Antes que nada debo advertir que hay lemon en este capitulo

una vez avisados, leean bajo su propio riesgo

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ahora si, ya no hay vuelta atrás... así que disfruta la lectura ñ.~

Me demore un poco pero, quiero aclarar que básicamente es culpa de mis profesores xD porque me tortura con exámenes y exposiciones y más exámenes y más exposiciones que me están volviendo loca y matan a mi musa :C

Así que déjeme decirles que siiiiii me estoy volviendo más loca de lo que ya era, así que, no les sorprenda que este fic llegue a tener un loco final jiji besos a quienes se dan el trabajo de leer mi pequeño intento de escribir :3


Un amor real

La respuesta llegó luego de minutos que le parecieron eternos, Albus envió su patronus, un hermoso Fénix, que le dejó claro pasara lo que pasara entre él y Minerva, podría contar con su apoyo para lidiar con las consecuencias, que sin duda serían complicadas. Miró a la mujer sentada frente a él. Había llegado a sentir cosas demasiado profundas por ella y ver ese estado de intranquilidad al que se veía sometida y más esa vulneración de su sexualidad, hacía que le hirviera la sangre.

Se rascó la nuca ansioso, debía lograr que su primera vez con ella fuera inolvidable, tras pensarlo unos minutos llamó a la elfina asistente de Mine.

— ¡Pukky necesito tu ayuda!— La elfina apareció en la habitación haciendo un reverencia exagerada

— ¿Llamó a Pukky el profesor Black? ¿Pukky puede ayudarle con algo? — Sirius se acomodó la túnica y se enderezó, no le gustaba que nadie lo viera tan descompuesto como se sentía.

— Si Pukky, veras... tu ama y yo... queremos que decores con las mejores flores y las sabanas más suaves esta habitación... pon velas... y prepara un poco de vino y dos copas queremos un ambiente romántico y único.

La elfina miró a su ama recostada en el sillón dormida, pero intranquila, ante este escrutinio el animago no lo soportó más. Se agachó y miró los enormes ojos aguamarina de aquella criatura, sabía que protegía con tanto cariño a su ama, que le pareció oportuno contarle la verdad.

— Pukky, yo amo a Minerva, pero ella está bajo alguna especie de hechizo que la fuerza aun contra su voluntad a hacer cosas que ella no desea, con Dumbledore y otras tres personas, tratamos de liberarla de varias formas, pero no hemos dado con la cura y ahora la orden del hechizo es que ella esté... íntimamente conmigo, pero no quiero que ella lo recuerde como un simple momento, quiero dejar en ella un recuerdo que le permita sanar aquellas viejas heridas del pasado, y espero contar con tu apoyo para poder darle a Mine el ambiente adecuado para una reina, tal como ella lo merece— Terminó el animago su explicación, los ojos de la elfina estaban anegados de lagrimas de emoción, ella sabía cuánto había llegado su ama a amar a ese hombre y estaba feliz de que él pensase en ella antes que en su propia satisfacción, por lo que asintió con vehemencia y pidió escusas para retirarse con rapidez, regresando tras unos segundos.

La elfina le pidió a Sirius que saliera unos minutos para que ella pudiera decorar la habitación como se le había solicitado, esa petición le extrañó a Sirius pero accedió y salió unos minutos a su despacho.

Al poco tiempo la elfina salió de la habitación, le sonrió con amabilidad al animago confirmándole que ya estaba todo listo, él asintió y agradeció a aquel ser tan devoto a su amada novia, este que con un pequeño plop se retiró de la habitación.

Sirius entró con algo de nervios, sorprendiéndose gratamente ante la decoración y más aun cuando vio a Mine aun recostada sobre su sillón pero luciendo un encantador conjunto color rojo con una abertura que mostraba su muslo derecho, mientras el escore de encaje dejaban apreciar las gloriosas formas de sus senos y el sombreado sonrosado de sus pezones.

Se le seco la boca, tuvo que controlarse para no abalanzarse sobre ella y arrancarle la ropa para hacerla suya, respiró varias veces en busca de calma, revisó la habitación, sirvió dos copas de vino espumoso con una gran fresa en el filo de la copa, se acercó a su novia mirando las delicadas pecas que se apreciaban sobre su nariz apenas visibles pero simplemente adorables, las largas pestañas que titilaban suavemente sobre sus mejillas producto seguramente de lo que estuviera soñando en ese momento, el sonrojo delicado que cubría aquellas mejillas se le antojaba lo más ardiente que hubiera visto en una mujer.

Tomó su varita, convocó música suave para ambientar la habitación, después apunto a la bella pelirroja, con un —Rennervate— ella abrió lánguidamente sus verdes y atigrados ojos, que brillaron de emoción al ver a Sirius, este noto el rubor que se extendió aun más en sus mejillas, y acaricio con su mano su rostro.

— ¡Hola, preciosa!

La sonrisa tímida de Minerva era encantadora, él le tendió la mano ayudándola a ponerse de pie. Cuando estuvieron ambos uno frente al otro le acercó la copa del vino, ofreciéndosela.

— Brindemos, amor — propuso el animago.

— ¿Por qué? — preguntó la mujer con algo de incertidumbre, pero mordiendo su labio inferior por la emoción de esa situación tan cómplice que tenían.

—Pues por nosotros y por todo el amor que te tengo mi bella Minerva, pero más que nada porque nada nos separe, porque te amo demasiado para estar apartado de ti, mi princesa.

Esas palabras conmovieron a la pelirroja haciendo que una ligera lágrima se escapase de su control, su alma sabia que todo eso era cierto y entendía que Sirius la respetaba y amaba por lo que ahora no tenía miedo sobre lo que pasaría esa noche pero aquella lágrima fue el reflejo del miedo a lo que vendría después.

Sus copas chocaron y bebieron con calma aquel líquido dorado, con el ligero sabor frutal jugueteando en sus papilas gustativas, ella sonrió divertida ante la sensación burbujeante, él lo hizo complacido de ver aquella mujer relajarse y disfrutar de su presencia pues todo atisbo de dudas y nervios desapareció de su mirada.

Se acercó a su novia posando una de sus manos en su cintura, se podía decir que estaba idiotizado, perdido en sus ojos, pues no podía dejar de verlos. Dejaron las copas de lado y ella posó sus manos sobre su pecho, mientras él la atraía aun más hacia si abrazándola ahora con ambas manos cruzadas tras su espalda.

Se movían suavemente al ritmo de la romántica música, mientras el recorría su mejilla con la punta de su nariz, Minerva tembló de anticipación hasta que sintió los labios de Sirius apoderarse de los suyos, primero suavemente, recorriendo a la vez con una de sus manos la descubierta espalda.

Ella el sentir su toque se pego más a su pecho, subiendo las manos por sus fornidos hombros hasta llegar a su cuello, donde recorrió su cabello con sus finos y pequeños dedos causándole un estremecimiento de placer al animago, que intensificó su beso al introducir suavemente su lengua en la boca de Mine, quien ante la invasión correspondió, sintiendo como la danza de sus lenguas se hacía más y más intensa.

Los labios del animago se deslizaron poco a poco por el cuello de su mujer, logrando sacarle leves gemidos de satisfacción, una de sus manos recorrió su muslo derecho por sobre la corta bata y la otra la apretaba a su cuerpo.

Ella sentía una corriente cálida recorrer su columna, llenando su bajo vientre de sensaciones indescifrables, mismas que se entremezclaban por todo su cuerpo, sentía ganas de gritar de placer pero al mismo tiempo se moría de vergüenza, sabía que Sirius había estado con muchas mujeres y temía defraudarlo con su inexperiencia.

Por instinto se sujetaba a su cabello, pero se retorcía de gusto ante las atenciones que la boca del animago aplicaba sin piedad a su piel, este recorría sus hombros deleitándose con el sabor de la nívea piel de su novia, degustando la suavidad y tersura de la misma.

Con cuidado deslizo el tirante de la bata que la cubría y besando el trayecto de este hasta su caída, su mano replicando aquel gesto en el otro lado permitiendo que aquella delicada prenda cayera del todo, dejando el hermoso cuerpo de Minerva al descubierto, los ojos de Sirius recorrieron con vehemencia su anatomía, tratando de grabarse aquella imagen pues en todos sus encuentros "amorosos" del pasado, jamás había encontrado una mujer que se mostrara tan sensual e inocente a la vez.

Sirius sentía cada parte del cuerpo de su novia como un terreno inexplorado, si bien ya la había tomado antes, ahora todo sería especial, no tenía ni punto de comparación con la vez anterior, pues solo ahora le estaba haciendo el amor y deseaba transmitirle eso en cada caricia, en cada beso.

—Eres perfecta mi amor, te amo tanto— dijo mientras recorrió su brazo besándolo tramo a tramo, desde su mano hasta llegar al hombro y continuando por su clavícula hasta su cuello, dejando un beso intenso justo sobre su yugular en donde pudo sentir como la sangre se arremolinaba por la pasión con la que corría en la venas de la bella pelirroja, que se dejaba hacer con deleite, mientras le recorría con las manos la espalda del animago, por sobre la ropa, cosa que la distrajo pero que decidió solucionar.

Poco a poco Mine tomó control de la situación desvistiendo a Sirius, empezando por su túnica, y continuando con la camisa gris azulada que traía debajo de la misma, aquel color destacaba mas la profundidad de ese azul tormentoso de la mirada del hombre, que ya de por si brillaban de deseo.

Cuando la pelirroja fue a desabrochar el cinturón de su novio, este le tomó las manos y fue el mismo quien se termino de desvestir pues ya no resistía la tortuosa delicadeza con la que las inexpertas manos de la mujer retiraban cada prenda, no porque lo hiciese mal sino por que justamente lo estaba haciendo también que lo llevaría al éxtasis antes de tiempo si seguía así.

La tomó de la cadera y la apretó contra sí, recorriendo el filo del fino interior, única prenda que la separaba de la desnudez completa. Misma que de un tirón bajó dejándolo de rodillas frente a su vientre, poco apoco recorrió sus muslos acariciándolos hasta llegar a su centro, donde froto lentamente con la punta de la nariz su centro, haciendo que ella se arqueara de placer.

— Amo tu olor, Mine, es tan delicado y a la vez sensual, que me dan ganas de quedarme así, percibiendo tu aroma toda la vida.

La amiga se sonrojó violentamente, pero no pudo evitar sentir como su intimidad se inundaba debido al deseo que el hombre frente a ella generaba con tales crudas, pero eróticas palabras.

Un leve gemido se le escapó llenándola de vergüenza, por lo que se tapó la boca y lo miró asustada, él alzó la mirada clavándola en sus ojos y le dedico una sonrisa ladeada, que la dejó levemente aturdida.

— No te contengas, amor. No temas demostrar lo que sientes, pues solo así sabré si estas sintiendo el mismo placer que me causa tenerte para mí.

Eso encendió aun más la pasión en Minerva, que no podía apartar la mirada de los ojos de Sirius, que sin dejar de verla acercó su rostro a la intimidad de su mujer, depositando un beso en la depilada piel de su sexo, rosando levemente con sus labios aquel punto sensible entre sus muslos. Las piernas le temblaron a la pelirroja y él deslizó sus manos, recorriéndola mientras se levantaba, no quería que ella cayera al suelo, por lo que no dejó de acariciarla mientras lentamente la guió hasta su cama.

Aun sin separar sus labios de los de ella, la fue inclinado poco a poco sobre la cama que estaba cubierta de pétalos blancos, la mano de Mine se apoyó en la cama mientras descendía a la misma, el contacto con aquellos pétalos, la distrajo haciéndola mirar hacia donde se estaba acostando.

Llevó su mano a la boca cubriendo con delicadeza sus labios, que se abrieron de la sorpresa y la emoción, se sentía extasiada, y recorrió con la mirada todo el romántico entorno notando el ambiente tan romántico e intimo que su novio había preparado para ella.

Sirius la veía con atención esperando su reacción, manteniéndose pacientemente frente a ella, pues sabía que era algo que jamás había tenido; una primera vez digna, y quería dársela, pues se merecía eso y mucho más.

—¡Sirius! — gimió con emoción, volviendo sus ojos al profundo mar azulado que eran los de su novio, él se encogió de hombros restándole importancia.

—Esto es lo mínimo que pude hacer por ti mi amor.

Los brazos de ella se enroscaron en su cuello atraiéndolo hacia ella, si bien la fuerza que la dominaba le ordenaba estar con él de forma obligatoria, ella disfrutaría esa orden pues sentía un profundo amor por Sirius, y se sentía dichosa de por lo menos una vez llegar a ser feliz en un encuentro sexual, al menos ella podría decir que hizo el amor una vez en su vida.

Aun así la punzada de lo que vendría después la acongojaba internamente sabiendo que no tenía el poder para frenar lo que pasaría.

—Minerva, te amo— susurró, apoderándose de sus labios con pasión, recostándose sobre ella, devoró con lujuria su boca, separándose por aire pero bajando por su cuello para recorrer toda su piel. Estaba marcando su cuerpo como propio, dándole todo el placer que le prometió.

Ella se retorcía sin poder negar el deseo que la estaba consumiendo, cerraba los ojos mordiéndose los labios para no gemir escandalosamente, pues temía que la oyesen en todo el colegio.

Como si le hubiera leído la mente, Sirius se volteó a tomar su varita, lanzo varios hechizos en la habitación para evitar ser interrumpidos, que los oyeran, y dudó al pensar en hacer uno anticonceptivo, la miró a los ojos y decidió no hacerlo, si llegaba a embarazar la sería el hombre más feliz de la tierra al poder desposarla más rápido de lo que se había planteado.

—No dejaré que nadie nos interrumpa esta vez— dijo con voz ronca por el deseo, ella lo miró confusa, pero le enterneció aquel gesto posesivo que tuvo con ella.

Dejó de lado todo y volvió a centrarse en el cuerpo de la pelirroja delante de sí, la recorrió con la mirada y ella se sonrojó nuevamente mordisqueando su labio inferior, él paso su pulgar liberando delicadamente aquel preso de esos perlados dientes, en un acto inesperado ella cubrió su dedo con sus labios succionándolo levemente, ese simple acto envió por todo el cuerpo de Sirius una corriente de lujuria que abrazaba sus venas.

—Mine, yo...— la sonrisa tímida en su boca lo contuvo, lo volvía loco con un simple acto pero lo aplacaba con otro, se sentía casi fuera de sí mismo, no quería tomarla como lo haría con cualquier mujer, desecho todo lo que sabía del sexo y se dedicó a descubrir junto a ella lo que era el amor, entrelazó su mano a la de ella y la acercó a su boca dejando suaves besos en el dorso de la misma recorriendo hasta su hombro pero esta vez no siguió hasta su cuello sino que bajo por su pecho llenado de atenciones sus senos, sacándole incontables suspiros.

Ella podía sentir la dureza de su amado sobre su vientre, él aun en bóxer, no le había mostrado su miembro por no atemorizarla, pues la tímida Minerva no era versada en mostrar su sexualidad tan libremente, por lo que se sorprendió cuando ella bajó su mano libre, acariciando su firme pecho, rosando sus uñas por su abdomen, para luego delinear su sexo con las yemas de sus dedos, haciéndolo temblar de anticipación como un colegial.

—Amor, detente si no quieres que pierda el control de mi mismo y te tome sin más— ella lo miró con dudas pero con una sonrisa divertida, para luego morderse el interior de la mejilla con picardía reflejada en esos brillantes ojos verdes. —Demonios mujer, ¿qué me haces?

Se deshizo del bóxer frente a ella, quien no perdió de vista sus actos, y cuyos ojos se encendieron de pasión al ver a su novio gloriosamente desnudo frente a ella, ese cuerpo alto fornido, con músculos perfectamente cincelados que exudaba sensualidad y prometía más placer del que ella sería capaz de soportar.

Se deslizó sobre ella sosteniendo sus caderas con firmeza, ella arqueó su espalda de puro deleite ante su tacto, y abrió sus piernas para recibirlo sin ninguna indecisión, el roce que el miembro erecto de ese perfecto hombre tuvo contra su centro la hizo jadear en los labios de su amante, y cuando repitió ese mismo recorrido entre sus labios sin llegar a penetrarla, soltó un gruñidito que le pareció adorable a Sirius.

—Tranquila gatita, estas tan húmeda que podría fácilmente entrar pero quiero disfrutar este momento juntos, quiero hacerlo especial para ambos.

Ella se sentía en la gloria con esas palabras, acarició el rostro de Sirius haciéndolo suspirar de gusto.

—Te amo, Minerva— la intensidad de sus palabras se reflejaba en sus ojos, que la tenían embelesada, ella quería responder a sus palabras con la misma pasión pero el hechizo la frenaba, no obstante los ojos fieles reflejos de su alma transmitían cada sentimiento a su amado. Este complacido con lo que veía se acercó a sus labios y la besó con una intensidad que la derritió, se posó en la entrada a su sexo y lentamente la invadió, haciéndola gemir profundamente en su boca, él bajó sus labios a su cuello mientras la aferraba con fuerza a su cuerpo y la penetraba completamente, quedándose quieto unos momentos para dejarla adaptarse, sorprendiéndose cuando fue ella quien buscó la fricción que la aliviaría.

El movimiento lento de las caderas de Minerva hizo que a Sirius se le erizara el vello de la nuca, sentía un deseo impresionante por ella, y debía controlarse para no correrse como un primerizo.

—Espera un poco, princesa. Dame unos minutos por favor. — Ella lo miró confundida y sintió miedo de haber hecho algo mal, él comprendió la duda en su rostro, y le sonrió tranquilizándola mientras besaba la punta de su nariz.

—Eres tremendamente sensual y me siento demasiado excitado, necesito contenerme un poco mi amor o me avergonzaré a mi mismo— explicó quitándole la pena a su novia que con una risita aceptó, aunque temblaba de deseo, lo que no ayudaba mucho a la contención de Sirius quien giró su cuello haciéndolo sonar, tratando de liberar la tensión que se le acumulaba.

Después de unos minutos en los que no dejó de estimular a su mujer, empezó a moverse sintiendo la gloria que le proporcionaba la estreches de la animaga en cada embestida, ella por su parte sentía una oleada de placer infinito recorrerle el cuerpo, creando una sensación que jamás había sentido, si bien recordaba haber estado con Amycus sintió algo parecido no llegó a tener la intensidad que tenía ahora, era algo tan profundo esta vez, que la sobrecogió haciéndola clavar las uñas en la firme espalda Sirius, dejando rosados surcos en su piel.

— Mírame por favor, Minerva. No dejes de ver mis ojos — dijo el animago llamando su atención, ese fue el estimulo final que necesito Canuto para acelerar sus embestidas y empujarla al clímax junto con él.

Ambos sintieron como una luz los recorría haciendo que se fundieran sus fluidos y sus almas en un momento de íntima entrega y amor absoluto, llegando a un avasallante orgasmo que los hizo temblar por algunos minutos mientras se mantenían fuertemente abrazados, disfrutando de los rezagos de la pasión.

Sirius recorrió su rostro con la mirada buscando alguna señal de malestar, pero en su defecto solo vio una dulce sonrisa de satisfacción, lo que lo tranquilizó. Se acariciaban mutuamente, él salió de ella con suavidad y se recostó a su lado, atraiéndola hacia su pecho, Mine jugaba delineando sus marcados músculos con la yema de su índice.

El placer aun recorriéndoles, entre tiernas caricias post-cohitales, se durmieron brevemente ajenos a lo que en pocas horas sucedería, y que sin duda les cambiaría la vida a ambos.


recomiendo oír esta linda canción mientras se lee estas escenas =3 John Legend - All Of Me

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