Recorrer la aldea era algo fascinante y más aún, acompañada. Esto pensaba Himawari mientras caminaba por las calles adoquinadas con su madre y su tía.

—¿Le comprarás los girasoles Hima-chan?— La dulce voz de Hinata sacó a Hima de sus pensamientos.

—Si mamá, no puedo visitarlo y no darle girasoles— Himawari asintió contestando como si fuera la cosa más obvia del mundo a lo que las otras dos mujeres rieron.

Siguieron caminando hasta que llegaron al lugar donde siempre compraban, la tienda de los Yamanaka.

Hasta ese momento, Hima no se lo había planteado, pero efectivamente, Inojin había vuelto de las constantes misiones, lo que significaba que muy probablemente estuviese en la tienda ayudando a su madre.

Sintió la sangre subir a sus mejillas, no quería entrar, pero no quería decirle a su madre que fueran a otro lugar, sería demasiado obvio el porqué y se suponía que sus padres habían tomado su "amor" por el Yamanaka como algo pasajero, un amor de niña, algo que claramente, su madre respetaba, siendo que así le había sucedido con Naruto.

—¿Entramos o qué?— Hanabi fue la primera en ingresar a la floristería, el perfume natural de las flores se instaló en sus narices otorgándoles una agradable sensación.

Esto le traía recuerdos a la pequeña Uzumaki.

De vez en cuando, mientras Himawari caminaba por los bosques, cerca de los prados donde crecían las flores, solía divagar pensando a qué flor se parecería Inojin, ¿Sería un tulipán? ¿Una amapola? ¿o tal vez margarita? con eso en mente el tiempo se le pasaba volando sin avisar y a pesar de las incontables veces en que la interrogante hizo aparición, aún no conseguía responderla, el día que lo hiciera se prometió así misma confesar sus sentimientos. Algo tonto sabiendo que podía contar con los dedos de una mano las veces en que entabló conversación con el ojos celestes y debido a eso, tal vez a él le resultase extraño y la rechazara.

Sin más, se concentró en ir a la sección de girasoles y empezó su análisis sobre cuál girasol elegir. Miró de reojo con mucho cuidado hacia la caja, su madre y tía se hallaban conversando con Ino-san, la mamá de Inojin. Ya más relajada volvió a concentrarse en lo que tenía en frente.

El girasol debía ser el más bonito entre todos, el que destacara a simple vista, sin ser rebuscado. La tarea era difícil, pero sin duda no desistiría.

Y por fin lo vio, el girasol más bonito de entre todos, lo tomó con una delicadeza digna de admirar y procedió a darse la vuelta cuando inesperadamente chocó sus manos y cara contra otro cuerpo.

Tambaleó un poco, pero se sostuvo en pie, miró rápidamente el girasol y gracias a Dios estaba intacto, su cara, en cambio, le dolía un poco, pero no le dio importancia al ver a quién se había cruzado.

—Hima-chan ¿estás bien?— Inojin se inclinó a su altura para verla mejor y corroborar que el rojizo tono en su cara se debía al choque.

—Eh...si, estoy perfectamente— Himawari sonrió nerviosa e intentó no mirarlo directamente o se haría de agua en ese instante. El Yamanaka iba de delantal floreado, lo que podría ser una imagen vergonzosa y cómica, para Hima no podía estar más lindo y más aún cuando los motivos eran pequeños girasoles por doquier.

No se había olvidado absolutamente de ninguna de las sensaciones que le provocaba el rubio. Pero ya no era tanta la emoción en su estómago debido a que lo había visto hace un par de horas, claro que encotrarlo solo era diferente.

—¿Te golpeaste?— La diferencia de altura se acortaba cuando él se cernía sobre ella. Tendió su mano y tocó suavemente el puente de la nariz de la pequeña. Su rostro denotaba preocupación por la menor.

—No es nada— Por más de que agradeciera el roce de sus dedos en su cara, tenía que evitarlo a toda costa o notaría el calor de sus mejillas.

—¿Hijo? ¿Me trajiste los tulipanes?— Asomándose desde unos metros más adelante, siendo cubiertas por varias estanterías con macetas, se hallaban las tres mujeres ahora percatadas de la presencia del chico, siendo que sobresalía su cabellera por encima de las góndolas.

—Oh si, dejé los cajones en la parte de atrás— La morena aprovechó el momento para inspeccionar de arriba a abajo al Yamanaka menor. Debajo del delantal con girasoles llevaba una camisa de manga larga azul con el espiral rojo de los Uzumaki en el brazo, la misma le quedaba de maravilla, claro que el cuerpo del joven no era grande y musculoso, era más bien, algo delgado pero con forma, de esta manera llenaba a la perfección la camisa. En cuanto a pantalón, llevaba también el conjunto chunin, dando a entender que no hace mucho había vuelto de alguna misión o que enseguida se iría.

En el momento de distracción, Hinata llamó a Himawari para que pagara el girasol así seguían con su camino.

Hima se acercó con la flor en mano hacia la caja donde la esperaban.

—Debo suponer ¿Estampado amarillo?— Ino le sonrió alegremente a la pequeña genin al, efectivamente, acertar.

Mientras Ino envolvía la flor, Hima hacía lo posible por ignorar el hecho de que a pocos centímetros estaba Inojin, apoyado contra la mesada, con una mano sosteniendo su cabeza y con la otra tamborileaba los dedos contra la superficie. Éste la miraba sonriendo con su amabilidad de siempre, ignorante a las mariposas revolucionadas del estómago de Himawari.

—Y...listo— Una sonriente Ino le entregó la flor a Himawari que la esperaba impaciente por irse.

—Gracias— Himawari agradeció y al instante se despidieron todos, claro que la menor evitó mirar al rubio, dando a entender que, con su saludo general, también se despedía de él.

Ahora por fin irían rumbo a la residencia de su tío Neji.