Aquí está el capítulo 3. Creo que me he quedado atrapada en mi propia historia :), no podía parar de escribir. Ojalá les guste.
Capítulo 3
La despertó el olor que procedía de la cocina. Remoloneó en la cama durante un par de minutos, y finalmente se levantó. Sonrió al ver a Derek afanado detrás de la barra, concentrado en cortar unos tomates.
Como si hubiera notado su presencia, levantó la vista hacia ella y le ofreció su característica expresión traviesa "Derek Morgan".
- Buenos días, princesa. Espero que tengas hambre.
Ella se acercó y se sentó en la butaca, al otro la de la barra.
- Eso no parece un desayuno- Señaló al ver el paquete de pasta, junto a la tabla de cortar.
- Verás, teniendo en cuenta que me desperté pasadas las doce, consideré más oportuno preparar un almuerzo. Siento que no sea nada más elaborado, pero teniendo en cuenta las escasas reservas que hay en tu despensa, es todo lo que he podido hacer. No cocinas mucho ¿no?- Se burló.
Ella arqueó las cejas y se encogió de hombros.
- No está entre mis prioridades, la verdad- Hizo una pausa mientras un poco sorprendida, se deleitaba en su destreza con el cuchillo- Te ayudaría, pero veo que lo tienes controlado. Prefiero no molestar.
Él soltó una carcajada.
- No necesitas buscar una excusa para evitar acercarte a un fogón, Prentiss. Ya me encargo yo. Si quieres cambiate de ropa mientras yo termino.
Ella se incorporó con una sonrisa traviesa y volvió a su dormitorio. Se quitó el pijama, y por primera vez, con sólo la ropa interior puesta, se atrevió a hacerle frente al espejo. Sin darse cuenta, se mordió el labio inferior con fuerza hasta casi hacerse sangre, cuando comprobó por si misma, el alcance de la agresión. Tenía marcas, no sólo en la cadera, justo al lado de una de las cicatrices que Doyle le había infligido, y en el cuello, sino también a la altura del pecho, en los muslos y en ambos brazos. Definitivamente, los vestidos, faldas y camisas de manga corta no iban a ser una opción para ella en los próximos días. Los recuerdos de la noche anterior la golpearon de repente y sintió una sensación de profundas náuseas. Apresuradamente se dirigió al baño de su dormitorio, sin apenas tiempo de levantar la tapa del váter y vomitó el poco contenido que tenía en el estómago. No se dio siquiera cuenta de que por el camino había golpeado sin querer un frasco de perfume de cristal que tenía sobre el lavabo, cayendo éste estrepitosamente al suelo.
Derek escuchó el sonido desde la cocina, y se acercó discretamente hasta la puerta de su dormitorio. La llamó por su nombre, pero al no recibir respuesta, continuó hasta el baño. Se quedó helado al verla semidesnuda e inclinada sobre el váter. Rápidamente se agachó junto a ella, sujetándole el pelo mientras su mano le rodeaba la cintura..
- Está bien, Em, tranquila- Le dijo suavemente para calmarla.
Ella finalmente se incorporó, apenas sin fuerzas, dejándose ayudar por él, que la guió hasta el lavabo, esquivando los cristales del suelo, y le abrió el grifo para que pudiera lavarse la cara.
Cuando finalmente, totalmente avergonzada, se atrevió a mirarle a los ojos, sólo vio en el un profundo dolor. Se sintió terriblemente culpable de hacerle pasar por aquello. Había hecho mucho más de lo que debía por ella. No se merecía aquello. No se merecía que él siempre terminara sufriendo por su culpa. Consiguió apoyarse en el lavabo y mirarlo de frente.
- Lo siento Derek...no sé qué me ha pasado.
Derek sintió una indescriptible compasión por ella. Él sí sabía lo que le había pasado. Era imposible no darse cuenta de los cardenales que cubrían su cuerpo, y que venían a unirse a las cicatrices que Doyle le había dejado. Se quedó paralizado durante unos segundos al ver, por primera vez la tenue marca del trébol que aún se veía en su pecho, justo un poco más arriba de un cardenal que se estaba oscureciendo. No debería haberse sorprendido, había visto los informes forenses del caso, pero era la primera vez que se daba cuenta de lo real que había sido todo. Y lo que aquel miserable le había hecho la noche anterior. Tuvo ganas de matarlo en aquel mismo instante.
Ella notó cómo su mirada, clavada en su cuerpo, se oscurecía, y fue cuando tomó consciencia de que sólo llevaba la ropa interior puesta. Instintivamente, se encogió en un intento inútil de esconderse. No tuvo muy claro lo que escondía, si el sentirse tan expuesta por su escasez de ropa, o por lo vulnerable que se sentía al mostrar sus cicatrices y sus cardenales.
Derek notó que se ruborizaba, y que sus ojos se humedecían, y no quiso violentarla más de lo que ya se sentía.
- No te preocupes...- Le susurró al tiempo que apartaba sus ojos de ella, por respeto a su intimidad- Te dejo para que termines de vestirte. Te espero en la cocina.
Cuando unos veinte minutos después Emily apareció, luciendo un pantalón y una blusa de manga larga de deporte, ya Derek estaba terminando de poner la mesa. Había decidido hacer uso de la normalmente inútil mesa que Emily tenía en su salón- comedor. Cuando la vio entrar, simplemente apartó una de las sillas y con un gesto la invitó a tomar asiento.
Ella le sonrió tímidamente y obedeció. Derek fue a la cocina, y trajo la fuente con la pasta. Le sirvió un poco, luego se sirvió él, y ocupó el asiento libre frente a ella.
Durante unos instantes, ambos permanecieron en un silencio incómodo sin saber que decir, hasta que Derek decidió que ella ya había pasado suficientes malos tragos como para que no se sintiera a gusto estando con él. Le dirigió una expresión traviesa, señalando hacia su plato.
- Puedes comer, te aseguro que no te decepcionará. Es la auténtica receta Fran Morgan.
Ella lo miró no muy convencida, pero finalmente se atrevió a probar el plato.
Y resultó que estaba exquisito.
Se deleitó saboreándolo, inconsciente de la divertida expresión de Derek.
- Derek Morgan- Dijo ella absolutamente complacida- Voy a tener que darle la razón a García cuando dice que eres un dios entre los hombres.
Derek se echó a reír ante el comentario.
- Pensé que no querías alimentar más mi ego.
Ella lo miró un poco confusa, mientras terminaba de masticar con absoluto placer.
- Si tu ego cocina así, puede quedarse definitivamente a dormir en mi sillón- Bromeó.
Durante unos instantes, pensó en todas las cualidades que reunía el hombre que tenía delante. No era sólo el hecho de que supiera cocinar y de que evidentemente era muy atractivo, sino que además era inteligente- un poco nerd, como ella, en realidad- sensible, generoso, valiente, y siempre estaba dispuesto a ayudarla sin ni siquiera tener que pedírselo. A veces sentía que no necesitaban hablar para comunicarse entre ellos. Era por eso por lo que Hotch siempre los emparejaba en el campo, parecían leerse el pensamiento
- No me explicó cómo no tienes una mujer en tu vida- Susurró casi sin pensar.
En realidad, ni siquiera se había dado cuenta de que lo había dicho en alto, hasta que notó su mirada clavada en ella y su expresión seria.
- ¿Quién te ha dicho que no la tengo?- Dijo con voz baja y grave, sin apartar la vista de ella.
Emily, incapaz de articular palabra, se quedó paralizada mientras que sentía el calor de sus mejillas enrojecidas sobre su pálida piel, más pálida que de costumbre, de hecho.
La incomodidad volvió durante unos segundos, hasta que finalmente ella consiguió centrarse nuevamente su plato y terminaron de comer casi en silencio.
Cuando hubieron terminado, recogieron entre ambos los platos sucios, y pusieron el lavavajillas. Emily preparó café, y se sentaron en la barra, uno al lado de otro.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
- Gracias por todo Derek. No tenías por qué hacerlo- Le susurró suavemente.
- No tienes nada que agradecerme, Emily. Al fin y al cabo eres lo más cercano a una relación de pareja que tengo- Dijo guiñándole un ojo- Paso más tiempo contigo que con García, que ya es decir- Bromeó, ignorando deliberadamente que ella se había vuelto a sonrojar con su comentario. Pero esta vez, no había sido incómodo.
- En cualquier caso, puedes irte ya si quieres. Seguro que tienes cosas que hacer. ¿No ibas a trabajar hoy en una de tus propiedades?- Le preguntó recordando que lo había mencionado un par de días antes.
Él la miró sorprendido al descubrir que le prestaba más atención de lo que creía cuando hablaba de sus reformas. Normalmente ella fingía aburrirse y cambiaba de tema.
- En realidad, iba a tirar una pared- Le explicó frunciendo el ceño- Quizás podrías venir. Creo que te serviría para sacarte el estrés de encima.
Ella abrió los ojos con expresión atónita. Desde luego era una invitación extraña, pero por alguna razón le pareció buena idea, y además, no le apetecía estar sola. Se sentía protegida junto a él.
- Bueno...- Balbuceó intentando aparentar inútilmente que aceptaba por obligación- Así podría ayudarte en compensación por todo….
El se rió estrepitosamente, dándose cuenta de su juego.
- Anda, recoge tus cosas, y vamos. Así de paso me cambio de ropa- Añadió recordando que siempre dejaba algunas mudas en las casas en que trabajaba.
Veinte minutos después se encontraban frente a la puerta de su última adquisición. Una casa de piedra, de dos plantas y grandes ventanales.
Una vez dentro, le mostró todo lo que había hecho hasta el momento. Emily no pudo negarle que estaba bastante impresionada con las mejoras que había llevado a cabo. Finalmente se detuvieron frente a una de las paredes del salón.
- Esta es la pared que vamos a tirar- Le señaló- Detrás está la cocina, y quiero hacer una zona diáfana para que entre más luz.
Emily miro la pared un poco confundida. Entendía la idea, pero de repente se sintió una total inútil allí. No sabía ni por donde empezar. Intentando mostrar su disposición, se dirigió directamente hacia un mazo que estaba en el suelo.
- Un momento, princesa- Derek la detuvo tomándola del brazo, con una sonrisa burlona en los labios- ¿Dónde te crees que vas?
Ella le dirigió una expresión desconcertada.
- ¿A tirar una pared?. Supongo que el mazo es una buena opción.
Notó la expresión de reprimenda de Derek en su rostro.
- ¿Sin protección?- Le preguntó arqueando las cejas.
Emily torció el gesto y se mordió el labio inferior. Ni siquiera había pensado en ello. Observó cómo Derek se dirigía hasta un rincón y volvía con dos pares de guantes y dos cascos de obra. Viendo que ella se había quedado un poco estupefacta, le tomó las manos y le puso los guantes, y luego se centró en colocarle correctamente el casco. Cuando hubo terminado, sonrió satisfecho.
- Ahora sí- Le dijo mientras observaba el resultado. Tanto los guantes como el casco le quedaban un poco grandes, pero tendría que ser suficiente. Se agachó, cogió la maza, y se la entregó- No queremos que vuelvas a hacerte daño.
En el mismo instante en que terminó la frase, se dio cuenta de lo inapropiada de la misma. Notó como ella contenía la respiración durante unos segundos y se sintió un completo idiota.
- Lo siento, Em… no quise decir...- Balbuceó.
Emily, en lugar de molestarse, sólo sintió una infinita ternura por él. Por la forma en que él siempre se preocupaba por ella, por la forma en que siempre estaba pendiente de su más mínima reacción, por la forma en que siempre la cuidaba y protegía.
- Venga, Derek...- Le animó con una sonrisa- Ponte tú también los guantes y el casco, y vamos a tirar esa pared.
A la de tres, dieron al mismo tiempo el primer golpe, y en menos de dos horas, ya habían terminado, entre bromas, risas y sonrisas cómplices.
- ¡Dios!- Exclamó ella cayendo rendida en el suelo- Creo que nunca he tenido tanta suciedad encima…
- ¿No recuerdas aquel caso donde tuvimos que meternos en la alcantarilla?- Le preguntó sentándose a su lado, mientras contemplaba el lugar vacío donde antes había estado la pared. Definitivamente había sido buena idea derribarla.
Emily frunció el ceño asqueada.
- ¡Oh si!… Esta es la segunda vez que tengo tanta suciedad encima...- Rectificó-.
- ¿Y la vez que tuvimos que perseguir al sudes a través de un barrizal?- Le dijo arqueando las cejas.
Ella suspiró resignada.
- Vale, Derek, tú ganas. En realidad, nunca me he sentido más limpia.
Derek se echó a reír ante su expresión frustrada. Se levantó y le tendió la mano ayudándola a incorporarse.
- ¿Trajiste tu muda de ropa no?- En realidad, ya sabía que lo había hecho, se lo había recordado al menos cuatro o cinco veces antes de dirigirse hacia la casa.
Ella lo miró incrédula.
- ¿Tu que crees?. No habría podido olvidarme ni aunque hubiera querido.
- Bueno, ahora me lo agradecerás- Le dijo guiñándole un ojo- Arriba hay dos baños. Usa el del dormitorio principal, yo usaré el otro. ¿Te parece?
Ella rodó los ojos, negando con la cabeza.
- Sí, señor- Se burló de él, mientras daba unos pasos hacia las escaleras para acceder a la segunda planta.
Derek la siguió detrás de ella, intentando ocultar su expresión de diversión.
Emily había visto ambos baños durante su recorrido por la casa, y agradecía que Derek le hubiera dejado el más grande. Tenía una bañera enorme, y no pudo evitar llenarla hasta arriba con la intención de darse un baño con espuma para relajarse. Se desvistió, y se introdujo dentro, disfrutando de la calidez del agua en su piel magullada. Cerró los ojos, y se desconectó del mundo, con el agua cubriéndole casi hasta la nariz. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, creía que mucho, pero cada vez se sentía más relajada y no le apetecía salir. La sensación de sentirse aislada le gustaba, y acabó sumergiéndose completamente en el agua. Era algo que hacía desde niñas, cuando tenía un mal día. Se sentía protegida bajo el agua, como si estuviera en una burbuja. Solía permanecer allí hasta un par de minutos, a veces tomaba solo un poco de aire, y volvía a sumergirse.
- ¿Emily?.
La voz angustiada de Derek la sacó de su trance. Se incorporó hasta quedarse rígida, con el agua cubriéndole hasta justo encima de su pecho. Miró atónita a Derek que parecía al borde de darle un infarto.
- ¡Por Dios, Em!- Exclamó recuperando la respiración y el ritmo cardíaco- Casi me matas del susto.
Ella lo miró sin comprender.
- Sólo estaba dándome un baño.
Le dirigió una expresión de desconcierto.
- Emily, llevas casi una hora ahí metida. Pensé….., pensé… que te había pasado algo. ¿Estás bien?- Le preguntó preocupado.
Por fin se dio cuenta de lo que había ocurrido. Después de una hora, había entrado y la había encontrado con la cabeza sumergida en el agua. No era extraño que hubiera reaccionado así.
- Lo siento… No quise asustarte- Se disculpó ella- Sólo necesitaba relajarme un poco.
Esperó a que él hablara pero, en lugar de eso, vio como sus ojos muy abiertos, se detenían en ella durante unos instantes. Lo miró confusa y él, inmediatamente apartó la vista a un lado, como si estuviera avergonzado. Fue cuando Emily, se dio cuenta de que de la espuma inicial no quedaba casi nada, dejando totalmente expuesto su cuerpo a través del agua cristalina. En cualquier otra circunstancia, sus mejillas habrían parecido un semáforo. No supo por qué, pero la reacción de Derek, le inspiró ternura en vez de vergüenza. Se levantó de la bañara, con la seguridad de que jamás él se daría la vuelta, y se enrolló una toalla alrededor de su cuerpo.
- Derek, ya puedes mirar- Le dijo en voz baja, esbozando una pequeña sonrisa.
Él se giró tímidamente. De repente parecía como si acabara de cumplir doce años.
- Em… yo...no….- Balbuceó intentando negar la evidencia.
- No hace falta que finjas, Derek Morgan, sé exactamente lo que viste- Se burló ella, disfrutando de una de las pocas ocasiones en las que era él, y no ella, quien se ruborizaba.
Después de comprobar, que no estaba molesta, recuperó su confianza.
- Sí- Le contestó con una sonrisa traviesa- Pero no sabes lo que pensé.
Puso los ojos en blanco, incrédula ante aquella capacidad de recuperación. Ella hubiera estado sonrojada durante al menos una hora.
- Créeme, sé muy bien lo que pensaste- Bromeó, mientras pasaba junto a su lado y se dirigía al dormitorio- Todos los hombres tenéis la misma línea de pensamiento.
La hizo detenerse su tono repentinamente grave y serio.
- Todos no.
Emily se volvió hacia él.
- No todos somos iguales, Em.
En cierto modo, Emily lo notó ofendido. Era un simple comentario por su parte, pero Derek no había podido evitar sentir que lo comparaba con Doyle o con Jason. Nada más lejos de su intención. Si había alguien diferente a cualquier otro hombre que hubiera conocido, ese era Derek. Dio unos pasos hacia él, que la miraba consternado, y guiándose simplemente por su instinto, se puso de puntillas y le dio un suave beso en los labios. Se separó ligeramente, y por fin se atrevió a mirarle directamente a los ojos.
- No, tú eres diferente. Siempre lo has sido- Le susurró.
- Emily..- Balbuceó confuso- No tienes que…
- Sólo es mi forma de agradecerte lo que has hecho por mí- Le sonrió con dulzura- No es nada en realidad- Notó como una lágrima finalmente bajaba por su mejilla.
Derek acarició su rostro suavemente, intentando ver a través de su expresión.
- Es todo Em… es todo- Le dijo enigmáticamente, y acto seguido, la estrechó entre sus brazos hasta que ella por fin, estalló en un sollozo silencioso, sintiéndose por primera vez en su vida, vulnerable y protegida al mismo tiempo.
