Capítulo 9: Resultados. Parte II
Cuando Sephiroth caminó frente a los reclutas, todos retrocedieron un paso a medida que lo veían acercarse con la intención de darle más espacio y acceso para caminar. Este simplemente se limitó a pasar de largo frente a ellos, como si no lo hubiera notado, sin mirarlos si quiera y manteniendo su caminar elegante de siempre. Sedit lo siguió con la mirada, observando su espalda ancha y su plateado cabello que ondeaba suavemente con cada paso que daba, mientras admiraba en sus adentros la solemnidad con la que se movía y se desenvolvía frente a sus otros compañeros, no comprendía como se vea tan apacible aún con la taladrante mirada de todos los reclutas encima.
Una vez que el General se encontró con el director y sus dos amigos, se dedicó a regalarle a los dos últimos una mirada asesina cargada de molestia, la cual obviamente no pasó desapercibida para ninguno de ellos. Genesis sonrió ante el gesto y le regaló una mirada divertida a Angeal que expresaba claramente un "Te lo dije", el pelinegro se limitó a fruncir aún más el ceño que de costumbre y posteriormente le dio un "leve" codazo en el costado a su compañero, indicándole que mantuviera la compostura y se pusiera serio, por más imposible que eso fuera.
– ¿Por qué tardaron tanto?– espetó, cruzándose de brazos y usando un tono de voz cortante una vez que se encontró frente a ellos.
– Oh, vamos. No seas tan amargado, Seph– replicó suavemente Genesis, con su gracia y ganas de molestar de siempre, mientras pasaba con camaradería su brazo por encima de los hombros recubiertos por hombreras metálicas de su amigo peliplateado, quien al instante apartó su brazo de un manotazo con notable molestia, provocando así la risa burlona del castaño que no pudo evitar frotarse la mano que le había golpeado. Qué anciano tan salvaje–. Venga, ¡sólo fueron diez minutos! No es para tanto, exagerado.
Lazard observaba en silencio la típica escena mientras negaba suavemente con la cabeza repetidas veces y trataba de disimular, sin mucho éxito, una sonrisa divertida.
Sephiroth al escucharlo no pudo evitar bufar con fastidio mientras volvía a cruzarse de brazos. Aunque él mismo no lo notara, era innegable que pasaba la mayor parte de tiempo en esa posición.
– Sabes bien que no tolero la impuntualidad, Genesis– comentó con desdén antes de dirigirle una mirada interrogante a Angeal, ya se había resignado con su amigo castaño, discutir con él era inútil y una total pérdida de tiempo. El pelinegro le regresó la mirada con un pequeño gesto de disculpa que Sephiroth entendió completamente, después de todo, Angeal no solía ser impuntual ni nada por el estilo, a diferencia de cierta personita de gabardina roja.
– Discúlpanos, Sephiroth, se nos hizo un poco tarde. No se volverá a repetir– se excusó de inmediato y el peliplateado se limitó a asentir en silencio, comprensivo. De todas formas, desde el inicio no tenía la intención de cuestionarle las razones de su falta a Angeal, al menos no en ese momento. Eso era lo de menos.
– No te preocupes por eso, Angeal– intervino de pronto Lazard con una sonrisa, entrando en la conversación mientras se frotaba levemente las manos cubiertas por guantes blancos y se hacía notar por los presentes. Todos centraron su atención en él, quien se dispuso a darle inicio a aquello que realmente les concernía–. No tiene importancia en realidad, al fin y al cabo, aún no habían llegado todos los reclutas.
– Gracias, Director– Lazard le quitó importancia al asunto con un gesto de manos sin perder la sonrisa.
– Entonces…, ¿empezamos?
Luego de que los tres SOLDADOS de Primera Clase se mostrasen de acuerdo, el hombre de cabellera rubia y traje procedió a posicionarse en el centro de la Sala de Reuniones siendo seguido por el peliplateado, quien tomó un dispositivo que descasaba sobre la mesa y se colocó a su lado mientras ojeaba la pantalla del mismo. Por otro lado, Genesis y Angeal se limitaron a esperar, a una distancia prudente para no estorbar, su momento para hablar. El castaño decidió matar el tiempo releyendo en silencio su libro favorito mientras que el pelinegro se dedicó a informarle a su pupilo por medio de un correo electrónico que esa tarde tendrían un entrenamiento intensivo.
– Buenas tardes, caballeros– saludó luego de un leve carraspeo de garganta, llamando a atención de los presentes, quienes guardaron completo silencio y se apresuraron a saludar ante su pausa.
– ¡Buenas tardes, señor!
Tras de asentir con la cabeza ante el entusiasmo, al parecer satisfecho, se dedicó a recorrer con sus ojos azules el lugar con paciencia mientras entrelazaba sus manos tras su espalda. Analizó rápidamente los rostros y características de los reclutas, al menos lo que estaban visibles en las primeras filas, cuando su mirada tras las delgadas gafas llegó al otro lado de la habitación, sus ojos localizaron un cuerpo diminuto y de inmediato sus ojos se encontraron con la cara de Sedit que lo miraba también. Obviamente no se sorprendió al verla, después de todo la había visto presentar su prueba antes y, además, había sido él quien le había dado el último visto bueno a su solicitud. Sin embargo, se había olvidado de ella por completo, factor lo suficientemente raro como para incomodarlo un poco teniendo en cuenta que su presencia era una novedad.
– Ah... Y señorita– añadió después, aclarándose ligeramente la garganta una vez más, pero esta vez para disimular, y subió sus sofisticadas gafas que se habían deslizando un poco por el puente de su nariz. La chica, en cambio, sí se sorprendió un poco ante el saludo, no se esperaba que la tomaran en cuenta ¿era muy raro sentirse especial sólo por el simple hecho de saber que no era del todo "invisible"?
– Soy Lazard Deusericus, Director Ejecutivo de SOLDADO– continuó con su presentación tras una breve pausa, la cual en realidad era bastante innecesaria pues la mayoría de los presentes sabía perfectamente quien era, y por lo mismo la ansiedad no abandonaba sus cuerpos–. Antes que nada, me gustaría agradecerles por su esfuerzo y dedicación el día de hoy, así como su deseo de formar parte de las tropas de Shin-Ra, es un honor tenerlos aquí con nosotros. No obstante, debo admitir que me encuentro algo desconcertado al saber que la mayoría de ustedes, de acuerdo con sus formularios y solicitudes de ingreso, en realidad deseaban ingresar a SOLDADO a pesar de haberse alistado a las tropas del Departamento de Seguridad.
Más de uno tragó en secó al escucharlo, incluyendo Sedit que se encontraba "dentro del mismo saco", ignoraba que tenían acceso a esa información. Sin poder evitarlo observó a Angeal de reojo, quien observaba todo en silencio y se preguntó si esa era la otra razón que él había mencionado por la cual ella, junto con el resto, presentaron las pruebas en esas Dependencias y se encontraban recibiendo los resultados de ellos directamente en ese momento.
– Por supuesto, sus razones son entendidas y justificadas– prosiguió como si nada a pesar de que varios reclutas habían comenzado a sudar frío–. Sinceramente esperamos que con el entrenamiento que reciban diariamente durante estos primeros meses consigan ingresar muy pronto a SOLDADO– sonrió levemente, tratando de transmitir ánimo y confianza, y deseando que muchos de ellos lo consiguieran como había ocurrido en años anteriores, él siempre era así de cordial y optimista–. Una vez dicho esto, y esperando disponer de sus servicios en un futuro, los dejo con el General Sephiroth, quien anunciará los resultados de las pruebas. Les deseo mucha suerte, realmente esperamos contar con su fiel presencia en la compañía.
Luego de hacer un gesto respetuoso con la cabeza y regalarles una última sonrisa cordial, abandonó el centro de la habitación para proceder a acercarse a Genesis y Angeal mientras que el legendario SOLDADO de Primera Clase tomaba su lugar con paso solemne. Sedit se sintió nuevamente intimidada, al igual que muchos de los presentes, supuso. No es que él estuviera mirándola o algo similar, todo lo contrario, es sólo que el simple hecho de saber que sería él quien entregaría los resultados de las pruebas que le tenían "el corazón en la boca", le inquietaba y mucho, incluso su ritmo cardíaco era errático. Decir que se encontraba nerviosa y ansiosa, e incluso algo emocionada, era poco, no sabría cómo expresarse, pero tenía ganas de brincar en su sitio y gritar para clamarse.
A diferencia del elegante y educado Lazard, Sephiroth ni siquiera saludó, simplemente les regaló una mirada de desdén y fastidio y de inmediato llevó sus ojos a la pantalla del dispositivo que mantenía apoyado en su brazo derecho. Y así, sin más, comenzó a hablar con su voz profunda y abrumadora.
– Nombraré a aquellas personas que aprobaron las pruebas, desde la mayor puntuación hasta la más baja. Aquellos reclutas que no sean nombrados es porque no consiguieron ingresar, así que una vez que termine podrán retirarse directamente– explicó con calma, yendo directo al grano. La frialdad y falta de interés en sus palabras no hizo más que aumentar la tensión del lugar, obviamente poco le importó aquello y se dedicó a revisar muy superficialmente los resultados primero, le gustaba leerlos rápidamente primero para evitar fallos a la hora de pronunciar los nombres. Si era sincero siempre le daba fastidio hacer ese tipo de cosas, si no fuera por la insistencia de Lazard ni siquiera participaría.
Luego de pulsar un par de veces la pantalla y leer brevemente lo que le mostraba alzó la vista durante unos instantes clavando sus ojos en la chica, quien al parecer ni siquiera tuvo tiempo de percatarse de aquello, y volvió a observar la lista con los nombres de los reclutas y la puntuación al lado con el ceño levemente fruncido. ¿Realmente esa niña había obtenido una puntuación tan alta como para quedar de tercer lugar? Claramente la diferencia entre las puntuaciones por debajo de la suya era mínima, sólo por pocas milésimas, pero aun así le parecía una puntuación demasiado alta. Sobre todo teniendo en cuenta cada milésima importaba, después de todo una de ellas podría significar incluso la diferencia entre aprobar o no.
Es decir, la chica no lo había hecho mal, no era el hecho de que hubiera aprobado lo que le molestaba. Él era una persona objetiva y debía reconocerlo, pero también era verdad que había tenido muchísimos fallos que deberían de haberle bajado puntos por técnica. Dejando de lado la hazaña casi suicida que hizo mientras combatía con el pajarraco, debía recalcar la caída con la espada, esa había sido tan humillante que hasta le había dado pena ajena, esa entre otras cosas absurdas como pasarse las manos llenas de tierra por la cara, había tenido suerte de que toda esa suciedad no obstruyera su visión. En fin, eran un montón de faltas que él, como la persona estricta y perfeccionista que era, hubiera hecho notar en la puntuación final. Le faltaba técnica y habilidad, por lo que estaba totalmente convencido de que Genesis tenía algo que ver con aquel puntaje tan perfecto.
Ese grandísimo tonto. No podía creerse que fuera tan poco profesional como para puntuar de forma tan subjetiva a un aspirante, le había puesto la máxima puntuación en todo lo que le correspondía a él apreciar, aún en contra de los criterios de evaluación. Eso era lo que le molestaba, que sentía que ella no merecía ese puesto y sentía que muchos pensarían igual, después de la paliza que había recibido y lo mucho que se había equivocado no podía permitir que estuviera entre las mejores.
Simplemente no estaba de acuerdo con los resultados y dudaba que sus pensamientos fueran erróneos. Así que, no dispuesto a permitir favoritismos, decidió tomar cartas en el asunto él mismo.
No tuvo que meditarlo mucho, simplemente le fue necesario bajarle cerca de 5 puntos para mandarla aproximadamente al décimo lugar, una posición aun alta pero aceptable para hacer los resultados más verídicos y justos, mientras editaba los datos se convencía a sí mismo de que los puntos restados eran simplemente por falta de estrategia y habilidad. Jamás reconocería ni admitiría, si siquiera para sí mismo, que muy en el fondo también pretendía con ese acto salvar el orgullo masculino de todos los aspirantes presentes en la sala. Después de todo, si él estuviera en su lugar, definitivamente no le gustaría saber que fue superado brutalmente por una niñita que no sabía ni como sostener una espada.
A diferencia de lo que muchos reclutas pensaban, en realidad no había una cantidad estipulada para el número de personas que podían entrar a SOLDADO o a las tropas del Departamento de Seguridad, al contrario, él número de cupos disponibles eran infinitos. Y no era de extrañar en lo absoluto, después de todo, teniendo en cuenta que cada día, sin falta, morían cadetes y al menos un SOLDADO, era difícil calcular un máximo del número de personas que podían ingresar, todo era relativo.
Es más, antes de que iniciara el conflicto con Wutai, e incluso antes de eso, era muchísimo más sencillo formar parte de las tropas de Shin-Ra, pero no les tomó mucho tiempo a los directores y superiores darse cuenta de que en realidad eso era contraproducente. Puede que su ejército fuera más numeroso, sí, pero la mayoría estaba compuesto por gente poco capacitada que, aunque suene muy feo decirlo, algunas veces no pasaban de la primera misión. De esta manera se dieron cuenta de que siendo un poco más selectivos podrían reducir esas bajas tan aterradoras y demás está decir que Sephiroth estaba más que de acuerdo.
Los reclutas eran evaluados con puntajes del 1 al 100 y, como en todo examen, sólo aprobaban quiénes consiguieran al menos un 50, la mitad a de la nota. Claro, en algunos casos como aquellos en los que los reclutas que conseguían una puntuación cercana al 50, se le permitía ingresar si lo había hecho muy bien, y, en algunos casos muy especiales, repetir la prueba.
Luego de efectuar todos los cambios necesarios, Sephiroth procedió a nombrar a los admitidos.
– Jack Allard.
– ¡Sí!
Un impertinente grito de júbilo se hizo escuchar de inmediato, cosa que lo irritó un poco. Aunque le daba igual quien fuera, no pudo evitar alzar la mirada para ver a un chico rubio pegando pequeños y ridículos saltos es su sitio.
Simplemente patético. Por eso odiaba hacer ese tipo de labores.
– Por favor, los aprobados sitúense del lado izquierdo de la sala– su tono fue calmado y profesional, sin embargo, tenía esa típica profundidad y frialdad que lo caracterizaba que hacía que a todos se les pusieran los pelos de punta. Sobre todo teniendo en cuenta que la ligera amargura en su voz no hacía nada por apaciguar la ansiedad de los presentes.
Sedit se sintió agradecida por haberse detenido a tiempo justo antes de aplaudir, al principio pensaba que estaría bien hacerlo, e incluso pensó que otros también lo harían, pero al ver el silencio sepulcral que había en el ambiente prefirió abstenerse. Cuando el primer aprobado pasó cerca de ella le lanzó una mirada rápida. Oh, recordaba su prueba. Ese chico debía de tener mucha experiencia, durante la prueba había sido súper hábil y había terminado en un santiamén y casi intacto, a diferencia de ella que había terminado su prueba a medio morir. El chico tenía una gracia y vitalidad increíbles, tanto que se preguntaba que hacia ahí en lugar de estar presentando las pruebas para SOLDADO.
– Ethan Wright– Sephiroth siguió llamando cadetes uno tras otro, ningún otro se había permitido tener un arrebato de felicidad como Jack así que todo procedió con relativa calma, al menos ante los ojos del resto de los reclutas.
Desde hacía bastante rato, básicamente desde que había terminado de nombrar a los primeros puestos, el General había comenzado a sentir la mirada de alguien sobre él, pero no era cualquier mirada. Era de esas tan filosas y molestas que parecen querer atravesarte, y en este caso estaba dirigida a su nuca y vaya que la sensación se le hizo extraña e irónicamente familiar. Ya sabía a quién pertenecía esa mirada asesina y sólo necesitó dedicar una rápida mirada de reojo para comprobarlo.
Angeal lo miraba con ojos entrecerrados y acusadores, parte de su peso estaba apoyado sobre la pared a su lado y se encontraba de brazos cruzados, Sephiroth trataba de no prestarle atención, pero era algo difícil. Sabía por qué estaba molesto, por supuesto que sí, Angeal ya había visto los resultados antes y seguro que notó que los había cambiado, no se arrepentía obviamente, pero ya le estaba resultando un poco molesto y hasta lo hacía sentir extrañamente culpable, como si estuviera haciendo algo malo…
Demonios. Definitivamente nadie podía con Angeal, ni siquiera él.
Luego de respirar profundamente para pensar con claridad, se detuvo un momento antes de continuar con los nombres. Bueno, el séptimo lugar no era un puesto tan alto, ¿verdad? Quizás estaba bien si le daba ese puesto en lugar de seguir bajándola de posición, después de todo, ella había tenido que enfrentarse Angeal así que bien podría perdonarle algunos errores, ¿no? No quería tener que aguantarse más la mirada desaprobatoria tan taladrante de su amigo. Además, sabía que mientras más puntos le restara, más tiempo duraría el sermón que seguramente recibiría después.
– Sedit Freeman– suspiró internamente mientras la nombraba, que más daba. Trató de que no se notara, tenía que ser profesional, pero admitía que su voz había sonado un poco más desganada que de costumbre, pero en realidad le daba igual.
Sedit, por su parte, ni lo notó, estaba muy ocupada emocionándose como para percatarse del mal humor del General. Al oír su nombre su corazón comenzó a latir con fuerza y, sin darse cuenta, una enorme sonrisa se extendió en su rostro, tan grande que parecía querer dividirle la cara en dos. Estaba tiesa como una roca, pero una sensación de alivio y orgullo se extendió por su pecho. Había pasado. Lo había hecho. Contuvo las ganas de saltar y gritar de la emoción y se dirigió con paso ligero a su lugar correspondiente, le importaba poco lo que los demás pudieran pensar, les demostraría a todos que incluso una mujer podía hacerlo, ella podía ser tan capaz como cualquiera.
Aun cuando Sephiroth continuó con el protocolo, todavía no podía terminar de creérselo, tenía unas inmensas ganas de abrazar a alguien y transmitirle toda su felicidad. Sus ojos buscaron por instinto a Angeal y grata fue su sorpresa cuando notó que él la estaba mirando con ojos brillantes y con una pequeña sonrisa. Estaba tan metida en su mundo que no notó la mirada de alguien sobre ella.
Después de saber que había sido admitido con excelencia, Jack se desconectó prácticamente. Se sintió más ligero que nunca y, sin dejar de sonreír con autosuficiencia, le dedicaba miradas de soslayo a los otros admitidos. Desde muy joven había sido un poco narcisista, y no lo negaba, pero a pesar de su ego enorme no era un mal tipo, simplemente era alguien que se esforzaba para ser bueno y cuando conseguía lo que quería se sentía realizado, por no decir superior. Tanto que incluso, justo después de terminar su prueba, abandonó la Sala con paso triunfante. No había necesidad de ello pues no tenía más que pequeña rasguños, por lo que no necesitaba ir a la enfermería, pero no tampoco tenía interés en ver a los demás así que se retiró directamente. Por lo mismo casi no había visto las pruebas de nadie, después de todo, había sido de los primeros en pasar.
Siguió observando a los que ahora sería sus compañeros y se sorprendió cuando una chica bastante pequeña fue nombrada y caminó hasta ellos también. Los aires de Don Juan se le subieron a la cabeza, como siempre veía una chica que le parecía linda, y casi con paso coqueto se ubicó sutilmente a su lado, siendo lo suficientemente discreto como para pasar desapercibido por la chica que aún se encontraba en las nubes.
– ¡Felicidades, preciosa!– le dijo de pronto, con un tono un poco más alto del necesario, sorprendiéndola. Lo peor de todo es que había tenido el descaro de abrazarla por los hombros con uno de sus brazos. Sedit se giró a verlo y alzó ambas cejas sorprendida por su arrebato–. ¡Lo hiciste muy bien!– ni siquiera la había visto, pero eso ella no lo sabía así que le servía el cumplido.
Incómoda, trató de sonreírle un poco, ligeramente sonrojada, mientras se alejaba suavemente de su cuerpo y sacudía un poco los hombros para que dejara de tocarla. Es cierto que era un tipo muy hábil y todo eso ¿pero ¿quién se creía que era?
– Gracias.
Él sintió su rechazo, obviamente, en su agradecimiento más seco que el desierto y dejó de abrazarla. Tendría que ser un poco más suave si quería llegar a algo, aunque la verdad es que solo jugaba, no es como si le estuviera coqueteando en serio.
– Sólo digo la verdad– replicó sin perder la sonrisa, pero fue rotundamente ignorado. No obstante, eso no le importó mucho, era una persona bastante persistente, tal vez demasiado, por lo que siguió observándola con el mismo entusiasmo de antes y con una sonrisa un poco más hiperactiva. Solo espero un par de segundos antes de volver a acercarse a ella, invadiendo su espacio personal. No sabía por qué, pero molestar a la gente siempre le resultaba divertido.
– ¿Necesitas algo?– le preguntó al chico con cierto fastidio, un rato después. Se había ido alejando poco a poco mientras trataba de disimularlo, pero él se le volvía a pegar y la verdad es que no había suficiente espacio como para moverse mucho, sentía que ya estaba comenzando a molestar a los otros admitidos a su alrededor, podía sentir sus miradas de molestia cada vez que los pisaba por accidente mientras trataba de huir de la molestia de ojos verdes.
No podía creerse que antes cuando lo había visto había sentido admiración por él, ahora en todo lo que podía pensar es que era poquitín pesado. Es verdad que era guapo y todo eso, pero ese no era ni el momento ni el lugar para andar con tonterías como aquella.
– Soy Jack– sonriente se colocó ahora frente a ella y le tendió la mano–, es todo un placer conocer a una dama como tú– le hubiera gustado acompañar el piropo con algún gesto, pero sentía que la chica le iba a romper la nariz si se atrevía a tomarla de las manos o algo.
Sedit, por su parte, se puso algo roja por el comentario, no estaba acostumbrada a ese tipo de trato, en su pueblo natal casi ni había chicos de su edad así que era algo raro. Pero lo que más le avergonzaba no era eso, sino más bien que estaban comenzando a llamar la atención de algunas personas, odiaba sentirse observada de esa manera, era súper incómodo. Sentía que estaban interrumpiendo y sabía que debían parar antes de que les llamaran la atención.
– Sedit– apretó su mano levemente y la separó al instante, quería terminar con eso tan pronto como fuera posible. Una vez que se presentó, trató de girarse con la intención de alejarse del rubio con complejo de Casanova, pero antes de que pudiera irse este la abrazo por detrás mientras soltaba una risita.
– Oh, vamos, princesa. No seas tan tímida– al sentirlo tocarla de esa manera, no pudo evitar pegar un pequeño salto y rápidamente se apartó de golpe, propinándole un empujón con los codos mientras lo miraba con molestia.
– ¿Y a ti qué demonios te pasa? ¡No me toques como si me conocieras!
Se tapó la boca con la mano, avergonzada, al darse cuenta de que había gritado, no era su intención alzar la voz, pero lo había hecho sin darse cuenta. Miró a su alrededor rápidamente y descubrió que ahora todos estaban mirando en su dirección. Genial, ahora por culpa de ese niño había armado un escándalo. Durante un tiempo todo se sumió en un silencio bastante incómodo, apenas fue consciente de que Sephiroth se había detenido y había dejado de nombrar reclutas.
– Yo...
Jack trató de disculparse, sintiéndose algo culpable. Él sólo estaba jugando, nunca tuvo intención de hacerla enojar de verdad, pero antes de que pudiera terminar de hablar una voz gruesa y potente se alzó en la sala sorprendo a los presentes.
– Cadete Allard– la voz fría y ligeramente irritada de Sephiroth se hizo escuchar con fuerza en la sala. Ya había tenido suficiente.
Ni siquiera había alzado demasiado la voz, pero no le hizo falta, al escucharlo todos se giraron de inmediato a mirarlo y de nuevo un silencio aún más tenso que el anterior se alzó sobre el lugar. Sedit se pudo pálida al ver su mirada molesta sobre ellos dos.
Mierda. Lo habían hecho enojar. ¿Y ahora qué?
N/A: Hola… Sé que esta vez me pasé, probablemente ya ni recuerden de que iba la historia, pero bueno, no me vendré con excusas porque no las hay, simplemente pasaron muchas cosas y no solo había dejado de escribir, sino que también de leer, no habían ganas. No voy a molestarlos con mis problemas, al contrario, estoy infinitamente agradecida con sus comentarios y me sorprende el número de lecturas que tengo. Este capítulo está dedicado a todas ustedes. Jamás tuve la intención de abandonar la historia y no lo haré, no dejé de escribir por un bloqueo ni nada, yo ya tengo planeada la historia y casi todos los capítulos, es que simplemente no quería escribir, y cuando lo hacia escribía capítulos muy adelantados. La verdad es que muero por llegar a esa parte, estos son un poco más tediosos de escribir porque apenas estoy comenzando. He perdido practica con la escritura así que perdonen si no está tan bueno este capítulo, que además está algo corto para lo que acostumbro a subir, pero es que quería publicar tan pronto como fuera posible. Gracias a los que sigan ahí y de verdad lo siento. Trataré de comenzar a publicar nuevamente :) Cualquier error que tenga no duden en decírmelo.
¡Nos leemos pronto!
