Oikawa se entraba sentado en aquella cafetería, molesto y cabreado por todas las respuestas posibles que le estaba dando Takahiro. Eran amigos desde pequeños, pero aquella no era una cita para rememorar la infancia.
— Sería muy difícil conseguir la custodia compartida— Hanamaki era abogado, pero para el criterio de Oikawa en aquel momento era el abogado más pésimo que se pudiera echar a la cara.
Con los brazos apoyados sobre la mesa de madera, Tooru bajó la cabeza mirando el café americano que había pedido, pero que ni siquiera había tocado. Debía estar completamente frío y de no ser porque se contenía, se lo hubiera tirado a la cara a el que fue uno de sus compañeros de juegos en el jardín de infancia.
—Vamos, que ni aunque encontrara a Nakashima y esta alegara que nos cedió el bebé a los dos, no tengo posibilidades ¿no? —Oikawa repasaba mentalmente dónde podía encontrar a aquella chica.
La última vez que la había visto, ella volvía a su pueblo de montaña allá en Miyagi. Pero le era imposible recordar cómo se llamaba aquel pueblo, y buscar entre todos los Nakashima de la prefectura resultaba más complejo que encontrar una aguja en un pajar. Además, cabía la posibilidad de que se hubiera casado y cambiado el apellido, lo que dificultaba aún más encontrarla.
—Eso podría ser un principio, pero no te asegura ganar nada — Takahiko terminó su café de un trago y sacó un pequeño bloc de notas amarillas. Apunto dos números de teléfono en este y se los acercó a Oikawa —. Suelo trabajar con estos dos detectives privados, son un poco caros y aunque puedo llevar tu caso gratis por lo que hace a mi trabajo, tendrías que hacerte cargo de los costes judiciales también.
Tooru bufó molesto. Dinero, todo en este mundo era DI-NE-RO. Aquello le resultaba abrumador, porque claro que podía pedírselo a sus padres, pero no podía evitar no querer contarles nada de lo que había pasado. No quería oir un "Ya te lo decía yo" o cosas por el estilo. El trabajo de actor apenas le daba para comer.
—Creo que voy a tener que buscar otro empleo — dijo levantándose a sabiendas de que había pagado por un café que se iba a quedar en esa mesa. 400 yenes a la basura.
—En la recepción del bufete necesitamos a alguien, podría hablarlo— Hanamaki se levantó y agarró su chaqueta que reposaba sobre el sillón en el que se habían sentado junto con una bandolera en la que llevaba diferentes documentos de otros casos que estaba llevando—. Pero la pregunta más importante quizá es ¿Has intentado consultar con un médico esas perdidas de memoria?
—No, y no quiero hablar de eso — contestó hastiado Oikawa mientras desviaba la mirada hacía la izquierda, evitando hacer contacto visual con su amigo. Podía imaginar que aquello se traduciría como una cita no muy lejana con todo el grupo de amigos para forzarle a hacer aquello.
Hanamaki tendió el brazo hasta el hombro de Oikawa y tiró de él.
—También puede ser un factor importante si quieres la custodia de Shoyo — dijo aquellas palabras que se clavaron como agujas en el cuerpo de Tooru.
—Te odio.
—Es mutuo — contestó riéndose Hanamaki.
Ambos caminaron hacía la puerta y salieron a la calle. Hacía un frio horroroso para el gusto de Oikawa y la palidez del cielo decía que probablemente en breve volvería a nevar. Se despidieron cerca de la boca del metro, antes de que Oikawa se dedicara de nuevo a vagar por la calle intentando evitar volver a un falso hogar donde las paredes se le hacían estrechas.
¿Desde cuando se había vuelto él tan sentimental? Se preguntaba aquello cuando su teléfono móvil empezó a sonar. Miró la pantalla viendo los ideogramas que se leían como Bokuto y colgó sin tan siquiera darse tiempo a pensar ¿Cómo alguien podía ser tan pesado? Hasta se sentía culpable por pensar aquello, así que automáticamente sacó el teléfono y dispuesto a devolverle la llamada, cuando un numero que no tenía registrado apareció en la pantalla a la par que el aparato empezaba a vibrar de nuevo.
"Shoyo" pensó de golpe en lo que se podría llamar una intuición, casi como un enamorado piensa en el amante y contestó sin pensar.
—Oikawa Tooru al habla — dijo esperando oir la voz del pequeño. Pero era Bokuto otra vez. La desilusión ocupó el cuerpo de Oikawa que reprimió el impulso de colgar—. ¿Qué quieres?
—Pues… Se supone que la confidenciadilad* profesional no me permite….
—Confidencialidad —le corrigió.
—Eso quería decir, que no me permite decirte nada pero ¿Es Sugawara Shoyo tu hijo? — tras escuchar aquello Oikawa se quedó helado—. ¿El silencio es que si?
El silencio por parte de Oikawa se prolongó medio minuto más, solo rellenado por las palabras de Bokuto que de no ser porque aún percibía la respiración agitada de Oikawa al otro lado de la linea telefónica hubiera pensado que le habían colgado.
—La pregunta de como lo sabes es obvia pero ¿Dónde estás? — dijo Oikawa tras mandar callar a su interlocutor—. Donde quiera que estés vamos a tener que hablar largo y tendido tú y yo.
Tooru se planteaba seriamente que aquel acoso por parte de Bokuto, decubriendo quien era su hijo era un problema. No le gustaba que husmeara en su vida, y aunque adoraba ser el centro de atenci´n para casi cualquiera, no de aquel modo tan molesto.
No era que Bokuto no se diera cuenta de que invitar a Oikawa al despacho era un error, pero tenía hambre y estaba nervioso, lo que él simplificaba a no poder pensar con claridad. Así que le indicó la dirección y bajó al Sushi bar de la esquina para comprar un buen cargamento de comida.
Llegó al portal cargado de las bolsas de comida justo para ver a Oikawa aporrear el interfono con ira porque no abría, lo que dibujo una sonrisa en su rostro.
—Si alguien te abre me asustaré — dijo a modo de saludo instantes antes de sujetar una de las bolsas de Sushi con la boca para sacar las llaves de su bolsillo y abrir la puerta.
—Podrías haberme avisado de que no estabas ahí— mustió Oikawa, que solo había deducido que no iban a verse en el piso de Bokuto por la placa que anunciaba los despachos de salud mental. Ver aquello le hizo pensar ¿realmente Bokuto había descubierto en nombre de su hijo a través de una exhaustiva investigación de acoso? Su mal humor descendió un poco.
Bokuto intentó hablar con la bolsa de comida aún en la boca, por lo que Oikawa apenas entendió nada de lo que quería expresar y se limitó a mantenerse expectante.
Entraron al desordenado despacho de Bokuto, y este dejó las bolsas sobre la mesa, que había dejado despejada antes de bajar a por la comida.
— Está prohibidisimo comer aquí, pero como Michimiya-san ya no es la jefa….— dijo más para si mismo Bokuto que para que Oikawa le oyera, mientras disponía las diferentes bandejas de sushi y takoyaki que había comprado—. Soy el psicólogo de tu hijo ¿sabes?
—Pues qué bien — dijo con fastidio Oikawa mirándole meterse varias bolas de Takoyaki en la boca. Bokuto le ofreció comida. Bueno, aquello ya le aseguraba que no era tan acosador… Pero seguía resultando extraño— ¿Esto es solo una cita para ti?
Kotaro negó con la cabeza tragándose todo lo que se había puesto en la boca casi sin masticar.
—Por lo que sé no puedes ver a Shoyo y bueno, que hayas venido supongo que quiere decir que tú quieres verle más — le acercó la bandeja de makis a Oikawa que finalmente tomó uno de salmón y aguacate—. El caso es que te puedo dar la dirección de dónde vive, aunque solo sea para que no pienses que Sugawara-san lo tiene viviendo en un love-hotel.
Oikawa se atragantó ante la idea de que Koshi hiciera algo así. Probablemente antes se moriría a hacer algo así. El señor perfecto no cometía errores de aquel tipo, el que hacía esas cosas era él mismo.
—No me mal interpretes, quiero que me des esa dirección pero… ¿Por qué lo haces? Ni siquiera te trato bien— el castaño hizo comillas con la mano libre de comida al decir aquel "bien". Era completamente consciente de que a veces era maleducado, que por linea general le utilizaba para no sentirse solo y que para nada había tenido en cuenta sus sentimientos durante el tiempo que llevaban conociéndose.
Las manos de Oikawa que sostenían un nigiri de atún que no llegó a mojar en la salsa de soja, pero tampoco a comérselo. Levantó la mirada de la comida y miró a Bokuto suspirar.
—Ocasionalmente me gusta ponerme en ridículo, supongo — el tono divertido de Kotaro desapareció diciendo aquello. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas, probablemente porque no estaba dispuesto a mostrarle los sentimientos que tenía hacía él, los cuales obviamente sabía que no era correspondidos—. Pero no creo que ahora sea el momento de que me fuerces a hacerme sentir aún más ridículo, así que simplemente acepta esos datos y come.
Tooru dejó la comida de lado, levantándose de la silla y pasando hacía el otro lado de la mesa. Alargó el brazo hasta pasarlo por los hombros de Bokuto, él cual no hizo esfuerzo alguno por girarse. Los labios de Oikawa rozaron la mejilla de Bokuto, besándole suavemente. Continuó besándole poco a poco hasta llegar a la comisura de sus labios. Bokuto se apartó.
—Eres muy molesto— se quejó Oikawa al ver como el otro se metía un niguiri en la boca. Se acercó y le robó la mitad de este, comiéndosela.
—Y'tú — contestó Bokuto sin llegar a tragarse el trozo de comida y mostrando el arroz medio a masticar en su boca.
Oikawa suspiró sentandose en el suelo y mirando a Bokuto. Quizá aquella no era la mejor idea del mundo, probablemente su acompañante tenía razón al actuar de aquel modo.
—¿Por qué le pusiste los cuernos a tu marido? ¿No le querías?— preguntó Bokuto entre curioso y culpable.
—¡Claro que le quería! Solo estaba enfadado, irado y quería que él se sintiera como yo me sentía — Oikawa apoyó la cabeza en las piernas de Bokuto al igual que un niño pequeño hubiera hecho con su madre. Era consciente de que corría el riesgo de llevarse la mitad de la comida alojada en el pelo, pero quizá por primera vez en la vida su vanidad se desvaneció suficiente para que aquello no le importara demasiado—. Le dejé pistas para que las encontrara, quería que me gritara, que a pesar de todo el trabajo y del hecho de que yo parecía más un engorro que un aliado aún me quería ahí con él pero solo se comportaba de forma más y más fría y cuando quise arreglarlo todo, ya era muy tarde para hacer nada así que continué porque no sabía que otra cosa podía hacer.
La mano de Kotaro acarició el pelo de Oikawa a modo de consuelo.
NA: *Siempre he pensado en mis personales headcanons que Bokuto tiene disléxia y déficit de atención (lo cual es irónico porque nunca he pensado que el déficit de atención sea un verdadero trastorno a pesar de lo que he aprendido en la uni) . Técnicamente ambas dos cosas se superan si sigues ciertas pautas etc etc, aquí un disléxico que lo cerífica, pero en momentos de estrés sigue siendo algo horrible y solo intentaba mostrar eso. Bcs yes.
