Familia
Aquella noche, Regina recibió una llamada de Henry. Ante la voz del hijo, la morena se derritió y abrió una sonrisa boba en su rostro.
-Hola, hijo
-Eh, mamá…¿sabes? Creo que te vas a reír en mi cara, pero…
-Jamás haría eso con mi príncipe…dime, ¿qué necesitas?
-Emma no va a pasar la noche en casa hoy. Y en realidad, te echo de menos. ¿No querrías venir y hacerme tu maravillosa lasaña y contarme una historia?
Regina sintió su corazón encogerse al saber que Emma pasaría la noche fuera, pero decidió apartar tales pensamientos…¿qué tenía que ver ella con eso?
-¿Me echas de menos a mí o a mis dotes culinarias, señor Henry? ¿Contarte un cuento para ir a dormir?- rió con todo el cariño del mundo.
-¿Ves?...Sabía que te ibas a reír en mi cara- dijo el muchacho en tono de broma
-¡No, no, hijo, jamás! Solo lo encontré tierno…¡claro que voy! Echo tanto de menos estos momentos, ¿sabes? Me recuerda a cuando eras pequeño- lágrimas aparecieron en los ojos de la morena.
-¡Yo también echo de menos todo eso, mamá! Entonces…¿vienes?
-¿Pero y Emma? ¿Se lo has dicho? Es su casa, Henry, no puedo invadirla así como así…
-No te preocupes por eso, mamá…ella siempre me dice que tienes libre acceso a nuestra casa. Ahora deja de darle vueltas y ven ya. Y trae manzanas para hacer también tu tarta.
-¡Eh! Lasaña, tarta de manzana…estás muy espabilado, ¿no crees? ¿Qué más te gustaría? ¿Un café con caramelo, también?- Regina le dio una bronca en tono de broma y escuchó a Henry reír al otro lado.
-Pensándolo bien, no estaría nada mal…te espero, mamá. Hasta luego.
-Ciao, mi amor…
(Regina)
Nada podría haberme dejado más feliz que aquella llamada de mi hijo, el vacío que él ha dejado en mi casa es enorme e insustituible. Me arreglé rápidamente y me marché en dirección a la casa de Swan, intentando no pensar que ella, seguramente, estará en los brazos del pirata la noche entera. Cuando toqué el timbre, un Henry sonriente, ya metido en su pijama azul de rayas blancas, me abrió la puerta, descalzo y completamente cómodo. Le sonreí derretida a mi bebé, hoy un hermoso muchacho crecido e independiente.
Como habíamos quedado, preparé mi lasaña y la tarta de manzana, Henry me ayudó a cocinar y a preparar todo mientras conversábamos sobre diversos temas, alegres y felices. Cenamos en ese mismo clima de armonía, recordando cosas de su infancia, entre otras cosas. Tras cenar y tomar el postre, Henry me ayudó a lavar, secar y guardar la loza, no íbamos a dejar todo tirado para que Emma tuviera que recoger después.
Me quedé sorprendida al constatar lo tarde que era ya y también con la última petición de mi hijo.
-Mamá…¿y mi cuento para dormir?- puso una enorme sonrisa traviesa. Realmente había dicho en serio lo del cuento.
Le sonreí abiertamente también.
-Hijo, tengo que marcharme…
-Prometo que no tardaré en quedarme dormido…
-Está bien…- me convencieron sus ojos brillantes que me imploraban.
Como hacía en su infancia, Henry recostó la cabeza en mi regazo mientras yo le contaba una de mis historias, esta vez, una aventura que viví con mi padre y Rocinante en un bosque abandonado muy lejos de nuestra casa. Realmente, no pasó mucho tiempo hasta que mi príncipe cayó dormido, y yo, me quedé ahí, largos minutos enmarañando mis manos en sus cabellos acariciándolo, mientras sonreía como una boba viéndolo dormir profundamente. Y ahí, sin darme cuenta, acabé también quedándome dormida, cayendo en un abismo profundo, oscuro y sin sueños.
(Emma)
La noche no había sido fácil, sino estresante, menos mal que conseguí escapar y llegar a casa más temprano de lo que imaginaba. Salí preparada para pasar la noche fuera, pero, como imaginaba que sería, no salió bien. Como dicen: yo, por mi parte, tengo la consciencia tranquila. Como siempre hacía cuando llegaba tarde, fui a darle un vistazo a Henry a su cuarto, y cuán grande no fue mi sorpresa al abrir lentamente la puerta y depararme con aquella escena: Regina durmiendo profundamente con la cabeza ligeramente apoyada en el gran respaldo mientras su mano estaba en los cabellos de Henry, que también dormía profundamente en sus muslos. No entendí qué estaba haciendo ella aquí y, para ser sinceros, no importaba. Yo solo podía mirar aquella linda escena y sonreír…los dos estaban tan pacíficos y tan serenos..y Regina…¡tan hermosa! ¿Cómo conseguía ser tan maravillosa incluso durmiendo? Las respiraciones de los dos eran suaves, denotando que ya llevaban así mucho tiempo.
No tuve valor para despertarlos, ni para hacer que se recolocaran, en vez de eso, únicamente busqué una manta y la coloqué delicadamente sobre los dos, cubriéndolos con suavidad. Por algún motivo que no sabría explicar, no quería salir de ahí, del lado de los dos…no sentía ganas de ir a mi cuarto, quería quedarme ahí, junto a ellos…nunca me he sentido tan en casa y tan en familia como estando ahí, al lado de aquellos dos, de aquella manera.
Me quedé mirando un rato más y sonriendo como una idiota, y entonces, decidí coger un colchón de reserva que tenía en el cuarto de huéspedes y colocarme ahí, en el suelo, cerquita de Henry y de Regina. Me dormí casi enseguida, y podría jurar que me quedé dormida con una enrome sonrisa en mi cara y totalmente en paz.
(Regina)
Me desperté asustada y asombrada al notar dónde estaba. ¡Dios! Me quedé dormida en el cuarto de Henry y el sol ya estaba entrando por la ventana. Miré hacia abajo y mi hijo continuaba durmiendo en mis brazos y…pero, ¿quién nos tapó con esta manta? Al girarme hacia la izquierda, escuché una ligera respiración, un leve ronquido. Mi corazón dio un salto al ver a Emma allí abajo, durmiendo en un colchón en el suelo…estaba tan linda y serena, con los cabellos dorados derramados por la almohada…me ablandé una vez más, me derretí como siempre. Entonces, fue ella quien nos cubrió, y encima durmió ahí, a nuestro lado…me ruboricé, por la vergüenza de haberme quedado dormida en su casa y también por la alegría al pensar que, por algún motivo, Emma quiso estar allí cerca, bien cerca de mí y de Henry. Emma…por más que intentara ser realista y escapar, ella siempre, siempre se las apañaba para instalar aquel pequeño y tenue hilo de esperanza en mi corazón.
Sonreí al tener una idea. Aparté a Henry delicadamente y lo coloqué en la cama, con todo cuidado me levanté sin hacer ruido, y, de puntillas, bajé a la cocina, dejando a los dos durmiendo. Decidí preparar el desayuno para todos: busqué los ingredientes en los armarios y nevera y encontré todo lo que necesitaba: zumo de naranja, café, leche, tortitas, frutas…estaba en medio de la preparación de una tortita con mermelada cuando escuché una dulce y somnolienta voz detrás de mí
-Buenos días, Majestad…ese olor delicioso me ha despertado. ¿Eso quiere decir que soy digna de despertarme con un delicioso desayuno preparado por la reina?- dijo Emma y sonrió hacia mí, de brazos cruzados y apoyada en el marco de la puerta de la cocina.
Si antes mi corazón había dado un salto, ahora salió por mi boca y lo perdí por ahí. Incluso tuve miedo de que Emma pudiera escuchar sus ensordecedores latidos. Estaba hermosa, el cabello recogido en un moño alto y sin forma, descalza, vistiendo apenas un corto short de felpa y un top negro, dejando a la vista su bella barriga definida y los brazos y muslos muy bien esculpidos. La miré de arriba abajo sin pudor alguno y mordí mi labio involuntariamente. Ella soltó una risita y se acercó a mí, asustándome con la repentina cercanía. Alzó mi mentón con el dedo y dijo, en voz baja y mirando hacia mi boca.
-Yo no soy el desayuno, mi reina…¡limpia esa baba!- y me dio un beso en la mejilla bien cerca de mi boca, riendo alto y haciéndome carraspear de vergüenza. Mis mejillas se pusieron rojas al momento. Emma caminó hasta la encimera todavía riéndose, burlona, de mí, se sentó encima totalmente cómoda y mordió una manzana -¿Qué tenemos, eh?
-Ah…bueno…-tartamudeé, intentando volver a la normalidad –He hecho café, porque sé que te gusta…y tortitas…
-No tenías que molestarte, Regina…- sonrió dulcemente, encarándome
-Ninguna molestia…es lo mínimo que puedo hacer por haberme quedado dormida en tu casa…
-No tienes por qué disculparte por eso…eres parte de la familia y siempre eres muy bienvenida en esta casa…es más, ¿Henry te llamó? ¿Qué hicisteis?
-Sí, me invitó…me dijo que a ti no te importaría. Tuvo un momento de nostalgia de su madre morena…-reí y la rubia me acompañó –y me pidió que le hiciera lasaña y tarta de manzana, después que le contara una de mis historias. Acabamos quedándonos dormidos y, bueno…¡aquí estoy!
Emma me miraba con profundo cariño y admiración. Querría poder penetrar en sus pensamientos y compartir lo que había en ese momento en su cabeza. Sonreía con la sonrisa más dulce de todas.
-Él te quiere, Regina…eso no cambia porque haya decidido vivir conmigo. ¿Lo sabes, verdad?
-Sí, lo sé…- la encaré con la misma sonrisa
-Sois la pareja perfecta, y siempre os perteneceréis de cierta forma el uno al otro. Así como yo también a él, pero, al final, es siempre esa historia: dos madres, un hijo. Para siempre. El trío imbatible. Tanto que ni tuve corazón para despertaros. En vez de eso, sentí ganas de juntarme a vosotros…- percibí que ella me estaba mirando diferente ahora, con una mezcla de confusión y cariño –Me pareció tan bueno sencillamente echarme ahí, en el mismo cuarto que los dos…
Mi corazón dio un salto con aquellas palabras. Mis ojos se humedecieron. Esto era tan acertado, parecía tan perfecto…Emma, Henry y yo. Para siempre. Un doloroso nudo quedó trabado en mi garganta al pensar que eso solo se quedaría en un sueño o eternizado en aquel pequeño momento que ahora vivíamos.
-Gracias…yo también sentí lo mismo al verte allí al despertar…- fue todo lo que conseguí responder debido a la emoción que me dominaba y Emma me sonrió dulcemente, pero en seguida cambió su rostro hacia uno travieso. Listo. Esa era Emma Swan. Dos en una.
-Ahora…- se rascó la barbilla mirando hacia el techo y poniendo cara de quien estaba pensando en una decisión extremadamente importante en su vida –estoy pensando aquí…si os perdono por no haberme dejado ni un pedazo de tu deliciosa lasaña y tarta de manzana…
Me eché a reír con ganas.
-Sorry, baby…Henry está en la fase de crecimiento y yo estaba hambrienta…no sobró nadita…- reí provocándola y seguí preparando el desayuno.
-Pues ahora me debes una, señora alcaldesa…tendrás que volver y hacerlo mismo a mí. ¡Quiero lasaña y tarta de manzana!
-¡Déjate de "culo veo, culo quiero", Emma! ¡Pareces una niña!
-¡Pues sí, "culo veo, culo quiero", nadie os mando a dejarme con la miel en los labios!
-¡Nadie te mandó a que no estuvieras en casa para participar!- dije en tono de broma, pero me arrepentí. Joder, no quería saber dónde había estado anoche. Por favor, Emma, no me lo digas…
-Eh…bueno…- vi que Emma se quedó ligeramente desconcertada y yo suspiré, revirando los ojos.
-No tienes por qué explicarte, Swan…estaba bromeando. Claro que te hago lasaña y tarta.
Sus ojillos brillaron y enseguida se olvidó de lo que estaba hablando, abriendo una bella sonrisa. Agradecí internamente por no llevar ese tema más hacia adelante.
-¿Lo juras?
-¡Lo juro!- reí –Solo tienes que marcar una noche
-¿Hoy?
-¡Emma!
-¡Qué! Has dicho que solo tenía que marcar…y estoy loca por probar tu fruto prohibido…- ella sonrió descarada y yo dejé caer un plato de plástico.
La rubia descarada se echó a reír.
-El fruto prohibido es la manzana que metes en la tarta, alcaldesa…- dijo riendo y esquivando un paño que yo le lancé resoplando.
-¿Mamás?- Henry entró en la cocina aún con su pijama y bostezando. Se sentó en la mesa y nos miró, su mirada fue de una a la otra. -¿Mamá Regina se quedó dormida aquí? ¿Y tú, ma? Vi tu colchón en mi cuarto…
-¡Hola hijo, buenos días!- Emma saltó de la encimera y fue a darle un beso a Henry, revolviendo su cabellos castaños –Sí, dormí allí con vosotros…quise interactuar- rió, y Henry con ella, y yo también.
La conversación entre los tres fluía de forma familiar y agradable, mientras yo terminaba de preparar las tortitas, en la encimera, de espaldas a los dos. Percibí un silencio algo más largo de la cuenta y no me pareció buena señal. Como cuando los niños pequeños se quedan mucho tiempo callados…aún de espaldas, fui sorprendida por las voces de los dos, gritando, justo en el momento en que decidí girarme para comprobar lo que pasaba.
-¡GUERRA DE HARINA! ¡AHORA!
Y recibí un enorme puñado de polvo blanco en mi cara. Yo pensaba que este tipo de escenas solo pasaban en las películas bien tópicas de la familia feliz que se va de vacaciones a un campamento, pero no…ahí estábamos los tres, Emma, Henry y yo, tirándonos harina unos a otros, muertos de risa mientras saltábamos y corríamos para ver quien conseguía manchar más al otro de harina, en aquella divertida y desenfrenada guerra. La cocina quedó hecha un Cristo, pero nada que un buen pase de magia no resolviera. Lo que importaba era nosotros tres en aquel momento, allí, disputando quién ganaría la batalla. Ni tengo que decir que las tortitas tardaron un poco más de tiempo de lo normal en quedar litas, pero cuando quedaron, comimos en completa alegría, riéndonos a carcajadas de nuestras caras, todas cubiertas de polvo blanco desde la nariz hasta el último cabello.
Familia…el concepto de familia se extiende mucho más allá de los lazos de sangre, del ADN. Siempre escuché decir que la familia no es necesariamente tus parientes, aquellos que son consanguíneos. No…familia es mucho más que eso. Familia es sentirse en casa, es sentirse bien con las personas amadas, independientemente del parentesco biológico. Familia es la que escogemos y la que no escogemos.
Nunca me sentí verdaderamente en familia con mis padres. Quiero decir, mi anciano padre, no me atrevo a decir que fue malo conmigo, sé cuánto me amaba, pero, infelizmente, era alguien sin actitud, sumiso a mi madre. Nunca intervenía en las decisiones de ella y yo siempre quedaba a merced de una mujer malvada y dominadora. Pero en realidad, no lo culpo…Cora Mills podía ser el demonio cuando quería y su poder de persuasión era fuerte e intimidador. Mi madre se redimió y eso me hace muy feliz, así como lo estoy por haber hecho las paces con ella antes de que marchara a un sitio mejor tras su muerte, pero el pasado es una cosa que no podernos cambiar…durante casi toda mi vida no supe lo que era una familia, hasta que conseguí el perdón de todos en Storybrooke, reconciliarme con Zelena, Blanca y David y…tener a mi hijo y a Emma Swan junto a mí.
Más que nunca, durante nuestra divertida guerra de harina, tuve la plena certeza y convicción del verdadero sentido de familia…
Familia es donde te sientes acogido y amado, donde nadie te sofoca y donde eres libre para tomar tus decisiones sin que nadie te critique o intente impedírtelo por la fuerza. Familia es amor y cariño dados sin reservas, en su forma más pura y angelical, es ternura derramada en abundancia en forma de abrazos, consuelo y caricias. Es divertirse sin tener que forzar la situación para que eso suceda, es darse al otro y estar ahí siempre que el otro lo necesite, en cualquier circunstancia, de cualquier manera. Sin quejas ni presiones, solo estando ahí ayudándote a levantarte en tus peores momentos.
Familia es abrigo, es sentirte cómodo para desahogarte o decir cualquier cosa sin miedo al juicio ajeno, es sentir unas manos guiándote y empujándote para arriba siempre que caigas, es tener una cuerda firme lanzada hacia ti para que puedas agarrarte y salir del fango o del fondo de un pozo. Es tener a alguien que te llevará desde el fondo del pozo hasta el cielo…subiendo para ver las estrellas y haciéndote renacer y revitalizarte, curándote.
Pues la familia es curación, es proceso de curación. La familia no te deja enfermo, todo lo contrario, ella es el remedio y el bálsamo acariciador que aliviara las enfermedades y cerrará tus heridas cuando creas que nunca más se cerrarán y pierdas la esperanza de librarte de las cicatrices. Familia es como el médico que te ayudará en todas las curas, sean en el cuerpo, sean en el alma.
¡Familia es amor, nada más que amor! Amor dado libremente, sin pedir nada a cambio…y todo eso, exactamente todo eso…querido amigo…lo he encontrado en Emma. Lo he encontrado en mi hijo. Lo he encontrado en los dos, sin olvidarme, claro está, de mi amada hermana Zelena, de Blanca y David, pues no sería justa si no los incluyera en esta familia que tanto amo y he escogido para mí.
¡He sido obsequiada con la más hermosa familia de todas, diario mío! Y eso es otra cosa más, entre tantas que ya he descrito aquí, que nadie podría quitarme: mi amada Emma, mi Henry…aunque Emma se case, aunque Henry siga viviendo con ellos, aunque se vaya a la universidad como sé que sucederá, aunque se vaya a recorrer el mundo…Nada hará que mi corazón se aparte de los mayores amores de mi vida. Jamás.
Diario de Regina-página 8
