido, miraba la carta sin mirarme, como si lo que estaba diciendo no tuviera ninguna importancia.
-Grosero…estúpido…hace tiempo que la tratas así. Sé que nunca os habéis gustado, pero tienes que entender que ella es mi mejor amiga- dije, trémula
-Regina es muy inconveniente, love…tiene que aprender cuál es su sitio…- dijo sencillamente, con un menear de hombros, con desdén. El idiota seguía mirando la carta.
Golpeé fuertemente la mesa con la mano, con el puño cerrado. Todos miraron, y finalmente tuve la atención de Killian. Estaba asustado, mirándome con los ojos desorbitados.
-¡Regina es importante para mí!- prácticamente grité
-¿Y yo? ¿No lo soy?- me respondió, serio, con una expresión indescifrable, una mezcla de inseguridad, celos, rabia.
Aquella pregunta…¿era realmente él importante para mí? Sí, ¿pero hasta qué punto? ¿Hasta el punto de hacerlo mi marido? Me cuestioné internamente, reflexionando. Finalmente, suspiré pesadamente y miré a mi prometido a los ojos. Crucé las manos sobre la mesa y él me miró, muy aprensivo.
-Killian…- comencé, tomando valor-Tenemos que hablar…
Tengo que tener más cuidado contigo, pues por muy poco, querido diario, hoy no vas a parar a las manos de mi Emma…¿mi Emma? ¡Qué placer es decir eso! Parece tan correcto, tan puro. Mía…de alguna forma, Emma lo es, mía. No en el desajustado sentido de sumisión o posesividad, nada más lejos que eso…ella es mi Emma cuando está conmigo intercambiando confidencias y particularidades, cuando me mira al fondo de mis ojos, cuando las palabras se vuelven innecesarias al estar juntas, solo la presencia de una para la otra es suficiente. Ella es mía y yo soy de ella en los momentos en que nuestras miradas se cruzan y se sustentan de forma tan natural…¿ya te conté cómo hablan por sí solos nuestros cruces de miradas? Claro que sí…y lo repetiré cuántas veces fueran necesarias, pues nunca me cansaré de decir la diferencia que hacen en mi alma nuestras conectadas miradas.
Sí, mi Emma. Mi dulce Emma con sus particularidades y su esencia, con su mezcla de niña y mujer, esa linda unión tan de ella que solo hace que me enamoré cada vez más de todo su ser. Mi linda Emma, que se toca cada vez de forma diferente sus cabellos cuando se avergüenza ante algo, o que sonríe de lado de una forma tan de ella cuando está tramando algo o sencillamente quiere dejarme desconcertada. Mi encantadora Emma que coge mi mano y me arrastra para llevarme a cualquier esquina y cualquier lugar, segura de que, de una forma u otra, a donde quiera que vayamos juntas, estaremos a gusto, en familia, en plena comodidad. Cómodas la una con la otra, siempre…puede suceder cualquier cosa entre nosotras: un beso inesperado, una calurosa discusión, una pelea repentina, un desacuerdo de ideas, mil y una provocaciones, golpes, puntapiés, cualquier cosa, suceda lo que suceda, Emma y yo siempre terminamos por volver a sentirnos cómodas la una con la otra, como si nada hubiera pasado, y eso es hermoso, es sublime, ¡es amor! Por mi parte, un amor algo diferente, pero siempre amor, y digo que un amor aún más arrebatador.
Mi afinidad con Emma rompe las barreras de las diferencias, de las diferentes formas de amar que poseemos la una con la otra. Nuestra afinidad, nuestra complicidad nunca muere. Ella vive siempre en mí, así como sé que vive en ella. Hasta el fin de nuestros días, tengo la plena certeza de que nuestra complicidad permanecerá. Reventando cadenas, dándole una patada y mandando lejos todos los obstáculos. Porque de una forma especial y maravillosa, no en el sentido carnal de la palabra, Emma y yo nos pertenecemos. Nuestras almas conectadas y afines se buscan, se pierden y se encuentran, y siempre que nos perdemos, vamos a buscarnos de nuevo, hasta que de nuevo nos encontramos. Y así será nuestro círculo vicioso, yo siendo de ella y ella siendo mía, en una esplendida conexión de pensamientos y almas. Una afinidad y complicidad que nunca nadie podría destruir o interferir. Pues siempre nos buscaremos…¡y nos encontraremos!
¡Mi Emma!
Diario de Regina-página 7
