NA: Este capi es un poco flojo, pero es que *excusa mil que me doy por ser un flojo*. No, no tengo excusas en verdad. Solo pereza y trabajos de la uni que procrastino.
No habían pasado ni dos días desde aquella visita al psicólogo, cuando a pesar de no estar seguro de querer hacerlo Sugawara decidió que debía hablar con Oikawa. Era evidente que eludirle del problema no iba a ayudar a solucionarlo, a pesar de que no se sentía cómodo con la idea de incluirle.
Sentado en su mesa de la redacción de aquella revista de turismo interno, Koshi observó como su compañero entraba de fumarse un cigarrillo. Hacía poco que habían acordado que dada la situación que estaba viviendo, no viajaría más a no ser que fuera estrictamente necesario.
— Voy a compensar todos los minutos que tú sales a fumar, tengo que hacer una llamada personal — le anunció desviando las llamadas de su teléfono a las de su compañero que asintió con comprensión. Estaba al tanto de la situación personal de Koshi y le sorprendía que fuera capaz de seguir con su rendimiento laboral.
Sugawara salió por el pasillo estrecho que daba a las escaleras del edifico, y salió por la puerta de emergencia. La nieve había cuajado y hacía frio allí sin chaqueta, pero si hablaba con Oikawa no tardaría en acalorarse. Lo raro era que no acabaran discutiendo, y aquello no venía de nuevo, más llevaba demasiado tiempo ocurriendo. A pesar de la tristeza, no podía evitar sentirse profundamente irado con todo lo que estaba sucediendo. Su gran amor, aquel chico que había conocido en la secundaria baja por pura casualidad y con el que pensaba que pasaría el resto de sus días parecía haberse esfumado. Tenía que ser capaz de dejarle ir, guardar los recuerdos como tesoros, pero aún era imposible hacer todo aquello sin sentir un profundo dolor que le atormentaba.
Recordar como se rió de forma burlona el día que él le había llevado a parte en el instituto, completamente decidido a declarase a pesar del miedo era como un veneno. Y no podía parar de pensar en aquella estúpida situación, apartados en el aula de arte.
Sacó su teléfono y buscó el nombre de Toruu en el listín. Los corazones rojos se mantenían junto al nombre, pero no había sentido en quitarlos si no era para poner unos azules, y hacer aquello era ridículo también. Pulsó sobre el nombre y se llevó el teléfono al oído, escuchando los tonos de este sonar.
Finalmente Oikawa descolgó el teléfono al otro lado de la linea, pero se mantuvo en silencio unos instantes. Sugawara suspiró hondo e iba a hablar cuando la voz de Oikawa le interrumpió.
—No puedes llevártelo así, también es mi hijo aunque no lo sea de forma legal — se quejó sin molestarse en decir hola—. El otro día fue bochornoso, fui a buscarle al colegio y me dijeron que te lo habías llevado a otro lado… No solo me juzgaron a mí, considerándome un mal padre, nos acusaron a ambos de pervertirle con conductas anormales, fue horrible.
Koshi tragó saliva incomodo. Aquello le importaba un pimiento, podían pensar lo que quisieran pero…
—Quizá si eres un mal padre — contestó contiendo el impulso de colgarle y no volver a hablare. Decía aquello a consciencia de querer herirle, porque a pesar de todo no era algo que pensara.
—En cualquier caso, no tienes derecho a hacerme esto, o mejor dicho a hacérselo a él— Podía imaginar a Oikawa, sentado en el sofá, rojo de ira en aquel momento. Sabía que lo más doloroso para Oikawa tampoco eran aquellas acusaciones estúpidas de la escuela, era completamente consciente de lo que le dolía era que se hubiera llevado al crío—. Si lo nuestro se ha acabado está bien, puedo entenderlo, soportarlo y tolerarlo, pero Shoyo también debería poder pasar tiempo conmigo.
Koshi inspiró aire antes de hablar. Sentía que le acusaba a él de que la relación se hubiera ido a la mierda, cuando era evidente que él solo había estado trabajando duro para que no tuvieran que pedirle dinero a los padres de Oikawa. Ni siquiera había hecho aquello por placer, solo lo había hecho por él, por el bienestar de los tres, y él se había buscado miles ligues de una noche, novios temporales. Y decía aquello de tolerar que la relación se acabara, como si él no la hubiera dinamitado.
—Toruu le dejaste solo en casa una semana entera ¿cómo quieres que te lo deje ni cinco minutos si no esto yo ahí?
—Solo le dejé unas horas— afirmó Oikawa creyendo que realmente solo habían sido unas horas y con la canguro.
—¡Me da igual! ¡Estaba solo cuando llegué!¡Solo tiene 5 años, no 13! o 1200 — dijo aquello consciente de que para él hasta cuando tuviera 13 años le iba a ser complejo dejarle solo. Era extraño que Toruu no reconociera la verdad ¿Era completamente incapaz de saber qué en realidad no había estado ausente cinco puñeteros días enteros?
Se hizo de nuevo el silencio incomodo y entonces Oikawa empezó a llorar. No era un llanto real, Koshi lo había oído mil veces el el último año, cuando Toruu empezó a tener amantes y él le preguntaba por situaciones sospechosas.
—Dime dónde os estáis quedando, o a qué colegio va ahora— suplicó.
Su voz al otro lado de la linea telefónica le hacía dudar. Pero era consistente que la seguridad que le otorgaba que él no conociera aquellas cosas era más fuerte que ninguna otra cosa. Sugawara se apoyó contra la pared fría y cerró los ojos. No pensaba ceder al respecto.
—No te voy a decir ninguna de esas cosas — dijo pero recordó el rostro de Shoyo preguntándole si iba a ir papá a aquel sitio especial el día que habían ido al psicólogo—. Pero si quieres podemos quedar en algún sitio, para que le veas porque te echa mucho de menos.
Oikawa bufó terminado con aquel llanto fingido, sabía que no iba a conseguir nada más. Acordaron verse aquel fin de semana en el centro comercial cercano a su casa y Sugawara colgó. Abrió los ojos y observó como su aliento se transformaba en humo blanco por el cambio de temperatura del interior de su cuerpo con aquel lugar helado.
Volvió al trabajo inmediatamente, pensando en que aquel medio día había quedado con Sawamura para la que iba a ser su segunda sesión de terapia. No estaba seguro de querer enfrentarse a aquello, pero asumía que tampoco le iba a hacer daño…
Salió del trabajo a las 16 horas en dirección al parque de Shinjuku. Era extraño haberse citado allí con un terapeuta, y asumía que cualquiera podría haberlo confundido con una cita. Una punzada le atacó al corazón pensado que tal vez Oikawa les viera, que quizá algún amigo común podía llegar a contárselo y su relación muerta podía llegar a pudrirse aún más. No tenía sentido, solo era una cita con un terapeuta y Toruu no podía hacer nada para que la decepción que sentía se disolviera en los sentimientos románticos que aún albergaban en él.
Al llegar al parque se apeó en la entrada de este y se golpeó las mejillas con las palmas de las manos congeladas antes de canlentandoselas, frotándolas la una contra la otra. Hacía demasiado frío.
—Hola — saludó Sawamura sobresaltándole.
Sugawara levantó la vista, anteriormente clavada en sus dedos enrojecidos y observó como el terapeuta le entregaba unos guantes de nieve.
—Ho-ho-hola...— Koshi miró aquellos guantes confuso y después la mirada confiada de Sawamura que le insistia, con una sonrisa perfecta que los agarrara.
Él lo hizo y se los puso algo confuso. Parecían su talla, aunque no entendía cómo aquel hombre podía haberla tan siquiera adivinado. La estúpida idea de que tal vez a aquel hombre tan guapo se sintiera atraído hacía él y le hubiera citado de aquella manera para mantener algún tipo de cita romántica le asaltó, pero enseguida la descartó. Solo se dejaba llevar por aquel concepto porque a él Sawamura Daichi le parecía sexy.
—Verás, las citas fuera del despacho me parecen más provechosas porque dentro del despacho solo hablamos y la vida no se basa en lo que hablas o lo que piensas — empezó a decir Sawamura mientras se adentraba por el parque completamente nevado. Había gente por algunas zonas, pero el moreno avanzó hacia una en la que se amontonaba una gran capa de nieve—. Sueno petulante y cretino, lo sé porque me lo decían mucho los profesores de la facultad.
Daichi empezó a reírse solo y entonces tiró del brazo de Koshi hasta hacerle sentarse sobre la mullida nieve. Estaba fría, y Koshi enseguida notó como se le mojaban los pantalones por estar allí plantado.
— No entiendo nada — habló al fin perplejo, a lo que el otro le contestó ensanchando una sonrisa que aceleró el corazón de Sugawara.
—Es solo un ejercicio práctico que te iré explicando a medida que avancemos, normalmente lo hago con arena pero... — contestó el moreno y entonces empezó a amontonar nieve en una especie de montaña de esta—. Ayudame a construir una montaña, tiene que ser lo más alta que podamos, y tenemos que hacerlo juntos.
Sugawara asintió confundido y empezó a amontonar nieve y más nieve sobre el montículo que Sawamura había iniciado a montar. Estaba profundamente concentrado, por lo que sus ojos no seguían qué actividades estaba realizando su terapeuta. Tras medio minuto amontonado nieve, Sugawara se percató de que la montaña parecía hundirse cada vez que él se giraba para agarrar más nieve, pero a pesar de ello prosiguió intentando realizar el ejercicio que le habían pedido.
Tras dos minutos repitiendo aquellas acciones, Koshi se plantó.
—¡Esto es imposible! — se quejó girándose antes de agarrar más nieve y viendo como Daichi era el responsable de que la montaña nunca llegara a ser más alta, pues retiraba toda la nieve en cuanto Suga se giraba— No deja de hundirse y sigo sin entender por qué…
—¿Te sientes culpable por no poder llevar a cabo la tarea que te he encomendado? — preguntó Sawamura ante la cara de enfado de su paciente.
—¡Claro que no! Eso sería absurdo —Sugawara dejó caer la nieve que tenía en la mano y se quitó los guantes devolviéndoselos al terapeuta que los guardó en el maletín que llevaba. Aquella situación le resultaba profundamente molesta.
—¿Entonces por qué te responsabilizas a ti mismo por que tu ex-pareja no cumpliera su papel en la relación que tenéis?— Preguntó aquello quitándose un guante y pasándose la mano por el pelo. Acto seguido se quitó el otro y lo guardó en el maletín que llevaba encima—. Es más ¿Por qué te sientes culpable de lo que tu ex-pareja le hiciera a tu hijo si tú hacías todo lo posible por hacer las cosas como era debido?
El corazón de Sugawara dio un vuelco. Se dejó caer sobre la nieve notando como el frio de esta le empapaba.
—Evidentemente todos nos equivocamos, pero la realidad es que tú no eres responsable de todo, solo llegas a lo que tú puedes hacer y ya estás haciendo todo lo posible por mejorar la vida de Shoyo ¿no?
Sawamura le tendió el brazo para que se levantara del suelo. Koshi le agarró la mano, notando la piel del terapeuta sobre la suya y sin saber cómo comprendió que confiaba en aquel hombre de algún modo extraño e ilógico.
— Ahora si llega el momento de hablar y creo que deberíamos acompañarlo de un café— Sawamura dijo aquello señalando la salida del parque.
