Capítulo 7: Situaciones incómodas.
Se quedó ahí, de pie, paralizada y muda hasta que, segundos después, consiguió reaccionar y salir de su ensueño. Se pasó una mano por el pelo, echándoselo hacia atrás, y caminó directamente hacia el ascensor tomando exactamente el mismo camino que hacía tan sólo unos momentos había tomado el General.
Mientras caminaba notó que aunque había dejado las armas tiradas en el suelo de la Sala de Entrenamiento, y probablemente las gafas de Realidad Virtual también, se le había olvidado por completo quitarse el Aro de Plata por lo que este aún se encontraba alrededor de su muñeca, obviamente sin ninguna Materia equipada pues estas habían desaparecido una vez terminada la Simulación al no ser reales. Haciendo una mueca de disgusto por su despiste, se quitó el brazalete y lo guardó en uno de los bolsillos de su pantalón pensando en que después debía de buscar a Angeal para disculparse por su torpeza y entregárselo.
Una vez dentro del elevador, rodeada de empleados de la compañía y a falta de saber a dónde ir, decidió descender en la misma planta en la que aparentemente descendía la mayor parte de las personas. Recorrió todo el piso, perdiéndose entre los interminables y sobrios pasillos mientras sentía, exageradamente, que terminaría desangrándose en el camino. Al no hallar lo que buscaba en ese piso, bajó al piso inferior haciendo uso de las escaleras de emergencia, una vez allí trató de preguntarle a un par de científicos que se encontraban cerca la ubicación de la enfermería. Pero estos, al percatarse de que la chica no parecía tener nada que ver con Shin-Ra, decidieron ignorarla por completo y continuar hablando de sus asuntos y futuros experimentos.
Sedit bufó, cruzándose de brazos y retrocediendo unos pasos, hasta que notó como un grupo de soldados miembros del Departamento de Seguridad pasaban justo detrás de ella, dirigiéndose al elevador. Rápidamente corrió tras ellos antes de perderlos de vista en aquel concurrido piso.
— ¡Esperen, por favor!
Uno de ellos, al parecer un Capitán pues dirigía el grupo y se diferenciaba por tener el pañuelo que rodeaba el cuello de color rojo en lugar de verde, se giró al escucharla y al ver su estado se acercó a ella, junto con otros dos cadetes, mientras le ordenaba al resto del grupo seguir con su camino.
— ¿Se encuentra usted bien?— preguntó con solemnidad una vez que estuvo frente a ella
— Sí, sí, gracias— asintió, con un poco de timidez—. Sólo quería preguntarle si podía indicarme cómo llegar a la enfermería. Apenas acabo de realizar las pruebas para ingresar al ejército y aún no conozco el edificio— explicó en voz baja, con algo de vergüenza y con gesto algo cohibido como si tratara de justificar su presencia en el lugar. Los soldados intercambiaron rápidas y fugaces miradas al escuchar lo último vacilando levemente
— Por supuesto, señorita— Sedit no podía ver su rostro por completo, pero sí alcanzaba a ver como los labios del joven le dedicaban una cordial sonrisa— Es más, permítanos acompañarla.
Quiso decirles que no era necesario, que realmente no hacía falta que se tomaran tantas molestias pero, antes de que pudiera decirles algo, el Capitán ya se encontraba descolgándole el bolso del hombro y dándoselo a otro de los soldados. Sedit estuvo a punto de cuestionarle altaneramente qué demonios creía que estaba haciendo cuando el mayor sujetó con delicadeza su brazo, rodeando su muñeca, y se lo pasó seguidamente por encima de sus hombros, con la intención de sostener gran parte de su peso mientras le ordenaba al otro soldado hacer lo mismo con su otro brazo.
— No se preocupe por nada, señorita. La llevaremos allá en un santiamén— le dijo con amabilidad el tercer recluta, que permaneció de pie frente a ella sosteniendo su bolso, a la par que su otro compañero asentía con la cabeza.
— Muchas gracias por su ayuda, de verdad... — se apresuró a decir cuando estos comenzaron a caminar, llevándosela prácticamente arrastrada—, pero realmente no es necesario, les aseguro que puedo caminar sola— insistió al ver que estos no le prestaban mucha atención y seguían trasportándola por el lugar como si se estuviera muriendo y no pudiera sostenerse por si misma
La verdad es que se sentía muy incómoda, no sólo por el hecho de que cada uno de sus brazos estuviera "abrazado" al cuello de los soldados, sino también por el hecho de que los mismos sostenían el brazo que rodeaba su cuello sujetándolo por medio de la muñeca mientras que su otra mano se encontraba aferrada a su cintura y a su espalda baja, cruzándose por consiguiente ambos brazos masculinos entre sí.
— No tiene por qué apenarse, señorita— le restó importancia el Capitán con tono amigable—. Para nosotros no es ningún inconveniente, ni mucho menos una molestia, ayudarla— aseguró con tranquilidad, completamente seguro de que la chica hacía referencia a aquello con su comentario.
— No, no es eso— negó energéticamente—, es sólo que yo...— no podía evitar balbucear ligeramente al hablar, se sentía apenada por la situación en la que se encontraba y por las miradas que le regalaban algunas personas. El Capitán se limitó a observarla, o al menos eso parecía, no dispuesto a ceder por lo que Sedit finalmente decidió darse por vencida—. Bueno, está bien... Realmente se los agradezco— finalizó, soltando un pesado suspiro, y regalándole al mayor una sonrisa ligeramente forzada. Este sólo asintió levemente y le devolvió la sonrisa.
Dada la diferencia de estatura entre ella y ambos soldados rasos, sus pies casi no conseguían tocar el suelo por lo que prácticamente estaban llevándola en voladas por los pasillos. Se movían hábilmente por el lugar mientras el otro soldado, el único que no se encontraba arrastrándola, caminaba frente a ellos como si estuviera escoltándolos, mientras llevaba a su bolso sosteniéndolo con una de sus manos.
Se dejó llevar resignada, dejándose arrastrar por el lugar hasta llegar al elevador, donde se ganó más miradas de extrañeza por parte de los presentes. Se bajaron en una planta para ella desconocida y continuaron con su recorrido, poco después se encontraban ingresando, luego de haber tocado la puerta, dentro de una pequeña y disminuida habitación.
Sedit ni siquiera tuvo tiempo de admirar el ambiente una vez que los soldados la hubieron soltado y dejado en el suelo cuando, inmediatamente, el Capitán se agachaba frente a ella y la sujetaba de los tobillos a la par que el otro cadete la sostenía por debajo de las axilas y ambos la elevaban del suelo, sorprendiéndola en gran medida y obligándola a acostarse sin delaciones en la camilla metálica.
— Bueno, señorita. Esperamos que consiga formar parte de nuestras tropas y que se recupere pronto.
El trío realizó un leve saludo militar y se dirigieron sincronizadamente a la salida luego de que el soldado que llevaba su equipaje lo dejara en el suelo justo al lado de ella.
— Adiós. Muchas gracias por todo— les regaló una pequeña sonrisa, que aunque lucía algo incómoda era agradecida y se despidió de ellos agitando su mano.
Los soldados, luego de corresponderle el gesto levemente, cerraron la puerta del lugar tras de sí y se devolvieron por el mismo camino por el que habían llegado.
Sedit notó cómo el enfermero, o lo que sea que fuese, la observaba con gesto sorprendido una vez que se hubo girado en su dirección luego de haber permanecido de espaldas desde el momento de su llegada hasta aquel instante. Supuso de inmediato, acertadamente, que el asombro del chico se debía a su género.
— Siéntate, por favor— pidió, aclarándose la garganta, tratando de no lucir tan asombrado y perturbado como realmente estaba.
En realidad, el joven era; más que un científico, enfermero o ayudante siquiera; un simple novato recientemente ingresado al escuadrón de seguridad y que dada su torpeza y bajo rendimiento, sin mencionar el hecho de que le había contestado altaneramente a un superior luego de ser regañado, fue enviado a modo de castigo y reprimenda a atender a los reclutas que resultaran heridos en las próximas pruebas para ingresar al Departamento de Seguridad.
Recordaba a la perfección como, luego de haber recibido un sermón interminable en el que le informaron acerca de su próxima tarea, fue equipado con un par de Éteres y una Materia Cura que, para su desgracia, no llegaba a nivel maestro. Una vez que le hubieron impartido unas cuantas clases básicas de primeros auxilios, fue enviado sin más a aquel diminuto cuarto a atender a los nuevos aspirantes.
Siendo honesto se sentía muy fastidiado y no comprendía en lo absoluto porqué razón le habían asignado precisamente a él hacer una cosa tan estúpida y básica como aquella, es decir, puede que él no fuera el mejor soldado de todos pero opinaba que tampoco era el peor, de la misma forma en que opinaba que definitivamente no era el individuo más capacitado para hacer aquello.
Poseía muy pocos Puntos Mágicos, sin mencionar que nunca había sido especialmente bueno con la magia, y los de Shin-Ra habían sido demasiado tacaños a la hora de dotarlo con los Éteres y Posiciones que se suponía debía usar sólo para casos que en verdad lo requirieran. La verdad es que, teniendo en cuanta la cantidad de recursos que le habían proporcionado, dudaba mucho que le fueran suficientes para suplir todos los casos de emergencia que se le presentaran.
Sedit lo miró, ligeramente desconfiada, luego de haber apreciado la "enfermería" improvisada en la que se encontraba pero decidió hacerle caso y, luego de asentir levemente, se sentó tal y como él le había pedido clavando sus ojos grises en los mieles del chico.
El joven, que a pesar de llevar encima el uniforme correspondiente a su rango no llevaba puesto el casco, agitó levemente su cabello oscuro, casi negro, mientras que con su otra mano agarraba un pequeño pañuelo húmedo y se lo tendía a la chica.
— Toma. Puedes limpiarte un poco el rostro con esto.
— Gracias— le sonrió, un poco apenada al ser consiente de que su rostro se encontraba sucio y embarrado al igual que su cuerpo en general, y posteriormente se frotó con cuidado la cara con el pañuelo mojado sintiendo arder los pequeños cortes que tenía en las mejillas.
El moreno acercó a la camilla un par de algodones, gasas, vendas, curitas, entre otras cosas; junto con una botella de alcohol y un pequeño frasco de plástico con agua oxigenada de poca concentración.
— Verás, como no puedo excederme con el uso del hechizo Cura primero te desinfectaré y vendaré las heridas más superficiales y leves, y luego con las que sean más graves sí aplicaré la Materia— explicó, con tono calmado, buscando explicarle la situación con antelación a la par que tomaba una de las curitas y se la colocaba, con algo de torpeza, en el corte más pronunciado que tenía en el rostro justo debajo del ojo en la mejilla izquierda—, ¿está bien?
— S-sí, por supuesto
Sinceramente no entendía muy bien por qué razón el chico le decía eso, pues ella no le había pedido explicación alguna, así como tampoco entendía a que se debía su humor de perros, lo único que sabía era que su tono neutral y fastidiado estaba poniéndola de los nervios. Se sentía ligeramente intimidada por el aura tensa y molesta que desprendía aquel chico.
El joven procedió a examinarla e hizo una mueca que denotaba al percatarse de las quemaduras que tenía en los brazos.
— ¿Qué demonios estabas haciendo durante las pruebas? ¿Jugar?— cuestionó, sin mirarla, y con un tono de voz duro y ácido.
Le parecía incomprensible el que se hubiera realizado semejantes quemaduras durante la Simulación pues realmente dudaba que el superior a cargo de las mismas la hubiera hecho luchar contra un monstruo de tal magnitud y la segunda opción, aún más descabellada, era que se las hubiera ocasionado al establecer contacto directo con el enemigo e cuestión, cosa que le parecía poco probable pues siempre era peligroso estar tan excesivamente cerca de un monstruo por débil que fuese.
Tomó su muñeca derecha, con algo de brusquedad, y comenzó a limpiarla cuidadosamente con el trapo húmedo para quitarle la tierra, luego de terminar con la primera procedió a limpiar la otra. Quisiera o no era demasiado evidente que gastaría muchos puntos mágicos en ella.
Sedit apretó los labios, sintiendo mucho dolor y observó al chico con los ojos inconscientemente algo cristalinos. Ante sus palabras y acciones sólo pudo fruncir el ceño, le estaba resultando de lo más antipático.
— No estaba jugando— respondió, en voz baja, algo mosqueada por su arrebato—. Tuve que enfrentarme a un Fénix y me quemé en el proceso— justificó de inmediato, ganándose una mirada reprobatoria por parte del chico, a quien sinceramente le costaba un poco creer aquello pues durante su prueba y, la del resto de los aspirantes que presentaron el mismo día que él, no había aparecido ningún enemigo similar.
— Ya. Como digas— cortó la conversación, irritado.
Sedit apretó los labios en una delgada línea al confirmar que el joven no le creía y este, sin prestarle atención, simplemente se limitó a aplicar su Materia Cura en las quemaduras de sus brazos. Una vez que hubo realizado el hechizo, el alivio en el cuerpo de la chica apareció de forma instantánea, ocasionando que emitiera un ligero suspiro infantil que logró causarle algo que gracia al mayor.
— ¿Mejor?— cuestionó con sátira, ligeramente divertido
— Mucho mejor— le sonrió un poco al ver que su humor, gracias a Odín, parecía haber mejorado—. La verdad es que me dolía como el infierno— añadió con tono levemente divertido mientras lo veía tomar un algodón para luego de humedecerlo con agua oxigenada.
Se acercó nuevamente a ella y comenzó a desinfectar, esta vez con más consideración, la mordida que le había ocasionado en Lobo Nibel en el brazo.
— Me imagino— replicó, con el mismo tono que ella, tratando de no perder la concentración.
Luego de eso, Sedit se dejó curar permaneciendo en silencio. Obligándose únicamente a morderse los labios en algunas ocasiones, para evitar emitir algún quejido o sonido que revelara su dolor, cuando este se dedicaba a aplicar sobre su maltrecha piel alcohol o agua oxigenada. Si era sincera le ardía demasiado aunque no quisiera demostrarlo.
— Esta mordida que tienes aquí no es tan profunda ni tan grave— comentó, examinándola un poco y rozándola con su dedo, mientras su cerebro buscaba una forma efectiva de ahorrar sus Puntos Mágicos—, ¿te parece bien entonces si le aplico una pomada antinflamatoria y la vendo directamente?
— Claro. Por mi está bien— asintió con tranquilidad, dándole la razón pues ciertamente en comparación con otras partes de su cuerpo no estaba tan mal.
El chico de ojos mieles con vetas verdosas le vendó el brazo con calma tratando de no lastimarla más de lo necesario, luego de haber aplicado la pomada correspondiente, y seguidamente desinfectó el enorme arañazo que aquel ogro le había proporcionado en el otro brazo.
Aplicó el hechizo curativo en aquella enorme herida y apreció al instante como la pequeña mueca de dolor, que hasta el momento había permanecido disimuladamente en el rostro femenino, desaparecía por completo. Una vez que sus brazos estuvieron correctamente vendados y/o curados, prosiguió, no sin algo de vergüenza, a aplicar la pomada justo debajo de las clavículas de la chica, pues estaba comenzando a generarse un gran moratón justo en el lugar en donde Angeal le había propinado aquella última patada. Una vez que terminó, se alejó un poco para observarla y verificar si no había ninguna otra herida visible.
Para su desgracia, no tardó en notar como la camiseta de Sedit poseía varios cortes bajo los cuales podían apreciarse, con algo de dificultad, algunas heridas. Ante esto rascó su mejilla derecha, algo ruborizado, y le dio la espalda para disimular un poco y buscar nuevos algodones y vendas.
— Quítate la camisa— pidió, con el tono más sereno y profesional con el que fue capaz, comenzando a sentirse muy avergonzado por el hecho de estarle pidiendo a una chica que se desvistiera.
Al escucharlo, Sedit lo observó al instante con los ojos como platos mientas su rostro se teñía del mismo tono carmín intenso que poseían los algodones llenos de sangre.
— ¿P-perdón?- replicó, con voz aguda y ahogada, creyendo que definitivamente había escuchado mal.
— Que te quites la camisa— repitió con un tono un poco más amable, tratando de aparentar tranquilidad, y ligeramente divertido por su inocencia—, por favor— añadió al ver la cara deformada de la menor que fácilmente podría asemejarse a la pintura "El Grito"
— ¿P-para qué quieres que me la quite? — preguntó en voz baja, con incredulidad y desconfianza, mientras inconscientemente se abrazaba a sí misma y parpadeaba repetida veces.
Se sentía apenada con la simple idea de que el chico frente a ella la viera únicamente en sujetador, es decir, sabía que si entraba al ejército estaría rodeada de hombres en todo momento pero realmente no estaba preparada psicológicamente para ello.
— ¿Cómo qué "para qué"?— replicó el moreno frunciendo ligeramente el ceño algo extrañado y haciendo comillas con sus dedos. Podía comprender que la chica se sintiera nerviosa y avergonzada, pero no podía entender como no era capaz de captar lago tan evidente como sus intenciones. ¿Qué se pensaba que iba a hacerle?—. ¿Acaso no es obvio? Es evidente que tienes muchas heridas bajo tus prendas por lo que, para poder curarte bien, necesito que te la quites— explicó sin poder evitar sonreír ligeramente a lo último. Mentiría si dijera que, así como estaba la chica de ruborizada y nerviosa, no le resultaba graciosa e incluso adorable.
Ella observó durante unos segundos sus ojos brillantes como los de un tigre con un poco de desconfianza.
— Es que yo... No puedo— murmuró bajito, sujetando con fuerza su camisa y negando con la cabeza.
El chico suspiró con cierto cansancio y puso una de sus manos en la cabeza de la menor, agitando levemente sus cortos cabellos como si fuera una niña pequeña
— Vamos, que no te de pena. Ya he visto sin camisa, e incluso en ropa interior, a todos los demás cadetes— argumentó con cierto apremio buscando "animarla"—. Realmente no tienes nada de qué avergonzarte— añadió, aunque en si era sincero eso último no se lo creía ni el mismo.
Sedit lo observó, casi como si sus palabras la hubieran ofendido, y se cruzó de brazos inflando sus mejillas.
— ¡Por supuesto que sí tengo de qué avergonzarme!— chilló con la cara cada vez más roja—. Puede que ya hayas visto a todos los demás aspirantes sin ropa antes pero, te aseguro, que ninguno de ellos era una chica como es mi caso— puntualizó sabiamente, con cara de pocos amigos y regalándole al chico una mirada suspicaz
El joven, que ya había logrado tranquilizarse, volvió a sonrojarse de manera muy leve e imperceptible.
— Bueno... — balbuceó bajando su mano lentamente, no sabía muy bien que decir ante un comentario tan acertado—..., eso es verdad, pero de cualquier forma podrías cubrirte lo esencial para así evitar que te vea de más— aún algo apenado acarició un poco su cabello, el cual era tan largo como el de ella pero que estaba mucho más peinado que el de ella
— ¿A qué te refieres?— curiosa alzó una ceja sin entender bien qué quería decir
El chico la observó incómodo, nunca había visto a una chica en poca ropa y aquello sin duda sería extraño para ambos.
— Me refiero a que, si quieres, yo puedo girarme mientras te quitas la camisa y cuando te hayas cubierto lo... lo esencial— apartando la mirada y con un apenado gesto de manos, se señaló a sí mismo el pecho haciendo referencia al busto de la chica—, con la misma prenda o con algún otro trapo que encuentres por ahí, me avisas— terminó de explicar volviendo a clavar sus ojos en lo de ella—... ¿Te... parece bien así?
— E-está bien— accedió dudosa, después de habérselo pensado mucho, y hecha un completo manojo de nervios. Llevó su vista al suelo, aquella sería la primera vez que un hombre que no fuera su padre la viera con poca ropa y era realmente embarazoso. Al menos agradecía que fuera un desconocido y que por consiguiente no lo tuviera que volver a ver en su vida—. Puedo...— respiró profundamente, preparándose para realizar la pregunta que aun la tenía algo inquieta—... puedo conservar mi ropa interior..., ¿verdad? — cuestionó ligeramente alarmada y mirándolo sin poder con su propia vergüenza.
El chico, al escuchar su pregunta, estuvo a punto de sufrir con paro cardíaco.
— ¡Por supuesto que sí!— exclamó al instante mientras un sonrojo furtivo atacaba su cara con violencia y la miraba con los ojos muy abiertos— ¡No necesitas desnudarte para que te cure! — exclamó nervioso y seguidamente se giró, dándole la espalda, y fingiendo que buscaba algo cuando realmente lo único que buscaba era no verla a la cara.
— Es verdad, l-lo siento— se disculpó apenada al darse cuenta de la estupidez que acababa de preguntar. Obviamente no era necesario que se despojara de todas sus ropas pero en aquel momento, aturdida por la vergüenza, había pensado que también necesitaba que se quitara el sujetador o algo similar. Por Dios, que tonta era.
— No... No importa— replicó en un suspiro pesad, cruzándose de brazos y recobrando su estado neutral—. Sólo date prisa, el próximo aspirante podría llegar en cualquier momento y ni tú ni yo queremos que eso pase— agregó observando la hora en su móvil, notando que ya había pasado bastante tiempo desde que ella había llegado, y que lo más probable era que quien estuviera presentado la prueba estuviera a punto de terminar. Era más que seguro que si alguien llegaba y la encontraba sin la parte superior de su vestimenta sufriría de un infarto ahí mismo.
— S-sí, enseguida
Aún insegura e incómoda, se quitó la camiseta torpemente sintiendo como la piel que cubría sus omoplatos ardía ante el contacto e inmediatamente se colocó la camisa en los pechos tapando con ella su sujetador. Puede que no tuviera mucho que esconder, pero de igual forma no quería que se le viera absolutamente nada. Ligeramente asustada por lo que dijo el muchacho, se preparó mentalmente lo más rápido que pudo y se dispuso a avisarle al chico que ya podía proceder
— Listo— murmuró sin atreverse a mirarlo llamando su atención—... ya puedes curarme.
El chico respiró profundamente antes de girarse y acercarse a la camilla metálica.
— Muy bien...veamos— se inclinó un poco y analizó su abdomen tratando e no mirar más que eso, notando que la mayor parte de los cortes o heridas se encontraba en su estómago, cerca de su vientre, a excepción de un corte bastante inflamado y que se extendía justo sobre sus costillas. Hizo una mueca y se reincorporó colocando una mano en su hombro para que lo mirara—. ¿Podrías acostarte un momento, por favor? Así será mucho más fácil curarte.
— Ah-h, sí, sí. Claro— asintió energéticamente saliendo de su ensimismamiento, y sin mirarlo se recostó lentamente y con cuidado en la camilla. El contacto de su piel con la superficie la hizo hacer una pequeña mueca de dolor que no pasó desapercibida para el moreno.
— Luego también voy a curarte la espalda. Primero voy a encargarme de esto que no esta tan mal, ¿de acuerdo?
Sedit, asintió en silencio y le sonrió un poco, ya menos a penada, pero aun manteniendo una mano sobre su pecho sosteniendo la camisa.
— Gracias.
— No hay de qué. Es mi trabajo por el momento.
Le desinfectó y limpió los cortes y en la zona de las costillas, donde estaba más grave, aplicó su Materia Cura. Una vez hecho esto, le pidió a la chica que se sentará vedarle el estómago y proceder a curarte la espalda.
— Auch— murmuró el chico luego de rodear la camilla y apreciar su espalda llena de raspones y moratones—. Por lo que veo te caíste de espaldas y te golpeaste muchas veces. La tienes bastante inflamada— comentó con suavidad y comenzó a limpiarle las heridas múltiples pero leves que tenía en la espalda.
Sedit apretó los dientes al sentir el contacto del algodón con su piel, aunque esas heridas eran las más insignificantes que se había hecho durante toda la Simulación al ser tantas y ocupar un porcentaje tan amplio en su piel eran las que más le dolían. Todo realmente muy irónico.
— Sí, eso parece— trató de sonreírle un poco, mirándolo por encima de hombro, pero la verdad le dolía demasiado como para disimularlo.
El cadete estaba nervioso y tragaba con fuerza cada vez que su mano pasaba cerca del broche del sujetador mientras trataba de contenerse y no distraerse admirando la belleza del cuerpo femenino expuesto frente a él. Nunca pensó que se encontraría en una situación similar.
Para aliviar un poco a la chica, decidió usar su hechizo Cura en toda su espalda directamente para curarla por completo y no causarle más dolor, además de que de esa forma terminaría más rápido con la "tortura". Lo aplicó dos veces por toda la zona hasta que la delicada piel quedó inmaculada, sin rastros de herida alguna, tal y como si nunca hubiera pasado nada.
— Listo— sonrió, con cierto orgullo, una vez que hubo terminado y se percató de que aún le quedaban varios Puntos Mágicos—. ¿Tus piernas... cómo están?
— No lo sé— respondió con sinceridad encogiéndose de hombros. Haciendo uso de sus propios pies se quitó las botas y, con su mano libre, comenzó a levantarse las botas del pantalón logrando enrollar la tela hasta que quedara justo sobre sus rodillas horriblemente maltrechas—. Al parecer no tan bien... ¿podrías darme un momento para ponerme la camisa antes de que empieces?
— Por supuesto.
El chico se giró como un rayo, dándole la espalda y se alejó un par de pasos de ella. Aprovechó el momento para deshacerse de los algodones y trapos ensangrentados y para usar en él uno de los cuatro Éteres que le quedaban con la intención de reponer sus Puntos Mágicos.
Una vez que recibió la señal correspondiente, se acercó a ella nuevamente y, arrodillándose en el piso, curó las heridas leves de su pantorrillas, vendando las más graves y desinfectó los raspones de sus rodillas, al notar que estas se encontraban prácticamente "en carne viva" decidió aplicar la Materia Cura, pues no quería que la chica sintiera dolor por El simple hecho de caminar o flexionar la pierna.
Al terminar él mismo se encargó de acomodar correctamente el pantalón femenino y seguidamente se levantó dándole espacio a la chica para que se colocara los zapatos.
— Muchas gracias por todo— le sonrió, una vez que se hubo colocado las botas de nuevo, y se puso de pie con la intención de recuperar su equipaje.
— No fue nada— le devolvió la sonrisa levemente, acariciando su nunca y observándola acercase a la puerta.
— Adiós— Sedit agitó brevemente su mano antes de salir de la habitación y cerró la puerta antes de que el chico tuviera oportunidad de devolverle el gesto.
Con pasos lentos y energías renovadas, volvió a dirigirse a los ascensores con la intención de regresar a la Sala de Entrenamiento. Su objetivo le resultó bastante sencillo, pues recordaba con exactitud a qué piso debía ir. Una vez dentro de la Sala, se abrió paso entre la multitud que quedaba en el lugar, la cual ya era menos, e inmediatamente al ver que la Simulación acababa de finalizar, se dispuso a buscar a Angeal para devolverle el Aro de Plata.
Cuando lo visualizó a lo lejos, se acercó a él precipitadamente empujando a algunos aspirantes en el camino.
— Señor Hewley— lo llamó, una vez que estuvo cerca, y le dio un pequeño toquecito en la espalda para llamar su atención. Angeal, al escucharla, se giró extrañado.
— Oh, Sedit. No esperaba verte tan pronto— le sonrío levemente al ver que ya se encontraba en buenas condiciones y apoyó una de sus manos en su cadera, justo sobre sus dos cinturones negros—. ¿Necesitas algo?
— Eh, sí— asistiendo levemente, prosiguió a buscar el brazalete plateado en sus bolsillos y se lo tendió al mayor—. Aquí tiene— Angeal sujetó aquello que le ofrecía, algo dudoso, y lo observó para ver de qué se trataba—. Le ofrezco mis más sinceras disculpas por no habérselo entregado antes, se me olvidó por completo en ese momento... Y me disculpo también por haber dejado tiradas en el suelo las gafas de Realidad Virtual luego de terminar la simulación, de hecho, ni siquiera recuerdo bien que hice con ellas, pero estoy casi segura de que las dejé en el piso.
El pelinegro negó con la cabeza, restándole importancia a la situación, sin perder su sonrisa.
— No te preocupes por eso. Es normal que se te olvidara entregarlo después de todo lo que pasaste en esa prueba y, con respecto a los Visores, no te preocupes tampoco. Son bastante resistentes y están en perfectas condiciones, ni siquiera yo había notado que estaban en el suelo hasta poco después de que te fuiste— explicó con calma y amabilidad buscando tranquilizarla un poco y, sujetando su muñeca, volvió a entregarle el Aro de Plata, haciéndola cerrar su pequeño puño alrededor de el para que lo cubriera con sus dedos—. Toma, te lo devuelvo.
— ¿Qué?— lo observó confundida, frunciendo el ceño sin comprender su acción—... ¿Por qué?
— Porque prefiero que te lo quedes tú. Considéralo un regalo de mi parte por haber ingresado al ejército, ¿sí?
— Lo siento, agradezco su gesto pero no puedo aceptarlo. Siento como si estuviera robándolo— negó repetidas veces con la mientras trataba de devolvérselo, pero el pelinegro se negaba a aceptarlo devuelta.
— Escucha, todos los Aros de Plata que disponemos en este momento provienen de la tienda propia que posee Shin-Ra, eso quiere decir que cualquiera puede adquirirlos si así lo desea— explicó con lentitud como si estuviera hablando con una niña—. Por eso he decido que hablaré con Génesis, para informarle la situación, y cubriré yo el gasto correspondiente para que así puedas quedártelo y ahorrarte algo de dinero. Ahora en lugar de tener que gastar parte de tu primer sueldo en un accesorio podrás comprarte una Materia directamente. Yo te recomiendo que compres antes que nada la Materia Cura, pues realmente es indispensable.
Sedit lo escuchó atentamente, sin embargo, seguía sintiéndose inconforme.
— No puedo aceptarlo, no es correcto— refutó, observando el brazalete, y tratando de entregárselo nuevamente pero él se negaba a sujetarlo—. Por favor, no me parece correcto que usted invierta parte de su sueldo en algo que es para mí.
— No digas eso, Sedit— negó Angeal, con ganas de reír—. Te aseguro que eso no cuesta nada, ni siquiera se notará el cambio en mi billetera una vez que lo lo pague.
Obviamente él no quería fanfarronear ni mucho menos dar a relucir la cantidad desorbitante de dinero que poseía y ganaba cada mes, pero siendo sincero su sueldo era bastante elevado por ser un Primera Clase. Eso sin mencionar además que él nunca había sido de las personas que gastan dinero de forma excesiva y compulsiva, a diferencia de Genesis, que por más que comprara múltiples tonterías todo el rato y que gastara más en ropa de lo que gasta la reina de Inglaterra seguía ahogado en Guiles.
— B-bueno— terminó por aceptar, minutos después, ante la insistencia del mayor pero aún sin estar convencida por completo. Dejó escapar un pesado suspiro y se colocó de nueva cuenta el brazalete—... Muchas gracias, señor Hewley.
— No es nada— se giró, al notar que el nuevo aspirante se encontraba ingresando, y le dirigió una última mirada a la menor— Bueno, al parecer debo regresar al trabajo. Hasta luego, Sedit— regalándole una última sonrisa, se dio la vuelta y con un trote algo calmado ingresó nuevamente al habitáculo donde dentro de unos segundos empezaría la Simulación.
Sedit regresó a la misma esquina en donde había permanecido la vez anterior y decidió quedarse a observar el resto de las Pruebas. Minutos y quizás horas más tarde, cuando apenas iban por la letra "R", el estómago hambriento de la chica comenzó a rugir, levemente pero con insistencia.
Suspiró con cansancio nuevamente, no le quedaba más opción que buscar algún lugar donde conseguir algo de comida y eso implicaba perderse otra vez en las inmensas sedes mientras lo buscaba.
Salió de la habitación, esta vez menos distraída, y mientras se dirigía al elevador observó atenta su alrededor buscando a alguien que no se viera muy ocupado para pedirle indicaciones. Al no encontrar a nadie que trabajara en el lugar, ingresó en el ascensor y descendió en el primer piso en el que se detuvo. Luego de analizar el lugar, captó su atención un hombre joven de cabello negro sujeto en una coleta que se encontraba al final del pasillo.
Al percatarse de que acaba de colgar una llamada telefónica y que no hacía más que quedarse ahí de pie, se dirigió hacia él con pasos algo rápidos esperando que no se marchase a cumplir con alguna diligencia antes de que pudiera pedirle ayuda.
Cuando el hombre trajeado y de ojos marrones percibió una presencia a sus espaldas, se giró con lentitud para encarar a la persona de pie tras a él. Cuando este la miró Sedit se quedó en silencio, observándolo algo nerviosa y admirando con curiosidad aquel punto oscuro que se hallaba justo en el centro de su frente descubierta, ¿acaso eso era un lunar?
— ¿Puedo... ayudarla en algo, señorita?— cuestionó segundos, con cortesía, ignorando la mirada intrigada de la cría y sacándola de su distracción.
Claramente le resultaba muy extraño el haberse encontrado con una joven que no formaba parte de la Compañía en lo absoluto dentro de las instalaciones, pero se sentía aún más desconcertado por el estado en el que se encontraba, es decir, ¿a qué se debía la ropa ensangrentada y desgarrada? Sin embrago, a pesar de la apariencia sospechosa de la menor, prefirió no sacar conclusiones apresuradas y analizar la situación primero.
— Emm, sí. Yo... sólo quería preguntarle si podía indicarme en qué piso se encuentra el comedor... Digamos que estoy algo desubicada— se rascó la mejilla, nerviosa, mientras trataba de esquivar la mirada seria del hombre y comenzaba a sentirse algo intimidada ante su rostro inexpresivo.
—Ya veo— no sentía que la chica pudiera significar un peligro potencial, pero aún así no dejaba de extrañarle su presencia en el lugar sin razón aparente—, si gusta puedo acompañarla yo mismo. Como por los momentos no tengo tareas pendientes puedo ir con usted— se ofreció con amabilidad, dándole el beneficio de la duda sin dejar de mantenerse atento.
Sedit le regaló una sonrisa y asintió con la cabeza.
— Eso sería genial. ¡Muchas gracias!
Luego de indicarle con un pequeño gesto de manos que lo siguiera. La guió hasta el elevador de nueva cuenta, permaneciendo en silencio y observándola fijamente de reojo como si estuviera analizándola. ¿Estaría bien ser directo y pregúntale la razón de su presencia? Probablemente no era por ninguna razón perjudicial como él pensaba y estaba "comiéndose el coco" por nada.
Mientras la chica presionaba el botón del elevador, el pelinegro se aclaró la garganta levemente y mantuvo sus manos apoyadas en la parte delantera de su cuerpo, con pose solemne, mientras a que la cabina metálica llegara.
— Disculpe mi atrevimiento, señorita pero..., ¿podría hacerle unas cuantas preguntas?— se atrevió a preguntar, sin observarla, y manteniendo siempre momento su tono profesional y semblante serio.
Sedit, al escucharlo, se giró dudosa en su dirección con una ceja alzada sintiendo una gran incertidumbre, ¿por qué razón ese hombre querría hacerle unas preguntas a ella?
— Sí..., por supuesto— asintió, algo cohibida, pero conservando una diminuta sonrisa simpática—. Puede pregúntame lo que sea siempre y cuando no sea demasiado personal.
— De acuerdo, se lo agradezco— giró el rostro para observarla y le sonrió levemente si mostrar los dientes—. Antes que nada me gustaría saber su nombre, por favor.
— Sedit Freeman— automáticamente le extendió su mano, dispuesta a estrechar la de él—, encantada de conocerlo, señor...
— Tseng— completó la fase, acercado su mano a la de ella para estrecharla suavemente—. El gusto es mío, señorita Freeman— Sedit sonrió apretando su mano para luego soltarla —. Ahora me gustaría preguntarle algo primordial, ¿a qué se debe su presencia en el edificio? Supongo que es consciente de que son muy limitadas las zonas abiertas al público...
Sedit suspiró, cerrando los ojos ante aquella pregunta. ¿Por qué todo el mundo tenía que cuestionarle lo mismo? ¿Tan raro era ver a una chica deseando formar parte del ejército de Shin-Ra?
— He venido desde mi pueblo natal con la intención de unirme al Departamento de Seguridad— le explicó, no sin cierto cansancio, adentrándose en el elevador que acababa de llegar siendo seguida por el mayor.
Tseng se giró a oprimir el botón correspondiente mientras trataba de no mostrarse sorprendido ante su respuesta, Sedit parecía demasiado joven y frágil como para querer hacer algo tan irracional como aquello. Aunque se encontrara algo anonadado, ocultó perfectamente sus pensamientos al darse la vuelta y observarla.
— Comprendo, he de suponer que su estado se debe precisamente a que ya presentó las pruebas correspondientes, ¿estoy en lo correcto?— comentó con naturalidad, aún sin apartar los ojos de ella y analizándola con más detenimiento.
La vida le había enseñado a no subestimar a las personas ni a juzgarlas por su apariencia, pero en casos como aquel, en los que veía a una chica que fácilmente podría ser una preadolescente con problemas alimenticios, le resultaba muy difícil no hacerlo.
— S-sí— Sedit no podía evitar sentirse incómoda ante la atenta mirada del joven y aquella aura de liderazgo que emanaba. No sabía porqué, pero tenía la fuerte sensación de que ese sujeto no era una persona cualquiera dentro de la Compañía.
Observó sus pies distraída, ¿acaso todos en Shin-Ra eran tan intimidantes?
— Ya veo...— permaneció en silencio un rato, admirándola de reojo y notando como la chica observaba sus manos con nerviosismo, antes de seguir con las preguntas se aclaró ligeramente la garganta para llamar su atención, sin mucho éxito claro— Disculpe mi osadía, señorita Freeman pero, ¿qué edad tiene?
Si era sincero ya sabía todo lo que necesitaba saber para dar por cumplido su trabajo, sin embrago, aún habían ciertas cosas como esa que le intrigaban de sobremanera, al menos lo suficiente como para hacer algo tan imprudente como para preguntar eso. Aunque tampoco se retractaba de haberlo hecho pues era inevitable, es decir, viendo su rostro y su apariencia, ¿cuántos años podía tener?
— ¿Ah?
Al observar el rostro de sorpresa de la joven ante su interrogante, se apresuró a disculparse pensado en que tal vez había sido demasiado directo y se había ofendido un poco.
— Le ofrezco mis disculpas, he sido demasiado imprudente al preguntarle aquello. Es bien sabido que nunca se le debe preguntar eso a una mujer— hizo una pausa, ante la atenta mirada de la chica que frunció el ceño ante sus disculpas—, pero... es que usted luce tan joven...— se detuvo nuevamente, pero en esta ocasión lo hizo al percatarse de que la chica se encontraba sonriéndole levemente al tiempo que negaba suavemente con la cabeza y le restaba importancia al asunto con un gesto de manos.
— No se preocupe— negó con un pequeño deje de diversión—. En realidad, no tengo ningún problema con responder a su pregunta. Es sólo que me sorprendí un poco— amplió mínimamente su sonrisa y se alejó un poco de las puertas, una vez que estás se abrieron, parar permitir el paso de nuevas personas—. Por el momento tengo catorce años.
Sedit no pudo evitar sentirse un poco incómoda al notar como los ojos del mayor se abrían un poco más de lo normal denotando sorpresa. Ya se esperaba esa reacción pero no dejaba de ser extraño. Tseng, por su parte, no podía creerse en lo absoluto lo que acababa de oír, ¿realmente una chica de catorce años pretendía unirse al ejército? ¡Por Dios, pero si apenas estaba dejando de ser una niña! Ciertamente parecía ser un poco más mayor de lo que en realidad era pero aun así, ¿cómo se le ocurría hacer algo como eso a tan corta edad?
— Le ruego que no se lo tome a mal, señorita, pero sinceramente me parece que usted aún es muy joven como para formar parte de las tropas de Shin-Ra— refutó con el ceño ligeramente fruncido y con un tono muy similar al que usan los padres cuando regañan a sus hijas. Él sabía perfectamente que aquello no era asunto suyo pero le era imposible no hacer ningún comentario al respecto—. Mejor dicho— se retractó al instante, cerrando los ojos negando con la cabeza luego de haberlo pensado con más detenimiento—, usted no debería formar parte de nada semejante a esa edad— terminó de decir, conservando su tono calmado, e indicándole que debían salir del elevador en cuanto las puertas de este terminaran de abrirse.
Sedit lo siguió, apretando los puños, ligeramente molesta. ¿Por qué todos tenían que subestimarla tanto? ¿Por qué todos dudaban de sus capacidades sin siquiera conocerla?
— Descuide, no me ofende— replicó con tono cansado sin ganas de ver a la cara al hombre que caminaba a su lado—. Si le soy sincera ya me han dicho cosas como esas muchas veces. Sin embargo, no por eso pienso cambiar de opinión en la absoluto. No estoy dispuesta a abandonar mis sueños ni mucho menos renunciar a mis metas por lo que los demás puedan pensar de mí...— musitó, en voz baja, con la vista clavada en el brillante suelo a sus pies.
Tseng la observó de reojo, ahora con rostro más suave, ante el tono solemne pero delicado que había usado y sonrió ladinamente, con una sonrisa casi imperceptible pero presente.
— Me parece bien que piense así— admitió, ganándose una mirada esperanzada por parte de la chica. Si era sincero le gustaba su espíritu aunque seguía pareciéndole algo insensato—, pero sigo pensando que quizás el que se una a las tropas de la Compañía quizás no es lo más adecuado. Fácilmente pudo haber escogido formar parte de algo menos riesgoso y forzoso dentro de Shin-Ra— al escuchar esto Sedit lo observó alerta, ignoraba por completo que hubieran otras alternativas dentro de la Compañía Eléctrica de las que podía formar parte.
— ¿En serio? ¿Cómo a qué?— preguntó con curiosidad algo esperanzada, si no era admitida en SOLDADO podría tomar la opción que Tseng le diese como un "Plan B".
Ante su pregunta el mayor la observó meditabundo, aligerando levemente su andar, y analizó por un momento cuáles podían ser sus cualidades y qué habilidades útiles podía tener en el ámbito militar.
— Pudo haber elegido formar parte de los Turcos— comentó con simplicidad luego de un par de segundos de haber concluido su meditación llegando a la conclusión de que, por su conjetura delgada y hábil, podía llegar a ser útil trabajando con ellos.
— ¿Los Turcos?
Frunció el ceño, ligeramente confundida ante lo familiar y desconocida que le sonaba aquella palabra e inclinó un poco el rostro. Lo más probable era que su padre le hubiera hablado de ellos alguna vez y en ese momento no lograba recordarlo.
— Así es, seguramente le iría mejor trabajando con nosotros.
— Supongo pero..., ¿qué es eso exactamente?— era un nombre demasiado raro a su parecer como para tener algún sentido y, aunque se sintiera algo tonta preguntándolo, tenía que hacerlo.
— Ese es el alias que recibe el Sector de Investigación del Área de Asuntos Generales— explicó, con una leve sonrisa y con ligera diversión ante el rostro expectante de la chica.
— Ahhh, ya entiendo. Y..., ¿qué es lo que hacen exactamente los miembros que forman parte de este servicio en la Compañía?
Tseng clavó sus ojos en los de ella esta vez con más seriedad, esperaba que no se pusiera demasiado curiosa con respecto al asunto pues, aunque podía explicarle ciertos asuntos, la mayoría debían permanecer excluidos de su conocimiento.
— Diversas cosas— alegó encogiendo levemente los hombros—. Trabajamos directamente para el Presidente Shin-Ra y otros superiores.
— Oh— expresó con cierto asombro y, notando el aura seriedad del joven, decidió dejar estar el asunto y no seguir preguntando. Aunque la verdad es que con lo poco que sabía ya se imaginaba que aquel servicio debía de trabajar con información más secreta y confidencial que otros Departamentos así como con asuntos más serios—. Comprendo— le sonrió un poco, ganándose una mirada de reojo por parte del Turco, el cual simplemente se limitó a guiarla a través de los pasillos ligeramente abarrotados de personas permaneciendo en silencio.
Ambos se detuvieron una vez que llegaron a las mesas de la cafetería y se encontraron a pocos metros de la barra metálica dentro de la cual estaban los distintos recipientes llenos alimentos que eran continuamente distribuidos por una señora algo mayor y una muchacha que debía ser más o menos de su edad.
Luego de admirar un poco el lugar y memorizar el piso en el que se encontraban, se giró en dirección al joven que la había acompañado regalándole una vez más una sonrisa cálida que seguramente le sentaría bien a su fachada de frialdad.
— Muchas gracias por haberme acompañado hasta aquí, en verdad de lo agradezco, señor Tseng. Espero no haberle causado muchas molestias.
Tseng negó con la cabeza y le devolvió levemente la sonrisa.
— No tiene nada qué agradecer ni porque disculparse, para mí ha sido todo un placer acompañarla. Es más, si usted quiere podría...— comenzó a decir con la intención de ofrecerse a hacerle compañía mientras comía e incluso aprovechar y comer él también. Sin embargo, cuando iba a continuar con su propuesta, su móvil inició a vibrar insistentemente en su bolsillo—. Discúlpeme un momento— con un suave gesto de mano le indicó que debía contestar la llamada, a lo que la chica asintió sin problema y seguidamente sacó el celular de su bolsillo. Luego de observar rápidamente de quien se trataba, se lo llevó a la oreja de inmediato.
— Presidente— dijo cortésmente a modo de saludo a su interlocutor mientras le daba la espalda a la chica y se alejaba un par de pasos por si su superior trataba algún asunto "delicado"—, ¿ocurre algo?
— Necesito que vengas a mi oficina a ahora mismo— replicó, con su timbre grotesco de siempre, a la par que recostaba su regordete cuerpo en el respaldo de la silla haciéndola crujir audiblemente, al menos lo suficiente como para que el sonido llegara a los oídos de Tseng, quien hizo una mueca imperceptible sabiendo que no era capaz de verle.
— Entendido, señor. Estaré allí en un momento— apenas pudo terminar de hablar cuando el presidente Shin-Ra ya se encontraba colgando la llamada.
Se giró hacia la joven, que lo observaba con curiosidad, a la par guardaba nuevamente el dispositivo en sus ropas.
— ¿Está todo bien?— preguntó, sin poder evitarlo, ante su exasperante rostro neutro que no dejaba entrever nada de nada.
— Sí— asintió con suavidad observando los elevadores—, pero me temo que debo marcharme enseguida. Espero que me disculpe por esto.
— S-sí, claro— negó energéticamente ante sus disculpas, si era sincera ni siquiera entendía porque se estaba disculpado—. No hay problema alguno..., espero que le vaya bien— no sabía bien que más decir, sentía cierta curiosidad por saber qué era lo que estaba por decirle antes de recibir la llamada pero le daba demasiada vergüenza preguntárselo.
— Gracias— replicó con una sonrisa ladina y diminuta—. Tenía la intención de invitarla a comer pero al parecer no va a poder ser posible en esta ocasión— comentó, como si acabara de leer su mente, haciendo que sus mejillas se tiñeran levemente de un tono rosa. Él lo decía con total naturalidad aún cuando a ella eso le parecía algo totalmente fuera de lo común.
— Bueno..., si usted así lo desea podemos hacerlo otro día— murmuró en voz baja, algo apenada, pasándose nerviosa una mano por el cabello.
— Estaría encantado de hacerlo. Ahora si me disculpa, señorita Freeman, debo retirarme. Fue un placer conocerla, espero verla pronto— le tendió la mano, con la intención de despedirse con formalidad. Sedit imitó su gesto al instante.
— Lo mismo digo
Con una última sonrisa por parte de ella, el pelinegro se retiró con la misma elegancia y tranquilidad con la que había aparecido siendo seguido atentamente por la mirada de la menor.
Sedit suspiró con fuerza una vez que este hubo ingresado en el elevador y lo perdió de vista. ¿Todos eran siempre así de amables en ese lugar? ¿O simplemente la trataban bien a ella por ser una mujer? No era que le molestarse en lo absoluto que fueran buenos con ella, por supuesto que no, lo que le disgustaba un poco era el simple hecho de pensar que todos ellos habían sido amables con ella únicamente por esa razón.
Si era sincera ella deseaba ser tratada como un igual a pesar de ser del género opuesto, no porque quisiera pasarlo mal o algo, sino que simplemente le parecía injusto tener "privilegios" o "ventajas" por su condición de fémina. De verdad que no quería aquello, pero estaba pareciendo imposible evitarlo.
Agitó un poco la cabeza con extenuación y se dirigió con lentitud, pues no tenía nada más que hacer ni por lo que apresurarse, a la barra metálica y extensa en donde servían los alimentos. Hizo la pequeña fila correspondiente que había frente al mostrador luego de recoger su bandeja y, una vez que fue su turno, fue atendida por la señora que la observó algo extrañada. Después de haber observado con ojo crítico todas las opciones disponibles, finalmente optó por un poco de arroz, ensalada y un vaso jugo de naranja.
Tenía hambre sí, pero no por eso dejaba de estar acostumbrada a comer porciones mínimas. La verdad es que para ella fue algo impactante ver tanta cantidad de comida junta en un sólo lugar y a su completa disposición.
Como aún no formaba parte de Shin-Ra y no estaba registrada en el sistema tuvo que pagar, como todos los aspirantes, la comida. Aunque la verdad es que hasta a ella le resultó bastante económica en comparación.
Según le había explicado su padre, una vez dentro del Departamento de Seguridad podría recibir la comida de forma casi gratuita, pues lo que consumiera sería directamente descontado de una cuenta a aparte de su sueldo destinada directamente a la comida, sin la necesidad de tener que pagar nada con Guiles, además de esto le había informado que lo que no consumiera de ese dinero iba a ser abonando para meses futuros.
Este sistema, en realidad, había sido diseñado únicamente con la intención de controlar de manera indirecta la cantidad de calorías, carbohidratos y colesterol consumidos por los miembros tanto de SOLDADO como del Departamento de Seguridad. Mientras menos "saludable" fuera la comida más valía y viceversa; era por esta razón que nadie pedía con mucha frecuencia los pocos dulces o postres disponibles en el lugar, pues costaban tanto o más que un plato de comida. De esta manera la Compañía podía garantizar que la mayoría de los integrantes de su ejército consumían comida saludable y en cantidades acorde a su tamaño.
Una vez que hubo pagado todo, se dirigió a la mesa metálica más alejada y solitaria que encontró, en la misma sólo se hallaba un chico taciturno comiendo aparatado en una esquina. Sedit, para no molestarlo, se sentó en el extremo opuesto a él silenciosamente; al detallar al chico con más detenimiento se percató de que éste, al igual que ella, había presentado las pruebas ese día, lo sabía porque ella había presenciado la suya.
Lastimosamente, él era uno de esos casos en los que Angeal se había visto obligado a intervenir a último momento. En verdad era una lástima, pues el chico había estado muy cerca de completar la misión exitosamente. Sin darse cuenta, comenzó observarlo con detalle. Era un pelirrojo un tanto peculiar.
Su pelo no era rojo en realidad, era de un tono anaranjado como el de una zanahoria a excepción de que el mismo se iba oscureciendo levemente a medida que crecía, de manera que el chico poseía un tono más rojizo y vivo en las puntas. Era completamente liso, un poco largo de los largos, con un alocado flequillo cubriendo su frente y parte de su rostro; notó además que poseía una pequeña coleta, justo un poco más abajo del centro de la cabeza, la cual sostenía únicamente un pequeño mechón ligeramente ondulado.
El chico, sintiéndose observado y percatándose de su presencia, se detuvo a medio bocado y giró su rostro en su dirección clavando sus ojos en los de ella. Sedit se sintió algo impactada al observarlos, eran de un azul muy claro, casi trasparente y brillantes como un cielo despejado; su piel en general era tan pálida como el papel y sus mejillas y el puente de su nariz estaban atestados de pequeñas pecas gráciles y rojizas. Seguramente era muy joven.
Ambos se observaron unos minutos, sin inmutarse, hasta que segundos después el chico prefirió apartar la mirada y continuar con su almuerzo tranquilamente; Sedit hizo lo mismo y comenzó a comer el suyo sin prestarle demasiada atención a lo que acababa de pasar. Él terminó apenas unos minutos más tarde y se marchó al instante pasando completamente desapercibido para ella.
Sedit, en cambio, apenas estaba empezando. Masticaba los alimentos con una tranquilidad arrolladoramente exagerada y entre cada bocado había un importante período de tiempo desperdiciado en el que se distraía jugueteando con la comida o mirando despistada a su alrededor con pericia, imaginándose como serían las cosas una vez que entrara al ejército entre otras tonterías.
No sabía cuánto tiempo llevaba en el lugar pero, luego de haber transcurrido aproximadamente media hora en la que no había consumido ni la mitad de su comida, sintió como una mano grande se posaba suavemente sobre su hombro desnudo.
N/A: ¡Hola! *sale al escenario y todo el mundo le lanza cosas* Lo sé, he tardado siglos en actualizar (un mes realmente xD) Pero como siempre estuve ocupada, estuve en época de exámenes (que afortunadamente ya terminaron) Y una vez que estuve libre se me hizo algo difícil seguirle el hilo al capítulo pues ya lo había empezado y por consiguiente no había tanta inspiración.
Aunque este capítulo kilométrico (porque sí, cada vez hago los capítulos más largos sin razón aparente, este también tiene más de 9000 palabras y es una de las razones por las que tarde tanto) parezca relleno no lo es, todos los personajes que describo medianamente y tienen alguna aparición en la historia es por algo, quiere decir que se verán involucrados a futuro (Sí, incluso Tseng) Así que no se desesperen que no he escrito todo esto por escribir, tengo los siguientes capítulos ya planeados así que no es falta de ideas lo que tengo, si no falta de tiempo. Lo del rollo del comedor me lo he inventado porqué sí XD, se me ocurrió ese sistema y quería ponerlo aunque parece estúpido. Bueno, nuevamente quiero agradecerles a todos los que me leen y siguen esta historia. Principalmente aquellos que me apoyan aunque tarde siglos, espero que sigan allí. ¡Mil y un gracias por las lecturas! Estoy muy contenta con ellas aunque son pocas.
En fin, no sé cuándo publique el siguiente. Así que prefiero no prometer nada.
¡Saludos y mil gracias!
