Entrégate a mí, sin miedo

La sonrisa de Emma no podía ser más ancha y cargada de emoción. Al notar el nerviosismo de la morena, la abrazó fuertemente, acariciando sus cabellos negros con movimientos lentos y dulces, para calmarla. Agarró su rostro entre sus manos, encarando profundamente aquellos orbes castaños que tanto amaba, contra los que tanto luchó para admitir que realmente los amaba. Amaba a Regina de cuerpo y alma, con el corazón abierto, y sabía que los sentimientos de la morena para con ella eran de la misma manera, podía sentirlo a través del brillo en su mirada, que ahora le direccionaba, podía estar segura incluso a través de su respiración desacompasada y de tantas palabras llenas de dolor, pero al mismo tiempo tan hermosas, eternizadas en aquel diario.

-Aún no puedo creer que todo esto esté sucediendo…que estés aquí. De la manera que siempre deseé…tengo miedo de sufrir una caída, despertarme y descubrir que no ha sido más que un fantasioso sueño…- dijo Regina con los ojos empezando a humedecerse. La maravillosa sensación del amor finalmente correspondido tras tanto tiempo sufriendo callada le hace tener un miedo terrible a que todo se evapore de repente.

-Estoy aquí, Regina…¡no es un sueño! Yo soy real…soy tu realidad, y mi realidad eres tú. Y lo que más quiero es finalmente admitir y vivir este amor a tu lado…sin más dolores, sin más secretos…- y la besó apasionadamente, las bocas una vez más reconociéndose y deleitándose con el suave y excitante bailar de lenguas que se exploraban cada vez más íntimamente.

Tras ese beso apasionado, que derivó a sexy y urgente, provocando que ambas respiraciones se descontrolaran, Emma paró y se apartó sutilmente de Regina, quedando, a propósito, a distancia de ella, con la intención de que la morena la pudiera ver de cabeza a los pies. Regina, luchando por controlar la excitación y la ansiedad ante todo lo que estaba por venir, pegó su espalda a la pared, solo esperando, sus ojos castaños oscurecidos por el amor y por el deseo latente direccionados a Emma.

Swan se desprendió los cabellos que estaban firmemente recogidos en una cola de caballo, y los soltó moviéndolos de forma sensual. Todo en Emma exhalaba sensualidad y Regina sintió su corazón latir a mil en su pecho. La rubia, entonces, se quitó la chaqueta y comenzó a desabotonar de forma muy lenta y tortuosa los botones de su camisa, haciendo que Regina jadeara.

-Déjame amarte, Regina…déjame cuidarte, como te mereces…- un botón más desabrochado –Ya no quiero que sientas trozos puntiagudos perforando tu corazón, ni que llores sola en el silencio de la noche por pensar que no te amo o que no me mereces…- otros dos botones son abiertos y ahora Regina tenía una visión mayor de los pechos de Emma, que comenzaban a dejarse ver dentro de un sujetador de encaje negro –Si mis ojos son la ventana para tu alma, percibirás en ellos cuánto te amo…¡entrégate a mí, sin miedo!- el último botón fue abierto y Emma retiró completamente la camisa, dejándola caer al suelo, mientras los ojos maliciosos de Regina descendieron hasta la zona de los hermosos pechos de la rubia retenidos en el sujetador.

-Veo que realmente has leído y has grabado muchas cosas que escribí en mi diario…- dijo la morena y su voz falló cuando Emma se acercó lentamente con mirada traviesa y comenzó a desabotonar ahora su blusa, con la misma lentitud torturadora con la que había desabotonado la suya.

-Sí…no hay forma de olvidar y no grabar en la memoria palabras tan bellas, y tan tristes…- dijo la rubia y mientras iba desabotonando la camisa de su amada, depositaba pequeños besos mojados y succiones por toda la extensión de su cuello –pero ahora esa tristeza ha quedado atrás…de ahora en adelante, solo felicidad para nosotras…- arrancó la blusa de la morena dejándola apenas con el sujetador color vino. Emma fijó su mirada lasciva sobre el bello par de senos y se mojó los labios. Regina gimió bajito y tembló ante esa mirada de la mujer que tanto amaba. Swan volvió a encarar los orbes oscurecidos por el deseo –y para comenzar todo eso, déjame amarte lentamente, hacer de tu cuerpo el mío como tú te mereces, y no de forma desesperada ni en medio de un acto estúpido como el que hice en el club…quiero que pruebes todas las sensaciones maravillosas que proporciona hacer el amor con una mujer, Regina, de la forma correcta…pero lo más maravilloso no es solo hacer el amor con una mujer…sino con la mujer que se ama…- dicho eso, Emma agarró a Regina por la cintura, pegando firmemente sus cuerpos, arrancando un gemido ahogado de la morena que se entregó completamente para que Emma la cuidase y la amase. Estar en los fuertes brazos de Emma era una sensación indescriptible, era todo lo que morena deseó y sintió, pero multiplicado por diez.

Emma tenía un agarre fuerte y sensual. Apretaba todo el lateral del cuerpo de Regina encajándola en su propio cuerpo de forma perfecta, se besaban con pura lujuria, lascivia y tensión descontrolados. Emma tiraba de los cabellos de la de más edad hacia atrás mientras aspiraba el suave perfume a manzana. Los gemidos eran ahogados dentro del beso, se movían la una contra la otra, queriendo mucho más y sintiendo que las ropas ya solo molestaban. Regina arañaba la espalda de Emma, haciendo delirar a la rubia. Reparó en cada hermosa peca que su amada poseía en su alba piel blanca.

Emma rápidamente se quitó el sujetador, quedando frente a Regina, que jadeó al ver finalmente libres los bellos pechos de su amada. Eran redondos, medianos y sus pezones rosados ya se encontraban duros. Sonrió al notar a Regina maravillada, mirándola y mordiéndose los labios.

-¿Te gustan?- dijo Emma de forma baja y sexy, acariciando sus propis pezones

-Mucho…

-Entonces…- Emma la abrazó abriendo el cierre del sujetador de la morena y arrancándoselo. Después de deleitarse también con el bello par que tenía delante, dijo, con la voz ronca –vamos a ver si se gustan…siéntelos, Regina…

Fue imposible no soltar un gemido alto cuando Regina sintió que Emma pegaba sus pechos a los de ella, haciendo movimientos sensuales, pasando los pezones de ella por encima de los de la morena. Era fantástico sentir el cuerpo caliente de la rubia junto al suyo. Emma la acompañaba en los quedos gemidos.

-¡Qué delicia…!- gimió Regina

La rubia sonrió llena de malicia y se agachó, tomando el pecho derecho de la morena en su boca. Succionó el pezón, pasando la lengua alrededor de la aureola, mamando intensamente, mientras apretaba el pecho izquierdo. Repitió la jugada con el izquierdo en medio de los roncos y placenteros gemidos de la morena, que tenía los ojos cerrados y sus manos en los cabellos de la rubia, pidiendo más de la boca de Emma en sus pechos.

Al volver a darle un cálido beso en la boca, Emma sintió que Regina apretaba sus dos pechos con sus suaves manos. Sonrió y gimió, adorando los descubrimientos que la morena estaba haciendo.

-¿Quieres probarlos?- preguntó Emma al pie de su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja

-Mucho, lo quiero mucho…

-Son todo tuyos…- se apartó dándole libre acceso.

Regina no se hizo de rogar y literalmente cayó sobre los pechos de Emma, con hambre. Los mamó profundamente, matando la sed interminable por aquella mujer. Chupó, lamió y succionó, maravillada con aquel par de bellezas a su merced. Emma gemía alto y fuerte en mitad del placer absurdo que su compañera le estaba proporcionando, Regina la estaba sorprendiendo. Ni parecía que fuera su primera experiencia.

Tras largos minutos trabajando en los pechos de la amada, Regina alzó su mirada hacia Emma, la rubia se estremeció al presenciar en ella un deseo y una lujuria nunca vistas antes. Sus pezones estaban completamente rojos y mojados por la boca de Regina, y los labios de la morena estaban humedecidos por lo que había hecho en los pechos de la más joven. Regina sonreía completamente pícara.

-Son deliciosos…- susurró

Emma le devolvió la lasciva mirada. Sin aguantar más, se quitó rápidamente sus botas y los vaqueros, quedando solo con las bragas negras. Hizo lo mismo con la falda y los zapatos de Regina. Las dos se miraban y se admiraban, descendiendo las miradas llenas de deseo por el cuerpo de la otra. Emma poseía un cuerpo bello, musculoso y definido, y Regina, un cuerpo escultural y lleno de curvas.

-Una delicia…- dijo Emma y cogió a Regina por lo alto y la acercó a su regazo. La morena rió y dio un gritito, pasando sus piernas alrededor de la cintura de la rubia. Su cuerpo pequeño fue llevado y lanzado a la gran cama, donde una Emma llena de tensión gateaba lentamente hasta ella, subiéndose encima, pegándose a ella. Se besaron urgentemente, Emma fue besando cada parte de su cuerpo, descendiendo, y cuando llegó cerca del ombligo, besó la intimidad de la morena por encima del fino encaje, pasando la lengua. Ya sentía el dulce sabor de la morena en su boca, y temblaba de ansiedad por experimentar lo que estaba detrás de esa prenda íntima. Sintió a Regina gemir alto y estremecerse. Colocó las manos en los laterales de las bragas. Miró a la morena, pidiendo permiso, que enseguida le fue concedido con un movimiento de cabeza lleno de expectativas.

Lentamente, Emma descendió las bragas y las retiró, un largo gemido traspasó su garganta al constatar lo mojada que estaba la vagina de Regina, encharcada. La rubia pasó los dedos de abajo hacia arriba, y enseguida los chupó. Regina se estremeció con la visión.

-Emma…- Regina se retorcía de ansiedad

-¿Qué quieres, Regina?- la rubia susurró con su voz más sensual, besando y lamiendo la parte interna del muslo de la morena, sin llegar a su punto sensible.

-Por favor…- Regina apenas conseguía hablar debido a la excitación, pero la sutil elevación de sus caderas hacia la boca de Emma atestiguó claramente lo que ansiaba por tener. Swan sonrió de forma maliciosa, y sin aguantar más, llevó su boca a la vagina de la morena sin demora. Comenzó pasando la lengua lentamente de abajo hacia arriba, para después chupar y succionar el clítoris hinchado y sediento de alivio. Regina sencillamente deliró y enloqueció ante el primer contacto de la suave lengua de la amada en su intimidad, el gemido ronco y alto que salió de su garganta fue elixir para los oídos de Emma, que aumentó la velocidad de las chupadas y lamidas, mientras Regina arqueaba el cuerpo hacia atrás, agarrada firmemente a las sábanas.

-Deliciosa, como me lo imaginaba…- Emma le sonrió para enseguida volver a lo suyo mientras Regina iba a la locura, apretándose sus propios pechos, mientras Emma comenzaba a introducir un dedo y después otro en el sexo de la morena.

-¡Emma…más rápido! Hummm…qué bien lo haces…- Swan se excitó aún más, si es que era posible, con esas palabras gemidas de forma tan ronca y sensual, y comenzó a embestir a la morena más rápido, los dedos entrando y saliendo al mismo tiempo que con su lengua la chupaba de forma totalmente erótica –Emma…voy a…yo…

El orgasmo llegó intenso y avasallador, Regina derramó su intenso líquido espeso en la boca y dedos de Emma, entre los deliciosos temblores resultado de la felicidad y saciedad de, por primera vez, haberse entregado a su gran y verdadero amor. La morena tuvo exactamente la sensación de haber ido al cielo y haber vuelto en un magnífico viaje de mil estrellas alrededor. Sonrió y aún gemía estremeciéndose con cada lamida que Emma daba en su intimidad para no dejar ninguna huella del dulce gozo que allí había.

Emma fue subiendo lentamente hasta ella, sonriendo traviesa, encontró los carnosos labios y le dio un beso lascivo y caliente.

-Prueba tu sabor, mi bien…eres deliciosa…- susurró

Regina pasó la lengua por sus propios labios de forma lenta y sexy, haciendo que Emma gimiera bajito

-No hagas eso…

-Emma…- Regina llamó en voz baja y tímida mientras seguía teniendo el cuerpo de la rubia completamente encima del suyo.

-¿Hum?- respondió hundida en la curva de su cuello.

-Yo…querría…quiero…- la morena estaba roja de vergüenza, y Emma encontró muy enternecedora su reacción. Sonrió dulcemente, pasándole calma y confianza. Enseguida, se quitó de encima de la amada y se recostó a su lado, bocarriba, y con los brazos juntos, por encima de su cabeza.

-Soy toda tuya, mi amor…

La morena se derritió al escuchar el modo en como Emma la había llamado.

-Pero y si yo…si yo no…- tartamudeaba.

-Sabrás lo que hacer…no lo pienses. Sigue tus instintos y tu excitación…- sonrió la rubia, mordiéndose los labios.

Sintiéndose más confiada, Regina sonrió lasciva y totalmente ansiosa por tener a Emma para ella. Se perdió en el número de veces que soñó con ese momento. La besó intensamente, de la forma más sensual posible, podía sentir los gemidos de Emma ahogados en el beso, le mordió el cuello, descendió hacia los pechos, jugueteó un poco ahí, e imitando lo que Emma le había hecho a ella, dejó un rastro de besos hasta el ombligo, hasta llegar a las bragas. Con manos sudadas y trémulas, pero bajo la mirada alentadora y la sonrisa traviesa de Emma, se las quitó, dejando a la rubia completamente desnuda y entregada a ella. Regina jadeó al estar frente a la intimidad de su amada, que ya presentaba un intenso brillo debido a la gran humedad allí presente.

Regina se colocó entre sus piernas y comenzó a pasar la lengua por toda le extensión de los muslos, provocando a Emma. La rubia gimió y se retorció.

-Regina…- susurró –vamos…estoy sedienta…

Temblando de excitación, Regina le sonrió y finalmente penetró la vagina de su amada con la lengua, causando en su propio cuerpo una sensación fantástica y deliciosa. Emma era dulce, era caliente, sabrosa, y Regina comenzó a chupar su nervio con una enorme delectación, a velocidad alterna. Estaba sedienta por Emma, por llevarla a la locura. Swan se agarró a sus cabellos incentivándola a continuar, gemía alto y fuerte su nombre, la morena estaba haciendo todo perfectamente bien, realmente, no pareciera que nunca lo hubiera hecho. Los dedos finos de Mills entraron pronto en acción, embistiendo a la rubia en un vaivén, primero receloso y tímido, después, con una velocidad incontrolable que hizo que Emma estallase en un gozo delicioso entre aquellos dedos y aquella boca tan deseados. El grito roncó y estridente de Emma resonó por la habitación.

-¡Regina!

Al igual que hiciera Emma, Regina lamió toda la intimidad de la más joven antes de subir encima de ella de nuevo para besarla. La morena tenía plasmada en su rostro una sonrisa bobalicona, y no conseguía parar de mirar a su amada.

-¿Qué ocurre?- Emma le sonrió de vuelta, jadeante, acariciando los cabellos negros.

-Fue lo mejor que he experimentado en mi vida…

Emma rió

-Lo mismo digo, morena…y te digo una cosa…¡no parece que no tengas experiencia! ¡Wow! Puedes entrenar ahí cuantas veces quieras…- se mordió el labio

-Hago lo que puedo…- sonrió lasciva.

Ambas aún estaban jadeantes. Se quedaron abrazadas sintiendo las respiraciones calmarse, hasta que Emma invirtió las posiciones y puso a Regina de espaldas contra la cama, con una sonrisa totalmente pícara y una mirada depredadora. Con esa visión de la amada, Regina se estremeció y sonrió, mordiéndose el labio.

-Hum…Emma, ¿qué…?- susurró la morena, gimiendo

-Varias veces escribiste en tu diario que querías unir tu cuerpo al mío, volviéndonos una sola…pues es exactamente eso lo que voy a hacer ahora…- Emma besó a Regina en la boca de forma urgente y mordió su cuello, antes de colocarse entre las piernas de la morena, formando una tijera. Pegó firmemente su vagina a la de Regina, y una corriente eléctrica la atravesó a ambas.

-¡Dios…esto…!- Regina gimió intensamente y cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás y agarrándose con fuerza a las sábanas. Otra cosa más que le invadía sus sueños se estaba materializando: tener de esa manera el cuerpo de Emma, total e íntimamente ligado al de ella.

-Lo sé…es delicioso, ¿verdad?- Emma comenzó a mover las caderas, chocando y restregando sus intimidades.

-¡Por todos los dioses, sí!- Regina gemió locamente y ondeó proyectando aún más su vagina contra la de Emma.

Las dos poseían una sincronía más que perfecta, como si sus cuerpos hubieran sido moldeados el uno para el otro, un placentero puzle cuyas dos piezas perdidas, dejadas mucho atrás, hubieran sido encontradas. Se movían una contra la otra, Regina dobló una de las rodillas para experimentar un mayor contacto, Emma embestía, Regina acompañaba las embestidas, los clítoris juntos, los líquidos mezclados, una danza de lujuria y tensión sin límites. Regina apretaba y masajeaba las nalgas de Emma provocando que la rubia ondease más, y Emma agarró firmemente los cabellos de Regina, la miradas clavadas, la una en la otra, aumentaron la intensidad y la velocidad de los movimientos, los gemidos altos y gritos estridentes resonando por la habitación hasta que el segundo e intenso orgasmo llegó para ambas, al mismo tiempo, lubrificando aún más los sexos encharcados que se encontraban perfectamente encajados.

Me movieron aún un poco más, de forma lenta y con deleite, ambas queriendo sentir cada segundo que aquel momento pudiera proporcionarles, todas sus emociones y sensaciones, no solo estaban teniendo sexo, sino que estaban haciendo el amor en toda su plenitud, de las forma más sublime, allí no solo han entregado sus cuerpos, una a la otra, sino también sus almas y corazones. Había tantas cosas envueltas en aquel acto, en aquel sexo, en ese hacer el amor…había sido la consumación de un amor tan verdadero y luminoso como las propias estrellas del cielo.

El acto de hacer el amor con quien se ama de verdad es algo arrebatador e inexplicable. Los cuerpos calientes pegados, el calor que una transmitía al cuerpo desnudo de la otra no era solo resultado del intenso sexo que acababan de tener, sino de una energía sobrenatural del más puro sentimiento allí concentrado y compartido.

Se quedaron largos minutos abrazadas, totalmente jadeantes, satisfechas y sonrientes, Emma encima de Regina, piernas entrelazadas, cuerpos desnudos y sudados sintiendo el latir acelerado del corazón en el pecho de la otra. Las dos mujeres sabían lo mucho que aquello había significado para cada una, y que era una promesa de un lindo futuro. La emoción se apoderó de la rubia y de la morena, las lágrimas descendían por los rostros, donde se veía pasión en la mirada y una sonrisa en los labios. Se miraron profundamente….el tan familiar color esmeralda en los ojos castaños. Las dos se acariciaron los rostros.

-¡Te amo tanto, Emma, tanto! No soy capaz de medirlo en palabras…- Regina sollozaba, acuciando ya las lágrimas que no tardarían en llegar.

-Sí fuiste capaz de medir en palabras…prueba de eso es tu diario…¡te amo mucho, Regina, mucho! Perdóname por haber tardado tanto en darme cuenta de ello y por causarte tanto dolor…prometo compensártelo con cada acto y con cada actitud de aquí en adelante, haciéndote la mujer más feliz del mundo, porque no mereces menos que eso…- Emma, entre lágrimas, agarró el rostro de la mujer que amaba entre sus manos y la miró a los ojos –Ahora…¿qué tal si hablamos de nuestro futuro?