Diez días.

Día 1.

Kagome despertó a la mañana siguiente como si nada hubiese sucedido.

Todos estaban a su alrededor esperando a que abriera los ojos. Inuyasha estaba molesto. Ese era su trabajo, sentarse al lado de Kagome y no mirar en otra dirección hasta que ella despertara y le dijera que se encontraba bien.

Pero hoy no.

Hoy tenía que permanecer a una distancia "prudencial". O eso era lo que le había dicho el monje. Keh.

Estaba de pie, recostado contra un árbol, sus brazos cruzados, la postura relajada, todo en él indicaba que estaba en control. Pero Inuyasha no estaba para nada en control. Sus orejas estaban atentas, contando los latidos del corazón de Kagome, sus ojos estaban vigilantes, esperando cualquier movimiento de la chica, su cerebro no dejaba de pensar, ¿realmente esa maldición haría que le temiera? ¿Era eso posible? ¿Qué hay de toda la confianza que había entre ellos? ¿Un embrujo podría con ellos?

Un punto de esperanza brilló en él.

Quizá la maldición no podría con Kagome, ella era una miko, después de todo, era fuerte.

Y ella confiaba en él. Con su vida, ella lo había dicho, ella lo había demostrado. Ellos eran un equipo, ella debía saber que él jamás... El hilo de pensamiento se perdió cuando Kagome comenzó a despertar.

-¡Kagome! - Fue el grito del Kit.

-Kagome, ¿cómo te sientes?

-Señorita Kagome, que alegría ver que esta despierta.

La azabache se sentó, corriendo a un lado el sobre de dormir en donde él la había dejado anoche. Ella miró hacia los lados, con expresión confusa.

-¿Porqué estan todos tan...? - Algo pareció hacer click en ella. - Inuyasha...

¿Lo estaba llamando? ¿A él? ¿Tenía miedo? No se movió, contuvo el aliento y dejó que ella lo buscara con la mirada hasta que dio con él.

El hanyou tragó duro. Flexionó ligeramente las rodillas para salir corriendo lejos de allí si ella se lo pedía, o si ella comenzaba a gritar, o a llorar... Realmente esperaba que no llorara. Se quedó quito y espero el rechazo. Pero éste no llegó.

Kagome le sonrió. ¡Ella sonrió!

-Ven aquí, Inuyasha. -dijo estirando una mano hacia él.

Instintivamente él descruzó sus brazos y dio un paso en su dirección. Entonces se detuvo. Algo andaba mal aquí, ¿ella no estaba asustada? ¿Ni un poco? Miró a Miroku y este se encogió de hombros en respuesta.

-Inuyasha. - Ella lo llamó de nuevo.

Él camino la distancia que los separaba, Sango se puso de pie y le permitió arrodillarse al lado de Kagome.

-¿Kagome?

Ella tentativamente estiró una de sus manos hacia él. Inuyasha permaneció quito, incluso cuando percibió su intención de tocar una de sus orejas. Ella soltó una pequeña risa feliz.

-Se siente igual que siempre. - Declaró.

-Keh. -Dijo poniéndose de pie. - ¡No son un jueguete, niña!

Él se dio la vuelta y comenzó a caminar lejos del grupo, con sus brazos dentro de las mangas de su haori. Solo cuando estuvo a la suficiente distancia, y escuchó como todos empezaban a juntar sus cosas para ponerse en marcha, él pudo soltar un suspiro de alivio. ¿Ella no le temía? ¡Ella no lo hacía! Esa estúpida maldición lo había tenido tenso toda la noche, ¿y para qué? No eran más que mentiras. Claro que Kagome no iba a temerle, ¿cómo ella podría?

El grupo se puso en marcha, con total normalidad, retomando su busqueda por los fragmentos.

-Veo, veo. -Escuchó la voz de Shippo luego de un rato de caminar.

-¿Qué ves? -Cantó Kagome.

-Una cosa.

-¿Qué es?

-Es de color... ¡verde!

-Mmm... ¿mi uniforme?

-No.

-Mmm... ¿los arboles?

-No. ¡Tienes solo una oportunidad más! -Advirtió el Kit.

-Mmm... ¿la falda de Sango?

-No.- Las risas del Kit resonaron por el camino.

-¿Qué era Shippo?

-¡Eran mis ojos, Kagome!

Inuyasha miró sobre su hombro, Kagome estaba caminando mirando hacia Shippo que la seguía a su lado, eso era un cambio, comunente el Kit viajaba en su hombro.

-¡Oi! Tú no puedes ver tus propios ojos, mocoso. - Habló Inuyasha.

Él solía meterse en medio, fastidiar a Shippo era ya un ritual del día a día. No estaba seguro de porqué lo hacia, considerando que siempre terminaba tragando tierra... a veces Shippo simplemente se lo merecía, pero a veces fastidiarlo era simplemente divertido, como ahora.

Todos tenían sus roles que seguir. Shippo le diría algo ingenioso, él se molestaría y lo golpearía a cambio, pero oye, ¡el crio debia entender quien era más fuerte! Entonces el mocoso lloraría y se chibaría con Kagome y ella lo sentaría. Quizá Miroku aprovechara la confusión para sobre pasarse con Sango y recibiría un golpe también.

Nada de eso pasó esta vez, porque antes de que Shippo pudiese abrir la boca para contestar, Kagome gritó.

No fue un grito enojado, ni uno para reprenderlo. Fue un grito de miedo, no uno horrorizado tampoco, pero lo suficiente como para que se disparara la alerta entre todos los integrantes.

-Lo siento. -Dijo inmediatamente después. - Solo... me sorprendieste. - Forzó una risa. - Estaba demasiado concentrada en el juego. Pero Inuyasha tiene razón, Shippo, tu realmente no puedes ver tus ojos.

-De acuerdo. -Dijo el Kit.

Todos siguieron caminando e Inuyasha mantuvo su vista al frente. Nadie habló por un rato, pero eventualmente Shippo inventó otro juego, Miroku y Sango también participaron esta vez, pero todo se sentía forzado para Inuyasha, todo estaba mal, después de que Kagome gritó cuando escuchó su voz.

¿Relamente había creido que ellos escaparían de la maldición? ¡Él era un hanyou! Por supuesto que Kagome tenía algo que temer con él. Enterró las garras en sus palmas y no dijo una palabra hasta que la noche había caido, ni siquiera cuando se detuvieron a almorzar. La miko hizo un pote de ramen para él como de costumbre, su mano no temblaba cuando se lo entregó y tenía una sonrisa tranquila como si fuera cualquier otro día. Así y todo, Inuyasha tuvo cuidado de no rozar su mano cuando lo tomó.

Ahora que era de noche, estaban armando el campamento.

-Inuyasha, ¿podrías conseguir algo más de madera? Creo que recogí muy poca... -Le pidió Kagome.

-Keh, ¿porqué no le pides al monje?- Inuyasha miró al susodicho pero este fingió demencia.

-Porque él no puede ver en la oscuridad.

-Keh.

-Siéntate.

Plaf.

-Iré yo, ¡idiota!

Maldita sea... Inuyasha miró al resto. Shippo, estaba coloreando. Sango y Miroku fingían no estar al pendiente de si él seguiría a la chica o no. Bufó. ¿Porque no podían dejarlo tranquilo? Se sentó en el suelo cuando la maldición lo soltó y miró el lugar por donde se había ido. Al bosque. Sola. ¿Ella siquiera había tomado su arco? Su vista fue hasta su mochila y allí estaba, reposando tranquilamente a su lado junto con sus flechas. Frunció el ceño. Niña tonta. ¿Que creía? ¿Que las flechas se dispararían solas si ella estaba en problemas?

Se puso de pie y saltó al árbol en donde había estado descansando. Luego saltó un poco más, luego otro salto y estaba en la copa. Muy lejos de la visión humana, si sabía esconderse bien de la vista. Y él lo hacía. Una vez que se sintió seguro de que sus amigos no lo veían, saltó a otro árbol y luego al suelo. Fue tras Kagome, por supuesto.

La encontró colgada a un pino, intentando romper una de las ramas bajas.

-Oye, moza, deberías buscar madera seca en el piso. - Aclaró eso último como si ella fuese muy tonta para saber donde buscar.

Escuchó como ella tomó aire de golpe y soltó la rama, trastabillando hacia atrás y terminando sentada sobre su trasero. Inuyasha se dio un golpe mental, no podía simplemente aparecer así en mitad de la oscuridad del bosque, ella le temía ahora...

-No puedo ver en la oscuridad, genio, por eso quería esta rama. - Ella se levantó e hizo su mejor esfuerzo en fingir que nada había sucedido.

-Vuelve al campamento, conseguiré la leña.

-No, esta bien, puedo hacerlo. -Entonce comenzó a jalar de nuevo de la rama.

Inuyasha flexionó sus garras, él podía simplemente cortarla, pero ¿eso la asustaría?

Kagome jaló por un rato, con fuerza, la rama comenzó a doblarse, pero era demasiado fresca como para quebrarse. Ella la soltó, apolló un brazo contra el tronco del árbol y puso su antebrazo en su frente, su camisa escolar se levantó un poco, mostrando su piel antes de llegar a la corta pollera que dejaba expuestas sus piernas.

-¿Qué haces? - La voz de la chica hizo que saliera de sus pensamientos, agradeció que estuviese demasiado oscuro para que ella pudiese ver su sonrojo.

-Keh, eres una boba, solo quita de en medio. - Ella dio un paso atrás e Inuyasha se acercó, cortó la rama limpiamente y se la entregó.

-Gracias.

-Vuelve al campamento, conseguiré el resto.

Kagome dudó por un segundo, luego asintió antes de dejarlo.

Inuyasha la vio alejarse, caminando un poco a ciegas entre las ramas caidas y las raices de los arboles levantadas. Cuando ya no pudo verla, agudizó el oido, y solo dejó de prestar atención cuando la escuchó hablar con Sango.

Él miró sus garras, ¿eran tan temibles?

Bufó de su propio pensamiento, por supuesto que lo eran. Sus garras mataban. Kagome lo había visto hacerlo una infinidad de veces. Solo esperaba que no lo recordara...

Golpeó su puño contra un árbol.

Todavía quedaban 9 días más.