Capítulo 13: El inicio de una nueva etapa
Una vez que las puertas del elevador se cerraron a sus espaldas pudo, por primera vez desde que había visto al General, respirar con tranquilidad. Inhaló profundamente, tratando de relajar sus músculos y acompasar los latidos de su corazón. Aunque ya todo había pasado no podía evitar sentirse ansiosa e inquieta, era increíble cómo tan solo una de esas intensas miradas de Sephiroth era suficiente para hacer sus piernas flaquear y hacerla sudar frío. Con todo lo que le había pasado ese día era más bien sorprendente que aun siguiera en pie, ya era para que se hubiera desmayado a esas alturas.
Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que todo le resultaba difícil de creer, el simple hecho de haber conocido a los populares SOLDADOS de Primera Clase ya era lo suficientemente disparatado como para hacerla pensar que estaba soñando, y que además era uno de esos sueños tan improbables que te sientes como un completo idiota por siquiera haberte atrevido a soñar con eso. Le costaba creer que fuera cierto, pero lo era, había conocido al General Sephiroth e incluso habían intercambiado más de una palabra, aquello definitivamente era algo digno de envidiar y, aunque no sabía si quería volver a tener una experiencia tan agotadora como aquella, jamás olvidaría ese momento.
Con respecto a los otros dos, sí sentía que su amistad con Angeal y Genesis podría llegar a continuar o al menos eso deseaba, pero realmente dudaba volver a tener contacto con Sephiroth, aquello sería muy bueno para ser verdad.
Tras soltar un pesado suspiro, ingresó a su ahora habitación. Primero revisaría los uniformes que tenía a su disposición para ver qué tan grave era la situación y luego ya vería que hacer. Cuando regresó la única persona presente era el pelirrojo, quien se encontraba sentado en uno de los escritorios que daba la espalda al ventanal, Sedit lo saludó brevemente y él le devolvió el gesto de igual forma, sin prestarle mucha atención.
Al momento de abrir el armario metálico notó como alguien parecía haberse tomado la molestia de pegar con cinta adhesiva un pequeño trozo de papel sobre cada una de las puertas, buscando indicar el "propietario" de cada compartimiento. Según podía ver a ella le habían asignado el último de lado derecho, pues el pequeño trozo de papel tenía escrito su nombre en una letra cursiva bastante bonita, debía reconocer. Abrió la puerta y vio como dentro había dos repisas, en ellas se encontraba toda su indumentaria correspondiente perfectamente doblada y organizada.
Lo revisó superficialmente y por lo que pudo ver había dos casos, dos pares de guantes, algunos accesorios como las protecciones de las rodillas y los cinturones, y un par de botas junto con cinco uniformes. Además de eso, en un compartimiento situado en la parte inferior había dos armas de fuego, para ser más precisos unos rifles automáticos, y una de esas varas raras que los soldados de infantería suelen llevar sujetas a una de sus piernas. En la parte superior había un perchero completamente vacío, supuso que ese lugar estaba destinado a guardar la ropa que ella ya había traído y, aprovechando el tiempo que tenía, se dispuso a organizarla primero. Guardó todo en su lugar y, tras revisar la ropa destrozada que había usado en las pruebas, decidió que usaría la camiseta como pijama en lo que compraba más ropa y como el pantalón únicamente se había rasgado en la parte inferior, lo cortaría y los convertiría en un short.
Una vez que terminó de organizar todas sus pertenencias, tomó uno de los uniformes y se fue al baño para probárselo, a penas lo desdobló supo que le iba a quedar excesivamente enorme y así fue. La parte superior le llegaba hasta más abajo de las rodillas, justo como un vestido de señora y los pantalones no le quedaban bien ni aunque se los subiera hasta debajo de los pechos. Ni siquiera podía ajustárselos con el cinturón y los arrastraba por el piso sin remedio aunque tratara de doblarlos un poco. Con un suspiro de resignación, se quitó la ropa. Los uniformes estaban diseñados para ser usados por chicos de estatura promedio y medianamente "tonificados", pero aun así no eran tan exageradamente grandes como ella los veía, el problema también era que Sedit estaba demasiado delgada.
No iba a mentir, desde que le habían diagnosticado la enfermedad a su padre y habían tenido que empezar a pagar los costosos tratamientos y medicamentos que requería su nutrición no había sido la mejor y, además de estar casi en los puros huesos, no era muy alta que digamos. No hacía mucho que se había medido y ni siquiera llegaba al metro y medio, así que eso suponía una desventaja. Afortunadamente, las suelas de las botas del uniforme eran bastante altas así que gracias a ellas subiría unos cuantos centímetros y eso la consolaba un poco. Luego de vestirse con sus ropas nuevamente, se dispuso a buscar a alguien que pudiera ayudarla a solventar la situación.
Como no tenía ni la menor idea de a qué Departamento debía acudir para solicitar unos nuevos uniformes, decidió bajar a la entrada principal del edificio. Quizás las recepcionistas pudieran indicarle hacia que piso debía dirigirse para solventar la situación. Tímidamente se acercó al mostrador, ubicado en la parte central de la planta, en donde había dos mujeres jóvenes. Una de ellas tenía el pelo negro y la piel morena mientras que la otra era castaña, ambas tenían el cabello recogido en un moño en la parte superior de la cabeza.
Una de ellas se encontraba ocupada hablando con un SOLDADO, así se dirigió a la otra que parecía estar haciendo algo en el ordenador.
— Um…, disculpe.
Al escuchar su suave susurro, la castaña alzó rápidamente la cabeza y le regaló una sonrisa amable.
— ¿Sí? ¿En qué puedo ayudarte?— preguntó cortésmente con voz suave. No se extrañó mucho al verla pues estaba bastante acostumbrada a tratar con los niños que iban a la sede de la compañía para observar la Sala de Exposiciones o visitar alguna otra de las zonas abiertas al público, era muy común que estos se perdieran o recurrieran a ellas por alguna información.
Ante la amabilidad de la muchacha, Sedit sonrió un poco, sintiéndose mucho más calmada y se tomó la libertad de apoyar ambas manos en el mostrador.
— Bueno…, la verdad es que tengo un pequeño problema— bajó la mirada a sus manos entrelazadas antes de seguir hablando, de alguna manera era vergonzoso decirlo por más que fuera una tontería—. Hoy... ingresé a las tropas del Departamento de Seguridad, hace unos momentos me probé los uniformes para ver que tal me quedaban y… creo que son demasiado grandes para mí— terminó de explicar en voz baja y se mordió levemente el labio, qué embarazoso—. Así que… quería saber si usted podía indicarme dónde puedo solicitar unos más pequeños.
Como Sedit no se encontraba mirándole el rostro no pudo percibir su sorpresa ni tampoco la ligera tristeza en su mirada, ¿realmente esa niña estaba trabajando para Shin-Ra? Los demás empleados ya se lo tomaba como un tema normal, pero a ella seguían preocupándole todas las bajas que había desde que se había iniciado el conflicto con Wutai, todas las tardes ella y su compañera tenían que eliminar a decenas de personas del sistema porque habían caído en combate en las últimas horas, después de todo, los soldados rasos no suelen durar mucho. Es algo cruel de decir, pero esa era la pura realidad.
— Entiendo…, no te preocupes. Probablemente no tengan uniformes de tu talla, pero más pequeños sí que los hay— le sonrió un poco, tratando de que no se notara mucho lo que acababa de pensar y tomó el teléfono fijo que se encontraba a un lado de ella en el escritorio—. Para que no pierdas mucho tiempo y te ahorres el viaje, llamaré directamente al Departamento correspondiente por ti y haré la solicitud.
Al escucharla Sedit sonrió y asintió con entusiasmo. Al hacer eso le había ahorrado muchísimos problemas, aquella mujer tenía que ser un ángel.
— ¡De verdad muchas gracias!
— No hay de qué— le susurró, sin dejar de sonreír, y le guiñó suavemente el ojo justo antes de que alguien atendiera la llamada.
Le explicó brevemente la situación a quien sea que estuviera al otro lado del teléfono y, luego de reír un poco y pedir que enviaran los cinco uniformes más pequeños que tuvieran disponibles a la recepción del edificio, colgó la llamada. Sedit supuso que sería la chica del mostrador y no ella quien los recibiría, pero sinceramente eso no le importaba mucho. Tan solo esperaba que los entregaran pronto porque no había manera de que pudiera usar los otros en su primer entrenamiento, es decir, no podía ni dar un paso sin que se le cayeran los pantalones.
— ¿Cómo te llamas, cariño?— la voz dulce de la mujer la sacó bruscamente de sus pensamientos.
— Se… Sedit Freeman.
La recepcionista asintió y tecleó rápidamente algunas cosas en el computador, la menor no supo con exactitud que hacía, pero podía ver como segundos después fruncía un poco el ceño.
— ¿Ocurre algo?— preguntó preocupada al ver su rostro y temió lo peor.
— No, tranquila. Es sólo que no encuentro tus datos… ¿No te has registrado aún?
— Oh— al escucharla recordó que Genesis había mencionado algo como eso durante su discurso, pero como ella no había entendido absolutamente nada de su explicación lo había olvidado por completo—…N-No, lo siento— negó, algo apenada, sin poder evitarse ponerse un poco colorada por la vergüenza. Se suponía que eso era lo primero que tenía que hacer pues sin eso no podía acceder al sistema del comedor ni tampoco recibiría su "Tarjeta de Empleado" posteriormente.
Ante su expresión la mayor rio un poco, divertida.
— No te preocupes, no hay problema. Entonces te registraré yo de una vez— comenzó a escribir nuevamente, a una velocidad tan sorprendente que dejó a la pobre y prehistórica Sedit impactada—. ¿Cuál es tu correo electrónico?— preguntó casi con voz automática mientras sus dedos seguían moviéndose sin parar sobre las teclas.
Para la menor aquellas palabras habían sido dichas en un idioma desconocido, totalmente fuera de su vocabulario.
— ¿Qué? ¿Correo electrónico?— extrañada y con el ceño ligeramente fruncido, inclinó la cabeza hacia un lado. Sedit había escuchado el termino antes, estaba segura, pero como nunca había tenido uno no tenía idea de para qué se utilizaba—. C-Creo que no tengo, perdón.
Apenada por su ignorancia bajó un poco la cabeza, pero la castaña, lejos de estar molesta, se encontraba algo divertida. Aquella niña le parecía tierna, lo suficiente como para no poder molestarse con ella.
— Préstame tu teléfono, yo me encargo de crearte uno— con una sonrisa comprensiva, le tendió la mano y recibió el dispositivo que la muchachita le entregaba sin rechistar. Tras revisarlo y registrar el número telefónico en la base de datos, procedió a crearle un correo—. ¿Cómo quieres que sea tu dirección de correo electrónico, cariño?— le preguntó luego de un rato, una vez que terminó de registrarla y preguntarle sus demás datos.
— Um, no lo sé. Cualquiera está bien…— Sedit se encontraba aún algo confundida, no terminaba de entender ni qué era eso así que no quería complicarse mucho.
— Bueno, entonces…— la castaña no tuvo que pensarlo mucho antes de que se lee ocurriera algo—. ¿Qué te parece "SeditFree"? así acortamos un poco tu apellido y es más fácil de aprender. ¿Te parece bien así?
Obviamente no pudo más que decir que sí, aquella mujer era tan agradable y dulce con ella que no podía evitar sonreír. Poder tener a una amiga mujer en un lugar lleno de hombres la aliviaba un poco, sobre todo porque podría recurrir a ella en cualquier situación. Procuraría ir a saludarla seguido.
— Muy bien…, perfecto— murmuró por lo bajo mientras lo anotaba—. ¿Y qué pongo de contraseña?
— Mmm, ¿mi fecha de cumpleaños?— dijo al fin, algo dudosa, levantando levemente una ceja. La verdad es que la imaginación de Sedit no era muy buena para ese tipo de cosas, no eran su fuerte. Por más que pensara no se le ocurría absolutamente nada.
— No, es muy fácil— negó rotundamente—. Cualquiera podría adivinarla y toda la información que se intercambia aquí es confidencial.
La menor volvió a pensarlo, y se esforzó tanto que la recepcionista casi podía jurar que estaba empezando a emanar humo de su cabeza, hasta que al fin sonrió como si se le hubiera ocurrido algo brillante.
— Abraza tus sueños.
Después de pensarlo mucho, lo único que se le vino a la mente fue la daga que le regaló su padre y pensó que nada mejor que esa frase, definitivamente jamás la olvidaría.
— Vale, esa me parece bien— sonrió levemente, mostrándose de acuerdo—. Ahora dime algún número, el que sea. Es más seguro si le agregas un carácter numérico también— explicó brevemente mientras tecleaba la nueva contraseña, la de ojos grises no tuvo ni que pensárselo dos veces
— Uno— respondió simplemente y la mayor asintió sin decir nada.
Para la recepcionista aquel no había sido más que un dígito común dicho al azar, pero para Sedit ese simple número simbolizaba radiantemente el sueño inalcanzable de su padre y, por supuesto, el suyo también.
¿Cómo se sentiría ser un Primera Clase? Era algo que toda la vida se había preguntado sin cesar, pero ahora que conocía a los famosos portadores de tal prestigioso título, ya no sabía con certeza si realmente existía una respuesta concreta a esa pregunta. Estaba convencida de que la respuesta cambiaría drásticamente dependiendo de a quién se la hiciera.
Por ejemplo, si se la hacía al dulce y gentil Angeal, estaba segura de que este muy humildemente le diría que su honor como SOLDADO no era cuestión de rango o título, sino que su orgullo como Primera Clase radicaba más bien en la dedicación y amor que ponía en cada cosa que hacía. Seguramente le diría que lo más importante era los resultados que trajeran tus acciones, el saber que con tu esfuerzo fuiste capaz de salvar o ayudar a alguien, y que nunca se debía dejar de luchar por lo que uno creía. Angeal era el tipo de hombre con sentimientos honestos que únicamente desea acabar con el mal y todo aquello que causara sufrimiento, el tipo de persona que simplemente anhela un mundo mejor.
Su amigo Genesis, en cambio, era todo lo contrario a él. Sedit sabía que si se lo preguntaba este le diría que aquello no le servía de nada, pues al fin y al cabo era sólo un título que no guardaba ningún significado especial, seguramente le diría que ser un Primera Clase no era suficiente para él, que aspiraba más pues esa simple "categoría" no le aseguraba que era considerado un verdadero héroe por todos los habitantes del Planeta. Por lo que había podido apreciar, a Genesis le gustaba la fama y la veneración hacia su persona, en las entrevistas que había leído de él siempre decía que aspiraba tener el lugar que tenía el General, así que no estaba muy segura de que más seria capaz de responderle. Lo único que sabía quera que, independientemente de que dijera, no sería para nada modesto y se le saldría lo vanidoso hasta por los poros.
Y con respecto a Sephiroth, bueno, la verdad es que ahí sí no tenía ni la más mínima idea de que podría contestarle él, no era capaz de imaginárselo por más que lo intentara. Si bien el famoso SOLDADO siempre tenía ese típico aire de grandeza y superioridad, no sentía que esa aura suya se debiera a su rango o su renombre, al contrario, sentía que era más bien algo relacionado con su personalidad y temperamento. Si era sincera nunca le había parecido que a Sephiroth le importara mucho su reputación o su jerarquía dentro de la Compañía, era algo a lo que no le daba importancia a pesar de que, además de un Primera Clase, también era General y seguramente hacia mucho más de lo que ella pudiera imaginar. Él era un hombre lo suficientemente complejo como para no poder ni sospechar lo que pasaría por su cabeza al escuchar una pregunta de ese estilo.
Mientras Sedit continuaba en las nubes soñando despierta, la mayor terminó con la creación del correo electrónico y, tomando un pequeño tozo de papel de su escritorio, anotó todos los datos que la menor necesitaría para ingresar desde otro dispositivo, Sedit no entendía muy bien como haría para ingresar después desde el portátil, pero como no quería quedar en ridículo nuevamente simplemente asintió y le agradeció por su ayuda con una sonrisa.
— Gracias.
— No hay de qué, cariño, solo ten cuidado de no perderlo. Y con respecto a tu registro, aún me faltan algunos datos, pero esos puedo buscarlos en las planillas que llenaste antes para alistarte, así que no te preocupes— tras devolverle el gesto, comenzó a teclear algunas cosas de nuevo mientras seguía explicando otros detalles—. Una vez que el registro se haya completado comenzarás a recibir distintas notificaciones por correo y, además de poderte alistar en misiones, en cuanto termines el entrenamiento también serás reclutada para ellas, así que tienes que estar pendiente
— Esta bien, entiendo…— asintió, pensativa, mientras repetía la información en su cabeza una vez más para tratar de evitar que se olvidara—. De verdad muchísimas gracias por todo, no sabe cuánto se lo agradezco
Sonriéndole abiertamente, inclinó un poco la cabeza haciendo un gesto formal que a la castaña la avergonzó un poco, aunque en el buen sentido. No estaba acostumbrada a que le agradecieran tanto por hacer su trabajo o, en todo caso, un favor.
— No es nada, después de todo es mi trabajo— riendo levemente le restó importancia al asunto—. En cuanto reciba tus uniformes te enviaré un correo para que vengas a buscarlos, ¿está bien?
— De acuerdo, gracias de nuevo
Tras despedirse agitando levemente su mano, procedió a subir las escaleras que se encontraban a cada lado del mostrador y que llevaban hasta los elevadores. Ahora que ya había solucionado todo se sentía bastante tranquila, de no ser por esa mujer no sabría que habría hecho para solventar esa situación. Mientras que esperaba a que llegara un ascensor lo suficientemente vacío para montarse, no pudo evitar preguntarse cómo era posible que hubiera únicamente dos elevadores para un edifico tan grande y magistral como aquel. Eran miles las personas que trabajan ahí y le parecía que solo dos no era suficiente.
Cuando llegó a la habitación lo único que quería era tomar una ducha y dormir, al final se había equivocado de piso, por no decir que se le olvido, y nuevamente tuvo que sufrir para poder encontrarlo. Grande fue su desconcierto cuando, al poner un pie en la alcoba, todos sus compañeros de habitación posaron sus ojos en ella, como cuervos acechando a su presa. Ante las miradas en su persona se detuvo de inmediato, algo aturdida.
¿Y a esos qué les pasaba? ¿Por qué la miraban así?
— ¿Qué pasa?— preguntó con cansancio, aun extrañada, al ver que los muchachos no decían nada y simplemente la observaban sentados en las camas. David estaba en la suya mientras que los otros dos se encontraban sentados juntos en la cama del pelirrojo, quien se veía algo incómodo al tener al rubio tan pegado a él.
— Te estábamos esperando— respondió por todos el moreno, con tono bastante tranquilo y suave, y Sedit notó vagamente que ya no tenía el uniforme puesto.
Al escucharlo levantó ambas cejas y, algo confundida, se cruzó de brazos.
— ¿Y eso por qué, si se puede saber?... ¿Pasó algo?
Su tono sonó un poco más tosco y quizás cortante de lo que le hubiera gustado, pero no pudo evitarlo. Si había algo en el mundo que la pusiera de mal humor era el sueño y el cansancio, ese día sin duda alguna había sido agotador y, tras sobrevivir a unos cuantos colapsos nerviosos, lo único que quería era hundirse bajo las sábanas y no saber nada del mundo hasta el día siguiente. Le dolía todo el cuerpo y se peguntaba seriamente como haría para sobrellevar los siguientes dos meses de entrenamiento intensivo. Sin embargo, su tono desdeñoso no pareció ser percibido por el rubio, pues este se levantó de un salto de la cama y se acercó a ella con su típica sonrisa encantadora.
— Tras un intenso e intelectual debate entre nosotros— comenzó a decir con exagerada magnificencia y con evidente egocentrismo—, decidimos que necesitábamos hablar contigo de este tema de suma importancia cuanto antes: nos urge establecer unas cuantas normas vitales de convivencia.
Jack, juguetón como siempre, se esmeró por hablar de la manera más refinada y culta que le fue posible, pero esto a la muchacha le entró por un oído y le salió por el otro.
— ¿Qué? ¿Normas de convivencia?— no entendía bien el objetivo de aquello, pero a sus ojos se veía como una tontería innecesaria. Al principio estaba preocupada de que quizás había hecho algo que les molestó de alguna manera, pero ahora tener esa conversación más bien le parecía una pérdida de tiempo. ¿De qué "convivencia" estaban hablando? ¿Acaso tenían algún problema con coexistir en el mismo espacio que ella?
— Exactamente, queremos evitar cualquier tipo de inconveniente— ante su confusión habló el moreno, quien se esforzó por explicar bien la situación—. No creo necesario mencionar que anatómica y mentalmente hablando eres "diferente" a nosotros, por lo que necesitas más intimidad y privacidad.
David iba a seguir explicando, pero Jack lo interrumpió y continuó él hablando del meollo del asunto. La verdad es que a Sedit no le parecía que el rubio fuera el más indicado para hablar de aquellos temas considerando como era, pero no dijo nada y se dedicó a escuchar. La muchacha no sabía si eran ideas suyas Jack parecía tener ganas de colocarse a su lado y abrazarla o algo, pero se contenía y eso la alivió. Si la molestaba con el estado de ánimo que tenía probablemente las cosas no terminaran muy bien
— Y el problema principal que tenemos es que este baño no tiene cerrojo. Como sabes normalmente aquí todos son hombres, así que acostumbran a usar las duchas al mismo tiempo y todo eso, incluso en lugares como el gimnasio existen duchas comunitarias y ese tipo de cosas— tras sus palabras sorprendentemente lógicas, Jack se acercó un poco a Kevin, estirando lo más que podía su torso, y tendió una mano en su dirección. El pelirrojo pareció entender lo que quería porque de inmediato agarró lo que parecía ser un letrero blanco que había en la cama y se lo pasó—. Por eso mismo, hemos preparado esto.
Al ver que Jack ahora le entregaba amistosamente el pedazo de cartón a ella, lo tomó dudosa. No entendía muy bien que era, pero solo le hizo falta echarle un pequeño vistazo para saberlo. Sobre la blanca superficie se encontraba escrito con letra bonita y estilizada: "Ocupado. PROHIBIDO entrar" Todo estaba escrito en marcador negro a excepción de la palabra "Prohibido" la cual, además de estar en mayúsculas, estaba trazada en un llamativo color rojo. Notó también que en la esquina inferior derecha del cartón había un "Atentamente, Sedit. F"
Tras observarlo no pudo evitar sonreír y reír por lo bajo, divertida. Cuando alzó la cabeza lo primero que se encontró fue con la mirada algo emocionada de Jack, quien parecía ser el creador de la pieza y esperaba ansioso su veredicto.
— ¿Es en serio?— cuestionó algo burlona, sumamente divertida por tal ocurrencia. El rubio podía ser molesto, pero debía admitir que era bastante creativo.
Él asintió energéticamente mientras el moreno se ponía de pie.
— Es lo único que se nos ocurrió— comentó David acercándose a ella, tomando el letrero y observándolo con aire distraído—. No tenemos permitido alterar o modificar las instalaciones de ninguna manera sin importar el motivo, así que no pudimos hacer más que esto, pero me parece que es mejor que nada, ¿no crees?
— Definitivamente sí— sonriendo abiertamente, se dirigió a los tres hombres con un humor renovado—. Muchas gracias, chicos. De verdad aprecio el gesto.
— No hay de qué, preciosa— con tono coqueto, Jack se puso a su lado y trato de abrazarla por los hombros, pero Sedit, lo más rápida y disimuladamente que pudo, se apartó y se acercó a David.
— ¿Dónde lo vamos a poner?— tratando de evadir al de cabellos dorados, se dirigió al mayor quien se acercó a la puerta del baño.
— Aquí— haciendo uso del pequeño trozo cuerda cuyos extremos habían sido previamente adheridos a cada extremo del cartón, lo colgó en el pomo de la puerta—. Sé que no es lo mismo, pero al menos esto evitará que pasemos tantos malos ratos y situaciones incómodas. Podría servir sobre todo cuando se dé el caso de que te encuentres sola en la habitación y nosotros lleguemos después, como obviamente no tenemos formas de saber si estas allí, accidentalmente podríamos entrar o algo y… en definitiva hay que impedir que eso pase.
— No te preocupes, esto me parece perfecto— asintió, bastante complacida y agradecida. Realmente le gustaría evitar ese tipo de situaciones desagradables.
El rubio se acercó a ellos y tomando el letrero lo puso de espaldas
— Siempre que no seas tú quien use el baño esto permanecerá así— le explicó a la chica que lo observaba atenta—. Por favor, recuerda que debes voltearlo cada vez que vayas a entrar, ¿de acuerdo?
— Sip, gracias. Aunque en la mañana no quisiera causar muchas molestias así que me levantaré más temprano para usarlo primero y terminar antes de que se despierten ustedes— comentó casualmente mientras les daba la espalda y sacaba un pijama de uno de los últimos cajones de la mesita de noche a un lado de su cama, le daba algo de vergüenza, pero tendría que acostumbrarse. También sacó un cambio de ropa interior, el cual rápidamente ocultó lo mejor que pudo entre sus prendas de dormir.
— ¿Lo dices en serio?— preguntó de pronto Jack, sonando muy interesado. Sedit se giró a mirarlo extrañada y lo observó con algo precaución.
— Sí…, ¿por qué?
— Es que me gustaría pedirte un pequeño favorcito— haciendo una cara de lo más inocente, le lanzó un pequeño guiño—, ¿podrías?
— Depende…— replicó y lo miró entrecerrando los ojos. No sabía qué tipo de petición era, pero aun así se puso alerta, conociéndolo cabía la posibilidad de que fuera algo… inadecuado—. ¿Qué quieres?
— Bueno, lo que pasa es que soy de sueño pesado y las alarmas y yo no nos llevamos muy bien que digamos— explicó con una mueca divertida—. Así que me gustaría que me despertaras cuando termines de arreglarte— al ver que la chica vacilaba un poco antes de responder, se colocó frente a ella juntando ambas manos— ¡Por favor! ¡De verdad te lo agradecería mucho!— suplicó mientras se colocaba de rodillas y seguía con ambas palmas juntas como si estuviera rezando.
Sedit rodó los ojos con fastidio, pero asintió igualmente.
— Está bien, está bien— accedió en un pesado suspiro—. Lo haré, pero por favor levántate ya. Me incomodas.
— ¡Sííí! ¡Gracias!— el chico se puso de pie en un parpadeo y, en cuestión de nanosegundos, ya se encontraba abrazándola y dándole un rápido beso en la mejilla—. ¡Te amo!
— ¡Jack!— obviamente Sedit se sonrojó y se apartó de inmediato, quitándoselo de encima bruscamente a empujones. Al liberarse lo miró molesta mientras sentía que su corazón latía un poco rápido por la impresión—. ¿Qué demonios crees que estás diciendo? ¿Acaso estás loco? ¡No hagas que me arrepienta!
El rubio rio abiertamente al verla tan alterada, pero a pesar de que se le hacía súper divertido molestarla, decidió apartarse de ella y controlarse para evitar inconvenientes. Sentía que si seguía así Sedit terminaría matándolo esa noche mientras dormía.
— Lo siento, lo siento. No lo volveré a hacer— aun riendo por lo bajo alzó ambas manos en señal de paz, pero la menor no relajó su expresión en lo absoluto. Eso no se lo creía ni el mismo.
Jack rio una vez más ante su expresión y, sin dejar de sonreír maliciosamente, se subió ágilmente en su cama sin necesidad de usar las escaleras. Si la chica supiera lo difícil que era sacarlo de los brazos de Morfeo seguramente no hubiera aceptado su petición. Pobrecita.
— Sedit— repentinamente el pelirrojo se dirigió a ella, abriendo la boca por primera vez y haciendo notar su existencia—. Si no es mucha molestia me gustaría que me despertaras a mi también, por favor. No quisiera levantarme temprano y ver que el baño no está disponible.
— Ah, claro. No hay problema— Kevin lo preguntó con tono suave, pero su actitud tan reservada a veces la inquietaba un poco—. ¿Y tú, David? ¿Quieres que te avise también cuando termine?
— De ser posible, sí— el moreno asintió, sonriendo levemente—. Gracias.
Luego de acordar la hora y otros detalles con los demás, se dirigió al baño a tomar su tan ansiada ducha. No iba a negar que aún le resultaba algo incómodo el estar en un baño sin cerrojo o algún tipo de seguridad, pero tendría que acostumbrarse. Siempre que se acordara de voltear el letrero nadie abriría la puerta y la vería, pero aun así era una sensación un poco desagradable el saber que cualquiera podría entrar de la nada. Al menos había tenido la suerte de tener compañeros respetuosos que se preocupaban por su comodidad, incluso Jack, quien pesar de su actitud tan atrevido no parecía tener intención alguna de invadir su privacidad, así que eso la tranquilizaba. Sentía que podía confiar en ellos.
Mientras el agua tibia se deslizaba por su tenso cuerpo, relajándolo gratamente, cerró los ojos unos instantes. Lo primero que vino a su cabeza, por alguna extraña razón, fueron los ojos intensos y brillantes de Sephiroth, que brillaban como el Mako y eran tan profundos que quitaban el aliento de cualquiera. Sedit no sabía la razón, pero el de cabellos plateados poseía delgadas y alargadas pupilas, las cuales le otorgaban su característica e intimidante mirada felina. Y eran esos encantadores ojos junto con su perfecto rostro y pálida piel los que hacían que el mayor pareciese sacado de otro mundo, tan sólo pensar en él hizo que su cuerpo se estremeciera un poco. En persona era más imponente y magistral de lo que había pensado o imaginado alguna vez, tenía esa aura solitaria que hacía gala de su inmenso poder y era fácil entender porque era tan admirado e idolatrado por todos, su simple presencia imponía respeto.
Al descubrirse pensando en él abrió los ojos rápidamente y se pasó una mano por el rostro, suspirando. Tras sacudir un poco la cabeza para quitarse el recuerdo de esa mirada afilada de encima, pensó ahora en los otros dos SOLDADOS; Genesis y Angeal eran increíblemente amables y agradables, sabía que sería divertido pasar tiempo con ellos, por supuesto, eso siempre y cuando no se encontrara a solas con el castaño, necesitaba que Angeal estuviera ahí para controlarlo.
Pensando en el malicioso Genesis, recordó la conversación que tuvieron sobre el pupilo del pelinegro, Zack. Dejando de lado el hecho de que se referían a él como "Cachorro", apodo al cuál aún no le veía mucho sentido, le había parecido un chico agradable y seguramente era muy hábil considerando que Angeal lo había tomado bajo su tutela apenas lo conoció. Si lo volvía a ver tal vez le pediría algún consejo o le preguntaría por técnicas de combate.
Salió de la ducha y, luego de secarse con la toalla que había colgado en la puerta antes de entrar, se puso el pijama más "decente" que tenía, el cual en realidad no era nada especial: unos shorts holgados de tela gris con costuras en azul oscuro y una camiseta manga corta blanca bastante sencilla. Como ahora tenía el pelo corto no se preocupó mucho por él, simplemente se lo peinó con los dedos mientras se cepillaba los dientes.
Quizás cortárselo no había sido tan mala idea después de todo, gracias a eso ahora podía ser más descuidada con respecto a su cabello. Igual sentía que no valía la pena que se lo cuidara mucho, después de todo, ya se había deprimido al llegar cuando vio que todos los hombres que trabajaban ahí tenían el pelo más sedoso y brillante que ella. Y obviamente el General era quien ocupaba el primer lugar en la lista.
Notó que junto al mueble que contenía las toallas entre otras cosas, había un cesto bastante alto que supuso era para la ropa sucia y se preguntó vagamente si había algún lugar en el edifico para lavarla. Tendría que preguntar después, no le gustaba la idea de que su ropa se mezclara con la de los chicos, pero no tenía más opción
Cuando salió, notó que el moreno y el pelirrojo ya estaban tumbados cada uno en su respectiva cama haciendo sus cosas mientras que el rubio escribía lo que parecía ser una carta sentado en su escritorio. El verlo pensó que sería buena idea escribirles a sus padres también, así que se sentó en unos de los escritorios con vista al ventanal, que parecía ser el único que quedaba desocupado, y comenzó a escribir. Pero pudo ni terminar el primer párrafo cuando escuchó que su ahora teléfono sonaba, lo tomó con cuidado y lo abrió lentamente temiendo romperlo y vio como en la esquina de la pantalla aparecía un pequeño sobrecito. Sinceramente no supo cómo demonios lo logró abrirlo, pero gracias a su golpe de suerte solo tardó unos pocos minutos en acceder al correo electrónico que acababa de recibir.
«De: Clara Rickman
Para: Sedit Freeman
Asunto: Uniformes.
¡Hola, cielo!
Soy Clara, la recepcionista. Te escribo para informarte que tus uniformes ya están aquí e incluso me han traído unos, guantes, protecciones y botas más pequeñas, pero lamentablemente no había cascos más pequeños, ese es el único tamaño disponible. Revisé las prendas y probablemente aún te queden algo grandes, pero de seguro crecerás más rápido a partir de ahora y no será mucha la tela que sobre. En fin, puedes venir a buscarlos cuando quieras y trae tus antiguos uniformes para devolverlos.
Un beso»
Sonrió un poco al leerlo y, realmente agradecida con aquella amable mujer, se levantó de la silla y se dispuso a ir a buscar sus cosas de una vez. Se puso unos pantalones por encima de los shorts de pijama porque, bueno, la pereza podía con ella pero tampoco pensaba bajar con esas pintas, y se colocó sus botas. Tomo todas las cosas que regresaría del armario, tratando de pasar desapercibida, y salió de la habitación rumbo a la primera planta.
Afortunadamente no se encontró con nadie conocido en el trayecto y pudo dirigirse sin problemas a la recepción. Por la hora el edifico se encontraba más vació que antes, así que resultaba más cómodo moverse por ahí. Tras saludar a la mujer con una sonrisa, colocó los uniformes y accesorios en el mostrador mientras observaba que ella se inclinaba y tomaba del suelo una bolsa.
— Aquí tienes— Sedit recibió la enorme bolsa que esta le pasaba—. Espero que te sirvan y, si llegas a tener algún otro problema, no dudes en escribirme o venir a verme, ¿de acuerdo?
— Sí, de verdad muchas gracias y disculpe el abuso
— No te preocupes, cariño, ha sido todo un placer— para su sorpresa la mujer estiró la mano y, con una sonrisa casi maternal, le tocó brevemente la mano—. Ahora ve a dormir y descansa, he oído que comenzar no es nada fácil.
Sedit rio levemente y asintió entusiasmada.
— Claro, nuevamente gracias por todo y espero que tengas una linda noche.
— Igualmente, cariño.
Tras una última sonrisa, la menor se dio la vuelta y se apresuró a regresar a su habitación para ver cómo le quedaban los nuevos uniformes. Le seguían quedado grandes y aún tenía que ponérselos por el ombligo, pero al menos ya no se le caían y, doblando un poco las mangas y la parte baja de los pantalones podría decirse que le quedaban aceptables. Ahora lo único que la incomodaba un poco eran los pantalones, pues como eran hombre le quedaba un bulto excesivamente grande en la parte delantera debido a toda la tela que sobraba, pero bueno, no era nada importante Las protecciones eran ajustables así que no tenía tanto problema con eso y, con respecto a los guantes, está de más decir que sus pequeñas manos no ocupaban ni la mitad de la prenda. Afortunadamente tenía unas ligas para el cabello en su bolso y si se las ponía en la muñeca lograba que estas mantuvieran los guantes de color marrón en su sitio y así evitaba que se le salieran.
Una vez que se puso su pijama nuevamente, se dejó caer en la cama, sumamente agotada. Notó como sobre ella había un papel que supuso era el itinerario de la semana, casi todos los días eran iguales a excepción de que en dos de ellos los entrenamientos terminaban un poco más tarde de lo usual, nada raro. En la hoja también decía el piso al que debía dirigirse entre otras especificaciones, al final de la misma había una nota en donde mencionaban que posteriormente, cuando todos se hallaran registrados en el sistema, las notificaciones, horarios y cualquier otra información pasaría a ser enviada vía correo electrónico.
Cuando terminó de revisarlo dejó en la mesita de noche a su lado, donde también había dejado anteriormente el papelito con todos los datos de su correo electrónico, y hundió el rostro en la almohada. Vagamente recordó que aún no había terminado la carta de sus padres, pero la verdad es que no daba para más, la haría después. No tardó ni dos segundos en quedarse dormida.
En medio de la oscuridad Sedit abrió los ojos de golpe y se cubrió la cara con uno de sus brazos, calculaba que ya debían ser las tres y media de la madrugada aproximadamente. Se había despertado hacía más de veinte minutos simplemente para tomar agua y ahora no conseguía volver conciliar el sueño. Cuando se acostó a dormir estaba tan cansada que no se fijó en que aún era demasiado temprano y ahora estaba pagando por su error, sin embargo, el haber dormido mucho más de lo que estaba acostumbrada no era el principal problema, lo que más le había impedido volver dormirse era la insoportable combinación de ronquidos que se escuchaba con potencia en el lugar.
Ella nunca se había considerado de sueño muy ligero que digamos, ni tampoco pensaba que era muy quisquillosa a la hora de dormir, pero es que en serio entre el rubio y el moreno la volverían loca. Los ronquidos de Jack eran graves y carrasposos, parecían provenir de lo más recóndito de su garganta y atravesaban su pecho en un rugido similar al de un tractor averiado y con el tubo de escape atascado. David, por otro lado, emitía un grueso y profundo ronroneo de manera constante, sonaba como un león enorme siendo acariciado o algo similar y de verdad le estaban quitando el sueño.
El único que no hacia ruido y aparentaba no existir era Kevin, su ahora favorito compañero de habitación. Afortunadamente el pelirrojo no producía sonido alguno a excepción de las escasas veces en que cambiaba de posición y las barras de metal de la cama crujían con el movimiento. Era tan callado e invisible que lo único que le probaba a Sedit que seguía con vida era el leve rumor de su respiración acompasada.
Suspiró y, frotándose la cara, se sentó en la cama con fastidio. Ya que estaba despierta aprovechó para sufrir un poco y averiguar cómo se activaba la alarma del teléfono, desde siempre había tenido un buen reloj biológico así que no la veía muy necesaria, pero era mejor prevenir que lamentar, porque si de casualidad ella se llegaba a quedar dormida todos en la habitación saldrían perjudicados. Quizás había sido mala idea comprometerse en primer lugar. Como no se veía capaz de dormir por los momentos se levantó y, descalza, caminó hasta si escritorio dispuesta a terminar la dichosa carta.
Encendiendo la pequeña lamparita cerca de ella, comenzó a escribir tratando de no hacer mucho ruido. Procuró no extenderse demasiado y, además de comentarles que había ingresado, no les dijo mucho más para evitar preocuparlos; quizás más adelante entraría en detalles y les comentaría las locuras que le habían pasado ese día, pero por el momento lo dejó breve. Les aseguro que todo estaría bien y, tras decirles que los amaba, le puso fin a su escrito. Hizo un sobre medio chueco y como pudo guardó la hoja tras doblarla un poco. Luego de sellarlo procedió a escribir la dirección a la que sería enviada, las cual había traído anotada en un pequeño papelito.
Como su pequeño pueblito en medio de la nada no contaba con sistema de correo dada la escaza población, se había sentido en el cielo cuando su antiguo jefe le comentó que su hija, quien se había mudado a Gongaga pues era la tierra natal de su marido, lo visitaba muy seguido para que viera a su nieto y le había dicho que si quería podía enviarle las cosas a ella. Le comentó que él no tenía problema con entregarle las cosas a sus padres una vez que su hija se las llevara durante su visita, obviamente ella aceptó su propuesta, sumamente agradecida de tener la oportunidad de mantener contacto con su familia. Después le escribiría una carta a él también y le agradecería nuevamente.
Cuando terminó la dejó sobre el escritorio con mucho cariño y notó que había pasado más de media hora entre pensamientos recuerdos y escritura. Faltaba relativamente poco para que sonara la alarma, pero igualmente intentaría dormir un poco más, necesitaba descansar bien si quería sobrevivir a lo que le esperaba. No sabía si sería capaz de alcanzar sus sueños, pero por el momento se enfocaría en su presente y daría lo mejor que tenía para superarse a sí misma.
Se despertó abruptamente por el pitido ensordecedor que emitía su teléfono y, casi cayéndose de la cama en el proceso, se apresuró a abrir la tapa para callarlo. Preocupada de haberlos despertado con la alarma les lanzó una rápida mirada a los chicos de lado contario de la habitación y, al verlos dormidos y roncando, suspiró tranquila. Se puso de pie y luego de buscar sigilosamente sus cosas se dirigió al baño a darse una ducha rápida sin lavarse el cabello, se colocó su uniforme azul marino y, tras doblarle las magas y las botas al pantalón varias veces, procedió a ponerse los otros accesorios.
Ajustó las protecciones metálicas en sus rodillas y las correas de cuero marrones que pasaban por sus hombros y se ajustaban en el estómago, esa especie de cinturón fue su salvación para ceñir las prendas a su cuerpo evitar que el pantalón se le bajara. Las correas eran demasiado largas para su torso, pero nada grave, el problema que tenía y le preocupaba un poco era que como llevaba los pantalones hasta el ombligo no podría meterse la camisa por dentro y esta le quedaba muy larga, casi como un vestido, pero bueno, no tenía opción. Se colocó las hombreras metálicas y enganchó en la correa que iba en el muslo aquella barra anaranjada a la cual no le veía mucho uso pero que todos parecían llevar.
Para finalizar se puso las botas, que obviamente le quedaban como zapatos de payaso, pero afortunadamente no se le saldrían gracias a que podían ajustarse con correas a la altura de los tobillos, y posteriormente colocó esa especie de "bufanda" o pañuelo verde junto con los guantes, los cuales acomodó con las ligas como había planeado el día anterior. Como no estaba acostumbrada a ponerse tanta cosa encima tardó demasiado, muchísimo más de lo que esperaba, pero afortunadamente ya se había imaginado que algo así pasaría y había puesto el despertador bastante más temprano de lo necesario.
Salió del baño cuando terminó de arreglarse y, tras tomar una respiración profunda, se dispuso a despertarlos a todos por las buenas o por las malas. Afortunadamente al único que tuvo que arrastrar fuera de la cama fue a Jack, quien ni aún tirado en el piso se despertaba completamente, Kevin y David si eran de sueño más ligero, despertarlos había sido bastante sencillo, unos cuantos toquecitos en el hombro habían bastado. Tras encargarle al moreno que se asegurara de que el rubio no se volviera a quedar dormido o saliera en pijama, tomó su PHS, que era como había visto que le decían al móvil; su casco y la carta que había escrito el día anterior, y salió de la habitación mientras sujetaba el casco bajo su brazo.
Al lado de la puerta, justo al lado del dispositivo donde se pasaba la tarjeta de acceso, había un pequeño cajón metálico destinado a almacenar el correo que posteriormente sería enviado y ahí dejó su carta. Una vez hecho esto se dirigió al comedor, anoche no había cenado así que moría de hambre, había decidido que no esperaría a los demás porque le gustaba tomarse su tiempo a la hora de degustar los alimentos y no quisiera que la apresuraran. Mientras estaba en el elevador se puso a examinar una vez más su teléfono y poco a poco fue familiarizándose un poco más con el funcionamiento.
El ascensor se detuvo y entraron algunas personas, Sedit normalmente no les hubiera prestado atención de no ser porque una de ellas la abrazó efusivamente en cuanto la vio, causándole un susto de muerte.
N/A: Aquí Maggie reportándose c: Bueno, como habrán podido notar este es uno de esos típicos capítulos de desarrollo que sirven únicamente para explicar unas cosas y ponerle fin a una etapa, en este caso finalmente terminamos con su primer día y daremos comienzo a la vida de Sedit como soldado de infantería (la cual, si me permiten darles un pequeño e inocente spoiler, no empezará muy bien que digamos) Sinceramente no extrañaba escribir este tipo de capítulos y agradezco al cielo que ya en el siguiente regrese nuestra diva de cabello plateado xD Como ya he explicado casi todo dudo que vuelvan a haber caps de estos en el futuro.
Sobre la recepcionista, le di nombre e importancia porque va a estar apareciendo en varias ocasiones y será de bastante ayuda en el futuro, una amiga mujer siempre es necesario. Y lo del baño sin cerrojo, eso estaba en el esquema que escribí cuando planifique la historia, no sé en qué estaba pensando y la verdad me pareció algo tonto y quise quitarlo, pero después de revisar vi que en varias escenas ya planeadas necesito que no tenga cerradura así que lo dejé así al final xD Como siempre mil gracias por leer y comentar, se los agradezco enormemente.
¡Nos leemos pronto!
PD: Disculpen por las notas tan largas, es que me encanta interactuar con ustedes xD
