NA: Volví de Buenos Aires, tengo dolor de vida, he hecho ya los trabajos de fin de semestre y solo me quedan los exámenes que serán en enero y no, no estoy estudiando porque soy un despojo humano que empieza a liberar feels reprimidos en cajas desordenadas desde 1989. Pero la vida es guay, he ido al otro lado del atlantico y aquí os dejo un capitulo nuevo. Podéisllegar a pensar que este capitulo es necesario y lleno de fanservice, pero no. Está lleno de pistas y si tiene algo de fanservice es culpa de que lo he escrito escuchando a Stevie Nicks y el sonido de su voz me ha dejado un poco tonto. Baiii.

Oculto entre la V y la E de la escultura de Robert Indiana de Shinjuku, Sugawara sudaba mares a pesar de que la temperatura ambiente era más bien baja. El impulso de quitarse el abrigo y deshacerse del jersey de lana que llevaba era intenso, pero se contuvo. Sawamura Daichi había llamado el día anterior concertado aquella cita, que no era una cita médica, que era una cita real. Y aquello no podía convertirse en algo más incomodo para Koshi, que sentía atrapado en la mofa de un heterosexual lerdo. Pero había dicho que vale, aunque solo fuera para decirle que aquella cita no tenía sentido, le había dicho que se vieran allí.

Era horrible que hubieran decidido verse allí. Había tanta gente que Sugawara solo podía ponerse más y más nervioso. Aunque no podía mentirse, podía haber millones de seres humanos allí o ni una alma, su tensión seguiría por las nubes fuera como fuera.

Había dejado a Shoyo viendo los dibujos animados con Asahi y Kiyoko. En su mente se repetían las palabras de su hijo, que le había besado, babeandole la mejilla completamente a consciencia diciendo "Estás muy guapo, tanto que te comeré". Aquella frase que siempre le decía al niño Oikawa cuando iban a verle actuar y lo vestía de punta en blanco…Y lo peor de todo era aquello, pensar en Oikawa todo el tiempo. No solo era una cita que por fuerza tenía que salirle mal, si no que además Oikawa Tooru era su único y estúpido referente de citas anteriores.

Suspiró hondo apoyando la espalda contra la E, cuando Daichi apareció. Impecablemente vestido, con aquella sonrisa rígida, se plantó a su lado, fuera del espacio que otrograban las grandes letras de la escultura. Le miró con cierta decepción ante aquel rostro tan proporcionado.

— No creo que esto tenga sentido — le dijo Sugawara antes siquiera de decir hola. No sabía ni cómo debía expresarse—. Es absurdo que un tipo heterosexual interprete solo por no herir...

Sawamura alargó el dedo indice y lo colocó sobre los labios de Sugawara. Koshi le miró extrañado, fijándose en su brazo extendido desde las distancias que se dibujaban entre sus cuerpos.

—Esto se te hace incomodo, lo entiendo — dijo antes de retirar el dedo y rascarse la frente. Sugawara ya había observado aquel gesto que solía ocasionarse cuando pensaba—. Verás no soy gay, no creo que lo sea nunca, pero si siento cierta atracción hacía ti y me parecería mal que te fueras ahora.

Las mejillas de Daichi se enrojecieron levemente, como si decir aquello le incomodara.

—Sigue siendo una situación rara.

—-No lo es, ¿no hemos compartido algún café ya? — Tras decir aquello Daichi estiró el brazo, esta vez alargando la mano cerca de la de Sugawara, esperando que este la tomara en forma de aceptación. Una leve sonrisa se dibujó en la cara del moreno, sosteniendo aún el brazo en aquella postura forzada, que se contagió en el rostro del otro.

Koshi tendió su brazo, agarrándole la mano a pesar de no haber eliminado al cien por cien aquella extraña sensación de que algo no estaba en su sitio.

Casi con un paso por delante de Sugawara, Sawamura caminaba con decisión. Koshi se paró por un instante frenando al moreno.

—Perdona por la inseguridad, creo que estoy paranoico — Sugawara dejó escapar un suspiro profundo—. No es por esto, es por mi propia incomodidad.. Solo he salido con una persona en toda mi vida y supongo que no tener otro referente lo hace todo aún más difícil.

—Lo sé.

—Sí, sabes demasiadas cosas de mi y eso me deja en una situación completamente injusta respecto a ti.

Sawamura miró de reojo el entorno, y empezó a andar hacía una cafetería cercana.

—Tengo 31 años, soy divorciado y tengo un hijo más bien problemático — Daichi empezó a enumerar ciertos detalles de su vida mientras arrastraba a Sugawara hacía la mesa de aquel establecimiento. Al entrar Koshi se estremeció al notar el cambio de temperaturas—. He tenido dos relaciones en mi vida, una durante la adolescencia que terminó cuando entré en la universidad de medicina, y la otra fue la madre de mi hijo.

Ambos se sentaron y Daichi levantó la mano llamando la atención del camarero, para después pedir dos cafés para ambos. Después de aquello miró a Suga y sonrió. Le resultaba curioso como Sawamura podía desarrollarse de forma tan rápida con el entorno, como si estar por allí fuera algo que hacía cada día o simplemente tuviera una buena habilidad para ello.

—¿Algún dato más?

—Es mucha información de golpe — Sugawara empezó a reírse, era absurdo que le gustara tanto cuando precisamente simplemente era un misterio de persona. Pero era ameno y agradable aquel esfuerzo rápido por hacerle sentir menos incomodo, por destapar quien era con versatilidad y sin miedo a ser juzgado. Le admiraba, no podía evitarlo— ¿Por qué tu hijo es problemático?

Daichi miró hacía arriba, y luego dejó escapar un suspiro.

—Mi ex-mujer es… — forzó una mirada, como si pensara en la palabra adecuada a escoger antes de proseguir—. Diremos que es complicada, y manipula mucho al niño, que desafortunadamente sufre bastante por culpa de ello.

Sugawara pensó en Oikawa ¿Sería él capaz de hacer algo así? ¿O en el caso de que terminaran compartiendo una custodia se mantendrían en un punto de respeto mutuo? Si consideraba que Oikawa estaba dolido, probablemente sería de todo menos simpático… Aunque ambos sabían que Shoyo no era el responsable de que su relación se fuera la mierda.

La mano de Daichi agarró la de Sugawara, que por un instante se había perdido en sus pensamientos, reflejando en su rostro todas aquellas inseguridades.

— Quizá me siento atraído hacía ti porque me identifico con tu historia, de hecho ella me dejó por otro — añadió Daichi despertando de nuevo aquel sentimiento de seguridad que Koshi creía desaparecido—. Pero eso no significa que tu ex-pareja sea tan mala persona como la mía.

Koshi le miró, asumiendo que aquella habilidad para leerle la mente podía llegar a ser molesta. Su asombro se dibujaba por la posición de sus cejas, arqueadas y acompasadas con la forma almendrada de sus ojos.

—¿Cómo sabes lo que pienso?— Desvió la mirada al otro lado de la cafetería, evitando él le mirara a los ojos.

—Es más fácil leerte el rostro que leer un libro para niños — Daichi pasó su otra mano por la cara de Sugawara forzándole a mirarle, ampliando el contacto físico entre ambos. No era incomodo para él, sin embargo no estaba seguro de tener tanta confianza como para normalizarlo.

Sawamura le soltó de forma suave y relajada, dominando la situación al completo. Sus miradas se sostenían fijas la una en la otra. Por la mente de Sugawara solo pasaba la idea de besarle, y de haberse sentido más seguro, probablemente lo hubiera hecho, pero giró la cabeza de golpe rompiendo el contacto visual.

Se sentía completamente abrumado, aterrorizado ante la idea de besarle. Y claro que pensaba que tocar los labios de él con los propios podía ser algo increíble, pero tenía miedo. Era un miedo absurdo e irracional, como todos aquellos miedos que surgen de la experiencia pasada y no de los datos que él mismo percibía. Porque su mente de forma inconsciente le recordaba el dolor, el intenso dolor que había ocupado su estúpido cuerpo humano cuando descubrió las infidelidades de Oikawa. Era el peso de todos aquellos echos, aflorando en su consciencia. Si nunca cometía el error de acercarse a nadie, tal vez, nunca tendría que enfrentarse de nuevo a aquel absurdo sentimiento de pérdida, que incluso cuando ya no amaba al que había perdido, le hacía sentir que era una fracasado.

No se trataba de ganar o perder, eso lo sabía. Ni siquiera estaba enamorado aún, solo sentía aquella estúpida atracción hacía el alguien tan magnético como era Sawamura Daichi, pero no lo podía negar ¡Tenía tanto miedo…!

El sonoro suspiro de Sawamura llegó a los oídos de Sugawara, haciéndome asimilar que de nuevo había vuelto a leerle el rostro, adivinando sus pensamientos. Y entonces, la frase que decía que lo mandara todo a la mierda golpeó contra su cráneo. Claro que iba a acabar llorando, no existían los "felices por siempre jamás", pero podía aprovechar el momento.

Koshi volvió a mirar a Sawamura, que tomaba café con tranquilidad. Le retiró la taza de las manos, no tenía sentido pensar en qué puñetera sexualidad tenía, ni en si iba a huir justo después de aquella cita o dentro de diez años y medio como había hecho Oikawa. Dejó la taza sobre la mesa y acercó despacio su rostro al de Daichi, que a su mismo tiempo, pero de forma más sosegada, le siguió el juego.

Sus labios se tocaron despacio, en un beso corto. Sugawara mantenía los ojos entrecerrados, para ver si en algún momento Daichi se apartaba. Al ver que no lo hacía los cerró y volvió a besarle impulsándole a abrir la boca y colando su lengua en el interior de esta. La mano de Sawamura se extendió hasta su cintura, obligándole a voltear la mesa con la firme intención de obligarle a sentarse sobre él, pero Sugawara se retuvo.

Koshi separó su boca de la de Daichi y le miró, justo antes de volverse a sentar en su silla, dejando escapar un poco de aire por su boca. Estaba acalorado. Se miraron en silencio unos instantes.

—¿Crees que tal vez deberíamos buscar un sitio en el que no hablar? — preguntó Daichi para después dibujar una leve sonrisa de satisfacción en la cara.

La respuesta afirmativa de Sugawara se mostró a través de un vago movimiento de cabeza, quizá algo cohibido ante si mismo.

Ambos se levantaron y después de pagar salieron de nuevo a la calle. Caminaron varias calles agarrados de la mano y a paso rápido, hasta llegar a un callejón estrecho donde a pesar de que aún no era oscuro, parpadeaba una luz de neón anunciando un love hotel.

La luz blanca de los fosforescentes les asaltó cuando entraron en el recibidor de aquel establecimiento. Sugawara, con la mirada fija en el suelo atípico de moqueta azul, no se fijó en las pantallas que mostraban las habitaciones libres.

Sawamura seleccionó la habitación, haciendo que automáticamente la pantalla de aquella se apagara cuando la llave cayó por la máquina que las dispensaba.

—¿Habías estado ya antes en un sitio así? — preguntó Koshi mientras caminaban por los pasillos con paredes coloridas. Había luces en las puertas de las habitaciones, manteniéndose encendidas aquellas que estaban libres, apagadas las ocupadas y la suya, con la puerta abierta mantenía aquella luz en parpadeos.

—Una vez , hace mucho tiempo.

Era una luz de color violáceo, casi cegadora. Sugawara se paró a mirar una máquina expendedora con diferentes juguetes sexuales y preservativos. Se acercó a esta y la miró curioso, para después sacar su cartera. Él no llevaba preservativos.

—Yo tengo preservativos — anunció Sawamura sujetando la mano de Koshi y evitando que este pusiera monedas en la máquina, para después arrastrarle a la habitación.

La habitación no era muy grande. Había dos yukatas encima de la cama, adornada con una colcha hortera con estampado de tigre. La luz era tenue, de color azulado, salía de una lampara situada sobre el cabezal de la cama. Sugawara se sentó sobre la cama, deshaciéndose de sus zapatos despacio. Por contra Sawamura se quitó los zapatos sin usar las manos, pisando un pie sobre el otro y levantando las piernas antes de dejar los yukatas sobre la mesilla de noche, amontonados de cualquier manera.

El moreno se sentó junto al otro, alargando su mano hasta el pecho de este y forzándole a tenderse.

—Para no haber hecho esto nunca… — empezó a decir Sugawara, cuando notó el aliento de Sawamura cerrarse a su boca, para besarle. Seguidamente se deslizó por su mejilla mordisquearle, hasta bajar por el cuello mientras sus manos desabrochaban el pantalón.

Koshi dejó escapar un gemido y pasó sus manos por el pelo de él. Acarició su cuello y deslizo los dedos por su espalda por encima de la camisa. Le agarró por la cintura y empujó a Daichi a tenderse sobre la cama.

— No he hecho esto nunca, pero eso no quiere decir que no me lo hay imaginado — la voz de Sawamura se acompañaba de cierta resistencia a moverse. Sugawara se rio y prosiguió en empujarle colocándole contra el colchón.

—¿Y en tu imaginación yo era una muñeca hinchable?— Koshi re rio al pensar en aquello mientras desabrochaba despacio la camisa de Sawamura, para después pegar sus labios contra la blanca piel de su torso. Los dedos de Sugawara desabrocharon el cinturón de piel del psiquiatra, para deslizar los pantalones de este por sus piernas.

—No, supongo que...— la voz de Daichi se cortó al notar el aliento de Sugawara sobre su pene.

Ciertamente, Sugawara no era una muñeca hinchable.