Capítulo 15: ¡Qué comience la tortura! Parte II


Sedit velozmente se cuadró ante él, tratando de verse lo más firme que podía mientras la mirada del Capitán parecía querer degollarla o algo similar. Iba a disculparse por su falta, pero antes de que pudiera pronunciar palabra el mayor habló primero, haciéndola cerrar la boca en el acto.

— Llega más de treinta minutos tarde, soldado— anunció con voz grotesca mientras le lanzaba una mirada distraída a la pantalla de su celular.

La muchacha no pudo evitar tragar con fuerza ante el tono que su superior había usado, entendía que había llegado media hora tarde y que estuviera molesto, pero aun así le disgustaba bastante su entonación tan despectiva y esa mirada de superioridad que llevaba en el rostro. No sabía porque, pero el Capitán no traía su casco puesto, seguramente se lo había quitado antes para intimidarlos a todos con esa cara de limón agrio que tenía.

Era un hombre robusto, no tan mayor, pero con la frente arrugada por su constante ceño fruncido. Le calculaba unos treinta y tantos o quizás unos cuarenta años más o menos, tenía el cabello negro muy corto y ojos de un café bastante oscuro. Además, cabe destacar que el sujeto en sí poseía una apariencia muy… malvada y estricta.

— Lo… Lo siento mucho, señor. Le aseguro que no se volverá a repetir.

Ante su recriminación lo único que pudo hacer fue disculparse, tratando de sonar lo más convincente y serena que podía, pero sabía perfectamente que su rostro la delataba, estaba segura de que se le notaba a kilómetros el pánico en la cara aún con el casco puesto. Sintiéndose intimidada, no pudo evitar bajar un poco la mirada, no quería seguir viéndolo a los ojos mientras actuaba de forma tan penosa.

El casco le dificultaba un poco ver, pero aun así le lanzó una mirada rápida a los demás presentes en la sala. Muy vagamente ubicó a sus dos compañeros de habitación, quienes la miraban con algo de preocupación. Sin embargo, tuvo que volver a centrar su atención en el Capitán casi de inmediato pues este se dirigió a ella nuevamente.

— Más le vale, soldado— tragó con fuerza al oírlo, eso claramente había sonado como una amenaza y por lo mismo sus nervios no hicieron más que incrementarse, no quería entrar en pánico, pero el rostro del sujeto no la ayudaba a calmarse—. Pecho pegado al piso y cuerpo apoyado sobre las puntas del pie— ordenó de repente, con un tono súper autoritario que hizo que la chica se quedara un momento paralizada, sin saber qué hacer y víctima de un lapsus mental—. ¡Ahora!— ante su gruñido violento, Sedit logró reaccionar y prácticamente se lanzó al suelo tal y como él le había indicado. Se colocó boca abajo, apoyando la parte inferior de su cuerpo sobre las puntas de sus pies y manteniendo ambos brazos a cada lado de su cara, con las palmas extendidas. Por la brusquedad con la que se había tirado al suelo, el casco se le había descolocado, pero no tuvo oportunidad de arreglarlo—. Bien. Va a hacer unas cuantas flexiones como sanción por su retraso— le informó con una sonrisa un poquito despiadada—. Empezamos desde arriba.

— S-Sí, señor.

Tras respirar profundamente, hizo lo que su superior le ordenó. Extendiendo ambos brazos elevó su torso rápidamente y espero en esa posición a que el Capitán le indicara cuando comenzar, mientras mantenía la cabeza algo gacha. Necesitaba relajarse si quería hacerlo bien y mirarlo no hacía más que ponerla nerviosa. Con cada segundo que pasaba el casco se le deslizaba cada vez más, faltaba poco para que se le terminara de salir por completo y eso la estaba desesperando un poco, sin embargo, no se lo quitó ni nada, no quería más problemas

— Hará treinta, una por cada minuto de retraso, y tenga en cuenta que estoy siendo bastante suave con usted por ser este su primer día, pero si no las hace correctamente tendrá que volver a empezar desde el comienzo, ¿quedó claro?— para su completa sorpresa el mayor se agachó, quedando de cuclillas frente a ella y, de la nada, le quitó el casco de un jalón. Al parecer él también había notado que se le estaba cayendo.

Sorprendida por su acción, alzó la cabeza y sus miradas se encontraron. Fue una sensación de lo más desagradable, pero aun así se esforzó por no apartar la mirada. Lo último que quería era mostrar aún más debilidad.

— Sí, Capitán, perfectamente.

Hasta ella misma se sorprendió de la firmeza con la que consiguió responder, sobre todo porque había logrado mantener a la perfección un tono lo suficientemente respetuoso como para evitar inconvenientes. El mayor la observó unos momentos más y, tras sonreír con suficiencia, se puso de pie aun con su casco de ella en las manos.

— Muy bien, comencemos entonces: Uno— Sedit bajó y subió con bastante facilidad, aunque prefería correr o hacer otro tipo de ejercicios, muchas veces hacia flexiones en casa—, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete— la menor trataba de seguir el ritmo que él le marcaba, pero en ocasiones el mayor contaba demasiado rápido y no le daba tiempo para hacer el ejercicio del todo bien. Ella no podía verlo a la cara en esa posición, pero sentía que lo hacía al propósito—, ocho, nueve, diez— como cada vez hablaba más y más rápido se le estaba dificultando seriamente seguir realizando el ejercicio, sobre todo porque ya comenzaban a dolerle y temblarle los brazos, tanto que en la última flexión no consiguió bajar el torso del todo, ya casi no podía flexionarlos bien. Para su completa desgracia, el Capitán notó su fallo de inmediato—. No lo está haciendo como es debido, soldado. Baje completamente hasta estar a punto de tocar el suelo— le ordenó con clara molestia y Sedit se mordió el labio aterrada. Sin embargo, jamás se hubiera esperado su siguiente acción: el mayor levantó su pie y, sin pudor alguno, lo colocó sobre la espalda de la chica ejerciendo una leve presión—. Hágalo una vez más: Diez.

Sedit no tuvo más opción que tragarse sus quejas y obedecerle, aun sin poder creerse lo que ese hombre estaba haciendo. Flexionó los brazos hasta que su pecho rozó el piso y sintió sus brazos temblar con aun más violencia cuando, al intentar volver a subir, su superior apoyó gran parte de su peso sobre su espalda, empujándola hacia abajo. A la menor le dolió todo y no pudo evitar dejar escapar un leve quejido.

— C-Capitán— jadeó adolorida, casi a modo de súplica, ante aquella presión tan cruel en su cuerpo.

— ¿Qué ocurre, soldado?— cuando habló ejerció un poco más de fuerza, su voz sonaba burlona y cruel—. ¿Tiene algún inconveniente con mis métodos de enseñanza?

— N-No, señor— habló como pudo, entrecortadamente y sin aire. Obviamente no estaba de acuerdo, pero ni loca iba a decírselo. Gracias a los dioses el mayor aflojó su empuje.

Sedit quería gritarle que fuera a pisotear a su madre a ver si le parecía bien, pero claramente no lo hizo, no podía. Sabía que decirle algo a ese animal del monte solo empeoraría las cosas, así que tuvo que tragarse su dignidad y aguantar.

— Eso espero— ¿era necesario hablar siempre con ese tono tan amenazante?—. Será mejor que se acostumbre a mi exigencia si quiere permanecer en Shin-Ra, señorita— haciendo un sarcástico énfasis en la última palabra, incremento una vez más la presión en su espalda, pero esta vez movió un poco el pie hacia los lados, con la fuerza y rudeza suficiente como para lastimar su delicada piel cubierta por la ropa. ¿Acaso su actual sufrimiento no le parecía suficiente a esa bestia? Haciendo una mueca cerró los ojos fuertemente, tratando de soportar la sensación—. Y le agradecería que guardara silencio, no soporto los lloriqueos, ¿entendido?

— S-Sí— susurró suavemente, sin aliento mientras asentía con la cabeza varias veces, apretando los dientes.

Sin embargo, el Capitán no pareció estar muy satisfecho con su respuesta porque ahora, en lugar de empujar, literalmente estaba a pisando su cuerpo. Sedit no supo cómo fue capaz de retener el grito que amenazaba con escapar de sus labios cuando el hombre levantó el otro pie del suelo, dejado ahora todo su peso apoyado sobre su espalda. Fue sólo durante unas milésimas de segundo, pero aun así Sedit no supo cómo sus bracitos fueron capaces de soportar tal peso, había sido demasiado.

— No escuché su respuesta, soldado— eso no se lo creía ni el mismo, estaba más que claro que la había escuchado—. ¿Fui lo suficientemente claro con usted?

— ¡Sí, señor!— en su voz, más parecida a un chillido que otra cosa, se percibía claramente el dolor y es que era más que imposible ocultarlo.

Sedit ya no sabía cuánto más soportaría y dudaba ser capaz de llegar hasta el final. Si bien el energúmeno ya se hallaba apoyado nuevamente sobre la tierra, volvía a restregar su bota cruelmente sobre su piel, como si ella fuera una especie de alfombra o algo. Pero tenía que aguantar, tan sólo deseaba que eso acabara lo más pronto posible.

Jack y Kevin contuvieron la respiración al escuchar su agudo grito, ambos sorprendidos por la brutalidad de ese ser sin sentimientos. El pelirrojo no pudo soportar seguir viendo aquella escena por lo que apartó la mirada levemente, sintiendo una impotencia insoportable mientras que el rubio a su lado observaba todo con los dientes apretados y con las manos contraídas en puños por la rabia.

— Bien, así me gusta— si ese hombre seguía sonriendo de esa manera Jack no sabía durante cuánto tiempo más podría resistir las inmensas ganas que tenía de partirle la cara, que ser tan despreciable—. Continuemos entonces— Sedit pudo finalmente respirar en paz cuando sintió que aflojaba la presión que ejercía sobre ella, lamentablemente no quitó el pie, pero el que ya no empujara era un alivio—: once, doce trece, catorce, quince…

El mayor siguió contando mientras ella hacía un esfuerzo sobrehumano para continuar elevando y bajando su cuerpo con sus brazos de gelatina. Por el esfuerzo su rostro se hallaba completamente rojo y el sudor le bajaba a chorros por el mismo, incluso se podía escuchar como sus huesos sonaban y crujían en algunas ocasiones. Aquello era demasiado, no se sentía capaz de seguir y la espalda la estaba matando, lo peor es que no podía aligerar el ritmo ni nada porque sabía que el mayor la "sancionaría" de nuevo si lo hacía y obviamente no quería eso.

Con el rostro cada vez más demacrado siguió con el ejercicio hasta que, cuando iba por la flexión número veinte, una voz firme se hizo escuchar en la sala interrumpiendo la cuenta del capitán.

— ¡Señor!

Jack fue quien se atrevió a romper el silencio sepulcral que se había formado en el lugar cuando decidió que no soportaría presenciar aquella "tortura" ni un segundo más, incluso no pudo evitar quitarse el casco de sopetón para poder expresarse bien haciendo uso de todo su rostro. Aunque hervía de la rabia por dentro, procuró dirigirse al mayor de la manera más respetuosa posible, acercándose tan solo un poco a ellos y saliendo de su formación. Obviamente el cruel instructor se enfureció por la interrupción tan osada del rubio y su molestia se hizo notar con claridad en la manera en que se dirigió a él.

— ¿Qué?

Aun a pesar del tono tan brusco y abrupto que el mayor había usado al hablar, Jack no vaciló ni se movió ni un centímetro del lugar donde se encontraba. Ni siquiera cambio su expresión cuando sintió que todos los presentes centraban su atención en él, claramente sorprendidos.

— Por favor, le ruego que disculpe mi insolencia, Capitán, pero realmente creo que es suficiente. Estoy más que seguro de que la señorita ya ha aprendido su lección, por lo que me gustaría pedirle que se detuviera.

El rubio habló con tranquilidad y firmeza, sin miedo ni pelos en la lengua, simplemente lo soltó todo así, como si nada, sin anestesia. Lo peor es que mientras se dirigía al hombre incluso llevaba una suave sonrisa en el rostro. Tanta fue la sorpresa del superior ante sus palabras llenas de seguridad que, sin pensarlo, apartó su pie del cuerpo de la chica y se acercó un poco al muchacho, completamente incrédulo.

Obviamente su expresión de asombro no tardó en convertirse en una de suprema molestia.

— ¿Se atreve a darme órdenes, soldado?— cuestionó por lo bajo, con tono desafiante—. Pues permítame informarle que no me interesa ni en lo más mínimo su opinión, lo que haga y como lo haga es decisión mía, yo soy quien tiene la última palabra aquí.

Ante su fanfarrona declaración Jack respiró profundamente, tratando de clamarse para evitar decirle alguna palabrota o hasta el mal del que se iba a morir, y lo miró apretando los dientes. Sedit, mientras tanto, aprovechó que el mayor se encontraba distraído para flexionar los brazos y así apoyarse completamente en el suelo. Agradecía infinitamente ese pequeño descanso que le estaba brindando a su cuerpo, pero no podía dejar de preocuparse por la escena ante sus ojos. ¿Qué demonios estaba haciendo ese idiota? ¿Tantas ganas tenía de meterse en problemas?

— Pero, señor, realmente me parece que…— el rubio trató de quejarse y seguir insistiendo, pero fue interrumpido rápidamente por la elevada voz del Capitán.

— ¡Silencio, soldado! No quiero escucharlo más— ante su grito todos en la Sala se quedaron de piedra, justo como si los hubiese regañado directamente a ellos—. ¿Acaso desea ser sancionado también y realizar el mismo ejercicio conmigo sentado en su espalda?

La habitación se sumió en un tenso silencio ante su advertencia, sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de Jack abriera la boca de nuevo, con total convicción y tranquilidad.

— Estoy dispuesto a hacerlo si con ello consigo eximir su castigo, mi Capitán.

Sedit palideció al escucharlo y le regaló una mirada suplicante a su amigo, como pidiéndole que se detuviera, pero él no pareció prestarle mucha atención. Jack simplemente le devolvió la mirada y se limitó a regalarle su típica sonrisa burlona. Incluso en una situación como esa él no tenía intención alguna de dejar jugar y eso ella lo notó de inmediato cuando escuchó el tono ligeramente satírico que él había utilizado al pronunciar el "mi Capitán".

Realmente apreciaba que estuviera intentando ayudarla, pero aquello era demasiado, lo último que quería era que Jack se metiera en problemas por su culpa. ¿Por qué lo hacía siquiera? No es como si ellos fueran muy unidos o algo similar, no tenía que hacerlo y mucho menos por ella. No tenía por qué salir perjudicado en primer lugar.

El mayor lo observó unos momentos en silencio, como si lo estuviera examinando, y con la mandíbula apretada, hasta que repentinamente sonrió sin mostrar los dientes mientras entrecerraba los ojos, cosa que a Sedit le dio mala espina.

— Está bien, de acuerdo— accedió suavemente, con una voz de lo más maliciosa—, pero me niego a redimirla tan fácilmente. La muchacha continuará con las repeticiones que le faltan, pero será usted quien soporte mi peso. Si gusta puede considerarlo como una sanción por faltarme el respeto— explicó sonriendo cínicamente, como si estuviera negociando y era obvio que esa era la única oferta que pensaba hacer—. ¿Le parece bien, soldado?

El rubio forzó una sonrisa para no dejar entrever su desprecio ante aquel hombre que sonreía como si eso fuera algo de lo más divertido, pero no pensaba acobardarse ante las amenazas de aquel tipejo. Le demostraría que no le temía.

— Por supuesto, mi señor. Así está más que perfecto— Sedit se sorprendía del carácter firme e inquebrantable de Jack, no entendía como era capaz de mantener esa actitud tan relajada aun en una situación como esa.

— Muy bien entonces— llevando ambos brazos a la parte baja de su espalda, se alejó un poco de él para darle espacio—. Al suelo, soldado— ordenó y el rubio obedeció rápidamente.

Jack se tumbó al piso justo al lado de la menor, que ya había retomado la posición adecuada para evitar ser regañada nuevamente, y la observó con una péquela sonrisa. El mayor iba a comenzar a con su enumeración una vez más, pero fue interrumpido por el sonido de su celular, aparentemente tenía una llamada entrante y se alejó un poco para responder. Sedit aprovechó la oportunidad para hablar con su compañero de habitación.

— Jack, ¿acaso te volviste loco? Por favor no lo hagas— le susurró bajito y sumamente angustiada. Su cara estaba arrugada como una pasa y, por más raro que suene, a el rubio le enterneció un poco su preocupación—. Discúlpate de inmediato, quizás logres convencerlo. Yo puedo cumplir el castigo perfectamente, así que no tienes por qué involucrarte ni pasar por esto.

— No te preocupes, todo estará bien— habló despreocupadamente, Sedit no entendía como parecía estar tan ajeno a la gravedad de la situación— Sólo relájate y terminemos esto juntos, ¿sí?— le sonrió abiertamente, buscando tranquilizarla, y le giñó un ojo para darle a entender que no había nada que temer. Sin embargo, sus intentos por clamarla solo parecían alterarla cada vez más.

— ¡No!— negó por lo bajo, entre dientes y frunciendo los labios—. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué insistes tanto en ayudarme?— preguntó con frustración, genuinamente confundida. Entendía que quizás daba un poco de lastima y todo eso, pero aun así no comprendía porque Jack llegaba hasta ese punto solo por ella.

— ¿Acaso se necesita una razón para ayudar a alguien? Simplemente quiero hacerlo, Sedit— respondió con suavidad—. ¿Es tan difícil de entender?

Por primera vez la sonrisa de Jack le pareció sincera y seria. Se quedó sin voz, sin saber que decir, y lo observó con ojos llenos de arrepentimiento. Ahora que lo pensaba, tenía razón, no es como si ella tuviera una razón para querer ser SOLDADO y ayudar a las personas, sencillamente deseaba hacerlo. Lamentablemente la pequeña burbuja se rompió y ambos tuvieron que apartar la mirada cuando escucharon que el mayor cerraba su teléfono y volvía a acercarse a ellos.

— Bueno, vamos a comenzar— tras su corto anuncio, se sentó con toda normalidad en la espalda de Jack, incluso cruzando casualmente sus piernas. Sedit observó de reojo como su compañero apretaba los dientes y sus firmes brazos se sacudían un poco ante la presión. A pesar de lo adolorida que estaba, hubiera preferido mil veces terminar con su penitencia ella sola antes que eso, odiaba que el rubio se estuviera viendo perjudicado—. Faltan diez, contaré desde cero. Y no quiero nada de flexiones mediocres— advirtió duramente antes de comenzar con su cuenta.

Afortunadamente esta vez pareció tener un poco de piedad y contó más despacio, cosa que la ayudó infinitamente. Si bien ya no tenía que soportar esa horrible presión sobre su cuerpo, cada centímetro de su columna le dolía y sus débiles brazos ya no daban para más. De vez en cuando le lanzaba una mirada culpable a su amigo, quien se encontraba algo rojo por el esfuerzo e incluso se le marcaban las venas en las sienes, sin embargo, lo estaba logrando de alguna manera. Sedit fue consciente una vez más de lo débil que era mientras lo veía hacer el ejercicio, definitivamente Jack se había ganado su admiración y agradecimiento.

Finalmente lograron terminar con aquella tortura y, aunque ninguno de los dos supo bien como lo hicieron, apenas el instructor se levantó del cuerpo del rubio y se alejó un poco ambos se tumbaron en el piso, exhaustos. Tras respirar un poco, la muchacha se acercó a su compañero, notablemente preocupada.

— Jack, ¿estás bien?— habló bajito y con notable preocupación, podía sentir como el Capitán los observaba desde su lugar, pero poco le importaba en ese momento. El rubio alzó lentamente la cabeza en su dirección, sonriendo con algo de burla.

— ¿No soy yo quién debería preguntarte eso?

Al escucharlo Sedit sorprendió un poco y frunció el ceño ante su expresión tan… complacida. ¿Acaso se había caído de la cuna cuando era niño? ¿Por qué parecía estar de buen humor? Seguramente a alguno de sus padres se le cayó la criatura de cabeza en más de una ocasión.

Suspiró levemente, negando con la cabeza, pero no le dijo nada. Centró su atención en el mayor cuando notó como ahora les daba la espalda y se dirigía al resto de los cadetes.

— Espero que esto sirva de ejemplo para todos, no quiero que esta situación se vuelva a repetir— cuando lo escucharon hablar todos se pusieron firmes de ipso facto, claramente aterrados—. Detesto las impuntualidades y cualquier falta de respeto hacia mi persona será duramente castigada, ¿quedó claro?

— ¡Sí, señor!— los presentes contestaron al unísono, tensos e intimidados.

— Eso espero— le lanzó una última mirada de reojo al grupo antes de voltearse a ver a los otros dos que aún seguían en el suelo—. Ustedes dos— ambos pegaron un respingo cuando lo escucharon dirigirse a ellos con tanta fuerza—, levántense inmediatamente— los jóvenes ni siquiera supieron cómo, pero se pusieron de pie a la velocidad de un rayo, justo como si el piso les quemara la piel—. Regrese a la formación, caballero— le indicó al rubio, quien asintió, algo amargado, y rápidamente hizo lo que le indicó.

— Sí, señor.

Cuando volvió a su lugar Kevin le devolvió su casco, con rostro afligido, Jack lo recibió distraídamente mientras observaba atento como el mayor se acercaba a la muchacha y le devolvía el suyo también, lanzándoselo. Sedit logró atraparlo por los pelos y agradeció por ello a todos los dioses, era muy torpe y la verdad es que eso de interceptar objetos nunca se le había dado muy bien que digamos.

— G-Gracias, Capitán— se obligó a decir y, con manos temblorosas, se lo puso nuevamente ante la mirada dura de su superior.

— ¿Cuál es su nombre, soldado?

Sedit frunció un poco el ceño al escucharlo, de verdad que no lo comprendía, ¿cuál era la necesidad de usar un tono tan grueso y autoritario si la tenía justo al frente? Al parecer no era capaz de decir nada sin sonar amargado o dar órdenes, pero tenía que aguantárselo y no dejar entrever lo que sentía, lo último que quería era que empeorara la situación.

— Sedit Freeman a su servicio, señor— con voz suave inclinó un poco la cabeza hacia adelante y no pudo evitar sentirse gratamente sorprendida de sus propias habilidades de actuación. Su presentación había sonado de lo más amable y respetuosa aun a pesar de que ese tipo ya se había ganado su odio eterno.

— Cadete Freeman, quiero que a partir de mañana se presente aquí con una hora de antelación— ante su orden tan irracional, la joven abrió desmesuradamente los ojos, sorprendida, y agradeció al cielo que el casco no le permitiera ver a su superior lo impactada que estaba. Definitivamente aquel hombre estaba loco—. Y le sugiero que venga preparada, porque tendremos un entrenamiento intensivo hasta que lleguen los demás reclutas.

Aun sin terminar de digerir lo que el mayor acababa de decirle, Sedit no tuvo más opción que asentir con la cabeza como una estúpida. ¿Era en serio? Al parecer el sentimiento de desagrado era mutuo y podía notarlo por la sonrisa tan sardónica y enigmática que había aparecido en el rostro de su superior ante su última "recomendación". Frustrada bajó un poco el rostro mientras se mordía el labio.

— A sus órdenes, Capitán…

Por Odín, seguramente mañana le esperaba el infierno en vida.

— Bien. Ya puede posicionarse con el resto de sus compañeros— Sedit obedeció, algo decaída, y se colocó en el lugar que él le indicaba con la mano—. Como ya les había mencionado previamente, justo antes de ser interrumpido por su compañera, soy el Capitán Heller Adler, supervisor del 5.o Pelotón del Departamento de Seguridad— Sedit frunció los labios mientras lo escuchaba, qué directo—. Fui asignado como su instructor en lo que respecta al mejoramiento de la condición física y la impartición técnicas básicas de combate cuerpo a cuerpo. Todo lo referente a la perfección de las técnicas de combate con uso de ambas de fuego, así como el manejo adecuado la Materia será impartido posteriormente por mi colega, el Teniente Balder Lerner.

Tras aquella pequeña introducción, continuó con su discurso mientras aclaraba un par de detalles superficiales. El lugar donde se encontraban en ese momento era una especie de "gimnasio" bastante extenso, pero sin ningún tipo de máquina para hacer ejercicio. En el centro, donde se realizaban los combates, había una enorme y delgada colchoneta destinada a suavizar la caída.

En realidad, no había muchos materiales para trabajar, pero si espacio para realizar distintos ejercicios y actividades, supuso que el lugar servía principalmente para realizar el calentamiento y la actividad física. La "segunda fase" del entrenamiento sería impartida por otro superior y llevada a cabo en la Sala de Entrenamiento ubicada en ese mismo piso, al parecer practicarían dentro de Simulaciones. Sedit no sabía si las del Departamento de Seguridad estarían a la altura de las Simulaciones que había presenciado en las Dependencias de SOLDADO, pero sinceramente no le importaba mucha la calidad de la misma, estaba dispuesta a todo con tal de librarse de aquel zoquete con rostro agrio.

Cuando finalmente terminó de hablar se alejó de los reclutas y se colocó en una esquina, cruzándose de brazos.

— Trotarán durante la próxima media hora sin detenerse y agradezcan que estoy siendo bastante suave con ustedes, después haremos otros ejercicios para trabajar los músculos y la flexibilidad. Recuerden llegar puntualmente, dedicaremos las primeras horas a entrenar el cuerpo y posteriormente practicaremos el combate cuerpo a cuerpo, ¿se entendió todo lo que dije?

— ¡Si, señor!

— Entonces ya pueden comenzar.

Todos asistieron de inmediato, sin atreverse a hacer preguntas tontas, y comenzaron a moverse alrededor del extenso lugar, permaneciendo cerca de las paredes y rodeando el centro. Sin mencionar que el casco le dificultaba un poco la visión y por lo mismo casi se iba de boca en varias ocasiones, a Sedit le fue bien durante la mayor parte el tiempo, aun teniendo piernas tan cortas no tenía que esforzarse demasiado por mantener el ritmo que marcaban los demás. Cuando vivía con sus padres solía correr mucho, casi a diario, así que tenía buena resistencia en ese aspecto. Los músculos no eran lo suyo, pero la velocidad y la agilidad sí.

Para los últimos minutos ya se hallaba muerta, sin aire y bañada en sudor, pero al menos había podido aguantar más que muchos de sus otros compañeros. Lo único que le preocupaba un poco era que en varias ocasiones había pillado al Capitán observándola con desdén desde su sitio, cosa que la hacía sentir muy incómoda. No quería que llegara el día siguiente, no quería estar a solas con él.

Afortunadamente los Dioses por fin parecieron escuchar sus plegarias y tuvieron clemencia de su insignificante existencia porque, inesperadamente, el Capitán decidió que no estaban lo suficientemente capacitados para realizar los combates y les indicó que, al menos por ese día, prefería que pasaran toda la mañana realizando distintos ejercicios en lo que mejoraban su condición física. No es que eso fuera algo bueno, pero si era mucho mejor que recibir una paliza o caerse a golpes con alguien.

Para el final de la mañana no había músculo en su cuerpo que no hubiera ejercitado y cada centímetro del mismo le dolía, pero sabía que podía ser peor. La verdad es que la idea de realizar los combates la tenía bastante preocupada y no sabía bien que hacer, algunos de sus compañeros eran rascacielos llenos de músculo y ella, obviamente, no era rival para ellos y mucho menos sin un arma con la que defenderse. Lo peor es que estaba segura de que ese malvado viejo la pondría contra ellos en lugar de con alguien más acorde a su tamaño.

No entendía a que se debía esa rabia que el mayor le profesaba, pero lo más molesto de todo era que ni siquiera trataba de disimularlo. Lo peor es que dejaba que eso influyera en su juicio pues durante el entrenamiento el Capitán no había parado de interrumpirla y criticarla a cada rato, no importaba que ejercicio estuviera realizando, el siempre veía algún error insignificante y le ponía penitencia por ello. Nada como el castigo que recibió por su tardanza, pero aun así era difícil. No sabía que haría al día siguiente, estaba muy preocupada.

A penas el mayor dio el entrenamiento por finalizado y abandonó la habitación, Sedit se recostó en la pared a sus espaldas y se dejó caer al suelo, deslizándose lentamente. Con un suspiro entrecortado se quitó el maldito casco que la tenía muerta de calor y cerró los ojos, tapándose el rosto con uno de sus brazos. Escuchó como la mayoría de los reclutas abandonaban el lugar, casi todos a paso reducido y de abuelita, seguramente a todos le temblaban las piernas como a ella. Menos mal que tenía las siguientes dos horas libres para recuperarse y comer algo. Tan solo esperaba que el otro instructor no fuera como este.

— ¿Está todo bien?

Repentinamente escuchó como se dirigían a ella y, saliendo de su trance, alzó la cabeza con calma y lentitud pues hasta el cuello le dolía, especialmente la parte trasera y debajo de la nuca. De inmediato sus ojos se encontraron con el rostro ligeramente preocupado de Kevin, Jack se encontraba a su lado y la miraba también con una expresión algo tensa. Sonrió enternecida por la atención de ambos y asintió suavemente, eran buenos chicos y se sentía agradecida de que fueran ellos sus compañeros, estaba muy agradecida con ambos por interesarse en su bienestar.

— Sip, todo en orden, no se preocupen— habló suavemente para tranquilizarlos, pero ninguno de los dos aligeró su expresión.

— ¿Segura?— insistió Jack y Sedit no pudo evitar sentirse algo culpable al verlo, por culpa de su descuido e irresponsabilidad él también había pasado un mal rato y se sentía muy mal por ello.

— Sí, estoy bien, en serio— para su completa sorpresa, el rubio se arrodilló frente a ella y no pudo evitar bajar un poco la cabeza, avergonzada. Él iba a decir algo más, pero Sedit lo interrumpió—. Jack, yo… quería agradecerte por lo de antes— el mayor pareció estar un poco desconcertado ante sus palabras, pero aun así ella lo miró tímidamente a los ojos—. De verdad muchas gracias. La verdad es que dudo que hubiera sido capaz de lograrlo de no ser por ti, mi cuerpo ya no daba para más, pero… también lamento mucho el haberte causado tantos problemas.

Jack la observó unos momentos en silencio, con rostro serio, hasta repentinamente una sonrisa apareció en su rostro y, antes de que ella pudiera darse cuenta, el mayor ya se encontraba despeinándola con una de sus manos. Sedit se quejó un poco ante esto, pero por suerte el rubio se detuvo rápidamente, mas no apartó la mano de su cabeza.

— No digas tonterías, preciosa. No tienes por qué agradecerme ni mucho menos por qué disculparte. Simplemente no podía ni quería quedarme de brazos cruzados mientras veía como ese cretino te pisoteaba— aunque hablaba con una sonrisa, de alguna manera sonaba molesto y por eso mismo no se atrevió a quejarse aun cuando él continuaba tocando su cabeza—. Tan solo espero no haber empeorado las cosas.

Sedit rio con cierto desdén y negó con la cabeza.

— No creo, Jack. Sinceramente dudo que hayas tenido que ver con su resentimiento hacia mí, ya me detestaba desde antes.

El rubio rio con algo de sarcasmo ante su comentario.

— Eso espero— tras una última sonrisa se puso de pie, haciendo una pequeña mueca que no pasó desapercibida para el pelirrojo.

— ¿Y tú estás seguro de que estas bien? Ese viejo se veía pesado…

Aun cuando Kevin no parecía soportar a Jack cuando este se le pegaba como una garrapata, su voz sonaba genuinamente preocupada en esa ocasión. El de ojos verdes observó boquiabierto a su amigo, algo sorprendido por su pregunta, pero al instante sonrió gustosamente y se lanzó a abrazarlo con ojos brillantes.

— Awww, ¡no lo puedo creer! ¿Estás preocupado por mí?— entusiasmando pegó su rostro al de su amigo y lo agitó un poco—. ¡Graciassss!

— Claro que no, no seas ridículo— se quejó, apartando la cara lo más que podía del rubio—. Solo preguntaba por educación. ¡Ya suéltame, idiota!

Kevin desesperadamente trató de librarse de su agarre, pero Jack no paraba de sonreír y restregarse contra él como si fuera un gato aun cuando el otro no paraba de empujarlo. Sedit no pudo evitar reír un poco ante la divertida escena, le daba cosa por Kevin, pero en el fondo sentía que se llevaban bien a su manera. No sabía cuántos años tenía el pelirrojo, pero parecía ser el menor entre los muchachos y era el más "pequeño" también. Claro, seguía siendo alto que ella, pero aun así algo es algo.

Finalmente Jack se tranquiló y, tras salir de su euforia extrema, soltó a su amigo y se dirigió a la chica de buen humor.

— Bueno, ya va siendo hora de que vayamos a comer. ¿Vienes?

Jack le tendió una mano para ayudarla a ponerse de pie, pero Sedit no la tomó al instante, sino que observó a su amigo con gesto vacilante durante un momento. La verdad es que no se sentía capaz ni de dar dos pasos y no tenía muchas ganas de ir tampoco así que, negando suavemente con la cabeza, rechazó su invitación con algo de timidez.

— No creo…, lo siento.

— Ah, pero… ¿no vas a comer?— preguntó Kevin en voz baja. dudoso.

— Descuida, almorzaré más tarde. Aún tengo mucho tiempo— le sonrió brevemente antes de echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos, agotada—. Ahora mismo no tengo fuerzas ni para cargar con mi alma, esperaré a sentirme mejor

Ambos chicos se miraron a la cara sincronizadamente, poco convencidos.

— ¿Segura?

— Sí, Jack, estoy bien— insistió, cansada. Agradecía la intención, pero no era una niña, sabía lo que hacía perfectamente—. Vayan ustedes, no se preocupen por mí— les sonrió lo mejor que pudo, tratando de reconfortarlos—. Igualmente gracias por todo, chicos, aprecio mucho su preocupación.

Ambos se quedaron en silencio durante unos momentos, sin moverse ni un milímetro de su sitio y no luciendo muy seguros. Al parecer sus palabras no tuvieron ningún efecto en ellos.

— Um… ¿Y si te compramos algo y te lo traemos?— habló el pelirrojo tras vacilar un poco, con voz suave y sonando algo inseguro.

— Exacto, esa me parece buena idea— lo apoyó el rubio mientras asentía con la cabeza, satisfecho con la opción

La muchacha los miró un poco avergonzada. No iba a negar que le tentaba esa oferta, pues sería mucho más cómodo para ella, pero detestaba la idea de pedirles eso.

— No lo sé, chicos… Me da pena.

— No seas tonta, eso no es nada— de repente su expresión cambió y, como si acabara de recordar algo importante, sacó una tarjeta de su bolsillo y se la tendió con gesto amigable—. Por cierto, toma, antes de que se me olvide.

La recibió aun sin entender muy bien que era y la examinó algo extrañada.

— ¿Qué es esto?

— Una "Tarjeta de Empleado", nos las entregaron al llegar— contestó Kevin—. La necesitarás de ahora en adelante para acceder al comedor y a otras áreas que son solo para personal autorizado.

— Oh, ya veo— asintió volviendo a mirarlos con una sonrisa—. Gracias.

— No hay de qué— sonrió suavemente mientras se preparaba para marcharse, la verdad es que le dolía un poco la espalda, pero no se lo diría para no hacerla sentir culpable— Bueno, espéranos aquí mientras Cabeza de Zanahoria y yo te traemos algo, ¿sí? No te muevas— le advirtió, con gesto algo exagerado, mientras hacia una mueca divertida.

— Jack— lo llamó Kevin con tono de advertencia—. Ya te dije que no me llamaras así, no me gusta— se quejó frunciendo el ceño con notable desagrado, sin embargo, el rubio sonrió como si le acabara de contar un chiste.

— Ay, amigo, no seas tan amargado que la vida es corta— riendo levemente, lo tomó del brazo y lo jaló un poco, listo para arrastrarlo con él hasta la salida—. No te muevas de ahí, ¿vale? Seguramente hay mucha gente así que tendrás que esperarnos un poco.

— Sí, sí, descuida— respondió, rodando los ojos con fingido fastidio y una leve sonrisa—. Te aseguro que no me iré a ningún lado.

Ambos se marcharon tras escucharla y ella los observó partir, de todas maneras no era como si se sintiera capaz de irse a algún lado ni aunque quisiera. Tras soltar otro pesado suspiro, volvió a cerrar los ojos y dejó caer su cabeza hacia atrás. Se mantuvo en esa posición durante varios minutos, completamente relajada y con la mente en blanco. Como la habitación ya se hallaba vacía había un ambiente tan tranquilo que casi provocaba que se quedara dormida.

Sin embargo, se mantuvo consciente cuando comenzó a escuchar unos pasos acercarse a ella. Al inicio no les prestó mucha atención, pensado que se trataba de alguien que simplemente pasaba por ahí, pero el sonido se escuchaba cada vez más cercano hasta que finalmente se detuvo y Sedit sintió la presencia de alguien justo frente de ella.

Algo extrañada y aun somnolienta, enderezó la cabeza y de inmediato sus ojos se encontraron con la animada sonrisa de Genesis, quien la saludó con un breve gesto de manos.

— ¡Hola, "Mini yo"!— con ligera burla y entusiasmo, se sentó a su lado, quedando ambos con la espalda recostada en la pared—. ¿Qué haces durmiendo en el piso?

La sonrisa que llevaba en el rostro y el tonito juguetón que había usado al hablar, e incluso la forma en la que alzó una ceja, le dejó muy en claro que estaba jugando con ella, sin embargo, aun sabiendo eso no pudo evitar sentirse avergonzada, después de todo, el castaño casi estaba en lo cierto.

— ¡No estaba dormida! Simplemente descansaba un poco…— se excusó, con voz algo aguda y cruzándose de brazos, repentinamente su cerebro pareció procesar bien las palabras del mayor y se percató del apodo con el que acababa de llamarla— Espere, ¿qué? ¿"Mini yo"?— repitió, bastante confundida, y lo miró inclinando un poco el rostro, olvidándose de su anterior vergüenza.

Genesis rio al escucharla y asintió firmemente como si la respuesta fuera de lo más obvia.

— Exactamente— con gesto juguetón le dio un toquecito en la punta de la nariz, haciéndola apartar el rostro con una mueca—. Ya sabes, como tenemos el mismo peinado e incluso un color de cabello similar, podría decirse que eres una versión femenina mía en miniatura, ¿no te parece?

Sedit frunció el ceño al escucharlo y lo observó entrecerrando los ojos. Cuando decía "miniatura" lo decía por la edad, ¿no? Esperaba que sí porque ya estaba comenzando a hartarle el que todos tuvieran algo que decir de su estatura, el problema no es que ella fuera muy bajita, sino que ellos eran demasiado altos. Al final decidió dejar ese asunto de lado, de todas maneras, lo importante era lo que acababa de decir y su afirmación no tenía ningún sentido, es decir, él y ella eran como agua y aceite. ¿Cómo podía decir que ella era una "versión femenina" de él? Simplemente ridículo

— Um…— comenzó a decir, vacilando un poco, tampoco quería sonar grosera o algo—, no es por nada, señor Rhapsodos, pero sinceramente no creo que usted y yo nos parezcamos mucho que digamos…

— ¿De verdad?— preguntó dramáticamente con exagerada sorpresa, haciéndola sonreír un poco—. ¿Por qué lo dices? ¿Qué te hace pensar eso?

— Bueno, simplemente porque esa que esa es la verdad— respondió con una suave risa, como si fuera de lo más obvio—. ¿No es más que evidente que usted y yo somos muy diferentes en todos los aspectos?

Algo divertida lo miró alzando una ceja, como siguiéndole el juego, y Genesis decidió continuar con su teatro. Se frotó la barbilla con pericia, justo como si tuviera barba y estuviera pensando en las teorías de la física evolución humana, y posteriormente centró su atención en ella e hizo como si la estuviera examinando minuciosamente en busca de evidencia. Finalmente, tras su breve "meditación" el mayor sonrió con cierta malicia.

— Supongo que tienes razón, en realidad sí somos muy diferentes— empezó a decir, con tono desinteresando—. Empezando por el tamaño.

Y hasta ahí llegó la gracia para la menor. Sedit lo miró con cara de pocos amigos ante su último comentario y Genesis no hizo más que soltar una carcajada ante su expresión. ¿Qué tan divertido podía ser molestarla con eso? Normalmente se hubiera enojado o algo, pero en ese momento estaba verdaderamente cansada y no se sentía con ánimos de soportar las molestias del mayor. Afortunadamente él pareció percibir su fastidio pues rápidamente dejó de reír cuando la observó que soltar un suspiro y apartar la mirada con desdén.

— No, somos muy distintos empezando por la personalidad— refunfuñó por lo bajo, frunciendo los labios y cruzándose de brazos, a Genesis le daba tanta ternura cuando hacía ese tipo de pucheros que no pudo evitar abrazarla, rodeando sus hombros con su brazo y buscando apaciguar su mal humor. Obviamente ella se sorprendió ante el inesperado tacto y lo miró con sorpresa.

— Por favor no te molestes conmigo, pequeña. Solo jugaba— sin dejar de sonreír con picardía, se inclinó hacia ella, buscando apoyar su cabeza sobre la de ella, pero rápidamente Sedit se apartó y agitó un poco los hombros, indicándole que la soltara. Genesis pareció percibir entonces que algo no andaba bien y se detuvo al instante, apartando su brazo. Después de todo, si no se quejaba ni se ponía tan roja como su ropa entonces molestarla no era divertido—. ¿No te gusta mi personalidad?

No pudo evitar preguntar, segundos después, con algo de curiosidad por el tono que ella había usado cuando lo mencionó y temiendo haberse ganado su aversión. Por fortuna la muchacha negó con la cabeza lentamente, con aire distraído, y estuvieron unos instantes así, él observándola en silencio mientras ella abrazaba su cuerpo, hasta que Sedit finalmente abrió la boca.

— No es eso, es sólo que… justo ahora no estoy de humor— el observó su perfil algo pálido y decidió comportarse y actuar como un adulto, cosa que pocas veces hacía.

— Entiendo, lo siento— de alguna manera Genesis tenía sus sospechas así que, tras una breve pausa, continuó hablando con algo de precaución—… ¿Y cómo te fue en el entrenamiento? ¿Todo bien? Sé que el primer día puede ser algo difícil…

Sedit se tensó un poco al escucharlo y él supo que había dado en el clavo, aunque bueno, tampoco es que hubiera muchas opciones.

La menor se mordió ligeramente el labio y bajó aún más el rostro, negándose a mirarlo a la cara. ¿Cómo le decía a Genesis que le había ido fatal? Después de todo, ella le admiraba, él era uno de sus ídolos y lo último que quería era darle una mala impresión. ¿Cómo podía dejarle saber lo patética que era? No había manera de que pudiera hacerlo, por más que lo pensara no se sentía capaz, su mediocridad la avergonzaba mucho, pero ahora que se lo preguntaba tan directamente no podía simplemente negarse a responder.

¿Debía ser totalmente sincera con él? ¿O era mejor mentirle y decirle que se encontraba en perfectas condiciones y que todo había salido a pedir de boca? Al final optó por la primera opción, sabiendo que cualquier otra cosa que dijera seria poco creíble teniendo en consideración las pintas que tenía en ese momento. Se le notaba lo demacrada en el rostro y ella lo sabía.

— La verdad es que fue horrible, señor Rhapsodos…. Sinceramente no creo que me haya ido muy bien— aun con la vista fija en el suelo, comenzó a hablar en un susurro mientras sentía el calor reconfortante que trasmitía el hombre a su lado, así como la fuerza de su mirada azulada sobre ella. Sin embargo, no sentía que esos ojos la observaran burlones ni nada similar, al contrario, sentía que él la miraba con sincera atención y eso la incitó a continuar—. Para ser totalmente honesta con usted, estoy un poco preocupada. No sé si seré capaz de sobrellevar los siguientes días, ni siquiera he terminado el primero y ya estoy muerta.

Se lamentó, pasándose con notable frustración una mano por el cabello aun algo húmedo por el sudor y echándoselo para atrás. Aquello era algo patético de decir, pero era la verdad, sabía que lucía insegura y patética en esos momentos, pero poco le importaba, en parte agradecía que fuera Genesis quien estuviera a su lado, porque sentía que Angeal estaría decepcionado de ella si la escuchaba y eso era lo último que quería, aun si el castaño no decía nada su simple presencia ahí era más que suficiente.

—… ¿Quizás desde el principio esto era demasiado para mí? ¿Acaso todos los demás tienen razón cuando dicen que no debería estar aquí?

Alzó la cabeza tras terminar de compartir sus dudas con voz temblorosa, y sus ojos algo cristalinos y temerosos se clavaron en los del mayor, buscando una pizca de esperanza o al menos algunas palabras de apoyo, sin embargo, antes de que Genesis pudiera abrir la boca se hizo escuchar en el lugar una risa breve y profunda. Fue un simple sonido burlón y suave que salió desde el fondo de la garganta masculina, pero fue más que suficiente para llamar la atención de ambos y romper por completo el momento.

Sedit y Genesis se giraron de inmediato hacia la entrada y se encontraron con la figura imponente de Sephiroth, quien los observaba desde su sitio de brazos cruzados y con una ligera sonrisa desdeñosa en el rostro.

La menor aguantó la respiración al verlo y comenzó a sudar frío. ¿Cuánto tiempo llevaba el General ahí? ¿Y por qué se había reído? Su corazón casi se detuvo ante la única posibilidad que apareció en su cabeza.

Acaso… ¿Sephiroth había escuchado todas las ridiculeces que acababa de decir?

¡No! ¡Qué vergüenza!


N/A: ¡Hola! Sé que dije que publicaría este cap mucho antes, pero la verdad es que tuve unas cuantas dificultades para escribir, estoy preocupada por algo y cuando algo me preocupa me bloqueo horrible, me cuesta mucho escribir y simplemente no me salen las cosas como me gustaría. Afortunadamente la mayor parte del capítulo ya estaba escrita desde antes y únicamente necesitaba agregarle unas cosas junto con la escena del final (en la versión anterior no llegaba a la parte en la que Genesis aparece, pero decidí agregársela aprovechando que no era tan largo). Además, me gustaría avisarles que estaré algo por ciertas circunstancias hasta mediados del próximo mes o quizás un poco antes, les aviso para que no se preocupen si ven que no subo más, no tengo pensando volver a abandonar la historia c:

En fin, espero que este cap haya sido de su agrado y si ven que esta algo raro me disculpo, no me salían muy bien las palabras y sinceramente no me agrada mucho como quedó la última parte, siento que podría haber sido mejor pero bueno, no iba a sentirme tranquila hasta publicar este cap.

¡Saludos y como siempre mil gracias por leer!

PD: El Capitán está inspirado en un profesor de Educación Física que tuve, era un militar y como lo odiaba :v