Arrepentimientos y lecciones
Eran audibles las respiraciones aceleradas y totalmente visible la tensión de Belle y Zelena mientras miraban a Regina ponerse de pie de un salto y empezar a caminar de manera seca y peligrosa hacia la abarrotada pista de baile. Ellas no tenían idea de lo que la morena pretendía hacer, si ir hasta Emma y Addison o pasar por delante de ella y marcharse.
Regina caminó de forma rápida y segura, prácticamente empujando a todos los que estaban bailando, hasta pararse frente a Emma y Addison. La pelirroja ya rozaba sus labios con los de la rubia cuando sintió un empujón, no muy fuerte, pero firme, en su codo derecho, asustándola. Regina la empujó hacia atrás separándola de Emma, mientras la rubia se tambaleaba apretando los ojos para ver mejor lo que sucedía. Todo había empezado a estar confuso desde el momento en que la doctora pidió que la besara.
Ahora, la morena estaba frente a ella con Addison, y las dos mirándose con rabia.
-Regina…¿qué…?- Emma comenzó, embrollándose con las palabras, intentando equilibrarse en el hombro de la alcaldesa.
-¡Cállate, Swan! Después me encargó de ti…- Regina respondió secamente sin apartar los ojos de la pelirroja que tenía delante –Salga de aquí…- susurró bajo hacia Addison con una mirada de desdén y furia.
La pelirroja la miró de arriba abajo sonriendo desdeñosamente.
-Está bien que seas una tremenda mujerona…- la miró de nuevo pasando los bellos ojos azules ,claros y lascivos, por las lindas curvas de la morena –pero, ¿quién se piensa que es para venir aquí e intentar estropear mi noche de sexo con Emma?
-Usted no va a hacer nada con ella…¿está ciega o no ve que está borracha y sin condiciones normales?
-No está tan borracha para estar fuera de sí. Emma es adulta y sabe muy bien lo que hace…- la provocó –y por lo que veo, le está gustando mucho mi presencia y mis caricias…- sonrió ampliamente
-¡Aproveche que estoy con paciencia, descarada…SALGA de aquí ahora!- su furia aumentaba. No sabía cómo lidiar con el hecho de que hasta segundos atrás Emma estaba restregándose con la doctora.
-¿Y si no qué?- Addison cruzó los brazos en su pecho y dio un paso hacia Regina.
Addison no esperaba que la morena pusiera una sonrisa tan maquiavélica y se acercara también a ella, hasta casi pegar sus cuerpos. La sonrisa de la pelirroja se deshizo enseguida, dando lugar a una mirada de miedo y a un corazón palpitando de recelo.
-Si no…- Regina siguió sonriendo, y por medio de la magia hizo que sus ojos se pusieran rojos como la sangre y sutilmente mostró su mano a la pelirroja. Allí, de manera que solo la doctora pudiera ver, conjuró una pequeña bola de fuego para asustarla. Y lo consiguió. Addison descruzó los brazos, desorbitó los ojos y dio un paso hacia atrás, tropezándose con sus propios pies.
-¿Qué diablos es usted?- balbuceó con miedo y la respiración fallando, mirando de la mano, que había vuelto a quedar limpia, a los ojos aún rojos de Regina.
-No quiera verlo, querida…- habló bajo y peligrosamente cerca de la boca de la pelirroja, mientras esta se quedaba sin aire -¡Ahora, largo! No haré nada si se marcha de aquí, calladita y vuelve a su bebida y a su barra, como si nada hubiera sucedido…sin una palabra a nadie…¿estamos?- en un pase de magia, los ojos de Regina volvieron del rojo sangre al castaño almendrado.
Addison, completamente asustada, nada consiguió decir, apenas asintió lentamente con la cabeza. Se giró de espaldas a Regina y Emma y se fue abriendo paso hasta llegar de nuevo al alto taburete donde estaba sentada antes. No se atrevió a volver a mirar hacia las dos, estaba turbada, aturdida e intentando recuperarse de lo que había visto. Con manos trémulas, pidió otra bebida al camarero y se quedó ahí, perdida en sus pensamientos.
Asegurándose de que la doctora estaba en su debido lugar, Regina se giró finalmente hacia Emma, detrás de ella. Tenía delante a una rubia muy bebida, con la visión turbia y luchando por mantenerse en pie.
-Regina…¿qué pasó? ¿Qué le dijiste a ella?
-¡No estás en condiciones de preguntar nada ahora…venga!- cogió su brazo firmemente
-¿Para dónde?
-A intentar rebajar esa borrachera. Dame esa porquería…- cogió la botella de Jack Daniels de la mano de Emma y la tiró con violencia al suelo.
-¡Ehhh! Eso es caro…- protestó Emma apuntando un dedo hacia la cara de Regina, que solo reviró los ojos.
-Nadie te mandó a gastar dinero en eso…- se encogió de hombros y salió empujando a Emma hacia los sofás donde estaban Zelena y Belle sentadas, asistiendo a todo. Ayudó a la rubia a sentarse cerca de ellas.
-Cuidad de ella mientras voy a buscar un zumo o agua…- le dijo a las dos con frialdad.
La pareja asintió.
-¿No te dije que estoy iba a acabar como la mierda?- dijo Zelena a Belle.
Regina volvió con un enorme vaso de limonada con poca azúcar y una pastilla, y se lo entregó todo a Emma.
-Bébetelo todo- dijo amargamente, la tristeza era visible en sus ojos.
Emma asintió sintiendo la cabeza estallarle y los ojos girar en sus órbitas. Todo empeoraba con la alta y estridente música. Se tomó la pastilla y se bebió casi de un trago el zumo de limón. Hizo una mueca.
-¿Por qué…por qué estás enfadada conmigo, Regina?- preguntó Emma apretando los ojos y agarrándose la cabeza con las dos manos. Todo le daba vueltas.
-Nadie está enfadado aquí, Swan…solo estoy intentando ayudar a una persona que no sabe beber y actúa como si supiera…- la voz de Regina era cortante como una navaja, pero las lágrimas insistían en querer caer, denunciando lo herida que estaba.
Después de un momento, Emma apagó. Acabó quedándose dormida en el sofá, entre Belle y Zelena. Las tres decidieron dejarla así, porque a lo mejor se despertaba mejor. Realmente, cuando se despertó, a la media hora, la rubia estaba lejos de estar bien, pero sí ligeramente más sobria.
-Yo…yo…-comenzó a hablar balbuceando, mirando a las tres, de una a otra. La vergüenza y el arrepentimiento por lo que había hecho y la confusión de sus actos la golpearon de lleno. No consiguió decir nada más. Se quedaron un largo tiempo en silencio, Emma apenas mirando distraída a un punto lejano.
-Con permiso…voy al baño- anunció Regina levantándose, alisando su vestido. Su semblante era indescifrable. Aún estaba portándose muy fríamente con Emma.
Al llegar al aseo, la morena suspiró, mirándose en el espejo. Una mezcla de sentimientos invadía su pecho. Intentaba a toda costa arrancarse la imagen de Emma y Addison en la pista. Swan estaba borracha y enfadada con ella, pero aún así, eso le dolió mucho. Emma, ciertamente, no sabía cuánto podía aquello herirla, pues su profundo amor por ella solo era escrito en las páginas de su diario. ¿Habría hecho la rubia aquello si conociera lo escrito en aquellas páginas? Era la pregunta que ahora se hacía, parada y encarando su reflejo.
No había nadie en aquel baño, pues era menos frecuentado al quedar bien al fondo del club. Cuando se estaba preparando para salir, fue sorprendida por la entrada de Emma. Las dos se miraron profundamente a través del reflejo en el espejo. La rubia tenía una expresión de angustia, respiraba desacompasadamente. La morena le devolvió aquella mirada, una mezcla de confusión y desentendimiento.
-Emma…- no le dio tiempo a Regina para terminar la frase, pues, al girarse, Emma caminó rápido hacia ella, la agarró por los hombros y la arrastró hacia dentro de una de las cabinas, y cerró la puerta. Con fuerza, pegó a Regina contra la puerta y presionó firmemente su cuerpo contra el de ella. Emma mantenía sus manos abiertas en la pared, manteniendo a Regina presa entre ella y la pared, mientras la morena intentaba empujarla, pero nada consiguió. Ambas se miraban, la misma mirada de tantos años, de tantas confidencias, de tanta complicidad. Nada podía derrumbar las murallas de aquellos verdes en los castaños. Las respiraciones desacompasadas, ambas sintiendo el corazón de la otra saltar en el pecho, que subía y bajaba a gran velocidad debido a tantas cosas dichas y no dichas, tantas emociones allí, tan palpables.
Nada fue dicho, solo sellado, pues la boca de Emma se cerró sobre la de Regina, en un beso hambriento, urgente, caliente, desenfrenado, las lenguas mezclándose, luchando por la dominación, mientras los cuerpos se movían el uno contra el otro, sobre la puerta, los gemidos eran ahogados, las manos paseaban y apretaban con fuerza, casi hasta hacer daño, el cuerpo de ambas. Regina estaba con rabia y herida; Emma, arrepentida y con agonía pensando que había ido demasiado lejos, pero allí, intentaban entenderse, echando hacia fuera toda la furia y la angustia en forma de batalla de manos, de cuerpos y de lenguas. De forma sensual, de forma caliente, una provocando a la otra a su propio modo.
Cuando necesitaron parar para respirar, aún con los cuerpos pegados y las cabezas también, Emma dijo, jadeante
-Me remueves algo por dentro, Regina…de forma inexplicable
-Aún estás borracha, Swan…- respondió Regina con amargura
-Lo estoy…pero menos…
-No importa…solo dices eso y haciendo esto por culpa del alcohol…
-¡No!- dijo Emma alto y firme, y subió sus manos hasta los pechos de Regina, apretándolos con gusto. La morena soltó un audible gemido y se maldijo por eso –No es porque haya bebido…me vienes dejando tan loca…y tan confusa…
Regina sintió la excitación de Emma, sonrió mirándola a los ojos y decidió entrar en su juego. Le iba a dar una lección a la rubia.
-¿Loca? ¿Cómo?- dijo con su voz más ronca y sensual, mordiendo el lóbulo de la oreja de Emma, que se erizó y estremeció al momento, gimiendo bajito.
-Loca de confusión…de sentimientos extraños…¡de tensión!- Emma apretó más fuerte los pechos de la morena por encima del vestido y descendió una de las manos hacia los muslos torneados y desnudos de Regina. La morena comenzó a ondear lentamente su cadera contra la pelvis de Emma. La rubia quedó aún más loca con ese acto y ondeó a su vez, haciendo movimientos sensuales contra el cuerpo de Regina. Apretó fuerte su trasero, atrayéndola más hacia ella.
-Hummm…¿de verdad?- manteniendo su voz ronca y baja, mordió y lamió el cuello de Emma
-Sí…- la voz de Emma comenzó a fallar, tal era la excitación que sentía. Al notar que Emma intentaba deslizar la mano para la parte interna de su muslo, Regina abrió las piernas, dándole acceso a ella. Colocó de forma sensual el pie sobre la tapa del wáter. Regina sonrió maliciosa al ver que Emma estaba en el punto álgido de su excitación, y dejó que la rubia palpase su intimidad completamente encharcada por encima de las bragas.
Emma soltó un gruñido y un suspiro.
-¿Qué ocurre, Swan?- dijo sonriendo y gimiendo para provocarla.
-¡Qué mojada estás…Dios!- aún por encima de las bragas, Emma comenzó a masajear el clítoris hinchado de Regina, que se movió lentamente contra su dedo. La respiración de Emma aumentó mucho, mientras continuaba masajeando y escondiéndose en el cuello de Regina, aspirando su delicioso perfume y mordisqueando su cuello. Regina se controlaba para no gemir muy alto, pues quería darle una lección a Emma, pero el autocontrol se le estaba escapando…si quería hacer algo, tendría que ser ahora, si no, no iba a poder parar.
-¿Te gustaría tocarme, Emma? ¿Estás excitada?- preguntó provocando, cerca del oído de Emma, mordisqueando su oreja y besándole el cuello también. Seguía ondeando las caderas.
-¡Sí, quiero tocarte, lo quiero mucho, Regina, por favor! Estoy muy, muy excitada…¡no aguanto más esta tensión!- Regina sonrió ampliamente y con lascivia, permitió que Emma entrase en sus bragas, en cuanto la rubia la apartó hacia un lado. No consiguió contener un placentero gemido al sentir los dedos fríos de la rubia pasar por su intimidad desnuda, haciéndole caricias. Emma estaba en éxtasis.
-¡Qué delicia…!- gimió Emma con gusto, sintiendo la vagina de la morena en sus dedos.
Cuando Emma iba a continuar con los movimientos que había comenzado en el sexo de la morena, Regina delicadamente cogió su muñeca y la retiró del sitio, volviendo a recolocarse las bragas y el vestido. Emma la miró incrédula, haciendo un gesto de protesta.
-¿Regina…? ¿Qué pasa? ¿Por qué me has parado? No me hagas esto…- la rubia dijo desesperada de excitación, con la respiración acelerada, intentando, sutilmente, volver a poner la mano donde la tenía segundos atrás. Regina no se lo permitió, retirándola delicadamente de nuevo.
La morena, con una sonrisa larga y una mirada penetrante, se acercó a su oído y le dijo bajito y de forma seductora.
-Ve a buscar a aquella pelirroja para apagar ese fuego…- y con un leve beso en el cuello de Emma, se apartó de ella, manteniendo la sonrisa, abrió la puerta del baño y salió de forma elegante, y se dio un último arreglo al pelo delante del espejo. Dejo atrás a una Emma sin reacción, boquiabierta y atónita, que intentaba recuperarse apretando una pierna contra la otra.
Al volver a donde estaban Zelena y Belle, en el mismo sofá, ambas se levantaron de inmediato.
-Intentamos impedírselo, pero quiso ir detrás de ti, Regina…- comenzó Belle
-No pudimos sujetar a esa rubia testaruda…eh…¿qué ha pasado allí? Habéis tardado…- completó Zelena, al ver que Regina tenía la cara sonrojada.
-No ha pasado nada…vamos a esperar a que Emma vuelva para marcharnos- Regina respondió calmadamente encogiéndose de hombros.
-Es mejor esperar un poco más…Emma no está bien para conducir aún…- dijo Zelena
-Emma no va a estar bien para conducir tan pronto, Zelena…va a pasar tiempo para que salga el alcohol de aquel cuerpo…- suspiró Regina, acordándose de lo muy bebida que estaba la rubia.
Belle y Zelena la miraron a la vez, arqueando las cejas.
-¡Ah, no! ¿No querréis que yo…?- dijo Regina sin creerlo
-Sí, queremos…- Belle respondió –Zelena y yo no sabemos conducir, y no quiero arriesgarme a morir en aquel coche con Emma conduciendo en ese estado. Tú estás sobria, has dejado de beber desde hace rato.
-¡Era lo que me faltaba, conducir aquella lata amarilla! Emma cela tanto a ese proyecto de abeja que dudo que me dé las lla…
-No te preocupes por eso…puedes conducir mi proyecto de abeja. Aquí están las llaves- la voz grogui de Emma surgió tras ella, asustando a todas, nadie había visto de dónde había venido. La rubia tenía una apariencia derrotada y frustrada por lo sucedió en el baño. Extendió las llaves del escarabajo amarillo a Regina.
La morena resopló y cogió bruscamente las llaves, caminando hacia la salida y llamando a las demás.
-¡A qué punto he llegado…!- suspiró
Después de pagar las bebidas, salieron del club y se encaminaron hacia donde estaba aparcado el escarabajo. Regina accionó el GPS y empezó a conducir, notando la dirección más dura del coche. Diferente al clima alegre con el que habían llegado al club, al regreso, el clima era de un silencio pesado. Zelena y Belle se durmieron en el asiento de atrás, una sobre el hombro de la otra, y, en el asiento del copiloto, Emma se perdía en pensamientos mirando la noche que comenzaba a clarear, sin mirar a Regina. La morena conducía en total silencio, con su atención centrada en la carretera y en ningún momento miró hacia Emma o hacia las otras dos.
Al llegar a Stroybrooke, Regina dejó a Belle y a su hermana en casa de Zelena y, cuando dejó a Emma en su casa, esta, en cuanto abrió la puerta, salió corriendo hacia la parte de atrás de la casa y vomitó todo lo que tenía en el estomago sobre el césped. Los efectos del alcohol la estaban golpeando de forma dura, su cabeza daba vueltas y sus ojos parecían que iban a saltar en cualquier instante.
Regina se quedó observándola de lejos, dejándola en su intimidad. Cuando vio que había terminado y se giraba para entrar en casa, tropezando y tambaleando, suspiró y se acercó a ella.
-Venga, Emma…vamos a entrar…-pasó el brazo por sus hombros, dándole apoyo.
-¿Qué estás haciendo, Regina? ¿No vas para casa?- dijo, sintiendo el estomago retorcerse de nuevo.
-No…no voy a dejar que lo pases mal sola, en estas condiciones. Me dijiste que Henry iba a dormir fuera hoy para jugar a la consola con su compañero de clase.
-No tienes por qué molestarte…estaré bien
-Calla, Swan, solo sígueme
Regina ayudó a Emma a entrar en casa, cerró la puerta y la llevó al dormitorio. Allí, la rubia, una vez más, vomitó, dentro de su baño. Le pidió a Regina que se quedara fuera, y la morena lo hizo, no quería incomodarla, pero no permitió que cerrase la puerta, apoyándose en ella por si Emma pedía ayuda. Emma consiguió tomar una ducha fría ella sola, y Regina también estuvo atenta al lado de afuera. Al ver que la rubia salía del baño, aún pasándolo mal, pero envuelta en su pijama, pidió que se acostara mientras iba a preparar un café amargo y traerle un remedio para aliviar los efectos de la bebida. Tras tomarse el café y la pastilla, trémula y con un tremendo dolor de cabeza y nauseas, Emma le dio las gracias a Regina y cayó enseguida en un profundo sueño, ya en su cama. Regina colocó el edredón sobre ella y se echó a su lado, quedándose también enseguida dormida. Flashes de la noche pasaban por su mente, hasta que cayó en un sueño sin sueños.
Se despertó temprano, había dormido poco, y Emma aún dormía profundamente y de forma tranquila. Decidió no despertarla, sabía que se levantaría mejor. Lentamente, bajó las escaleras y preparó otro café fuerte y amargo, dejó lista la mesa con algunos bizcochos, mermelada, quesos, tostadas y frutas.
Subió para echarle un último vistazo. La rubia continuaba en la misma posición, aún en el mundo de los sueños. Regina cerró la puerta del cuarto lentamente, y en su nube de humo violeta, desapareció de allí y reapareció en la sala de su mansión.
Haber apartado a Emma de mí quizás haya sido uno de los actos más difíciles de toda mi vida…su cuerpo pegado al mío es como tentador elixir de los dioses que se derrama y se propaga por cada célula de mi cuerpo, es como sangre que nutre y da vida a cada vena, a cada arteria que hace latir a mi corazón y vivir a todo mi cuerpo, ¡renacer y vibrar! Sus besos calientes y mojados son un pasaje a un mar de explosiones de innumerables sensaciones deliciosas, el erizarse de mi piel, los frenéticos latidos de mi corazón, el pedido silencioso de socoro de mi cuerpo por más de ella, mucho más, pues Emma en mí es la cumbre insaciable y el deseo incontrolable de hacer que su hunda en mí, que se convierta en parte de mí, haciéndonos una sola…
Tuve que apartarla, tuve que empujarla…¡no es exactamente que lo necesitara, no, no! Podía haber elegido dejarla continuar tocándome, que hiciera de mí lo que quisiera, permitir que sus dedos se hundiesen dentro de mí y finalmente me hicieran sentir lo que quiero sentir y experimentar desde hace tanto tiempo, podría haber dejado que Emma entrara en mí, que me penetrase, no solo con los dedos y las manos, sino también que entrase en mi alma…pues era exactamente eso lo que sucedería en el momento en que eligiera dejarla continuar con lo que estaba haciendo, Emma no solo me penetraría físicamente, me penetraría el alma, más aún de lo que lo había hecho sin ella saberlo, robaría aún más ese pedazo de mí que le pertenecía, y eso no tendría vuelta…era un riesgo entregar una parte más de mí a la Salvadora, ella, que ya tenía una gran parte de mí, sin saberlo. Para mi seguridad, por mi amor propio, por todo lo que quedó de mi autosuficiencia, no podía permitirlo…Emma ya había robado para ella demasiado de mí, no podía dejarla llevarse ninguna parte más, pues si así fuera, ya no sería yo misma, ya no quedaría nada de mí. Aún necesitaba esa parte tan importante de mi propio yo, de mi propio ser…así que, ¡no! ¡No permití que Emma me robase aún más cosas de mí misma!
Entregarme a Emma allí, entre las paredes de aquel baño de discoteca, podría quebrar mi corazón de una vez, y yo necesitaba protegerme, por eso se lo impedí. Entonces, ¿por qué dejaste que llegara a ese punto? ¿Por qué no la paraste antes de llegar tan lejos? ¿Por qué la excitaste hasta el máximo para después tirarle un cubo de agua fría? Podrías preguntarme eso, querido diario…y te responderé:
Sencillamente para darle una lección…puede parecer cosa de adolescente, sin embargo, ¿no había actuado Emma como una adolescente conmigo? ¿Provocándome de aquella manera en aquella pista de baile, permitiendo los coqueteos de aquella mujer hasta el punto de casi dejar que la besara? Sí, había bebido demasiado…sí, puede que se arrepintiera y hubiera visto que se había equivocado e ido demasiado lejos…y sí, Emma no sabe que la amo de una forma tan ardiente y profunda. Con certeza, Emma no sabe ni tiene idea de lo mucho que eso me hirió y me dolió, y no la culpo por eso, yo misma escogí esconderle a ella mis verdaderos sentimientos…pero sencillamente no podría dejar que me tuviera allí, en aquel baño después de todo lo que había sucedido. Hice que se excitara, sí, y se sintiera sedienta por mí, y si soy mala, no lo sé, solo sé que me agradó mucho. Quise que Emma supiera que no me había gustado lo que había hecho y que no podría tenerme así como así en sus manos, cuándo y cómo quisiera. Aún tengo mi honor, mis principios, la amo más de lo que mi alma podría permitir, la amo con tanta fuerza que siento mi corazón doler y sangrar, pero no puedo dejar el camino abierto para que Emma haga que ese sangrado se convierta en una hemorragia hasta el punto de perder el control y no poder cerrar después la profunda herida…Ya sea sobre nuestra amistad, ya sea en ese algo más (que sé que no tendré) Emma tiene que saber que tengo mis sentimientos y que no son un juguete. El hecho de haberse irritado conmigo por nuestra discusión sobre su compromiso no le daba derecho a hacer lo que hizo, por más que no sepa que la amo. Eso me hirió, me hizo daño, más de lo que estaba admitiendo. Sé que pasará…pero aún es un dolor que me rasga el pecho. La traté con la mayor frialdad posible desde el momento en que la arranqué de los brazos de la pelirroja hasta el momento en que se quedó dormida en su casa…pero ¿de qué ha servido si desde el momento en que salí de su casa, pocas horas atrás, todo lo que hago es llorar y dejar que toda la debilidad y tristeza causada por esta noche se derrame de mis ojos y de mi corazón? Va a pasar, sé que lo hará…pero por ahora, ¡duele!
Y para mí, ¿cómo fue esa situación? Ni tengo que decir todo el autocontrol que necesité….¿quién estaría tan loco para no permitir que la persona que ama locamente y que desea desde hace tiempo lo toque, después de tantos besos y manos bobas? Pues eso, yo fui esa loca…¡completamente loca de verdad! Sigo sin creer que lo haya conseguido…Emma me estaba destruyendo, haciéndome perder los sentidos, haciendo que me entregara sin pudor. Nada fuera de lo normal frente a todo lo que siento por ella y todo lo que ella despierta en mí. Realmente, el trofeo a la mayor fuerza y autocontrol de este mundo tendría que ser para mí. Así como también merezco unas bragas nuevas, porque las que llevaba mientras Emma me tocaba, ya están en la basura completamente inutilizable debido al exceso de mis líquidos…¡Dios, la tensión que aquella rubia me causa es una cosa de otro universo! El control que ella ejerce sobre mi cuerpo y mi corazón es algo que jamás podría explicar.
Quizás ella ni recuerde por la mañana todo lo que ha pasado…y de hecho, sería incluso mejor así…una noche que sería borrada de la memoria. Cuidé de ella, ¡por supuesto que haría eso! La amo demasiado para dejar que lo pasara mal sola en su casa. Pero el hecho es que yo también solo quiero olvidar…olvidar a la pelirroja insolente apoderándose de ella y el deseo incontrolable de aplastar su cara bonita contra el asfalto hasta que no quedara un poro para contar la historia…quiero olvidar el lado perturbado de Emma, olvidar todo nuestra deliciosa locura en el baño…¡será mejor así! Qué el maldito Jack Daniels haya hecho algo bueno en Emma: borrado sus recuerdos. Yo también intentaré borrar los míos.
Qué hoy sea un nuevo día…así como todos los otros que vendrán. Pues nada mejor que un día tras otro, ¿no?
Diario de Regina-página 9
