Capítulo 3: Shin-Ra Electric Power Company


Se despertó temprano como de costumbre y casi en automático. El ruido de la ciudad, que recién comenzaba a "despertarse", junto con el apresurado inicio de la jornada laboral y el chasquido ensordecedor provocado por las ruedas de los trenes, que comenzaban a movilizarse para aquellos empleados que trabajaban a la superficie, al chocar contra los rieles con furia dada la velocidad; habían sido factores más que suficientes como para sacarla de su corto e insignificante sueño. Realmente quería dormir más.

Se estiró como un gato escuálido sintiendo todos los músculos del cuerpo agarrotados y contraídos como moluscos y, siguiendo con su rutina, se dirigió al baño con el fin de tomar una ducha. Mientras se enjuagaba el cabello bajo la lluvia artificial se dio cuenta de cuánto extrañaba su pelo largo, lo echaba de menos mucho más de lo que alguna vez pensó que lo haría y sabía con toda seguridad que le tomaría bastante tiempo acostumbrarse a estar sin su extensa melena.

Como el día anterior, buscó la ropa más cómoda que tenía entre la escasa vestimenta que llevaba en el equipaje. Finalmente, después de tanto rebuscar y "escarbar" entre sus ropas, terminó por ponerse unos pantalones gris plomo, los cuales estaban dotados por una cantidad ridículamente innecesaria de bolsillos, bastante elásticos, medianamente ajustados en los muslos y, a partir de un poco más arriba de la rodilla, la prenda se iba haciendo cada vez más ancha de tal modo que los pantalones quedaban un poco holgados y flojos hasta llegar a las pantorrillas y cubrir sus tobillos. Se colocó las botas que había usado el día anterior y, después de pensárselo mucho, se cubrió el torso con una camiseta negra de tirantes gruesos bastante larga y, sobre ella, una chaqueta de un gris oscuro similar al de su pantalón.

Recogió las pocas cosas que había sacado de su mochila en busca de sus ropas y ni se molestó en peinar su cabello, se limitó a pasarse simplemente los dedos a través del mismo repetidas veces haciendo que quedara alocado, desarreglado y desuniforme aun estando mojado, poco le importó aquello, al fin y al cabo seguramente se despeinaría más adelante al presentar las pruebas.

Compró cerca del lugar unas cuántas frutas de un vendedor callejero que estaban en oferta y se las comió lentamente y con gusto mientras se dirigía al cuartel general de Shin-Ra. Primero, luego dar haber dado muchas vueltas y después de haber cuestionado incluso a los niños del lugar para poder conocer su paradero, logró ubicar cada cosa en su sitio y se dirigió hasta el Mercado de los Suburbios. Una vez allí, después de ojear un poco las tiendas y darse cuenta que los pocos Guiles que le quedaban no le alcanzaban ni para comprarse un estúpido lazo, prosiguió a subir la Plataforma.

Al percatarse de que ya había perdido mucho tiempo entre distracciones, se dirigió corriendo a los Andenes y tomó apresuradamente el tren que llevaba al Sector 1 y que estuvo a punto de partir sin ella. Una vez allí, se ubicó como pudo y, después de salir de la estación y caminar un poco localizó el tramo, algo extenso para su gusto, de escalones que daba hasta la plaza principal del Sector 8; desde donde se podía llegar, según tenía entendido, a la gran sede de la Compañía Eléctrica.

No supo en qué momento se mezclaron en su cabeza los distintos datos, indicaciones y direcciones que le había proporcionado un gran número de ciudadanos con anterioridad, ni tampoco supo en que momento terminó perdida en la que, por lo que podía apreciar en los numerosos letreros y carteles, era la famosa Avenida LOVELESS. Realmente no entendía por qué estaba allí. Había llegado a la plaza tal y como le habían dicho que tenía que hacer y había rodeado la fuente central tal y como le habían indicado.

Entonces, ¿en qué momento había tomado el camino equivocado?¿Habría estado avanzando los últimos minutos en una dirección errónea? ¿Se habría terminado adentrando por puro descuido en la zona contraria a la que en realidad debía entrar? Probablemente sí había sido así y lo único que debía ser era devolverse.

Era algo de lo más obvio, sin embargo, y como era típico en ella, decidió preguntarle a alguien más de cualquier forma. Observó a un hombre algo mayor que se encontraba revisando su móvil frente a un automóvil y se apresuró a acercarse a él antes de perder más tiempo.

— Disculpe— llamó algo apenada la atención del hombre que lucía bastante distraído ojeando su celular y que alzó la vista hacia ella con el ceño bastante fruncido sin intención alguna de relajar su expresión.

— ¿Si?¿Puedo ayudarte en algo?

Sedit no pudo evitar encogerse levemente en su sitio al escuchar aquel tono de voz grueso, seco y tosco. Era más que obvio que no estaba teniendo un buen día. Pensó en retractarse y decirle que no importaba en realidad para después marcharse y no importunarlo aún más, pero no lo hizo pues tuvo la sensación de que eso no haría sino empeorar las cosas y hacer que el sujeto se molestase en serio.

— ¿Podía decirme, por favor, cómo puedo llegar a la entrada del edificio de la Compañía Shin-Ra? Es que no consigo ubicar cuál de todos los callejones que hay es el que debo tomar— le dijo con tono algo cohibido y el hombre se obligó a sí mismo a respirar y calmarse un poco pues no era justo desquitarse con la chica como tenía ganas de hacerlo.

— No eres de por aquí, ¿verdad?— dedujo el hombre al instante alzando una ceja con una mueca de extrañeza.

Jamás había conocido a nadie, por más turista que fuese, que hubiera resultado incapaz de localizar el camino correcto hacia el enorme y magistral edificio ubicado, literalmente, en todo el centro de la ciudad.

— P-pues no... Vengo del otro continente— respondió en un susurro ligeramente sorprendida por haberlo escuchado hacer un comentario tan directo y acertado como aquel. ¿Tan obvia era?¿Se notaba demasiado su falta de orientación como para que un extraño adivinara aquello a la primera?

El hombre la miró durante unos minutos en silencio con lo que parecía ser algo de "compasión". Lanzando un suspiro caminó en sentido contrario al que se encontraban pasando, por lo tanto, a un lado de ella y dirigiéndose con lentitud y calma a la plaza central.

— Sígueme, niña. Yo te llevaré hasta allá— decretó, no sin cierto fastidio, al ver que la chica se había quedado inmóvil permaneciendo aún a espaldas de él en lugar de seguirle como era obvio que debía hacer.

Sedit asintió y lo hizo sin rechistar ignorando por completo el tono, evidentemente despectivo y un poco burlón, con el que aquel sujeto hacia había llamado "niña". La guió hacia un pequeño y estrecho callejón situado al otro extremo de la plaza, tal y como había pensado al darse cuenta de su error, y la acompañó hasta la entrada del edificio sumidos en un silencio bastante profundo e incómodo pues el hombre no hacía más que refunfuñar insultos por lo bajo cada ver que observaba la pantalla de su móvil.

Una vez frente a las puertas de acceso de la Compañía, Sedit le agradeció infinitamente el favor y la ayuda que le había brindando disculpándose, además, por las molestias causadas. Él simplemente le restó importancia al asunto con un gesto de manos acompañado de una negación y, después de susurrar un malhumorado "Adiós, niña", desapareció tan rápido como había aparecido en el lugar mientras marcaba, entre maldiciones, un número en la pantalla de su móvil al parecer dispuesto a hacer una llamada para nada amistosa.

Sedit se mantuvo siguiendo con sus ojos la silueta del mayor hasta que esta hubo desaparecido completamente de su campo de visión y sólo entonces dio el extraño episodio por terminado.

Encogiéndose de hombros ante lo vivido minutos atrás, se adentró tranquilamente en el moderno lugar. Luego de haber pasado por el detector de metales para verificar, según creía; que no tuviera ningún tipo de artefacto que amenazara la integridad de la compañía, sus directivos y sus empleados; se dedicó a admirar con cierto júbilo y nostalgia, de pie en todo el centro del lugar, la Planta Baja de las enormes instalaciones que, al igual que otras escasas zonas, era abierta al público.

Observó incluso con fascinación cómo algunos niños correteaban alrededor del lugar entrando una y otra vez, y de forma escandalosa, a la Sala de Exposiciones mientras sus madres corrían desesperadas tras ellos. Subió las escaleras que estaban a un lado del enorme mostrador atendido por dos mujeres uniformadas con elegantes trajes de oficina y apreció de cerca el gigantesco logo de Shin-Ra, con su llamativo rombo color rojo y sus resaltantes letras amarillas, que se encontraba justo en el muro tras ellas.

Ascendió distraídamente al lugar en donde, al parecer y para su completa desgracia, estaban aglomerados en grandes cantidades todos los aspirantes a nuevos ingresos. Se acercó tímidamente a los elevadores que estaban atestados, ambos con la misma exagerada cantidad, de cadetes y SOLDADOS que esperaban impacientes la llegada de los mismos y quienes, al notarla llegar, la miraron con extrañeza.

¿Por qué esa niña pretendía tomar el elevador? ¿Se estaría equivocando de sitio? ¿Habría creído que el público también tenía acceso a los pisos superiores? ¿Qué demonios hacía una chica allí? Ninguno podía entenderlo, nadie tenía respuesta a alguna de esas interrogantes.

No llevaba identificación alguna que indicara que trabajase para la Compañía o algo similar por lo que no tenía "derecho" o autorización válida que le permitiera adentrarse a los pisos superiores del edificio. Nadie se atrevió a preguntarle o decirle algo por más mínimo que fuese, sin embargo, ninguno pudo tampoco dejar de observarla eventualmente con incredulidad y consternación.

Al notar los ojos de todos los presentes sobre ella se puso aún más nerviosa de lo que ya estaba y se apartó un poco de la multitud bastante incómoda. No pudo evitar sentirse fuera de lugar, sentir que estaba en el sitio equivocando. Sintió con más fuerza qje antes que no tenía oportunidad alguna de pertenecer a Shin-Ra.

Sin embargo, ella sabía bien que era estúpido preocuparse o angustiarse por equello pues, a penas algunos meses atrás, había enviado con mucha antelación todas las solicitudes correspondientes para alistarse en el ejército de la Compañía y, para su sorpresa y tranquilidad, le habían dado el visto bueno a penas pocas semanas después de haber emitido las solicitudes. Por esa misma razón no debía de temer, porque aquellos documentos habían sido registrados y analizados anteriormente con ojo crítico y si le habían dicho que podía presentar las pruebas era porque en verdad podía hacerlo. Confiaba en que al menos le darían la oportunidad de mostrar lo que era capaz de hacer.

Como pudo se hizo paso hacia el elevador derecho, que era el más "desocupado", entre empujones y movimientos escurridizos. La verdad es que muy pocos fueron los que la habían notado pasar entre ellos y entrar al habitáculo metálico cargado, seguramente, hasta su máxima capacidad.

Observó como, mientras se cerraban las puertas, algunos agentes y empleados de Shin-Ra oprimían botones sin siquiera verlos y como algunos aspirantes, o al menos eso le parecían a ella, pulsaban el piso que tuvieran indicado en una papel que extrañamente ella no poseía y cuyo contenido ignoraba. De cualquier manera tampoco pensaba darle mucha importancia a su falta de orientación, pues tan sólo tenía que seguir al resto de la "manada" para llegar al lugar indicado.

Con cada piso que ascendían ocurría algo que a Sedit le parecía ciertamente cada vez más imposible: se introducían más y más personas dentro de aquella cabina metálica sin que ninguna saliera de la misma.

¿Cómo era posible que el número de personas dentro aumentara de esa manera sin que disminuyera ni un poco? Sedit casi podía escuchar el forzoso y constante roce de los cables girar dentro del sistema de poleas así como el mecanismo interno del ascensor.

De verdad no comprendía en lo absoluto como demonios entraban tantas personas en un espacio considerablemente estrecho y pequeño para el número de seres que había en su interior, eso sin mencionar que le parecía irreal que pudiera soportar tanto peso. Con cada persona que entraba al lugar a ella la empujaban aún más hacia los extremos, apretando su cuerpo contra el muro hasta el punto de que parecían querer enterrarle la cara en la pared metálica.

En un determinado piso, que no alcanzó a ver, se bajó la mayor parte de las personas que parecían tener la intención de presentar las pruebas al igual se ella, pues también estaban desuniformados y llevaban equipaje. Sin embargo, cuando intentó salir tras ellos, un nuevo tropel de empleados de Shin-Ra se adentró al lugar y arrastró, entre empujones y tropiezos, su pequeño cuerpo al interior del habitáculo nuevamente y sin que ella pudiera hacer algo para evitarlo.

Se escabulló por las malas por entre los cuerpos de los empleados y demás presentes quienes, al notarla, la miraron mal y lanzaron "pequeñas" maldiciones hacia su persona que, para la sorpresa de muchos, resultaron ser devueltas con la misma intensidad.

Con dificultad, se colocó al frente de todos dispuesta a ser la primera en descender en el siguiente piso, que parecía ser el Nivel 49, y desde ahí bajar por medio de las escaleras de emergencia, que seguramente tenía el edificio, hasta el piso anterior.

A penas se abrieron las puertas salió de un salto de aquel apretado espacio que casi parecía ser una tortura claustrofóbica y en donde empezaba a aumentar la temperatura. Se alejó un poco, mirando alrededor y tratando de ubicarse, cuando notó que en ese piso también había una enorme multitud de personas dispuestas a realizar las pruebas de admisión.

Su confusión fue reemplazada al instante por la sorpresa. Jamás se imaginó que tendría tanta "competencia". ¡Eran demasiadas personas las que querían entrar a Shin-Ra como soldado de infantería!

Un sudor frío comenzó a deslizarse por su nuca y sintió sus manos humedecerse por la incertidumbre. Sus nervios parecían florecer como rosas en primavera con cada agobiante segundo que pasaba sumida entre ese mar de gente.

Distraída y confusa por no saber a dónde ir, finalmente decidió detenerse en un lugar apartado con la intención de quitarse la chaqueta debido a que la inquietud y la adrenalina parecían aumentar como un horno la temperatura de su cuerpo. Colocó su mochila en el suelo, apoyándola contra una de las firmes paredes aparentemente metálicas y muy sólidas, y procedió a quitarse la chaqueta mirando, sin ver realmente, a las otras personas a su alrededor notando que todos eran chicos, tal y como suponía.

Dobló con paciencia la prenda superior. Se agachó, abrió la cremallera de su bolso de viaje y cuando iba a volverla a cerrar para guindárselo en la espalda, escuchó una voz masculina y gruesa hablar a sus espaldas.

— Disculpe, señorita.

Por obvias razones, no necesitó girarse para saber que esa persona se dirigía a ella.

— ¿Sí?

Ante el tono serio y dictatorial se le puso la carne de gallina y se levantó rápidamente, girándose en dirección al hombre en sus espaldas. Cuando reconoció el rostro de la persona que le había hablado adoptó una pose tan rígida y tensa que la hacía parecer una escultura hecha a mano.

— ¿Puedo ayudarla en algo?— preguntó con voz suave e incluso amigable sorprendiéndola un poco— ¿Se ha perdido?— continuó, y al ver que ella se quedaba muda creyó, equivocadamente, que quizás no estaba expresándose de una manera adecuada—. De ser así puedo acompañarla, sólo si usted lo desea, a la salida del cuartel general o a donde quiera que necesite ir...— se ofreció con tono amable y formal tratando de disimular, mediante un rostro serio, su ligero atisbo de sorpresa.

La verdad es que, aunque en ese momento estuviera admirándola de pie frente a él, aún no podía creerse que estuviera hablando con una chica en un lugar como ese. La niña en cuestión parecía ser bastantes años menor que él y quizás que el resto. Si la muchacha hubiera estado llevando alguna identificación o vestimenta que indicara su pertenencia o presencia en la Compañía no le hubiese importado más de lo necesario, probablemente ni siquiera se hubiera tomado la molestia de acercarse a importunarla o incomodarla.

Angeal Hewley simplemente se encontraba caminando hacia la Sala de Entrenamiento después de haber conversado con Zack, su "cachorro"; como solía llamarle a sus espaldas pues su terquedad y cero capacidad de concentración, así como su hiperactividad y energía inagotable, le recordaban a las actitudes típicas de un perrito; cuando vio, casualmente y para su total desconcierto, una figura pequeña y esbelta a lo lejos que resaltaba entre el resto los aspirantes.

Al percatarse de aquello, se detuvo con el ceño fruncido mirando en su dirección. En un primer momento pensó que estaba equivocado y que aquella persona de espaldas no era, necesariamente, una mujer sino simplemente era un hombre bajito y quizás algo... afeminado. Sonaba bastante estúpido, sí, pero de todas formas no quería creer que realmente aquella, o aquello, era una mujer.

Sin embargo, con cada paso que daba y cuanto más se acercaba, iba notando sus evidentes rasgos femeninos y delicados. Quería seguir creyendo que era un error pero al ver el rostro de la "criatura" no le quedaba duda alguna de que era una niña tal y como había creído muy e el fondo. Ahora sólo le quedaba aferrarse a la idea de que la chica se había equivocado de sitio.

La observó con atención cuando ésta se quedó en silencio frente a él, luciendo asombrada. Era una chica de ojos claros y brillantes, cabello castaño, algo baja de estatura, flacucha a simple vista y que, sin tener que detallarla mucho, lucía frágil y delicada. En resumen, tenía una apariencia muy inocente y endeble, aspecto que lo hizo preguntarse, con más insistencia y cizaña que antes, qué motivos podrían haberla conducido a un lugar como ese.

Los incrédulos ojos de Sedit estaban abiertos a más no poder y ni siquiera era capaz de cerrar la boca con normalidad como cualquier otro ser humano. En un primer lugar su estado de trance y consternación estaba ocasionado por el simple hecho de que estuviera hablándole uno de sus más grandes ídolos y, en segundo lugar, por el simple y crudo sentimiento de indignación. Es decir, sabía perfectamente que no muchas mujeres, por no decir ninguna, tenían deseos de alistarse en el ejército y convertirse en soldado de infantería y mucho menos en un agente de SOLDADO, tal y como ella deseaba, pero de cualquier manera esa no era excusa válida para creer y deducir, de forma errónea y precipitada cabe destacar, que había sido lo suficientemente ignorante como para perderse en un lugar cuyas instalaciones tenían impresos en la mayor parte de los muros el logo de la Compañía en letras grandes y de tamaños inconcebibles.

Definitivamente, creer que se había perdido o equivocado de sitio sin que ella le hubiese dado razón alguna para pensar aquello casi podía considerarse un insulto de los grandes hacia su persona. Ella era de campo, ciertamente sí, pero eso no quería decir que fuera una estúpida.

Apretó los puños e hizo una ligera mueca que ocultó por completo. Tragándose el orgullo levemente herido por la interpretación que le había dado a aquellas palabras y notando que seguramente el hombre gigante y musculoso frente a ella no lo había preguntado con esa intención, trató de relajarse y de hablar sin que se le trabara la lengua.

— Y-yo...esto...— se detuvo un momento y se aclaró la garganta con fuerza creyendo que así se reduciría su tartamudeo, cosa que obviamente no era acertada. Sin ser consciente había adoptado una pose aún más firme y rígida que la anterior manteniendo sus brazos a ambos lados de su cuerpo. La verdad es que respetaba profundamente a ese hombre y estaba comenzando a sentirse avergonzada de su simple y mundana existencia—. Muchas gracias por su ofrecimiento, señor. Sin embargo, me veo en la necesidad de decirle, con todo respeto, que usted se equivoca— sintió sus mejillas enrojecer de la vergüenza cuando el SOLDADO frente a ella alzó ambas cejas con sorpresa al escucharla. Quizás había sonado demasiado impertinente—. P-pues en realidad no estoy perdida, sé perfectamente donde estoy.

Sedit trató de hablar con la mayor calma posible y así lo hizo pero, a pesar de la tranquilidad que irradiaba, Angeal podía notar a la perfección su inseguridad y su actitud incómoda.

Sonrió de lado discretamente ante aquella respuesta, tan formal y temerosa, y buscando también disipar un poco el nerviosismo de la joven frente a él que, aparentemente y a juzgar por su actitud, le conocía. En realidad, aquello no le hubiera resultado para nada extraño pues ya estaba más que acostumbrado y porque de otra manera no se explicaba su actitud tan firme, respetuosa y condescendiente.

— Mmm— fue el único sonido que emitió luego de unos segundos en silencio acariciando su barbilla, algo carrasposa para el tacto debido al ligero rastro de vello facial que conservaba siempre—. Ya veo..., comprendo— musitó poco convencido aún y sabiendo que algo debía de responderle a la chica aunque no fuera quizás lo más adecuado. Cruzó ambos brazos sobre su pecho sin poder evitar alzar una ceja con cierta curiosidad al detallar más su rostro, la verdad es que algo en lo ojos de la chiquilla se le hacía ligeramente familiar y aquello le resultaba de lo más inquietante—... Entonces, señorita— continuó pausadamente con la intención de eliminar sus dudas al ver que ella no tenía planeado decir algo más—..., ¿podría ser tan amable de decirme a que ha venido a un sitio como este?— hizo un vago ademán con las manos señalando las imponentes estructuras del edificio en el que se encontraban así como a algunos SOLDADOS que caminaban a su alrededor. Ella siguió con la mirada las direcciones indicadas por el mayor y las detalló atentamente con ojos soñadores. Cómo deseaba pertenecer a ese lugar y ser una de ellos—. Discúlpeme si fui muy atrevido y le ha disgustado mi pregunta..., es sólo que me da mucha curiosidad— añadió apresuradamente al ver que la chica no decía nada de nada. Sólo esperaba no haber sido muy imprudente y haberla molestado.

Sedit, por su parte, reaccionó finalmente al escucharlo hablar y, saliendo de su trance, negó rápidamente con la cabeza y las manos mientras comenzaba a ruborizarse apenada. En verdad tenía que dejar de ser tan distraída y concentrarse más.

— No, no, por Dios— siguió negando repetidas veces en voz baja, bastante avergonzada y pensando en que sería muy exagerado de su parte el enfadarse por algo como eso—. Por supuesto que no me ha molestado... N-no se preocupe— aún nerviosa, le sonrió lo mejor que pudo al hombre frente a ella.

En realidad, no fue más que un fugaz curvamiento de labios, una diminuta y microscópica sonrisa a penas visible. Sin embargo, para los ojos de Angeal había sido tan sincera y pura que relajó el rostro al instante. La pequeña le resultaba ciertamente adorable.

— Menos mal.

El mayor le sonrió de vuelta más relajado y descruzándose de brazos. Admitía que se sentía algo culpable por causarle tanta incomodidad, bastante evidente cabe destacar, a la joven; quien aparentemente ya no sabía qué hacer con sus mejillas coloradas y su vergüenza autoinfundada y sin antecedentes. De cualquier forma, nada podía hacer para hacerla entrar en confianza pues ignoraba completamente sus motivos para ponerse así.

— S-sí— asintió mientras en su cabeza armaba la respuesta que le daría a la anterior pregunta del pelinegro—. B-bueno— empezó a decir nuevamente nerviosa sin saber cómo explicarse bien. Sentía que su legua ahora quedaba demasiado larga y grande en su boca, imposibilitándole hablar bien pues ésta se enredaba en el proceso. En verdad tenía que hacer algo para acabar de una vez por todas con su continúo e irritante tartamudeo que ni ella misma soportaba. No entendía, por más que se lo preguntara, como era posible que aquel hombre de cabello negro y ojos azules como el mar pudiera hacerla sentir tan diminuta e insignificante a su lado, se sentía como un inútil y molesto insecto. Tampoco sabía porque se sentía tan intimidada aun cuando él era tan amigable con ella, no sabía si era por la enorme espada de proporciones inhumanas y exageradamente mortales que portaba en su espalda, o si era por sus musculosos brazos y su contextura física de infarto o si simplemente era por su rostro increíblemente masculino y maduro junto con su mirada estricta y su tono de voz grueso y varonil—, la verdad es que yo...— cerró los ojos un momento y respiró profundamente tratando de calmar los latidos de su desbocado corazón. En esos momentos, ante aquel hombre gigante y atlético que la hacía ver como un mondadientes a su lado, sintió por primera vez que sus sueños eran ridículos. Se sintió estúpida por creer, muy en el fondo de su ser, que quizás algún día podría hacerlos realidad. Abrió los ojos nuevamente y le regaló al mayor una mirada de decisión total. Ya era demasiado tarde como para pretender echarse para atrás—, planeo integrarme a las tropas del Departamento de Seguridad— terminó por soltar con rostro serio y entrelazando sus manos a la altura de su regazo buscando detener y disimular sus temblores—. He venido hasta aquí desde mi pueblo natal con la intención de alistarme en el ejército de Shin-Ra y formar parte de sus filas inicialmente como un soldado raso— volvió a decir esta vez con un tono de voz más adecuado como si quisiera recordarse a sí misma lo que había ido a hacer aquel lugar, como si quisiera dar a entender que lo lograría aún a pensar de lo poco probable que sonara aquello, como si buscara motivarse y expresar su determinación.

Angeal no quiso parecer despectivo, ni mucho menos insinuar que aquello era imposible y no lograría hacerlo. Sin embargo, no puedo evitar que su cara de sorpresa fuera demasiado evidente cuando la escuchó decir aquello; su cerebro pareció quedarse en blanco por unos instantes y él mismo se olvidó ligeramente de sus principios.

Realmente esa niña... ¿quería unirse al ejército? ¿Acaso estaba loca? O quizás..., ¿habría sido todo aquello un mal chiste de su parte?

Quiso aferrarse a esa última idea que cruzó por su cabeza pero le resultó sencillamente imposible. Aquella chica no parecía estar bromeando.


N/A: ¡Hola! Bueno, aquí está el siguiente capítulo. No les recomiendo acostumbrarse a que publique tan seguido pues este es sólo un caso especial (estoy muy inspirada xD) jajaja. En fin, no hay mucho que decir, sólo quiero agradecerles a todos por sus lecturas . De verdad, ¡infinitas gracias! Estoy muy contenta. Realmente espero que me sigan leyendo que les guste este capítulo, trataré de mantener la personalidad original de los personajes pero si alguno de ustedes ve que la cambio mucho tiene todo el derecho de decirme, yo se lo agradeceré de corazón :). Sin nada más que decir, me despido.

¡Saludos!