Sugawara llegó a casa pronto de su tercera y última sesión con Sawamura o por lo menos más pronto de lo que había calculado que haría. Introdujo la lleve en la cerradura y abrió la puerta de la casa de sus amigos lo más silenciosamente posible, pero el pequeño Shoyo lo oyó.

Como si se tratara de un niño rayo, el niño llegó al recibidor antes de que Koshi llegara a cerrar la puerta tras de sí. El pelirrojo pegó un salto colgándose del cuello de su padre, que le sujetó por la cintura haciendo un esfuerzo por mantener el equilibrio.

— ¿Has acabado los deberes? — Preguntó Sugawara después de darle un beso en la frente.

Shoyo apretó los labios de forma interpretativa. Imitaba claramente a Asahi cuando le abría la puerta a algún vendedor ambulante que le preguntaba por si estaba el ama de casa.

—No puedo contestarte a eso sin consultarlo antes con mi abogada — dijo repitiendo las palabras que también había oído decir a Asahi refiriéndose a Kiyoko.

Los vendedores ambulantes encontraban extraño que la mujer de la casa trabajara y el hombre se quedara allí, cocinado y limpiando. A la pareja le traía sin cuidado, no se consideraban progresistas, simplemente Kiyoko era buena en su trabajo y Asahi necesitaba tiempo para escribir sus novelas.

Asahi ahora los miraba desde la puerta de la cocina. Estaba secándose las manos con un trapo, ya que acaba de terminar de fregar los platos.

—Pues yo también tendré que hablar con ella para darte una cosita que he comprado…— Sugawara sacó una caja de chocolates con las que sobornar al pequeño. En realidad los había comprado Sawamura, que había insistido en que le llamara Daichi y había sido más amable de lo que Koshi estaba acostumbrado por parte de personas que no consideraba amigos.

—No, no, no, ahora mismo los termino — afirmó Shoyo pataleando para que su padre le soltara y poder volver al comedor.

Koshi le soltó sin poder evitar reírse y le entregó la caja de chocolates para mirarle correr por el pasillo. Dejó su bandolera entre el armario de la entrada y se quitó los zapatos para entrar a la zona habitable de la casa. Llegó a la altura de Asahi y se adentró en la cocina.

—¿Como ha ido?— preguntó Asahi apoyando las manos sobre la mesa de la cocina.

El periodista abrió la nevera y sacó un par de cervezas, abriéndolas y entregándole una a su amigo.

—Ha sido raro, como todas las sesiones con ese hombre, pero ha estado bien aunque… — Sugawara reflexionó por un instante en si decir o no lo que estaba pensado, asumiendo que Azumane estaba intentando leer su rostro ante aquel silencio repentino.

—El tipo te gusta ¿no? —Asahi se apoyó contra el mármol de la cocina. Siempre había tenido aquellas intuiciones extrañas, como si le leyera la mente—. No como terapeuta, quiero decir que te gusta para jugar a los médicos.

Ambos lanzaron una mirada hacía el comedor, donde sentado sobre el suelo, Shoyo terminaba sus deberes de matematicas.

—No y sí — Sugawara se pasó la mano por el pelo, pensando en Sawamura. Era guapo, era evidente que tenía aquel aspecto casi agresivo y varonil que le gustaba, y también era un hombre observador e inteligente. Siendo analíticos ¿A quién no le gustaría aquel tipo? — Quizá solo sigo muy confundido con todo el asunto de Tooru como para pensar en esas cosas, no lo sé.

Observó como Asahi tomó un sorbo de su botellín de cerveza para luego dejarlo a un lado y empezar a cortar trozos de puerro para hacer la cena.

—Suga, llevas por lo menos un año sin echar un polvo con Oikawa y hasta hace dos semanas aún vivías juntos ¿Qué te confunde?

Sugawara miró de nuevo en dirección al comedor, esperando que Shoyo no hubiera oído aquello y no tener que explicarle aquella noche antes de irse a dormir qué era eso de "echar un polvo". Algo que probablemente el niño se imaginaría como tirar purpurina sobre alguien o algo así.

Y ciertamente Asahi también tenía razón con aquello. No tenía qué lo de estar confundido por Oikawa. Era pasado, no había más vueltas que darle al asunto. Lo sabía, pero a veces saber algo era muy diferente a sentir algo y quizá precisamente era aquello lo que le hacía sentirse tan confundido ¿Amaba aún a Tooru? Ni siquiera sabía si podía contestar a eso, y él siempre había creído aquella frase absurda de que si dudabas era que no. Aunque sabía que el asunto no era algo tan sencillo, porque para no amarle, aún le dolían demasiado los cuernos, aún le hería profundamente cómo se había comportado con Shoyo y más aún que hubiera tardado más de una semana en llamar después de la discusión final que había forzado que se marchara.

— En cualquier caso el sábado por la tarde llevaré al niño con Tooru un rato y supongo que tal vez vea las cosas más claras, no lo sé—. Sugawara dejó la botella de cerveza en el fregadero y se dirigió al comedor para ayudar a Shoyo con sus deberes.

Aquella noche durmió mal. A pesar de lo efectiva que había parecido la terapia, la culpabilidad de Sugawara no acaba de desaparecer. La cabeza del niño apoyada contra su pecho aliviaba vagamente aquella sensación. Pero por su mente no dejaba de cruzar el concepto de acostarse con Sawamura. Ni siquiera sabía su orientación sexual, cosa que le llevaba a aquel cántico mental que le había asaltado su mente por primera vez cuando había conocido a Tooru por primera vez. "Se gay, Se gay, Se gay". Todo terminaba entre una mezcla de emociones convulsas, aunque sabía que si se acostaba con otro que no fuera Oikawa, solo significaría que su relación con Tooru habría acabado después de diez años y medio.

El sábado por la tarde, Koshi tomó el tren en dirección a Nakano de la mano de su pelirrojo favorito. Los padres de Shoyo habían decidido si verse en el Horizon o en el Nakano Brodway, pero si caminarían un rato por alguno de aquellos centros comerciales. Sugawara ni siquiera se había visto con la capacidad de explicarle a Shoyo que iban a ver a Oikawa, y ciertamente aquello hizo que el efecto sorpresa ilusionara más al pequeño.

Cuando el pequeño pelirrojo divisó a lo lejos a su otro padre, con su ropa de firma perfectamente colocada y su pelo perfecto, soltó la mano de Sugawara y salió corriendo en pos de abrazarle. Koshi, que en otro momento le hubiera echado la bronca por hacer aquel tipo de cosas, se sintió incapaz, siguiéndole a paso relajado y sin apartar los ojos de él.

— ¡Papá! — gritó el niño, saltando sobre Oikawa y algarrandolsele al cuello.

—¡Sho-chi! — respondió Oikawa agarrandole por la cintura y bajo el trasero, mientras empezaba a besarle por toda la cara. Sugawara podía afirmar que si su ex-marido no estaba llorando, era por que él estaba allí, observándoles, y no quería regalarle ninguna victoria. No habría un "gracias por traerlo" para Sugawara—. Te he echado tanto de menos que casi me muero ¿sabes?

—Que exagerado — dijo entonces Sugawara al llegar a la altura de ambos.

—Sí papá, eres un exagerado, el que casi se muere soy yo por no verte— Oikawa dejó a Shoyo en el suelo y continuó con la mirada fija en el niño, agarrándole la mano para empezar aquel paseo. Los tres empezaron a andar en un silencio solo roto por la vocecilla del niño, que apenas se percataba de las miradas funestas que se lanzaban sus padres. No fue sorpresa real cuando Shoyo se quedó quiero en medio del gentío y los miró a ambos—. Y ¿Cuando vamos a volver los tres a casa?

Sugawara lanzó un suspiro. Ni siquiera había pensado en como explicarle todo aquello. En los últimos meses, Shoyo no había hecho ni una sola pregunta. Había acatado las situaciones sin abrir la boca, pero aquello no quería decir que el niño no pensara nada al respecto… Suponía que en parte el tratamiento psicológico le paliaba la situación extraña.

Koshi apenas había pensando en como formular una frase adecuada para explicarse, cuando Oikawa se arrodilló junto al niño.

— Verás, han pasado muchas cosas y ya no podemos volver a casa — la mano de Oikawa pasó por la cintura del niño, que le miraba fijamente. Si bien su cara no era de disgusto, se podría decir que Shoyo no lucía su sonrisa habitual —. Pero ahora tendrás más casas, lo cual quiere decir que tendrás más de un cuarto propio.

Shoyo repasó a Oikawa y después miró a Sugawara. Su ceño se frunció asustando a Koshi, que también se colocó a la altura del niño.

—Eso quiere decir que… ¡Tendré más juguetes! — gritó el niño pensado en todas las veces que Sugawara le había dicho que no podían comprar aquel modelo de súper robot, o aquel coche tele-dirigido o aquel peluche de dragón marino porque no tenía más sitio en su cuarto para guardarlos.

Los dos padres suspiraron aliviados ante aquella respuesta. Sugawara abrazó al niño y le besó en la mejilla antes de explicarle que aquello tendría que esperar un poco. A pesar de todo, Oikawa insistió en que podían empezar por algo y los arrastró a una tienda de juguetes del Horizon.

Así que mientras Shoyo corría de arriba a abajo, tomando diversas cajas de muñecos de acción sin saber cuál era el que quería.

—No me vas a decir dónde estáis ¿verdad? — la voz apenada de Oikawa contrarrestaba con su rostro, que mostraba una animada y fingida emoción.

—No quiero discutir con Shoyo cerca, pero es evidente que no — Sugawara se sentía peor que mal. Sabía que Oikawa no era un mal padre, nunca lo había sido antes de aquellas desapariciones. En parte por aquello se había resignado ante las aventuras sexuales de su marido, a pesar de que nunca hubiera sido demasiado discreto—. Entiéndeme, me da bastante miedo dejarlo a solas contigo, no sé si puedo fiarme en absoluto y ahora mismo no hay nada que pueda cambiar eso.

La expresión de Oikawa cambió mostrando cierta ira. Shoyo, que se acababa de decantar por un muñeco de Capitán América, le miró asustado y al percatarse, Tooru volvió a actuar. Koshi no sabía que pensar, a fin de cuentas se había casado con un actor, era imposible saber si aquello que transmitía era real o solo una vaga interpretación para herirle y hacerle creer que se había vuelto loco.