Capítulo 6: Los resultados de una ardua batalla. Parte III


Angeal, que vio las intenciones de la chica y lo riesgosas que eran, corrió precipitadamente hacia el lugar donde se hallaba haciendo uso de toda su capacidad. Sin embargo y por más que puso empeño en ello, dada la distancia a la que se encontraba la chica y la rapidez con la que ocurrió el suceso, no pudo llegar a tiempo a su objetivo.

Alzó la voz tratando de advertirle que debía huir pero, desgraciadamente, el sonido salió demasiado tarde y con muy poca velocidad y para cuando logró emitir su advertencia el impactó ya había ocurrido. Observó alarmado, con el ceño fruncido como una pasa y un desagradable sentimiento de ansiedad, como el delgado cuerpo femenino se elevaba del suelo, entre una masa de humo y fuego, y salía volando por los aires hasta estrellarse en quién sabe dónde.

Se acercó al lugar con cautela, pero no demasiado, y se detuvo cuando encontró finalmente el cuerpo inmóvil desplomado en el suelo, Al observarla en ese estado no pudo evitar hacerse una y otra vez la misma pregunta: ¿Estaría muerta? Realmente no lo sabía y tampoco sabía a qué Dios rezarle para suplicarle que no fuera así.

Sedit rebotó bruscamente contra el piso y rodó en el repetidas veces, casi desmantelándose literalmente en el proceso. En el momento en el que su espalda chocó contra una roca y que, dada la velocidad, prácticamente rebotara sobre ella y se viera obligada a retroceder por el impulso, la chica pudo escuchar claramente como su huesos crujían con violencia y tuvo la certeza de estar a punto de quebrárselos por completo.

Cuando finalmente se detuvo, quedando totalmente boca abajo, no pudo moverse los primeros segundos. Sentía un dolor tan intenso en la cabeza que sentía que su cráneo se rompería en pedacitos con el más mínimo movimiento se hiciera, sentía que el mundo giraba sin parar a su alrededor aun cuando permanecía con los ojos fuertemente cerrados y sentía que en cualquier momento perdería el conocimiento. Afortunadamente, no fue así.

Todo se mantuvo en silencio durante varios minutos, en los que todos esperaban expectantes un movimiento o una señal por parte de ella que indicara que no había perdido el conocimiento o algo peor.

Sedit se llevó como pudo una mano a la cabeza tratando de apaciguar el dolor y, levantándola un poco, observó con dificultad el lugar donde se había producido la explosión. Aturdida, notó cómo los rastros de cuerpo del ave eran cubiertos en su totalidad por un intenso y cegador brillo de color rojo. Aquella masa luminosa se fue reduciendo gradualmente hasta que, segundos después, se transformó en una esfera que dejó de brillar lentamente, dejando en su lugar a una Materia color rojo de Sedit identificó como una Materia de Invocación.

Angeal, por su parte, respiró con alivio cuando percibió que, aunque muy poco, se movía. Le alegraba ver que al menos seguía respirando y que se encontraba relativamente "bien" teniendo en cuenta la situación.

La joven sonrió con cierto desdén al ver la esfera de Mako cristalizado, sin poder ver ni escuchar bien y con un atorrante mareo, levantó un poco su doloroso torso apoyándose en sus antebrazos y se dispuso a arrastrarse, literalmente, hacia la dichosa Materia faltante. Con mucho esfuerzo comenzó a movilizarse de manera lenta pero efectiva y algunos minutos después ya había llegado hasta su objetivo.

Un alivio indescriptible inundó su cuerpo una vez que la hubo equipado en el Aro de Plata y, luego de respirar profundamente repetidas veces, se puso de pie. Sus piernas temblorosas amenazaron con dejarla caer y desplomarse en el piso pero sacó fuerza de donde no las tenía para mantenerse firme. Observó sus brazos notando los numerosos hematomas y moratones que tenía así como las leves quemaduras de sus antebrazos e hizo una mueca, suplicaba porque ahí tuvieran algún servicio de salubridad.

Una vez completamente que se encontró medianamente recuperada y con una visión más estable observó a su alrededor con cizaña a la espera de que terminará de una vez por todas aquella maldita Simulación sin embargo, y para su completa consternación, nada pasó. Todo continuó como antes, el paisaje virtual seguía intacto y no parecía tener intenciones de desaparecer.

Frunció el ceño exageradamente. ¿Qué demonios estaba pasando?

Angeal se separó el celular del oído y lo observó con notable sorpresa sin creerse lo que le estaban diciendo. Segundes después volvió a llevarse el dispositivo a la oreja y mientras miraba a la chica que para esos momentos apenas estaba intentando ponerse de pie.

— ¿Lo dices en serio?— cuestionó con incredulidad sin dar crédito a lo que su amigo le decía—. ¿Realmente estás seguro de querer hacer esto?— insistió al escuchar la pequeña risa socarrona de su amigo que lo sacaba de quicio al otro lado de la línea.

— ¡Pues claro, Angeal!— respondió con cierta emoción—. De otra manera no te lo pediría, ¿no crees?— su sarcasmo era capaz de estresar a cualquiera sin duda, ni los científicos que se encontraba cerca de él soportaban escuchar todo el tiempo su tono inquietante y burlón.

— Estás loco, Genesis— casi le gruñó a la bocina del teléfono con los dientes apretados buscando darle a entender que no estaba de a acuerdo y que aquella idea no le gustaba en lo absoluto.

— Oh. Vamos, Angeal— suspiró con fastidio ante la constante negatoria por parte del pelinegro y rodó los ojos con ligera molestia—. No te estoy diciendo que la mates, hombre. Tan sólo te estoy diciendo que la retes a un breve y leve combate cuerpo a cuerpo. Sólo eso-— comentó sus intenciones una vez más, recuperando su tono satírico y airado ante la seriedad inquebrantable de su amigo y su ridícula manera de aferrarse tanto a la ética, le daba cierta gracia que siempre se tomar las cosas tan enserio.

Además, y por si fuera poco, él era quien estaba a cargo de la realización de las pruebas y en aquella ocasión por lo que tenía que obedecerlo aún si estaba en contra de sus órdenes.

— Eso ya lo he entendido, Genesis. La cuestión es que no me parece para nada justo lo que me estás pidiendo. Ninguno de los otros reclutas ha luchado conmigo por lo que no entiendo por qué ella sí debería hacerlo.

— Escucha, ellos están aquí desde hace un rato y estoy más que seguro de que ellos, al igual que yo y seguramente tú, piensan que la niña esa tiene potencial— explicó en voz baja el SOLDADO sin dejar de sonreír y observando de reojo a sus dos colegas—. Ésta es su oportunidad para mostrarse y tú sabes muy bien que la primera impresión es la más importante y es la que realmente cuenta.

Angeal respiró profundamente sopesando las palabras del castaño, no podía negar que tenía razón y él lo sabía perfectamente pues eso mismo había ocurrido con Zack. Sin embargo, seguía pareciéndole injusto, sólo eso. No quería hacerla pelear contra él y aunque sabía que el hecho de que el Director y el General de SOLDADO la vieran combatir le traería ciertas ventajas e incluso "oportunidades" en un futuro cercano, seguía sin sentirse muy conforme con la situación.

Se quedó en silencio unos minutos y, alzado la vista, la observó caminar con lentitud hasta uno de los rifles automáticos para recogerlo del suelo. Si luchaba con ella... ¿estaría beneficiándola en algún sentido? Luego de pensárselo mucho llegó a la conclusión de que, aunque él no luchara con seriedad y esfuerzo, de igual forma la chica quedaría bien y les dejaría una muy buena imagen de ella a sus superiores por el simple hecho de intentarlo.

— Está bien— accedió finalmente soltando un pesado suspiro y con mala cara, aun así no le agradaba la idea para nada—. Haré lo que me pides, pues tienes razón— no sabía cómo, pero incluso creyó escuchar el leve sonido de los labios de su amigo curvarse hacia arriba por lo que endureció el tono—. Pero más te vale que sea verdad lo que me estás diciendo y que realmente Lazard y Sephiroth estén aquí porque de lo contrario tú y yo tendremos un gran problema— advirtió al oír como su amigo soltaba una leve risa burlona—. Genesis— lo llamó en un suspiro para que dejara de reír y así lo hizo—, esto es algo serio... Lo sabes, ¿no? Por favor, ya deja de ser tan fanfarrón o realmente me voy a molestar contigo.

— Sí, sí. Lo sé— asintió poniendo los ojos en blanco pero sin perder la sonrisa—. Relájate un poco, ¿sí? Te juro que ambos están aquí, Angeal, no tienes nada de qué preocuparte— añadió con tono jovial y sonrió aún más. El pelinegro no supo por qué pero aborreció saber lo que estaba haciendo—. Confía en mí, te enviaré un mensaje en cuanto crea que ya haya sido suficiente— y con eso colgó la llamada sin darle tiempo a responder a su inseguro amigo.

Observó a la chica apoyando el celular en sus labios gráciles riendo levemente con malicia y complicidad. Definitivamente ahora es cuando apenas empezaba lo bueno.

Angeal empuñó la espada sin muchas ganas y la observó a lo lejos en silencio. Realmente no tenía deseos de luchar con ella y, por si fuera poco, dudaba por completo de las palabras poco creíbles de su amigo. Es decir, que el Director Lazard estuviera presente no era tan extraño pues, eventualmente y cuando disponía del tiempo necesario, aparecía por el lugar para evaluar el grado de capacidad de los reclutas, pero este hecho ocurría únicamente en contables ocasiones. Lo que no se creía para nada era el hecho de que Sephiroth también estuviese ahí pues, a menos que tuviera que dar un discurso o poseyera algún otro compromiso, jamás se le veía por aquellos lares mientras se estuvieran presentando las pruebas e incluso el mismo General había comentado cruelmente en varias ocasiones, y con bastante frecuencia, la gran pérdida de tiempo que aquello suponía para él.

Respirando profundamente una vez más y aferrándose a las palabras de su amigo, camino hasta ella, inconforme y con lentitud, manteniendo en posición la espada estándar de SOLDADO.

Sedit, al escuchar el ruido casi imperceptible de las pisadas del mayor, se giró como un rayo a velocidades extremas al lugar donde parecía encontrarse el enemigo y disparó repetidas veces al instante. Cuando se detuvo creyendo que aquello ya había sido más que suficiente como para acribillar a un individuo y observó el lugar, su piel perdió todo el color que poseía y su ser se llenó de un violento sentimiento de vergüenza, arrepentimiento y culpabilidad al distinguir a quien pertenecía la figura a la que, segundos atrás, le había disparado sin tregua.

— ¡Señor Hewley!— chilló apenada al verlo, cubriéndose la boca con una de sus manos y observándolo con ojos asombrados al percatarse de la situación—. Oh, por Dios..., ¡de verdad lo siento muchísimo!— observó su arma un momento y la soltó tal y como si le quemara la piel el contacto.

Obviamente Angeal había esquivando y desviado los proyectiles con una facilidad arrolladora, pero de igual forma la chica no podía evitar sentiste de aquella forma, es decir, ¡acababa de atacar a uno de los SOLDADOS más famosos e importantes de Shin-Ra!

Retrocedió un par de pasos, suplicándole a la tierra que se la tragara de una vez por todas, sin saber qué hacer. Muy en el fondo comenzó a sentir unas intensas ganas de huir del lugar pero sabía que eso sería completamente inútil y por demás estúpido.

— No te preocupes, no importa— se limitó a responder con amabilidad restándole importancia al asunto con un gesto vago de manos tal y como si para él esa situación fuera de lo más normal y, en realidad, así era—. Por lo que veo tienes muy buenos reflejos— añadió con una pequeña sonrisa casual caminando hacia ella.

Respiró, ya más relajada al ver que no se e encontraba enojado, mientras sus mejillas adquirían un leve tono rosa ocasionado por su halago, si era sincera aquello era algo nuevo para ella.

— Muchas gracias por el cumplido y en serio lo lamento. No era mi intención atacarlo— insistió en voz baja y, luego de sonreírle levemente, observo por el rabillo del ojo su alrededor preguntándose una y otra vez porque demonios la simulación no había terminado todavía—. Mmm, señor Hewley— se animó a llamarlo dudosa para captar su atención—... ¿Por qué seguimos aún dentro de la Simulación? Es decir, ya he recolectado todo lo que me solicitaron...— murmuró tímidamente algo distraída sin lograr entender nada y observó su brazalete con extrañeza pensando en que quizás se le había caído alguna Materia por ahí pero no era así, tenía las cuatro esferas equipadas correctamente. ¿Acaso había hecho algo mal?

— Ciertamente eso es verdad— afirmó el mayor como si fuera algo simple incrementando así aún más sus dudas—. Ya has cumplido exitosamente con tu misión, sin embargo, tu prueba aún no ha terminado.

— ¿Cómo?— preguntó confundida y con mucha incredulidad sin poder comprender que quería decir exactamente. ¡Se suponía que al terminar la misión finalizaba la prueba y todo lo demás!, ¿qué rayos estaba pasando?—. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Cómo que mi prueba aún no ha finalizado si ya terminé de hacer todo lo que me pidieron?— exigió saber casi sin voz y un poco alterada, se sentía muy destrozada como para seguir luchando y si continuaba de esa manera no sabía por cuánto tiempo más podría aguantar.

Sedit se cruzó de brazos con molestia y frunció considerablemente el ceño ante su explicación que era de todo menos "explicativa". Lo miró impaciente esperando alguna contestación de su parte y notó como Angeal observaba distraídamente el filo de la espada que portaba en la mano y posteriormente observaba el rifle automático que aún permanecía en el suelo a su pies. No pudo evitar preguntarse porque usaba esa espada para pelear en lugar usar la enorme y descomunal espada que tenía colgada en la espalda.

El pelinegro empuñó el arma luego de pasar ligeramente una de sus manos enguantadas por toda su longitud y, realizando gesto con la cabeza, le señaló el rifle apuntándolo con la punta de la barbilla.

— Recoge tu arma— ordenó, ahora con rostro serio, y clavando sus ojos azules en los grises femeninos y grandes.

— ¿Qué?— balbuceó sorprendida al escucharlo—. ¿Por qué debería...?

Ante su inminente confusión, quiso buscar alguna explicación coherente para aquello que le estaba solicitando tan repentinamente y sin razón alguna, pero para su desgracia ni siquiera tuvo tiempo de terminar de formular una pregunta antes de que todas sus dudas fueran disipadas por completo, o mejor dicho, antes de que su cerebro se desconectara automáticamente y dejara de pensar por unos instantes al percibir como el mayor dejaba escapar de su garganta una especie de gruñido sutil y masculino y elevaba el arma dispuesto a atacarla con ella.

Cuando Angeal embistió duramente en su dirección empuñando la espada, la primera y única palabra que cruzó por su cabeza en aquel instante, tal y como si fuera una orden enviada directamente desde su cerebro, fue: "Huye".

Reaccionado instantáneamente ante el peligro, dio un largo salto hacia atrás, esquivando el golpe transversal que él le propinaba y cuando blandió, segundos después, la espada horizontalmente justo a la altura de su cuello, aprovechó la oportunidad para tirarse al piso esquivando así el ataque y realizando una voltereta consiguió desplazarse, gracias a su pequeño tamaño, por entre las piernas separadas del pelinegro de manera que pudo quedar fácilmente a sus espaldas sin tener la arriesgada necesidad de rodearlo.

Una vez que rodó bajo la figura masculina y recogió su rifle automático en el proceso, se puso de pie tan rápido como pudo y justo segundos antes de que la espada realizara un veloz corte a centímetros de su piel, cortando por consiguiente, parte del césped y pegándole un susto de muerte. Sedit se giró para encararlo y le apuntó con su arma mientras retrocedía unos cuantos pasos aún sin atreverse a disparar.

— Señor Hewley...— jadeó en voz baja denotando asombro, con el corazón latiéndole a mil y con la adrenalina inundando cada parte de su cuerpo. Colocó su dedo tembloroso sobre el gatillo, sin atreverse a ejercer ningún tipo de presión en él y lo observó relamiéndose los labios secos mientras se erguía un poco más—. ¿Qué está pasando? ¿Por...por qué hace esto?— preguntó pronunciado con algo de dificultad y con la respiración agitada.

Realmente no entendía que razones podría tener el mayor para atacarla de aquella forma. Hasta el momento no había luchado contra ningún otro aspirante entonces..., ¿por qué estaba haciéndolo con ella?

— Pelearás conmigo— decretó a modo de respuesta sin inmutarse ni cambiar su semblante autoritario, no le agradaba hacer aquello pero ya había accedido por lo que no había marcha atrás.

— ¡¿Qué?!— Sedit dejó escapar una exclamación de sorpresa y abrió los ojos alarmada, ¿acaso había escuchado mal?—. ¡No!— alterada y asustada, retrocedió varios pasos con brusquedad a la par que bajaba su arma pero la mantenía firmemente sostenida por sus manos—. ¡No pienso pelear contra usted, señor Hewley!— insistió, negándose rotundamente a aceptar aquella idea, y agitó repetidas veces la cabeza haciendo énfasis en su respuesta y en su inconformidad.

No se negaba a luchar sólo por el simple hecho de que sabía de antemano que el SOLDADO la haría más que papilla, sino que se también negaba a hacerlo por el hecho de que aquel hombre era su admiración y realmente no se atrevía a actuar o realizar algo en su contra.

— Lo siento, Sedit. Pero lamentablemente no es a ti a quien lo toca tomar esa decisión..., ni a mí tampoco— replicó en tono un poco más suave relajando un poco su ceño fruncido.

La verdad es que ya se imaginaba una reacción así de su parte, en realidad, se imaginaba una reacción similar de parte de cualquiera. Digamos que la situación era un poco surrealista.

La chica arrugó la cara como lo haría un anciano y lo observó con los ojos entornados. ¿Decidir? Se preguntó a sí misma, consternada ¿Alguien había decidido que ella debía de pelear con Angeal?

— ¿Entonces a quién?— no tenía razones para desconfiar de las palabras del mayor, si él le decía que aquello no era decisión suya pues no lo era y punto—. Si usted no decidió esto..., ¿quién lo hizo?— cuestionó con mucha ansiedad comenzando a sentir como un sudor frío y pegajoso humedecía su espalda y pegaba su flequillo a su frente.

— Ya lo sabrás luego, por los momentos no puedo decirte.

Sedit bajó un poco el rostro ante su contestación y observó el suelo como si este tuviera las respuestas. Angeal sonrió ladinamente al ver que se había distraído y se colocó en posición de ataque dispuesto a aprovechar la oportunidad.

Reaccionó finalmente cuando, aun mirando el piso, notó por el rabillo del ojo un movimiento algo inusual por parte del pelinegro. Apenas tuvo tiempo de alzar la mirada y levantar instintivamente el arma, a la altura de su cabeza y sosteniéndola de ambos extremos en posición horizontal, con la suficiente rapidez como para frenar el golpe que iba exclusivamente dirigido a ella.

Ni siquiera fue capaz de parpadear cuando ambas armas ya habían chocado y se encontraban sosteniendo firmemente el rifle encargado de recibir todo el impacto que le proporcionaba la afiliada espada. Dada la fuerza inhumana del mayor, su cuerpo fue arrastrado unos cuantos centímetros hacia atrás aun cuando intentó permanecer en su sitio y, justo en ese momento, alzó sus ojos ligeramente desubicados y los clavó en los de Angeal, quien tenía un semblante taciturno que la hacía sentir cohibida.

— Señor Hewley...— susurró con un hilillo de voz apretando los dientes por el esfuerzo, el SOLDADO era demasiado fuerte, mucho más de lo que ella podía soportar.

Al principio no había querido creer que todo ese asunto de la pelea era verdad pero ahora parecía más que evidente que así era. Agitó un poco la cabeza, apartando la mirada de la de él y, soltando un pequeño gruñido, empujó el arma con todas las fuerzas que tenía. No quería pelear, realmente no quería.

— No se distraiga, soldado— dictaminó firmemente, sin cambiar su semblante, antes de que ella pudiera decir otra cosa mientras ejercía un poco más de presión buscando contrarrestar la suya.

Sedit lo admiró con cierta sorpresa, aquella advertencia había sonado tal y como suena cualquier orden que un superior pudiera hacerle a un soldado de bajo rango durante una misión. Al escucharlo, casi se sintió como si también formara parte del ejército aún cuando no era así. Incluso, durante unos breves instantes, tuvo la vaga sensación de que Angeal estaba preparándola, entrenándola pero, ¿por qué? ¿Por qué haría algo así en un momento como ese?

Lo analizó uno segundos en silencio y por un momento creyó entender el mensaje que quería transmitirle el mayor: Él confiaba en que entraría y ella estaba dispuesta a demostrarle que tenía razón.

El pelinegro sonrió imperceptiblemente cuando sintió que la presión que ella ejercía se incrementaba y que su rostro tomaba un aspecto mucho más decidido, al parecer había comprendido lo que quería decirle. Quería que la chica entrara y evidentemente ya lo había logrado por sí misma; lo único que necesitaba ahora era un pequeño empujoncito que la ayudara a mejorar y él se encargaría de eso. Estaba más que dispuesto a ayudarla si lo necesitaba y prepararla para lo que venía, quería que alcanzara su límite y demostrara al máximo su capacidad, que parecía ser mucha, y lo haría por medio de la disciplina y el orden. Dos cosas que claramente su pupilo no poseía y por consiguiente no conseguía avanzar con la rapidez y facilidad con la que era evidente que podía.

Empujando el arma hacia un lado, haciendo uso de toda su fuerza, consiguió romper el contacto entre ambas armas mientras sentía el rifle automático temblar bajo sus manos ¿o eran sus manos las que temblaban como si se estuviera congelando? Se alejó unos pasos de él con la certeza de que, de seguir así, lo más seguro era que la espada terminara picando por la mitad su arma como si se tratara de un simple espárrago.

Cuando Angeal comenzó blandir una vez más su armamento en su dirección, Sedit instantáneamente dio un giro similar al que hacen las bailarinas de Ballet y, esquivando el arma, bloqueó algunos de los breves ataques que la alcanzaban con el rifle.

Saltó a un costado evadiendo bruscas estocadas pero siendo interceptada rápidamente por el mayor, quién la atacó repetidas veces. La joven consiguió bloquear los suficientes ataques como para huir rápidamente del lugar, de nuevo. No iba a mentir, estaba muy pero muy asustada. En varias ocasiones, mientras huía, trató de propinarle algún golpe o balazo pero le resultaba más que imposible teniendo el cuenta que Angeal ni siquiera se molestaba en moverse más de lo necesario para evadir sus embestidas. Durante el proceso, recibió un par de cortes ligeros ocasionados por numerosos roces pero afortunadamente no eran nada grave.

Resopló con fuerza, comenzando a cansarse de bloquear los feroces ataques que el pelinegro le propinaba y de esquivarlos. Escuchó los huesos de sus adoloridos brazos crujir en cuanto los agitó y tuvo la certeza de que estos estaban a nada de desprenderse de su cuerpo debido a la fuerza aplicada. Una vez más, se echó a correr lejos del SOLDADO como si no hubiera un mañana y su vida peligrara.

Angeal ni se molestó en seguirla al momento sino que, para darle ventaja, esperó hasta que la distancia entre ellos fuera lo suficientemente considerable como par que ella tuviera oportunidad de atacar y, evidentemente, así lo hizo.

Una vez que la joven formó una distancia considerable, comenzó a disparar certeramente en su dirección sin descanso alguno. Sin embargo, aquello no parecía ser nada para él, con una habilidad inhumana se movía ligeramente esquivando algunas balas sin inmutarse mientras que con su espada conseguía evitar que alguna lo rozara siquiera. Sedit no sabía cómo, pero Angeal parecía esquivar, destruir y desviar las balas tan sólo moviendo hábilmente la hoja de su arma frente a él.

Cuando notó que a Sedit se le habían agotado las balas y que se encontraba al borde de la desesperación, corrió hacia ella dispuesto a ponerle fin a su combate. Una vez cerca de ella, se detuvo y dio un certero golpe transversal que ella no pudo esquivar completamente y por consiguiente consiguió herirla.

Ella, al momento de verlo acercase, quiso saltar hacia atrás y alejase, pero no logró escapar de su alcance a tiempo y la espada consiguió proporcionarle un corte diagonal, no muy largo y poco profundo, en el estómago que la tiró directamente al piso.

Estando alarmada, adolorida e hiperventilando, lo único que se le ocurrió a su embrollado cerebro fue darle la orden a su cuerpo de levantar los brazos manteniendo ambas manos extendidas hacia adelante, en dirección al mayor, tal y como si ellas fueran capaces de protegerla.

No supo en que momento ni por qué razón una circunferencia verde y brillante pareció formarse a su alrededor por breves momentos y, antes de darse cuenta, emanó de quién sabe dónde una bola de fuego que se dirigió limpiamente hacia Angeal. Sorprendida por su acción, se frotó la cara y observó sus manos con cizaña. ¿Acaso acababa de usar la Materia Piro que había recolectado anteriormente? Pero de ser así... ¿cómo? Ella no tenía ni la más mínima idea de cómo se usaba una Materia por lo que no comprendía como demonios acababa de hacerlo.

Salió de su ensimismamiento al recordar donde estaba y llevó su vista rápidamente al lugar en el que anteriormente se encontraba el pelinegro pero ya no había nada.

Asustada, se puso de pie como un resorte y recogió el arma que había soltado pues, aunque no le quedaran balas, aún le servía para defenderse. Sintiéndose acorralada, observó su alrededor con el rostro ligeramente desfigurado por la preocupación esperando conseguir interceptarlo antes de que este pudiera herirla, pero por más que lo buscaba con la mirada no conseguía encontrarlo por ningún lado. Por un momento se preguntó si había decidido irse y dejar las cosas así pensado quizás en que ya había sido suficiente para ella, sin embargo y por más que apoyara ésta opción por su propio bien, dudaba sinceramente que ese fuera el caso.

Tras algunos minutos, suspiró relajando su postura y admiró su muñeca una vez más preguntándose una y otra vez cómo era posible que haya usado la Materia sin siquiera percatarse, mas su meditación no pudo durar mucho más pues, antes de tener oportunidad de prevenirlo, el codo de Angeal ya había entrado en su campo de visión y se encontraba embistiéndola desde un costado. Sedit no pudo reaccionar a tiempo antes de que éste ya se encontrara impactando contra su pecho fuertemente.

Quizás él no la había golpeado con mucha fuerza, pero se encontraba tan débil y aturdida que cayó al piso de golpe un par de metros atrás quedándose sin aire y sintiendo un dolor insuperable en el esternón. Colocó una de sus manos en la zona afectada quejándose levemente y se incorporó con dificultad, ayudándose con su otro brazo.

Angeal se limitó a observar como la chica se arrodillaba en el piso y sacaba, con movimientos lentos, una de las pistolas alargadas que aún conservaba en el pantalón y le apuntaba con ella dejando el rifle automático justo al lado de su cuerpo.

— Nunca te confíes demasiado— le indicó, con cierta amabilidad, caminando hacia ella calmadamente tal y como si buscara darle tiempo para que se recuperara. Se detuvo una vez que se consideró cerca de ella y espero a que se pusiera de pie.

Sedit, apartando la mano de su pecho, volvió a sujetar el rifle automático y se levantó observándolo con una ceja alzada mientras sentía que le dolía como el infierno el simple acto de respirar. ¿Prácticamente la estaba matando y aun así se tomaba la tarea de aconsejarla tan "sabiamente" durante el combate? ¡Vaya! ¡Pero qué hombre más considerado! Ese sarcástico pensamiento era lo único que pasaba por su cabeza en aquellos momentos.

— Gracias por el consejo, señor Hewley— agradeció con ironía otorgándole al mayor una sonrisa desdeñosa—. Lo tendré en cuenta de ahora en adelante.

— Eso espero— replicó con el mismo tono satírico que ella había usado para dirigirse a él mientras que en sus labios se formaba una pequeña sonrisa ladina y divertida—. Te aseguro que te será de gran utilidad— añadió, justo momentos antes de volver a arremeter contra ella.

Sin poder respirar una vez más, se vio obligada a agacharse para esquivar el filo de la espada que pudo haberle rebanado el cuello y una vez más se apresuró a escapar a la par que bloqueaba, sin girarse mucho y casi sin ver, algunos ataques con el rifle principalmente desviándolos a los lados para conseguir salir de su alcance.

Técnicamente estaban jugando al gato y al ratón, y Sedit notaba, como era evidente, que Angeal no estaba "jugando" en serio. Pero ese no era el problema, lo que le molestaba realmente era ser consciente de ese hecho y que aún así ella se encontrara al borde del colapso.

Trató inútilmente dispararle varias veces mientras corría, pero lo único que consiguió fue verse acorralada contra un tronco. Al sentir la madera contra su espalda, no tuvo más opción que soltar la pistola alargada y sujetar nuevamente el rifle con ambas manos, tal y como si fuera una espada, para bloquear una nueva estocada.

Observó a Angeal con los dientes apretados, imaginándose como sería enfrentarse a la verdadera fuerza del mayor, pues ella sabía perfectamente que él, en realidad, hacia poco más que dejar caer su brazo junto con el peso de la espada. Ejerciendo, por consiguiente, la misma cantidad presión que ejercería para girar la perilla de una puerta.

— No puedes evadir y bloquear toda la vida— le dijo mientras la aprisionaba aún más contra el árbol aumentando un poco la fuerza de su empuje, no mucho pero sí lo suficiente como para hacerla retroceder algunos pasos—. En algún momento debes al menos intentar atacarme— no quería parecer demasiado exigente, pero en una verdadera batalla esa táctica de huir y esquivar externamente no le serviría de mucho.

Sedit lo observó entonces con cara de pocos amigos. ¿Tan patética era qué Angeal no había notado siquiera que estaba intentando herirlo desde que habían comenzado a pelear?

Gruñó entre dientes por lo bajo y trató de ejercer un más fuerza para lograr alejarlo de ella. Sin embargo, sus acciones sólo trajeron consigo un efecto contraproducente pues, cuando finalmente consiguió estirar los brazos y logró apartarlo un poco, sus fuerzas se agotaron y sus brazos la traicionaron haciéndola replegarse y golpearse con violencia contra el tronco. Y además, y como si no fuera suficientemente, también se lastimó cruelmente con sus propios brazos cuando estos flaquearon y chocaron contra su cuerpo.

— No...— jadeó con dificultad, observando el piso y quedándose sin aire, mientras sentía que el rifle muy pronto cedería ante la presión de la espada y ella terminaría, en consecuencia, siendo también picada a la mitad—... No puedo...

— Nunca digas que no puedes hacer algo, Sedit.

Lo miró a los ojos al escucharlo, con ligeras y extrañas energías renovadas. Aquello, más que un regaño o un simple consejo, le había parecido más como una orden, una orden de vida. No sabía por qué, pero el simple hecho de escucharlo decir cosas de ese estilo ya era como dentro una fuente de inspiración y arrebato.

Movió los pies, prácticamente arrastrándolos, y giró lentamente su cuerpo hacia la izquierda de manera imperceptible, buscando así salir de su prisión. Poco después lo había logrado exitosamente, la mayor parte de su espalda ya se encontraba fuera y Angeal, sin darse cuenta, se había girado a la par de ella también.

Lamentablemente, la predicción de Sedit se hizo cierta y poco después de conseguirlo el cañón del rifle, que era el recibía el impacto, terminó por romperse violentamente y, debido al fuerte empujón que dio el mayor contra su cuerpo al suceder esto, cayó al piso de inmediato golpeándose principalmente en el trasero.

Como siempre, Angeal esperó pacientemente a que se recuperará antes de atacar de nuevo. Mientras esperaba, se preguntó una vez más durante cuánto tiempo pesaba Genesis seguir alargando esa pelea, ¿por qué no le daba la señal de detenerse de una vez y ya? Tenían rato peleando y consideraba que ya había sido más que suficiente, la chica claramente no daba para más y ya había demostrado su capacidad de una manera considerablemente satisfactoria.

— Auch— murmuró, bastante adolorida, a la par que se incorporaba sintiéndose bastante inútil por no lograr golpear a Angeal ni una sola vez y por estar, nuevamente, tirada en el suelo—... Sería mucho más fácil si tuviera una espada— susurró, para sí misma con cierta molestia, mientras se arrodillaba en el suelo con las piernas temblorosas y soltaba la parte del rifle que no había salido volando.

Sedit no iba a mentir, le resultaba muy injusta esa batalla en todos los sentidos: Él era un SOLDADO experimentado y de Primera Clase, cabe señalar, y ella era una simple "campesina" de catorce años, ¿no podían darle al menos un arma apta para enfrentarse al muy cabrón que era capaz de esquivar los balazos hasta con los ojos cerrados y sin despeinarse?

— ¿Eso necesitas?... ¿Una espada?— preguntó él, con una ceja alzada, al escucharla quejarse.

Meditó sus acertadas palabras unos momentos hasta que una idea, bastante interesante si era sincero, vino a su mente y en ese mismo instante se dijo a si mismo que, sin duda alguna, debía de ponerla en acción de inmediato. Cuando ella lo miró en silencio, aún en el suelo, ligeramente sorprendida y apenada por haber sido escuchada; Angeal terminó de caminar hasta ella y, una vez que estuvo al frente, procedió a clavar la espada con brusquedad en el suelo justo a sus pies.

Sedit dio un respingo del susto al ver la espada enterarse en la tierra, muy cerca de ella, y lo observó entre asustada y confusa notando como este retrocedía unos pasos alejándose de ella nuevamente.

— ¿Q-qué pasa?— inquirió cautelosa sin entender absolutamente nada. No comprendía su acciones, si lo que quería era acabar con ella, ¿por qué no lo hacía y ya?

Angeal la miró desde su posición, cruzándose de brazos.

— Querías una espada, ¿no?— preguntó, con una ligera sonrisa, sin recibir respuesta alguna por parte de la joven estupefacta—. Pues bien, ahí la tienes— añadió, ante su silencio, señalando ligeramente el arma con una de sus manos.

Sedit observó boquiabierta la espada clavada en el suelo y luego a él, completamente anonadada sin conseguir salir de su estado de trance.

— Pero... ¿y usted? ¿Con qué piensa pelear entonces?

No entendía nada de nada, si le daba la espada a ella, ¿cómo iba a atacarla o defenderse? Bueno, si era sincera, dudaba realmente que tuviera la necesidad de realizar eso último. Ante un último pensamiento que atacó su cabeza como un rayo, rezó internamente suplicando por qué Angeal no tuviera en mente usar la Espada Mortal contra ella.

Él simplemente se encogió de hombros sin darle mucha importancia al asunto.

— Tengo brazos.

Fue lo único que respondió con una simplicidad aplastante mientras abandonaba su anterior postura. Desde siempre había sabido cómo defenderse sin la necesidad de usar una espada, con sus puños tenía más que suficiente y aquella ocasión no sería la excepción. En realidad, lo único que quería conseguir haciendo eso era verificar si la chica era capaz de blandir la espada o si quiera levantarla del suelo.

Sedit se quedó muda, como muchos en la Sala de Entrenamiento, y observó la espada boquiabierta. ¿Ella usando una espada? Por favor, ¡pero si ni siquiera sabía cómo sostener una!

— P-pero es que yo no...— quería explicárselo, decirle que no sabía cómo usarla ni moverla y que dudaba realmente poder desenterrarla del piso siquiera pero, ante sus balbuceos incoherentes, Angeal decidió ignorarla por completo y comenzar a atacar aunque sea una vez para hacerla entrar en batalla.

Corrió hacia ella y le propinó una fuerte patada al suelo, en su dirección y justo al lado de ella para alertarla. Sedit chilló del susto y se arrastró en el piso creyendo que el pelinegro buscaba lastimarla con su pie.

— Pelea— ordenó con rudeza, observándola con el ceño.

Ella, ante la clara amenaza, se puso de pie de un salto, casi olvidándose de su dolor, e hizo un esfuerzo megalítico para sacar la espada del suelo. Una vez que lo consiguió con movimientos temblorosos, la sostuvo con fuerza y supo en seguida que si lo lograba era únicamente gracias a la adrenalina y el coraje que liberaba su cuerpo al encontrase en aquella situación tan intensa y riesgosa.

Aferrándose al mango de la espada, esquivó uno de los puños que le propinó el mayor inclinándose hacia un lado y alejándose de un salto. Luego de respirar profundamente, procedió a levantar el arma y embestir en su dirección tratando de atacarlo realizando un extenso corte transversal.

Patética.

Esa era la única palabra apta para describirla en ese preciso instante

Al momento de ejecutar el ataque, además de haberlo realizado en la dirección equivocada y sin tener en cuenta la distancia, sus brazos y piernas no fueron capaces de sostener el peso extra que la inercia y la gravedad provocaban en la espada por lo que, melodramáticamente, perdió el equilibrio y se precipitó hacia adelante. Después de girar a medias, con la espada en mano y sobre su mismo eje, dada la fuerza centrífuga, Sedit cayó estúpidamente al piso, quedando prácticamente sentada en el mismo mientras que su mano derecha soltaba la espada accidentalmente y ésta se enterraba en la tierra, una vez más, algo lejos de ella.

Fuera de la Simulación, Genesis dejó escapar gustosamente una fuerte carcajada al presenciar la escena tan divertida que había proporcionado la chica, quien se sonrojó perceptiblemente al caer en cuenta de que acababa de hacer el ridículo y se apresuró a ponerse de pie y recuperar su arma.

Angeal sonrío ligeramente con gracia al contemplar la ridícula caída de la menor pero buscó disimularla lo mejor que pudo y, una vez que la chica recuperó su arma, se dispuso a continuar con su ataque.

Sedit esquivó lo golpes y patadas que eventualmente le propinaba con bastante dificultad y buscó asentarle al ojiazul alguna estocada sin conseguirlo. Incluso tuvo la certeza de que, si Angeal detenía la espada aun teniendo la mano desnuda, de cualquier forma no se ocasionaría ningún daño.

En un determinado momento, el mayor agarró uno de los trozos del rifle automático destruido y bloqueó uno de sus ataques con una técnica que a ella le resultó magistral. Sostuvo el contratante durante unos momentos mientras sentía como su cuerpo era arrastrado lentamente por Angeal, quien dio un último empujón que la hizo trastabillar y retroceder varios pasos.

Dejó caer la pesada espada al suelo, respirando con dificultad y con el pulso cardíaco acelerado.

— Lastimarlo... es... imposible— pronunció pausadamente, limpiando con su antebrazo el sudor de su frente.

El SOLDADO hizo una mueca al observar su comprensible estado. Quería detenerse pero aún no podía, ella debía de resistir un poco más hasta que pudiera ponerle fin a todo aquello.

— No te rindas aún.

Cuando Sedit notó que la misma circunferencia resplandeciente que antes la había rodeado a ella lo rodeaba a él, inmediatamente se echó a correr a toda velocidad lejos del lugar justo a tiempo para evadir la lluvia de relámpagos que cayó con precisión en el lugar en el que se ella encontraba hasta hacía escasos segundos.

Lo contempló escondida detrás de una roca y, cuando este se distrajo un poco mirando los alrededores buscándola, corrió sigilosamente hacia él manteniendo su espada en alto. Envolviendo fuertemente el mango de la misma con sus pequeñas manos, saltó con toda la potencia con la que fue capaz y, sin hacer ruido, embistió en dirección al mayor.

Angeal percibió el ataque, un poco tarde y por el rabillo del ojo, por lo que instintivamente llevó su mano a su espalda dispuesto a usar el borde de oro de la Espada Mortal para bloquear el ataque y así lo hizo. Jalándola levemente, la acercó un poco a su hombro derecho, pero manteniéndola en su espalda, e interceptó justo en el lugar deseado, el ataque de Sedit; quien al ver detenida su acometida por nada más ni nada menos que la arma legendaria y descomunal de Angeal, se sintió literalmente a morir. Él no pensaba usar eso con ella..., ¿o sí? Sus brazos temblaron ante el choque, que a su cuerpo le pareció brutal y que él ni sintió, y lo miró a los ojos, con los suyos cansados, quedándose completamente inmóvil.

Angeal, por su parte, se sentía ligeramente molesto consigo mismo por haber recurrido a su espada en lugar de buscar alguna otra manera de evitar el ataque. Pues, aunque no estuviera usando la hoja de su preciada arma, no se sentía para nada cómodo teniendo que usarla para bloquear un embate como aquel. Por supuesto, no era la primera vez que lo hacía con aquella zona dorada y sabía que, teniendo en cuenta la fuerza que la chica poseía, era más que imposible que se dañara o mellara la hoja, pero de igual forma aquella espada representaba su honor y el de su familia y no estaba dispuesto a permitir que sufriera ningún daño por ningún motivo. Lo mejor sería terminar aquel combate lo antes posible.

De todos modos, la chica lo había hecho bien, había conseguido aguantarse una "batalla" contra él y eso ya era mucho decir, teniendo en cuenta ella no había recibido ninguna clase de entrenamiento en toda su vida.

Angeal ejerció una fuerte presión para romper el contacto y, una vez que la hizo retroceder y alejarse, volvió a acomodar adecuadamente su espada en su espalda y se acercó a ella.

La primera reacción de Sedit, claramente, fue atacar, por lo que levantó la espada soltando un pequeño "grito de guerra" y la dejó caer con los ojos cerrados en dirección a Angeal, quien usando únicamente su mano derecha, atrapó las dos de ella que sostenían la espada, rodeándolas con fuerza y por consiguiente deteniendo el golpe. La observó una vez más, notando su rostro asustado, y se decidió a ponerle fin a aquello en ese preciso instante por su propia cuenta.

— Lo siento.

Fue lo único que pronunció, con cierta lastima, antes de elevar rápidamente una de sus piernas, hasta que su rodilla tocara su pecho, para seguidamente propinarle a la chica una ruda patada en el estómago que, mas que sólo tumbarla al piso, la hizo caer un par de metros más adelante dejándola completamente sin aire.

El pelinegro examinó la espada, que prácticamente acababa de arrebatarle a la chica pues quedó siendo sostenida por su mano luego de haberla lanzado lejos, y posteriormente la contempló a ella. Al notar que hacía un veloz ademán de reincorporarse con violencia, empuñó una vez más la espada estándar de SOLDADO y corrió en su dirección.

Una vez que se encontró tendida en el suelo, Sedit se sujetó el estómago cerrando fuertemente los ojos mientras trataba de sentarse pero, antes de poder terminar de hacerlo, sintió como algo se posaba en su hombro derecho y la empujaba, no con mucha fuerza, al piso de nuevo y permanecía ahí, apoyado en su cuerpo. Quiso abrir los ojos para ver que estaba ocurriendo sin embargo, antes de que tener oportunidad de hacerlo, escuchó un ruido agudo, sordo y breve, como un silbido que la instó a mantenerlos así, había sonado tal y como si hubieran cortado, literalmente, el aire justo al lado de su oreja.

El lugar se sumió en un profundo silencio durante los siguientes segundos, un silencio que parecía imposible de romper hasta que Sedit dejó escapar un pesado suspiro tembloroso a la par que abría con lentitud los ojos y elevaba la mirada aterrada.

Sus ojos se encontraron al instante con los de Angeal, quien seguía sosteniendo la espada y manteniendo su filo justo al lado de su cuello luego de haberla vuelto a tumbar al piso usando su pie. El ojiazul se mantuvo así, esperando con el ceño considerablemente fruncido y permaneciendo con el arma en la misma posición hasta que, finalmente, sintió como su teléfono vibraba en su bolsillo señalándole que había recibido un mensaje. Más le valía a Genesis ser el emisor del mismo pues no estaba dispuesto a seguir con aquello ni un sólo minuto más.

Apartó la espada y su pie despacio, observando como un fino hilo de sangre se resbalaba por la punta de la misma. Hizo una mueca al ver un delgado corte en el cuello femenino, su intención nunca había sido lastimarla en aquella zona tan delicada. Al final, terminó por lanzar el arma al suelo con cierta molestia y, seguidamente, le ofreció su mano a la joven con una expresión bastante suave viniendo de él que buscaba disipar un poco el temor que ella tenía e indicarle que todo había terminado.

Sedit observó de reojo como la sala volvía a la normalidad y el bosque desaparecía lentamente entre numerosos datos y códigos mientras que frente a su ojos aparecía, justo debajo de la enorme circunferencia que identificó como un radar, las apremiantes y casi imperceptibles palabras: "Misión Completa"

Aún con los ojos muy abiertos y el corazón acelerado, estiró su mano temblorosa y sujetó la que el mayor le ofrecía. Angeal la puso de pie de un jalón bastante veloz y cuidadoso y le regaló una ligera sonrisa sincera y satisfecha.

— No estuvo nada mal, soldado— la felicitó con tono levemente cariñoso y, soltando su mano, le dio unas ligeras palmaditas en el hombro desnudo buscando hacerla salir de su ensimismamiento y tranquilizarla un poco—. Admito que me sorprendiste bastante, lo has hecho muy bien

— Mu...muchas gracias, señor Hewley— murmuró, aún sin poder creerse lo que estaba sucediendo en aquellos instantes.

¿Realmente ella... acaba de conseguir aprobar la prueba? ¿De verdad había conseguido completar la misión ella sola? Una extensa sonrisa se formó en sus labios, se sentía emocionada por haber conseguido pasar la prueba y además por estar recibiendo un cumplido como aquel de parte de una de sus idolatradas admiraciones.

Al momento de levantar y mover los brazos para quitarse las gafas de Realidad Virtual, hizo una mueca. No había ni una sola parte de su cuerpo que no le doliera a horrores y eso Angeal lo notó al instante sintiéndose algo culpable.

— Me disculpo por eso— comentó señalando sus heridas con un breve gesto de manos—. No era mi intención lastimarte tanto... Deberías ir a la enfermería para que te traten todo eso.

Al percatarse de que el mayor observaba su cuello, llevó su mano a el mismo sintiendo un leve escozor y notando como este se encontraba algo húmedo debido a la poca sangre que había derramado. La verdad es que ni siquiera había notado en qué momento se cortó ahí, probablemente su cerebro se encontraba tan ocupado encargándose de otras cosas, como coordinar su cuerpo y sobrevivir, que ni siquiera se había tomado la molestia de enviar las señales suficientes como para hacerla sentir dolor en aquella zona y por consiguiente hacerla notar la herida.

— Sí, claro... Ahora mismo voy— respondió, aún distraída y aturdida, tocando su cuello. La verdad es que tenía ganas de preguntarle por qué la había atacado pero, por alguna razón, sentía que no era un buen momento para eso, quizás luego tuviera oportunidad de hacerlo. Se giró, dispuesta marcharse, hasta que cayó en cuenta de una cosa—... Por cierto— empezó a decir, volviéndose a mirarlo—, ¿dónde se encuentra la enfermería exactamente?

— Cierto..., es imposible que sepas donde está— murmuró, algo pensativo, tocando ligeramente su barbilla y pensando en la manera más adecuada y menos confusa de indicarle en donde se localizaba pero no se le ocurrió ninguna—... Me encantaría llevarte yo mismo hasta allá pero sabes que lamentablemente eso no es posible.

Sedit asintió, entendiendo a la perfección lo que quería decirle aún antes de que terminara de explicarse. Después de todo, ella sabía que él tenía que quedarse a supervisar las pruebas de los demás aspirantes tal y como venía haciéndolo hasta el momento.

— Lo sé, descuide— le restó importancia al asunto con una sonrisa bastante amplia—. De cualquier forma, muchas gracias por todo. Ya podré preguntarle a alguien por ahí cómo llegar.

— No es nada, Sedit— replicó, con tono algo paternal devolviéndole la sonrisa levemente—. Espero poder verte pronto por las instalaciones de Shin-Ra ya con tu uniforme puesto.

Se despidió de la chica, realizando un pequeño gesto con la mano que fue devuelto al instante pero con mucha más energía, y se dirigió hacia su amigo vestido de rojo dispuesto a hablar con él y darle un severo sermón por todo lo que acababa de pasar. Esperaba que aquella situación no volviera a repetirse nunca más.

Sedit se dirigió con lentitud al lugar en el que había dejado su mochila anteriormente notando, con aire distraído, como las pocas cosas que había obtenido durante la simulación, y que había conservado hasta el final, incluyendo las cuatro Materias, habían desaparecido de cuerpo sin dejar rastro alguno al momento de terminarse la Simulación.

Se colgó el bolso en uno de sus hombros, tratando de no hacerse mucho daño y, caminando cabizbaja, se dirigió hacia la salida del lugar tratando de pasar desapercibida. Una vez que estuvo cerca de la puerta de vidrio notó, por pura casualidad, que había una persona de pie, justo al lado de la misma, pero guardando cierta distancia. Desde ahí sólo lograba ver parte de su cuerpo, pero de igual forma le pareció bastante extraño que alguien estuviera ahí parado sólo porque sí sin hacer nada.

Decidió ignorar por completo este hecho, pues realmente no le interesaban ni en lo más mínimo los problemas existenciales de las otras personas, y se dispuso a tomar alguno de los pasillos para llegar al elevador. Al momento de poner un pie tras el umbral de las puertas, una vez que estas se abrieron, y doblar hacia la izquierda dispuesta a caminar, escuchó como la voz más grave, suave y profunda que jamás había escuchado en su corta vida se dirigía a ella.

— Estuvo bastante aceptable...

Sedit, al escuchar aquella voz hablarle, levantó la cabeza tan rápido como pudo sin romperse el cuello y, cuando consiguió enfocar al dueño de aquella voz tan enigmática, sintió como sus ojos querían salirse de sus cuencas.

— Ah...

Al verlo, no pudo evitar que de sus labios escapara una pequeña e imperceptible expresión de sorpresa mientras sentía que sus pulmones se quedaban sin aire una vez más.

Observó incrédula, con la boca ligeramente abierta y creyendo que estaba soñando, como el más afamado héroe de Shin-Ra, el gran General de SOLDADO y la más grande admiración de ella y la mayor parte de los jóvenes, se encontraba justamente a unos pasos de ella; recostado en la pared de brazos cruzados y con rostro desinteresado.

Admiró su rostro de perfil, pues este no se encontraba mirándola directamente, sintiendo la boca seca y detalló cada parte de él; desde lo poco que podía apreciar de sus brillantes y llamativos ojos verde Mako hasta su cabello, plateado, liso y extremadamente largo; desde su rostro pálido y masculino, que era delineado por su característico flequillo y que le daba incluso un aspecto "angelical", hasta su gabardina de cuero negro y sus hombreras que lo hacían lucir omnipotente y poderoso.

Se quedó muda, sin ser capaz de pronunciar absolutamente, tal y como si de la nada se hubiera quedado sin voz y contempló, más petrificada aun, como este comenzaba a moverse con lentitud y elegancia.

Sephiroth se incorporó con calma, muy despacio, y se descruzó de brazos a medida que despegaba su espalda de la pared, una vez que se giró en su dicción y quedó casi exactamente frente a ella, clavó sus ojos felinos en los suyos. Sonrió levemente sin mostrar los dientes y con los ojos entrecerrados, al ver como se deformaba ante sus acciones el rostro patidifuso y anonadado de la chica y, seguidamente, prosiguió a caminar con lentitud en su dirección.

Sedit tragó con fuerza mientras sus mejillas se tenían ligeramente de un tono rojo cuando, al apartar la mirada, sus ojos se encontraron con el pecho del mayor, el cual se encontraba mayormente desnudo al no estar cubierto ni por la gabardina de cuero ni por la protección con el emblema de SOLDADO que portaba en el abdomen; lo único que podría decirse cubría parte de su pecho eran las dos correas negras que se cruzaban sobre el mismo.

Sintiéndose avergonzada por estar viendo de más, apretó los labios con fuerza y llevó su mirada al pulcro suelo tratando de disimular, aunque fuera mínimamente, sus reacciones. Advirtió como éste siguió caminado hacia ella como si nada hasta finalmente se detuvo justo a su lado. Aguantó la respiración al sentirlo, estaba cerca, lo sabía porque sus enormes hombreras de metal conseguían rozar levemente su cabeza. Visto en persona era mucho más alto de lo que se había imaginado, supuso que incluso no alcanzaba por muy poco los dos metros de altura.

—..., para un principiante— prosiguió, manteniendo un tono de voz bajo y venenoso que era capaz de calarse hasta los huesos.

Al escucharlo finalizar la oración, el encanto se rompió al instante para Sedit y consiguió salir rápidamente de su "embobamiento". No supo cómo había sido tan tonta como para no verlo venir, era obvio que si una persona como él le hablaba justamente a una persona como ella debía de ser para algo como aquello, para "burlarse" o simplemente para dar una orden. No supo tampoco por qué razón se sintió ligeramente desilusionada cuando la situación era más que evidente y cuando, al fin y al cabo, él tenía razón. Había estado más que patética por lo que más bien debía de sentirse halagada con que él estuviera diciéndole que había estado "patéticamente aceptable".

Sintiendo que no era capaz ni de hablar o decir al menos algo coherente, cerró los ojos con fuerza mientras apretaba los puños a ambos lados de su cuerpo esperando por qué se fuera de una vez por todas, no era capaz de dirigirle la palabra o mirarlo siquiera. Sin embargo, él no se movió, sino que se quedó ahí; quieto, sin moverse, sin inmutarse.

¿Estaba esperando acaso un agradecimiento de su parte? Infló sus pulmones, respirando profundamente, buscando llenarse del valor que le faltaba y expulsó el aire con lentitud, relamiendo sus labios dispuesta a hablar.

— Mu... muchas gracias, General...

Consiguió tartamudear al fin, con mucho esfuerzo y en un tono tan bajo e ininteligible que realmente dudaba que pudiera ser escuchado por alguien más que no fuera ella. Sin embargo, para su completa sorpresa y suerte, al parecer él sí pudo hacerlo pues se notó como, pocos segundos después, este se marchaba tan sigilosamente como había aparecido.

Sephiroth simplemente se limitó a seguir su camino mientras una sonrisa ladina se formaba en su rostro y dejaba atrás a la joven, completamente paralizada y patidifusa, que no sabía ni por asomo cómo debía reaccionar ante aquello que acababa de suceder.


N/A: ¡Hola! Bueno, he tardado mucho pero tengo mis excusas. La semana pasada, no sé por qué demonios, pero se me borró el documento de Word donde tenía el libro y gran parte de este capítulo, luego de que me diera un ataque hice mi mayor esfuerzo por reescribirlo rápidamente pero digamos que no tenía muchas ganas y la segunda razón es que este capítulo ¡tiene más de 9000 palabras! Si se preguntan por qué lo he hecho tan largo es porque quería terminar con todo este asunto de las Simulaciones de una vez por todas y porque quería que apareciera nuestro tan esperado protagonista masculino. En fin, espero que hayan disfrutado de su lectura.

Especiales agradecimientos a Guest y a Love yaoi por leer y comentar; realmente me hacen muy feliz, y a Darkroseneko por agregar mi historia a sus favoritos. ¡Muchas gracias!

¡Saludos!

Respuestas a los comentarios:

Guest: Aquí está, lamento la tardanza y muchas gracias por leer, espero que sea de tu agrado. Saludos

Love yaoi: Jajaja pues sí, he visto que hay muy pocos fanfics de Sephiroth en general y con Oc muchos menos. Esa es una de las principales razones que me inspiraron a escribir este libro (te entiendo, yo también me cansé de leerlos en inglés) Espero que sea de tu agrado :) Saludos