Sentado en la sala de espera del grupo de salud mental, Sugawara organizaba sus ideas mientras esperaba que Shoyo saliera de su sesión. Estaba bien eso de que se sintiera atraído por alguien, y era evidente que lo de Oikawa y él era irreparable, pero lo que no era admisible era que le gustara aquel psicoterapeuta. Simplemente, aquel tipo formaba parte del grupo de personas que estaban al cargo de Shoyo, y mantener una relación sexual o quizá romántica con él solo podía suponer una incomodidad inevitable para su hijo.
La sala de espera estaba vacía. Era la última hora de la tarde. Koshi se sentía incomodo, por sus propios impulsos, por tener que pedir que atendieran al niño a aquellas horas tan tardías, por el simple hecho de existir. Había conseguido evitar todos los reportajes de fuera de Tokio hasta aquel momento y aquello también era un quebradero de cabeza. Tenía que salir de viaje para preparar el especial de navidad de la revista; miles de hoteles románticos en los que alojarse en esa fecha especial. Evidentemente gracias al trabajo había conseguido un bono gratuito para ese día en uno de los hoteles más prestigiosos del centro, una especie de regalo para que pusiera mucha propaganda del lugar en el articulo. Era evidente que aquel bono él se lo iba a regalar a Kiyoko y a Asahi...
En aquel momento Daichi salió hacía la salita de espera. Sugawara estaba tan centrado en sus pensamientos que ni siquiera reparó en que el moreno se sentó justo a su lado, con el abrigo sobre las rodillas mientras mientras organizaba algunas cosas en su maletín. Sugawara giró la cabeza al identificar un sonido y se sobresaltó al verle allí. Casi gritó, pero se cubrió la boca con las manos evitando emitir ningún sonido audible.
—Pensé que nunca te ibas a dar cuenta — rió Sawamura ante el profundo sonrojo en la cara de Sugawara. Koshi que terminó de cubrir con sus manos, intentando que aquella acción le hiciera sentir un poco menos ridículo. Seguidamente suspiró—. No te he asustando tanto ¿no?
—No, no solo es que… —Sugawara le miró sintiéndose patético, no estaba muy seguro en si decir lo que estaba pensando o no, pero se lanzó—. Solo es que siento una ligera atracción hacía ti y me siento muy imbécil, como si aún fuera un niño de instituto o algo así.
Su sonrojo se pronunció más al ver que Daichi no apartaba sus oscuros ojos de él tras decir aquello. Desvió la mirada hacía la ventana, esperando que se marchara de una vez. No tenían más sesiones concertadas, supuestamente con tres había bastado para reforzar su autoestima y que él mismo lo volviera a destruir diciendo todo aquello. Sugawara reprimió sus ganas de golpearse en la cara. Y él había creido siempre que de haber un bocazas ente Oikawa y él, siempre había sido Tooru.
—No se que decir , supongo que es halagador — Sugawara escuchó la voz de Sawamura, era dubitativa, realmente como si aquello le hubiera pillado en shock—. Nunca he salido con ningún hombre, no es algo que me llame especialmente la atención…
—Como al 87% de la población masculina mundial supongo, los gays representamos una minoría.
En aquel momento el teléfono móvil de Sawamura sonó y Koshi le miró mirando la pantalla de este sin saber si contestar o no. Acto seguido silenció el tono de llamada sin cortar la llamada y se le quedó mirando. La extraña mirada que le echó hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Sugawara.
—La mayoría de filósofos estudiaron el mundo, pero muy pocos mencionaron que tal vez lo adecuado sería cambiarlo — Daichi dijo aquello recordándole a Koshi a una cita de Karl Marx, gastada y muy repetida en la facultad de periodismo en su época de estudiante para justificar que escribieran la verdad pero que manipular información siempre estaba permitido—. Deberíamos salir alguna vez, por probar algo nuevo nadie a muerto. Te llamaré.
Dijo aquello antes de levantarse, ponerse su abrigo y salir de la oficina, dejando completamente anonadado a Sugawara.
Al ver como se cerraba la puerta, Koshi empezó a reírse como un histérico. Aquellas cosas tan raras solo podían pasarle a él, a nadie más. Para él era evidente que solo había dicho aquello para quedar bien, lo cual convertía todo aquello en una situación profundamente frustrante ¿No era más sencillo ser sincero y directo? Siempre iba a fijarse en la misma clase de especímenes, lo asumía como culpa de su mal ojo clínico para las parejas.
En aquel momento Bokuto y Shoyo salieron del despacho del primero, por lo que Sugawara reprimió su risa. La cara del terapeuta estaba manchada con diferentes colores, como si Shoyo hubiera estado pintandole una barba de color rosa y azul.
—Shoyo, ahora tendría que hablar con tu papà ¿Podrías esperar aquí? — preguntó Bokuto al niño que se sentó en una de aquellas sillas verdes algo desgastadas.
—Pero él es papi, ya te lo he explicado, Kotaro-san ¿por qué no te acuerdas? — se quejó el niño.
Sugawara se levantó dispuesto a entrar en el despacho un momento.
—Es que ya sabes que tú eres el listo aquí — bromeó con el niño Bokuto giñándole un ojo.
Sugawara pasó al despacho de Bokuto. Se notaba claramente la diferencia entre aquel lugar de trabajo y el que utilizaba Daichi. Las paredes estaban repletas de dibujos de diferentes niños, y aunque había una mesa y sillas, destacaban las alfombras repletas de cojines con una mesa baja en la que se extendían rotuladores, colores y pinceles.
—Lo siento por el desorden — dijo de forma mecánica Bokuto, mientras apartaba una carpeta llena de papeles de la silla que había frente al escritorio y le invitaba a sentarse en esta mientras él se sentaba sobre su mesa, con las piernas colgando y aquella carpeta sobre las rodillas—. Shoyo me ha contado que vio a su otro padre este fin de semana.
—Sí, creo que a pesar de la situación... — explicó Sugawara— ¿Está mal o…?
—No, para nada, los niños se culpan mucho de estas situaciones y ver poco a — esperó unos instantes antes de acabar la frase, esperando que su interlocutor la completara mencionado el nombre de su ex-pareja.
—Oikawa.
Bokuto interpretó su mejor cara de póquer, a pesar de que se le notó ligeramente compungido, echando de menos una botella de Vodka que llevarse a la boca. Aquello debía ser una coincidencia, era la frase que se obligaba a pensar.
—ver poco a Oikawa hace que Shoyo piense que se ha portado mal y sería positivo que pasara más tiempo con él — Bokuto dijo aquello de espaldas, sin mirar a la cara de Sugawara y esperando que este no encontrara extraño su comportamiento. Sacó un dibujo de los que había hecho Shoyo en los que salían tres monigotes, dos de ellos se agarraban de las manos, pero el otro estaba separado—. Para él estos son vosotros tres, y el único que no le agarra de la mano es el que representa a su otro padre porque al parecer trabaja demasiado según el mismo Shoyo.
Tenía ganas de gritarle mil perdones a aquel hombre allí sentado con él pero ¿cómo hacerlo? Resultaba completamente ridículo y extraño, además no sabía si eran el mismo Oikawa.. Porque ¿Cuantos Oikawa podían haber en el pais? Hasta en una de las sagas de Digimon había un personaje que se apellidaba de aquel modo. Pero.. ¿y si él era el culpable de todos los dramas de aquel niño pelirrojo? La mente de Bokuto no podía parar de pensar.
—Sin lugar a dudas debería poder pasar más tiempo con él— contestó intentado terminar aquella conversación. Bokuto necesitaba respuestas, fuera como fuera y antes de que aquella noche acabara.
Koshi miró el dibujo incomodo, porque después de todo, un profesional le estaba diciendo que tenía que hacer algo que no quería. Y no querría hasta que no supiera a ciencia cierta que Oikawa no tenía un tumor cerebral que le empujaba a hacer cosas extrañas o cualquier otro motivo lógico que explicara por qué había abandonado solo a Shoyo.
