Capítulo 2º.- Luz

—Enforcer Testarossa, señora… —una voz lejana parecía llamarla—. Señora… Fate…

Trató de abrir los ojos, sin embargo sólo pudo con el izquierdo, el derecho se negaba a hacerlo, como si algo se lo impidiera, desechando cualquier tipo de conclusión apresurada, enfocó la vista con su único ojo abierto, el rostro borroso que se cernía sobre ella se tornó más claro y nítido.

—Ledri —mustió al reconocer la cara del especialista.

—Por fin has despertado —suspiró el joven castaño—. ¿Tienes algo roto? ¿Puedes moverte?

—Creo que sí —Fate se incorporó con cuidado, le dolía todo el cuerpo, pero nada parecía roto, seguramente era consecuencia del impacto… El impacto, de repente recordó de golpe todo, el rayo que les alcanzó la primera vez, el piloto gritándoles que se quedarán en la parte trasera de la nave, la compuerta cerrándose y separándoles de él, el segundo impacto y la caída hacia una muerte segura de no haber sido por sus barriers jackets y la barrera que Fate levantó antes de que la nave se estrellase contra el suelo. En algún momento había perdido la consciencia, probablemente en los cientos de tumbos que dieron al saltar de la lanzadera antes de que ésta se precipitase contra los árboles.

—¿Y los demás? —preguntó, al tiempo que llevaba una de sus manos a su ojo derecho, al retirarla en su guante vio restos de sangre seca.

—Es de un corte en la ceja, nada grave, pero la sangre se ha secado sobre el ojo, por eso no puedes abrirlo. Espera —Ledri le tendió un pedazo de tela mojado en agua—. Los demás…, ni el piloto ni Bedra lo han conseguido —los ojos del joven se empañaron durante unos segundos—, el resto tiene heridas de diferente consideración, pero sobrevivirán, Aldian está encargándose de ello ahora.

Cierto, la sargento mayor tenía dotes para la sanación, Fate esperó que atender a todos sus compañeros heridos no la agotará demasiado. Lamentó ambas muertes y aquello no era más que el principio de la misión.

—¿Alguna noticia de Shadow? —preguntó mientras terminaba de limpiarse la sangre reseca, abrió el ojo derecho, veía perfectamente.

—Nada aún, me temo que estamos fuera de su alcance para comunicarnos con la mente y el equipo de transmisión se estrelló con la lanzadera.

—Más buenas noticias —ironizó la Enforcer. Miró a su alrededor, buscando a Baradiche, estaba segura de que lo había invocado, lo localizó apoyado contra el tronco de un árbol cercano, probablemente Ledri se había ocupado de él.

Se levantó, sintiendo un latigazo de dolor en la pierna izquierda, pero no dijo nada, seguramente no era más que el efecto del golpe, el especialista la siguió de cerca, solicito a cualquier orden o petición que quisiera hacerle.

—¿Cómo estás, Baradiche? —cogió el dispositivo en sus manos.

—Fine, sir.

—Me alegro.

Comprobado el estado de su compañero, se encaminó a donde Aldian atendía a los otros, las cosas no pintaban tan mal cómo podrían haber sido; los cuatro soldados restantes estaban heridos, pero nada grave, cortes y magulladuras y algún hueso roto, que Aldian trataría de reparar. Lo más difícil sería recomponer sus ánimos, derribados y con dos compañeros muertos, sus miradas estaban apagadas. Un trueno restalló en el cielo y sólo entonces Fate fue consciente de que alguno de ellos había levantado un campo mágico que mantenía la lluvia fuera y a ellos secos, debía haber sido Ledri, de todos era el que parecía más entero y centrado.

—¿Cómo va, Aldian?

—Ya casi he terminado, todos podrán caminar y combatir —contestó la sargento mayor sin dejar de aplicar su poder en el brazo lastimado de Asier, uno de los magos de tierra.

—Entiendo cómo os sentís —Fate miró a cada uno de los siete hombres y mujeres que estaban a su alrededor—, pero no podemos rendirnos, no sería justo para los amigos que hemos perdido. Levantad vuestras miradas y preparaos para marchar, no podemos quedarnos aquí, el humo de la lanzadera acabará por atraer a nuestro enemigo.

Había estado varias veces en el frente de batalla y conocía las palabras que los comandantes decían a sus hombres cuando el ánimo decaía.

Hizo un gesto a Aldian para que se acercará una vez terminará de curar a Asier y se volvió hacia Ledri, de momento sería en ellos dos en quien más se apoyaría, daría tiempo al resto para recomponerse y asimilar lo ocurrido. Aldian se unió a ellos.

—Lo primero que debemos hacer es determinar nuestra posición —dijo Fate, al tiempo que activaba la imagen virtual de un mapa, al menos parte de su equipo electrónico aún funcionaba—. El punto de aterrizaje era éste —señaló un marca roja sobre la imagen—, pero no sabría decir dónde hemos caído nosotros respecto a ese lugar.

—Mmm… —Ledri se frotó el mentón—, alguno debería volar y buscar algún punto de referencia con el mapa sobre el terreno.

—Bien, yo lo haré —se ofreció Fate.

—Espera, exponerse de esa manera es demasiado peligroso, no sería bueno que hiriesen a nuestra líder, iré yo —dijo Aldian.

—No, si alguien va correr un riesgo seré yo.

—Lo siento, señora, pero voy a desobedecer esa orden por el bien del equipo, si te hieren o, peor aún, te matan la poca moral que nos queda desaparecerá.

Fate admitió a regañadientes que la joven tenía razón y permitió que fuera ella en su lugar. Aldian se elevó hacia los árboles, el bastón que era su dispositivo aferrado en las manos, cruzó las copas con precaución, la observaron hasta perderla de vista tras el follaje. El tiempo pareció detenerse mientras esperaban con la respiración contenida el regreso de la sargento; por fin, cinco largos minutos después, descendió de vuelta, sus ropas chorreando agua. Activó el mapa virtual y señaló varios puntos sobre él.

—He podido ver este grupo de montañas al norte y probablemente este río al sureste, si mis cálculos son correctos, hemos caído a unos cincuenta kilómetros del punto de aterrizaje.

Fate exhaló un quedo suspiro, no era una gran distancia volando, pero de recorrerla así deberían extremar las precauciones, volar siempre bajo la línea de árboles y estar atentos a cualquier señal del enemigo. Y aún había otra cosa a tener en cuenta, Shadow, con Nanoha a la cabeza, les estaría buscando, si ambos grupos se movían corrían el riesgo de cruzarse y no verse. Bueno, pensó, para evitar eso bastaba con tratar de establecer contacto mental con ellos cada cierto tiempo.

—Bien —recorrió con la mirada a su equipo—, avanzaremos hasta encontrarnos con Shadow, volaremos bajo, que cada mago aéreo lleve a uno de tierra. Estad atentos, no sabemos dónde puede esperarnos el enemigo.

—¿Los dejaremos aquí? —preguntó Lya, una de las magas aéreas, refiriéndose a sus compañeros muertos.

—No podemos llevarlos con nosotros —Fate odiaba que fuese así, pero no había nada que hacer. Nadie discutió, sabían que tenía razón.

Listos para partir, se pusieron en marcha. La lluvia incesante les empapó a los pocos minutos, volviendo su vuelo incómodo, los árboles, que crecían apretados, tampoco les facilitaban las cosas y aunque sus heridas más graves habían sido sanadas, la fatiga no tardó en hacer mella en algunos de ellos, sin embargo no se quejaban y seguían avanzando tras Fate, que junto a Aldian, iba en vanguardia, atenta a cualquier señal de peligro.

Aunque la Enforcer distaba de estar mejor que sus compañeros, la pierna le seguía doliendo, pinchazos agudos se repetían continuamente, extendiéndose desde el muslo hasta el tobillo; si estuviesen yendo a pie cojearía notablemente, pero por el momento apretaba los dientes, aguantado como mejor podía los latigazos de dolor.

No llevarían ni diez kilómetros recorridos, cuando el primer proyectil impactó en uno de los árboles cercanos, arrancando fragmentos de corteza; se pararon y descendieron al suelo, donde se ocultaron entre la maleza, activando barreras y escudos que les protegieran, los ojos buscando al enemigo. Fate detectó movimiento entre la floresta frente a ellos, sin embargo no veía a nadie; una ráfaga de disparos llovió sobre ellos, eran tiros a ciegas, que daban a árboles, plantas y rocas, algunos pasaron rozando sus defensas.

No pueden vernos —le llegó a Fate la voz de Aldian. Era cierto, ocultos como estaban, el enemigo no podía ser capaz de determinar su posición exacta.

No creo que se arriesguen a venir a por nosotros, pero aún así, cuentan con ventaja, parecen conocer este terreno mejor que nosotros —dijo a todos. Tenía que pensar en algo y rápido, una forma de salir de aquella emboscada. Cualquier ataque que requiriera una posición elevada para ser lanzado quedaba descartado, así sólo le quedaba el cuerpo a cuerpo, pero dudaba de si su pierna aguantaría el Sonic Form. Además, tenía la sensación de que aquellos proyectiles eran algo distinto a una bala mágica.

Una nueva ráfaga de disparos, esta vez más cercanos a acertarles acabó por decidirla por una solución temporal, no le gustaba, pero de momento no tenían otra opción.

Vamos a retirarnos —comunicó a su escuadrón—. Aprovecharemos la cobertura que nos brinda el bosque. El enemigo está delante, no ha podido rodearnos aún, debemos movernos ya o nos quedaremos atrapados bajo su fuego.

Todos asintieron y pegados al suelo, con paso lento y sigiloso, fueron retrocediendo, desviándose ligeramente al este, hacia una sucesión de colinas donde los árboles crecían aún más juntos, incluso a la lluvia le costaba llegar al suelo allí. Cuando el estrépito de los disparos quedó distante, aceleraron el paso, internándose en las naves del bosque umbrío, siguiendo un estrecho sendero hecho tal vez por el paso de animales salvajes. No volvieron a volar.

Avanzaban en silencio para no delatar su posición a posibles perseguidores; Ledri volvió a encontrar el rumbo correcto hacia el punto de aterrizaje y ahora su camino discurría por una vieja garganta de roca y tierra, por la que corría un arroyo de agua oscura, que de vez en cuando se veían forzados a cruzar de un lado a otro. La lluvia había amainado y gracias al frondoso techo natural que les cubría, apenas la sentían ahora, sin embargo, de los dos soles de aquel mundo no había ni la más leve señal entre los negros nubarrones. Y en el bosque todo era silencio, ni siquiera se oía el trinar de algún pájaro o los pasos rápidos de animales escabullándose al acercarse ellos.

Fate volvió a intentar contactar con Nanoha, pero sin resultado alguno, aún debían estar demasiado lejos. Cojeaba, la pierna izquierda le dolía cada vez más, Aldian ya se había percatado y preguntado discretamente si necesitaba que la sanase, pero ella había negado con un gesto, necesitaban conservar sus fuerzas y su poder para nuevos enfrentamientos o, ojalá no, heridas peores que la suya. La sargento mayor no volvió a insistir, pero Fate podía sentir su mirada volver a ella y su pierna con frecuencia. Tratando de relegar el dolor a un segundo plano, se concentró en aquello que le había parecido extraño en los proyectiles que usaba el enemigo; por la forma de impactar sobre las superficies físicas no se asemejaban a ninguna clase de bala mágica que hubiese visto, y habían sido unas cuantas a lo largo de su vida como maga, además conocía a cierta pelirroja especialista en ese tipo de disparos. No, había algo distinto en ellos, algo que la inquietaba, pero que era incapaz de determinar por el momento. Tal vez, pensó, fueran las Esquirlas, quizás le otorgaban alguna clase de poder a las balas alterando su naturaleza. Suspiró quedamente, aquello no eran más que especulaciones, nada sabría seguro hasta tener alguno de esos proyectiles en su mano.

Si no fuera por Baradiche y Ledri, haría tiempo que Fate habría perdido la cuenta de las horas que llevaban caminando, su mente se sumía por momentos en una nube de dolor; sabía que la pierna le iba a fallar de un momento a otro y por eso no se sorprendió cuando cayó al suelo, se volvió hacia el cielo, jadeando, intentando contener los quejidos que pugnaban por salir de su garganta. El grupo se reunió a su alrededor, en sus rostros se veía la preocupación que sentían por ella.

—Hagamos un descanso —dijo Aldian—. Ledri, Lenko, llevadla hasta ese árbol.

Ambos soldados la tomaron de los brazos y alzándola con cuidado la trasportaron hasta apoyar su espalda contra el tronco nudoso que la sargento había señalado. Fate ni siquiera atinó a quejarse, a decir que podía hacerlo sola, porque realmente no podía, la pierna le ardía, le palpitaba dolorosamente, como si cientos de cuchillas le atravesaran la piel.

Aldian se inclinó junto a ella, mientras los demás se sentaban a unos metros de distancia, dándoles algo de privacidad, ningún soldado quiere ver a su líder herido o debilitado. La sargento palpó su pierna en busca de alguna herida que se les hubiese pasado por alto, pero tan sólo encontró un rasguño en el muslo.

—No hay más… —jadeó Fate—. Es lo único que me hice en la pierna… No entiendo por qué me duele tanto… —apretó los dientes conteniendo un grito, una nueva punzada la recorrió.

Aldian pasó sus manos sobre el rasguño, apretando la carne, Fate creyó que moriría ahí mismo, el dolor se extendió por su cadera y más allá, la vista se le nubló unos segundos, esta vez el grito escapó de sus labios.

—Hay algo bajo la piel —dijo Aldian frunciendo el ceño—. Lo noto al tacto, tal vez un fragmento de metal de la lanzadera, o un pedazo de rama, puede que se esté infectando, aunque de ser así, va muy rápido. Creo que lo mejor será extraerlo.

Fate tragó saliva, no había mejores opciones y el dolor iba a más, puede que acabará desmayándose.

—Adelante —dijo.

—Necesito que liberes la barrier jacket…

Fate devolvió a Baradiche a su forma triangular, que aferró con fuerza en la mano. Aldian sacó un cuchillo de su equipo, al que imbuyó de algún tipo de poder, pues la hoja comenzó a brillar; con cuidado rasgó la pernera del pantalón del uniforme de campo de Fate y se detuvo antes de penetrar la piel.

—Voy a dormir la zona, no sentirás dolor —dijo, mientras que con su mano libre concentraba su poder en la pierna.

Fate dejó escapar un suspiro de alivio, el dolor, merced al hacer de la sanadora, se volvió soportable. Cuando Aldian lo creyó oportuno, comenzó a trabajar con el chuchillo, la Enforcer prefirió apartar la mirada, no era agradable ver cómo te hurgan en tu propia pierna. Los minutos parecieron hacerse eternos, pero por fin la sargento anunció que había sacado algo y que le estaba cerrando la herida.

—Aquí está, nunca había visto nada igual —Aldian le tendió aquello que se había alojado en su muslo.

Fate lo cogió en su palma abierta, era un trozo de metal oscuro compactado, surcado de estrías, que alguna vez había tenido punta, pero había algo más, parecía palpitar en su mano, como si dentro hubiese algo vivo. Y supo que era alguna clase de energía, las palabras de su hermano acudieron a su mente, "es un tipo de Lost Logia muy inestable… Reacciona al más mínimo contacto de energía mágica…". Un escalofrío le recorrió la espalda, no podía ser y sin embargo explicaría muchas cosas.

—¿Sabes cuándo te pudo alcanzar eso? —la voz de Aldian la devolvió a la realidad, al bosque oscurecido, a sus hombres expectantes por su estado.

—No, tal vez cuando caímos de la lanzadera, puede que nos disparasen con esto también a parte de los rayos que nos dieron.

—¿Alguna idea de lo que es?

—Creo que contiene en su interior una Esquirla…

—¿En serio? —la sargento parecía sorprendida, alarmada.

—Sí, creo que por eso me provocaba tanto dolor, debía estar reaccionando a la energía mágica de mi interior.

—¿Y por qué meterla en un pedazo de metal? —preguntó Ledri, él y los demás habían acabado acercándose a ellas, tras escuchar la palabra Esquirla, necesitaban saber más.

—No lo sé con seguridad, pero lo que pienso no me gusta nada. Es posible que…

No pudo terminar la frase, de entre los árboles a su espalda podían escuchar el sonido de pesadas pisadas y voces roncas, alguien se acercaba y allí sólo podría tratarse del enemigo. No había tiempo para escapar.

Escondeos y preparaos para atacar a mi señal —ordenó Fate mentalmente.

Mientras sus hombres obedecían y se volvían invisibles entre la vegetación, ella se levantó bajo la atenta mirada de Aldian, ambas temían que su pierna no se hubiese recuperado aún, pero ahora que la Esquirla no estaba en su interior, le dolor remitía rápidamente. Le hizo un gesto de que todo iba bien a la sargento y ambas se escurrieron entre los árboles.

—Baradiche, set up —susurró Fate, su barrier jacket la cubrió de nuevo. Con Baradiche en su mano, estaba lista para enfrentar lo que fuera.

Un grupo de hombres y mujeres armados salieron a su campo de visión, por fin veían la cara de su enemigo; parecían gente corriente, sin embargo sus ropas uniformes y su manera de moverse les señalaba como algún tipo de soldados entrenados; todos llevaban en las manos alguna clase de lo que debía ser un arma, con un cañón oscuro sobresaliendo como parte más larga, una de sus manos reposaba sobre la parte media del arma, con un dedo dispuesto sobre un gatillo. Fate contuvo el aliento, aquellas armas le resultaban familiares.

Usad barreras, no van a utilizar magia contra nosotros, sino armas de fuego —les comunicó a los demás.

Armas prohibidas… —le llegó la voz de Ledri.

Era cierto, las armas de fuego, tan convencionales en algunos mundos como la Tierra, estaban prohibidas en todos aquellos lugares administrados por la TSAB. Eso sólo podía significar una cosa, que aquellos hombres provenían de algún sitio ajeno al Bureau, un mundo más que probablemente sin magia, salvo contadas excepciones, un mundo donde la tecnología de las armas de fuego había avanzado más. Entonces, ¿para qué querían Esquirlas? Más aún, ¿por qué las incrustaban en sus balas? No le dio tiempo a hacerse más preguntas o responder alguna de esas, uno de los soldados se había inclinado sobre el árbol en el que hacía unos minutos ella había estado apoyada.

—Aquí hay sangre —informó a los otros—. Parece reciente.

Hablan nuestra lengua… —Jenn, maga de tierra, sonaba sorprendida.

Han tenido relación con la TSAB, ¿entonces? —apuntó Lenko.

Las preguntas para después, ahora concentraos —les dijo Aldian secamente. Fate aprobó sus palabras en silencio, el enemigo estaba alarmantemente cerca. Respiraba casi conteniendo el aliento, esperando el momento oportuno para lanzar su ataque.

—¿El rastro va a algún lado? —interrogó una mujer.

—No, señora.

—Entonces están cerca —la mujer, debía ser la superior al mando, hizo varios gestos y los demás se desplegaron por la zona, tomando posiciones defensivas, las armas listas para ser disparadas.

Fate tomó aire, era ahora o nunca, cuando todavía contaban con el factor sorpresa.

Atacad cuando yo salga —les indicó a los suyos.

—Baradiche, Sonic Drive.

—Sonic Form.

En su forma más veloz y letal, Fate salió de su escondrijo, lanzándose sobre un enemigo pillado por sorpresa; el primer soldado fue abitado con un golpe de su Riot Zamber, ni siquiera tuvo tiempo de apuntar su arma. Los demás salieron en ese momento, abalanzándose sobre el resto de soldados enemigos, eran doce a siete, pero los magos se movían con velocidad.

—¡Fuego!¡Fuego!¡Fuego! ¡Disparadles, maldita sea! —gritaba la líder enemiga.

Aquello les hizo reaccionar y las armas escupieron su canto de muerte, las balas salieron a su encuentro y Fate descubrió demasiado tarde el terrible error de cálculo que había cometido. Las Esquirlas escondidas en el interior de los proyectiles tenían una función clara, el misterio de por qué las usaban quedaba resuelto; con aquella Lost Logia latiendo dentro del metal, las balas atravesaban sus escudos, barreras y barriers jackets como los relámpagos atraviesan las nubes. La Enforcer, con su armadura ligera en aquel modo, volvió a sentir la desgarradora mordedura de las balas, la primera le alcanzó en el hombro derecho, destrozándoselo, pudo sentir los huesos romperse y un calor abrasador que aturdía su brazo, perdiendo el agarre sobre una de las espadas en que Baradiche se había transformado. El segundo tiro atravesó su costado derecho, haciéndola caer al suelo, escupiendo sangre.

—¡Ya son nuestros!

Al límite de la inconsciencia, Fate vio caer a Aldian a su lado y un poco más alejado, Lenko se llevaba las manos al agujero sangrante abierto en su estómago. A los demás no logró localizarlos, el dolor y la pérdida de sangre la arrastraron a la negrura y la nada.