bueeenooo una vez más por aquí a agradecer a quienes leen este fic Mlunatica,PoisonBlackMalfoy gracias por sus comentarios y buenos deseos, estaremos próximos a tener un desenlace espero les guste ñwñ


19 a un paso de la locura

Al día siguiente Albus se reunió con los tres involucrados, para recapitular la situación del plan que liberaba a su estimada amiga del hechizo que la tenía sometida a actos ajenos a su voluntad.

Minerva había sido trasladada a su habitación, se encontraba siendo atendida directamente por Pomfrey, quien le suministraba energizantes y reconstituyentes para que se recuperara más rápidamente.

El último en entrar fue Sirius que tenía una señora resaca, de esas que no tienen piedad de tu alma y te torturan todo el día, Severus lo miró con placer cuando al cerrar la puerta un poco violentamente tras de sí, lo escuchó maldecir por lo bajo por el sonido que esta causó.

— Vaya, Black. ¿Tan mal te fue? — le picó Amycus, sin saber lo que había pasado la noche anterior — ¿Con todo y mi maravilloso implemento no pudiste hacer las cosas bien?, bueno es normal, que no sepas que hacer con el cuerpo de un hombre real.

Sirius bufó y se sentó en uno de los altos sillones frente al escritorio de Albus, con una sonrisa maliciosa le respondió ácidamente.

— Primero tuve que hacer lo posible por cumplir con tan poca cosa, y segundo aun a pesar de haber tenido que carecer de lo necesario para hacer feliz a cualquier mujer, cumplí con lo encomendado— rió con sorna y miro de reojo a Severus. — Sino me crees pregúntale a Snape, que se quedó para hacerme barra.

Severus sentía la bilis llegarle a la garganta, Black se pasaba de la raya en muchos sentidos, era un maldito patán y no merecía a una mujer tan dulce como Minerva.

— ¡Muérete, maldito idiota! — El pocionista se abalanzó contra él tomándolo del cuello mientras le espetaba con rabia. — Sabes tan bien como yo que mi presencia en esa habitación fue requerida para cumplir con lo que dispuso el atacante de Minerva. Eres un imbécil si crees que puedes andar exponiendo sus intimidades tan ligeramente a cualquiera ante la mera provocación de un pelmazo como Carrow.

Los dos hombres interpelados se tensaron y recogieron sus varitas preparándose para atacar, ante esta escena Albus se aclaró la garganta llamando la atención de los tres al mismo tiempo, a los que les dio una sonrisa divertida que no llegó a reflejarse en sus ojos, con ese gesto tan simple los hombres se apartaron y recompusieron alejándose el uno del otro y enfocándose en el Director, pues los tres tenían una prioridad muy clara… Minerva.

— Bien, Sirius. Empecemos con el recuento de lo sucedido después de que dejaste mi despacho y te encontraste con Minerva.

—Al encontrarla buscó todos los medios para cumplir su deseo y sorprendiéndome con su actitud pero sus ojos hablaban lo contrario a sus actos, en determinado momento se apartó, tomó su varita y realizó un Patronus— hizo una pausa para controlar un poco su molestia al recordar lo que paso por causa de ese llamado que realizo la pelirroja.—No quiso decirme para que lo había hecho, pero un poco después apareció en la habitación Snape, deducimos ambos entonces que su presencia en la escena había sido requerida por el perpetrador pues Minerva es una mujer muy integra y jamás se expondría de esa forma conscientemente— terminó de explicar Sirius con la mirada clavada en Dumbledore, este último asentía asimilando la información.

— ¿Estarán de acuerdo conmigo entonces en la obviedad del acto?— Snape y Black asintieron pero Carrow lo veía extrañado, Canuto rodó los ojos para luego explicarle molesto.

—El atacante busca desprestigiar a Minerva, sabe que es mi novia y por lo tanto no sería mal visto que estuviera conmigo si fuese hallada accidentalmente en una situación así, cosa que jamás sucedería por su puesto, pero al tratarse de ti y de Snape lo que esperaban era un escándalo y que ustedes se encarguen de dar a conocer a la escuela lo "libertina" que es Mine— dijo el animago haciendo unas comillas imaginarias con sus dedos para dar énfasis a esa palabra pues todos en esa oficina sabían la clase de moral integra con la que contaba McGonagall.

—Malditos— gruñó Amycus desviando la mirada molesto.

—Entonces podemos decir que esta situación aun puede desencadenar otras, en las que Minerva puede verse nuevamente obligada a hacer cosas que no desea — dijo de pronto Albus con la mirada clavada en un instrumento que burbujeaba alegremente ajeno a la atmosfera tensa que se sentía en el lugar.

— Pues después de que salieron de esa habitación yo pude observar una figura oscura al final del corredor, que se alejó apenas vio que Sirius aun con mi apariencia se iba de ahí. — dijo Carrow con la mirada clavada en el animago que lo miró con molestia.

— ¿Y porque demonios no lo seguiste? Si se puede saber, ¡Oh, gran custodio! — gruñó el animago con una mezcla de rabia e ironía.

— Pues porque yo se lo pedí así, Sirius— explicó Albus entrelazando sus dedos y apoyando la barbilla sobre sus manos mientras se inclinaba un poco hacia adelante en su silla. — Veras, estoy casi seguro que el plan del atacante no ha terminado por eso debemos saber cuál será su siguiente paso, pues sabe que no se cumplió con su deseo de que haya un escándalo en el colegio, y no podemos arriesgarnos a atrapar al culpable sin pruebas que lo incriminen, pues lo más probable sería que al verse descubierto ataque directamente a Minerva.

Los hombres se miraron entre sí, algo inconformes pero asimilando la verdad tras las palabras del director, tras ponerse de acuerdo para mantener vigilada a Minerva pero sin acercarse demasiado en caso de que algo saliese mal se acordó que solo Sirius se mantendría en contacto directo, los demás tratarían de evitar encontrarla por si se generase otro episodio de ansias hacía alguno de ellos.

Más tarde Sirius revisaba sus apuntes para la siguiente clase, era fin de semana pero no había olvidado que le prometió a Mine que se mantendría muy involucrado con la cátedra y para que negar que DCAO era una materia que le gustaba impartir pues podía demostrar sus dotes para la magia y enseñárselo a otros fuera de todo pronóstico le había gustado y mucho.

De pronto unos suaves golpes en la puerta le llamaron la atención, con un movimiento de la varita abrió la puerta

—¡Pase! — gritó sin apartar la mirada de sus apuntes. Apenas entró, él sintió su aroma y se volteó para confirmar su presencia en aquella oficina. — ¡Amor! — Susurró, soltando todo y acercándose a ella, tomó su mano depositando un suave beso en el dorso de la misma. — ¿Cómo te encuentras, princesa?

Minerva sonrojada solo asintió, no lo miraba a los ojos y eso le molestó un poco a Sirius, aunque se lo pensó mejor y temió que la culpa la apartase de él.

—Pequeña, ¿Qué sucede? — ella negó con la cabeza, y se lanzó a abrazarlo por la cintura apoyando la cabeza en su pecho, lo que le permitió al animago percibir el olor a lilas que emanaba del cabello de su novia, mismo que lo embriagaba y extasiaba a partes iguales.

Besó su frente para luego con delicadeza tomar su barbilla y hacer que dirigiera su mirada hacia él.

— Todo estará bien amor, no te preocupes, pronto serás libre de todo esos sentimientos que te agobian ahora— la miró con tal intensidad que hizo temblar a la pelirroja, ella se mordió el labio inferior, lo que atrajo inevitablemente a Sirius, ante ese gesto tan delicado unió sus labios a los de su novia en un beso que le trajo a la mente la noche en la que tuvo que tomarla, pero a la vez le permitía probar su dulces labios y demostrarle el amor que sentía por ella, poco a poco la intensidad del beso fue subiendo, de pronto sintió las manos de su novia recorrer sus brazos hasta llegar a su cuello, y posarse en este para acariciar su corto cabello.

Sin pensarlo apretó más su agarre y la atrajo a su cuerpo cortando todo espacio que los separaba, sentía que la sangre en sus venas quemaba y se agolpaba en su bajo vientre, se separó un poco cuando el aire faltó, pero al ver el deseo plasmado en los ojos de Minerva con ese brillo vacío que vio aquella noche se sorprendió de su actitud, él la amaba y sabia que significaba esto, él era el nuevo objetivo de la animaga, ahora debía decidir si tomarla y permitir que las cosas siguieran su rumbo o avisar a Albus para que pudieran tomar medidas antes de que la situación empeorara. Su corazón decía "¡tómala, la amas!", pero su mente decía "¡Cuidado!, un error y la perderás".

Haciendo acopio de todo su auto control se apartó de ella, tomó su mano y la guió a la puerta que conectaba ese despacho a sus aposentos, la hizo pasar y sentarse en su sala de estar, le aplicó un desmaius y envió un patronus a Albus, para avisar la situación, se sentó frente a la bella mujer suspirando con un dolor oprimiendo su pecho, ahora podría tomarla como él mismo, pero el pensar en su reacción cuando todo esto pasara lo mortificaba, suspiró y esperó hasta recibir la respuesta de Dumbledore.


que pecadito Sirius le ponen el pan en la boca y el a dieta jajaja espero que Dumbledore no salga con sus cosas raras pero que les puedo decir... la autora de esto es algo loca jiji o.ñ