Capítulo 14: ¡Qué comience la tortura! Parte I


Sedit se quedó tiesa y sin aire mientras era casi estrangulada por el desconocido, quien no paraba de abrazarla con fuerza aún a pesar de que ella trataba de apartarse. Quería ver quién era, pero no podía despegar la cara de su pecho (bastante firme, por cierto) debido al firme agarre que este tenía sobre ella.

— ¡Sedit, hola! ¡Qué gusto verte de nuevo!

Finalmente el muchacho pareció apiadarse de ella y la soltó, pero mantuvo sus manos en ambos brazos femeninos. La menor rápidamente alzó la cabeza, aún algo aturdida, y sus ojos se encontraron con la encantadora y animada mirada azulada del cachorro de Angeal. De inmediato se olvidó de la sorpresa y el susto que le había causado su arrebato y le sonrió, algo nerviosa pero feliz de verlo de nuevo.

— ¡Zack!— articuló entusiasmada—. Buenos días.

— ¡Buenos días!— replicó, aun sonriendo amigablemente, con esa vitalidad que lo caracterizaba. El ascensor estaba a punto de llegar al comedor así que Sedit se acercó un poco más a las puertas—. ¿Vas a ir a desayunar?

— Ah, sí— contestó, algo desconcertada por la sonrisa tan emocionada y curiosa del pelinegro, y comenzó a sentirse algo cohibida de nuevo. A veces Zack se acercaba demasiado y, aunque no le resultaba para nada desagradable o incómodo, sí la ponía un poquito nerviosa.

— ¡Perfecto! ¡Vayamos juntos!

Tras su entusiasmado anuncio, las puertas del elevador se abrieron y, sin esperar respuesta alguna por parte de la chica, la tomó de la mueca y la llevó con él. Sedit se sorprendió bastante por su acción y quiso liberarse de su agarre, apenada por el contacto, pero no se atrevió a hacerlo cuando vio como el muchacho se giraba un momento a mirarla y le regalaba una de esas sonrisas suplicantes que hacen que sea imposible negarse independientemente de cuál sea la petición.

Al final, resignada, la menor se dejó hacer y permitió que Zack la arrastrara con él, después de todo, el muchacho le caía bien y pensaba que sería agradable pasar tiempo con él. Mientras caminaban Sedit no pudo evitar pensar que cuanto más lo veía actuar de esa manera tan impetuosa y precipitada, más sentido le veía al apodo que le había dado Genesis. Ya comenzaba a entender un poco más porque lo llamaban así e incluso debía reconocer que hace un momento no había podido evitar relacionar la mirada que él le había lanzado con la de un pequeño cachorrito bajo la lluvia. Rio mentalmente ante su propio pensamiento y no pudo evitar sonreír.

Mientras era guiada por el mayor, quien había comenzado a hablarle de diversas tonterías, escuchó una pequeña risita burlona a sus espaldas. Extrañada se giró y observó como un SOLDADO de Tercera Clase, al igual que Zack, los seguía con una pequeña sonrisa. Ella se quedó observándolo, frunciendo un poco el ceño con confusión, y al parecer el muchacho se dio cuenta porque la saludó agitando una mano en su dirección. Tenía el casco puesto por lo que Sedit no podía verle el rostro, pero estaba segura que ese gesto había sido dirigido a ella y que los estaba mirando, se preguntó vagamente si sería amigo del pelinegro o algo similar.

— Espérame aquí, iré a buscar la comida— casi eufórico la obligó a sentarse en la alargada barra metálica que tenía función de silla y, olvidándose por completo de su amigo, se fue corriendo velozmente a la barra para buscar los alimentos.

Sedit lo siguió distraídamente con la mirada, aun con la mente en blanco. Debido a que Zack se había marchado tan rápido, la menor no tuvo oportunidad de quejarse ni de decir nada respecto, por lo que se quedó con las palabras en la boca. Es decir, obviamente agradecía el gesto, pero le incomodaba pensar que el pelinegro estaría pagando su comida, para ella eso era como abusar de él.

Suspirando con pesadez, se quedó observando el camino que el muchacho había tomado aun cuando este ya había desaparecido hace mucho de su línea de visión. Se quedó así unos momentos, ausente y en completo silencio, hasta que una risa burlona resonó a sus espaldas sacándola de sus pensamientos.

Sorprendida se giró para encontrarse con la sonrisa divertida del chico que los había estado siguiendo a Zack y a ella desde que salieron del elevador, el cual se tomó la libertad de sentarse a su lado.

— Por favor, discúlpalo— comentó con voz amigable y ligeramente burlona, ignorando por completo la expresión de la menor—. Zack siempre suele ser así de hiperactivo.

— Sí, eso veo…— Sedit trató de reírse un poco, pero no pudo. La verdad es que se sentía algo incomoda, es decir, ni siquiera lo conocía y aun así él se había sentado a su lado y había empezado a hablarle con total normalidad.

— Por cierto, soy Kunsel— justo como si acabara de leerle la mente, el muchacho se presentó con una sonrisa amigable—. Encantado de conocerte, ayer Zack no paraba de hablar de ti.

Sedit se sonrojó un poco al escucharlo. ¿Zack había hablado de ella? ¿sobre qué? Y más importante aún, ¿qué podría haberle dicho a ese chico si ellos dos apenas se conocían? Es decir, el día anterior Zack y ella casi no habían hablado, al menos no lo suficiente como para llegar a conocerse. Tratando de disimular un poco su sorpresa, dejó su casco sobre la mesa y estrechó la mano que Kunsel le ofrecía con una suave sonrisa.

— Sedit Freeman, lo mismo digo— tratando de sonar lo menos nerviosa posible, le dio un firme apretón y, apenas se soltaron, el chico sacó de su bolsillo su celular y lo abrió.

— ¿Cuál es tu correo electrónico?— preguntó contento mientras colocaba sus pulgares sobre las teclas, y la observaba atentamente, listo para escribir la dirección una vez que la muchacha se la dictara.

Sedit se sintió muy confundida ante su petición y lo observó inclinando un poco la cabeza hacia un lado, no entendiendo para nada su intención.

— ¿Qué? ¿Para qué lo quieres?— preguntó extrañada, aún algo confusa y sorprendida. Ella no supo porque, pero por alguna razón Kunsel rio un poco al escucharla y negó con la cabeza, suspirando.

— Oh, vamos. No me digas que tú también eres como Zack— se quejó con tono burlón y, entrando en confianza, se pegó más a ella hasta que quedaron lado a lado y sus piernas y brazos se tocaban. Sedit pegó un brinco ante su cercanía, pero como estaba sentada en el borde de la barra no pudo alejarse de él—. Mira, soy una persona a la que realmente le gusta usar el correo electrónico, pienso que es la manera más fácil y rápida de comunicarse— le explicó, sonriente, justo como si estuviera hablando con un niño pequeño—. Tenía la esperanza de poder chatear contigo porque a Zack siempre le escribo y el muy idiota nunca me responde. Es un grosero.

Sedit no pudo evitar reír ante su expresión similar a un mohín y, aun sonriente, lo miró alzando una ceja con curiosidad.

— Entiendo, pero… ¿no crees qué es mejor hablar en persona? Es decir, es mucho más cómodo y efectivo..., ¿no?— Sedit sabía que ella tenía razón, pero la manera en que el mayor la miraba la hacía sentir como si estuviera hablando de ridiculeces, al menos lo suficiente como para hacerla dudar de sus propios pensamientos.

Y ese sentimiento no hizo más que crecer cuando Kunsel comenzó a reír abiertamente, justo como si le acabaran de decir una estupidez tan grande como que Sephiroth era feo, y negó nuevamente mientras le daba unas palmaditas en la cabeza a la muchacha. Pobre ingenua, él se encargaría de enseñarle las maravillas del correo electrónico.

— No tienes idea de lo equivocada que estas, pequeña— replicó, más burlón que nunca, antes de comenzar su "racional" explicación—. Por correo puedo hablar contigo cuando quiera y tenga un rato libre, si hago algo o me entero de alguna cosa y quiero contártela puedo hacerlo de inmediato sin tener que esperar a volver a verte. Hablar en persona es mucho problema, a menos que tengas un tema concreto para conversar nunca sabes que decir porque ya se te olvidó todo lo que querías comentarle a esa persona, ¿no te parece?

Sedit lo miró en silencio, reprimiendo la risita sarcástica que amenazaba con escaparse de su boca ante la manera tan apasionada con la que el mayor había hablado. Aunque no estaba del todo equivocado, la verdad es que seguía sin verle mucho sentido al asunto. Sin embargo, no se atrevió a refutarle nada y se limitó a asentir lentamente.

— Um, sí, creo…

— ¡Perfecto! Me alegra que tú sí me comprendas— sonrió con satisfacción y algo de entusiasmo—. Permíteme tu teléfono un momento— le pidió con todo alegre tendiendo una mano en su dirección.

Sedit no sabía si era la única que se sentía así, pero la verdad es que le resultaba algo incómodo el no poder verle más que la boca a las personas con las que hablaba gracias al casco. Era extraño y agradecía que Zack no lo usara.

Con una pequeña mueca sacó el móvil de su bolsillo y se lo pasó, Kunsel abrió la tapa con el pulgar y, tras pulsar algunas cosas, comenzó a escribir con su otra mano en su propio teléfono, con dedos hábiles. Mientras escribía le devolvió el dispositivo a la muchacha, el cual no tardó en sonar. Sedit lo revisó y vio que acaba de recibir un correo electrónico y, a juzgar por la cara de Kunsel (o al menos lo que podía ver de ella), definitivamente era de él.

«De: Kunsel
Para: Sedit Freeman
Asunto: ¡Hola, guapa!

Aquí Kunsel.

Esta es mi dirección de correo electrónico, puedes escribirme siempre que lo desees, tengas problemas o dudas, te aseguro que estaré más que encantado de echarte un cable ;) No te recomiendo pedirle ayuda a Zack porque ese sujeto suele estar siempre en su propio mundo y, además, estoy seguro de que su sesera mononeuronal no sabe ni la mitad de lo que sé yo.

Espero que podamos hablar seguido y me permitas ayudarte en lo que te acostumbras a manejarte por aquí. Y, como soy muy simpático, siempre que pueda te enviaré información de la buena, seguro que varias cosas son de tu interés.»

Sonrió abiertamente al leer el correo y negó con la cabeza, divertida. Cuando levantó el rostro, sin poder ocultar la gracia que le había hecho el mensaje, con lo primero que se encontró fue con la sonrisa picara del mayor, la cual fue el detonante perfecto para hacerla soltar una carcajada.

— ¿Por qué escribiste un mensaje de este estilo?— preguntó sin dejar de sonreír y alzando una ceja. Realmente no comprendía la lógica de ese tipo, pero le caía bien—. Por si no lo habías notado gracias a esa cosa que llevas en la cabeza, todavía estoy aquí.

Ante sus palabras burlonas, el mayor rio un poco.

— Te aseguro que si alguna vez llegas a pasar desapercibida no será porque mi casco me impida verte, sino por cierta característica tuya que te hace algo "invisible"— sonriendo maliciosamente alzó la mano y, para enfatizar su punto, pasó su palma extendida por encima de la cabeza de la chica y la llevó en línea recta hasta su cuerpo, mostrando así que ella apenas le llegaba un poquito más arriba del codo—. ¿Alguna vez te han preguntado si desciendes de los Moguri?

Su boca se abrió con sorpresa al escucharlo, sin emitir sonido alguno, y lo miró luciendo completamente impactada. Su rostro no tardó en ponerse rojo, pero en esa ocasión no era por vergüenza sino por rabia. ¿Realmente ese energúmeno acababa de compararla con una de esas criaturas que no paran de decir "kupó" al final de cada maldita frase? Ese había sido un golpe bajo, muy bajo. Obviamente Kunsel soltó una gustosa carcajada ante su expresión, pero de verdad que a ella eso no le había parecido gracioso.

Como el mayor seguía diciendo tonterías y aunque pedía disculpas no dejaba de reír, Sedit consideró seriamente estrangularlo. Sin embargo, Zack llegó justo a tiempo para evitar una desgracia.

— ¡Lamento la tardanza! Se nota que ayer fueron las pruebas de ingreso para el ejército, ¡hay demasiada gente!— se quejó, soltando un suspiro por toda la cola que había tenido que hacer, mientras caminaba a la mesa.

Ante la voz alegre a sus espaldas ambos se giraron, Zack se acercaba a ellos cargando dos bandejas metálicas, en una de ellas había solo un platillo mientras que en la otra había dos. Cuando se detuvo frente a ellos frunció un poco el ceño y se dirigió a su amigo.

— Kunsel, quítate— le ordenó de lo más casual, sorprendiendo a los otros dos—. Quiero sentarme ahí.

Con una mueca de lo más infantil, Zack frunció un poco los labios mientras que su amigo se dedicaba a sonreír y, alzando su mano, movió de un lado al otro su dedo índice indicándole que no.

— Pues mal por ti, coleguita, porque yo llegué primero.

—¡Pero fui yo quien la invitó a comer!— gruñó mientras golpeaba un poco el suelo con su pie—. Además, ella quería venir conmigo a ti ni siquiera te conocía. Así que apártate.

— ¡Que no quiero!— replicó y ahora sonaba un poco molesto también—. ¿Por qué insistes tanto?

Sedit, olvidándose del incidente anterior, se tapó la boca para que no se escuchara su risa. No podía creerse que estuviera presenciado una pelea tan estúpida como aquella, lo único que le faltaba a Zack para hacer aún más inmadura la discusión era sacarle la lengua a Kunsel y decirle que lo acusaría con Angeal. Sin embargo, tras una breve guerra de miradas, el pelinegro sonrió como si se le hubiera ocurrido algo brillante.

El cachorro levantó una pierna y la forzó a entrar entre los cuerpos de sus dos amigos, aún ante la mirada extrañada de ambos la movió hacia un lado con facilidad, empujando el cuerpo de Kunsel en el proceso. El muchacho trató de evitarlo, sujetándose del borde de la mesa, pero le fue imposible no deslizarse estando sentado en una superficie tan lisa y resbaladiza como aquella.

— Te dije que quería sentarme aquí— repitió, burlón—. Con permiso.

Y así, con una sonrisa satisfecha y una mueca de superioridad, Zack tomó asiento entre ambos, apretando a Sedit aún más contra el borde y haciendo que su amigo tuviera que apartarse un poco más para darle espacio y que no se cayera la pobre. Kunsel se quejó un poco, pero se notaba que estaba bromeado y Sedit no podía parar de sonreír divertida al recordar el tonito tan altivo que Zack había usado al hablar.

Colocó ambas bandejas en la mesa, le dio la individual a Kunsel y, para sorpresa de la chica, puso la otra entre ellos dos. Ante esto y su cercanía se puso nerviosa, habría podido jurar que Zack la compartiría con su amigo, no con ella. La menor lo miró de reojo y él le regaló otra de esas encantadoras sonrisas.

— Espero que te guste, antes de irme se me olvidó preguntarte que querías así que no sabía que traerte— con una leve mueca, se rascó la nuca mientras inclinaba un poco la cabeza, avergonzado.

— No te preocupes, esto está bien— tratando de obviar su cercanía, le sonrió lo mejor que pudo. Fue una sonrisa tímida, pero al menos era mejor que nada—. Más bien gracias por comprármelo, lamento la molestia.

Aun se sentía algo apenada por ello, odiaba abusar de la amabilidad de las personas, pero Zack simplemente le restó importancia al asunto.

— No te preocupes, ha sido un placer— tras una última sonrisa, llevó la mirada hasta su plato dispuesto a empezar su desayuno—. Bueno, vamos a comer que muero de hambre. ¡Buen provecho, chicos!

Zack ni siquiera había terminado de hablar cuando ya tenía la boca hasta reventar, Sedit sonrió mientras lo veía comer como un animal. Al parecer el pelinegro tenía un apetito voraz y por poco no metía la cabeza en el plato también. Mientras más lo veía más sentido le veía a su apodo, definitivamente parecía un perrito en ocasiones.

Kunsel miró a su amigo un momento y, tras negar con la cabeza y suspirar dramáticamente, comenzó con su comida.

— Buen provecho.

Sedit y él hablaron al unísono, ella divertida mientras que él lo hizo con tono cansado. La verdad es que Zack no le había traído nada del otro mundo, y eso le parecía bien, odiaba comer pesado en la mañana. Era uno de esos típicos emparedados comunes y corrientes rellenos con lo de siempre: jamón, lechuga, tomate, y todas esas cosas que a todo el mundo suelen gustarle. La bebida que le trajo era un jugo de naranja y eso le encantó, ella adoraba los cítricos y más si eran naturales.

La comida se le hizo agradable y no tardó mucho en sentirse cómoda, después de todo el ambiente era muy ameno. Por lo que había podido ver Kunsel tenía un humor un poco oscuro y sarcástico, pero le caía bien a pesar de la manera en que se expresaba. Por otro lado, no podía evitar amar la actitud tan activa y vivaz de Zack, se le hacía divertido y además debía admitir que era un chico bastante atractivo, era inevitable no pensarlo.

— Por cierto, Sedit— repentinamente el muchacho con casco se dirigió a ella, rompiendo el silencio. Aún con la boca llena llevó su mirada hasta él—, ¿no vas a contestarme? Ya tengo suficiente con que Zack nunca responda mis correos— se quejó, desdeñoso, mientras señalaba con un gesto de manos el celular de la chica sobre la mesa.

Sedit lo miró algo confundida, frunciendo el ceño.

— ¿Pero para qué quieres que te conteste? Con ese mensaje ya tengo registrada tu dirección, ¿no? Si quieres contarme algo puedes hacerlo ahora, estoy aquí mismo, ¿sabes?

— Vamos, no seas así. Eso le quita lo divertido— replicó, haciendo una mueca chistosa—. Si puedes hablar y escribir al mismo tiempo, ¿por qué no hacerlo? Esa es la gracia.

Al escuchar a su amigo, quien hablaba como si enviarle mensajes a alguien que tienes justo al frente fuera lo más normal del mundo, Zack se detuvo a medio bocado y rodó los ojos con fastidio. Obviamente solo estaba jugado, su sonrisa lo delataba.

— ¿Otra vez con eso? Nunca cambiarás.

El mencionado rio ante el comentario de su amigo.

— Lo mismo puedo decir de ti, Zack. Deja ya de ignorarme y respóndeme alguna vez en la vida, ¿quieres? No solo le escribas a las chavalas.

Discutieron un poco más entre ellos mientras Sedit los observaba con una sonrisa. Kunsel pasó un rato tratando de convencer a su amigo de que le escribiera también o que al menos le respondiera de vez en cuando, sin embargo, al ver que Zack era un caso perdido, comenzó a molestarla a ella.

Al final insistió tanto que Sedit no tuvo más opción que acceder a responderle el correo electrónico que él le había enviado antes, por supuesto, como era su primera vez escribiendo un uno estaba más que perdida, pero con ayuda del mayor logró redactarlo con la lentitud de un caracol. Para poder ayudarla con más comodidad Kunsel decidió cambiar de asiento así que, haciendo caso omiso a las quejas de Zack, los hizo deslizarse para hacer espacio y poder sentarse al otro lado de la chica, ocasionando así que ella quedara aplastada entre ambos y por lo mismo no se notara casi nada su existencia.

Con mucho esfuerzo consiguió escribir un simple "Muchas gracias, Kunsel :)" y el muchacho no paró de recriminarle durante un buen rato lo injusto que era que le hubiera respondido tan escuetamente. Afortunadamente pronto ambos hombres cambiaron de tema y comenzaron a hablar sobre sus misiones como miembros de SOLDADO, apenas los escuchó hablar de aquello Sedit no volvió a abrir la boca y se dedicó únicamente a escucharlos con atención. Le gustaron tanto las anécdotas interesantes y divertidas de esos dos que por momentos perdió la noción de tiempo.

Rato después, mientras tomaba un poco de jugo, decidió aprovechar para revisar cuánto tiempo le quedaba antes de que comenzara su entrenamiento. Abrió la tapa de su celular y lo primero que llamó su atención fue el pequeño sobrecito que aparecía en una esquina de la pantalla, al parecer había recibido un correo electrónico cuyo remitente no tenía registrado. Hizo una pequeña mueca, se le hacía algo raro el no haber escuchado el teléfono, pero supuso que simplemente se encontraba tan distraída escuchando a los otros dos en ese momento que no le prestó atención al sonido cuando fue emitido.

Lo abrió para revisarlo, algo curiosa, y pudo jurar que su corazón se detuvo cuando leyó el mensaje. O al menos la primera parte, porque su cerebro ni siquiera fue capaz de terminar de procesar el contenido.

«De: Jack Allard
Para: Sedit Freeman
Asunto: ¿En dónde demonios te has metido?

Sedit, ¿dónde estás? ¡El entrenamiento ya va a empezar! El Capitán a cargo llegó hace rato y se molestó mucho cuando pasó lista y vio que faltaba alguien. Cabeza de Zanahoria y yo te buscamos cuando terminamos de comer, pero no te vimos por ningún lado así que nos adelantamos pensando que ya estabas aquí. Yo que tú me daría prisa para no recibir una reprimenda el primer día.

PD: ¿Sabes? No me parece muy astuto de tu parte haber dejado tan expuestos los datos de tu correo, se supone que todo eso es "confidencial". Debes ser más cuidadosa con esas cosas, cualquiera podría encontrarlo y hacerte alguna maldad o quién sabe. Pero no te preocupes, he el dejado papelito quietecito y justo donde lo encontré y no pienso usar ni decirle a nadie tu contraseña o algo similar.

A partir de ahora será nuestro pequeño secretito ;) »

De inmediato y con el corazón a punto de salírsele por la boca, revisó la hora de emisión del mensaje y se sintió a morir cuando vio que se lo habían enviado hace más de veinte minutos atrás.

— ¡Mierda! ¡No puede ser!— chilló y, en un parpadeo, se puso de pie abruptamente. Respiraba con dificultad y su rostro había perdido por completo el color.

Zack y Kunsel obviamente se giraron a mirarla, sorprendidos ante su repentino grito, y notaron preocupados su expresión de terror. Lamentablemente no tuvieron oportunidad de preguntarle nada porque la chica agarró velozmente su casco y se fue corriendo a toda velocidad como si su vida dependiera de ello. Los mayores ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar correctamente.

— ¡Sedit, espera! ¡¿A dónde vas?!

Zack se levantó rápidamente cuando la vio marcharse de esa manera y la llamó preocupado, tratando de detenerla sin mucho éxito pues la chica no tardó ni dos segundos en desaparecer entre la multitud, completamente ajena a su llamado. Todo fue tan rápido que el pelinegro no tuvo oportunidad de ir tras ella y ya a esas alturas sabía que no podría alcanzarla, además de que era más que imposible ubicarla entre tanta gente.

Aun confundido se giró a mirar a su amigo, quien se limitó a hacer una mueca y encogerse de hombros, al parecer el tampoco comprendía la situación. Zack suspiró y volvió a sentarse, observando el plato a medio comer de la chica. ¿Qué demonios había pasado? De verdad que no tenía ni idea, al final solo pudo negar suavemente con la cabeza mientras seguía con lo suyo.

Mujeres, quién las entiende.

Sedit golpeaba el suelo impaciente con el pie mientras esperaba a que llegara alguno de los ascensores, los cuales parecían estar tardando años en llegar. Cuando finalmente consiguió entrar en uno el recorrido se le hizo eterno también, sobre todo porque el elevador por alguna razón estaba deteniéndose prácticamente en cada piso y lo hacía tan seguido que casi parecía al propósito.

Cuando no aguantó más la ansiedad y angustia pudo con ella, se bajó a empujones en un piso cualquiera y, pálida como un fantasma, subió casi volando los pisos que le faltaban por medio de las escaleras de emergencia. Algunas veces era muy afortunada, pero otras parecía que el destino la odiara, no podía creerse que ya lo hubiera arruinado todo apenas el primer día. A esas alturas seguramente ya estaba en serios problemas.

Corriendo como nunca lo había hecho en su vida llegó a la sala y, aun sin aliento, se colocó el casco rápidamente con manos temblorosas mientras las puertas abrían. Entró a la habitación tratando de ser lo más silenciosa e invisible posible para evitar molestar al Capitán mientras ese hablaba pero, para su completa desgracia, su superior parecía tener una capacidad auditiva sobrehumana porque se giró a mirarla de inmediato apenas la escuchó dar un paso en el lugar, justo como si acabara de pisar una bomba o algo similar. Sedit no pudo evitar encogerse en su sitio ante la mirada furibunda y agresiva que el hombre le lanzó.

Ay no, lo que faltaba. Además de llegar tarde ahora acababa de interrumpir al Capitán en medio de su discurso. Definitivamente ese no era su día, ni siquiera había empezado y ya sentía que se había ganado el odio de su instructor.

¿Acaso las cosas podían ser peor?


N/A: ¡Hola! Aquí les traigo la mitad del capítulo, decidí dividirlo porque completo eran casi 10.000 palabras y me pareció demasiado, prefiero publicar esta parte y hoy y la otra que es un poquito más larga mañana o pasado, pues aún me falta corregirla y agregar algunas cosas también. Como estaba inspirada lo he escrito lo más rápido que me fue posible porque si soy sincera no me sentía muy satisfecha con el capítulo anterior y también quiero aprovechar de escribir ahora porque dentro de poco volveré a estar ocupada y ya no podré publicar tan seguido como lo he estado haciendo últimamente. En fin, espero que el capítulo haya sido de su agrado nos vemos pronto con la siguiente parte.

¡Mil gracias por leer! ¡Saludos!

PD: Probablemente le cambié un poco la personalidad a Kunsel, pero es que él no aparece tanto como para tener una idea clara de su personalidad (pero obviamente lo tenía que poner pues es uno de los mejores amigos de Zack), así que al final hice que se expresara de una forma similar a como lo hace en los correos, pues es la mejor referencia que tengo.