Siento tu dolor…

(Regina)

Dos días transcurrieron desde la noche del club, y yo me encontraba ligeramente mejor. Lejos de estar totalmente bien, pero mejor, con los pensamientos más en orden. No había visto a Emma desde entonces. Hasta aquel momento. Yo estaba en la alcaldía firmando algunos papeles en mi mesa cuando escucho ligeros golpes en la puerta y veo a la rubia metiendo la cabeza por la apertura, con un semblante agotado, triste y avergonzado.

-Con permiso, Regina…- dijo en voz baja y con formalidad, sin mirarme a los ojos –Te traigo los informes de aquella denuncia para que los verifiques

-Entra, Swan…déjalos allí, en la mesa de la esquina, por favor. En cuanto los verifique y firme, te llamo para que los vengas a buscar- respondí seca, sin apartar los ojos de los papeles que seguía firmando.

Ella suspiró y entró y, por debajo de las gafas de montura negra, pude ver lo recelosa y avergonzada que caminaba, como si nunca hubiera estado frente a frente conmigo. Finalmente alcé la mirada, pero ella no me miró. Continuó caminando a paso lento agarrando los papeles, los ojos verdes hacia el suelo, el semblante exhausto y lleno de ojeras. En su rostro, el sufrimiento estampado. Emma sufría. No sabía exactamente por qué, pero algo la estaba incomodando mucho, algo la estaba despedazando y quebrando en mil pedazos. Yo la conocía lo suficiente para poder detectar eso.

Mi corazón se partió al ver a Emma en aquel estado, pero aún no quería ceder, mi orgullo aún hablaba más alto que las enormes ganas de ir hasta ella y abrazarla y decirle que todo estaba bien y que yo siempre estaría ahí. Luché con todas mis fuerzas contra el avasallador deseo de tomarla en mis brazos y protegerla…Emma estaba tan…frágil. Nunca la había visto así…

Ella dejó los papeles en la mesita, como le pedí, y, aún sin mirar hacia mí, me dio la espalda y caminó hacia la puerta, cabizbaja. Parecía cargar el peso del mundo en sus hombros.

-Emma…-fue más fuerte que yo. La llamé. Lenta y aparentemente con recelo, la rubia se detuvo en seco y se giró despacio hacia mí.

-¿Sí?- respondió bajito, en un susurro, sin encararme

-Mírame…- dije, pero no fui hasta ella, continué sentada tras mi mesa. Cuando ella finalmente alzó la cabeza, lentamente, todo lo que vi en sus ojos era dolor, y mucha angustia. Me asusté ante aquellas esmeraldas, que siempre eran tan alegres, ahora opacas y sin vida, y no aguanté un suspiro y un cerrar de ojos. Los ojos de Emma estaban muy rojos y humedecidos, típicas señales de días y noches de llanto- ¿Ha sucedido algo?

-No…- respondió, aguantando las lágrimas

-¿Sabes que puedes contar conmigo, no?

-Lo sé…pero no lo merezco…- una lágrima testaruda se deslizó por su rostro. La enjugó rápidamente con el dorso de la mano.

-¿Por qué dices eso? Emma…si es por la noche de dos días atrás…

-No recuerdo casi nada de aquella noche, Regina…- dijo sin convicción

-¿No recuerdas?- arqueé una ceja

-No…estaba muy borracha, ¿recuerdas? Es como si mis recuerdos se hubieran borrado…

-Entiendo…

Sabía que Emma podría estar mintiendo. Analicé su rostro, pero estaba indescifrable. Intenté detectar alguna señal de mentira, pero Emma sabía ocultar bien las cosas…no sabría si ella me estaba engañando o no. Quizás su propia habilidad para detectar mentiras en los ojos hacía que ella misma consiguiera crear habilidades para ocultar las suyas muy bien. En fin…su semblante infeliz y su frase "No lo merezco…" son señales de que sí puede que recuerde nuestra última noche juntas. Pero no tendré la seguridad. Y tampoco voy a forzarla.

Con un último pesado suspiro, carraspeó y se despidió

-Bueno…me voy. Espero tu llamada para venir a buscar los papeles firmados- Y sin darme tiempo a responder, me dio la espalda rápidamente y salió, con prisa. Su voz estaba completamente tomada y pude jurar que escuché su llanto al otro lado de la puerta.

Cerré mis ojos y me llevé las manos a las sienes. Me aguanté para no ir tras ella. Forzar cualquier cosa entre nosotras ahora, incluso una sencilla conversación, no estaría bien, no era el momento oportuno, ella quería marcharse, quería estar sola, estaba claro como el agua. No serviría de nada forzar las cosas. Emma estaba sufriendo, era nítido, pero yo también sufría. Ambas perdidas en nuestros propios sufrimientos y angustias, en cuestionamientos sin fin. Lo que quiera que estuviera sucediendo dentro de Emma, mejoraría, igual que en mi caso. Y quién sabe si entonces podríamos mirarnos de nuevo a los ojos y abrirnos, sea lo que sea que estuviera pasando. El tiempo, ese señor poderosos y dueño de todas las cosas y razones, aquel que suaviza las heridas abiertas y cuida las cicatrices, nos guiaría en lo que hacer…

Emma, ¿qué decirte, mi amor? ¿Llorar o no llorar? Me hiere en lo más profundo ver tu rostro bañado por las aguas resultado de un llanto profundo que sale del pecho y del corazón, y se desborda por tus hermosos ojos esmeraldas, me duele aquí dentro vislumbrar tu lindo rostro de ángel bañado por el visible sufrimiento y por la agonía en forma de ríos de lágrimas que dejan tu alma y corren bajo de tus ojos llenos de brillo.

¿Llorar o no llorar? A pesar de mi propio sufrimiento por verte sufrir, llego a una conclusión: ¡Llora! Permite que el dolor y la tristeza presa en tu pecho pueda quebrar los muros con fuerza y traspasar los caminos por los que necesita salir…deja que el llanto doloroso de tu espíritu salga y se lleve lejos para siempre todo lo que de alguna forma te aflige y atormenta. Llora, llora mucho, llora días y semanas si es necesario, pero no dejes de llorar hasta que finalmente sientas el inmenso alivio que tantos buscas y procuras…quizás eso no resuelva el motivo por el que tu llanto se hace presente, pero al menos, podrá darte la fuerza necesaria para continuar luchando por lo que sea que quieras vencer, o para resolver lo que necesitas resolver, dentro o fuera de ti.

Mi amada Emma…¡mi dulce Emma! Sé que hemos tenido nuestros problemas, y sí, aún estoy herida. Pero el hecho es que tú también lo estás. Y por más que aún sienta cierto dolor, cierta rabia, no consigo evitar derrumbarme entera al presenciar tu sufrimiento, es imposible no sentir dolor al presenciar tu dolor. Siento tu dolor…tu dolor es mi dolor. Como siempre, derribas mis murallas y sacudes mis estructuras, como nunca fueron capaces de hacer ni Daniel, ni Robin, ni nadie.

Intento asegurar mis muros que quieren caer a mi alrededor cuando estoy cerca de ti, pero, ¡qué lástima, no soy capaz! Eres mi eterna debilidad, ¿o acaso mi eterna fuerza? ¡Qué dulce y confusa ambigüedad…!

El deseo de abrazarte, mi amor, es inmenso y doloroso…sabes que puedes venir hasta mis brazos, y que los tienes para calentarte, protegerte y darte el cariño y la amistad que tanto necesitas. ¡Ven a mis brazos siempre que quieras! Soy orgullosa, soy dura…pero debajo de esta capa, existe la mujer que tanto te ama en secreto. La mujer que está lista para darte su amor, hoy y para siempre, sea en la forma que tú quieras.

¡Estoy aquí, mi Emma! ¡Derríbame de una vez! Porque una parte de mí siempre será tuya…¡tu Regina!

Diario de Regina- página 10

Algunos días más transcurrieron desde que Emma había ido a llevar los papeles a Regina a la alcaldía. La rubia estaba casi saliendo de la comisaria, acabando un día de trabajo, cuando uno de los documentos le llamó la atención. Reviró los ojos y resopló.

-¡Ahhh, qué mierda! ¡Regina me va a matar!- lamentó

Cogió el teléfono y llamó rápidamente a Regina, pero nadie atendía. Intentó una, dos, tres veces, pero solo salía el buzón de voz. Al final, llamó a Henry, que aún estaba en la escuela y se preparaba para salir. El muchacho atendió rápidamente.

-¡Hola ma!

-Hijo…¿sabes dónde está Regina? Necesito hablar urgentemente con ella, y no atiende al teléfono.

-Mi madre tenía una reunión importante hoy con el empresario que quiere abrir un mini parque en los alrededores del Puente…me dijo que estaría ilocalizable y se quedaría en la alcaldía hasta más tarde. ¿Por qué?

Emma resopló, preocupada.

-Necesito entregarle un documento que tendría que haber ido con una remesa que le di unos días atrás…y lo peor, este está marcado como urgente, mi cabeza está mal, y no sé cómo acabé olvidándolo…

-¡Ah entiendo! Haz lo siguiente, pasa por la escuela, te espero, tengo una copia de las llaves de casa, ¿recuerdas? Siempre las llevo porque siempre aparezco por allí o voy cuando ella no está. Te las doy y tú entras y dejas el documento encima de su cama.

-Ah, chico…no sé, no…entrar así en casa de tu madre…

-No hay problema alguna, ma, ¡despreocúpate! No hay nada malo en dejar un documento y salir, no estás invadiendo, yo te estoy prestando las llaves. A mamá no le va a importar. Y además, ella no va a contestar al teléfono tan pronto.

Tras pensar un momento, Emma aceptó y cedió. Realmente ese documento no podía esperar.

-Está bien, Henry, gracias, hijo. Espérame ahí que llego en diez minutos…

Emma cogió el documento, escribió una nota explicando por qué lo dejaba ahí, pidiendo disculpas por haberlo olvidado días atrás y explicando que Henry la había prestado la llave de su casa para poder entrar y dejarlo. Se encontró con Henry en la puerta del colegio, cogió las llaves, subió a su coche y se encaminó a casa de Regina.

Henry le explicó cuál era la llave de la puerta delantera y fácilmente Emma entró en la mansión número 108, y con la carpeta que contenía el documento y la nota bajo el brazo subió las escaleras y buscó el cuarto de Regina.

Abrió la puerta con delicadeza y sonrió al constatar que todo recordaba a Regina en aquel ambiente. Arreglado, perfumado, sencillo y cada cosa en su lugar.

Caminó hasta la enorme cama y se inclinó para dejar la carpeta sobre ella cuando un cuaderno que estaba sobre la misma le llamó la atención. Frunció el ceño. Era el mismo que se le había caído aquel día en la calle cuando habían chocado, cuando Regina se quedó enormemente turbada al ver que Emma había leído su nombre en él. De portada bonita y marrón, adornado con dibujos de flores y escrito con linda caligrafía en la tapa "Diario-Regina Mills"

El corazón de Emma dio un salto y la respiración se le aceleró, jadeando. Con manos trémulas, cogió aquel cuaderno firmemente en sus manos. Miró durante un largo instante hacia él, en una dura lucha interna: ¿abrirlo o fingir que no lo había visto y salir de allí lo más rápido posible? La curiosidad unida al extremo deseo de saber que secretos podría guardar la morena fue más fuerte que ella misma. Por más que supiera que no era correcto y ser consciente de que iba a invadir la privacidad de Regina, fue vencida por el impulso del aplastante deseo de descifrar los secretos de la morena misteriosa que siempre le había intrigado tanto. Emma se sentó en el borde de la cama. Abrió el Diario de Regina y comenzó a leer…


Tras un día extremadamente cansado y una larga reunión que parecía no tener fin, Regina finalmente salió de la alcaldía y regresó a casa, loca por una buena noche de descanso. Estacionó en su garaje, entró en su casa, cerró la puerta con llave. Fue en ese momento que percibió algo diferente, algo que no estaba bien. Aún en la sala, notó que la luz de su cuarto, en el segundo piso, estaba encendida, que la puerta estaba entreabierta dejando pasar el resplandor de la luz por la abertura, y ella recordaba nítidamente que la había dejado cerrada cuando salió esa mañana a trabajar. Escuchó un ruido viniendo de dentro, como si fueran…¿sollozos?

Su corazón comenzó a palpitar, su pecho subía y bajaba en un jadeo rápido y cortante. Sus piernas tambalearon, pero necesitaba ir al cuarto, no sabía qué esperar, pero tenía que saber lo que estaba sucediendo…

Subió lentamente las escaleras, intentando no hacer ruido con los tacones. Al llegar al segundo piso, notó que alguien lloraba dentro de la habitación, el ruido de la respiración acelerada y los sollozos eran, inconfundiblemente, un llanto doloroso. Sus piernas temblaron aún más. Parecía como si ya supiera lo que iba a encontrar ahí.

-Pero, ¿qué…?- susurró para sí misma, de forma inaudible

Y, al empujar la puerta lentamente y abrirla totalmente, casi se cayó hacia atrás y se desmayó. Allí, sentada en su cama, con el rostro totalmente bañado en lágrimas y ahogándose en sollozos y llanto, estaba Emma Swan, leyendo su Diario…

-¿Em…Emma?- fue lo que consiguió balbucear, en un susurro, con la cabeza dándole vueltas y el corazón desesperado, agarrándose firmemente al marco de la puerta para no caer.


¡Ya está, el momento más esperado! ¿Y ahora? ¿Qué pasará?